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eooo4374eu
,r^FT^
JBIT-.
OLK-L0I(E
ANDALUZ
ÓRGANO DE LA SOCIEDAD DE ESTE NOMBRE
1882 A 1883
SEVIUL.A
FRANCISCO AI.VARKZ Y C*. EOrTORBS
Tetuitu %4
^' "^ " "
EL FOLK-LORE ANDALUZ
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Coii^lnrd lie W i^ñgitins en -1." y de |>n|H jr tipos semcjatild
los del ('(tícmo número. J
£>U lU'victn. lirgauo <lc In HwÍmIuiI de dicho nombro, fc oci^
rA J« U» iiialcriii!- KoiHeiiltlas wt Is |i-im'>i-a »!« t»^ Oti^j» d« El FÍ
Lore Eifiañoi:tf.to tiüfinra. ^-v ' .t.w..i.^ .>\ tslatlq
Sií (lublltari L-ii (oríua i'
So r''i ' ' t ' '•ri! Atida^
iusqan fV''i¡ I i^'vuinenit: tuf Q
P^ga i1b la íusiTirititi, iidi-liinlod». No seaertlrá nínipnL p
qoe (10 su h3E3 3>^Qi(iiiuíidi)doUi <.'on ^u íuiturlB.
Para todo lo ri»fcreiile i los JiuriUis de la Din-caiiin j SíCTfl
rU, vDt(i) dt! Iiliroi y (M-fiíidkot, iB»im%.:rÍ(ot, arUculiH, el^*., diri-
¡ine !t D. AutoDiolíiiulijiiii V AlvtnrE, Sr-creiafio da E\ Polk'ljjre
AnMiii, ciillt- 0''t)iinDi'll. 22, Suviltu-
La convípuiiili'nriii reluliru A lu AdninblnicJon «Ib hUi Itensta,
H díriutrá á b. Alfj.inJrD fiaichnt, rallí: Tuodosio, 09, ScTlUa. I
1.* lie Luifa obrs, ruUkiía A I:ik malurtas do iiuo bc iiciit>a ^..y.
Bot i»Lii, dt- i|iii' H ri'iDttan do* ejeinirtaroi, w? Jara iiUüiila ba la Sw- *
liirÚD i caaooi-r, l<d saMCiioo rtMjrocUva.loJdS i|
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II U& pn'gniitai. y r<»|iueít3i
INTRODUCCIÓN
B palabra Folk-Lore es sajona y compuesta de las dos
i Folk, que signilícii íjcnte, personas, género humano,
■ , y Lore, que significa lección, doctiina. enseñanza,
~" 1, saber. La puliil)i';i FoU¿-Lore, por tanto, equivale
■n español llamaríamos el saber de las gentes, el
«lar.
[en hislórico de la palabra Folk-Lore se halla tan
do como su valor etimológico, y merced al ilustre
ide la Sociedad iiiglcüa, Mr.G. L.Gomme, podemos
I perfectíimenle. La palabra Folk-Lore, en la acep-
' I hoy se empica en lodo el mundo culto, fué usada
V vez en el número correspondiente al 22 de
.^1846 del periódico The Athcneiim, por Ambrosio
•f bajo cuyo seudónimo escribía por aquella fecha el
■> del Folk-Lore en Europa, Mr. William J. Thoms.
■eute, en la revista inglesa Notes and Queries,
I la que actualmente diiige en Madrid el Sr. D. José
~"iii con el titulo de El Averiguador, propúsose por
I ía formación de la Sociedad del Folk-Lore, es-
n Londres el ano de 1878.
í objeto de esta Sociedad hállase declarado en el primer
ftulu Je sus estatutos, que, textualmente traducido, dice:
¿^Sociedad del Folk-Lore tiene por objeto la conservación y
' i de las tradiciones popuiai'es, baladas legenda-
rtifcw locales, dichos, supersticiones y antiguas cos-
I ¡inglesas y extranjeras), y demás materias concer-
Las anteriores sencillísimas lineas, sin necesidad de más
explicaciones, comentarios, discursos, ni ampulosos adornos,
han tenido la eficacia de agrupar en torno de la idea en ellas
expresada é los hombres más eminentes de Europa en Milo-
logia, Filología, Etnografía, Prehisloria, Arqueología, etc.
Max-Müller, John Lubbok, Kóhler, Gastón Páris, Consiglie-
rí-Pedroso, Compareltí, Tylor forman hoy parte de esta So-
ciedad, de que son también miembros varias señoras de la
más elevada aristocracia inglesa, y estadistas y filósofos de
tanta talla como Gladstone y Baiu.
Los trabajos publicados hasta el dia por dicha Sociedad
son. á más de un tomo anual con el titulo de Folk-Lore Re-
cord (Archivo del saber popularj, donde se insertan aquellas
Memorias que no dan por si solas lo bastante para un tomo,
tres obras á cual más importantes y cuyo valor se comprende
á la sola enunciación de sus títulos, á saber: fíemaines of
gentilisme and judaismc ¡Restos del genlüismo y judaismo),
por John Auhrey; Notes on thc Folk-Lore of Ihe Northen
counlies of England aud the horders {Notas sobre el saber
popular de los condados del Norte de Inglaterra y de his
costas), por Willíam Henderson, y Folk-Lore of North East
of Scolland ¡Saber popular del Nordeste de Escocia), por el
reverendo Waller üregor. Ocho, pues, como se ve, son los
tomos publicados por la Suciedad inglesa hasta la fecha en
que escribimos este articulo; y decimos ocho, y no siete,
porque el Archivo correspondiente al tercer año (el 80) se
halla dividido en dos; ocho los tomos en que apenas se en-
contrarán dos definiciones del Folk-Lore, pero donde existe
en cambio una riqueza inmensa sobre esle nuevo ramo del
saber, que ocupa hoy á las primeras inteligencias del mundo,
cuyas ansiosas miradas no alcanzan á distinguir aún sus últi-
mos limites, ni á poder determinar su inmensa trascendencia,
indiscutible, sin embargo, y fuera de duda para los filúsufos
de todas las escuelas. La palabra Folk-Lore, que, no obstan-
te ser sajona en su origen, ocupa un puesto en los dicciona-
rios ingleses, como en los alemanes su análoga Volk-Lehre,
ha adquirido ya carta de naturaleza en todo el mundo, no sólo
en la vieja Europa, sino en Asia y en la moderna Amtirica, y
aun en algunas colonias de Oceania, donde empiezan á culti-
varse estos estudios: la palabra Folk-Lore no tiene ya patria;
por eso no hemos procurudo sustituirla con ninguna otra es-
pañola, ni aun con ta compuesta griega demo-tecno-yrafla,
que es acaso la que más se le acerca, porque la palabra Foík-
Lore es más expresiva y signilicativa, para todos los que es-
tán al tanto de las corrientes cientíiicas modernas, que cual-
— 3 —
quiera otra. Comprendiéndolo adf nuestro distinguido amigo
el Sr. p. Manuel Murguía, escribió:
«Á esta gran penuria y suma falta de documentos nece-
sarios para conocer la historia del pueblo español ocurrirá
generosamente, no lo dudemos, la proyectada Sociedad del
Folk'Lore, que en inglés equivale á tanto como ^tradiciones
populares, i> nombre que, adoptado por todas las Sociedades
similares fundadas después en otras naciones de Europa,
indica y resume el objeto que se propone, con la clariaad
necesaria, para que sea ya una expresión consagrada por la
ciencia (1).»
Además, la palabra Lore sajona, como la palabra Lehre
alemana, significa no sólo saber, sino saber antiguo, saber
tradicional, saber que ha adquirido, permítaseme la palabra,
el moho de los tiempos, como las creencias en brujas, duen-
des, trasgos, fantasmas, dragones, amuletos, conjuros, en-
salmos, y todas esas formas, mágicas unas y cabalísticas otras,
que son, por decirlo así, los verdaderos fósiles del pensa-
miento humano y los gérmenes imaginativos primeros de es-
tas ciencias y estas artes modernas de que nos enorgullece-
mos tanto. El Folk-Lore áe una nación, que comprende, se-
gún el eminente A. Lang, toda la cultura que el pueblo ha
sacado de sus propios recursos ó creado de su propio fondo,
«hállase representado en la historia civilizada, según Mister
Gomme, por esas costumbres extrañas y al parecer groseras,
por las supersticiosas asociaciones con animales, árboles y
objetos topográficos con los acontecimientos de la vida hu-
mana; por las creencias en brujas, hadas y espíritus; por las
baladas y dichos proverbiales referentes á localidades deter-
minadas; por los nombres vulgares conservados á los arro-
yos, cavernas, grutas, manantiales, torrentes, fuentes y
bosques, y, por último, por todo ese extraño saber (Lore)
que, si representa hoy una supervivencia, representa tam-
bién el que fué estado actual de la vida salvaje.» En este
punto aparece la nota distintiva, clara, característica del
Folk'Lore tal como lo consideran los ingleses, para quienes
la Sociedad de este nombre tiene un fin, especialmente
arqueológico, y más que artístico eminentemente científico.
«No basta decir — afirmábamos á este propósito cuando
aún no teníamos conocimiento de la Sociedad del Folk-Lore
— existe una literatura popular y sus formas son tales ó cua-
les; es necesario estudiar esas formas y señalar su naturale-
(1) Ilustración Gallega y Asturiana (hoy Cantábrica), del 8 de Oc-
tubre de 1881.
_ 4 -
za y eslabonamiento con las anteriores y siguientes: no cabe
tampoco dar, v. g., una teoria científica del cuento, la copla
ó el refrán, bíii conocer los cuentos, refranes y coplas; esto
pudo pasar en otros tiempos, pero nó en los presentes, en
3ue sabemos que las cosas sólo llegan á entenderse eslu-
iándolas, y en que el prest¡(>io y el valor de las afirmaciones
dogmáticas va de vencida. Las coplas no lian üe estudiarse
por bonitas, ni los trovos por caprichosos, ni las adivinanzas
por ingeniosas, ni por raras y curiosas las tradiciones y le-
yendas: coplas, adivinanzas, tradiciones, leyendas, trovos,
adugios, refranes, proverbios, diálogos, juegos cómicos,
cuentos, locuciones peculiares, frases hedías, giros, etc.,
han de estudiarse como materia científicas (1).
El Folk-Lore se ha desarrollado en Inglaterra respon-
diendo á una verdadera necesidad de su cultura: los tniba-
jos de Darwin, uno de los hombres más sabios de los tiem-
pos modernos, y los de Heriberto Speucer, el primer pensa-
dor de Europa, han preparado el camino á la hoy floreciente
Sociedad inglesa: si la vida del hombre en este planeta es
inexplicable sin la incesante labor de esos millones de gusa-
nos, imbécilmente despreciados hasta hoy, que hacen posi-
ble el cultivo de los campos y el desarrollo de las especies
vegetales de que nos alimentamos, ¿qué mucho que lus con-
cepciones religiosas, rdosóÜcas y artísticas más giandiusas
sean ineiplicahies también sin el estudio de esa inrmiilnd do
elementos míticos contenidos en esos riquísimos semilleros
conocidos con los modestos nombres do cuentos, leyendas,
tradiciones y baladas?... Si la teoria de la evolución, señora
hoy del mundo, resulta verdadera en todos los hechos estu-
diados hasta el dia, ^,por qué no ha de ser cierta también
aplicada á las cuncepciones y á los productos del espíritu hu-
mano? Para el eminente T ylor es ya asunta fuera de toda du-
da que, asi como ciertos fósiles son característicos da cier-
tos terrenos, ciertas concepciones son también exclusiva-
mente propias de ciertos periodos de cultura, y que asi como
en el inunuo animal hay una cadena cuyos eslabones pueden
seguirse casi paso á paso, en el mundo de las ¡deas existo
también una cadena cuyos eslabones podrá señalar la ciencia
en día no lejano. El Folk-Lore, bajo este concepto, está lla-
mado áser un poderoso auxiliar de la Antropología. El ca-
rácter de la Suciedad inglesa es más cieiitilico que nacional;
DO es el estudio del desenvolvimiento del genio de los hijos
(1) Enciclopedia, revista sevÜlan
tulado Sección de literatura popular.
, 10 de Abríl de 1879; articulo tí-
— 5 —
de Albion lo que aquélla procura, sino el conocimiento del
desarrollo del espíritu humano en general, á través de las di-
versas capas de cultura por que ha pasado; por eso no es co-
nocer el saber del pueblo inglés el fm que ella persigue, sino
el saber de la humanidad ó del género humano en sus di-
versos grados de civilización, saber representado por una
multitud de vestigios que importa recoger pronto y con es-
crupulosa fidelidad. Presentada la cuestión en toda su pure-
za, podemos decir con el ilustre Gomme, «que el Folk-Lore
representa la historia de un pueblo en aquel periodo de cul-
tura en que la famosa ley no escrita y la reglamentaria se
confunden, pudiendo llamarse por esto historia tradicional^
que comprende también la historia no escrita de los tiempos
primitivos representada en aquellas costumbres y ceremo-
nias antiguas que, descartadas de la parte más escogida de
la sociedad, van convirtiéndose gradualmente en la supers-
tición y tradiciones de las clases bajas, y sobreviven en for-
ma de poesia infantil, de cuentos de nodrizas y en la supers-
ticiosa reverencia á ciertas ceremonias y ritos.» Vése, pues,
por las indicaciones ligeramente apuntadas, cuál es el senti-
do dominante de la Sociedad inglesa del Folk-Lore; veamos
ahora de señalar siquiera la que consideramos nota distinti-
va del Folk'Lore español, ó séase de la Sociedad para la re-
copilación y estudio del saber y de las tradiciones populares
de España.
No otro que el de la Sociedad inglesa es en general el
objeto que se propone el Folk-Lore español, objeto declarado
y especificado en la primera de las bases conocidas ya de
nuestros lectores é insertas hoy en la cubierta de esidi Revista.
Á la simple lectura de esa primera base obsérvase cuáles son
los principales ramos de conocimiento que abraza nuestra,
Sociedad, los cuales pueden reducirse á cinco grandes gru-
pos: primero, lo que basta cierto punto podria llamarse ciencia
popular, ó séase los conocimientos que el pueblo ha adqui-
rido por medio de su razón natural y de su larga experiencia;
segundo, literatura y poesia populares, propiamente dichas;
tercero, Etnografía, Arqueología y Prehistoria; cuarto. Mito-
logía y Mitografía, y quinto, Filología, Glottología, Fonética:
que todas estas ciencias son verdaderos auxiliares del Folk-
Lore y que no las mencionamos aquí por un mero capricho,
f)ruébanlo la Milolocfia comparada de Angelo di Gubernatis,
os estudios de Myihographia de Z. Consiglieri-Pedroso; la
revista de Etnographia y Glottologia de F, Adolpho Coelho,
la excelente obra Primitive culture de Tylor, todos cuyos
trabajos caen bajo la esfera del Folk-Lore y se refieren á las
materias consignadas en la primera base de nuestra Sociedad.
Análoga ésla, como hemos dicho, á la inglesa, por el objeto
priacipa] que persigue, diferenciase, no obstante, de ésta por
su carácter y tendencias: la Sociedad española considera los
materiulesque vaá recoger como elementos indispensables
para la reconstrucción científica de la historia patria no es-
crita hasta ahora más que en su parte más externa y políticaj
Í' eso sólo á retazos y de una manera deticiente y anti-cienti-
ica. Aún resuenan en nuestros nidos las homéricas carcaja-
das con que reputados profesores de historia saludaban el
esludio de los cráneos y de las hachas de piedra y demás ins-
trumentos de silex que hoy llenan nuestros museos; aún
vemos con rubor, aceptados de texto en nuestros Institutos,
manuales en que la hisLoria de nuestros primeros pobladores
apenas si ocupa dos 6 tres carillas, mientras llena más de la
mitad del no pequeño tomo el reinado de la casa borbónica;
aún uo está lejano el dia en que la historia de los árabes en
España nos era sólo conocida por las crónicas y crunicones
de nuestios monjes, siendo esta la fecha en que nuestra his-
toria toda parece más bien una novela, leyenda ó cuento de
encantamento, que nó la exposición verdadera y ordenada
de los hechos realizados por los españoles para llegar al esta-
do de cultura, próspero ó adverso, en que hoy se encuentran.
La historia de Kspaña, más que la de ningún otro país, es un
tejido de hechos falsos unos, inexplicables otros y limitados
á referir las biografías de una larga cáfila de reyes y magna-
tes, con cuyos exóticos nombres y otras tantas fechas se
abruma la memoria de los niños, incapacitándolos de este
modo desde sus primeros años para comprender el mecanis-
mo del hecho social más sencillo y darse cuenta de sus causas
y de sus resultados, á costa de una empalagosa é indigesta
erudición, apropósito sólo para amenguar su inteligencia y
.saturarlos de una irresistible pedantería.
«Lo que constituye la historia verdadera, dice Spencer
en su magriihco libro La Educación (1), se omite casi por
completo en las obras consagradas á esta materia. Sólo de
algunos añosa esta parte han comenzado los historiadores á
darnos en cierta medida el género de instrucción verdadera-
mente útil. Lo mismo que en jos siglos pasados el rey lo era
I todo, el pueblo nada, en los antiguos libros de historia las ac-
' Clones de los reyes constituían el cuadro, y la vida nacional
(1) Edueaeion física, intelectual y moral, por Herberl Spencer; Ter-
tida b1 cistetlano en vista de la última edición inglesa, con ñolas y obser-
TOcioneB, por D. Siró García del Mazo, Jefe de tr^ajos estadísticos de esta
provincia. SevQla, 1879.
_ 7 —
el fondo indeterminado y vaco; únicamente en nuestros dias,
en que átites que la felicidad del gobierno, el bien de los go-
bernados ha llegado á aer la idea, los historiadores procuran
desentrañar los fenómenos del progreso social.»
Con dolor no damos á conocer el cuadro que traza de
II1.1Q0 maestra el ilustre filósofo inglés exponiendo lo que
debe ser la historia; de esta parte del libro, cuya lectura re-
comendamos á nuestros lectores, tomamos los dos siguientes
brevísimos párrafos, que se refieren concretamente á los ma-
teriales cuya recolección constituye el fin principal de nues-
tra Sociedad:
«Las supersticiones corrientes, desde los mitos más im-
portantes hasta los cuentos de biüjas, debeiian ser cuidado-
samente referidos.»
«No se deberla omitir el cuadro de su vida diaria, sipo
manifestar cuáles eran el régimen doméstico, la alimenta-
ción, los placeres; en lin, como sirviendo de lazo á todo este
vasto conjunto de hechos habría que trazar una exposición
de su moral teórica y práctica en todas las clases, y según se
de<lujese de la legislación, de las costumbres, de los prover-
bios y de las acciones. n
í.a obra del pueblo español, la del primero y más impor-
tante de lus factores de la historia patria, ha sido completa-
mente deiíatendida basta aqui y por nadie estudiada: diriase
ó que en España no ha existido pueblo, o que su papel se ha
limitado sólo al tristísimo simbolizado en aquella fórmula que
ha hecho considerar á algunos nuestros concilios como el ori-
gen dü nuestras Corles; omnÍ populo asentiente, esto es,
media docena de infelices que movían afirmativamente la ca-
beza cuando hablaban el obispo ó el magnate que les propor-
cionaba el sustento. La grave falta de todos los liistoriadores,
j especialmente de los de España, de concretar sus ¡nvesti-
gaciúQcs al conocimiento de lus hectios que realizó una per-
sona, ó Cuando más una clase determinada, hace que la bis-
loria, que á nuestro juicio debiera ser el complejo, nó la su-
ma, de las bionrafius de todos los individuos, diste mucho de
set una ciencia todavía. La Sociedad del Folk-Lore español
n«ne á subvenir, en la medida de sus fuerzas, á conseguir
este feliz resultado para la historia patria: en este sentido es
una institución de interés verdaderamente nacional, que de-
be ser favorecida y apoyada por lodos los buenos españoles,
sin dialincion de sexo, clases, ni opiniones; Sociedad que,
sea cual<]uiera la opinión de nuestro distinguido amigo el se-
ñor D. José María Sbarbi, no podemos llamar Academia,
jiorque su fía es sólo recoger materiales, collecting materialSf
-8 -
para un edificio que nó nosotros, sino nuestros hijos, co-
menzarán á levantar para gloria de ellos y bien de sus des-
cendientes: nuestra Sociedad no puede componerse sólo de
eruditos y literatos; ánles bien, necesita del concurso de to-
dos, y muy especialmente de la gente del pueblo: el ideal de
nuestra Sociedad es contar con representantes y obreros en
todos los pueblecillos y aldeas, y, aun á ser posible, en todas
las haciendas, cortijos y caseríos; que allí donde haya siquie-
ra un rústico español, allí hay conocimientos y sentimientos
y deseos que nos importa conocer y traer á la vida. Animado
de este pensamiento, he considerado esta Sociedad compues-
ta de tantos centros cuantas son las regiones que constituyen
la nacionalidad española, división que, si no ha merecido el
aplauso de todos los que viven en Madrid, ha sido perfecta-
mente recibida por los hombres más eminentes del extran-
jero en este género de estudios, los cuales, concretándonos
á la Sociedad inglesa que nos sirve de modelo^ no han co-
menzado por escribir el Folk-Lore de Inglaterra, sino, como
vimos, el Folk-Lore del N. E. de Escocia, publicando en su
último tomo el de Madagascar, de James Sibree; el de Irlan-
da, de G. H. Kinahan; el Slavónico, de W. G. Lach-Szyrma,
y otros muchos Folk-Lore, no ya regionales, sino locales.
La necesidad de concretar el campo de las investigaciones,
si éstas han de ser fecundas, aparece palpable: creyéndolo
así, hemos invitado á todas las regiones á que formen su res-
pectivo Folk-Lore, y la andaluza, adonde nos hemos criado y
vivido desde que teníamos cuarenta días de edad, ha sido la
primera (1) en responder al llamamiento. El Folk-Lore an-
daluz, Sociedad que tiene por objeto recoger y estudiar el sa-
ber y las tradiciones populares de Andalucía, quedó consti-
tuido el 29 del pasado Noviembre. En el acta que, por acuer-
do de todos, se inserta á continuación, verán nuestros paisa-
nos los nombres de los socios constituyentes y los de las per-
sonas que forman su Junta facultativa, así como los de los
ilustres extranjeros, hoy distinguidos consocios nuestros,
que han felicitado calorosamente á esta Sociedad, favorecién-
dola algunos con sus obras; todos estos nombres son la me-
jor garantía que podemos ofrecer al público de la seriedad
de nuestra empresa y de hallarse hoy completamente asegu-
rada la -vida y el porvenir de esta Revista.
Antonio Machado y Álvarez.
(i) Contra lo que creí al ver en El Imparcial del 10 del pasado Oc-
tubre el magnífico artículo de mi distinguido paisano el Sr. Murguía, titu-
lado El Folk-Lore gallego, cuya lectura recomiendo á todos los amantes
de este género de estadios.
ACTA DE CONSTITUCIÓN
FOLK-LORE ANDALUZ
> En la ciudad de Sevilla, á veinlioctioiliasclel mes de Noviembre
Eotil ocliocienlo^ ochenta y uiiü, siendo las ocho de la noche, por
tAcioii del Sr. D. Antonio Machado ; Alvarez, miembro de la
t~Lors Snciety Fundada en Londres, se reunieron en la casa nú-
V TeÍHtidoa de la calle O'Donnell los señores que abajo fírinan,
I cnales dicho Sr. Machado manifestó el objelo de la convoca-
\ que era constituir la Sociedad Folk-Lore Andaluz j nombrar
ulenle, Secretario y Junta facultativa para el periodo que mt^dia
B esta feclia y la segunda quincena del próitimo mes de Abril.
H^ue se tía de nombrar la Junta directiva, con arreglo al articulo
treuita y cinco del reglamento de dicha Sociedad.
El Sr. Machado juslificó en breves palabras, y con referencia i
\o i>rectíptuado en ¡rquél, la necesidad de proneer los expresados
C4if US por solos los socios facultativos, toda vez. que pertenecien-
do i i-sin clase los que asistían A la reunión, por el mero hecho
dacuuitiiuirla Sociedad con arreglo al articulo sétimo del regla-
meuto, del cual se había dado conocimiento previo d los convoca-
do), era imposible la asistencia de socios numerarios, y. por lo tan-
to, que éstos interviniesen en el nombramiento de Presidente y Se-
cretario.
Acto seguido, diOse lectura del reglamento, que fué aprobado
poruuanimidad, indicándolos Sres. Belmonte yi Sego>Í9, con el ge-
neral asentimiento, que, por de pronto, no creían necesario intro-
ducir cu ^1 reforma alguna.
El Sr. Machado propuso que se procediera inmediatamente á la
elección de Junla facultativa, leyendo, con aprobación unánime,
la «gniente candidatura, previamente acordada por la mayoría de
Ih Bttsteotes i la reuoiou.
'
írwi'dCTle; Sr. D. Josó M.» Asensio y Toledo.
» > AnlonioM.' García Blanco.
> * Antonio Machado y Nuñez.
> > Gonzalo Segovia y Ardizooe.
> » Rodrigo Sanjurjo.
> I Joaquín Guichot y Parody.
> » Fernando Belmente y Clemente.
» » Francisco Rodríguez Marín.
> » Siró García del Mazo.
> 1 Manuel Sales y Ferré.
Stcretario: Sr. D. Aalonio Machado y Álvarez.
- 10-
Leida esta candidatura, el Sr. Machado y Alvarez nianirest¿
3ae había consentido en figurar en ella como Secretario, por consi-
erar esle cargo como el de mSs trabajo y por hallar en su desem-
peño ocasiones de dar continuo Leslimonio ú los concurrentes de la
gratitud que les debia por el eficaz auxilio qae hablan prestado á
su pensamiento.
El Sr. Segovia propuso que se nombrara Presidente honorarie
déla Sociedad al eminente orientalista señor D. Antonio M.> García
Blanco, levantada proposición que taé unánimemente aprobada, acor-
dándose lucgü, á |)ropuesta del Sr. Rodrigue?. Marín, que el señor
Mariani ingresara como Vocal en la Junta facultativa, por quedar
vacante uno de los nueve puestos.
Inmediatamente la Sociedad acordó comunicar sus nombra-
mientos á los señores que hablan obtenida cargos y no se hallabaa
presentes, como asimismo á los señores que son socios honorarios
por derecho propio, según el reglamento; nombrar una comisión
de propaganda, compuesta de los Sres. Garda del Mazo, Cano y
Cuelo, Jiménez Hurlado, Montoto, Pérez y González y Hodrigiiez
Mario; que la Sociedad se reúna el primer día de Enero próximo
para nombrar la Junta administrativa; que se redacte por el Secre-
tario, y se ñrme por todos los concurrentes, una circular invitando á
los andaluces á ingresaren la Sociedad, y declarar socios Tacultativos
á cuantos, con propuesta de cualquiera de los convocados, deseen
serlo y tomen parte activa en los trabajos del Folk-Lori', ya resi-
dan en Sevilla ó ya en cualquiera de las capitales ó pueblos de tat
Ocho provincias andaluzas. También se acordó en principio la pu-
blicación de una Rerisla, (jrgano de la Sociedad.
Propuesto por el Sr. Belmonte un voto de gracias para el Sr. Ma-
chado j Alvares, por la incansable diligencia con que ha iniciado y
propagado el pensamiento de la Sociedad, úsla acordó concedérselo,
nósin manifestar el referido señor que él era en realidad quien de-
bía de dar gracias á los concurrentes por la eficaz cooperación que
habían prestado ú su proyecto.
Y no habiendo otros asuntos de que tratar, se levantó la se-
sión á las diez, de que yo, como Secretario accidental, certiflco.
Qotiíale Segovia y Ardisone. — Antonio Hachado y Nuñe:. — Antonio
González Rail. — Afán iiel Jim en« Hurtado. — Rafael Ruis. — Siró García
del Maio — Luit Escudero y Perossv.—José Ceslaao y Pem. — Narciu
Senlenaeh.—Jacobo Labordu y Loyez.^avier Lusio de lu Ve^u,— Aa/ael
Tui'iott. — Manuel Sierra. — /ú»£ G. Rumirez. — Joaquín Guichot. — Fermw-
do Belmonte. — Romualdo G. Fragoae. — Roberto G. Natidtn. — CárUttJi-
menet Placer. — Manuel Sale». —iSa-nuet Perei. — Ramón Üiai de£wM-
tnante. — Antonio SendiTot y Burin. — Anton'o Seitáras y Gambino. — Fer-
nando Sierra y Zafra.— Alejandro Guichot, — Anfonio Machado y Ábia-
rez. — El Secretario Rcddental, F\-ancÍ»co Rodriguez Marin,
— n —
SOCIOS HONORARIOS
DEL FOLK-LORE ANDALUZ
Inglaterra.
William J. Thoms.
Fundador del Folk-Lore.
Earl Beauchamp.
Presidente de la Folk-Lore Sodety.
G. L. GoiniTie.
Secretario de la Folk-Lore Soeiety.
Portugal.
F. Adolpho Coelho.
Z. Consiglieri Pedroso.
Theophilo Braga.
Antonio Carvalho Monteiro.
Francia.
Gastón Páris.
Th. le Comte de Puymaigre.
Emmanuel Cosquin.
E. Rolland.
Paul Sébillot.
Italia.
Giuseppe Pitre.
Angelo di Gubernatis.
Alessandro D'Ancona.
Salvatore Salomone Marino.
Domenico Comparetti.
Alemania.
Reinhold Kóhler.
Austria.
Hugo Schuchardt.
LITEBATüRA POPULAR ANDALUZA
Encargado por la Sociedad del Folk-Lore andaluz de la
parte filológica de esla inslilucion, voy á dar principio á una
serie ó catálogo de palabras y locuciones andaluzas, en que
aparece claramente el sentido común é ilustración ó literatu-
rapopular española en puntos esencialmente tilosóücos, des-
conocidos ó simplemente aceptados unos, é interpretados
otros por nuestros sabios.
Sólo en Andalucía se distinguen bien los verbos arrear
y harrear; el uno pronunciado como se escribe y suena, y
el otro escrito con k y pronunciado con nuestra h andaluza,
ó sea jh. Ni aun la Academia de la Lengua ha fijado todavía
la diferencia caligráfica é ideológica de estos dos verbos y
sus derivaciones; pero el vulgo andaluz, nuestro tradicinnista
vulgo, lús distingue perlectamente al pronunciar, diciendo
arrear al acto de enjaezar, arreglar ó adornar una bestia para
aue haga su trabajo con más facilidad y se presente con ga-
llardía; mientras que pronuncia y escribe harrear (jharrear)
el acto de estimular, aguijonear, pegar ó excitar á una bestia
á que ande ó trabaje con toda su fi^erza, sin socarronería ai
pereza.
Ambos verbos son de origen hebreo; el uno hor, hur ó
har, que significa /iwir, ^unirse (wanj el principio creador
ó jefe ¡aleph) con la realidad (resch); este es nuestro arrear
sin h y pronunciado con toda la suavidad de la luz, que por
tanto se dice hor en lengua hebrea=el arreo ú los arreos
que necesitan las cosas, principalmente las vivientes, para
realizar (resch) sus actos ó ejercitar sus facultades vitales con
facilidad, con gusto, con gallardía ¡aleph, wau, resch). El
otro verbo andaluz, jharrear, es también originaria mente
hebraico, clarísima remembranza de la raíz jor, jur, jar,
que es excitar, despertur, vibravit astam, como dice Leo-
poldo en su pequeño diccionario hebreo y caldeo, siguiendo
á Gesenio, Winer, Türstio y demás lexiconistas; jharrear=:
jar (previsión, realidadl, excitar, despertar, despabilar, en
la acepción metafórica que admite la Academia, amagarle ó
pegarle con lavara á un burro ó bestia para que ande.
Cuando la Academia Española acabe de formar y i
orinar y mg-j
— 13 —
formar su Diccionario de la Lengua castellana; cuando hm-
pie su libro y la lengua de tanta inexactitud como contienen,
y fij^ 1^ genuina significación de las palabras, y dé el espíen^
dor debido á nuestra lengua, entonces atenderá, como debe,
á esta y otras mil precisas expresiones vulgares que hoy mira
con desden y tiene por faltas de cultura, poniendo, v. g., sólo
el verbo arrear, aunque dándole también la acepción de
nuestro harrear andaluz.
Abasto, abastecer y sus derivados y originales basta, bas-
to, bastante, bastar, etc., son palabras conservadas por el
vulgo, aunque admitidas más tarde por nuestra Academia
Española, pero sólo para expresar lo suficiente ó correspon-
diente y proporcionado para alguna cosa. M^s nuestro vulgo
Earece que quiere conservar la idea original del Tsaba he-
reo, que significó progresar, caminar, producir en abun-
dancia, á montones, agminare latino, como dicen los diccio-
narios hebraicos. Dios de abastos decian los hebreos al Dios
criador de cielos y tierra y de tbdo lo que los abastece;
Jhowah Tsabaoth, Dios de los ejércitos se le hace decir al
vulgo y al no vulgo; mas la Iglesia, nuestra Madre, sapientí-
sima, deja sin traducir la palabra y dice: Domimis Deus Tsor-
baoth= Señor Dios abastecedora de abastos universales; Dios
del universo, diria yo; y sólo así es como viene después bien
el siguiente hemistiquio: llenos están los cielos y la tierra de
vuestra gloria. Es, pues, una especial providencia que con-
servemos los españoles y conserve el vulgo el abasto con sus
mismas letras originales y en la misma sublime acepción ori-
ginal, sustrayéndola del culto suficiente^ proporcionado, y
del latino sufficiens, sufficientia, y del griego cxác/yyoc y de todo
lo que se ha querido ó creído ver en el tsabaoth hebreo
T\)H:DX=tsabaoth=abastos=agmina.
B
No sé si en las demás provincias de España se usará la
palabra Bu^ como en Andalucía, ó si la tendrán en todas
partes, como dice el Diccionario, por una voz fingida de a/-
guna fantasma con que se amenaza á los niños para que ca-
llen, diciéndoles mira que viene el Bu. En Andalucía, y para
el que escribe estas líneas, el Bu es un claro trasunto de la
palabra hebrea bou, con que se describe por el Sagrado His-
toriador el estado que tenía areís=lo árido, antes de que Dios
dijese yi hor=hnbrá luz; ya es hora. Dícese allí ¡Génesis,
cap. í.^\ vers. 2 «) que lo drido=arest=:tierra era ó estaba
(haytah) Tou wabou^=tupido, ó estupor y bu, inanis et va-
- ti~
eua de la Vulgata, incapaz de mirarse y descompuesta, como
tradujeron al griego los Setenta. Es, pues, el bu un indicio
claro de aquello, de aquel estupor y bu con que se quiere
amedrentar á loa niños; no una voz fingida de alguna fantas-
ma, sino un recuerdo que quiere hacérsele á la criatura, des-
de que nace, del estado que tenía el universo cuando empezó
á ser, cuando salió de las nnanos del Criador; caos tremendo
ú horroroso en que estuvo todo, hasta que por la palabra del
gran Demiurgo comenzó á ser y desarrollarse eso que des-
pués se llamó natura leza^naíítra, y que nunca mejor que
entonces mereció el nombre natura=:nacitura=cosA\i que
habían de nacer.
Ballena, ballenato, emballenar son palabras que el vulgo
usa para expresar el hombre gordo, obeso, que come mucho
y anda torpe, ó la persona que va muy tiesa, inOexible; y el
acto de meter ballenas á un vestido para ponerlo tieso. Estas
palabras, en boca de quien jamás vio una ballena, son oriua-
das de balal hebreo, que según los diccionarios es pabulum
pra^buit^dac pábulo, devorar, comer mucho, que es justa-
mente lo que nuestro vulgo quiere consignar en sus hipérbo-
les ballena, ballenato, emballenado, para el que come mucho
y engorda mucho ó para la persona que, como vestido emba-
llenado, va tiesa é inflexible.
Bobo, boba, j toda su ascendencia y descendencia, que
es muy larga, y que la Academia Española sólo admite como
persona de poco entendimiento, necia; pero sin que nada ten-
ga que ver con nuestro de bóbilis, bóbilis; todo tiene su ori-
gen en bob ó bub hebreo, que es cabar, acabar, excabar,
recabar, socabar, y toda esa progenie cuyo tronco se dice
por nuestro vulgo bobo, bobada, hobería, necio, estúpido,
tonto, idiota, mentecato, ignorante, vacio, acabado, rema-
tado, cuya sinonimia aún no está deslindada; pero por más
que se trabaje en ello, jamás creo que se llegará á la razón
del bóbilis, bóbilis, de nuestro vulgo, ni á la propiedad de la
media hogaza boba de pan, que también usa, y que sólo tiene
explicación por el verbo bol hebreo... ¿De dónde, si no, pudo
venirle al vulgo la idea de recabar, socabar, excnbar y cabar
ó acabar de aquellas palabras, ó la de esperar con la boca
abierta y las mejillas ahuecadas, como media boba de pan,
para cosas que no se esperan ni merecen?
Cebo ó sebo dicen los chicos en Sevilla al borracho que
va cayéndose de tal por las calles. ¿De dónde proviene qu»
- 15 -^
ün borracho andaluz, que oye y recibe con total indiferencia
cuantas burlas, befas, insultos y vaciedades le dicen ios mu-
chachos, al oir cebo ó sebo se exaspera en términos que su
boca es una hacha, contra su madre, contra él, contra su fa-
milia y contra cuantos pasan y se rien ó celebran la gracia
del muchacho? Pues esto proviene, á mi parecer, de que le
dice borracho en hebreo: sa6a/i=embriagarse dicen los dic-
cionarios: dime y hazme cuanto quieras, dice el borracho
andaluz, pero no me lo digas en hebreo; no me trates de ju-
dío; porque si á éstas vamos, quien es eso eres tú y tu ma-
dre, ia p. que te parió, que no yo, grandísimo chigetero,,., y
Je contesta al insolente con otro hebraismo schajath=perdi^
do, corrompido, podrido, tramposo, silletero, chigetero. Así
le paga el borracho andaluz, la hez del vulgo y de la plebe,
á quien lo trata y le habla como judío. ¿No es esto una re-
membranza clara del concepto que el pueblo español conser-
va del judaismo, como secta abominable y abominada de todo
buen cristiano? Sebo le dice el uno, chigetero le responde el
oiro=sabah, schajath: ¿quién le enseñó al pueblo á hablar
hebreo? ¿De dónde le han venido estas palabras?
Canapé decia nuestro vulgo á lo que después se llamó
eamapé, y posteriormente sofá; todas tres palabras de origen
hebreo: canapfe=extender; silla extendida de brazos, de ori-
gen francés, dice el Diccionario de la Lengua: camah=\e-
vantar; silla un poco más levantada que las demás de la sala;
no la ha admitido todavia la Academia: sofá, que tampoco re-
conocen los señores académicos, derivación clara de soph=
finis, agmen extremum, la silla que completa, cierra ó ter-
mina el estrado; agmen, el cuerpo bien ordenado de sillas,
taburillos, mesas, veladores, etc., y á la cabeza, ó por tér-
mino y complemento de todo, el sofá.
Cúbica es palabra no reconocida tampoco aún por la Aca-
demia, pero usadísima por nuestro vulgo para expresar lo
que le viene ó sucede á un sujeto como de molde; lo que
sienta á una casa ó persona atrasada como bajado del cielo;
que sirve para remediar una falta ó sacar de un apuro & quien
le sucede ó se le aplica. Ese sujeto ha logrado una cúbica,
no tiene mala cúbica, dice el vulgo. ¿Quién le ha enseñado
geometría á éste para saber que la figura cúbica es la más
apropósito para descansar y hacer descansar al cuerpo que
la tiene? ¿Quién le ha dicho que los seis lados iguales del
cubo matemático son los más propios para igualar la longi-
tud, latitud y altura ó profundidad de un cuerpo? ¿Cómo ha
llegado hasta la plebe el significado de la raíz hebraica cub
^^descansar, ó la del verbo latino cubare, ó del nombre ara-
-16 -
bigo ctibafe, de donde salió alcoba ó xoíoc, priego, que son los
orígenes de nuestro cubo matemático y del vulgar cúbica?
Agregúese esa nota de femenino que da el vulgo al nom-
bre cúbica, cuando dice buena cúbica ha logrado: ;,no da á
entender con esto que en ese adjetivo ó descanso va envuelta
la idea de fortuna, suerte, chiripa ó chlripon, como el mismo
dice otras veces gunga ó cucaña, que todos son femeninos y
significan casi lo mismo? ¿(^ómo se desatiende, pues, una pa-
labra tan expresiva, tan científica, tan propia para dará en-
tender la buena suerte que logra una persí>na para poder
descansar ya y librarse de las irregularidades ó desigual<la-
des de la fortuna? Las palabras latinas fors, sors, fatum, pa-
rum, schitillay bomim aucupinm, etc., de donde salieron
las palabras fortuna, suerte, chispa, por poco, ganga buena ó
mala y otras tenidas por cultas, ¿qué comparación tienen
con nuestra vulgar cúbica, análoga á suerte, ó aun acaso con
el nombre vulgar también y propio del comercio, cúbica=
tela fuerte, ligera y barata, que son las tres propiedades ó
dimensiones del comercio, el largo, ancho y profundo del
comerciante?
El mismo nombre cucaña, que también pertenece á este
lugar, aunque admitido ya por la Acadenjia, ¿,no es la palabra
más propia que puede usarse para expresar el pueblo la ga-
nancia ó lucro que tiene inesperadamento, de resultas de
ciertíi fuerza ó habilidad que.maniíit»sta? ¿Quién le ha ense-
ñado estos nombres? Cucaña es derivado de cuco 6 cuclillo,
ave bien conocida por la propiedad que tiene de poíier sus
huevos en el nido de otra, para que se los saque. Es muy
cuco, decimos.
CU
Chispa, chiripa ó chiripon, palabras originariamente
hebraicas, de la raíz scharaph=:arder, quemar; naturaleza
(schinj que realiza (resch) á pedir de boca (phi) lo que nece-
sita: son voces usadas por el vulgo andaluz j)ara indicar, al
mismo tiempo (jue la peijucña partícula que salta de la lum-
bre, como dice la Academia, ó del cuerpo que la contiene,
como el pedernal, etc., para indicar, digo, lo poco que ave-
ces hace que nos venga una suerte ó una desgracia, viviendo
como vivimos en medio de esta gran conllagracion que se lla-
ma vida y armonía universal. Instintivamente parece que
conoce el vulgo esta gran máquina y que de ella sale eso que
se llama felicidad ó infelicidad humanas, según el hado (fa-
tum}, dicho, providencia ó disposición divina, conforme á las
- 47 -
leyes de atracción, repulsión, combinación y armonía que ri-
gen el universo. £n medio de esta inmensa masa que se lia*
riia naturaleza y mundo físico ó moral, político, social, reli-
gioso, temporal y de ultratumba, etc., se mira el hombre co-
mo verdadera chispa que salta de la universal hoguera y
chisporrotea ya á un lado, ya á otro, ora hacia arriba, ora há-.
cía abajo, ó á todas partes á un mismo tiempo; y nuestro
vulgo, aprovechándose de esta natural intuición, dice: una
chispa ha faltado para esto ó aquello; por una chispa ó chiri-
pa no sucede esta ó aquella desgracia, este ó el otro suceso;
buena chispa tiene se le dice al hombre de genio; buena chiS"
pa llevase le dice al borracho; buena chiripa ó chiriponha
logrado el pobre; todo esto indica el conocimiento casi instin-
tivo que tenemos del gran todo, cuya mínima parte repre-
sentamos: dicho religioso, filosófico, verdadero, santo ó san^
cito, sancionado por la ciencia, por la experiencia, por la ra-
zón; vulgaridad religiosa.
Chocho y chochez ó chochera, que ya la Academia admi-
te, donde tienen toda su genuina significación es en nues-
tro vulgo y principalmente en el andaluz: dícese chocho, no
sólo al decrépito ó anciano que ha perdido ya la memoria y
casi el juicio y demás facultades animáslicas y corporales, si-
no al hombre (\ue chochea de contento ó alegría; á aquel que
por la edad se ha vuelto ya un muchacho; al que manifiesta
por todo alegría, ó gruñe y riñe por todo; al que no hace más
que estornudar, gruñir y toser y preguntar qué hora es, co-
mo dice el refrán; este es el chocho v chochera de nuestro
vulgo, el último período de la vejez. Salida la palabra de la
raíz schosch hebrea, ya sea escrita con sch ó con s, ya prove-
niente del verbo encanecer, blanquear el pelo, ó llenarse de
canas, ya del alegrarse, regocijarse ó llenarse de gozo, ya,
en fin, del \crho schub=volver, sabe elvulgo que el chocho
ó viejo decrépito se vuelve de la edad del muchacho, riendo
ó llorando por cualquier cosa, no dándosele cuidado por na-
da, no pensando ni reflexionando mucho, antojándosele to-
do, y convirtiéndose de chocho en muchacho. ¿Quién le ha
dicho al vulgo andaluz que estos dos nombres son origina-
rios de la misma raíz hebrea schosch? ¿Quién le ha enseñado
la parte fisiológica de este último período de la vida y de la
vejez? ¿Quién le enseña á (\ec\v vejeces, chocheras, cuando ni
el latin, ni el griego, ni aun el árabe mismo dieron plural á
los nombres que usaron para expresar estos dos estados de
la vida?
Vejeces, chocheras, llama el vulgo á esta insensibilidad del
viejo; chocheras, vejeces, dice contra lo que dij^rQU uuiestros
3
- i8 -
padres los romnnos ó latinos, que jamás dijeron senedutes,
decrepilwliyies; y cuenta que principalmente esta última pa-
labra, tomada como salió del cre/;ttare=hacer ruido, y det
crepíIuS:= ruido, máxima ventris como dice Facciolali y comu
dijo Cicerón: Stoici crcpitiis aiunt aqui- Uberos ac rucltis esse
uportere, podian muy bitin, digo, los latinos baberle dado
plural al nombre decrepündo; (lero nó, ningún sabio ó per-
sona culta decia decrepiludines, como ni senectntes, ni i'irt-
litales, m juventuíes, ni infanti(e; ningún nombre de éstos
tenia plural; pero el vulgo español se los da. Sabe el vulgo
que los varios estados de la vida son el producto de combina-
ciones que hace la naturaleza con los varios aparatos ó sis-
temas vitales, para que predominando cuál uno, cuál otro,
ya el nervioso, ya el sanguíneo, en una edad el muscular, en
otra el huesoso, 'al principio el digestivo dinámico y de acre-
centamiento, altin el de quietud y reconcentración, etc.; sabe,
digo, que esto se expresa mejor con plurales que con singu-
lares; por eso dice á un solo acto, á un solo proceder del vie-
jo vejeces, ó del decrépito chocheras, ó del joven mocedades,
ó del muchacho muchachadas, nifierías, al del inrunte ó niño
niñadas. ¿Quién le enseña al vulgo tanta Fisiología, tanta
Filología, tanta Historia, tanta Matemática, tanta Ciencia?
Acabemos el articulo.
Chocho y muchacho son una misma raíz; schoch el nno,
schach bI otro; alegría ó indireruncia unas veces, exquisita
sensibilidad otras; poca reflexión el uno, poca ó suma apre-
hensión el otro; temor por cualquiera cosa ambos: chochera
y muchachada ó decrepitud y niñería que parecen una mis-
ma cosa no lo son: jamás dice el vulgo está decrépito de con-
tento, sino está chocho decontento; ni está decrépito con ese
nieto que tiene, sino está chocho con ese nieto: ni mire por
dónde te ha dado la decrepitud, sino mire usted por dónde le
ha dado la chochera; parece «n nifio; va hecho un mucha-
cho: ridículo el viejo que se hace el muchacho; más ridiculo
el muchacho que la echa de viejo: ni al muchacho ni al viejo
les dice el vuli^o niño ni decrépito, porque decrépito y niño
son palabras que no entiendo; y ¿qué mucho que no las en-
tienda, ni las use, fti los mismos cultos y eruditos las con-
funden? Latinas puras Ijs unas, hebraicas á toda luz las
otras, el pueblo (rspiiñol, tjUtístro pueblo, se atiene á lo urien-
tal; ul vulgo poco latín; iiueslru vulgo no quiso nunca latini-
zarse; quédese, pues, la culta latini parla [tara los parlantes,
fai*rant(.'H. chnrlntaiiei4, laliiKis ü ladinos, que nuesti'o vulgo
satie dónde le aprieta el zapato, sabe lo que le conviene, sabe
tradicionalmeote su historia, sabe sus orígenes, sabe hablar
J
— 19 -
sin charlar, sin chachara, sin charlatanería, aunque á veces,
las más, sin saber lo que dice ni por qué lo dice.
Nota. Las palabras charla y charlar, chachara y charada, chaha-
cano, chambón, chalan, chafallada (la), chamarra y chamarreta, chaheta
(zapateril ó fisiológica), chamiza, chamusco y chamusquina y chanza y
chanzoneta, chanfaina, chapuz, chaqueta ó jaqueta, chapa y chapeta,
chaparro, chaparra y chapúrrela, chaparrón, cnamesco^ charro, chas-
quuio, chasco y chascarrillo ó chascarro, chato, chata (la), chepa, chico y
chicote, chicha, chichinaho, chirrear ó chin'iar, chirrión (de noria), chi-
quichanca (de cortijo), chiquilin y chiquirritin, chispo y c/it5pa=borra^
chera, y cliispa=ingenio, chiste y chistera=somhrero. chite, chito y chi-
ton (á la Inquisición), chiribitas, chocolate puro (sin porquerías de cacao,
canela ni azúcar) como la Teo/ogf(a/>ura (sin frivolidades de Escriturasen!
puerilidades de lengua hebrea ó lengua griega. Historia, Cronología, De-
recho, Concilios, ni Santos Padres, etc.)
Antonio M. García Blanco.
COPLAS DE CUNA
(Extracto de la sección 1 .« del tomo I de mi obra
Cantos populares españoles.)
I A dormir va la rosa
De los rosales;
Á dormir va mi niño (i).
Porque ya es tarde.
4 En la puerta del cielo
Venden zapatos,
Para los angelitos (2)
Qu'están descalzos.
5 Niño chiquirritito (3)
De pecho y cuna,
¿Dónd' estará tu madre,
Que no t' arrulla?
(4) Á dormir \\ la rosa (VarJ
(2) Es muy común llamar angelitos á los niños. Una oracioncilla
popular:
San Blas bendito.
Que s'ajoga este angelito.
(3) Chiquirritito: dim. de chico. Acerca de la formación de cuartos y
quintos diminutivos, muy común en las provincias andaluzas, se puede ver
la nota inserta en la pág. 52 de mi opúsculo Juan del Pueblo. (Sevilla, Al-*
farez y C», 1882.)
-20 -
7 ^-Pajaritos jilgueros,
¿Qué habéis comido?
— Sopitas de la olla
Y agua del rio (i).
8 A-la-ro-ro (2), bellotas;
Dame un puñado,
Que las de mi chaparro
S'han acabado.
(1) Esta copla y algunas otras que incluyo en el texto no parecen na-
nas por su sentido, sino porque siempre ó casi siempre se cantan para
adormirá los niños. En el mismo caso se encuentran, por ejemplo, varias
coplillas de Noche-buena, la linda canción infantil:
El piojo y la pulga
Se quieren casar....
publicada por mi laborioso amigo Demófilo (La Enciclopedia, año IV, nú-
mero 12) y las siguientes, recogidas, con su preciosa tonada, en Zafra y al-
gún otro pueblo extremeño:
— Gitana, gitana,
Gitana e mi bia,
;En dónd' has andao,
Que no parecias?
— En una reoraa
H' estao metía,
Jaciendo carceta,
Ganando mi bia.
Gitana, gitana,
¿Poi qué, poi qué,
Siend' usté mi quería,
M' ha pisao un pié?
Gitana, gitana,
Gitanita y no (sic)^
Echem' ust* un baso
D^ agua de limón.
(2) Respecto al origen de esta voz — si, como creo, es el mismo de a-la-
vó, vo-vü, alad, lab, ad^od, o, formas usadas en las nitme-nanne de Sicilia —
véase la siguiente curiosa noticia del vocabularista Pasqiíalino, citada por
mi ilustre amigo el sig. Pitre {Canii pojtolari siciliani, II, 2. — Palermo,
1871):
a Alad, especie de cantilena usada por las nutrices para adormir á los
niños, narma; lat. lallus, nutricum vox Aus. Epis. 10: Nutricis inter lem-
mata, lallique sonmiferos modos. Del Int. lallo, as..,, de tallo, Ciisi lalló;
y por síncopa alió, alab. Tal cantinela entre los griegos llamóse xoLTOLpajr.oL-
>tfT2£c, proveniente del verbo BaOxa/áw: de aquí tal vez alao, quitada la
primera sílaba.»
El docto Rodrigo Caro, en su obra titulada Bias geniales ó lúdricos, de
que se conserva copia MS. en la Biblioteca (Colombina (<8t. VYV, tab. 421,
núm. 12), dedica un curiosísimo capítulo (Dial. VI, § VI) á la investigación
genealógica de los Cantares de los muchachos. Nina, Nina, y Lala, Lala,
y á más de citar el mismo pasaje de Ausonio, recuerda apropósito de este
- 21 -
10 A-la-nana, nanita,
De San Vicente (i);
Ya sabrás como el ^ niño
Ya tiene un diente!
1 8 Duérmete, niño chico,
Duérmete, mi bien,
Que aqui está la cunita
Que te ha de mecer (2).
21 Al verte triste y malito
Se me parte el corazón;
Así, cuando canto lloro
Y se me apaga la voz.
23 Ea-la-ea,
Ea-la-ea;
El sueñecito, niño.
De San Juan sea.
24 Mi niño se va á dormir;
Ojalá y fuera verdad
Y le durara el sueñito (3)
Tres dias como á San Juan (4).
linaje de cantares las siguientes palabras de Nonno Panopolita, lib. 3.o de
cas Dionisiacos:
Et Dueroram resonans cantilenam incitatricem somni
Amóos dorraientes sopivit nutricali arte,
y estas otras de Quintiliano: «Crisipus etiam nutricum quse adhibentur in-
faDtibus allactationi suum carmen asignat.»
(i) Alude á San Vicente de Paul, de quien el pueblo asegura que can-
taba la nana á los niños huérfanos.
(2) De una ninna-nanpa siciliana, recogida por Pitre:
Figghiu mió, figghiu d'nmari:
La nacii ti cunzai p'arripusari.
(3) Sueñito, por sueñecito: así suelen formarse los diminutivos en Ex-
tremadura, de donde procede esta copla.
(4) El sentido de esta nana y la anterior, recogida en Osuna (Sevilla),
se explica conociendo cierta creencia popular. Cuéntase que San Juan Bau-
tista, que es amigo de bulla, celebraba su dia (U4 de Junio) con ruidosos
festejos, de los cuales eran consecuencia las grandes tronadas que suele
haber en esa época del año. Para evitar tales alborotos, el Señor le hace
dormir tres diiis sin interrupción, á contar desde la víspera del suyo; de
suerte que el Santo no puede celebrarlo, porque cuando despierta, na pa-
sado ya. En la provincia de Badiijoz es muy vulgar un dicho que conñrma
la exactitud de que existe la indicada creencia. Véase:
Si San Juan supiera cuándo es su dia,
Atronara los cielos con alegría.
ó bien:
- 22 -
25 Ea-la nana,
Ea*la nana.
Duérmete, lucerno,
De la mañana (i).
27 A-la-ro-ro mi niño,
Mi niño duerme
Con los ojos abiertos.
Como las liebres (2).
32 — ¡Ay, mi niño del alma,
Que se m'ha muerto!
— No me llore usté, madre,
Qp' estoy despierto.
33 Duérmete, niño chiquito.
Duérmete y no llores más;
Que se irán los angelitos
Para no verte llorar (3).
36 Duérmete, niño chiquito.
Mira que biene la mora
Preguntando e puerta 'n puerta
Cuár es er niño que yora.
37 Anda béte, morito,
' la morería,
Que mi niño no entiende
Tu argarabía.
Si San Juan supiera
Cuándo era su día, Ti
El cielo con la tierra
Se juntaria.
En algunos pueblos andaluces óyese este otro refrán:
San Juan, bullicioso;
Y Santiago, tramposo;
pero no se refiere á lo supradicho, sino á la costumbre de mudar de domi-
cilio en el dia del primero y á la de aplazar el pago de las deudas para el
día de Santiago.
8) Hasta mañana (Var.J
e una nanita de Sicilia:
Figghiu mió, ti stimu assai!
Tu si' lu suli, li stiddi e li rrai.
(2) De la extremada viveza de la liebre induce el pueblo que duerme
con los ojos abiertos, para huir al primer asomo de peligro.
(3) Los dos últimos versos de una ninna-nanna siciliana, publicada
por Pitre:
Figna mia, maccia d'aruta,
Passa Tancilu e ti saluta.
— 23 -
38 Duerme, niño chiquito.
Que viene 'I coco (i)
Y se lleva á los niños
Que duermen poco.
39 Este niño chiquito
No quiere dormí;
Se le jadrá (2) la cama
En er fogarín.
41 A-la-nana, nanita,
, Nanita ea.
A-la-nana, nanita,
Dormido queda.
F. Rodríguez Marín.
(1) El coco: ser imaginario con que se infunde miedo á los niños; así
se dice: Más feo que un coco. Govarrubias, en su Tesoro de la lengua cas-
tellana: tCoco, en lenguaje de los niños, vale figura que causa espanto, y
ninguna tanto como las que están á lo escuro ó muestran color negro, de
\^^ ^ cus, nombre propio de Can, que reinó en la Etiopía, tierra de los ne-
gros.» El hü, el duende, el cancón, etc., son otras tantas entidades míticas
que comparten con el coco, el moro, los judios, la mano negra, etc., la ta-
rea de asustar á los rapaces. Análoga misión tiene el papfto, en Portugal.
Véase esta cantiga de bergo:
Ó papáo, vae-te embora
De cima d'esse telhado;
Deixü dormir o menino
Um somninhodéscan^do.
Una canción de cuna de Puerto-Rico:
Duérmase ya el niñito.
Que viene el cuco
Y se lleva á los niños
Que lloran mucho.
(2) Jadrá, epént., jará, hará.
No he querido terminar estas observaciones sin hacer un lisero apunte
de las tonadas de cuna que conozco además de la publicada por reman Ca-
ballero (Cuentos y poesías populares andaluces, Sevilla, 1859, pág. 389),
que, sea dicho de paso, es inexacta, cuando menos por haber olvidado la co-
lectora ^ue escribía en mi menor. Soy poco músico; pero se me alcanza lo
necesario para responder de la fidelidad de la nota precedente, que no he
querido encomendar á quien con más suficiencia musical que yo, podría
acaso no aventajarme en el conocimiento de las tonadas.
-24-
EL FOLK-LORE DEL PERRO
La idea del Folk-Lore ó de los saberes populares, en
su relación con el hombre y los animales, va adquiíiendo tal
incremento entre los hombres más eminentes de Europa,
que no dudamos constituirá en breve una nueva ciencia que
amplié y perfeccione los conocimientos adquiridos hasta hoy
en la Historia Natural.
A primera vista parecen inaccesibles ó de poca utilidad
estas investigaciones, pero cuando vemos á sabios distin-
fluidos de Inglaterra, Portugal, Francia, Italia y Alemania,
ijar sus miradas en los cuentos, creencias, preocupaciones,
refranes, proverbios, cantares, etc., de pueblos diversos, y
deducir de su estudio grandes enseñanzas, para desentrañar
la civilización de los pasados siglos, no pedemos menos de
fijarnos también en aquella idea, puesta ya en práctica en
las naciones que han tomado la iniciativa en este nuevo gé-
nero de estudios.
Bajo tres diversos prismas, á cual más interesantes, po-
demos considerar el Folk-^Lore de los animales.
i.^ Para perfeccionar la historia zoológica del individuo
que analizamos.
2.® Para conocer el sentido mitológico y fantástico de
las creencias y preocupaciones del vulgo, que influyen so-
bre la imaginación de las gentes masó menos ilustradas.
3.® Bajo el aspecto filológico, que nos hace remontar al
origen de las lenguas é idiomas primitivos y poder apreciar
el valor onomatópico é ideológico de los sonidos, voces ó
palabras con que se designan aquellos seres.
Solamente estas tres maneras de con>iderar la idea del
Folk-Lore ó saber del pueblo convienen por hoy á nuestro
propósito en el objeto que motiva este artículo, que es úni-
camente expresar lo que independientemente de la Ciencia
piensa y gráficamente dice el pueblo acerca de uno de los
animales más numerosos y adheridos al hombre desde la
más remota antigüedad. Vamos á exponer algunos ejemplos
respecto á la importancia del saber popular bajo los tres as-
pectos indicados.
Había oido decir varias veces que el erizo se llaD)abael
buey agostizo, cuando ni uorsu tamaño ni su forma h^bia re-
lación alguna entre esos dos animales, de especies completa-
mente distintas y que en la escala zoológica ocupan órdenes
— 95 -
tan diversos, aue ni aun pueden compararse. Pues bien; ha-r
ilándome en el campo, en una noche de luna clara y apacible,
oí un bramido semejante al del buey, aunque no tan fuerte
y profundo como el de este animal; lijando mi atención en
aquel ruido, que se repitió varias veces, traté de investigarlo,
y preguntando al capataz que me acompañaba sobre lo que se-
ria, me diiigió ul lugar en que se oyó, donde adquirí el con-
vencimiento de que era producido por un erizo (erinaceus en-
ropetís): después supe, por explicación de algunos labradores,
que aquel animal se expresaba así en su periodo de celo,
caso tan frecuente, que todas 4as gentes del campo lo cono-
cen. ¿Será la semejanza de aquel bramido con el del buey,
lo que haya sido causa del nombre popular mencionado? Es
probable; y, sin embargo, una sola vez lo be escuchado, y
aunque generalizado el conocimiento de este hecho entre los
pastores y ganaderos, es completamente desconocido de los
zoólogos. Ese conocimiento, pues, de nuestro pueblo explica
una frase, dicho ó denominación popular, y es un dato im*
portante para el naturalista.
En la América central empiezan las lluvias en el mes de
Mayo, son casi siempre diarias y caen en ciertas horas de-
terminadas; pero antes de su comienzo atraviesan el aire,
de Este á Oeste, unas especies de grullas que llaman aza^
euanes, precursoras de aquellos cambios meteorológicos:
entre los naturales europeos y los indios, hay sobreesté fe-
nómeno multitud de fábulas y preocupaciones, que serian
dignas de estudio bajo su aspecto mitológico, literario y
científico.
Los ornitólogos, y el pueblo francés en general, llaman
al cuclillo con un nombre casi igual al que nosotros le da-
mos, ó sea con un simple cambio de vocales: coucú en Fran-
cia y cuco en España; y, sin embargo, la denominación co^'
cú (nombre ó vocablo con que la nación vecina designaba
antiguamente al cuco) se aplica allí al marido burlado por
su mujer, mientras que en España tiene una acepción com-
pletamente distinta. Este hombre es un cuco, dicen en An-
dalucía para designar á un individuo astuto, listo, avisado y
que sabe escurrir el bulto, guardar la ropa y conservar el
número uno. De aquí la copla:
aSoy de la opinión del cuco,
Pájaro que nunca anida,
Pone el huevo en nido ajeno
Y otro pájaro lo cria.»
El Cuco ha llamado el pueblo andaluz á uno de nuestros
más famosos banderilleros, designando con este apodo la ha?*
4
- 26 -
bilidad del díeslro en burlar al toro: el cuco (de que se deri-
van las puliibt'us cuquería y cucada, stiiúiiimas de urdid, tra-
vesura, liectius casi BÍempre con fin egoisl:^) ha sido U[i pá>
jaro predilecto para los Tiñcíonados al l'olk-Lore. El seDor
D. Manuel Murnuin, en el magiiüico articulo titulado El
Folk-Lore gaüpjjn, mauiñcstii h.<bfr jiit;:t<l<> de pe()ueñi> un
jue^i nn que üe ciitiüinirib^ii Vas cüit'liciuues prutetioíis i]ue
Mr. Williafii Thoms utiibuia á este p;ijar<>, en uua curta que
La Enciclopedia, revista de Sevilla, ha si'lu la príioera en
dar á conocer en España: hé a({ui las versillos citados por el
distinguido autor de la Historia de Galicia:
Mr. Eugenio Rolland, en su excelente obra Les oisseaux
eauvages, dedica también un pequeño capitulo ni pájiiro de
que nos ocupamos, y, se^un me iiidjcu mi hijo, iipasiun.idu
pur «ate i<éiiero de estudios, la Suciedad in)j¡les<i dwl Folk-
Lore ba publicado la Historia popular del cuco (Popular
hisloTij ofthe cuckoo) pnr James Hardy; habiendo dado á luz
también una revista inglesa uu articulu que lleva igual titu-
lo que el presente.
B:ijo el aspecto mitolóf^ico es inmensa la importancia
det Folk-Lore acerca de los atiiniales: el hecho de ciisUr
ya publicadas, no sólo la Fauna popularde la l-'raHcia por eL
citado Mr. Rolland, en cinco tomos, sino la Mitología zooló-
gica úe naeslra fi\siinga\do consocio Angelo de Cluberuatis,
escrita en inglés y traducida ya ul francés y otros idio-
mas, según nos indican, es bastitnte pruebu de nuestro aser-
to. Los animales, que han sido deificados y áuu se veneran
en algunos pueblus salvajes, hánse convetlido ya en per-
sonajes (le los cuentos del pueblo, que interesa estudiar
como reminiscencia de aquellos primitivos tiempos.
No menos importantes que los anteriores aspectos es,
como se comprende, el lado filológico de estos esludioü; la
palabra alouelíe (alondra) ha sido un precioso motivo de
investigación para los cellólogos, y en los nombres vulgares
de nuestra fauna popular estamos seguros que han de bailar
nuestros ilustres consocios, los Sres. Oarcía Blanco, Arrese
y Vidal, minn fecund.i para sus exploraciones ñlológicas.
Sabido es i|ue, no ya los uombres, sino los mismos gritos y
cantos de los animides, y aun las interjecciones con que los
llamamos y estimulamos, son elementos de inmensa valía
para los que estu>lian cienliticamenle el origen de los idio-
mas. Véase á usté m-opósilo la delicada distinción que el se-
ñor (iarcia Blanco Jiac« entre los verbos arrear y jhm
■yjharnm^
— 27 -
ambos de origen hebreo, y el estudio que de la voz arre
hace el eminente Tylor en su obra Primüive culture.
CANIS FAMILIARIS
Uno de los mamíferos domésticos más importantes, fac-
tor indispensable en la vida de ios pueblos actuales, es el
perro (gos en catalán y can gallego), cuyo origen no está bas-
tante averiguado, porque no sólo la tradición y la historia
no concuerdan en la época de su aparición en la tierra, sino
porque sus restos fósiles se hallan en las cavernas confun-
didos con los de otras especies análogas, sin que sea posi-
ble distinguir sus osamentas de las de aquéllas, ni aun en
las especies vivas sus caracteres anatómicos y fisiológicos.
Las cualidades morales del animal que nos ocupa, y sus
condiciones de sociabilidad, sirven más bien que las físicas
para distinguirlo de otras especies análogas: entre estas con-
diciones descuellan, como las principales, la fidelidad; bien
lo da á entender la copla que dice:
«Si el querer que puse en ti
Lo hubiera puesto en un perro,
Se tiniera etrás e mi.»
y su amor al dueño:
«Más vale querer á un perro
Que querer á una mujé,
Que ei peiívro quiere á su amOf'P etc.;
á las cuales se une su adhesión á la familia y á las personas
ue frecuentan el trato de su dueño; siendo tal la perspicacia
e su instinto, que distingue á los amigos falsos de los ver-
daderos, indicando con sordo gruñido profunda antipatía ha-
cia los primeros, antipatía que reprime por respeto y temor
á su amo, siquiera la experiencia se encargue de demostrar
en muchas ocasiones lo exacto y previsor de aquel instinti-
vo recelo.
La organización física del perro no presenta caracteres
diferenciales de las del lobo, el chacal ó la zorra; y aunque
prefiere, como éstos, la carne á tuda otra sustancia alimen-
ticia, confórmase también con el pan, como alimento exclu-
sivo; indicando desde luego su sistema dentario condiciones
menos feroces que las de sus congéneres.
La predilección del perro por el hombre, y el cariño que
á nuestra especie manifiesta, no puede explicarse por la
afinidad de origen, pues si bien es cierto que en las primea
ras semanas de la vida intra-uterina el germen dfil^errof
se diferencia en nada del del hombre», .tamliiftn* toü
3
los treinta días, próximamente, empieza In direrenciRcíon de
ambos, continuando hasta su completo desarrollo. Á nues-
tro juicio, el dominio del hombre sohre el perro, colectiva-
mente considerado, háse trasmitido por herencia de unas á
otras generaciones. El hnbito ha modificado lué^o los óiga-
nos de aquel animai, iiitluvendo en gran ma.neni en sus sen-
saciones, dependientes del grado de evoluciou de su sis-
tema nervioso.
Lo que no acertamos á explicarnos son los encontrados
conceptos que el pueblo tiene del perro; pues mientras unos
ensülzan la bondad de sus condiciont-s morales, utros las
deprimen hiistü bd punto, que CDiisideran las palabras pe~
rreria y perrada como sinónimas de una mala aceioii, lle-
í;ando hasta á dar á la palabra perro ó /ierra, considerada
como adjetivo, el sentido de pervei-so, perversa, etc., utc.;
V. g.:
«Estn namenqui ja perra
Me está jaciendo fiasú
Er piirgaLorio en U tierr.i.t
Este sentido domina más especialmente en las producciones
populares andaluzas, aunque nó eu los cuentos que conÜe-
nen elementos míticos, eti los cuales el perro se presenta
casi siempre como un ser bueno, en confdrirddau, según
el Irabíijo antes mencionado, con la teoria í^eueral de los in-
dios acerca de tos animales: perro judio llamnn los cristíu-
üos al hebreo, y perros nos llamaban los mu-iuliiiiines.
Por el contrario, y abundando en la teoría india, las cla-
ses más ilustradas de nuestra sociedad consideran al perro
como un ser bueno, personiliciindo ett él la abnegación y el
heroiamo; pues no sólo sufre resi-ínado los ciiSti)>os y arbi-
trariedades del dueño, sino que llega á sacrificar por él la
vida, cuando lo considera un peligro. Enterueci'dores ver-
daderamente son los numerosos cosos que se reliereti apro-
pósito de la abnegación de los piirros, muchos d« los cua-
les han pasado á la historia y son de todos cunocidua. Nos-
otros vamos á concretarnos á referir uno solo, da cuya au-
teotiádad estamos completamente se;^ros: cuéntase que
nuestro conv^iiio el Sr. D. Ramón Villar', recaudador de
contribuciones de los pueblos de la provinoia de ijevilla, cii-
minandi) una vez de Utrera á Los l'alacios, muntadu en una
cubidlerin, obf<ervóduriinte el trayetto que media entre am-
bas poblaciones que su perro, criado por él y acostumbrado
á strgairie á tudas pnrte», ompL-zó repeiitinanieiile á laditar
con tal furia é Ínaisteui:ia y a morder tdii desafuradameiite
las piernas del eaballot que lo ore)6 victima d« un a
in lOM^
- 29 -
de hidrofobia, hasta tal punto, que procurando calmar al
animal con caricias y reprensiones, y viendo que ni unas ni
otras producían efecto, creyéndole rabioso por completo, no
sin ^ran sentimiento disparóle un tiro, dejándolo tendido
en tierra y prosiguiendo su camino, entristecido y preocu-
pado con tan inesperado accidente hasta llegar á las inme-
diaciones de Los Palacios, en las que, sinliendo como que le
faltaba alguna cosa, llevóse la mano al cinto en que llevaba
el dinero y se sorprendió al encontrarse sin él. Atribulado
entonces, sin precaver lo que verdaderamente habia ocurrido,
volvió el caballo en la dirección que habia traído, encontran-
do, con gran dolor y sorpresa, á su leal perro revolcándose
aún en su sangre, no lejos del bolsillo que perdiera, y de cuya
caida aquél le avisara con tal tenacidad. Este suceso, que tie-
ne muchos análogos, y la idea que domina en las coplas an-
tes citadas, constituyen una verdadera antinomia con la acep-
ción popular dada á la palabra perrada, antinomia que no
tenemos por hoy datos bastantes para resolver y que aca-
so puede explicarse por el diferente papel que el perro des-
empeña entre la clase acomodada, para quien es como un
objeto de recreo, y la menos favorecida por la fortuna, para
quien es, por lo general, una boca más que mantener y un
enemigo constante del aseo, único lujo que pueden permi-
tirse las clases pobres.
La importancia de los perros, sin embargo, para los
cazadores y la gente de campo, acaso resuelva la cuestión
en favor de ese noble animal con que en algunos pueblos
antiguos se han simbolizado las condiciones morales á que
se refieren las coplas mencionadas.
(Se continuará.)
Antonio Machado y NüÑez.
ENSAYO DE CUESTIONARIO
DE MR. SÉBILLOT
PARA RECOGER LAS TRADICIONES, COSTUMBRES
Y LEYENDAS POPULARES <•>
Durante mi recolección de cuentos, leyendas y creencias populares
(1) Este cuestionario que, á petición nuestra, ha remitido al Folk-Lore andaluz
nuestro digno consocio el 8r. ^ébillot. con autorización expresa para traducirlo, ha sido
pub'icado también en inglés en el III tomo, parte 2.*, del Arch'wo (liecordj de la Fulk'
Lure Society, correspondiente á 1H81: la oportunidad de la publicación de este trabajo,
i^rdadera cartilla para el xnitógrafo, es tal que creeríamos ofender la ilustración de nues-
tros lectores detejiiéndonos á encarecerla.
— 30 —
en la Alt» Bretaña, he tenido frei^uente ocasión de lamentir U falla
deon gula que toe indicase cuáles enn los principales asunto» de
investigación. Des|jrovisto de un cuestionario, siquiera incompleto
(porque la materia es inmensa y casi puede decirse inrinilu), en qua
se hallasen expuestos con toda claridad los materiales que debían
recogerse, tiabró dejado escapar, sin dada, muclios hechos curiosos
ó descuidado la conveniencia de obligar á los cunnlí-tas á que me
dÍRRen explicaciones precisas sohre lo que me referían. Un programa
me hubiera sido ntilisimo para auxiliar su memoria y preguntarles
algo de algunas costumbres curiosas y de algunas creeni'ias, hoy al
parecer perdidas, pero subsislenLes aún en forma de reminiscencias
couíiHas(l),
Kl recuerdo de los obstáculos con que en el principio de mis \a-
vestigaciones he tropezado, me ha movido á escribir este ensajo
S)ue cada investigador podrá modiñc;ir y desenvolver A su arbitrio),
til á la vez para clasillcar las notas recogidas j procurarse, por me^
I dio de preguntas adecuadas, materiales y documentos nuevos. Eíte
I j^ogramila consta de dos partes: una, relativa á las tradiciones y le-
[ yendas nú cristianas, dividida en ocho secciones, cada una de las
' cuales comprende varios párrafos; y otra, que puede consideraraé
eomo un cueslíonario alfabético, referente á las costumbres y creen-
cias; cuestionario que, como el primero, dista mucho de estar com-
pleto y viene á ser únicamente una base metódica para la investiga-
ción.
La tarea de coteccíonar materiales para el Folk-Lore no es tan
sencilla como á primera vista parecei para desempeñarla con froto
se necesitan tacto, paciencia y ana no escasa dosis de don de gen-
I tes. Si no sabemos captarnos la confianza de bs personas á quie-
I DAS preguntamos; si les dejamos sospeihar siquiera que algunas de
F íns creencias y leyendas nos parecen ridiculas, iS no consef^uimos
\ nada á sólo que nnn forjen una serie de hi.'itorias ó de cosas distinlaa
completamente de las que conocen. La primera condición necesaria,
por tanto, para trabajar con fruto en estas investigaciones, en saber
conqnislarnos la voluntad de los cuentistas y ganarnos su simpa-
tía; condiciones indispensabies para obtener algún resultado.
Ante iodo, conviene no descorazonarse por las diflciiIlBÜes del
principio; ocurre á menudo, que las ¡lersonas á qníenes nos dirigi-
mos comienzan poruonleslanios que uaiia saben y que en su pats no
hay leyend.i^. lniiiiri<ines, ni Ciincione:* antiguas; pero si, desen-
tundii^nd - <1i' t Li I <"|.ii''^i;>, ;iiivilianios su memoria precisando
loque <l<'-' ■■■: ¡r : I" [iii~iiii'i>.', mismos sucintamente alguna
cosa, mili . ■ ■ . ;i; . ' \.¡- [i[|jd de aquella r^spacsla. y que,
quien ili' lith ¡1.1 I.' ii.'. i.ii.iliri uíi ^;lll•'^ nada litd, es una mina in-
mensa ili- noliiins ciiríDsas.
Otra ciindíi ion, siempre útiU indispensable á veces para los que
recogen la liliratura legendaria, es conocer el dialecto del pais; aun
Q las provincias en que se habla undialecto uacional. tácil de com-
(1- DaUlmtmrUnBüiilalurnnliilMcnolai'n li llWrtUin r ■• p»»!* dd puaUo.
. ^g_,m,„j|,^„^,j|,„i,u,cntu.>Mliiubr>diUiluiU'*nutu(mb
— 31 -
!>reDder por todos, haj infinidad de idiotismos ó términos provincia-
es, cQ^a significación es necesario conocer á fondo. Cuando leñe-
mos necesidad de pedir expicaciones á cada paso, el cuentista se
abarre y procura explicarse bien ó mal en el idioma general del
país, lo que quita frescura y colorido á su narración y hace que en
vez de su pensamiento original nos dé sólo una traducción de este
peu>amieiito, imperfecta en la mayoría de los casos.
También conviene armarse de paciencia. Para encontrar un
cuento curioso é interesante, hay que oír en ocasiones una docena
de ellos desprovistos de interés: por lo general, los cuentistas son
bastante malos jueces en la materia y no aprecian las cosas real-
mente curiosas é importantes; es necesario agotar su repertorio,
y recoger lo bueno y lo mediano para elegir después lo que parezca
mejor.
Muchos aficionados á literatura popular limitan sus investiga-
ciones á puntos concretos y determinados, descuidando por comple-
to los demás; por esto no es raro observar que los que se dedican
á recoger canciones, por ejemplo, no se cuidan para nada de los
cuentos, y vice-versa. En nuestra opinión, conviene ocuparse á la
vez de todo y llevarlo todo por delanle, como decirse suele; así lo
bacen, en efecto, los narradores que, después de referir una leyen-
da, proponen adivinanzas ó cantan alguna copla. En cuanlo á los re-
franes, brotan á cada paso en la conversación ó se encuentran inter-
calados en los cuentos y leyendas, de que á veces forman parte
integrante.
Á nuestro juicio hay aún mucho que recoger en las campiñas
de Francia, y casi todos los países son interesantísimos de explorar
bajo el punto de vista de las tradiciones. Pero acontece con frecuen-
cia que los habitantes de una región, aun los más instruidos, no se
aperciben de ios cuentos y creencias que circulan en torno suyo.
Al comenzar mis investigaciones en la Alta Bretaña oí decir á todo
el mundo que nada encontraria, que mí trabajo sería inútil y que«
todas las antiguas historias se habian olvidado por completo. Estas
razones, sin embargo, no me desalentaron, antes bien me hicieron
redoblar mis esfuerzos, los cuales fueron tan fructuosos, que en
dos años pude recolectar doscientos cincuenta cuentos, más de dos-
cientas adivinanzas y algunos centenares de proverbios, sin contar
las canciones, formulillas y notas sobre costumbres variadas. Cuanto
más nos internamos en la materia tanto más rica y fecunda la en-
contramos, cosa que creemos habrá ocurrido á todos los que se ha-
yan propuesto estudiar con alguna perseverancia la literatura del
pueblo.
Creo también que urge ocuparse en recoger los materiales (i):
el comercio de ideas cada vez más frecuente; la emigración de las
mismas de un punto á otro, resultado de la facilidad de los medios de
comunicación, tienden, si no á hacer desaparecer las tradiciones
(1) Conviene el distinguido mitógrafo francés con la opinión consignada por el ilus-
tre tecreurío de la .Sociedad inglesa del Folk-Lore, en su primer /n/'orme, deque la U-
rea principal más importante de aqueUa Sociedad y de las an&logas es el acopio de mate*
rialet, coiU^ing maltriaU,
- 32 -
por comjilt'to. ut menos h Ira^^rormarlas y i introdnctr en Isa kytMi-
das locales ekmeiitns de proi;edent;Ías muy diversas. De Umuutar
es i}tn! no baya mi Framna tina Revista est>e<'.ial consagrada á Is re-
copilación de la lilf^ratura legfntlsria en «ns formas má» cutuptejas:
cuernos, tradiciones, coslumbres, canciones, ndiviiian7.as, prover-
bios, etc. Hay iliseminailos en las provincial^ algunos tiumlif es de
buena vulaiUaü que retoitihan guslcisos p1 resultado tie sus iiivesti-
gaciottM á una publicación de enta iiidoU>, cu}8 lectura inspiraría
i muctios el deseo. i?n qtie liasU ahora no han pensado, de entre-
Sarse al estudio de las tradiciones, estudio que. una vez domina-
0, coRsIilnye una ocupación muy etilrcLeiiida- La Revista Urtuñ-
ne, dirigida por los Sres. H. (i<tido'¿ y E. Rolland, igue ya be ulili-
lado para la redacción de este ensayo, tiabia ya ejercido innuencia
en e) desarrollo de estos esludios, y es indudable que, á baber COD-
tinttado, bubiese acabado por conquistarse un onmeroso público.
Su desatiaricion lia dejado un vado que espero ver muy pronto Hfr-
üO, ya con iinu Sociedad de oslndios legendarios i)oe puMique $ns
Memorias i.i). ya con una Revista de literatura poi)ubr, boy masque
■unca COR probabilidades de éxito.
CUESTIONARIO PARA RECOGER LAS TRADICIONES
1.— MüNUMENTOS PREHISTÓRICOS. (DÓLMENES, TÚMULOS, MF.MIIItES.l
1 Qui* nombre les dan los campesinos?
2 A quién se atribuyo su construccioiv?
3 Ilny almas en iiena, duendes ó hadas que Ior habiten ¿ hayan ba-
nilado, y se prtísenivn i »eci'« por la noche?
i Se ciee que »i íe destruyeran sobr-ívemlrisn males al destructor?
5 Cnéntan«eU'¡renilii$ alusivas á este asunto^
C Exiiti'n debfijo de estas consirocciones uwotos ocnlloí ó perso-
nas enterradas?— Medio de procurarse los tesoros sepuiUidos.
n.— flECUEnOOS UISTÓÍIICO&.
t Ilúdase de nnliguos habitantes del iinis; qnt^ nombre fe les da?
S lia habido combates en f\ país?— Qué se cuenta de ellos?
3 Hav leyendas referentes A losantiguus castillos?— Recuerdo da los
derechoí feo-lales.
4 Hay personajes históricos en la provincia cuyo nombre circnle do
líoca en boca, citándose sos hechos y haitañas 6 reflriéudose las
leyendas de que son tiéroes?
I LaformaelAn ilol FnOt-tjire dpFmnfli
- ... ... Lt maUrin (■> linporUililn ei
in hKhn. tt*r«d á !■ InlcIMIn
~ 33 -
5 Recuerdos de las gnerras con los ingleses, de la Liga, de los Chua^*
nes, de los corsarios j las invasiones. (1)
III.— Hadas.
i Se cree que existen todavia?
2 En qué época desaparecieron; si se cree que deben voher.
3 Con qué nombre se las designa?— Tienm nombres propios?
4 Dónde habitaban; cómo se llaman sus moradas.
5 Se les atribuye la construcción de edificios?
5 Qué hacian las hadas?
7 Hadas benéficas y maléficas.
8 Los dones de las hadas.
9 Lo que las hacia visibles ó invisibles.
iO Lo que se les ofrecia para tenerlas propicias.
H Danzas circulares de las hadas: dónde y cuándo se celebraban.
12 Cuál era el traje de las hadas?
IV.— Duendes y animales duendes
i Existen duendes todavía?
2 Qué hacen; son buenos ó malos?
3 Dónde habitan.
4 Su nombre, su aspecto y formas exteriores. (2)
5 Duendes que se trasforman en animales, ó animales duendes.
(Bueyes, gatos, caballos, etc.)
6 Medios de tornarse propicios á los duendes.
7 Medios de preservarse de ellos. (Agua bendita y esparcir mijo y
chícharos.)
8 Duendes diversos y bestias errantes. (La bestia blanca, el caballo
blanco, gallinas negras.)
V.— El Diablo.
i Formas bajo que se presenta; su cabalgadura, sus nombres;
por qué signos se le reconoce.
2 Créese que es peligroso llamarlo.
3 Cómo se hacen los pactos; cómo se rompen.
4 El Diablo engañado con frecuencia.
5 Cómo se va cuando se le ha engañado ó ha sido exorcizado.
6 Compra niños?— Acude á ahogarlos?
7 Viene á llevarse las gentes.
8 Apariciones del Diablo en los bailes.
9 El Diablo puesto al servicio de una persona determinada.
10 Lugares en que no puede entrar.
;i) En España, tm vez de esto, debe pre^^antarse por los recuerdos de las inierras
ooe hemos sostenidos con los diversos invasores, y especialmente con los árabes y
franceses.
d) Aqui eiU «1 8r. SébiUot una Mrle de duendes de la Alta BretnAa, cuyos nombres,
cMBo el lectorcom prenderá, son intraduelblte.
5
— 34 -
11 Objetos benditos de que tiene qae despojar á las gentes antes
de hacerlas entrar en el Infierno.
VI. — APARiaONES NOCTURNAS.
1 Sitios donde especialmente se verifican.
2 Nichos colocados en las escaleras: su significación.
3 Hombres blancos.
4 Lavanderas nocturnas.
5 Coches fúnebres, fantasmas funerarios.
6 El carromato de David, la caza de San Humberto, la caza de Ar-
turo.
7 Damas blancas.
8 Apariciones diversas. (Fuegos fatuos, luces errantes.)
VII. — Aparecidos y visiones.
1 Lagares preferidos por las almas en pena ó aparecidos.
2 Sus formas.— Hora á que se aparecen.— Hora á que se retiran.
3 Por qué vuelven.
o) Para peílir misas: para exigir el cumplimiento de alguna pro-
mesa que han hecho; para pedir que se pague niguna deu-
da conlruiüa por ellos; para pedir que se les enlierre en sa-
grado.
6) Para cumplir una promesa; para exigir el cumpliraienlodela que
se les hh-jera; para hacer penilen-ia: para avisar á los vivos.
c) Sa«jerd(»les que vuelven á esle mundo para pedir que se les
encomiende una misa (l);para pedir que se les abone una
misa que no han di-ho
i Almas en pena ó aparecidos de cementerio; su costumbre de arro-
dillarse sobre los sepulcros; sudarios que se ven en el ce-
menterio.
5 Noches en que más especialmente se aparecen.
6 Medios de librarse de los a|>arecidos.
7 Visiones ó signos que anuncian el cumplimiento de un hecho que
se verifica lijos de nosotros.
8 Apariciones en el aire.
VIII.— Sortilegios v rrujos.
1 Existen los sortilegios?— Medios de hacerlos.
2 Quién puede hacerlos ó deshacerlos. (Mendigos ; hechiceros).
3 Medio de librarse de los sortilegios; preservativo coulra ellos.
4 Hay brujos ó hechiceros?— Su papel, su poder, modo de hacerse
brujo.
5 Dónde se reúnen los brujos.— Cómo van al sábado ó jixnidi noc-
turna que se supone celebran este dia.
(1) Pour demander, dice el original francés reflriéndOM á los sacerdotes (le» pre^
tre$) qu^on leur paie une meeee qu*u$ n*oru pa» dite.
— 35 —
6 Libros de hechiceros. (Le petü Albert.)
1 Animales que los acompañan ú obedecen. — Los conductores de
lobos ; de ratas
8 Yerbas de que se sirven; yerbas mágicas.
A. Hachado y álvarez.
LOS CANTES FLAMENCOS
H. SCHTJCHARDT
De poco tiempo á esta parte, ha brotado ft'lizmente en Sevilla,
del seno de una generaüo (equivoca, la añcion al estudio de la lite-
ratura popular indígena. Fernán Caballero (1), buscando con cari-
ñosa diligencia y coleccionamlo fábulas, canciones, enigmas, pro-
verbios y costumbres de los andaluces, proponíase exclusivamente
fines estéticos y morales. Emilio Lafuetitey /alcántara, en la colec-
ción de su importantísimo Cancionero popular (Muáriú, \S&b), ca-
yas dos terceras partes se refieren á Andalucía (2) y Aragón, recono-
ce ya el valor cientfñco de Ihs canciones populares: mas ni en Espa-
ña acoiitei.'e lo ipie entre nosotros, ipie, [lor una impreSiindible ne-
cesidad, un übro engendra olro libro, ni allí se ba considerado pre-
ciso dirigir expresamente la alenrion á cosas que en otros países,
por su escasez, hnbi»*raii podido pasar desapercibidas, pero que en
Sevilla inundan toda la atmósfera, como el perfume dfí azabar en la
primavera. Y aunque impulsos inmediatos tan enérgicos, sólo obran
en general sobre las facnllades poéticas, se han combinado esta vez
con aptiindes críticas, pre.isamenle entre aquellas personas que, de-
seosas de secundar á la Insliliicion Ubre de Enseñanza de Madrid,
aspiran á ensanchar en todas direcciones el burizonte nentifico de
sus compatriotas.
La tarea de dará conocer los trabajos extranjeros, a la cual se
dedica preferentemente la Biblioteca Cienlíliro- Literaria (colección
de traducciones de obras científicas), ha de influir de beneficiosa ma-
nera en la literatura popular y en el método comparativo, todavía
poco extendido en España. En realidad, de los abundanles recur-
sos que acerca de esta materia le han ofrecido otros países, poco
ha penetrado aún en Sevilla, siendo en general pobres en obras ex-
tranjeras no sólo las bibliotecas públicas, sino también las parti-
culares, ritmas por otros conceptos (al lado de las conocidas de D. Fer-
nando de Gabriel y Buiz de Apodaca, D. José María Asensio y Tole-
do y otros, debo mencionar la de los señores Sendras,~Cervantes
17,— que^me parece muy bien surtida respecto á lo popular de Anda-
lucía). Reflexiónese que no sólo hay que traspasar los Pirineos, sino
(1) Guando en lo sucesivo cite este nombre, me refiero á los Cuentos y poesías
foptiiares andaluces. —Sevilla. 1869.
(2) El primer tomo oonUeue las seguidiUas; el segundo las coplas, y éste se cita
sin numeración.
también Sierra Morena, y que la falla de interés qae encoentra en Ma-
drid este género de estudios ejerce [i<!rnicío!(a ínlluencia en las provin-
cias. Tan escasa ramiliaridad con lo hecho en el eKiranjero, ; la indi-
ferenüia del público en general, son, aparte otras circuuslancias, obs-
tái;ulos poderosos para el eficaz desarrollo de estos estudios; por
eso tos que no retroceden ante acjni^llos tienen derecho & nuestro Re-
conocimiento, y á.nueíilra indulgencia además, por las fallas en que
puedan incidir. Á nosotros mismos, dedicados á estas investigacio-
nes desde baca mucho tiempo jt con acertada dirección ;; prepara-
ción sólida, con buenos instrumentos y riqueza de materiales, las
cuales nos hacen incurrir ten frecuencia en lo mecánico, se nos es-
capa fácilmente el mérito d« eslas composiciones espontáneas.
Con interés creciente cultivase en La Euciclopeitia el etudio del
Fotk-Lore, á que consta ntemen te se dedican articulo'^ en U Stetion
de l.ileriitura popular, circunstancia que baria deseable que esta re-
vista se convirtiese en una Anilnlucia, merced i lo cual se apl'esu-
raria su divulgación en el extranjero; acabo, sin embargo, de saber
que va á entrar como muchos, como casi todos lo« periódicos do
España, en el camino de la'polilica. Esta tíevi4a cieiilllico-litera-
ria, sostenida principalmente por jilvenes, habia sido creada con la
idea de llenar en cierto modo el vacio que dejara por su desapari-
ción la excelente Hevúla mfnsuúl de Filtisnlla, Lileyítura y Ciencias,
de Sevilla. (Seis lomos: 1860-187-1.) Entre los eticichiietl islán citaré
á Francisco Bodriguez Marín, que espero ha de darme proiiti) oca-
sión para hablar muv bien de su Cancioiirro, y á mi amigo Antonio
Machado y Álvarez, director de la referida ieccion, y que propaga
estos estudios bajo el nombre de Demólllo; asi le llamarii en lo su-
cesivo. Kaceya diez años que la Musa de la poesía popubi' k- suiírie
cou seductora mirada: él escribió numerosos artículos en la Aci'ufii
citida, en La Enciciopeilin y en otras Revistas y periódicos, J pu-
blicó en años anteriores, como libro aparte, la Culercion di Entg-
mw ¡f Adiviiiamns.y ahora la Colección áe Cantth flamrnroi t\), que
es la primera cok-ccion de esta clase, como dio á luz con cierta limi-
dez [Hevitíii citada, aüo !1, pág. ili) anteriormente este gúnt-ro de
cnHcioaes en 1870.
Sobre cantes llamencos pienso yo con^renciar con él agrada-
blemente por escrilQ, asf como en 1S79 muchas veces hemos comu-
iiicadü de palabra nuestros pensamientos sobre los cantes, cuyu co-
uocimieulu debo al café de Silveno, y sobre otros asuntos análogos.
El Prólogo y las numerosa» y en parle extensas notas serán parti-
cularmente tenidasen consideración.
Primeramente la expresión Cnutes Flameiiras merece una con-
ferencia pnilimínar. Canio es una canción cantada, y vli tanto sinó-
nimo de canUí, cantar, ninaoii; pero nó cualquiera, sino lal que pa-
sa por Üiimenca. Confiero que no estoy bástanle enterado de la e\-
laníinn del sígnitlcaUo de la palabra.
Compárese:
- 37 --
Lapuemtk, i, 160,3 ¿Cómo quieres qae tenga
Gu^o en el cante,
Si la prenda que adoro
No está delante?
Demófilo, 58,308 Te den un tiro y te maten
Como sepa que diviertes
Á otro gaché con tu cante.
Tampoco es para mi completamente clara la formación de esta
palabra andaluza. ¿No puede estar naturalmente en lugar de eanto^
como, por ejemplo^ a'M« en lugar de ¿tf/u/o??Podremo8 ver acaso en
cante lo que sigue á la exigencia cante usted? (i). (Comp. en franc.
rendez-vous.) Flamenco quiere decir en primer lugar gitanOy gita-
nesco. Demófilo cree que el origen de esta denominación es des-
conocido, «pues no huy prueba alguna que acredite la opinión de
los que afirman, ora que con los flamencos venidos á España
en tiempo de Carlos I llegaron también numerosos gitanos, ora
que se trasladó á éstos en aquella época el epiteto de flamencos,
como titulo odioso y expresivo de la mala voluntad con que la
nación veia á los naturales de Flándes» (Pág. VII). Él habla hasta
de la posibilidad de que los andaluces hayan llamado asi á los
gitanos por su color, que es precisamente el contrario del blan-
co y rubio de los de Flándes, como efectivamente es muy usual
entre ellos esta jocosa inversión; por ejemplo: t hace mucho frió»
por «hace mucho calor». Sin embargo, á mí no me queda duda
de cuál sea el motivo de designar á los gitanos como á los na-
turales de Flándes. Muy bien se les pudo nombrar por el pais de
donde vinieron, ó pareció que hablan venido, así: egipcios, bohemios;
y también la expresión zíngaros, aunque su primitiva forma athis--
ganos pertenece á una secta, se refiere á su antigua mansión en
Armenia. Los españoles no han indagado la procedencia de los gi-
tanos más que hasta Alemania, y se justifica esta manera de ver
porque fueron echados de aqui en el siglo XVI, y por esto aumentó
ootabiemente su número en España. Miklosich, Sobre los dialectos
1 migraciones de los gitanos en ¿uropti (III, 42), muestra en^a len-
gua de los gitanos de España elementos griegos, eslavos y ruma-
nos, ninguno alemán; pero ¿hay razón para afirmar por esta via
negativa, que oí de paso siquiera se han detenido entre los alemanes?
Forestóse les llamó primeramente en España germanos y flamencos;
porque se confundían los naturales de Flándes con los de Ale-
mania. (Véase George Barron, The Zincali or, an acounl of the
Gipsies of Spain, London, 1841.) Germanos se llamaron también en-
tonces los rateros industriosos, y de squl germania^ jerigonza. No
hay que pensar, naturalmente, que esto primitivamente, como se
nos presenta en los romances de Hidalgo y Quevedo, deje detener
relación con la lengua gitana, puesto que, por el contrario, ésta
también empleaba jerigonza.
(i) Comps. Caball, 299, 1. Cantt usted, compaitrito,
Cante ust^d, vamos cantando,
Que si usted no sabe eoplas
Yo se las iré apuntando.
Dieí;. El. wib. • [ * Dicíionario etimológico, II, 1371. sostiene
la identidad de ffirmono, ralfro, gitano, con germiitins, hermano, y
dice: lEs una mala inteligencia derivar gprmanla del nombre pa-
tronímico germniiuí, porque contenga la lengua de Ioü gitanos un
número de palabras gótican;* prescindiendo de este fundamento,
creo que eslá equivocado. Segtin esto, flnmemo y gitano son pro-
piamente Kindnimos; maií h;i llegado á esiahlecerse una cierta dí-
feronda, Gtíñtia es de mAs uso, se emplea rou frecueni^ia en signifi-
cación metiiKrii'.a {adulador, asliito), y en general ne aplica bien i
estopeantes ¡en particular síf^uifív'» gUannii; mientras que nunca
he encdiilradn la expresión sigmrigax flumenra»]. Flnmeiuo designa
conprerereni'ia lo parecido á gitano, agitanado ícomp. Demóf. pá-
flna TI: flamenco »f emplea tuflueniido ile agiUmadn): asi Re dice
B una jdvfii que en su tr.ije y en su presencia manifíesla (odo el
I aire de lozniil» de las gitana-': tes muy flamenca* (1).
■ Los i-niili's Himeneos, que g>'neralm<'nie sólo en Andalncta eft-
Un en su elemento, no son en manera alguna gitanos puros con
tvlacion al lenguaje; son, por tanto, agitanuilos, Pero i^stii^i pueden
nr asi de dos m¡ineras-. 6 representa mío el elemento giUiiio i-on-
. vertido en andalur, d el andalnE adornado y ni<'Z<'.líidn con lo gi-
[ taño. Esli) exige una muy detallada investÍg.ii'Íou, y yo me atengo
F aalarulmente a los mal('n'al>'s que me nriv<» Demi^íild. 0>gAmo>le
L primeramenie: Ya piilíi fíírÍN(iiril;ida, II, ^174. ilicf: Sean fl'osoima
BiPZiHn de elementos h'ternKi^neosaiiiiqiiH tilines: un resultad» del
I Contai^to en que vive la clast- bjjiidel pui-lilo iii>d.iluZ'-nii el inisterio-
tfí y desconocido pueblo gitano;" aM como (ti. Fl. Vil): Que en tHloí
[ ihiin venido á mt'Ki'bise, 6, nnj'ir dirtin, í ¡im;ili;;iTii;ii-se y A con-
I fiin>lit"ie \3» ':on<lii'ii<ii>'~ inii'ii -.i> ilc V.t ui/.i ^nljn.i t ¡\k- \,\ ;iud!ilu/.a.*
Por Linio, SI los •-.¡wu-- ii.iiu.ii.i.- iI.'mIi- -ii r,ii^.ti il.'{>.-ii<lrii áf una
[ Hiezi|;i, híiv dr'spii.'s iii.i ,.i!i,ilr mn mi |>''<|""i~''* iiiunlo se dK^,
■ (ib. IXl: a;indaln/,:ÍMili;M', -i .-;ili.' i~l:] |>;il;ilii-;i. i'i li.icu'ijilo^"* gnthimil-
It», como dicen In^ rjiil.-iiliin- ili' |ii'iiri'.''ioii, irAn pi-nlieiido poco I
' poco su pntiiilivn(';ii'á<:l''r yiii'i;:iii:iliilíiil, y se convL'riii'iiii en un (¡é-
i Hero rniKlo, A que ííi' sigmi-:'! .ktt.ijn d nombre d" tlainenco, como
I »i«ilDitu'Mltí gitano.» ün i.i (lig. lü'i llega basta S oponer el cant«
[ flamenco al cante gitano: «Al s;itir el gi^tiero gitano de la liberna al
\ Cafó, se tl.1 aiidului'.ado, convnli^uduse en lo que Itny llama Hnmenco
1 todo rt mnniln.» Sfgnn ei>t(i, tendríamos, hablando quiínicamenie,
l'Sna cnmbiN3<:ion biperaiKlaluza en los actuiiles raules ttamencos
I '{[(lermt táseme introducir la paluhra en alemun). Demófilo señalii co-
I Bo gn error de los (;)iirí.«(n«*que el cante llamenco es genuínamenie
I et)p.im)U (pílg. Vli; antes bien sostiene que este gi'nero es «entre los
gt|inlares el m^nos nacional de todos* (iht., lel miónos popular d«
iln!>lns llamados populares.* (Pág. VIH). «Tiene una esfera limitada,
\ la nacido vn la tibeina y allí ha l1ef;aao i iv apogeo. k (fírrista cita-
da, 1. 11, pAg. i74): iNacidoiit uiuchus veces en la taberna, y en ella
casi siempre, y por plazas j campos repelidos, han eiicontrado su fillí-
w lu* m «Ka lenUdo; paro «
la racvH. 'X-oiop- S>t tO, S.
- 39 -
mo baluarte en el café; su estrella está ahora en el oca^^o, á nuestro
juicio, contra loque se cree» (C. Fl. pág. VIH). Los cantan número
limitado de personas: cEI pueblo, á excepción de los cantadores y
aficionados á que llamarfumos dilellanli si se tratara de óperas, des-
conoce estas coplas; no sabe cantarlas y muchas de ellas ni aun las
ha escuchado» (C. Fl. VIII). Pero el pueblo bajo tiene una gran afi-
ción á los cantes flamencos: {Rerista citada, t. II, pág. 475) «(forman
las delicias de nuestro pueblo bajo, que, por decirlo así, los paladea,
como una buena ópera nuestras clases acomodadas;T> pero «esta pre-
dilección hacia esta música especial, lúgubre y sombría, patentiza,
con la necesidad íntima ; profunda de sentir, propia de la raza anda-
luza, una degradación moral^ aunque menos afeminada, análoga á la
de nuestras aristocráticas clases, ardientes admiradoras de las pro-
ducciones francesas. lí Con todo, Demófilo cree que el público de es-
tas reuniones flamencas no representa al pueblo, sino á una parte del
mismo; mas poruña parle se dice esto respecto a la degeneración
que empieza á notarse, y por otra parece que si entre los concurren-
tes á los cafés cantantes se cuenta el industrial, el comerciante, el
trabajador, el torero, el terne (en ital. sgherro), el ratero, casi lodos
loman parte en ellas. Creo que á la opinión de mi amig • puede
contestarse, lo' mejor posible, con estas palabras: los cantes flamen-
cos son populares en sentido pasivo, nó en sentido activo Los can-
tadores que se dedican á ellos, en cuanlo podemos observar, per*,
tenecen en su ma>or partea la raza gitana, pero nó exclusivamente.
Así. por ejemplo, el más célebre canluor de hoy, Silverio, cuya bio-
grafía publica Üemófílo (C. Fl. pág. 172), es hijo de un natural
de Roma.
Prescindamos de esta excepción, y .«ean los cantes flamencos
propiedad délos gitanos. ¿Debemos deducir de aquí que lo han sido
siempre? Lon giianos se apcideraron, á su aparii ion, de ciertos ofi-
cios que >a existiaii, y la compet^'ncia en éstos, si no la hicieron im-
po>ible, la difl/uliaron mucho. Ellos son notables como herradores,
esquiladores, limpia-caballos, tosladores de castañas, freidores, et-
cétera. En todo tiempo han mostrado una especial destreza y una
notable inclinación á la música y al baile. Yo prescindo aquí de que
con relación á estas arles, que ya en la España meridional antes de
su venida se cultivaban con actividad y éxito, hayan sido más imi-
tadores ó más originales; por lo que respecta á la poesía, no ha te-
nido nunca para ellos valor, sino como materia y fundamento del
cante. Cervantes llama á su Preciosa «la más única bailadora que
se hallaba en todo el gitanismo;^ también parece que atribuye su
canto á las gitanerías que le enseñó la vieja; pues si ella era rica en
villancicos, coplas, seguidillas, zarabandas y otras canciones, par-
ticularmente romances, esto provino de que «se los procuró y buscó
por todas las vias que pudo, y no faltó poeta que se los diese, que
también hay poetas que se acomodan con los gitanos y les venden
sus obras. > Así pudo continuar en lo sucesivo.
Aquí puede intercalarse la pregunta: ¿qué es entonces de la poe-
sía puramente gitana? Los gitanos son ciertamente un pueblo de do-
tes poéticas muy inferiores, y las toscas huellas de este arte que
- 40 —
nosotros conocemos en ellos, indican el influjo de los paeblos entre
quienes viven. De las canciones délos gitanos húngaros, que ha pa-
blicado Federico Mulleren las actas de la sección filología- histórica
de la Academia de Ciencias de Viena (L. XI, i95, pág. i50,) dice:
cQomo se verá, el valor artístico de los productos de la musa gitana
es nulo ó aun menos que nulo; sino le falta Ja cadencia j el ritmo,
se debe á los modelos madgyares.»
Rodrigo Sanjurjo.
MISCELÁNEA
• w <
ROMANCE CANTADO
De propósito publico este romance tal como lo he oido á una
ittuchacha de Alcalá del Bio, con el objeto de que nuestros lectores
vayan enterándose de que no todas las producciones populares son
joyas artísticas, ni modelos de buen gusto. Agradecería á nuestros
consocios de Olivares, pueblo de esta provincia, que procurasen in-
dagar lo que alli se dice ó cree respecto al fondo de la tradición
á que en el romance se alude.
Mí Carmela se pasea
Por una snlita alante
Con los dolores de parto.
Sin tener á quién quejarse.
Se ha asomado á una ventana
En medio de aquellos valles:
— ¡Ay de mi. quién no estuviera
En medio de aquellos valles,
Y por compañía tuviera
Al buen Jesús y á su Mndre! —
La suegra lo estaba oyendo.
Que era digno de escucharse.
—Toma, Carmela, tu ropa.
Vete á parir con tu madre,
Á la noche viene Pedro,
Yo le diré dónde estás,
Y le daré ropa limpia
Y le daré de cenar. —
A la noche vino Pedro:
— Mi Carmela ¿dónde está?
— Se ha ido en casa de su madre,
Que m'ha tratado muy mal,
Que m'ha puesto d*alcahueta
Hasta el último linaje. —
Montó Pedro en su caballo
Y fué en casa de su madre.
— Bien venido seas, Pedro,
Ya tenemos un infante.
•^Del infante gozaremos,
— 41 -
De su madre, Dios lo sabe.
Levántate, mi Carmela.
— ¡Cómo quiés que m'alevante!
De dos horas de parida
No hay raujé que s*alevante.
— Levántate, mi Carmela,
No vuelvas á replicarme.—
S'anduvieron siete leguas
Sin hablarse ni mirarse.
— Carmela, ¿por qué no hablas?
— ¿Cómo quieres que te hable,
Si los pechos del caballo
Van em bañaos en mi sangre?
— Confiésate, mi Carmela,
Que yo se lo diré al Padre,
Que a la entrada de aquel pueblo
Llevo intención de matarte. —
Respondióle el niño tierno:
— ¿Por qué mata usté á mi madre?
— Por un falso testimonio
Que suele d'alevantarse. —
Á la entrada de aquel pueblo
Las campanas reohlecen (1),
— ¿Quién s'ha muerto, quién s'ha muerto?
— La ccAidesa de Olivares.
— No s*ha muerto, no s'ha muerto,
Que rha matado mi padre
Por un falso testimonio
Que suele d'alevantarse.
^ Las campanas de lu gloria
Repiquen para mi madre;
Las campanas del inticrno
Repiquen para mi padre;
Y uii:i abuela que yo tengo
Reviente por los hijares.
Se acabó mi cuento
Con pan y pimiento y rábano tuerto,
Y una poquilla de estopa
Para que no le piquen las moscas,
Y chanfli.
ORACIÓN DE SAN ANTONIO
Carmona (provincia de Sevilla), 1882.
San Antonio de Pauda— que en Panda nasiste— en Portugal
le criaste— en er purpito de Dios pericaste— estando pericando er
sermón — te bino un ange— con la embajá— que á lu pare lo iban á
ajuslisiá— er caminilo tomaste~er berebiario te se perdió—la Birgen
se lo encontró— tres boses te áxó-^i Antonio! ¡Anloniot ¡Antonio!'^
buerbe atrás— lo orviao será jallao— Santo mió— por lu ramito e flo-
res—que paresca lo perdió.
(1) Reoblecen por redoblánse, redoblanse.
6
- 42 -
Esta oración, que me dijo una mujer de Carmona, de como has-
ta unos cincuenta años de edad y sin instrucción alguna, sirve para
encontrar las cosas que se nos han extraviado. Es necesario para
ello, según la cuentista, rezarla con fervor: los guiones indican las
pausas que la mujer hacía, conforme iba diciendo la oración; las
palabras Antonio^ Antonio^ Antonio, las pronunciaba en voz muy ba-
ja, con gran pausa y aire misterioso. Como se ve, la oración, con las
cesuras indicadas, puede considerarse escrita en verso, libre unas
veces, asonantado otras; usamos, al trascribirla, la ortografía más
adecuada para dar á conocer su pronunciación: en ella encontrarán
los lectores frecuentes metátesis; v. g.: Panda por Padua, berebia-
rio por breviario, pcricaste por predicaste; elisiones y permutaciones
de letras, como auge por ángel, pare por padre, e por de, y púrpiío
en vez de pulpito, er por él; la s final (y téngase esto en cuenta para
toda esta Sección), suena sólo como una aspiración de fc, etc., etc. —
De esta oración conocemos otras dos versiones; una que posee nues-
tro querido amigo el Sr. D. Francisco Rodríguez Marin, y otra que
nos dijo una canastillera del barrio de Triana (Sevilla); versión esta
última bastante variada en su final de la que hoy publicamos.
BUENAVENTURA
Carmona i provincia de Sevilla}, 1881.
Dame la mano, saláo,
Te iré la güenaventura:
La jitaniya te jura
Que has e sé afortunao.
Has e sé mu bien casao
Y paere de cuatro liijos;
lias e tené seis cortijos
Toititos enarbolaos.
Tu hijo er más ergao
Será paere de la Iglesia,
Un talego de desensia,
Y los demás ajorcaos.
Ahora la jitaniya,
Si le das una limosniya.
Te acertará un secretiyo:
Tus sacáis, enamoraos
Andan por una chiquiya
Que se llama Mariquiya;
Mira si te lo he asertao.
Esta buenaventura, la primera que he recibido en verso, me ha
sido remitida por mi amigo el Sr. D. Juan Fernandez, farmacéutico
de Carmona, quien la recibió de la misma mujer de que recogí la
anterior oración de S. Antonio, la cual manifestó á su vez haberla
obtenido de una gitana. Á su ortografía es aplicable lo que dijimos
respecto á la empleada en la anterior composición: la palabra sa-
cáis es gitana y significa ojos. Un amigo roe asegura haberla oído
cantar al piano más de una vez, y me indica las dos variantes que
van en la nota.
— 43 —
PREGÓN DEL AFILADOR
Sevilla, 1880.
Me meto por calle Daos
Y sargo á la plaza er Pan,
Y me pongo en las esquinas:
— ¿Señores, {ciuién quié amolá?
Yo amuelo tijeras,
Amuelo cuchijos,
Amuelo cortaplumas
Y echo er clabiyo.
Au)uelo nnbajas,
Amuelo chabetas,
Amuelo bisturís
Y apunto lansetas.
Venir á amolar
Nabajiyas de afeitar,
Que el amolador ya se ha,
Y á dos cuartitos benir á amolar.
¡El afílamelador!...
La letra y música de este pregón han sido compuestas por un
vendedor de flores, cuyos pregones, con su correspondiente acom-
pañamiento, publicaremos otro día.
SEVILLANAS NUEVAS
Que baile D. Joaquín— alarin,
Párese un fígurin.
La cabesa — de una salamanquesa
Y la frente — dos arcos ar Poniente,
Y los ojos — comíos e gorgojos;
Las narises—comias e lombrises;
Las orejas — los zapatos e una bieja,
Er pescueto — la cortesa de un queso;
La boca — yena e biruelas locas,
Y la barba — los cuernos e una cabra,
Y los brasos — dos líos e cañam&so,
Y las patas— dos remos de fragata,
Y los^pies — los tenía al revés.
Alarin — que se quite er bombín.
Estas sevillanas las oí cantar por primera vez el año pasado á
una muchacha de unos nueve ó diez años del barrio de San Bernardo,
uno de los más clásicos de Sevilla para este género de canciones.
Después be oido en este año la misma tonadilla con una letra no en-
teramente igual, aunque si muy parecida.
PREGÓN DE UN VENDEDOR DE ACEITUNAS
Una niña en er barcón
Me preguntó esta mañana,
- 44 -
Si por fortuna traía
Aseitunas sevillanas.
Al punto le contesté:
— Yo bengo de Dos-Hermanas
Sólo por traerle á usté
Aseitunas sevillanas.
PREGÓN DE UN GHOGHERO
Yorar, hijos, y orar,
Que este cacho grande os consolará.
¡Á cuarto er cacho!
¡Á ochabo er cacho!!
¡Mirar qué cacho!!!
¡Batiente cacho!!!!
¡Á ochabo!....
Llebo arropías, zorzales,
Suspiros, londarales.
Alfeñiques, butilones,
Á cala durses melones,
Por un cuarto un par de botas.
Que me las guiyo pa Hota
Espelichao y sin una mota.
¡Qué pregón más original y más genuinamente sevillano! ¡Cuán-
ta gracia tiene, y qué bien hecho está! Considerad conmigo, lectoras
y lectores, la e\tructura intima de esta producción popular: no
todo ha de ser estudiar las doloras de Campoamor y las odas de Nu-
ñez de Arce. Después de todo, acaso sea más difícil encontrar un
buen poeta, que motivo para una dolora en este pregón; dádselo á
Víctor Hugo y él os responderá por mí: las chucherías que lleva el
chochero en su canasto son los bombones de los niños de los ricos;
pero no hablemos de esto: sien el pregón que nos ocupa no hubiese
una dolora, habría seguramente un precioso cuadro de costumbres po-
pulares. Para hacerlo, no necesito luces ni colores; dadme habili-
dad en estas inútiles manos, y yo os lo pintaré: lo estoy viendo hecho
todos los dias; no- hay más que trasladarlo al lienzo. Si el vendedor
de flores es joven, por lo general, el chochero es comunmente viejo
marrullero y un tanto socarrón; conoce bien el corazón humano, y
mejor el de las mujeres; sabe bien que la golosina es el resorte más
poderoso de los niños, y el cariño á sus hijos el resorte más poderoso
délas madres: por eso comienza su pregón de tan magistral manera:
Llorad, hijos, llorad.
¿Qué madre se resistirá al llanto de su hijo, mucho más cuando
éste, por la pobreza de sus padres, reúne al estimulo de la golosina
el de la picara jambre no satisfecha?
Que este cacho grande os consolará.
iCómo resuena en los oídos de los niños pobres este epíteto! Se
trata de un cacho grande, esto es, un gran pedazo de dulce; ¡mucho
dulce! ¡qué felicidad!
— 45 -
|Á cuarto el cacho!
[A ochavo el cacho!
iLa dicha por tan poco dinero...! ¿Qué madre se resiste?... Pero
es tanta su miseria, que la enormidad del precio la hace vacilar....
Un cuarto, dos cuartos, acaso tres... Se compran tantas cosas con tres
cuartos...! El chochero, sin embargo, conoce que el terreno es suyo;
sólo importa que el niño redoble su llanto.
¡Mirad qué cacho!
¡Valiente cacho!
Los ojos de ios niños se abren desmesuradamente y miran á sus
madres: el chochero conoce que es suya la victoria, y repite insidio-
samente:
Á ochavo!...
El drama tiene un desenlace: los dulces se compran, y la familia
pasa una noche más sin luz y sin fuego....
Á veces, la miseria puede más que el amor maternal, y enton-
ces el chochero, que no ha vacilado en poner enjuego las fibras más
delicadas del corazón humano para vender dos ó tres cuartos de sus
mercancías, continúa su pregón diciendo:
Llevo arropías, zorzales, etc.,
Todo lo que lleva en sus canastos no vale un duro, y ese duro
es el capital con que cuenta para mantenerse; con él paga casa, co-
mida, se viste, se calza, y ¡oh milagro! hasta se divierte en ocasio-
nes. Por eso, cuando después de desplegar ante los niños, que tienen
la fantasía en el estómago, la inmensa riqueza de golosinas que cons-
tituye su confitería ambulante, no logra vender nada, termina di-
ciendo con más sinceridad de lo que cree el malicioso público:
«
Que me las guiyo pa Rota
Espelichao y sin una mota.
Bomba ó gracia finarcon que excita por última vez á los tran-
seúntes á comprarle, y que en no pocas ocasiones le da resultado.
El pregón que trascribimos menciona, á más de las voces fla-
mencas guiyo^ espelichao y mota, que significan respectivamente me
voy, sin hacer negocio, moneda de dos cuartos ú ocho maravedís,
londarales y bulilones, dos términos chocheriles que ni se hallan
en el Diccionario castellano de la Academia de la Lengua Española,
ni hemos podido averiguar aún lo que significan. La palabra zorza-
les debe referirse á pajaritos de dulce, y el vocablo chorizo se apli-
ca á unos caramelitos cilindricos, como de una pulgada de largo y
unas tres líneas de grueso, hechos con azúcar de lo peor y pedacitos
de avellanas.
CUENTO
Este mocivé era un ciego que iba camino de Villaverde y se
encontró á un toro y le dijo: ciHola, amigo! Amigo, ¿es este el ca-
— 4ft -
mino de Villaverde?» Y va el toro y le pegó una corná. Y se levantó
el ciego y le dijo: «iEh, amigo, para decir que si ó que nó, no es
menester pegar esos arrempujones!»
•
Este cuentecillo me fué referido por un niño de cinco años lla-
mado Jesús Sayago.
TRABA-LENGUAS
La cncarachita ha caido del techo y le ha picado á mi madre la
vena del hoyo del codo del brazo derecho, y yo le dije: cSalte de
ahi, picarondonazo, no le piques á mi madre en la vena del boyo del
codo del derecho brazo.»
Amigo mió, compra buena capa parda, que el que buena capa
parda compra, buena capa parda paga; que esté bien hilada, bien
bordada y bien acortapitazada, y si no está bien hilada, bien bordada
y bien acortapitazada, se ilamaal hilador, al bordador y al acorta-
pitazador para que la hile, la borde y la acortapitaze mejor.
COPLAS
Der sielo caiga una bala
Y que pese cien quintales,
Y le caiga en la cabesa
Ar que quita voluntades.
Yo no siento el estar preso
Ni arrastrar puras caenas,
Que lo que siento es mi mare
Que se me muere de pena.
Cuando yo esté en la agonía
Siéntate á mi cabesera,
Fija tu bista en la mia
Y puea sé que no me muera.
Á mi triste corason
La pena negra lo ajoga,
Que más consuelo no tiene
Que el rato que por tí yora.
Tan solamente á la tierra
Le cuento lo que me pasa,
Porque no encuentro en er mundo
Presoniya e confianza.
Pensamiento, ¿aónde me yevas,
Que no te puedo seguí?
jNo me metas en paraje
Aonde no puea salí!
Á naide debo favores,
Yo nasí porque Dios quiso;
-47 -
A mi me pnríó mi mare
Porque le fué muy presiso.
En Málaga un malagueño,
Sólo por treinta reales,
Ha matado á su mujé....
¡Que la peineta los vale!
LOS SOMBRERITOS
Ar salí los nasarenos
E Santa María,
Er barcón que estaba enfrente
Se desprendia.
Mamá.
Ar salí los nasarenos
Er Biérnes santo,
Er barcón que estaba enfrente
Se bino abajo.
San Juan con er deo tieso
¡Qué gracia tubo!
Er barcón que se cayó
No lo detubo.
Ahora sí que no paso yo
Por debajo d'ese barcón,
No se baya á desprendé
Me mande á San Juan de Dios.
Cuando los nasarenos
Salen de Ronda,
Parecen las mositas
Perros con moñas.
Desde que bino el uso
De archiduquesas,
Paresen las mositas
Rompe-ca besas.
Estos son los sombreritos
Blancos y selestes,
Que se benden en Sevilla
Gaye e las Sierpes.
Estos son los sombreritos
Selestes y blancos,
Que se benden en Sevilla
En caye Francos.
Estos son los sombreritos
Que gasto yo,
Que me sirben de paraguas
Y quitasol.
Desde que bino el uso
De las peinetas,
Paresen las mositas
Gayos con cre(t».
- 48 -
Desde que bino el uso
De los porbiyos,
Paresen las mujeres
Arfajonyos.
PREGÓN DE VIGENTITO EL FLORERO («)
Un jardín llebo en el braso;
Marvalocas, sensitivas
Marimonas, siempre- vivas,
Llebo las flores de laso,
Llevo resedá, jarmines.
Llevo la rosa de sera.
Llevo treinta primaveras
Cogías de mis jardines.
Jarminillos, nardos y flores
De toos colores.
Por la Sección, Demófilo.
» » <
Como el orden de esludios en que esta Revista ha de ocuparse
es de fecha muy reciente, al menos en el sentido extrictamenlecien-
tíflco que hoy preside á los mismos, creemos oportuno ir dando á
conocer á nuestros leclores las obras más importanles publicadas
hasta el día, de entre las muchas á ellos consagradas en los últimos
años; así nos será fácil seguir después con mayor proví»cho el fe-
cundo movimiento de la literatura demográfica y milográficj, que en
brevísimo espacio de tiempo ha extendido su vuelo por hori/.ontes
tan variados como extensos.
En esta ojeada retrospectiva, debemos comenzar por las pro-
ducciones de Pitre, el insigne demógrafo siciliano, cuyos trabajos
obedecen á un plan general, trazado con gran amplitud de miras y
profundo conocimiento del asunto; y como otro eminente cultivador
de esta clase de estudios, Z. Consíglieri Pedroso, ha hecho en sus
Ensayos críticos m\ ücevidáo resumen de dichas producciones, nos
limitaremos á traducir lo escrito con tal motivo por el erudito pro-
fesor portugués.
«De todas las colecciones de tradiciones populares, posteriores
á las de Grimm y Afanasiew, ninguna es ciertamente tan importante
como la emprendida por el Dr. Pitre bajo el titulo de lUbliohrn de
las Iradíciones populares sicilianas. Podemos aún decir que la obra
del ilustre mitógrafo italiano rivalizará, cuando esté concluida, con
las de sus dos ilustres predecesores, y que tendrá en el campo de
(i> Vlcí»Mtilo Ó Vlceiíte, autor de este precioso prcKon, es el mejor de los actuales
floreros de Sevilla; muy en breve publicaré con la música otros varios pregones suyos,
y acaso también su biografía y retrato.
- 40 —
los estadios románicos y mitológicos igual significación que la al-
canzada respectivamente en el dominio de los estudios germánicos y
eslavos por los libros del aulor de la Mitología alemana y del autor
de las Ideas poéticas de los eslavos acerca de la ncUuraleza,
Los Once volúmenes ya publicados muestran, con efecto, la
enorme masa de materiales mítico y tradicional reunidos por el
Dr. Pitre durante más de veinte años de exploraciones continuadas
con notable perseverancia y solicitud, faltando apenas, para comple-
tar el cuadro de sus investigaciones, cinco volúmenes más, que de-
ben tratar sucesivamente de los Espectáculos y fiestas populares;
UsoSy creencias, supersticiones y juegos infantiles; Nuevos cantos po-
putares sicilianos, y Nuevos cuentos populares. El resultado, pues, de
üQ decenio de trabajo, son once volúmenes, de los cuales vamos
á tratar más especialmente á continuación. Dada la extensión de
nuestro trabajo, es evidente que no podemos sino indicar el valor de
la Biblioteca de las tradiciones populares sicilianas. En el curso de
nuestras propias investigaciones tendremos á cada momento ocasión
(le citar los libros de nuestro amigo, comparando las tradiciones de
Sicilia con otras idénticas descubiertas por nosotros en Portugal.
Los volúmenes I, II y III contienen los cantos populares recogidos
por el autor en Sicilia y un extenso estudio acerca de estos mismos
cantos. Por desgracia, estos tres volúmenes no figuran en nuestra
colección y sólo conocemos de ellos lo poco que hemos leído en bre-
Wsimos extractos.
Los tomos IV, V, VI y VII forman una colección de cuentos popula-
res, cayo número asciende á 307, divididos en cinco series y dos apén-
dices, conteniendo el último siete cuentos albaneses recogidos en Si-
cilia. En realidad, sin embargo, el número de cuentos es mucho ma-
yor, pues en la cifra anterior no se comprenden las numerosas va-
riantes que, en la mayor parte de los casos, acompañan á cada cuen-
to. Las comparaciones se limitan á las colecciones italianas; pero su
valor es grande para el mitógrafo, porque vienen á llenar una la-
guna qae hasta hoy existia en este orden de estudios. La colec-
ción va seguida de un glosario y de una gramática del dialecto áque
los cuentos corresponden, que facilita el estudio de éstos á los que
no son romanistas de profesión: á dicha gramática precede un magnf-
íico estudio de 145 páginas, en el cual se tocan las cuestiones más
importantes que se ligan con la existencia, origen y emigración de los
cuentos populares. Para comprender el valor del tesoro que el
Dr. Pitre ha sabido reunir, bastará la siguiente ligera indicación.
De todas las numerosas colecciones de cuentos populares que des-
de la aparición de los Kinder und Hausmúrchen de los hermanos
Grimm se han sucedido en Europa, ninguna ha sido tan Justamente
celebrada como la del difunto Afanasiew, así por el interés especial
que ofrecen muchas de sus versiones, como porque ningún colector
habia logrado reunir tan respetable número de ellas. Ahora bien; la
edición de Afanasiew que poseemos contiene 251 cuentos, é inclu-
yendo las numerosas variantes que los acompañan, no exceden, ba-
jo el punto de vista de la cantidad^ á la del Dr. Pitre.
- 50 —
Puede colegirse de lo dicho CüSl será laitniíortancia de la co-
lección qne nneslro aulor ha formado con tanta perseveraucia como
ciencia, colección que ocupa lugar preeminente entre las )irimeras,
yes indispensable para cuantos se ocupen en milografía y literatura
popular comparada. V como si eslo no fuera bástanle, todavfa anun-
cia para la próxima publicación un nuevo volumen de cuentos iné-
ditos. ¿Cuándo se fatigará de atesorar materiales este dustre inves-
tigador y cuándo se agolará la rica mina que con tanto ardor explota?
Los tomos VIH, IX, X j XI contienen una colección de prover-
bios sicilianos, reunidos y comparados con los de otros dialectos de
Italia y precedí Jos de una extensísima introducción. En estos volúme-
nes, mejor que en otros cualesquiera del autor, se revelan la perseve-
rancia, la tenacidad y el minucioso cuidado con que éste realiza sus
investigaciones en el cambio de la literatura popular siciliana. Estaco-
lección de proverbios, eviJenlemente la más rica de cuantas posee
la riquísima literatura de Italia en esta especialidad, es el frnlo de
veinte años de trabajos no interrumpidos, como el mismo Pitre con-
fiesa en el prólogo de su obra. Durante esos veinte años de pesqui-
sas, el Dr. Pitri penetró en todas las esferas de la sociedad, aun ea
las más inaccesibles; se familiarizó con los diversos dialectos de su
Sais y con el lenguaje especial de cada industria, de cada profesión,
e cada oQcio, para sorprender la sabiduría jiopular revelada en los
proverbios, máximas, sentencias, dichos, etc. El resultado de estas
investigaciones causa verdadero asombro. Más de 13,000 proverbios
se hallan metódicamente clasiñcados, comparadas, combinados y dis-
puestos de modo que puedan esclarecer diversos hechos y problemas
relacionados con la vida social y tradiciones del pueblo siciliano,
En la larga y erudita introducción, que ocupa casi la mitad dd
primer volumen, estudia el autor la historia Ue los proveí bioa desde
las ópocas más remotas, determinando el verdadero carácter do esta
especie de producciones de origen popular y las cuestiones que so
ligan á su manifestación en los distintos pueblos y á ^u trasmigraciott
de uno en otro. En ese mismo prólogo, donde el Dr. Pitre se muestra
perfectamente á la altura Je los últimos trabajos de la erudición ale-
mana en la materia, rehere con toda ingenuidad las diversas fases
porque fué pasando su trabajo hasta llegar á nosotros, hasta su for-
ma actual y el modo como lo concibió primeramente. Son esas pá-
ginas muy instructivas y encierran preciosas lecciones de perseve-
rancia y desinterés para cuantos se dedican á esta clase de estudios,
por lo que recomendamos eficazmente su lectura. Con esta pubhca-
cion ha prestado el Dr. Pitre un relevante servicio á su país y otro
no menor á los trabajos de que es hoy uno de los más eminentes re-
presentantes en tiuropa. Si en cada nación hubiese nn investigador
del valer del Dr. Pitre, en pocos años la nueva ciencia de la mtto-
grafla, boy tan inconsistente, poseerla base firmísima sobre que asen-
tar sus teorías. Fmalmente^ para que lodo en esta empresa se hallase
á la altura de la importancia del asunto, tuvo el Dr. Pitn^ la foriuní
de encontrar en el editor Luigí Pedonei Lauriel, de Palermo, un va-
leroso é inteligente colaborador, que no vaciló en arriesgar su csi»-
tal en publicación no menos extensa que gloriosa para sus anioiw.» |
- 51 —
Con posterioridad á esta noticia bibliográfica de Consiglierí Pe-
droso, eIDr. Pitre ba publicado el volumen XII de so Biblioteca, con-
sa^ado á los Espectáculos y fiestas. Es también un estudio interesan-
tísimo, digno de la fama de su autor.
Siró García del Mazo.
LIBROS Y artículos DE FOLK-LORE
PUBLICADOS POR NUESTROS SOCIOS HONORARIOS
CUENTOS («
1. Emmanuel Cosquin. —Conto populaires lorrains, — Nogent-
Le-Rotrou, 1876.— Esta obra, que se está publicando en la Revista
francesa titulada la Romanía, consta ya de 417 páginas en 4.o Sobre
ella escribimos un articulo que remitimos á La Revista Ilustrada de
Madrid, hoy suspendida, y que tememos se haya extraviado: si así
no fuera, lo publicaremos en esta Revista ó en el Boletín de la Insti-
tución Libre,
2. Paul Sébillot.— Cowíw populaires de la Haute Bretagne.
1.* Serie (/. Les féeries et les aventures merveílleuses, --11, Les facetíes
el les bons tours.—IIL Les diableries, sorcelleries et revenants.) — (Con-
tes diferí.)— Biblioteque Charpentier, 1880. — 2." edición, üntomo
en 8. o
3. Paul Sébillot.— Id. 2." Serie. —Conícs despaysans et des pe-
cft«irs.— París. G. Charpentier, edileur.— De esta obra hemos dado
cuenta en un artículo publicado en la Revista Ilustrada de Madrid,
número 30, correspondiente al 8 de Agostode 1881.— Un tomo en 8.^
4. Pitre, GimEPPE.—Fiabe, novelle e racconti, etc. ^Dd Prólogo
y de la magnífica Introducción y Gramática que preceden á esta obra,
de que se ocupa el anterior artículo, dimos cuenta en la Enriclope'
día. Revista científico -literaria de esta ciudad. Véanse los números
13 y 14, correspondientes á los dias i5 y 30 de Julio de 1880.
5. Pitre, Giüseppe.— iVao?:o Saggio di Fiabe e Novelle popolari
siciliane. -^[Imoh, 1873.)— Este trabajo se publicó en la Rivísta de
Filología romanza, haciéndose luego de él una tirada aparte, según
nos informa el Sr. F. A. Coelho en su colección de cuentos.
6. Pitre, GimEV?E. —(Anq^ienovellinepopolar i siciliane, oraper
la prima culta publícale. ^VdXtrmo. Pedone-Lauriel.— 16 páginas.
7. Coelho, F. Adolphc— Coníos populares portuguezes.— Lis-
boa,Travessa da Victoria 73, 1879. ^Esta obra la tenemos traducida
y remitida en consulta á su digno autor. El prólogo de ella, con al-
gunas ligeras notas> se publicó en la Enciclopedia de Sevilla, números
correspondientes á los dias 15 y 30 de Agosto y Setiembre de 1880.
Xres de sus cuentos, ó sean: O homem da espada de vínte quintsLes;
(1) CoD «1 objeto de hacer lo más completo posible este trabi^o, á que pensamos
dar mayores proporciones cuando tengamos tiempo de que disponer para este objeto,
rogamos á nuestros dignos consocios se sirvan enviamos una lista detallada, no sólo de
lu6 Ubros, sino de todos los artículos que hayan publicado referentes á cuentos, cancio-
nes y demás asuntos comprendidos bajo el nombre de Foüc-Lore,
o Coelhaereiro, y Mais vale quem Deus adjuáa tjue quem mvito ma-
druga, tiati sido traducidos al iiigli^s por la distinguida señorita Heo-
ríquela Monteiro, miembro de la Folk-iore Society de Londres, en
el lomo IV del Archivo [Record) que publica dicha Asociación.
8. Zozmo CoNSiGLiEBl pEDROSO.— Con el lítulo de Folk-iort
Portugués, anuncia la Sociedad inglesa que acabamos de cilar la
publicación de una colección de cuentos populares portugueses de
este distinguido profesor del Curso superior de Letras de Lisboa.
9, Theopiiilo Braga. — Utleraturn dos cotilos populares porta-
guezex, estudio publicado en la excelente Hevisla italiana Ululada Ai-
viíla de Lettcralura popolare, dirigida por los Sres. G. Pilré j F. Saba-
tJiii.— Roma. Año de 1878.— Á esta Hevisla, que hace dos años dejó
de publicarse, ha venido á susliluir la Ululada Archiño, rlc, deque
da cuenta mi amigo Rodiiguez Mariii en la sección siguiente, líl ex-
celente articulo á que nos referimos estaba desUnado por el Exce-
leiJifsimo Sr. Braga á servir de priilogo á Oa contM populares aga-
rianos.
• 10. GuBERSATis, Angelo hi.—Zoological }fithology or The í.í-
jreniíso/'/lnifnaís.— London. Teubner, 187á.— Dos lomos en 8."— En
esta obra bállanse varios cuentos citados por el Sr. Imbrianien su
eruditísima adiciou i la obra del Sr. Pilré, Fiabe, ttotctíe, ele, ja
citada.
11. GuBERNATis, Angelo di. — Novelline di S. Slefano di Coí-
cinaia.
12. DoHENico CoMPARETTi. — Nov-elUíiú popolari ilaliane, 1875.
{Se continuará.)
Dkmi'ifilo.
REVISTA DE REVISTAS
Revista d'Etbnologla e d« OlottolDgia.— £:iti'(Jo« e notai por F.
Aoolpuo CiiKLKO. Fase. I-IV— Lisboa, Typogrnphin Unifersnl. 188()-«1
Prodigioso incremento lia lomado en la nación portuguesa, de
algunos años á esta parle, la aücioii á los estudio» del saber popular,
bajo lodas sus manifestaciones. Tlieopbilo Braga dando á lu?. (Porto,
1867) su Hisioriii dapoemí popular portuguesa y el Cancíaneiro po-
pular y fíomanceiro geral poriugnfs: 1. Consiglieri Pedroso puSU-
uando, entre oirás obras, sns Ctmlribuifoi-t pura ama A/ylAiiiOffíti tu-
pularporlugucia {^orlo, lAiO-iWl], y F. AdolphoCoellio (Tandof
conorerenla ^umíMin (París, 1874) los Romances sacrot, orajdese
ensalmos populares do Miulto, y loa Romances populares e rimas infan-
lis poríugufiaí en el Zeihdirill fftr romatiischm Philulogie y dan-
do á la estampa, además, una excelente colección de Cvnlos popuía-
rts portugtu-ies [Ltshua, 1t!70), ofrecen buenas mucslrui de ijue
Portugal, lOjos de permanei^er sóido al llamamiento de la Ciencia,
que descubre vastos j liosUi abara desconocidos horizontes, por nife
— 53 —
dio déla conservación y cuidadoso examen de cuanto entra en la
denominación genérica de Folk-Lore, contribuye muy poderosamente
á la grande obra. El último délos ilustres escritores nombrados,
profesor de Ciencia del lenguaje en el Curso superior de Letras, de
Lisboa, prestando á tales estudios un nuevo y relevante servicio, fun-
dó en 1880 una Revista de Etnología y Glotologia, en que, con incan-
sable actividad é invariable acierto, publica sus propios estudios y
notas, relativos á entrambos importantes órdenes de conocimientos.
Cuatro son los cuadernos que basta abora ban visto la luz, y de
ellos voy á dar una noticia tan extensa como me permita el breve es-
pacio de que puedo disponer, extractando, por lo que bace á los cua-
dernos III-IV, que no tengo á la vista, lo que de ellos dice Pitre en la
excelente Revista trimestral Archivio per lo shidio delle tradiziotii po-
polar i.
El cuad. I contiene: el Esbozo de un programa de estudios de Etno-
logia peninsular, que demuestra bien, en solas las cuatro páginas que
ocupa, la idoneidad del Sr. Coelho, por la gran extensión de sus co-
nocimientos etnológicos. Sigue á este apreciable trabajo una abun-
dante colección de Materiales para el estudio de las fiestas, creencias
y costumbres populares portuguesas, que, interrumpida en la pág. 34,
continúa en los cuadernos siguientes (págs. 49-108). Por via de co-
mentario, á los valiosos apunlesque componen este interesante tra-
bajo siguen curiosas y eruditas cuanto abundantes observaciones,
que son, como dice Pitre, los documentos antiguos de estas reliquias
vivientes, délas cuales aparecen ora como ilustraciones, ora como
prueba de antigüedad, y ora también, y estomas raramente, como
origen. Del propio cuad. I forman parte unos Ensayosde Onomatologia
cello-ibérica (págs. 34-41), una discreta Revista bibliográfica (42-47) y
ana página ie Rimas infantiles francesas concordadas con otras de
Portugal.
Con las del número 1 concuerdan á su vez las siguientes anda-
lazas:
Quien fué á Sevilla
Perdió 8u silla;
Quien fué á Morón
Perdió su sillón.
Quien fué á Sevilla
Perdió su silla;
Quien fué y volvió
La recobró.
Ó bien:
Quien fué y volvió
Á garrotazos se la quitó.
No menos notables son— dice Pitre con referencia á los cuader-
nos II-III— los estudios históricos sobre la leyenda del Giusto giadi-
do, á la cual Coelbo agrega versiones literarias de los portugueses
Trancóse, Timoneda y Mornanü (siglo XVI), no mencionadas por nin-
guno de los eruditos que se ocuparon de ella. El cuaderno III termina
con algunos adagios portugueses alusivos á cuentos u*adic¡onales.
— 54 -
Continúa en el cuaderno IV (páginas 145-207) la colección d»
Maleríates para el estudio de las pesias etc., ), dedicados los 156 apan-
tes anteriores á la exposición de noticias, príiciicas, su perstic iones y
proíerbios relativos al Calendario popalar. Coelho consagra los apuu-
Les 157-3Í3 i lo perteoecifnle á knltdadn vtUicas y perjonai dufarfot
de poderes sobrenulurules (Deuses, Santos, Odiabo, Sereías, Fadas,
Olharapos, O papao, O Medo. O Deus-le-lisre, Trasgo e Trado, Fra-
dinhns da mSo Turada, Pesadello, Gigantes, AnSes, Monras encanta-
das eThesouros encantados. Almas penadas, Fogos fatuos, Lobislio-
inens. Encantados, Benzedores e pessoas de virtnde. Saludadores,
Ved ores d'agua, Amentadorcs, Entre-ntierlos, Imaginarios, Brunas,
Feiliceiros e feiticeiras, Mágicos j estrugeilanles).
De todas veras siento gue la premura del tiempo por una parte
y por otra la extensión ja relativamente grande de esia Revista, no
me permita confrontar algunas de las noticias coleccionada» por
Coetlio con otras andiiluzas similares. El ilustrado autor portugués
puede estar muy satisfecho de su trabajo, que es cnriosisimo y muy
importante para la reconstrucción tiístórica de pasadas civil izactoues
; revela bien á las claras «1 gran caudal de erudición y buen senti-
do del ilustre profesor lisboneuse.
Archivio per lo studf o della TrsdIzioDl popolari — Itiviita tfinu»-
Iraie diretU dad. l'iTitf;eS. Salomone-Mmuno. Fusc, 1 (Gennaío —
Marzo),— Pal eral u, Luigi Peiiotic Lauriel, eiliiore. 1882.
Sieljustorenombredequegozan en Europa, éntrelos cultivado-
res ; amantes de la lileratuia popnl.ir, GiiiKeppe l'itré y Salvalore Sa-
lomone-Maríno, renombre adquirido medíante la publicación de nu-
merosas y muy apreciables obras, no fuese bastante recomendación
d^ mérito de la excelente Bevista cuyo primercuaderno acaba de sa-
lir i luz, seríalo la circunstancia de que en el Archivo colaborarjiíi
asiduamente, & vuelta de alguna personalidad tan insignitloante co-
mo la mía,— gracias A la bondadosa (leferencia con que me honran
los directores,— muchos de los publiciütas que desde «liversos paiset
han alcanzado merecida fama cultivando con gran fruto los esludioi
que constituyen la Folk-l^re. Los directores de b Revista palermiU-
iia bao tenido que luchar, sin duda, ánti^s de crearla, con multitud
dediflcnltades anexas, en Italia como un España, i la realización de
toda empresa científica; pero bien puede resarcirles de tales afanes
el legitimo orgullo de haberlas orillado, dolando no ya & sa patria
sino á la Europa de una Heviüta cuya necesidad hadan sentir, real-
mente, (los crecientes progresos de la Mitología comparada y de la
l]i.'mo-psicologf3 y el intert^-s, cada día creáentu, que inspiran las tra-
diciones populares.»
A una breve advertencia A los lectores, e» que Pitr^ v Salomone-
Marino enumeran las clases de producciones que hallaran cabida ui
el .Arc/Wro ipolimorfismo de la literatura oral, vida física y m"ral de
los pueblos, memorias originales sobre asuntos de la Fotk-l^re, colec-
ciones de cuentos, leyendas, cantos, adivinanKas, proverbios, Idmu-
las tradicionales, juegos intaotiles, usos, ceremorias, creeociaBj i
lu^
— 55 -
persticiones, etc.), sigue una carta dirigida á Pitre porF. MaxMuller
(págíDas 5-8). Eq este notable documento el insigne orientalista y mi-
tólogo aplaude la idea de fundar el Archivo y aconseja parquedad en
la admisión de trabajos, pasando luego á Gjar atinadísimas reglas
para colegir y estudiar las tradiciones populares.
Salomone-Marino, á continuación (páginas 9-34), comienza á pu-
blicar unos Bosquejos de costumbres aldeanas (contadineschi) de Sici-
lia, producto de larga observación y detenido estudio. Haciéndoles
seguir de variantes y concordancias italianas, da á luz Pitre (páginas
35-69) cinco Cuentos populares loscanos, que son parte de una rica co-
lección inédita, formada por Giovanni Siciliano, E\ titulado So/(ía¿i>io
corresponde al andaluz de Lastren adivinanzas, publicado por mí en
La Enciclopedia (año III, 1880, páginas 24-27) y reproducido por
Demófilo en su Colección de enigmas y adivinanzas en forma de dic-
cionario, Sevilla, 1880.
Al lindo trabajo de Pitre sigue uno de Reinhold Kt)hler (pági-
nas 70-72:, titulado Por qué los hombres no saben cuándo deben mo-
rir; es un cuento popular de profundo sentido, y del cual el docto
bibliotecario de Weimar confronta cuatro versiones recogidas en dis-
tintos países. Consiglieri Pedroso (páginas 73-75) da á conocer un
Cuento popular de la India portuguesa (Goa) y lo confronta con una
versión del Norte de la India, después de la cual el laborioso Pitre
escribe un curiosísimo artículo acerca de Los ciraulos (páginas 76-
83), personas á quienes por baber nacido en la noche del 29de Ju-
dío ó en la del 24 al 25 de Enero, se atribuye virtud sobrenatural,
recibida de San Pablo apóstol. El ciraulo (de Kspu<j'k<:) manosea
impunemente los animales venenosos; cura con sólo su saliva el mal
producido por ellos, y aun, á las veces, basta su sola presencia ó
tránsito para anular los efectos del veneno inoculado. El ciraulo,
además, adivina lo futuro, y cuando acaece algún hecho conforme á
la predicción de alguna persona, se dice de ella: ¡Es que fué ciraulo!
como aquí en caso igual: Fulano es zajori {zahori). Por la circuns-
tancia de asegurarse que los ciraulos tienen debajo de la lengua un
pequeño músculo de extraña forma y por lo de curar con su sali-
va, aseméjanse á nuestros saludadores, de quienes se dice que tie-
nen un Cristo en el cielo de la boca.
Gennaro Finamore da á conocer, ilustrándolas con eruditas no-
tas, seis Vmá^s historias papulares de los Abruzas (i>ig&. 83-92). El
conde de Puymaigre(págs. 93-98) publica unas muestras de los co-
loquios populares llamados Dayemans en el antiguo departamento
ex-francés del Mosela, después de los cuales, Antonio Gianandrea
y Carolina Coronedi Berii, insertan respectivamente (págs. 99-115
y 116-119) curiosas colecciónelas de Proverbios de Las Marcas y de
Bolonia, ilustrados con notas explicativas.
No podia faltar digna representación á nuestra patria en el pri-
mer cuaderno del Archivo, y ésta ha correspondido, no sólo al señor
Machado y Álvarez por lo que luego diré, sino además al Sr. D. Joa-
quín Costa, profesor de la Institución libre de Enseñanza de Madrid.
Con gusto he visto reimpreso (págs. 120-125) su notable artículo In-
fluencia del arbolado en la sabiduría popular^ publicado por primera
— 56 —
TPz en el diario madrileño El Demócrata, h mediados de 1880. si no
rae es infiel la memoria. El Sr. Gosia prueba, por medio de refranes
meleorolúgicos locales, la ínQuenuia del arbolado en los tiidromeleo-
TOi. Las leyes (letsmorli7.adoras, siendo cansa de la tula de muchos
monles en el Alio Aragón, ha dado el golpe de gracia á la veracidad
de muchos rerranee de aquel puis, como lo demuesiraii las fraaes. re-
cogidas de la misma iradicioii oral que raciliiú al arliculista dichos
refranes: «El clima no es ya el mismo que áiiles; las señales del
tiempo son muy oirás; csle refrán, que antes nunca «alia fallido, nos
engaña aliora muy amenudo; la lluvia de tal refrán se ha convertido
eti granizo, ele. etc.»
Giuseppe Ferraro da principio á la exposición de Ciiiqtumla giuo-
chi fattíittUesfhi moaferrini (pags. 136-131), explicando los prime-
ros XV. El de Aj Oss{Aglí Ossi) recuerda el que bajo el nombre de
Penlfiniila describe Julio l'oluxenelO»oni(kfí(o(t). En la actualidad,
este mismo juego Penlhalita no es en Andalucía sino el insignifican-
te ejercicio preliminar de un complicado juego de niñas, llamado de
Lns Cliiniix, y cuyas veínlicnatro partes me propongo dará conocer
en el ;4rcAii-ü. cotrespondiendoá la ben<>voIencia de sus directores.
El juego de L'^Ambascialur es semejante al andaluz de La Vivéis
la, cuya es la siguiente fórmula:
Soy viuditn,
Lo mtinüa la ley,
Quiero casarme
Y no bailo con quién.
Ni contigo,
Ni contigo,
Sino contigo
Que eres mi bien.
uz de La Kfwto» ■
4
1 nuestro de los '
El de QiiiUir coniun corresponde exactamente al nuestro de los
C'ualro ciiniiUoií, ó las nialro esgmfas, que tiene el siguiente diiilogo:
ó bien,
— J,llnv candeluí
— .MIA'nrrente juiu
— Ala otra fBcuela
Asimismo, el Tiramolla corresponde i nuestro rtrii tf ufioja; é t
pizzicolti se lurece muclio al que juegan por aquí los muchac¡wt
dicieedo: *^^
Lii tutu ru beca.
El lii|0 del rey
I'aaú por aquí,
I
fcclpUaUTi vel il noa amnla potcsl, ea >i
el lo nitiiu jMcut I
dfl^di.-
-67-
Vendiendo las jabas
Á seis marabeís.
Mariquiya la jonda,
Éste, que se quede,
Y éste, que s*esconda.
El de Pignpignett es análogo al en que aqni dicen los interlo-
CQtores:
— ¿Cómo se llama éste?
— Pun-puñete.
—¿Y éste?
— Cascabelete.
— ¿Qué hay aqui dentro?
— Oro y plata.
— Al que se ria, la matraca.
Poco difieren del juego 11 Volteggio los que en Andalucía se co-
nocen con los nombres de Salto de la comba y La Piola. Igualmente
es palpable la analogía que se observa entre // Topolino, ó 11 Canto
iella Copra y el cuento de El Garbancito^ publicado por Demonio en
La Enciclopedia (año IV).
Insensiblemente me he extendido más que lo que permite el
breve espacio de que puedo disponer, aunque no tanto como merece
el examen del primer cuaderno de la excelente Revista palermitana.
Necesito, pues, por uno y otro concepto, que me disculpen los seño-
res Salomone-Marino y Pitre, y mis amables compañeros de redac-
ción en la Revista del Folk-Lore Andaluz.
Para terminar, diré pocas palabras acerca de las secciones del
Archivo tituladas Miscelánea, Revista bibliográfica y Boletin 6<6fio-
yrd/lco (páginas 13-2-139, 140-162 y 163-172). Ocúpase Salomone-
Marino en dar á conocer los Remedios y fórmulas contra la Jettalura,
grave mal inventado por la superstición y en cuyos remedios suele
entrar la circunstancia de escupir tres veces, costumbre que practi-
can en algunos juegos los muchachos de Andalucía, para estar salvos,
y á la cual se refiere Rodrigo Caro en sus Dios aeniales ó lúdricos
(DiáL V, § V) (1). Después de algunas noticias inéditas acerca de /{
Comparatico e la Festa di S. Giovanni nelle Marche e in Rrma, toma-
das de dos cartas dirigidas á Pitr6 por Ludovico Passarini, y á las
cuales sigue un breve párrafo relativo al concepto de Herodes y Hero-
dias en la tradición popular catalana, párrafo trascrito del poema La
Orientada de Pelay Briz, los directores del Archivo copian las Bases
de El Folk'Lore Español, de Machado y Álvarez, no sin dedicar al pen-
samiento de mi amigo algunas frases de caluroso elogio.
En la Revista bibliográfica se da noticia detallada de las publica-
ciones siguientes: Li CunticeddidimeNanna, poesie siciliane, Salva-
lore Mamo, Girgenti, ÍSS\; Bella fratellanza deipopoli nelle tradizio-
(1} Recuerda que Propercio llamó arcana á la saliva^ y añade: «Ante todas
eosas, es cierto que para los encantos y hechlzerías usaban de la saliva j escupian tres
Teses» echando tres chinos en el seno. Asi Petronio Arbitro en el StUirieo: Hoc per-
acto carmine terme Jussit expuere, terque lapillos coi^icere in siuum, quos ipsa pr»-
eantatoi purpura tnyolTerat.i
8
nieommi. saggiopoligloUo, Angelo Dalmedico, Vr^nezin, t88l
li dfi populo reggino, Mario Mandalari, Napoli, 188!; Les Lifí
res populaires deloutesles naltom. lome 1. Taiil Séhillot. Paris, l88i;
Fiiane poputnire de la France, tomes !II-1V, Eugf'np Rolbiid, l'arfs,
1881; Ltége au XY.""^ stícle. Promeaadesrélrospertires, Aug. Hock,
LiÉRP, 1881; Romiinceiro: CAoíJ de viettx Chnnls porlugais. Iraduit^i
i.'lauíioléüiiarleComtddePuymalgre, Caris, \8Si ; t^ontribuiíoes pant
urna Myfholiujia popular porlitgiifza, jior Z. Coiisiglien Peilrosu, Por-
to, 1880-1881: Revista d'Efhnologia e de Glotlohgia, (lor F.Adoli>ho
Coelho.fasc. ll-IIi, Lisboa, 1881; Elhnographiapf)i-tiigiieza,coslüai-
bres e órenlas populares, por el mismo, Lisboa, 1881; Coleccioit de
cantes flamencos, reco^idof, y anotados por Demófilo, Sevilla. 1881;
Primer caneionero de coplas jlnmencaii populan-s, ele, por Manuel Bal-
maseda y González, Sevilla, 1881 ; Auswahl Norwegiseher und Wald~
geisler-Sagen, Ctir. Asbjñrnsen, trad. por 11. DenlianU, Leipzig, 1881;
ÍSagnet ota Odisucnsog Polyphem^ Kt . Nyrop, Kobenhavn, 1881.
ermina el cuuderno, como ((iieda dicho, con tiii extenso y minii-
tioso Boletín biblwgrá^co.
Resumiendo: el Arditio para el Bstndio )le ¡as trailiriones popu-
lares es nna Revista digna de la sólida repulacion cieiitfllca y litera-
ria de sus directores j de la acreditada r.a'-a editorial de Luigi Pe-
done Lauriel, que por el esmero, limpieza y buen gusto dn sus Ira-
bajos puede competir con las mejores de Europa. Vo auguro al Ar-
chivo mucha y muv buena fama y gran número de sii.-xrii:ioKes. y fe-
licito lie corazón a los Sros. Pitre ySalomone-Marmo por su incan-
sable acliviüail y plausible acierto en la realización de tan laudable
empresa.
OTIOIA.S ^H
El PoLK-Lons Casteliano.— Abrigamos completa segurid*d en
la pronta coustilucion tiel Faiklore Castcllam^ segiiii se despreod*
de la» lineasiiueáconiinuai:ionlrascribí[iios literalmente, redactadas
ponmestru pai'licular amigo el distinguido cscriior popular señor
Sbarbi.en El Aungtiador Uniursal, [eilia del au doSuliembre pní-
ximo pasado, con motivo de ocuparse del libro Coltccion de conIm
fiamettcos, recogidos y anoLados (tor nuestro querido amigo Sr. Ma-
chado y Alvarez. iuiuiaiJor y primer propaga ndisla, en tspaña. di
tal género de esluJíoi. Al copiarlas, tenemos uua gran saiisfaccioBt
no sólo puniuu el pensamiento de ZVnKiyiío va adiiuiriendo cl de»-
arrolloijue esige su importan':ia y notable ira^ccmleiicia. sino tam-
bién porque, según se nota en el fondo de lo escrito, adhii-rese el
Sr. Sbarhi al espíritu quo lia redacudo las linu-t ilnl F'ilk-Lore £i-
f iriW, amo en ap cartewr Interno y maperg de »r, ctua» bi.wí
— 59 —
formas constilotivas; siqaiera mauiñesté en sü arliculo ciertosi escrú-
pulos respecto á la admisión en castellano del término Folk-Lore.
Hé aquí las líneas á que hemos becho referencia:
4 Pues bien, tal es la afición que se propone desde hace tiempo
aclimataren nuestro suelo D. Antonio Machado y Álvarez (Demófilo),
ácayo efecto intenta se establezca un Folk Lore en cada uno de los
antiguos reinos de nuestra España, compuesto de personas observa-
doras, laboriosas y dadas á este linaje de estudios, con el fin de que,
recogidas las tradiciones populares de cada una de nuestras provin-
cias, tradiciones consideradas bajólos múltiples aspectos susodichos,
lleguen á formar en su dia un riquísimo cuerpo de doctrina que dé
á conocer en toda su extensión cuál ha sido la idiosincrasia del pue-
blo español desde su origen hasta nuestros días: pensamiento digno
de toda alabanza, y al cual no puedo menos de asociarme, mayor*
mente, habiendo tenido la honra ile que el introductor de él en Es-
paña haya puesto los ojos en mi insignificante persona con el fin de
que le represente en Castilla.»
El Folk-Lore Gallego.— Nuevos motivos de congratulación
encontramos en la publicación de un magnífico arliculo, intitulado
El Folk'Lore Gallego, debido á la distinguida pluma del conocido y
reputado autor de la Hisloria de Galiviíiy cuya competencia en los
estudios sobre el saber popular le hará ocupar un primer puesto en
aquella Asociación, que inició en Octubre del año pasado, fecha de
la aparición del artículo; verdadero modelo literario, que hubiéra-
mos deseado reproducir, y que conservaremos hasta más adelante,
para cuando lo permitan las condiciones materiales de nuestra mo-
desta publicación.
Al mismo tiempo, felicitamos cordialmente á los gallegos por ha-
bérseles dedicado líneas tan bien escritas, y confiamos en que todos
han de responder, como merece, al patriótico y levantado llama-
miento que les hace el Sr. Murguía.
•
El Folk-Lore Catalán.— En el deseo de dar á conocerá nues-
tros consocios todas las noticias referentes á la constitución de los
Folk-Lore regionales de España, no omitiremos los antecedentes que
tenemos acerca de la creación del Folk-Lore Catalán,
Invitado el Sr. D. Víctor Balaguer por el Sr. Machado y Álvarez,
para crear dicha sociedad en Cataluña, contestó en 20 de Octubre
último, aplaudiendo sinceramente la idea general de la empresa y la
particular de los Folk-Lore regionales; pero fundando en sus ocupa-
ciones una cortés negativa, de que, por otra parte, nos ha consolado
la grata noticia de que dicho ilustrado señor ha prometido después
todo su apoyo y valimiento á la Sociedad creada en Madrid á imita-
tacion de la nuestra, con el nombre de Academia Nacional.
El Folk-Lore Catalán, sin embargo, no ha de dejar de crearse
bajo los más excelentes auspicios, pues el distinguido publicista se-
ñor Fiter é Inglés se ha prestado gustosamente, según su carta de
19 de Noviembre del año próximo pasado, á los irabsios de ioiria-
cion, propaganda y creación de la Sociedad, obra para la caal, según
so autorizado parecer, se cuenta con elementos valiosos y abundan-
tes, ; que, por lo tanto, fructificará bien pronto.
ElFolk-Lore Extremeño.— Merced ala activa propaganda y ge-
nerosa iniciativa del Sr. D. Luis Romero y Espinosa, distinguido li-
terato y abogado de Fregenal, base despertado en Extremadura la
afición á los esludios de poesía popular y el deseo de promover en
aquellas provincias la creación de un Folk-Lore regional.
1 coniiauacion insertamos la caria que dirigen al presidenta de
nuestra Sociedad varios reputados escritores y profesores de Bada-
joz, caria llena de elevados seotimienlos y qae nos hace concebir la
grala esperanza de que pronto será un hecho ElFoík-LuTe Extremeño.
»Sr. D. JoséM.» Asensio j Toledo, Presidente efectivo del íWt-
Lore Andaluz.
>Múy señor noestro: La idea del establecimiento en España del
«Folk-Lore,* discrelamenle iniciada y sostenida por el boy Secre-
tario de esa ilustre sección, D. Antonio Hachado y Álvarez, ba sido
acogida en esta provincia con verdadero interés, no sólo por el pro-
greso universal que acusa, sino que también, como una necesidad,
casi exclusiva, de estas tierras extremeñas, de cuyos habitantes tam-
bién se puede decir con sobrada razón, «que se han cuidado menos
de escribir sus hazañas, que de hacerlas.»
»Animados de mayor deseo que competencia, nos hemos rea-
nido en esta capital lodos aquellos que más ó miónos acerlada yefi-
cazmenle procuramos el desarrollo de toda idea que tienda á pres-
tar loz á la oscuridad de nuestras olvidadas provincias, y hemos
acordado establecer el Folk-Lore Eslremefw sobre las mismas bases
en que se ba establecido el que usted dignamente dirige y preside.
*Creemos haber comprendido el objeto que tan impórtame So-
ciedad se propone y que puede definirse: completar y purificar la
historia, localizándola, ó sea, determinar la genialidad de las regio-
nes geográficas y políticas que componen el Estado. En este caso, si
nos liemos penetrado del pensamiento, pudiéramos con masó me-
nos acierto desarrollarlo y ponerlo en actividad, organizando nues-
tro fblklj)re más ó menos hábilmente; pero conceptuando que us-
ted y sus colegas, además de su mayor competencia é ilustración,
tienen hecho profundo estudio de la organización de la Sociedad,
hemos acordado, autorizados por la comunidad de nuestros pensa-
mientos, dirigirnos á usted en rcpresentai-ion de lodosnuestros com-
pañeros, con el objeto de que se sirva facilitarnos todos aquellos an-
tecedentes, detallesde organización ó Estatutos que inTormeu á la
ilustre sección del Folk-ljire de su digna presidencia, á fin de que
nos sirvan de guia y abrevien el definitivo establecimiento de la
nuestra.
>Con este motivo tenemos Intima complacencia en ofrecernos de
usted y sus colegas, con la más distinguida consideración, afecUsi-
mos, ss. ss. q. b. s. m., Federico .ibarrátegui. ^Anselmo Arenas,
- 61 -
^Manuel Hidalgo. -^Miguel Pimentel y Donaire.-' Isidoro Osorio,--
Pelayo Henao.
>Badajoz, 11 de Diciembre de 1881 .»
El Folk-Lore Murciano.— £/ Diario de Murcia^ de primero de
Diciembre próximo pasado, inserta el siguiente suelto, que nos hace
concebir la legitima esperanza de que no ha de ser Murcia la última
región que constituya El Folk-Lore, mucho más cuando cuenta con
caltivadores tan distinguidos de la poesía popular como los señores
Tornel, Martin Baldo, Baquero, Caries, Guirao y otros:
cNuestro amigo el ilustrado escritor Sr. Machado y Álvarez, ,
nos escribe remitiéndonos las bases generales del Folk-Lore (saber
popalar) Español y nos invita á la formación en esta ciudad del cen-
tro regional del mismo nombre. El objeto de esta Sociedad es reco-
ger todo lo que sabe y como lo sabe el pueblo; sus tradiciones, sus
cantos, sus cuentos, etc. Nos ocuparemos de esto más detenida-
mente é invitaremos á nuestros amigos á que formen parte del Folk-
Lore de lá región murciana.»
El Folk-Lore Asturiano.— El Sr. D.Juan Menendez Pidal ha pu-
blicado en el número correspondiente al !28 de Diciembre último, de
la Ilustración Gallega y Asturiana, un artículo intitulado El Folk-
Lore de Aslúrias, en el que invita á sus paisanos á constituir El Folk-
Lore de aquella región, aprovechando para dicho objeto el Centro
Asturiano, constituido recientemente en Madrid.
Es, por lo tanto, probable que a las Sociedades anteriormente
nombradas, pueda unirse la asturiana; con las cuales y la nuestra,
serán, en breve, siete \os Folk-Lore regionales de España.
•
Con posterioridad á las anteriores noticias, hemos recibido las
siguientes:
En 29 de Enero se ha constituido en Madrid una Academia Nacio-
nal de Letras populares, de que ha sido nombrado Presidente el
Sr. D. Víctor Balaguer.
Personas recien llegadas de Madrid nos aseguran que el distin-
guido iniciador del Folk-Lore Gallego, Sr. D. Manuel Murguía, traba-
ja activamente por conseguir que sea pronto un hecho aquella So-
ciedad, cuya constitución ha estado detenida algún tiempo por cir-
cunstancias completamente ajenas á los nobles propósitos de su fun-
dador.
•
Los asturianos han constituido su Folk-Lore regional con el ti-
tulo de Sociedad Demológica Asturiana, bajo la presidencia del señor
D. A. Balbín de Unquera, habiendo publicado el número de la
¡luslricion Gnilfaay Asiuriana (Uoj CmtábrÍca)üR interesaoley, por
lo general, muy bien entendido ¡nlerrogaloriod'íñ%\áo á todos los in-
dividuos corresponsales de aquella Asociación, interrogatorio que re-
produciremos en las columnas de nuestra Revista, cuando estemos
aulorizadoB para ello. Felicitaoios calurosamente á nuestros herma-
nos Je Asturias por el acierto con que comienzan, y nos proponemos
que entre aquel centro regional y el nuestro medien las relaciones
lie cordialidad propias de dos provincias españolas.
El Secretario de nuestra Sociedad prepara dos interesantes proyec-
tos i\e. que dará cuenta en los números piiiximos de esta Revista: uno
relativo á la construcción ile un Mupa lopográftco-tradkioHat y olro á
El Falk-Lore Gremial, ó saber popular de los distintos gremios. Algu-
nos obreros inteligentes están ya procurando reunir datos relativos á
su arte ó profesión respectiva, para auxiliar al Sr. Machado en eaU:
interesante Irabajo, habiendo merecido también el primer proyecto
la aceptación de algunos reputados mitógrafos europeos.
El Sr. D. Eugenio Holland ha publicado un almanaque en que
invita ú todos los milógraros de Buropa fi la celebración de un ban-
quete foik-lorüía, á cuyos postres se cantarán y tocarán aires musi-
cales de lodos los países. Dictio banquete se habrá verilicado el li
del pasado febrero, siendo probable que ea él se lia>a trata-
do de la celebración de un Congreso, en que se echarán ¡as bases
del gran Folk-Lore Europeo, ó í-ea de la confederación del Fo/i-
Lurf de las distintas naciones En el próximo número de esta Re-
vista esperamos poder dar á nuestros socios noticias más extensas
sobre el particular.»
Entre las varias cartas que liemos recibido [lie nuestros conso-
cios honorarios y de otros ilii.<ttres escritores, así de Kspaña como
di.'l extranjero, y que por falta material de espacio dejamos de pu-
liliuar, damos cabida á las dos siguientes, de los Sres. S>;tiucbardt y
SObillot, ilustre lUCIogo el primero, que en su excelente monO);raffa
Die Cantex flamencos establece laa bases de la FonL^tica Andaluza, y
docto uiitiJgra[o el segundo, á quien puede consídt'rarsu como verda-
dero iniciador del Polk-Lora de Francia.
la carta del Dr. Si:liucliurdldice asf:
«tiraz, 30 de Diciembre de 1881.
»Sv. D. Josi! María Asensio y Toledo.
«Muy señor mió y distinguido amigo: Recibí la caris purla cual,
on tt^rminos demasiado halagüeñas, usted me comuaicu que la recieu
fundada Sociedad dd Volk-Lort Andalus, que tiene la suerte do estar
presidida por usted, ha acordado noralirarmo socio honorario. No
bastando mis méritos é hacerm>> digno de tal dií^tincion, habrán us-
tedes querido tener presente la viva (■ inextinguible simpatía que me
inspiran las cosas andaluzas, j ¡áevilla y los amigos de ahí, de los
- 63 -
que con samo placer encuentro muchos entre los fundadores de di-
cha Sociedad. Puedo gloriarme de haber visto los gérmenes de la
planta que ahora acaba de mostrarse á la luz, y á la cual pronostico
uü rápido crecimiento y lozana ramificación.
^Dándoles las más expresivas gracias por el honor que me han
concedido, les prometo que haré todo lo que consientan mis débiles
fuerzas para contribuir al adelanto de la grande y patriótica empresa
que han iniciado.
>Me aprovecho de esta ocasión para recordarme á la memoria de
usted, y me repito su S.S. y afectísimo amigo, Q.B.S.M., UtigoSchu-
chardl.i^
cP. D.— Permítame usted añadir una pregunta: Menciónase en
el Quijotel^ XLI, la lengua franca; y, según veo, en las anotaciones de
Clemencin, también en una comedia de Cervantes y en la Topografía
de Ilaedo. ¿Supiera usted indicarme otros pasajes relativos á ese
idioma mezclado, ó tal vez escritos en él— como tenemos, por ejem-
plo, en las comedias del siglo XVII, negros pronunciando mal el es-
pañol?—¿Usase todavía la lengua franca entre españoles y moros?»
Hé aquí ahora la carta de Mr. Sébillot:
<i25 de Diciembre de 1881 .
>Señor Presidente: Lisonjéame vivamente el título de miembro
honorario de la Sociedad del Folk-Lore Andaluz, con que he sido fa-
vorecido, y le ruego tenga la bondad de hacer presente á sus colegas
el testimonio de mi gratitud. Deseo á su excelente empresa el mejor
éxito, y espero que, á mi vuelta á París, tendré la dicha de estable-
cer una Sociedad análoga, que naturalmente estará en correspon-
dencia con la vuestra.
>Recibid, señor Presidente, la expresión de mis más distingui-
dos sentimientos.
^Sébillot^ miembro de la Societé d'Anthropologie y de la Societé
des Gens des LeHres.)^
ir
La excelente Revista trimestral Archivio per lo sttidio delle tra-
dizioni popolari, dirigida por los eminentes mitógrafos G. Pitre y
S. Salomone-Marino, inserta las Bases del Folk-Lore Español, enca-
bezándolas con el benévolo juicio que á continuación trascribimos:
«Hace ya algunos años que el Sr. D. Antonio Machado y Álvarez,
celoso cultivador de los estudios populares en Andalucía, intentó
promover la creación de una Sociedad para la recopilación y estu-
dio del saber y las tradiciones populares de España; basta leer lo
escrito por dicho señor y otros escritores en La Enciclopedia, Posibi-
lista y Porvenir de Sevilla, y en El Imparcial de Madrid, para ver
con cuánto ardor y entusiasmo habia trabajado para llevar á la prác-
tica aquel proyecto. Afortunadamente, el Sr. Machado ha encontrado
inteligentes cooperadores; y ahora, merced á él, el prometido esta-
blecimiento de la Sociedad es un hecho realizado, pues ya en 23 de
Noviembre, en una selecta reunión de doctos y científicos, discutié-
ronse y aprobáronse los varios artículos del reglamento de la Socie-
- 64-
(laJ, la cual, con el tflulo de Folk-Lore Español (sic), propónese
acloplar,con las modificaciones conveníenles, el ijrograoia déla Fotk-
Lore Sociel]/, establecida hace cuatro años con el fin de esludiar el
saber y tradiciones del pueblo.
>ÉI arlfculo que á continuación trascribimos, indica clarsmen-
le los principios y fin á que aspira el Sr. Hachado con la creacioD
4lel Foik-Lore Español. De esperar es t¡ae en las varias provincias de
España nazcan pronto Sociedades regionales, entre las cuales \a átí
Foik-Lore Andaluz será el primero y mejor ejemplo en la península
ibL-rica. Y aqui advertiremos de paso que tentamos hace tiempo
pensado, y nos hallábamos en vías de constituir, una Sociedad aná-
loga á la que nos ocupa, cosa que no hemos podido llevar á cabo
por haberse hallado gravemente enfermo uno de los üireclores de
este ArcMcio.
«Felicitándonos vivamente con el Sr. Machado por el buen éxila
de su empresa, y enviando iiueí^tro parabicn á los ilustres fundadores
del J-'olk-Lore Andaluz, trascribimos á continuación las Basesde la
mencionada Sociedad.— Los Direclores.*
Los fundadores del Fotk-Lore Anilalit: dan las mis encareci-
das gracias á los Sres. Pitre y Salomoiie-Marino por su extremada
benevolencia y procurarán corresponder al elevado concepto que de
ellos han formado los ilustres mitógrafos italianos.
Lí acreditada casa editorial de Francisco Álvarez y Compañia, de
esta ciudad, ha dado principio á la impresión del primer lomo de
la obra Ointos populares españoles, riquísima colección preparada
por nuestro distinguido j laborioso amigo y consocio el seftor don
Francisco Rodríguez Msrin.
La obra con^^tará de cuatro volúmenes en 8.° mayor; las copio-
sas notas que lian de ilustrarla revelan la gran erudición del colec-
tor, pues éste no sólo indica las variantes de los cantos populares y
explica mil particularidades curiosísimas respecto á filología, fonéti-
ca, elnologia, mitología, etc., smo además señala las concordancias
Íue existen entre tales composiciones y las del mismo género de
taha, Francia y Portugal.
Él primer tomo de los C'tnios populares esjiañoUs contendrá cre-
cido número de C(i»cioiJC3cte cuna, Himas infiiMileí, OraáoHít, Con>-
jiiros y Adivinanzas.
Por la Sección, Alejahdbo Guichot.
AUVJi]RTEKCIA
Causas independientes de nuestra voluntad, entre las
cuales Ugura por no pequeña parte la (alta de una remesa de
papel, que aun no ha llegado a nuestro poder, han impedido
que el presente número saliera á luz en Enero, como deseá-
bamos. A ellas también se debe el retraso con que damos al*
gunas noticias, y el no haber incluido en esta sección alga*
ñas interesantes que aplazamos para el número próximo.
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.. Oburtiuifíiief Mihrf h Pz-exia fiopulitr, {lor D. Mniuiel M.\ )
iaUnnlft.— Ilsrcolana.— Un lomo.— I8r>3.
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ia.— Un ínroo.— 1«53
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1 1 i'iiiiíani.— San SebasUan,
As.) I. \biiii. i.l; l,S«á. \i:«. i.
Il jp'oLK-LoRE Andaluz
Or^nivo do In Socicdiid de este nombri-
SUUARIO
SBTILLA.— O'DoDBBll 28.
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mili»» FÉ '' *y}£L"''' IIIIWEVEETC."
REVISTA MENSUAL.
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jiesetu bu i-OotimoH pura lu Lx^nlnsulu, 3 ptMMUw i>
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Pngo lili la HusrriHuM. sili-tnitbido, No so ei<rvirá DiDgun |i(
nao lu) 80 hagn nuoiiiiianinduln con rni iRijiurtu.
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?fí^miiln il l(M naiinUin do la Diruccioii y !S«i>r
V |ii.ii.Virn'(>¡t, cniínuBuritoB, artículus, utc-., diri
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ADVERTENCIAS.
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." dará k uuBOWr.i^a bu flucción n.-«jHn!t[rn, U
Aeveivaaa dv mnWrín\fn, di'spubrluilauhw,
í.iniiriii.f, «te-, rolalivú» 1)1 nbjoio y Hhob'J
-ifi«dadc8 nnúlugna, qun ¡inr
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UN ADAGIO
El insigne maestro Fr. Luis de León, en el prólogo que
escribió para que con él se publicasen los refranes que habia
coleccionado y glosado su sabio preceptor el Comendador Her-
nán Nuñez, catedrático de retórica y griego en la Univer-
sidad de Salamanca, dice entre otras cosas lo siguiente:
«Y por eso decia Aristóteles que de los dichos de los
sabios no se pide razón, porque ven las verdades claramente,
y estos dichos llama Gnomiis, cuya parte es el refrán. De
manera que el refrán, dicho de algún sabio, que tiene los ojos
del conocimiento limpios y resplandecientes, se ha de tener
como principio per se noto, según estos dos grandes autores.
Ó será principio per se noto, que llaman, porque como dice
Quintiliano, es refrán también aquello que todos dicen y á
todos parece; y de esta manera, pues que es cosa averiguada
entre sabios, quédelos principiosjper^eno^^no hay ciencia,
sino cosa más excelente que ciencia, y de muy mayor sua-
vidad y dulzura, que llaman los filósofos entendimiento y
sabiduría. Esto pienso ser la causa, por do los sabios en su
vejez tanto á los refranes se aficionan; porque cierto son
más que ciencia, y pertenecen ya á la sabiduría y al enten-
dimiento, que en aquella edad está tan resplandeciente. Ni
debe turbar A nadie que Quintiliauo y Tulio y otros autores
Uamaii i los i-efraues dichos vulgares, no solamente porque
se dicen en común, pero ánii porque muchos dellns son dichos
de todo el vulgo, es su autor, nó los sabios y letrados, por
que, dado que esto sea asi verdad, como lo es en muy muchos
delios, eso es ser principio per se twlo, ser dichos notorios, y
que todo el uiuudo conoce sn verilad y la dice y confiesa,
y por eso es principio de ciencia, y más excelente que ciencia,
y se llama sabiduría, como dije. Y también, sí alguno insiste
en que al fin son dichos de pueblo y gente indocta, responde-
rémosle lo que muchas veces dice Aristóteles en sus Poliiicae,
y en el tercero principalmente, hablando en semejante caso,
que asi como en la hacienda no hay uadíe tan rico, por mucho
que tenga, que pueda gastar tanto como el pueblo todo junto,
con poca cosa que cada uno contribuya, asieu el saber, nin-
guno es tan sabio, que pueda acertar tanto como el pueblo,
ayuntamiento de muchos, si no sou gente muy grosera, cuando
confieren y ayuntan el saber, el uno con el otro, porque A
todos una, dice Aristóteles, puso Dios luz en el enteudímíeuto
con que cono:{can la verdad; de manera, que por cualquier
luz que se miren los refranes, se deben de teuer en mucho y
no se debe nadie espantar que loa sabios se hayan en tan
grau manera á ellos aficionado.»
Toda esta recomendación fuó insuficiente para retraer al
célebre Fr. Benito típrónirao Feijóo, el cual dedicó la primera
lie las cartas contenidas en el lomo tercero de las ennlUas i
demostrar la falibilidad de varios adagios, entre los que coloca
éste, que ocupa lugar en la colección de! Comendador:
Abriles y Condes, ha más son traidores.
Y dice el sabio Benedictino: «¿Por qué más los condes
que los duques, los marqueses, los simples caballeros &,^y
jwr qué más los nobles que los que no lo son? Este adagio serte
forjado por sujeto á quien nigun conde hizo alguna pesada
burla.»
Tiigero me parece que anduvo en su critica el P. Maestro
y es de creer que si hubiera dejado vacantes por algún tiem-
po las Mmutrirnik Ti-iihoiir, e! -K^^xírAícw/o (/e laÑnluraleía
y otros arsenales franceses, <le donde tantas armas tomó
para deshacer vulgares preocupacioues, y hubiese dedicado
ese tiempo & hojear la historia patria, sin duda se hubiera
convencido de que el citado refrán nada tiene de falible.
El que se haya ^ado en los condes, y no en los mar-
— 3 —
qneses y duques, tiene por de pronto la explicación qne se
deduce del siguiente cuento, que refiere el P. Isla:
«Fué cierto receptor á no sé qué pesquisa á Colmenar
el Viejo, lugar de veinte vecinos: examinólos á todos, y es-
petáronle una sarta de mentiras. Aturdido el receptor, dijo
al alcalde, santiguándose: ¡Jesús! ¡Jesús! aquí se miente tanto
como en Madrid, Replicóle el alcalde: Perdóneme su mercé,
que aunque epi Colmenar se miente todo lo posible, pero en
Madrid se miente mtwho más, poique hoy más que mientan.y^
En comparación del número de condes, ha sido siempre
insignificante el de duques y marqueses, y aunque entre es-
tos no faltaron traidores, no llegaron á la millonésima par-
te de los condes que lo fueron.
Hay además otra razón y es la de que no sólo las
traiciones de los condes fueron más que las de los duques, mar-
queses y personas particulares, sino que algunas de ellas
han debido imprimir en el pueblo español memoria tan in-
deleble, que nada más natural que el que llegase á surgir
la idea de traición, al sólo oirse el título de conde.
La gran desgracia de España, la inmensa calamidad
que la agobió por espacio de ocho siglos, obra inicua fué
de la traición de aquel maldecido conde don Julián, padre
de la famosa Luscinda, cuya castidad pone Feijóo sobre la
de la renombrada Lucrecia.
Cualquiera sabe, como no sea en la historia patria
enteramente peregrino, que, á partir de aquellos desgracia-
dos dias en que nuestra nación sucumbió á los duros golpes
del alfanje sarraceno, tuvo el autor de la catástrofe tantos
imitadores, que apenas se halla un reinado en que no se tro-
piece con algún conde traidor, cuando no con muchos á la vez.
Mas, por cuanto sería tarea interminable el formar una
estadística exacta de todos los condes traidores, que justi-
fican superabundantemente la razón de haber subsistido el
adagio que tan falible le pareció al P. Feijóo, me limitaré
á la evocación de algunos recuerdos.
Para un rey que se distinguia con el dictado de Casto,
la traición del Conde de Saldaña, padre del legendario Ber-
nardo del Carpió, se halla bien recargada de circunstan»
cias agravantes, atendida también la época en que se cometió;
por más de que hoy, que tan indulgentes somos con las tra-
vesuras del hijo de la Ciprina Diosa, no tendría el de Sal-
daña el terrible castigo que tuvo, ni mucho menos.
La traición del conde de Galicia, D. Fruela, obligó á
Don Alonso el Magno & retirarse á Vizcaya; y si bien no
filé de mucha «luraciou la retirada, poniiie pronto tuvo el
traidor qnien lo iiuítase ile este mundo, no faltaron luego
oti-os condes tan buenos como el difunto, los cuales de tal
manera acosaron á aquel monarca, que se vio precisado, para
gozar de algún sosiego en los Últimos aQos de su vida, &
dejar el cetro y la corona.
Allá, en los primeros tiempos de la reconquista, se ha-
bla de un conde D. Vela, que en Álava gobernaba, y de
cuyos descendientes siílo hace mérito la historia para referir
una ti-aicion. Véase cómo se explica el P. Maiiana, tratando
del reinado de D. Sancho el Craso:
'Bn el mismo tiempo las armas de Castilla se alteraron
con guerras domésticas. D. Vela, uno de los nietos y des-
cendientes del otro Vela, que dijimos tuvo el seflorio de
Álava, alUy en la parte comarcana de Castilla tenia grande
jurisdicción. Este, feroz por la edad, y confiado por los pa-
rientes, riquezas y aliados, que tenia muchos, tomó las armas
contra el conde Fernán González. El conde, que no sufria
ninguna demasía, acudió asimismo á las armas. Venció i
Vela y & sus aliados y consortes y siguiólos por todas par-
tes, sin dejallos i-eposar en ninguna, hasta tanto que los pusD
en necesidad de hacer recurso á los moros, d^ada la patria,
que fué ocasión de grandes movimientos y desgracias.»
El mismo historiador, escribiendo sobre el reinado de
Don Alonso V, dice: «Los intentos y acometimientos de
L). Vela contra los Condes de Castilla, de quien por parti-
culares intei'eses y agravios se tenia por injuriado, cnán
grandes hayan sido, arriba queda declarado. A tres hijos
de«te caballero, es A saber; Rodrigo, Diego y Iñigo, el conde
I). Sancho no sólo los perdonó, sino les volvió las honras
y cjirgos de su padre; mas ellos, sin embargo desto, torna-
ron en breve & sus nmtlas y á. lo acostumbrado. Y aún sobre
los desórdenes pasados añadieron una nueva deslealtad, que
dejado el conde D. Sancho, se pasaron il Don Alonso, rey
de Iieonr de los moros poca ayuda podian esperar, por estar
tan revueltas sus cosas, y por la mudanza de tantos prin-
cipes como queda dicho. Recibiólos benignamente Don Alonso,
dióles á la halda de las montanas estado no pequeño, con
que se sustentasen como seflures: pareció por algún poco de
tiempo estar sosegados, comoqüier que á la verdad esperaban
ocasión de moslrar nueva deslealtad, según se entendió de
la suerte que poco después se dirá. »
Continúa Mariana, pasando luego á hablar del reinado
de Don Bermudo III, y refiriendo que al conde de Castilla
— 5 —
D. Sancho habia sucedido su hijo D. García, joven de gran-
des esperanzas, dice que fué desposado con D.a Sancha,
hermana de Don Bermudo, y para efectuar sus bodas habia
ido á León con grande acompañamiento. «A los hijos de
D. Vela, añade, por el mismo caso pareció aquella buena
coyuntura para satisfacerse de los agravios que pretendían
les hiciera el conde D. Sancho á sin razón. Eran hombres
por larga experiencia de cosas arteros y sagaces: comuni-
caron su intento con los que les parecieron más á propósito
para ayudalles á ejecutar la traición, hombres homicianos de
malas mañas. Las asechanzas que se paran en muestras de
amistad, son más perjudiciales. Salieron á recebir entre los
demás al príncipe, su señor, que venia bien descuidado.
Puestos los hinojos en tierra, y pedida la mano, le hicieron
la salva y reverencia entre los españoles acostumbrada.
Juntamente con muestra de arrepentimiento le pidieron
perdón. Otro tenian en su pecho desleal, como en breve lo
mostraron. ¿Quién sospechara debajo de aquella representa-
ción malicia y engaño? ¿Quién creyera que, alcanzado el per-
don, no pretendieran recompensar las culpas pasadas con
mayores servicios? No fué así, antes se apresuraron en eje-
cutar la maldad y dar la muerte á aquel príncipe, por su
edad de sencillo corazón, y que por todos respetos no se
rescataba de nadie: el tiempo, las alegrías, el hospedaje, el
acompañamiento, todo le aseguraba. »
«Salió á oir misa á la Iglesia de S. Salvador, cuando á
la misma puerta de la Iglesia los traidores le sobresaltaron y aco-
metieron con las espadas desnudas. Kodrigo, el mayor de los
hermanos, sin embargo que le sacara de pila cuando le bauti-
zaron, le dio la primera herida, como traidor y parricida malva-
do. Los demás acudieron y segundaron con sus golpes hasta
acabarle. Doña Sancha, antes viuda que casada, perdió el sen-
tido y se desmayó con la nueva cruel de aquel caso. Luego que
volvió en sí, acudió á aquel triste espectáculo, abrazóse con el
muerto, henchía el cielo y la tierra de alaridos (como se deja
entender), de sollozos y de lágrimas: miserable mudanza de las
cosas, pues la mayor alegría se trocó repentinamente en gra-
vísimo quebranto. Apenas la pudieron tener que no se hiciese
enterrar juntamente con su esposo.»
Diré, para conclusión de esta iniquísima traición de los
condes Vela, que, aun cuando los traidores huyeron y por de
pronto evitaron el castigo de su horrendo crimen, cayeron por
fin en poder del Rey de Navarra Don Sancho, que á su pre-
sencia los hizo quemar vivos.
¿Y se creerá lo que sostuvo cierto acíiiléniico, esto es, q
Jos condes Vela procedieron al afiesiiíatti del conde üarci Fer-
nandez por instigación del mismo Iley Don Sancho de fíavarray
Por mí sé decir que me parece que el tal acadtimico desatind
admirablemente.
Por no dgar de la mano á los Vela, no han venido por ri-
guroso orden cronológico las traiciones de otros condes, de que
quiero hacer fatídica mención.
Hnbo en Galicia un conde Don Gonzalo, que, traidor, se
3'eveló contra su rey Don OrdoOo; éste, después de vencerle,
le perdonó su felonía, A cuyos favores correspondió el tAl conde
dando al Rey una manzana emponzoñada, que acabó con sn
vida. En el reinado siguiente hubo también en Galicia nn coude
D. Rodrigo, quealvtir que un hijo suyo habia sido depuesto
del obispado de Conipostela por sns costumbres perversas,
euarbuló la bandera de la rebelión y llamó en su ayuda á, los
moros.
¿Cójno calificaremos aquel hecho horroroso del conde don
Sancho de Castilla, que envenenó á su madre? Nn lo llamare-
mos traición, sino que esperaremos áque haya una palabra en
algún idioma del universo, que exprese la verdadera idea de
aquel atroz parricidio.
El noble Cid Campeador casó & sus dos hijas D.» Elvira
y D," Sol con los condes de Carrion, que otros diceu infantes,
15. Diego y D. Fernando; los cuales, en venganza de que en
casa del ('id loa que notaron sn excesiva cobardía se habían
burlado de ellos, hicieron la hombrada, al llevarse A su pueblo
ó. sus desposadas, de entrarlas en iin bosque, amarrarlas á.
unos árboles y dar á las infelices tantos y tan terribles azotes,
que al fin allí las dejaron por muertns.
Desgiaciado t\ié .siempre con los condes Rodrigo Diaz de
Vivar. El conde de Cabra, llamado D. García, no jtodia sufrir
la gloria del Campeador, y comido de la envidia, al igual de
los condes de Castilla, se avino con éstos en concertarse con
los moros, á fin de matar al héroe qne tanta sombra les hacía.
■ Ijos moros, dice Sandoval, fueron más leales y hombres de
bien qne los condes cristianos. Pareciéndoles maldad muy
grande, alisaron luego A Rodrigo Diaz.» Merced ¿este aviso,
la traición fracasó por completo.
No tengo vagar bastante; que, & tenerlo, referiría aquí por
menor todas aquellas alteraciones nacidas de los amorfos del
conde D. Pedro de Lara con la reina Doila Urraca, seFlora, que,
entre paréntesis, parece que era muy jiartidaria de los condes,
si es verdad lo que se cuenta, que de otro conde, qne dicen de
J
— 7 —
Candespina, nos legó el ilustre apellido de los Hurtados. ¿Qué
mayores traiciones qíie las de los hijos de ese mismo conde don
Pedro de Lara, ni qué más trabajos pueden venir á un pueblo
qae los que ellos hicieron sufrir al castellano con su codicia de
mando y sus rivalidades con los Castros?
Para que por siempre quedase odiosa la memoria de los
condes, bastaba el que hubiese uno como D. Ñuño Alvar,
6 D. Alvaro Nuñez, de quien, para muestra, sólo pondré
aquí unas pocas palabras de Garibay. Volviendo ahora á lo
poco que me resta decir del rey don Enrique, sucedieron á
estas cosas muchas revueltas y odios, y entendiendo la reina
doña Berenguela que el rey era mal guardado, envió á Ma-
queda, donde el rey estaba, á saber de su estado. Lo cual,
siendo sabido por el conde, hizo unas cartas con falsos sellos
de la reina, fingiendo que ella escribía á algunos privados del
rey, que con venenos matasen al rey, para con esto indig-
nar al rey don Enrique contra la inocente reina, su herma-
na. Para mayor color de la maldad, ahorcaron al hombre,
pero con todo esto, no fué creido el conde don Ñuño.» El
que fué capaz de semejante infamia, no hay para qué decir
que tal hombre sería. No callaré que al fin de sus dias dio
muestras de arrepentimiento, entrando en la Orden de ca-
ballería de Santiago. Con su muerte y la de su hermano don
Fernando tuvo Castilla algún descanso y sosiego; pues aun
cuando el conde don Gonzalo Nuñez de Lara, fiel á las
tradiciones de familia, quiso armar y armó ruidos, no fueron
de gran importancia, á Dios gracias.
Pero en el reinado del rey sabio fueron tan revoltosos
y tan traidores, como en otros reinados lo hablan sido sus
antepasados, y pusieron en tremenda tribulación al buen don
Alfonso, cual se colige de aquellos versos que escribió, en
los que, después de lamentarse del abandono en que se veia,
concluye diciendo:
Ya yo oí otras veces
de otro rey asi contar,
que con desamparo que huvo,
se metió en alta mar,
á se morir en las ondas,
ó las venturas buscar.
Apolonio fué aqueste,
y yo haré otro que tal.
¿Se podrá hallar un hombre más traidor que el conde
— 8 —
de Trastamara, don Enrique el Bastardo, fratricida del gran
rey don Pedro?
Y ya al llegar á este punto, paréceme que hasta mi
pluma se avergüenza, más que se avergonzaba la del aca-
démico que antes nombré, de continuar refiriendo tantas
traiciones y tantas miserias de condes, y como que me dan
impulsos de suspender por hoy estos recuerdos, con lasiguiente
exclamación:
No soy de tu parecer,
¡oh por siempre celebrado
Trovadorl
Porque, según mi creer,
cualquiera tiempo pasado
fué peor.
Sin embargo, cúmpleme manifestar que á mí ningún
conde me hizo la pesada burla que Feijóo suponía respecto
al autor del adagio; que ninguna animadversión profeso á
esos títulos del reino; y que en contraposición de tantos condes
traidores como la historia relata, hubo muchos que fueron
muy leales y muy buenos servidores del Estado; bastando,
para que ellos se sientan con derecho á estar orgullosos,
la consideración de que pertenecen á la clase de aquella nobi-
lísima prosapia de los inmaculados condes de Niebla, que
jamás desdyeron de su eternamente ilustre • predecesor, don
Alonso Pérez de Guzman el Bueno.
MosEN Oja Timorato.
— 9 —
MAPA TOPOGRAFICO-TRADICIONAL
Sicut domus homo.
* *
Se un giorno qualche siciliano amante de
nostri studi vorrá dedicarsi a raccogliere dalla
viva voce del volgo le storielle de' roonti, fiumi,
laghi, pozzi, grotte, castelli, torri, luoghi an-
ticni d dgni sorta, fará opera^ a creder mió,
dcgna di plauso;....
GlCSBPPB PlTlJt.
En cualquier país que no fuera España^ la sola
enunciación del pensamiento que encabeza estas lí-
neas, tendría la energía y ehcacia suficientes para
agrupar á los hombres más sabios, á los corazones
más generosos y á los más ricos capitalistas: que
mucho capital, gran inteligencia, \astos conocimien-
tos y ferviente amor á la patria se necesitan para
llevar á cabo una obra sólo realizable con el con-
curso de muchos y, no hay que disimularlo, en un
largo periodo de tiempo. La trascendencia de le-
vantar un mapa topográfico-tradicional de la Penín-
sula, sería tanta, que bastaria para colocar á Portugal
y España al nivel de las más grandes naciones: esta
empresa sería, respecto á nosotros, uno de los pri-
meros pasos de nuestra regeneración moral y polí-
tica. La construcción de un mapa en que, no ya cada
monte, sino cada piedra, fuera una animada página
de nuestra historia y cada producto natural, un dato
elocuente de nuestra riqueza, hoy, merced ú nuestra
ignorancia, por extranjeras manos explotada, eleva-
rían á nuestro pueblo, poniéndolo en amorosa inti-
midad con el suelo que pisa, á la categoría de verda-
dero propietario y, como tal, conocedor de su pasado.
sereno juez de su presente y árbiiro de sus deslio^
para lo porvenir. Los pueblos que no conocen i
territorio palmo á palmo, como los individuos quí
desconocen su propia casa, son pueblos c individua
decadentes; esclavos de sus tiranos, los unos; de su
pasiones, los otros.
El temor de ofender los sentimientos de una r
cion amiga nos impide robustecer nuestra opinión
con recientes ejemplos: la Historia consigna en sus
E aginas que no son siempre las naciones más ricas y
is que gozan de una vida más regalada, sino las que
tienen mejor conocimiento del terreno en que comba-
ten, las que vencen en los amargos y dolorosos días
de una invasión. Como el buen padre de familia los
rincones de su casa, así deben conocer los buenos ciu-
dadanos el suelo de la patria: campos incultos, terre-
nos baldíos, minas ignoradas, productos naturales
desatendidos y monumentos artísticos en ruina, de-
latan á un pueblo en decadencia; con sólo hierro y
carbón — mil veces se ha repetido — Inglaterra es pode-
rosa; con todos los metales preciosos en las entrañas
de su suelo. España es pobre. La primera ba.se, el
primer estímulo para explotar estas riquezas, es cono-
cerlas y apreciarlas y ponernos con ellas en verda-
dera relación de propiedad: la formación de un mapa
topográftco-tradicional no basta por si sola para con-
seguir este resultado; pero podria contribuir podero-
samente ó él. (Querrán los cientíticos españoles robus-
tecer con su autoridad esta humilde opinión nuestra?
¿Querrán los jefes de nuestros partidos políúcos, des-
de aquellos, para nosotros los más queridos, que
lamentan en extraño suelo las desventuras de la Pa-
tria, hasta los que, por disfrutar hoy del poder,
podrían auxiliar más eficazmente nuestra empresa,
hacer saber al país la opinión que ésta les merece? .
No es tal, sin embargo, la tarea que, en nuestro
sentir, puede emprender la Sociedad Folk-Lobe; An-
DAM'z; nuestro proposito, al menos, es más humilde
y se limita 6. dar comienzo á la recolección de mate-
J
— 11 —
ríales para el mapa topográfico-tr adiciona I de la pro-
vincia de Sevilla; á comprobar sobre el terreno la
fidelidad de los datos recogidos y á levantar, bajo la
dirección de las respectivas secciones que para el
objeto han de crearse, el mapa de algunas, de una
siquiera, de sus más importantes localidades.
Para ello, esta Sociedad puede auxiliarnos con
valiosos elementos: á más de los señores Sales y Ferré
y García del Mazo, distinguido profesor de geografía
el uno, é ilustrado jefe de trabajos estadísticos el otro,
los cuales se brindaron desde el primer momento á
cooperar á la realización de esta idea, el Folk-Lore
Andaluz tiene en su seno individuos competentísimos
y caracterizados, á cjuienes desde luego nos atrevemos
á invitar aquí públicamente, incluyéndoles en la sec-
ción de que, á nuestro juicio, deben formar parte, en
la confianza de que no habrán de desairar nuestra
súplica.
SECCIÓN DE LENGUAS
Sr. D. Antonio M. García Blanco, Catedrático de Hebreo,
» Daniel R. Arrese y Duque, Catedrático de Árabe.
» Cristóbal Vidal, Catedrático de Griego.
» José Vázquez Ruiz, Profesor de Latin.
SECCIÓN DE geografía É HISTORIA
Sr. D. Manuel Sales y Ferré, Catedrático de Historia y Geo^
grafía.
9 Siró García del Mazo, Jefe de trabajos estadísticos de
esta provincia.
» Joaquín Guichot y Parodi, Cronista de Sevilla y su
provincia.
SECCIÓN DE CIENCIAS NA TURALES
Sr. D. Antonio Machado y Nuñez, Catedrático de Historia
Natural.
» Emilio Márquez y VilJaroel, Catedrático de CosmO'^
grafía.
— 12 —
Sn D. Romualdo González Fragoso, Naturalista.
» Francisco S. de Cáceres, Licenciado en Ciencias iVa-
turales.
» Fernando Sierra y Zafra, Licenciado en Ciencias Físico*
Químicas.
SECCIÓN DE arqueología Y PALEOGRAFÍA
Sr. D. Fernando Belmente y Clemente, Archivero-^Bíbliote^
cario y Arqueólogo,
» Luis Escudero y Perosso, Jefe del Archivo Municipal.
> Carlos Jiménez Placer, Jefe del Archivo de Indias.
» Francisco Mateos Gago, Arqueólogo y Catedrático de
Hebreo.
» Narciso Sentenach, Arqueólogo y Pintor.
» José Gesioso y Pérez, Oficial del Archivo Municipal y
Arqueólogo.
SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA Y PREHISTORIA
Sr. D. Antonio Machado y Nuñez.
» Manuel Sales y Ferré.
» Romualdo González Fragoso.
SECCIÓN DE MITOGRAFIA
Sr. D. Francisco Rodríguez Marin (Cantares y cuentos popu--
lares).
» Juan A. Torre y Salvador (Cuentosy refranes).
1» Manuel Jiménez Hurtado (Leyendas y tradiciones
sevillanas).
» Luis Montoto (Fiestas y costumbres populares),
» Felipe Pérez y González (Sátira popular).
» Alejandro Guichot y Sierra (Supersticiones populares).
SECCIÓN DE DIBUJO
Sr. D. Joaquin Guichot, Catedrático de Dibujo Lineal y To-
pográfico.
— 13 —
Sr. D. Gumersindo Díaz, Pintory Profesor de Dibujo.
» Guillermo Zafra, Especialista en Dibujo Topográfico.
» Alejandro Guichot y Sierra, Profesor de Dibujo.
» José Joaquin Gómez y Ramírez, Taquígrafo.
» Francisco Almela y Vinet, Fotógrafo.
SECCIÓN DE LITERA TURA
Sr. D. José M.* de Asensio y Toledo.
» Gonzalo Segovia y Ardizone.
» Manuel Gómez Imas.
» José Lamarque de Novoa.
» Manuel Cano y Cueto.
» Eloy García Valero.
SECCIÓN DE PROPAGANDA
Sr. D. Rafael Laffite y Castro.
» Federico Piñal y Alba.
» Francisco Alvarez A randa.
j> Pedro Rodríguez de la Borbolla.
» Manuel Sierra y Duran.
» Pedro Paul y Arozarena.
» Roberto González Nandin. (i)
Á más de estos y otros recursos de la Sociedad,
cuya enumeración seria prolija, abrigamos la espe-
ranza de que los ilustrados labradores sevillanos han
de prestarnos también su generoso auxilio; para ello
nos atrevemos á rogarles encarecidamente que se sir-
van contestar al interrogatorio que hallarán en la
cuarta plana de la cubierta de este número, interroga-
torio que adicionaremos y modificaremos con sumo
gusto, atendiendo á las indicaciones y consejos razo-
nables que se nos dirijan.
Antonio Machado y Alvarez.
(1) a otros socios no menos competentes podríamos invitar, si no
nos detuviera el temor de distraerles de las machías y graves ocupacio-
nes que sobre ellos pesan.
filología vulgar
Antes de entrar ti tratar del saber vulgar, ó sea del
Literatura española popiilar, convendrá investigar lo que es
vulgo, y analizar esta palabra, para que no nos suceda que
tomemos por vulgar lo que es meramente científico 6 artís-
tico, mal aprendido 6 comprendido por el vulgo y vicios*-
mente propagado.
Vulgo es palabra hebrea, compuesta de dos: ^ij=(/oi=
gente y yi3=iv»í ó viil^^volver^revfAcer, inior á rasira; de
suerte que wlgo es como decir genie ri!i'iie!ín¡ iJeseompuesta,
inculia, Íncola, díceu los diccionarios, habitante del canijio,
gente inculta, remllom, voluble (hól, iml, hdal), que no ka
recibido educación ni instrucción alguna, que con facilidad
se íi/eíre y renielre, y es traída como 6. rastra por los qne
son más astutos ó menos incultos. Este es el vulgo; y claro
está que en este vulgo hay, como en todas las clases sociales,
más y menos en numero, en calidad y capacidad. Hay míZt/o
ttilf/ar, perdóneseme el pleonasmo, y vulgo científico; vulgo
eclesiástico, vulgo religioso y vulgo político; vulgo temeroso
6 temerario y vulgo atrevido; vulgo que no piensa. ^Tilgo sin
sentido; insensatez esto, lo otro idiotismo; artístico el uno,
el otro sin njício ni hmeficio; explicaremos estas palabras.
Llamóle yo vulgo migar al que ní lia aprendido, ni quiere,
ni pudo aprender; y científico al que quiso aprender lí apa-
rentó querer y no aprendió.
Vnlgo religioso es el que treo & puño cifratlo todo lo tiue
le dicen, ya sea revelado por Dios y propuesto por la Iglesia,
ya no; que cree que el ser religioso consiste en oir íw^h entera
todos los ilomingos yjiístus de guardar.
Vulgo eciesiáslico llamaremos al que no aprende más
que el LáiTaga ó su Tedogin pura, sin porqufr'ias de Lengua»,
Historia, Geografía ni Oi'onologfa, Matemáticas ó t'iencías
exactas y natui'alea, ni Derecho público ecle.siástico ni civil.
Patrología, Liturgia, ni Elocuencia, Canio Uregoriano, y
demás que constituyen un Eclesiástico instruido.
Vulgo político es el qne, aunque ignoranle de todas las
ciencias políticas y sociales, es osado pretendiente; acapa-
rador de empleos; patriota de café; infanzón altanero; (icí '
1
— 15 —
de pueblo; el muñidor de elecciones; el concejal de oficio; el
militar cobarde y poco instruido; el noble innoble; y el que
no tiene oficio, ni cultiva arte ni ciencia alguna.
Vulgo temeroso puede decírsele al que el yulgo eclesiás-
tico llama temeroso de Dios, sin reverenciarle; al medroso por
preocupaciones ó fanatismo; al que sólo teme por su nombre
ó por su peculio; al ladrón, al incestuoso, al embustero; al que
no teme á Dios y teme endriagos, revelaciones ó cuentos.
Vulgo temerario llamo yo al que ni teme ni debe; al
precipitado; al insolente; al impío; al ateo; al confiado en sus
propias fuerzas; al maléfico; y al que ni daña ni sirve, que
es lo que significa el no tetier oficio ni beneficio, nec officií yiec he-
nefacit; que es como el guilleuserven, que ni hace mal ni hace
ken, ó como agua de cerrajas ó caldo de verdolagas (1).
Éstas son las diversas clases de vulgo que admite la
palabra; mas nosotros vamos sólo á explotar el recto y na-
tural saber de los que, sin haber estudiado nada, sin saber
acaso leer ni escribir, hablan, cantan, piensan, sienten y quie-
ren del modo más racional, más moral, más justo y equitativo,
más social, más religioso y humano.
Prosigamos nuestro estudio del lenguaje vulgar, que
ciertamente es un arsenal inmenso, en donde se encuentra
todo género de conocimientos; unas veces favoreciendo y al
calor de la ciencia, y de los hombres científicos, otras corri-
giéndole á éstos y á aquella lo que injusta é indebidamente
dejaron ó perdieron por las vicisitudes de los tiempos y las
alternativas filológicas. Prosigamos en el orden alfabético
que nos propusimos.
(1) Llama el vulgo andaluz hombre «n oficio ni beneficio al pa-
seante que, sin hacer daño á nadie, no toma oficio, ni estudia, ni se
ocupa de nada que pueda proporcionarle una decente subsistencia. A
este hombre le correspondía mejor el epíteto de vago; pero nuestro
vulgo parece que ha rehuido de esta calificación, poco honrosa, y le
dice hombre sin oficio ni beneficio, dando á entender con esto que ni
tiene renta propia de que mantenerse, ni gana salario, jornal, obvención,
honorario, ú otra cualquiera asignación, para sufragar el porte, manejo
y género de vida que se le observa. Dícese, pues: este hombre ni daña ni
sirve; nec officit, se diria en latin, nec benefacit; y como de estos dos
verbos salen los nombres officium y benefi^cium, se los aplica en caste-
llano diciendo ni tiene oficio ni beneficio^ ni hace mal, ni hace bien;
es como el Guillen Serven.
Este es otro adagio ó dicho vulgar, cuya exactitud conviene desen-
trañar. Ks en Farmacia el Guillen Serven un emplasto tónico ó esti-
mulante, compuesto de resinas acres, astringentes, confeccionadas
como el láudano, con azafrán y otras materias tónicas, que se aplica
por modo de bizma á la cintura ú otras partes relajadas, para res-
— 16 —
ANTIPATÍA DEL YDLfiO A CIERTAS LETRAS LATINAS
Lo que más generalrneute advertimos en el habla vulgar
andaluza es la supresión ó mal sonancia de la ^ y la abso-
luta aversión á la / y rf de los latinos.
La s en fin de sílaba, ó se pierde enteramente, ó se convierte
en 7*.' en principio de sílaba se hace c 6 se pronuncia indistin-
tamente como s gorda ó como c perfecta.
La / latina la convirtieron los cultos en d; pero el vulgo
andfiluz, por lo común, hace desaparecer la d y la ¿, ó las con-
vierte en e.
Las terminaciones are, ere, iré de los verbos latinos,
que los cultos españoles convirtieron en ar, er, ir, el vulgo
las deja reducidas á á, c, í y aun las terminaciones oryur
las reduce á ó y ú, como arníi en vez Aeamar jamare; lee en
vez de leer y legere; nw¡, en vez de medir y mefiri; doló en vez de
dolor español y dolor latino; nlbtc en vez de albiir.
La c antes de otra c ó letra consonante no se pronuncia
por el vulgo, como ación por acción, lecion por lección, dicion
por dicción, cocion por cocción, sucesimí por mccesion, ni la con-
sonante que le antecede, principalmente siendo p, como canee-
cion por concepción, esecion por escepcion.
tituirles BU natural y necesaria rigidez. No es, por consiguiente, esa
sustancia inofensiva que supone el vulgo, á que puede compararse la
persona que ni hace mal ni Jiace bien. ¿Seria tomado el símil de la
infidelidad de algunos farmacéuticos (los más) que usan drogas malas
é ineficaces para los medicamentos, ateniéndose al sonsonete solamente
de que ni hace mal ni hace bien?
El agua de cerrajas no sé yo por qué la pone el vulgo como em-
blema de lo que se desvanece fácilmente; pues, según un instruidí-
simo botánico, químico y naturalista, amigo mió, á quien be con-
sultado en este punto y el anterior, y según la descripción que da
el diccionario de la voz cerraja, como planta, es hierba medicinal
amarga, como la achicoria, que se cria en las huertas; y de consiguiente,
no se alcanza, por qué el vulgo la tiene como cosa que fácilmente se
desvanece: es vulgaridad que convendría profundizar.
No digo lo mismo del caldo de verdolaga^ que se toma comun-
mente por insubstancial, y alimento ligerísimo: del vulgo y de esta
idea que se tiene de tal caldo, es de donde se toma la locución: instibs-
tancial como caldo de verdolaga.
— 17 —
Las partículas latinas di, dis, de, des, de que se compu-
sieron tantos verbos, como dividgare, discrepare, designare^
deshonorare, etc., sufrieron la misma suerte que lá preposi-
ción de, en odio á los latinos ó romanos y á sus romanlas y
latinadas ó ladineinas. Nuestro vulgo, por más que oyó á los
cultos decir: divulgar, discrepar, designar, deshonorar y des-
hotirar, etc., no hubo forma, ni la hay, de decir más que ivul
gar, iscrepar, esinar, eshonrar y cshonorar: váyasele al vulgo
andaluz con vulgaridades, con divulgaciones, discrepancias, de-
signaciones, ni deshonestidades ó dcsluynras; nuestro pueblo no
entiende más que e ivulgá lo que sea e menesté, iscrepá en
too e loh cultoh petidanteh, esiná ó señala al que lo haya e
representa 6 defendc; en fin, un andaluz no entiende ni atiende,
ni quiere que lejhablen rnali que e Dioh y e suh ei-eclioh endiviualeh,
que no iscrepen mucho ni náa e lo que suh parelí (apaeh le eíidil-
garon. Este es el lenguaje de nuestro vulgo andaluz.
Seguiremos por orden alfabético las palabras y locu-
ciones vulgares que podamos, asignando á cada cual el orígen
que nos parezca más verosímil, para que resalte más claro
el saber y los conocimientos científicos, artísticos, naturales,
físicos y morales 6 políticos, que el pueblo español alcanzó
en tiempos remotos y que quiere conservar enmedio de su
rudeza é ignorancia.
El vulgo andaluz parece que le tiene antipatía á la letra
d: en principio de palabra cuando es originaiía del e, ex, ó
de latinos, casi siempre la suprime. ¿Sería en odio á la na-
ción romana que sojuzgó á España y le arrebató sus derechos,
su libertad é independencia? Así lo creemos, cuando le oimos
á nuestro vulgo decir efeto por defecto; escubrí por descuh'ir;
espresiá por despreciar, etc. Pero ya introducida en el vulgo
esta aféresis (corte de cabeza) parece que se le comunica al
otro de que hay en castellano, preposición de genitivo; v. g.: 7/-
hro e dar grasias; el presio e la fruta; hijo e mi pare; y á toda
otra cualquiera d, como sucede en pare, mare, aentro. Olores,
ureza en lugar de dureza, Dolores, adoitro, padre, madre, libro
de dar gracias, precio de la fruta, hijo de mi padre.
Mas clara se ve aún esta antipatía vulgar en todas las
palabras acabadas en ado, edo, ido, odo, ttdo, como enterao,
humeo, pueo, oio, loo, too,peluo, etc., en vez de enterado, húmedo,
puedo, oido, lodo, todo y x)eludo. En las más de aquellas palabras
se conoce la aversión del vulgo español á todo lo que era
latino ó romano: pues que todas ellas, ó eran participios pa-
sivos en tus, ta, tum, ó palabras acabadas en tus, ó tum, como
totus, lutum, hirsutus, etc.: lo más que consiguieron los roma-
— 18 —
* nos con los españoles más cultos, fué coiiTerlir 6 hacer que "
conviitieran la / en d; mas el vulgo dijo: ¡ni / ni <l; aféresis com-
pleta.'=¡s¡n cabeza.', ¡cabeza abajo.'; {palabras niievasi
Pero, al decapitar la palabra, dejaron la e en las origi-
narias del fl, ex 6 de latinos; porque al haberla quitado tam-
bién, habría desaparecido la relación que las preposiciones la-
tinas consignaban: babrlase perdido el rumbo del de oriundo
del hebreo ó caldeo y del de oriental (*i =di), originario J
de n^l dayah=sfr suficiente, bastante ó relaliro.
E y O.
La vocal i latina es muy poco vulgar, 6 del agrado de(
vulgo español. V. g.: de iste, este; de iikm, mesnio; de cent, lineN
de a»Mi('i, OHit-jde anuwisli, amaste; de tihi, te, de robis, ros:insibt
se; (le ilU, le; de Hi^lis, Sevilla; de Hisi¡a>iui, España; de p/cft^
pl^.
La í latina se convierte en e por el vulgo y por los cnltoj
en los verbos promUln. K/diini/ln, etc, asi decimos jiromelí
jtroítietes, promcA; ]troiiiií''iiii>s. primiiMs, pronifiett; en vez ('
promUto, pmmittia, proinUtií. imimiUitmtn, promiltilis, prmmtlun^
soniflii, soiiieltss, somete, somefeniDH, mnieteis, someten; en vez d
siihiHiOo, siibmilti^, siihniitíit, siibiiiimimi^, suhwUlíiis, submUfuni
y en este verbo se ve además la conversión de la ti latina en «
en mtiniítto ^someto, y suhmifiimus=smneíeMos.
La terminación nios. de la persona nosotros de los v«_
bos, originaria de la mus latina, justifícala espresion rnlgai
MUS amamos, mas quentrnos, fnmsalimos, elc, y parece QUen
huye del latín nos, á que siguieron los cultos diciendo n
inas el vulgo mnsolrns.
La u latina y la n» tan comunes en verbos y nombres, h
convierte el espaílol en o, principalmente el vulgo, v. g.; at^ire=
oir; (iití/iVíw =fii(/íj; aiafustHs=agois/o: aHTa=()gre; aHnru&c^
oreja: aiisridiare^escucluir; aurum-^oro: aui=o; taurus-^
ntnwii.'f—iiioro; paucus — })oco; rauciis —ronco; randua=
piili-iin^lioao: fimdiis=/otulit; 3>ertiis=pec¡u>; luefus^^
auxpitium =kospicio; aulumfíus=-=ot(ifio; ]>aíij)eF=]iol/re; at»
mun— amamos; posttuinwi^=¿HHÍemos y}H)enios, etc.
— 19 —
VESTIMOS BEL HABLA VDLfiAR EN EL LEKfiDAJE CULTO.
La d latina, perdida casi siempre en el habla vulgar,
aparece también perdida en la locución culta, v. g.:
Caer y asirse, originarios de cadere y assidere.
Freír y reír, defrigere y ridere.
Prever yproveher, áeprcevidere y providere.
Poseer y sobreseer, de posidere y supersedere.
Peer y pesar, áe pederé y ponderare.
Raer y roer, de radere y rodere.
Traer y traidor, de tradere y traditar,
Oir, ver y creer, de audire, videre y credere.
Poder c\xlto,=posse latino, =2^er vulgar, originarios de
poiens esse, yo pueo, tu pues, aquel puee, nosotros poenws, vosotros
poeis, aquellos pueen, que los cultos reducen á puedo, puedes,
puede, podetnos, podéis, pueden, ¿De dónde tomaron los cultos
esa d? ¿De la s latina posum ó possumus y de la / poks ópotest?
Por eso con razón nuestro vulgo la hizo desaparecer, diciendo:
pueo ypoemosypoeis, en vez áe podemos y potestis.
jGin, asina, originarios del latino sic, hebreo ] 3 j^ ===^achen
-=profecti y sicut ó sicuti, tienen una explicación fácil muy
oriental, para quien sepa lo que era la letra | =n en las len-
guas del Oriente. Llamábase nun, y esta palabra era como
decir aumento; y la usaban los hebreos, caldeos, asirlos, árabes
y babilonios, al fin de palabra, para expresar todo aumento
ideológico, así de substancias, como de accidentes, de relación
como de acciones, de materia como de formas; siempre que nece-
sitaban esforzar una idea, un concepto, una expresión. Hé
aquí el origen de nuestro vulgar asin 6 asina, para esforzar
más la idea ó relación de semejanza, apartándose de la c, / y i«
latinas; por eso no dice nuestro vulgo, ni aun los cultos, sic,
ni sicut, ni mucho menos sicuH, sino si, así, y esforzando la
semejanza asin, asina, asina me lo paguen á peso de oro: asin
pudiera yo desiyo, etc.
Y ya que tocamos en la n aumentativa de nuestro vulgo,
bueno es que se sepa que esta letra, sobre la cual pasaron
como empíricamente los latinos, diciendo sólo de amat, amant, ó
de amatur, amantur; de homo, homunculus, de leyere, legens, de
— 20 —
docerc, thcem, docmlos, etc. esta », decimos, empírica en todaí
las lenguas y áim usada también empíricamente por el vulgo
castellano, tiene nna razo» de ser flloliigica, ideológica y sim-
bi'ilica que no podrá desconocer quieu la trate orientalmente.
Li-lra de uHuu'-ntoA». l&im iiun fué signo aumentativo en nom-
bres hebreos, en verbos, en partículas; y así lo reconoce
nuestro vulgo, formando ton ella aumentatirm en nombres,
en vei'bos y en partículas, que no admiten los cultos; v. g.:
ihcen en vez de diz, pnrtinn en vez de parliilor, campar de
snixi, de ynchas, ijachou, de ladrar, lailron, de empuje, empujón,
de catna, cituiastron, de puerta, pnrltm y después porUmazo. de
¡iol¡/ar, hnlffazfm, de cIkuto, eharran, de muclu), mancho, de }mic¡io
paridu), de nina, niño, de >■«/«. rujian, de mlm; fálientc y calentar,
dü lifirñr, fermento y fermentar, de pulir. pitUmenio y pitlwim-
lar, de querer, vohintá; de scrcre, latiu, semen y seinettlera, (te en-
cina, encinon, de clmparro, fhnparrotí, de madera, maeramen, de
ííe/, íí(/«T>o y todos los nombres patronímicos acubados en am,
ftltmentativos il toda luz; y los acabados en nns latino, como
de pntiT, ¡Milirniis, frnternui^, paieitio, /ralertw; interno, cjiemo,
cierno, y otros inminierables, unos pasados por la lengua la-
tina y otros nti, como cprítííMP», botiímm, ej-áme», orinen, etc.
Todos nos han conservado la cualidad aumentativa de la n
hebrea ti oriental; todas las lenguas llamadas cultas y aun
nuestros cultos siguen en esto A nuestro vulgo. ¿Cómo pnes
despreciar sus vulgaridades? ¿Cómo no estudiar ese rulgo,
esa í/eute tan Iraitla y llcrnda, ese pueblo siempre arrastrado
por la ignorancia y los ignorantes, por la malicia y los ma-
lignos, por la preocupación y los que viven de ella? ¿No había
de llegar un día en que se hiciera justicia á la verdad, á la
sincei'idnd. á la naturalidad y á la naturaleza? Prosigamos,
prosigamos nuestro estudio; nuestro empeño; ÍnvestÍ*iieraos
nuestros orígenes; respetémoslos, que por ellos y por los ves-
tigios de las pasadas civilizaciones es por donde hemos de llegar
á conocer nuestra historia, nuestra dignidad y nuestro valer.
AmoMo M. GarcIa BLAsct
— 21 —
SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS
I.
Entre todas las manifestaciones del saber popular, que
pudiéramos estudiar para llegar al conocimiento de lo que
piensa y cree el pueblo sobre hechos conci*etos de la vida y
del concepto que se ha formado sobre la existencia de mitos,
representaciones ideológicas y cuanto pueda influir en el co-
nocimiento la oriental fantasía de los andaluces, aparece como
una dcf las más importantes y provechosas, para el estudio
completo y razonado del carácter y condición peculiar de la
raza, la que se realiza en boca del pueblo mismo, objeto hoy
de una atención general, referente á la manera de juzgar los
hechos, comparativamente unas veces y sin experiencia las
más, con arreglo alas, extrañas explicaciones ó tradición no
interrumpida, con que se da cuenta de aquéllas. Esto consti-
tuye de antemano en el proceso intelectual una base inque-
brantable á la ignorancia, un estrecho círculo de hierro que
aprisiona cerebros vírgenes, fenómeno muy común aun en las
clases ilustradas, y que pone fuertes barreras al desenvolvi-
miento natural de las ideas y á la constante evolución del
pensamiento, con una serie de prejuicios, ó si se quiere, de
relaciones impuestas, que engendran falsos conocimientos, en
forma de creencias absurdas en unos, preocupaciones en otros,
creaciones, fantásticas en éstos y supersticiones en aquéllos;
efectos producidos por lasóla causa de una enfermedad inte-
lectual, que aniquila y destruye lo más noble que tiene el
hombre, si no llega á tiempo la medicina salvadora: el pre-
dominio de la razón.
La superstición, debido en parte á su carácter popular y
sus condiciones de predominio y autoridad sobre el pueblo
que la conserva, la cree ó la refiere, pasto abundante para las
inteligencias poco cultivadas, que se someten al yugo de lo
maravilloso, lo fantástico y lo sobrenatural, conceptos que
desechamos como verdaderamente reales y que, concretán-
donos á este punto de vista, aceptamos en cuanto tienen su
lugar y representación en las manifestaciones de los saberes
— 22 ~
populares; la superstición, repetimos, aparece, ora n
ora relacionada, con todo el saber del pueblo y principalmei
con el saber antiguo ó tradicional; es decir: allí donde 1
encuentre una manifestación natui-al y geniiina del puebiS
expresada bajo cualquiera forma, sea en copla, refrán, cnei '
dicho, juego, tradición, costumbre, &.a, allí se abriga la supei.
lición (1). Esta sola consideración, que, desarrollada y eat|
diada por personas competentes, creemos serfa de un va] ~
iuestimable, basta para demostrai' la importancia del estudift*"
razonado y científico de la& supersticiones populares, una de
tantas ramas del Folk-Lore, cuya significación gramatical y
concepto científico aiin son poco conocidos por el vulgo y por
cierta clase de personas, que, sin verdadera actividad ni in-
dependencia de pensamiento, continúan estacionadas en cl
mismo grado de inteligencia que poseían cuando comenzaron
á ejercer sus facultades libremente y con propia conciencia.
La superstición es común y general entre el pueblo:
esta afirmación se comprueba fácilmente por todos los que
ensayen una atenta observación, unida con cierta experienda,
para oir, uno y otro dia, de labios del pueblo mismo, todo
cnanto éste sabe y ba aprendido; advirtiendo que si la aten-
ción es escasa, fácilmente se escaparáe datos preciosos para
■ lo que anteriormente hemos dicho; y ocurrirá muya menudo
l<lim no podremos descubrir inmediatamente la relación exU-
Virate entre una copla, un refrán y un cuento, por ejemplo,
• donde haya un mismo fondo supersticioso y procedan de un
mismo origen, porque en la evolución que ha \enido experi-
Ftnentando y sufriendo por razas y civilizaciones, lasuperstí-
fcion originaria ha modificado su estructura, de tal uianera.
ftpie la forma que afecten aquéllos respectivamente aparece
\ distinta de la primitiva y que cada expresión se nos presenta
como producto de una superstición diferente, de fxp1ica4:¡(m
y resultado distinto de los de las otras expresiones á que nos
hemos referido. Al decir esto no pretendemos sentar la afir-
nmcion de que las supersticiones todas han dado origen li otras
manifestaciones del saber del pueblo, pues opinamos, aunque
no sea más que por rigurosa lógica, que estas últimas, espe-
cialmente tas que son parto de pura fantasía, también han
sido el origen de otras supersticiones. Además, el pueblo so-
(1) Sobreeatn idee non hizo ñjar In atención mii.-stroi]nerido amigo
el Sr. MNcliHitu y .ílvnreí, (|iie non prviicnlti, li la ven, ftlguncw (MirioM*
RJempIfiB, nao tria «{laretriendo auceiiivnDien[« «a el trnscana de MW
trnbiijo.
— 23 —
metido á sos snpersticiones, que vive con ellas, se educa con
ellas y las trasmite de padres á hijos, no es la única clase
social que las tiene; todas las clases las conservan, aunque
de distinta manera. El hombre ignorante somete su inteli-
gencia á la superstición en la mayor parte de los casos y su-
cesos de la vida; el ilustrado, exento, por supuesto, de exclu-
sivismos é intolerancias, de fanatismo é irreflexión, pues si
tal no fuese habría de ser el supersticioso más temible, con-
serva y reñere las mismas supersticiones que el primero;
pero con la notable diferencia de que no somete su inteli-
gencia á ellas, ó lo que es igual, expresado vulgarmente, no
las cree, y, tan sólo una inveterada costumbre es la causa
de que las repita, usándolas como lo haria con cualquiera otra
imagen representativa que expresase su pensamiento.
La superstición aparece mezclada con lo sobrenatural y
fantástico, de lo que podemos deducir el valor del dominio
que tiene sobre el pueblo. Y así como el mito es producto de
la imaginación relacionada con la ignorancia, como elegan-
temente ha dicho el ilustre Gubernatis (1), también la su-
perstición es producto de una crasa ignorancia y una ar-
diente imaginación. ¿De dónde y cómo se forman los mitos?
«¿De dónde? contesta nuestro querido maestro y amigo don
Manuel Sales y Ferré (2). De la misma fuente de donde han
salido la magia, la brujería, la adivinación, la interpreta-
ción de los sueños, las superticiones, el espiritismo y esas
mil aberraciones del espíritu humano de que nos habla la
historía. De la fantasía extraviada por el sentimiento y no
gobernada por la razón.» Un hecho puramente natural cu-
ya causa es completamente desconocida, realizado ante la
recogida contemplación de un hombre ignorante; un fenó-
meno físico ó moral cualquiera, que observamos 6 experi-
mentamos, cuya causa ignoremos, sin hallar medios para
averiguarla, engendra un mito, una superstición referente
siempre al agente oculto que lo produce. Y en verdad que no
puede presentarse un comodín más fácil y sencillo á una in-
teligencia poco cultivada ó enfermiza, como esa manera es-
pecial de explicarse las cosaU: detrás de un hecho sin expli-
cación satisfactoria debe haber una cosa rara que lo pro-
duzca; esta idea, á todas luces absurda, origina el concepto
(1) Mithologie Zoologique.— París.— 1877.
(2) El Hombre primitivo y Uu Tradiciones orientales. La Ciencia
y la Religión. Conferencias dadas en el Ateneo Hispalense. Adtninis-
tración de la Biblioteca Científico-Literaria.— Sevilla.— 1881.
— 24 —
i lo sobrenatural, de lu maravilloso, de aquello que está ve-
ido al conocimiento hiiniaiio; después se considera el becho
li%omo una de las muchas mauifostaciones de aquel ser deseo-
K'ido y poderoso, hasta donde desee su volunlad infinita, y
se concluye por formar una grosera superstición, ó, lo que
es igual, por negar las leyes que rigen el orden de la na-
turaleza. Idea bastante aproximada de lo que pueda su-
ceder en esto, creemos encoutrarla en la obserracioa atentA
de lo que experimenta y ejecuta un nifio de corta edad, Bsas-
t4Índole con el hú (Ij.
No pocas veces sucede que una supej-sticion cualquiera,
pMpeeialmeute la que pueda referirse d hechos loniunes y gene-
úfales que puedeu ser observados fácilmente por tudos, se
presenta con tal imperio y predominio sobre el pueblo y tanto
se repite por él, que llega a la categoi-la de creencia indu-
dable, produciendo en el individuo supersticioso una preocu-
pación ó monomanía constante acerca del objeto á que las
supersticiones se refieren y obligándole á observar, cual otro
ejcperímentalista, hasta convencerse de la mayor ó menor
eficacia y verdad de las mismas.
Y no deberemos olvidar, según nuestro desauton'üado
parecer, que la superstición existe por la i>ereza é indolencia
del pueblo, que le da valor é importancia por aquello de que
se dice y se cuenta como cierto de unos en nti-os, sin to-
e el trabajo de criticar ni examinar el contenido de la
'Superstición, que admite la miís trivial aseveración al lado
' i\ más notable absurdo, y que disiiensa vaAs favorable Aco-
ida y más elevada iuterpretaciou á la que recoge con mayor
misterio y aparato más complicado. íío creemos, sin em-
bargo, que las supersticiones se sucedan unas it otras síu in-
terrupción y que constantemente se estén formando por el
pueblo andaluz, cuya fantasía exhuberante y privil^iada
imaginación son proverbiales; pues es, en su mayor parte,
algo frivolo y jioco suiíersíicioso: y al mismo tiempo opiaa-
raos que de cuantas supersticiones hemos podido recoger no
hay ni una que deje de contar un largo é importante abolen-
go, y no decimos también curiosísimo, aunque lo pi'esuniimos,
porque supondría exacto conocimiento de él, que es precisa-
(1) NuLibre con que ne lieaigiiH en Amlalui'ia. un ser malo y ti»t-
forme casi lieiupre, que ncechu cncundidü el momcnlo de Ileranw i
loi DínoB, y con cayo nombro lao niudres y nodriíaa logran adormirlo»
y nenltur hub llantoe; costumbre, tn verdud, nuda rHcionol b) cOy
venicmU).
— 25 —
mente el gran paso que hay que dar y para el cual se nece-
sitan muchos grados de ilustración y talento. Sí, ¡qué cu-
rioso, repetimos, qué útilísimo sería el conocimiento completo
de la historia de las supersticiones, sorprendiéndolas en el
momento de su formación, estudiando cuantos elementos fue-
ron precisos para originarlas, siguiéndolas en su camino y
tramitaciones por razas, pueblos y países, observando las
modificaciones y trasformaciones que hayan experimentado,
verlas generalizadas entre el pueblo que las acoge y les presta
fé en sus manifestaciones intelectuales y, sin abandonarlas
aún, recogerlas y ordenarlas bajo un plan metódico y razo-
nado, que sería el coronamiento de tan gran obra, debido
pura y exclusivamente al desarrollo de la nueva ciencia lla-
mada Fole-LoreI
Y este estudio lo consideramos importantísimo, volve-
mos á repetir, aun á costa de hacer este asunto indigesto,
pues abriría extensos horizontes á la ciencia y suministraría
datos numerosos para formar, con ayuda de otros, una base
firme al conocimiento histórico, al psicológico y quizás al
antropológico de una raza ó de un pueblo. A mayor abunda-
miento, el historiador, el naturalista, el científico, encontra-
rían abundantes materiales para sus investigaciones, concre-
tándose cada uno á la serie ó clase que de ellos le pertene-
ciera. Esto nos sugiere una idea que estimamos oportuna
para un método de clasificación accidental, que se organizase
mientras se formaba otra verdaderamente científica. Aparte
de otros métodos que se originasen por los distintos objetivos
que pudieran encontrarse en las supersticiones, tal vez se po-
drían clasificar agrupándolas separadamente, con arreglo á las
distintas materias ó ramas científicas á que se refiriesen, al-
gunos de cuyos grupos, por ejemplo, los formados con las
relativas á la medicina y astronomía, pueden constituir
desde luego, por sí solos, clases distintas y bien deslin-
dadas de las demás, para su diferencia y su estudio particu-
lar (1).
(1) Apuntamos con reserva este parecer, á falta de otro alguno, y
advertimos á nuestros lectores, que no le damos más valor que el que
pueda tener una simple tesis sobre un estudio que ahora comienza y
sobre el cual nada han dicho todavía los hombres más eminentes en
este género de trabajos, indicando con su silencio lo difícil del asunto y
lo temerario que sería el tratarlo por quien careciese de extensos co-
nocimientos.
u,
Al apuntar algunas oljMervaciones sobre la coleccío
(le supersticiones populares andaluzas que nos proi)onetiiog í
foiiimr, debeiuos dar principio declarando que la importante
rolemon del Sr. Consiglieri Pedroso, cuyos vastos conocá-
mieiitos y erudición en esta clase de estudios esUu suficiente-
mente acreditados, nos ha servido de modelo, eu su forma y
disposición, para hacer la presente.
La obra del ilustre profesor de Historia (1), subdíviiüda
en cuadernos numerados, sujeta A un plan científico, en la
(jne aparecen sucesivamente cuantos elementos contribuyen á
U formación de la mitología, popular portuguesa, y obra que
revela nu gi-an conocimiento en el estudio de la ciencia po-
}«Iar, es una preciosa colección, un rico caudal de materiales,
tn ti6\o para cada estudio particular, sino también para el
wíDJBUto que se contiene en los estudios populares. Dada la
Tarledad y riqueza de los elementos necesarios para la i-econs-
meána de una mitología popular, variedad iKírfectamente
fOntada en la manera misma de expresarse el pueblo, lógico
¡unce que sean varios los tratados, en los cuales se hayan de
Mj Miir. que se ocupen de la recolección y anotación de ma-
J0IIJ,- que tiendan al total conocimiento de aquélla. Así,
jH- to cuadernos i\'. v y vm, se destinan por el autor para
^ifanMwr. en variado y rico conjunto, aunque nó ordenado
jt ftirfl'"'" quinientas quince supersticiones populares por-
^i^^K. que hasta el dia ha dado A luz y cuyo utimero irií
^uiiitfr finc£s¡vaniente.
Btirt5i«ira parte, iremos publicando los materiales re-
I i U sección une nos ocupa, A medida que los reco-
, üf Ws <lel pueblo mismo, los cuales numeraremos y
nsniM para mayor claridad, sin olvidar en la exposición
^^ seadllo" y de relación que sea fácil establecer,
" lliwnnn manera se crea que pretendemos clasificar
t3«lreputadoprofesorlisboneusenoha intentado
^f ana base de clasificación para las snpersti- J
b ft atender cou su elocuente silencio no sólo lo J
n urna myIMngia popular porlui/tteta. Vorto. |
^j_^V'aJi pulilipinlofl 10 niinlernos.)
— 21 —
difícil del asunto, sino también lo importante y útil en estos
momentos para el estudio del saber popular, que es precisa-
mente el recoger y allegar cuantos materiales existan refe-
rentes á esta materia, antes que desaparezcan (1), ¿con
cuánta más razón y motivo retrocederemos nosotros ante una
empresa encomendada al concurso de todos y cada uno de los
hombres de ciencia, que necesitan concluir la obra de recopila-
ción y anotación antes que la de clasificación razonada?
El entendido mitógrafo que dice sigue los pasos de
Grimm, Wutke, Grohmann, Liebreclit y otros, escribe á la
cabeza de su colección de supersticiones: «Hay, sin embargo,
cierta categoría de estas creencias, difícil de someter á una
clasificación rigorosa, por no referirse directamente á ninguna
de las grandes creaciones de la fantasía popular, sino que apa-
rece, por el contrario, enlazada con los hechos más triviales'
y prosaicos, por decirlo así, de la vida humana, representando
apenas una manera especial de considei'arlos en sus relaciones
con nuestra individualidad. Este orden de supersticiones, im-
portantísimo para el estudio de la psicología de las razas,
obedece en un gran número de casos á las mismas leyes de
trasmisión de pueblo á pueblo y de trasformacion dentro de
cada grupo, que encontramos en las supersticiones propia-
mente míticas.»
Semejante alguna de las misiones científicas del Folk-
lore á otras de las ciencias naturales, que necesitan una
referencia fidedigna y exacta de los hechos y descubrimientos,
habremos de cumplir con ella, exponiendo los materiales reco-
gidos tan exacta y fielmente como puedan encontrarse en la
fuente misma de donde los tomemos. Mas, como el trabajo es
árido y difícil y la actividad de un hombre solo no basta para
llevarlo á feliz término, llamamos en nuestro auxilil) á todos
nuestros ilustrados consocios, cuyas advertencias, consejos,
rectificaciones y concurso serán para nosotros de grande uti-
lidad. Y terminaremos repitiendo con el Sr. Consiglieri Pe-
droso: «Entretanto, parécenos que nada se pierde con la publi-
cación inmediata de estas costumbres y creencias, que, más
tarde, podrán aparecer sistemáticamente clasificadas.»
(Se continuará.) Alejandro Quichot.
(1) No dejaremos también de incluir aqueUas otras supersticiones
que se encuentren ya recogidas en los monumentos escritos, siempre
que no haya lugar á duda respecto á su procedencia y copia y se con-
sidere como útil ó notable: para eUo indicaremos escrupulosamente el
lugar de su procedencia.
— 28 —
MISCELÁNEA
^^\/%^\/VV\/N^
COPLAS
(CONCBPTO POPUI^AR DB SALOMÓN)
1 Todos los sabios der mundo
Bengan á toma lersion,
Porque tengo yo un librito
Que me lo dio Salomón.
2 Dijo er sabio Salomón
Que una gotera contina
Ablanda un duro peñón.
8 Salomón, con ser tan sabio,
Le preguntó al rey Dabi
Si amor que pasa d' un año
Habrá criado rai.
4 Dice 'r sabio Salomón
Qu* er qu* engaña á una donceya
No tiene perdón de Dios
Si no se casa con eya.
5 Dice 'r sabio Salomón
Qu' er qu' engaña á una mujé
No tiene perdón de Dios
Si no la engaña otra bé.
6 Por cosiyas que me digan,
Yo no m' ofendo ni agrabio;
Tengo yo más güen sentío
Que Salomón con ser sabio.
7 Para rey nació Dabí,
Para sabio Salomón,
Para yorar Jeremías
Y para quererte yo.
8 Dabi nació para rey.
Para sabio Salomón,
Para galán Gerinerdo
Y para adorarte yo.
— 29 —
9 Salomón, con ser sabio,
Nunca ha podido
Desunir dos amantes
Que están unidos.
10 Me fí á yorar una pena
T me dijo Salomón:
cLo que no tiene remedio,
Orbidarlo es lo mejó.» (1)
REFRANES LOCALES ANDALUCES
1 Quien no ha visto á Sevilla, no ha visto maravilla.
2 Adivino de Marchena, puesto el sol, el asno á la sombra queda.
3 De Osuna, ni la luna.
4 De Morón, ni el sol.
6 Olvera, ni por la vera.
6 Ni güey de Monda, ni hombre de Bonda.
7 Granaino, ladrón fino.
8 De Antequera, ni mujer ni montera; y si ha de ser, más vale
montera que nó mujer.
ADIVINANZAS INÉDITAS
Arasquin, que vengo de zumba;
Que crio á mis hijos sin pelo ni pluma.
Arasquin, que zumba y aprieta.
Que crio á mis hijos sin pluma, ni pelo, ni teta.
(La abeja.)
(1) Véase además la siguiente preciosa copla del inspirado poeta
popular Balmaseda y González (Primer Cancionero de Coplas flamencas
populares, según el estilo de Andáluda, Sevilla, 1881):
Nadie diga en este mando
<No necesito consejos:»
Salomón, con ser tan sabio,
Murió de un niño aprendiendo.
Á mayor abundamiento, traduciré una anécdota popular de Salomón
contada por una mujer de Torres Yedras (Portugal^ y publicada por
F. Adolpho Coelho en su curiosa Revista d'Ethnologta e de Glottologia,
fase. Yi, pág. 207:
<E1 sabio Salomón — dice — era tan sabio, que cuando iba á observar
los astros se subía sobre una hoja de papel para verlos mejor. Un dia la
madre de Salomón tiró el papel sin que él se apercibiera; y cuando éste
fué al sitio á observar los astros, dice: <0 el cielo se ha subido, ó la tierra
se ha bajado. >
— 30 —
2 Soy abe que buelo;
Tengo dos hijas hermosas;
La una, por frágil,
Todos la gozan;
Y la otra, por justa j penitente,
Adora á Dios continuamente.
(La abeja, la mid y la cera,)
8 Ni tengo ni tube madre;
To mismo maté á mi padre
Y soy de condición tal.
Que tiene pena e la bida
£r que yo yego á mirar.
( El basilisco.) (1)
4 De tos los cuatro elementos
Soy formado como Adán;
En donde quiera que hay gente
Tengo puesta mi posa.
(El cántaro.)
5 Bicho, bichongo,
Gome por la barriga
Ye... por el lomo.
(El cepülo de carpintero,)
(1) Es arraigada creencia la de que el gallo cuando tiene siete afioa
pone un huevo, del cual sale el basilisco^ fiera sabandija que mata con
sólo mirar. Hay una copla que comienza:
Si yo fuera basilisco
Con la vista te matara, etc.
De ésta preocupación burlábase Quevedo (El Parnaso Estpañol,
Musa TI, rom. xxiu), diciendo entre otras cosas:
Tú con el agua que bebes
No matas la sed prolija;
Que tu sed mata las aguas.
Si las bebes ó las miras.
Si está vivo quien te vio,
Toda tu historia es mentira;
Pues si no murió, te ignora,
Y si murió, no lo afirma.
£1 P. Martin del Rio trata del basilisco en sus Disquisitionum
magicarum, lib. i, cap. ui, quest. iv (Lugduni, 1608).
— 81 —
De la tierra salí
Porque el hombre se apoderó de mi;
Un hermano me pegó
Y el ser que tengo me dio
Y desde entonces
Paso la vida pegando golpes.
(El martiUo.)
Siete puñalitos tengo
8in ser la Madre de Dios;
Tengo corona de espinas
Y no soy Nuestro Señor.
(La rosa de pasión,) (1)
TRES CIIENTECILLOS POPULARES RECOGIDOS EN OSDNA (2)
I.
Diendo (8) er Señó con San Pedro po un camino alante, le pre-
guntó er Debino Maestro:— «¿Cuár clase e fruta es la que te gusta
más de toas?B San Pedro de güeña gana hubiea dicho que las ubas;
(1) Una copla:
Mira una rosa e pasión,
Cuéntale siete puñales,
Una corona d' espinas
Y tres clabitos mortales.
Esta flor es la pasnflora ccBmlea, conocida en Sicilia con el nombre
de ciuri di passioniy y en la cual el pueblo español, como el siciliano, ve
los emblemas de la pasión de Cristo. (V. IHtre, Spettacoli efeste pop,
sicil, Palermo, 1881, pag. 211.)
(2) Conservo cuidadosamente la dicción de los narradores, cam-
pesinos de mi pueblo natal, y me abstengo de imitar, verbi gratia^ á
D. Antonio de Trueba, que adorna con los encantos de su buen ingenio
las producciones populares y las amolda al gusto de los lectores no folk-
loristas. Practico, pues, el consejo del sabio orientalista y mitólogo Max
Muller, quien decia al ilustre Pitre, en carta publicada en el Archivio
per lo stndio delle tradizioni popolari: *Líí novella dovrebbe darsi, per
quanto é possibile, colle ipsisHma verba del narratore. >
(3) Diendo, por yendo. Respecto á los fenómenos fonéticos del ha-
bla andaluza, se debe de consultar, más bien que un ligero apunte pu-
blicado por mí en La Enciclopedia^ año iv, 728-731, la docta monografía
del ilustre profesor Schuchardt, Die Cantes flamencos^ Halle a /S., 1881,
págs. 54-73, amén de los valiosos trabajos que sobre Filología vulgar
está publicando en esta revista mi sabio paisano el Sr. García Blanco.
El Sig. Francesco d' Ovidio, autor de una excelente Grammatica Spa-
gnola, díceme en afectuosa carta que en una nueva edición de su obra
agregará un capítulo sobre el lenguaje andaluz. Mucho bueno puede es-
perarse de tan ilustrado profesor.
WlholDgll UlUililllll <
ALGUNAS SITERSTIÜONES Y CREENCIAS POPIILARES
RELATIVAS A LA HOCHE Y AL DÍA DE S. JUAN
POR Z. CONSIGLIERI PEDROSO
criiHf> svrK.hi
Gracias á la ¡mporUiicía qne en estos últimos tiempos ha Ad-
quirido en mitología oomparmú la celebre bipóteaía, conocida en la
cieucia por el nombre de iteoria solar,» es innecesaria recordar aqni
el papel importante que el sol, en sus diversas relaciones con la
tierra, tía ejercido en la actividad intolootual de nuestros mas le-
janos antepasados, no sólo de la rama artu, sino que también, más
■>mt'no8, do todas Ihs dcmus fitmilias humanas. Aparte do las mu-
días exageraciones do la afamada teoría ó, por lo menos, de algn-
nos de sus más osados adeptos, la determinación de esta intlnam»
— ag-
es un hecho positivo, adquirido para el peculio de nuestros conoci-
mientos, y de un serio valor cieutifíco, encerrándolo en sensatos
limites. No nos parece razonable explicar todo, aun lo que no tiene
explicación en el estado actual de la ciencia, por el mito solar (1).
En cuanto á nosotros, este proceso, en demasía cómodo y expedito
en un gran número de casos, necesita para ser aceptado justificarse
por la filiación histórica, único criterio seguro en esta clase de in-
vestigaciones; pero esto no siempre acontece, como saben nuestros
lectores. Ahora bien, que no seamos de los que hallan evidentes to-
das las explicaciones hoy presentadas, no quiero decir que rechace-
mos aquéllas que realmente lo son: asi, pues, estamos plenamente de
acuerdo al convenir en que los dos movimientos aparentes del sol,
— el de rotación y el de traslación— y los fenómenos terrestres que
son consecuencia de estos dos movimientos, habiendo tenido una
importancia capital en la existencia de la humanidad primitiva,
forman el fondo de muchos mitos, de muchas leyendas y de mu-
chos usos, perfectamente adecuados al medio que los produjo y
decaídos hoy en incomprensibles y, aún á veces, absurdas y ridi-
culas supersticiones.
Asi, nuestros bellos cultos á la naturaleza, que representan un
sub-suelo de gran consistencia en relación á muchas creencias y
usos actuales, las ceremonias que simbolizaban el giro de las esta-
ciones, y que á su vez simbolizaban en la imaginación del hombre
primitivo el drama cuotidiano de la lucha entre el dia y la noche,
ocupaban un lugar preeminente, diremos más, casi exclusivo. De
ahí, naturalmente, dos grandes celebraciones ó fiestas populares
(mejor sería llamarles luniversales*): la saUda del invierno, estoes,
la llegada de la primavera, del verano, de la estación fertilizadorapor
excelencia, y la salida del verano, esto es, la llegada del invierno,
de la estación del estupor, la época de la muerte de toda la natura-
leza. En algunos puntos esta doble celebración dábase todos los
dias. No hay mas que abrir el Eig-Yeda, y á cada paso se tropieza
alli con las jubilosas exclamaciones del aria á la aproximación del
sol naciente que trae á la tierra luz, fertilidad y vigor, y con las
tristes despedidas, expresión de fúnebres presentimientos, que, pa-
sadas las horas, envia al astro del dia, pronto á perder sus dorados
rayos y á comenzar su peregrinación nocturna.
La época de la celebración de las dos fiestas anuales varía
según los diversos pueblos, pero oscila alrededor de dos puntos
extremos que representan los dos puntos de transición— el solsti-
cio de verano y el de invierno — coexistiendo además al lado de
éstas, pero con un carácter secundario, fiestas populares referen-
tes á las diversas posiciones intermedias, que cualquiera de las
principales arriba mencionadas conservaba en los diferentes pue-
blos. Asi tenemos la fiesta de Mayo, el miércoles de Ceniza y la
muerte del invierno, tenemos fiestas de otoño, etc., etc., peroapé-
(1) Cf. mis ensayos críticos — 1 — La t mitología de las plantas > de
Angelo de Gubernatis.
A U de Jcsuraleii
y te yebe y te traiga con bieu
A tu casa. Amen. (1)
Sar, raarUita raniya,
Der cuerpo der güey.... (2)
Der cuerpo ar cuero;
Der cuero ar pelo;
Der pelo ar cuerno;
Der cuerno á la mar.
Disen las hijas d' Abran
Qu' esta mardita rauiya
Argiiey.... no lo ilará más (S).
(1) Esta fórmula, recogida en Almárgen (Málaga) por iiii nmigo^
Sr. Cuevas y García, ae reeits para que no ainexca nuda dcsHgradabí»
al amigo ó pariente que ae auHenla.
Una oración portuguesa, análoga en foniia é idéntic» en objeto, pu-
blicada por Coelho en el Zettschrift fur rUHianiíichfn riiitoloyie. Bd. m,
163:
A'arvore de Nobbo Senhor vas enooatado,
A' virgem Noaaa .Senhora ablegado,
Cora o leite de Koaaa Senhora váe borrifado,
Coin as armas de lí, Jorge váa armado^
Eu te entrefco á luí
E á 8Ua gantisaima cruz,
E ao reí da virgjndade,
E í Santiseinia 'IVindade,
E áSao RoDiao,
Que estA fóra e dentro de Koma.
Que te livre do dia e da noite,
E d' flguBS crirrenles.
De fogoB iirdent«H,
I^inguas de nitlB gentes,
De todoloB ma!i?8. Amen.
(Fot do Dauro.)
(3) Aquí el nombre de la res.
(s) Conjuro para curar de la raniya al ganado vacuno. La ranina,
contra lo que pudiera inducirse del nombre, no es un animal, aino una
enfermedad parecida á In que los veterinarios llaman baccm. En Osuna,
en donde he recogido esta curíoaa fórmula, tienen gran fé en ella muchos
ganaderos y boyeros y aseguran que no hny mi^moria do que haya
muerto de esa grave enfermedad res á la cual se hayan dedicado tan
extrañas palabnis.
También suelen dar cotnienKO á este conjuro saludando d ía
en esta forma:
ntlenaa tardes, seftd raniya.
¿Cómo está la eefiá runiyaV
Creo estas palabras el principio de
recuerdan otra cosluinbre supersti '--
ina versión distinta. Elisa u»
superBiH'iosa que suele practicar la gente del
luiim infalible remedio para las fiebres tercianas. El pacieiits
lu mata de torvisco y la saluda oomo A una porsoni^ y dwipilM
— 36 —
TROVO
(DK ElL CBRRO: HUELVA)
Á tn puerta me senté
A dibertir mis pesares,
Por ber si puedo saca
Los mandamiento* en cantares.
En el primer mandamiento
Me manda Dios que le ame;
Yo le amaré, perq á ti
Después de Dios, que eres ánge.
En el segundo, he jurado
Á Dios y á su santa Madre
De no olvidarte yo á tí,
Aun cuando tú me lo mandes.
de preguntarle por su familia etc., le dice: — cHa de saber usté, señó tor-
bisco, que tengo unas tersianiyas y bengo á dejarlas; de mó que ya lo
sab' usté. > Esto dicho, le da una soberbia paliza, se retira y, después de
andar quince ó veinte pasos, vuelve á acercarse al torvisco y le dice:
— < Conque, señó torbisco, ésta ha sio la primera; como no me se quiten
las tersianas, güerbo y se ba usté á 'corda. > De Ronda (Málaga) y de £1
Cerro (Huelva) me han comunicado Idéntica superstición, con la dife-
rencia, respecto á este último pueblo, de que es una zarza lo que se
busca y no es indispensable que vaya á saludarla el paciente mismo (*).
Antigua es tan extraña costumbre, que más de una vez condenó la
Iglesia. En la pág. 17 del Arte de bien confessar, ansi para el cdfessor
como para el penitente, hecho por el reuerendo maestro Pedro Óintelo
(Toledo, Ramón de Petras, 1625), se lee lo siguiente: < Pecan los que ha-
cen remedios contra el mal de ojo que dicen, y para sacar el sol de la
cabeza, y para sanar el mal de bazo llamado aliacán, ó los que miden
la cinta, ó hienden la zarza ó sarmiento para sanar la fiebre *
En una constitución sinodal del obispado de Evora (1534, xxv, 1),
citada por Coelho en un curiosísimo artículo sobre etnografía portu-
guesa, que publicó en el Bbletim da Sociedade de Geographia de Lisboa^
se leen estas palabras: <Outro si defendemos que nenhfia pessoa passe
doente per silva ou machieiro: ou per baixo de trovisco ou per lameiro
virgem.»
Volviendo al ensalmo que originó esta nota, sólo diré, para termi-
nar, que hay noticia de otros distintos, conducentes á análogo objeto.
En el fol. 2 de un MS. en 4.^, letra del siglo xv, citado en el Ensayo de
una biblioteca española de libros raros y curiosos, formado con los apun-
tamientos de D. Bartolomé José Gallardo, se halla esta receta: «Para
que no se muera el ganado. — Escribe este salmo e léelo siete veces
sobre agua bendita e rocia el ganado con ella, e beba della. LaiuUite,
pueri, Domini, laúdate nomen Domini.y
(*) También son coriosisiinM— 7 las daré A oonooer en la primera oportanidad— otrai
fórmnlaa enratiTas raperatícioflas de que me han remitido Amplias notieias, de Fregenal 7 Qna-
daieanal respeckiramente, mis queridos amigos D. Luis Homero 7 Eqpinuaa 7 D. Juan A. Tone.
- 43 ~-
jrjamosla ilusión de que !a lectura del Romancero h
influido por mucho en la dirección que hoy lienen los estudios
del ilustre conde de Puvmaigre.
Sus últimas obras thants po^ulaires recueilUs dans te pays
Messin, y el Romancciro, choix de vieux ckants portugah
vienen á confirmar nuestro aseno. El autor ha querido continuar
en los cantos populares de otros países la serie de observaciones
en su ánimo nacidas con la lectura de nuestros romances; ha
querido ampliar sus teorías, comprobar sus asertos, generalizar
la comparación extendiéndola y con bastante claridad nos lo
dice en la interesante introducción que precede á su obra,
Asienia como innegable verdad, hija de profundo estudio y de
erudición copiosa, que uexisien entre la poesía popular y la
npoesíaartísiica diferencias tales, que su fusión es casi impo-
«sible, y que lo que en propiedad pertenece á la primera, la
seleva mucho sobre las combinaciones artificiales y sobre los
BVuelos de la segunda.»
Enteramente de acuerdo con el ilustrado auior en la pane
íundamcnial de su axioma, no lo estamos, ni creemos sea
exacta la consecuencia. Pero no es una reseña como la que ira-
zamos lugar á propósito para controversia de opiniones. Báste-
nos consignar que la diferencia de nuestra apreciación consiste,
en que si bien juzgamos casi imposible la fusión de ambas
'manifestaciones, no podemos admitir preferencia entre ellas;
y aunque pocos, hay en nuestra historia literaria altos ejemplos
de su (eliz consorcio, que patentizan cuánto avuda el ane
haciendo resaltar las bellezas de la tradición popular y de que
manera en la forma sencilla y natural en que el pueblo se
expresa lucen también los más delicados conceptos artísticos,
y aun los científicos y filosóficos.
Pero concretémonos al libro. Cuarenta y un romances
forman la parte principal del trabajo del conde de Puvmaiere;
y como nuestro gran Cervantes dejúconsignada ladiHcuUad
que presenta siempre el traducir poerfías, y entre todas ellas
las de carácter popular son las que ofrecen mayor imposibi-
lidad en la traslación, cualquiera puede comprender cuánto
sei^ el trabajo, cuánta \a inielig:ncia del traductor que, re-
duciendo á prosa los romances portugueses, ha sabido conser-
varles el carácter, el giro, hasta el sabor, si es permitida esta
frase, que tienen en el original. Era preciso proceder á un mi-
nucioso cotejo para justificar esta ahrmacion. Los que lean cl
libro del conde de Puymaigre no necesitarán la demostración,
aunque desconozcan los romances portugueses; porque basta
connotar el diverso colorido, la distinta entonación de cada
uno, para comprender que se les ha conservado cl ■
que en sus originales los avalora v distingue,
Compárese cl romance XIV Florde Marilia con el ]
Nuestra Señora de tos Mártires y con el XXXV Don Duai
y FtériJa, y se conocerá !a exactitud del traductor y al J
— es-
pió tiempo la gracia, la verdad con que ha sabido asimilarse
á las poesías que traduce. Y no citamos éstos porque sean
los más notables, sino por ejemplo y nada más; pues todos
tienen las mismas relevantes condiciones.
Bellísima es la traducción del último romance XLI,
Bernal Francés ^ y por demás oportuna la del poema de Al-
meida Garret sobre el mismo asunto, pues asi puede compa-
rarse cómo sienten nuestros poetas contemporáneos los acentos
de otras épocas y de cjué modo el arte, cuando sabe apode-
rarse del carácter tradicional, lo embellece y avalora y da mayor
importancia.
Pero la última parte del Romanceiro es para nosotros la
más interesante. Ha buscado el poeta los romances españoles
<jue versan sobre asuntos portugueses y los ha traducido con
Igual prolijidad y esmero. Todos tienen carácter histórico,
aunque estén distrazados los nombres y reducidos los hechos,
según las condiciones que exige la narración, y forman un
precioso ramillete que viene á ser complemento de la obra
principal, nacido de su propio asunto.
Es un libro alhaja el Romancero de antiguos cantos
portugueses. No basta esta ligera descripción para conocerlo.
ts necesario leerlo por entero; leerlo con el ánimo de estudiar,
como lo hace el conde'de Puymaigre, el carácter que toman
los sucesos históricos al pasar por la imaginación del pueblo
y recibir de él la forma popular; carácter que se diferencia
esencialmente según el de la raza, el de la nación, hasta el
de la localidad que acepta la tradición ó relata el suceso, y
que por eso hace tan interesante el estudio comparado del
saber popular, cuya verdadera importancia se comprenderá por
todos al conocer libros como los del conde de Puymaigre, donde
tanto resalta y á tanta altura se eleva.
J. M. ASENSIO.
^CLje^T^3ít::5X:$L:
NOTICIAS
Como habrán visto nuestros lectores, damos el lugar de preferen-
cia en este número, al curioso trabajo del señor D. José María Mon-
toto, proporcionado para la Revista por su señor hijo D. Luis, nues-
tro distinguido amigo y consocio. Al expresar nuestra complacencia en
su publicación no podemos menos que hacer patente nuestro senti-
miento por la pérdida del que fué en vida modelo de honradez y pro-
bidad, erudito autor de la Historia del rey don Pedro I de Castiüa y
— 44 —
escritor castizo y laborioso. Creemos será loido con agrado el artículo
inédito Un adagio^ el último, quizá, que fué debido á la pluma del dis-
tinguido literato, á quien rendimos hoy esta sencilla pero verdadera
manifestación de respetuosa memoria.
Damos las más expresivas gracias á toda la prensa por la benévo-
la acogida que ha dispensado al primer número de nuestra publicación,
y muy especialmente á La Andalucia y El Alabardero de Sevilla, á El
Porvenir de Madrid y á.El Eco de Freijenal^ por los extensos y bien es-
critos artículos que han dedicado á nuestra Revista. También quere-
mos manifestar aquí nuestro agradecimiento al Atheneum de Lon-
dres, por las galantes frases con que ha dado cuenta de Kl Foijc-Lobe
AXDALUZ.
El Sr. Presidente de esta Sociedad ha recibido un atento oficio de
la Academia Española, acusándole el recibo del primer número de nues-
tra Revista y dándole las más expresivas gracias por esta deferencia.
•í'
Según cartas recibidas de varias provincias de España y de nuestros
socios honorarios, nuestra Revista ha sido recibida con gran aceptación
y señaladas muestras de aprecio entre los hombres científicos de todos
los países; habiéndonos manifestado ya deseos de obtenerla en varios
puntos de Portugal, Italia, Austria, Francia, Alemania y los Estados-
Unidos.
Los distiguidos mitógrafos Alessandro D'Ancona, Reinbold Kóhler
y Gherardo Nerucci han favorecido á nuestra Sociedad con el regalo
de las obras siguientes: La poesía popolare italiana^ studi di Alessandro
D'Ancona, Livorno, 1878. Un tomo en octavo de 476 páginas. — Le fes-
te di San Oiovanni Battisfa in Firenze, poema anfica, por el mismo
autor, Pisa, 1882. — Un curioso trabajo sobre la fórmula Sator arepOy
por el sabio bibliotecario de Weimar. — Cincelle da Bambini, in nella
stietta parlatura rmtica d' i' Móntale Fistolese, sentute arracontare e
jio distendute 'n su la carta, da Gherardo Nerucci, ' Pistola, 1881. Un
tomo en octavo mayor de 113 páginas, y Roemisch und Romanisch ein
heitrag zur sprachigeschichte, por Franz Eyssenhardt, Berlin, 1882. Un
tomo de 200 páginas.
Damos las más expresivas gracias á los señores remitentes y pro-
metemos ocuparnos do sus interesantes trabajos en la sección res-
pectiva.
También hemos recibido, en cambio de nuestra publicación, el Bo-
letín de la Institución Libre de Enseñanza de Madrid, Lo Gay Saber,
— 45 —
de Barcelona, ]& Revista de Asturias de Oviedo^ Revista Gertmínica de
Literatura, Artes y Ciencias (escrita en castellano), de Leipzig, el
Ath^iieum de Londres, Reúne des Langues Romanes de París. La
mayor parte de estas revistas publican trabajos relativos á litera-
tura, y tradiciones populares, de los que haremos mención en tiempo
oportuno. Asimismo han correspondido al cambio algunos de los pe-
riódicos dirigidos por nuestros consocios honorarios de las provincias
andaluzas.
H distinguido profesor de la Institución Libre de Enseílanza, Sr.Don
Joaquin Costa, nos ha remitido una preciosa é interesantísima variante,
recogida en el Alto Aragón, del romance cantado que publicó Demó-
Jilo en la Miscelánea de nuestro número anterior. A la mencionada va-
riante enriquecen algunas juiciosas y atinadas observaciones respecto á
ía generalización de estas producciones durante la época feudal. La de-
licada atención del Sr. Costa contribuirá á poner de manifiesto el verda-
dero sentido práctico de la sección nombrada ilfÍ8C<?/án<?a, almacén de
materiales y datos, llamado á ser, en su dia, fuente de extensos artículos
y prolijas disquisiciones.
*
* *
Ejemplo elocuente del poderoso auxilio que pueden prestamos
nuestros inteligentes labradores, es, sin duda alguna, el que han dado
los Sres. D. José y D. Francisco de Gracia, del Saucejo, remitiendo á
nueatro querido amigo el Sr. Machado y Álvarez, una extensa lista de
.08 nombres de los sitios de aquel término municipal, ])ara coadyuvar al
importante pensamiento del Mapa topográfico-tradicianal, á que se re-
^'"^ ol segundo artículo de este número.
*
* *
• . X-»a Academia Nacional de Letras populares ha declarado su órgano
jty ^^irio á la revista quincenal que se publica en Madrid, con el título de
' ^^ f^eriguador Í7niíw8a/, bajo la dirección del Sr. D. José M. Sbarbi:
j| I ^^ xiúmero de dicha revista, á contar desde el correspondiente al 16
pg^ l^^isado Febrero, viene dedicando una de sus secciones á la clase de
gj^^^^^ios á que la mencionada Academia piensa consagrar su preferente
*
* *
j¡j^ , -R/ Folk'Lore Extremeño, hállase, á lo que parece, próximo á cons-
^Yi-J^*,?"^® definitivamente, según nos indica El Eco de Fregenal^ del 1." de
(^_^*X^ con referencia á la Revista Extremeña. Deseamos ver pronto
^'"^rtidos en realidad tan buenos propósitos.
^,^^^^ ^^l Folk-Lore Catalán. Según noticias particulares, esperamos ver
^ ien constituido, en breve, este importante Folk-Lore regional, mor-
ía acción combinada de los Sres. D. Cayetano Vidal de Valenciano y
— 4G —
ÉJoaé Fiter é Ingles. La llunlraciiin ile Biircclonit inviU á bus activos
iteügentea puJsiiiios ¿ la ronuai-ion de aquellu Soriudad, llamad^ fi
er gran iiiiportani^ia, pur lu udelantadus qne ee enüiienUn en Cttt»-
a los estudios do literatura pojiular.
Ln Sociedad dcmnlóijira asturiana, cuyo ejccelente discurso de aper-
tura, debido il la pluma do su digno presidente el üt. D. Antonio Baibin
de Unquera, ha aparecido en los nüineros correspondientes 4 loí días
S y '28 de Marzo y 6 y 19 de Abril de Ui Itustracion Cantábrica, anun-
cia la publicación de una obra titulada Mitología Asturiana, eserita por
el ür. Acevedo. £u su reglamento, inserto en el número uorrespondiente
^'«l 28 de Marzo del citatló periódico, hallamos un articulo, el 1 1', digno,
B^ nuestra opinión, de aceptarse por todas las sociedades onilogas y el
'<-'«Ub1 impone á los quu quieran tomar porte octiva en la Bociedod, el de-
^ ber de presentar un discurso relativo & cualquiera de los cbjetus que
aquella persigue. Felicitamos A la Sm-trilad deniolóyica aaliiriana por aua
interesantes trabajos y el buen sentido que preside ¿ sus determina-
ElFotk-Lore Asturiano. (Le lra> y cienciaa de la QttitílanaJ.^Can ca-
to tfttilo está escribiendo en la Strieta de Aeiwia». el ilustrado publi-
cista Sr. D. Fermin Canellas Seendes, una interesante serie de artiuuloi
sobre la importancia del Folk-Lore de esta región privilegiada, quedara
juicio y ul nuestro, debiera tener su centro en Oviedo, sin peijuicio dft
que la ¡lustrada Socied.id agliiriana fuera la representante gennina, on
Madrid, de dicha provincia, el día en que se formara el griin Folk-LoreE»-
pañol con la representación de todas tas regiones. Al significar nuestra
opinión lo hacemos en la seguridad de que ésta no podrá ser motivo da
rivalidad entre los asturianos de Oviedo y los que residen en Madrid.
l'nos y otros están prestando un gran ser\icio al país con sus generosos
é inteligentes esfuerzos en pn'i du la cultura nacional y á unos y á otros
enviamos, desde las columnas de nuestra humilde publicación, la tném
cordial y siouera eoliorabuens.
El Folk-Lorf Vaero-Nararro. Nos anuncian de Bilbao que niny en
breve quedará constituido en aquella población el Folk-I,ort regional de
las provincias vascongadas. Otro tanto nos comunica el distinguido
m^ico militar Sr. García de la Linde, con relación al Folk-Lore d« Ut
lela de Cuba.
Le diner de ma mere f oie— En el banquete folk-lnrista celebrado
en Porfa en 14 del pasado Febrero, y á que aludíamos en una de los no-
ticias de nuestro número anterior, aceptJ^se por unanimidad la siguiunte
prupusiciun de nuestro amigo el Sr. Machado y Alvarcx.
• l>us fulk-loristas que suscriben, reunidos en ñ-uternal banqutsUi,
rínvitan á todos loi naciones de Europa á fonnor su roBpecÜvu Jbtt-
— 47 —
yLoreyÁ asistir al Congreso internacional, que en la ciudad de París ha
>de celebrarse el 14 de Febrero del año 1884, con el objeto de echar las
«bases del gran Folk-Lore Europeo; sociedad que, á más de los altos fi-
>ne8 científicos que persigue, propónese, dignificando al pueblo, me-
> diante el reconocimiento de su participación en la obra científica, esta-
>blecer el definitivo reinado del amor, la paz y la fraternidad entre to-
ldas las razas y todos los pueblos. >
La única modificación hecha á la proposición, que fué acogida
con general entusiasmo, se debió al venerable decano de los es-
tudios populares en Francia, Mr. Gastón Paris, quien indicó, dis-
cretísimamente, con la aceptación unánime de los comensales, la con-
veniencia de sustituir la fecha del 14 de Febrero por la del dia de San
Juan, celebrado en todas las naciones del mundo.
Con posterioridad á este banquete han debido celebrarse otros dos,
uno en 14 de Marzo y otro en 11 de Abril, donde los folk-loristas pari-
sienses, unidos á los de las demás naciones que hayan querido con-
currir, habrán acordado definitivamente la fecha en que ha de inaugu-
rarse el Congreso.
* *
Á continuación trascribimos el excelente Interrogatorio formado
por la Sociedad demológica asturiana é inserto en la Ilustración Can-
tábrica del 18 de Febrero, en el cual se hace una enumeración completa
y ordenada de las principales materias de que se ocupa dicha asocia-
ción. Al darlo á conocer nos atrevemos á llamarla atención de todos los
aficionados á estos estudios, sobre la importancia de tales documentos,
llamados á facilitar las investigaciones sobre el saber y las tradiciones
del pueblo.
Ué aquí el documento á que nos referimos:
INTERROGATORIO
Asuntos sobre los cuales, los individuos correspondientes de la So-
ciedad demológica asturiana, han de proporcionar noticias, copias^ des-
cripcioneSy etc., remitiendo firmados sus trabajos á la Secretaría de la
misma, establecida en la calle del Príncipe, — 11 — pt'al., Madrid.
Romances populares asturianos no coleccionados. — Diferentes ver-
siones de los conocidos. — Cantares populares. — Copia de los mismos.
Leyendas tradicionales. — Monumentos relativos á las mismas. — Su
descripción.
Refranes. — Colección y copias de los mismos.
Cuentos.
Cosadielles y adivinanzas.
Dialecto bable. — Vocabulario.— Sub-dialectos. — Gramática.
Usos y costumbres. — Bautizos. — Bodas. — Danzas. — Romerías, en
especial la de San Juan. — Vísperas. — Cencerradas. — Carnestolendas. —
Esfollazas. — Filandones, etc., etc.
Comedias y representaciones públicas.
Trajes.
El Conceyu. — Sus reuniones, etc.
Entierros. — Obladas. — Banquetes fúnebres. — Plañideras, etc.
— 48 —
Mitología y eupersticiones:
Un Bal madures. — Saludadores. — BruJHS. — Dueailes. — Ttb^O^I
VentolincB.— Kuberus.— Diaüu burlón,— HugoaoB. — Xiiiina.—Haert
Hueste ó Santa compañía. — Itaqueriniientos y sus fóriniiliis. — Espon
ros.— Lavanderas, — FaiuÜiaj-ea. — Aynlgas. — Pasaron de k muerte
paxaní negru.— Cuevas en taatad as.— Conjuros. — Amuletos. — Cteen-
e¡ as. ^yupereti Clones de todo género. — .Superetidones que hayan de-
jado de existir, etc.
Mediciiin popular
Jvnfi^riiieÜHdes y su nomenclatura balilo.— Sus reiiicUius.-
da ]JOpular. — EnKalnioa.— Cauaus de las euferuiedudt^B, si'gun la cj
oía del pueblo.— Fisiea popular.— Valici ni os ineleorolóficos, '
é7«ci(oí.— De los nifSos.- De los adultos,— De loa o
bolismo do cada uno, si lo tuvieren.
Biúgrafia. — Hijos notablea de cada pueblo, — Su vida, — Una obras
Utt^rarías á artia ticas,— -Sus hochos más notables.
Bellas (a-te». — Monumentos que lia^n relación i, alguna leyenda d
tradición, — Monumentos do origen legendario,
Mi'tsiea. — Aires populares. — Sus distintas variaciones y, si os }>ob¡-
ble, 0u uotaeioR musical,
Madrid 14 de Febrero de 1882,— El Pi-esidontc, A, Balbin de l'n-
qDera,^liOB Secretarios, Ramiro Itlanco, — Faustino Menondet Pldal.
Por la sección, .iLEJAsono Gciumot.
J^D VEKXEISr Oí A.
Suplicamos encarecidamente ao sólo ii. nuestros conso-
cios sino a todos los la.bra.dores, agrimensores, ingenterns
y peritos agrónomos, cazadores y damas personas de esta lo-
calidad y su provincia, que pop su prolusión ü ocupacloa sal-
gan ri-ccuentemcnte al campo ó visiten los alrededores de los
pueblos, se sirvan contestar por escrito A este Intrrrix/aloi ia,
ya en tado.ya en parte, enviando los antecedentes qne pueda»
recoger, a nombre del Secretario de El l'oi,iil.ci]ik Amuii.i'x, callr
de O'Donnell. nilm. 23, Sevilla. De cuantos datos senos remi-
tan, daremos cuenta oportunamente en esta J^'W^rn ó ea onaI~
quiera otro periódico de esta capital.
ANUNCIOS
tUmfnvrionM fobre ta PoMa jmiMilar, p« 1). Uautiel UÍU f
Pt" ontiHuils.— Bíiroeloíia.— Uu lomo.— 1868.
ttúmanreriU., faialan, por 0. Jlnuad Mil» y Fimlnuals.— Bnr-
[ eolcFB».- üu U.1Í10.— 1868.
fiia fnfular ni<a¡lul<i >/ miloi,ui¡a •/ Ulm-nK-ra ftti>-hi>¡iana».
I porD. Jiiaquiu CosU, profesor de ú UyiUnñxn lil.i-f.—Va tomo
\ va 4.»-Pug8. (VIIJ, 500). ^Madrid, IftSl.— 5U r^.
./wan lií/ l'Hrblo, hífituria nmnrosa ]iopaI»r, ordenada ¿ ilns-
I trulla, pnr F. Rodrígnes Uarin, sociu fncnltnttvo dol t'iÁk-lan Ai-
I rfflíu;.— Eii 8.'— Tflpágs.— Sevilla, Franciaoo Alvaros y C.', edi-
¡ tores.— 1H82.
Cítif." i-xmrfm^oi ¡Kipiitam, por F. Kulrignoz Mnrin, «ocio
uteuUntivo del Folk-lMfe Ait'latai. —i]n ciif>>lcrnri de II paga.—
'kvilla, irapreuta do Garlos María Sao tigiisu.— 1861),
■I evtHl^n ¡iiDuIaT/-!! f!t¡iañt>lrt cont«nidoa oii las prodiicdunos
Idrarantioaa de Óulderon de In Bnrcn, Tir^o do>M<ilinii, Aliircnu y
"UoMo. OOIJ uu(-i4 y biogritfius, pnr Mtiiniiil Jnnr-nes HurUkdo,
looio £loulUltivo del Futk-Liirr .íni/o/ii:. — Suvillii. Biblíotei:* oiuu-
lüfico-literAria. -1881.- Un tomo eii B."-8()U pags.~HI rs,
(Juln^-iim Jf Hni'jinan i/ Aiíiriiiaa:iu, por Dsmnfílt), Buoiir fncul-
¡TQdet /-WA-í/írt .Ih./«/hí. — Un tomoeii B.' — l';iga. 4flB.— Se-
Vill», impreiitii de Biildar»i|no.— 18H0.— 8 pc-sctas.
Ci-lri-i-Mn ilf lantn Huiiim/-»». por Díimifilo, Bocio fncnitutívo
f-ánl ¡■'•il/.-L.,rf -huUíiii.~\Ja tomo euB.'-Pngs. XVIll, 200.—
fio villa, iiiiprontnde /.'i V-Tmiir. — 1881.— Unu pusHu.
Ztf tilteralure» pii¡i4ilalra df tiiiam Ita M'ifMiw. — Ctinmiiintii
¡TDlttiuea petit iu-8 ••□u. ¡lupriDiés nvec grand noíd sur pApier vergó
fdiís VaS{;eBá U cnvG, [abriqué epí'cíaloiaunt poiir «¡eltu oulleution ¡
[Qearonti. lettres orní-Hs, litros roii^e et nuir¡ tinige u ¡xitit nombro.
r£i/irn/« /"liítM.— Vu], I.— P. Sébillot. Ulüralare oral» tlr ín
iliítuu-ltrrinipie. 1 vi>l. de xu et 4ÜJ pp.. ttv. moiiique.— Precio,
í fr. 51).— Vñl. U-UI.-F. M. Lizti- !^ni,lrt chMÜnna <U la
\jíaÉ»é.I¡Trta-jn*. 2 ToL de xi. a03 vt 378 p»gC!i.-Prü(;Ío. 15 ír.—
JVol. I\'. — ti. Maspeeo. Ln Contri ¡mpulaim de )' Kngplt anrimur.
I Tol- de uxxx ol 225 pflRpB,— Preoí». 7 fr. 60.— Vol. V.- J. Bl*ijé.
jPitfñ^ jutpiílairt* iIk ¡a (Janro^nr. Tome I: Poé^irf V«l¡^ira*i» H nup-
Walt», xxx ot SOS puges, nVee uuiüque.— Precio. 7 fr. 50.
^* DoquM de Uouiva>i*lir. Tetn«a ¡M.
MAPA TOPOGRÁFICO TRADICIONAL
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
INTEBROOATOBXO (I)
t<>R, alrillua
1,* ,;('iiiUcD m>n l'iii nniiibroK do loa coitijns, dcbMu-
IiUitIub, iiiirunjali-a. oliviirca, iiiiiiircH, vhniinrrnlL'e. víflnn. <<
fiiirpriü<-(i. ¡>:i!iniiri-si. rii.- lo liaren, mirabriilea, iwtunu(lii«, k h i
ilfcis, brt-^i''- i-.i-iM, ..p:i- i>nrLiiJi)s, ranüliixi, LBKas. sii'rTíi'' ■■
lie», n"i;-.' ■- i-'i' ■ '!■ - imrrnniiOB, tíijoH, lioj<«. rnrro", !■■:
v*Xirti, i'i I ■ iiii.i». itoHoncs, Iiiniiilos, aUltK ■
2,' ,.i ■■!! iH'' ii'iiii','-^ sfin t'onopidon los ríoB, rincJniL'!"-
nrrofíifi, tcim'iii'-Ti, nuiniuiiiiik>«. íiKuiee, vottiv, Ingaim», rli;iiiii*, nii>-
limiÁ, uci^quíaN, TiruauH. n1l>(.'rL-UB, <i(i v*e U-nn\auf
a.' N<iTiibrt'ii> (!•' OAiiiiniM nnli^ioa, vereilaa, íKiitbw, oUjoii, piur-
», [iníiíie, v«(lfis, iniimtiis, xiias, irtü,
^tiiu'- ttti dioo rnsprictu ni origen ó rnnon de loa doh i i < i
cortijos, riña, i'ti',, eti'.i"
fi.* jí^iHiw «e llimiun vuluaruifiili* lft« aWi^as. víhiIiih
itioUUttiriiM, ei'iiiiUii», 1'HncWiins, Siiiitiiiirio», dHtoH"» 'I' i
i-íioMM, Ole, y nuft SD dli'ií rpB[ii!iil<i á lan ruina» y vwlígin'-
f>bs -in" en lo nntlgn« PsUticron «inrlavndoH un ow lúrii.in
jKc miimtau nlgiiniiH Imilii'iiinQS i) li¡gt<>riiia rulutirna a, ' -
Oluéleru?
0.* í.Uuy en one Wnninu municipul, i'aoUikis, turn-f
mcnterioH HDliguox. Hcpullurnti, cruc^KS, piodraHglfukirlii» .'
tnrráneiu, <^ i-i]aI<|ulriK otro iiioniiiurnio dígnu do ei)«ii. i
nnunU lio vIloH?
*.• ;.->i- niiiliiivi' virliui iiii'.ii.-mül il mivrnviUofla í ¡il^
bree ful' ■. ¡\ tus cumlriiiH.'du.", i
Pnsni'l . ■ ',.<ihli>BI>llHlH'
ah.y
l.igruiHMy F)|iÍB>idii
VPniíw, Knji.iK, riíiurj.iH •
10,' Paraje* MNipiicliiiaiia v priTfirridoB jmr limbanil
rcdiiirliu. ('mees. Kua ii(iuibri.-ii y «(.■ontccimiiuitus noUM
OQ d
« mr-f
1 i|tHí,a3d-':
j<ir.w<>r..i
,((!iiillit§ so» lossitiiiBdiii'so ti^riiiínn oi
l4>ii,a(i Imn UUrudo lintnlItH t^ontrn loa rrnnr^sns, i
■i< L-iientB di' i-xiu botnllnii? ¿Cju£ vuetigiiia si
BíliiiH i'u i|ijp sp diurim?
13, ■ iSiielcn umuintrarflií on eso línumo iñcdrna lltinin'l i « di-l rii
puA i\f li) friilelia íi liausos imtrlItcHiluK? iVuuibroa di^ los ntíns oj) QUa
■e i>ni.ii(mtr{in.
(It I<ii ndvert*nala d«I tt
■ nnars fc MU tunrfmimim r no «I
A»ol. Miui iii: IS82. \ii«. 3.
¡El Folk-Lore Andaluz
SUMARIO
SEVILLA.— O'Doaaell 22.
MArmiD ~^ TAHÍB
tVnn An Han OfrúiiimD
REVISTA MENSUAL.
Constará d«> 48 {lá^aas, en 4.' y ile pa^iel y tipos 8ein(^uiMJ|
loa del pruBente niimero.
Esta reviata. ■Sr]gnnii líp l<i Sociedad liediclio nombre, í
rS de IflH injiteriüs contenidos en las jininerHS de tna Kasus de El I
Lore Etptniol. y Be íluatinrii, segiin el asunto lo exija y el oslado 4
lOB fondos dn la Suciedad lo eansieiitn, con gruhndoB, rnAsicu, etC-
Kl |>riv¡o de la BUBericion para los Benuri'Siiue no pertenexuajj
la Soeiednd, t-B de 3 pesetas [wr trimestre, en todas Ins pravinciu ^
la península ibérica; de 15 peaelas por ailo en el extranjero; y do I
pesetas por alio ea irUratnar- Nünieros sueltua, una peseta nt 3
jienCnsula, 2 pesotns en el extranjero y 3 peHelus en T^ltrainar.
I'ago de la suscridon. adelantado. Nu se servirá ningún i
que no se baga neumpalUudolu con su importe.
Para lodo lo rcferonle á los asuntos tie la Dirección y Seore
ría, envío de libros y jieriiídicos, inanuBcrítOB, nrllculoB, ele, dJrigl
se á D. Antonio Macliatlo y Alvares; Secj'etario de El Fotk-Z
Andalia, calle O'Donnell, 22, Sevilla.
La correspondencia relativa á la Adinin¡BtrneÍon de esta I
se dirígiri á 1>. francisco Alvarex, Teiuan ^4, í{evilla.
yefl
taneia v
ADVERTENCIAS.
De [oda obra, relativa il las iiiulcrias de ijiin se ocupa £
d» que fe reniitiin dos ejemplares, se dará cuenta «a 1
Tatnliien ee dnrá á conocpr. en su sección respectiva, ti
trabajos, (wleei-ioneB de mstorinles, descubtiuiíentos,
xeursioneB, reuaioDCH. etc. mtatjvos al objeto y finea i
V Amlaluí y deiuáfl Snciedades iinálogas, que por BU imp^
_. __.a í ■ ■ ■
is y Htiscritores sn sirvan remitir cuantas observación «s j
pm-ilan adquirir relulivas & las materias que sneesiva
i tratando m los ndnierüa de esta Kerista.
Con el objeto de mantener entre tibios los aooios u
continua, se vstublecerá una Secriou espeeial. deal
•rpondi-neia, donde so Insertariln las preguntaB y respuM
) dirijan.
P. PLANTIER
lí<mA
BH.^WI) LUESCHEU
filología vulgar
F.
La /, fe ó efe de los latinos, que vulgarmente se cree ori-
ginaria del griego, la restituye nuestro vulgo andaluz á su
natural y verdadera fuerza fónica é ideológica, convirtiéndola
casi generalmente en A, e, 6 g, restituyéndole de este modo la
genuina pronunciación que le corresponde. Llámase por los
gramáticos semivocal, sólo por la frivola razón de que su nombre
empieza con e y acaba con e; mas como ni una ni otra e influyen
en nada para la pronunciación, al reunirse la letra con otra
letra ó con las vocales, parece que hace muy bien nuestro
vulgo en desentenderse de esta gramatical denominación y de
su rfíwiimcaZ explicación, dándole á la letra el valor fónico que
en su origen le correspondiera, enclavada como está en caste-
llano y latin entre e y g 6h, en griego entre epsilon y hela y
en hebreo entre n y n he y geth.
Así es, que, aunque oye de boca de los cultos fecho y fe-
choría, hembra y afeminado, higo é higuera, hilo é hilar, liorna y
Jiornear ú hornaguear, hurto y hurtar, tomándolos del \a.tm faceré
y factum,fcdminay efceminatuSjfilum y filare, furmis ó fornus,
furtum y furarí, sin hacer caso de latinos ni latinistas, no
deja su jecho y jechuria, su jetnbra y jembrear, jilo y jilar^
jomo yjornearjurto yjurtar; y dice con gracia: «el que no diga
N.« 3 1
ráela, y
— ñO —
jacha, janibre, jomo, jigo yjiguei'a, no es de mi tierra,»
diinda le vino á Andalucía la noticia de que Antes de facare y
facíum ó fai'inus, se había dicho nbv ^jasah y nÉ'3JD="t«-
jaséh, que son exactamente éljaser y jerhttrla de nuestro vulgo?
Hembra es visiblemente el femenino de homhrp, y uno y otro
e! Ai</Wí«ensnorigen. Y así conionn se dijo nunca /(ini/rtr, no
debió tampoco decirse frmma; sino hombra y humhra. ¿De dónde
provino esa/ latina? Hace muy bit;n el vulgo en quitársela, y
decirjcMiiimy vtijnml/ri:: por mis qne este parezca origin
de examen, de que algún dia Uablarenios.
Jih y jilar dice el vulgo andaluz, desentendíéndosi
Jiiiim latino. ¿Por qué? Porque instintivamente 6 por esas ft
traciones filológicas tan comunes <|ue admiran y tienen al fin
que admitir la ciencia y los sabios, parece que sabe que aquella
refinada / de los latinos, no es necesaria; n<i la tiene en su
origen Vn gil^in orhem affi, como dicen los lexicones; tlar
vwliaa, ó andar en derredor: ¿puede ser uu origen y «na idoo*
logia más terminante de hUo^
Lo mismo digo de híirrm ó jornn: aquella / de furnnsM
adventicia y ficticia; pues originariamente era ~9an=
Jornax 6farnix,furnus, camniiui, la chimenea, el fogón.
Finainipute /«r y/íícnrí no pudieron arrastrar al i
andaluz á decir más qne jurta,juríar= a;j = ¡fonab hebra
aumentar 3 , de ganado ó propiedad a , existente seri»
Tal es la propiedad de furañ.
Hágase la misma autopsia de las palabras /om*
jhoniia, fumfí-^jliutuo^ Jiffo^kinco, funrjtis^jhmtijn, fue
jueron, /tiente =jiu!nte, fucrza^hiterzíi, fantya =jlian^o, i
tiali/o ó fuialifo.^f/'fí^gn, famclico=jhamhriailo, fieiro=
afhoiuhir, jiro/iimlo^jliomh, ferire=jlierir, fen'or=-jlu
farere=j1wrvir, /arina:=jliarína, furea=jht»rea, f(át¡a-=tú
hla, f)tfi<(=j¡tnha, J¡bra=jlwh}<n, a f tura aforas, ajitera, j
~=jhosco, foli/ar=j!i'tl¡iíir, fiiiitlir -^jltitntlir, fonnoso, jhe
fimjo^jlúnojo, Jiuchmh - jhinckado. y otras utuchÍNÍmas, ¡
verá la razón con que el vulgo andalux suprime ó resuelfll
letra t/íf, devolviéndole su natural y antigua aspiración.
Est«(;/e latina, como onginaria do i =ivan hebrea, 'i
— 51 —
por los judíos y malos hebraizantes se pronuncia van, dio
margen en lo antiguo á sonar como lai>/« griega; pero el pueblo
que sabría mejor que los cultos latinizantes la lengua fenicia,
formó su semi-dialecto oriental, dejándole á aquella letra
su fuerza gutural, como compañera é intermedia de n y n
(he y jlieJh) aspiraciones ambas, ambas guturales y eminente-
mente orientales, que juntas con w =áleph y jayin y , for-
man las cuatro letras aJmjhaj de los gramáticos hebreos, y el
carácter más marcado del orientalismo.
Deslindado ya el origen y propiedad de la letra / latina,
de donde nos vino la nuestra, no sería fuera de propósito dar
una idea de la modemía de la phi griega y de la genuina
pronunciación de la i =tvau hebrea; pero como esto nos dis-
traería y apartaría demasiado de nuestro intento, que es sólo
poner de manifiesto la verdad y trascendencia de nuestro
vidgar saber, de nuestro folhlore andaluz, basta solo indicar
estas verdades, y el catálogo de voces latinas espailolizadas y
pronunciadas á la andaluza que antecede, pudiendo cualquiera
ampliarlo recorriendo el diccionario de la lengua, y oyendo al
más tosco andaluz que se le ofrezca. Al punto conoce cual-
quiera que el habla andaluza es más oriental que todos los dia-
lectos españoles; que ni el valenciano, ni el catalán, ni el ga-
llego ó asturiano, ni el vascuence mismo, ni el lemosin ó de las
Baleares, merecen estudiarse más detenidamente que nuestro
vulgar andaluz.
Llegamos á una de las mayores irregularidades que tiene
"Qestra lengua castellana; y que, á su modo y en cuanto de sí
^^Peude, corrige el vulgo, sin saberse cómo ni por dónde ha
ludido llegar á él tanta filosofía, tanto sentido práctico en la
^"^Halogía y Etimología de su lengua. Una misma letra, la g,
^''íginaria sin duda alguna de la n^jMh hebrea, y Ma
P^^a, cuya figura casi conserva, sirve en castellano para ex-
P^^sar dos cosas muy distintas: primera, un movimiento orgá-
— r>2 —
uico de paladar, como sucede en las sílabas ga, go, gu y en las
gitf, giii, interpuesta la u líquida que llaman los gramáticoá; y
segunda, nn movimiento de gíirganta, tan gutural como el de
su progenitora n =jhi\lh, en las sílabas de e, i cuando no Ileran
interpuesta la u líquida de los gramáticos: anomalía inexpli-
cable, que en ninguna otra letra se verifica: nn mismo signo
ortográfico expresar dos distintos movimientos, & saber: de
paladar y de garganta, solo en la r y en la x se repite, y eso
por razones que ú. su tiempo diremos. Gérgai-a y gargüero, deci-
mos gongoriumo y gnrifi/ar; pingüe, pingüisimn y Pingüi: gragea,
grp-ij. grillo, grotesco y gruta; glacial, gleba, güconin, gloria, y glíi-
ten; gimmn. cognomen y cognación; en estas y otras muchas
palabras en que sigue Álng otra letra consonante, suena tam-
bién suave, como en las sílabas de a, o, uyáee i con it liquida.
Consúltese nuestro vulgo; óigase liablar en su lengua al
pueblo, y notaremos corregido casi del todo aquel defecto. J&n-
jara y jliarjhitevo, oiremos, jonjolí 6 njonjoli, jorjno ó por lo
menos gorgen, mmjkm: fajara, gorgorear, ojhracíar, njltriar y
(ijhriarse en vez ÚB agriditke: ea fin, el pueblo andaluz parirce
como que corrige en muchos casos aquel defecto y habla mucho
mejor que esos rábulas ó abogados chillones, que esos desga-
rrados seráficos, que esos medieAstros ramplones y cirujanos
romancistas, que esos literatos idem, y que todaesa cohorte de
habladores y parlantes atrevidos, que no tienen más remedio
que recibir lecciones del vulgo & cada paso, piLra hablar coa
propiedad, cantar con gracia y pintar al natui-al,
Para corregir del todo la anomalía de nuestra i; snaq
(/ fuerte, convendría estudiar el distinto origen de una y j
que el vulgo andaluz marca tan naturalmente al pronunciartes.
Líig suave de las sílabas ga, go. gu, de las gtie giii con la h lí-
quida, y de todas las palabras en que sigue á la ;/ otra letra cOB>
sonante, es originaria de Ia gamma griega, y esta de la a
guimeJ hebrea;y así como nunca fué lícito decÍr,i;MÍ»i«/nÍj|
frtíi, jDiV^ pueblo, ni (jflffcfeí. sino ^h y «HffMt'íoí, asi tambiei
hiera hacerse lo mismo con las palabras en que juegn la ||
ginaria del gamma ygidmel, dejando el sonido fuerte de la h
para ruando proviniera de la n^gelk hebrea.
— 53 —
Este dojble origen de nuestra g, que tiene que estudiar to-
davía tanto la Academia Española, para limpiar, fijar y dar es-
plendor Á la lengua, parece que lo sabe perfectamente el vulgo
andaluz, y jamás ó muy pocas veces confunde su pronunciación;
y aun cuando parece que la confunde, pronuncia sin querer una
g paladial, que sólo notan los de distinta provincia, haciéndonos
burla, y nunca imitándonos del todo cuando nos quieren reme-
dar. Esa g andaluza que tanto difiere de la g castellana, arago-
nesa ó vascuence, es una confirmación de lo dicho y un motivo
más para cultivar y estudiar el dialecto. Esas palabras gehena,
que yo áiría, gJiehnna, gelatina, írema=(yema, botón vegetal, pie-
dra preciosa 6 sal), gemelo, gemir y gemido, gendarme, genealogía
y génesis, género, general y toda su prole, genio, gente, geografía,
geometría, con todos los compuestos del gtie griego; germen,
gerundio (que tan pocos saben su origen) gesta, gesto, y gestación,
geia pueblo ygeta facción ó disposición de la boca, giba, gigante,
gimmma, ginebra, giro, girar, y sus derivados; gitafw y gitanear,
con un gran número de las palabras que nuestro diccionario es-
cribe con jota, y este mismo nombre, se pronuncian por el vul-
go andaluz con una gracia inimitable para quien no sea del país;
y que revela á toda luz su origen gamma ó guimel, y su propie-
dad, por consiguiente, griega 6 hebrea, oriental y cultísima.
No es nuestro ánimo, ni podríamos tampoco, aunque qui-
siésemos, dar consejo ni regla á la Academia española, para
fijar de una vez y para siempre, el valor, el distinto valor de la
letra g, ora originaria de la gamma 6 guimel, ora proveniente de
geíh,jayin ú otra letra oriental; si decimos empero que el estu-
dio de los modismos andaluces, de su pronunciación y alcances,
podria en muchos casos resolver cuestiones filológicas impor-
tantísimas, cuya solución atolla á veces á cultos literatos y los
entretiene lastimosamente, cuando con una simple excursión al
país, ó una ligera noticia de su dialecto, si tal puede llamarse,
se conseguiría, limpiar la lengua de galicismos ó arcaísmos inad-
misibles, y fijar la genuina propiedad de las voces ó palabras
castellanas.
Consúltense los restos del habla de los almorabíes y rabi-
nos, de los distintos pueblos que invadieron las Españas; no se
— 54 —
tíespreeiaii las eípaOrniiis i) brillantes refnlgencias queda todatfj
el habla y dialecto dti los aborígenes de este gran pueblo, que
en parte alguna se eonservan mejor qne en el vulgo; ábrase
ese riquísimo diccionario desde la a y al, hasta la t uriginaria
de la sigmn griega y kc/hh hebrea; desde aquella a pn-jíja ó par-
liaila adverbial, prqioshioK & uiJerjection originaría del iik* y mi
de los latinos, y estay su conjunción et del n hebreo=rela-
cion de existencia ó coexistencia, raiz heln-ea y caldea nw
=amh=eslar preaenle; desde allí, digo, comience el cotejo,
hasta el zuz y azuzar, también hebraico EJSb (> E!j-iéi?=j*c/íoscA 6
schísc/i^tüegrar, ej-r'dar, diochmr de contento; y se verá la He-
ceiiidad de estudiar estas lenguas. ,^^
Esta letra, tan expruíiivii en toda lengua, como difícil de
desentrafiarse en todas, es tan del gusto y propia de! ™igo an-
daluz, que sin temor de sef desmentidos, nos atrevemos á decir
que es característica de Andalucía. iCuántas veces tuvimos
(lue apelar al habla vulgar, para saber si habíamos de escribir
una pakhra (ron A ó sin ella! ] Y qné pocas veces yerra quien to-
ma por norma este criterio! Es admiralile cómo personas de
ninguna instniccion, ({ne acaso oyen por primera vez una pala-
bra, la aspiran ó uo la aspiran, según conviene á su mds estricta
analogía: esto lo que dice para nusotros es qne el habla huma-
na tiene tan poco de convencional como la música y la pintura:
la naturaleza es la maestra del arte, nó la imaginación, la fan-
tasía ó el capricho. Oigamos, pues, á ese valgo; consultémosle,
siquiera no sea mis que at lado de la ciencia filológica y etnolrt-
gica; y él nos diril ciimo debemos hablar, cómo debemos escribir
y pensar.
La h, que aun hay gramáticos que diganque no es lira, «na
«óío asfíiracion, es la letra de la pasión, de los nnis tiernos afec-
tos del ánimo, la que caracteriza en hebreo, en todos los idio-
mas, los sexos, \íiH más íntimas relaciones, las situaciones aní~
masticas, el afecto, el amor, el temor y miedo, la ira, el sol
ira, el sote^^
— 65 ~
salto, la alegría, la duda, cuantas alteraciones tiene un vivien-
te; y hé aquí la explicación de la facilidad y felicidad con que
la usa el andaluz. Sus interjecciones propias, así como las la-
tinas y griegas, no son otra cosa que haches, ó modificaciones
guturales, expresivas de la suavidad ó vehemencia, frecuencia
ó acompasamiento con que respira y anhela. Esa terminación
en a de los nombres femeninos, originaria del n quiescente en
carnets hebreo, ¡qué bien la usa el vulgo andaluz! ¡Qué de nom-
bres femeninos forma, para indicar la vehemencia con que le
afectan los objetos ó sucesos! Cuando dice, v. g., lucerada, polva-
reda, etc., que él convierte en lucera, polvarea, pedrea, soleáh, ani-
molía ó animaliahj escoceura, en vez de escozor, anchura, moldu.
ra, moleera, praera, en vez de prado ó pradera cultos, origina-
rios Añpratus, latino, hielgaybielgáh, que los sabios académicos
reducen á bieldo y bielda, asaero, que los cultos latinistas dirían
asadero; pero que no es, como dice el diccionario de la lengua^
el lugar en que se asa, ó lo que es apropósito para asarse, sino
lo que física ó moralmente es capaz de asar, quemar, abrasar y
consumir á cualquiera, por el sumo ardor moral 6 físico que
produce. Lo mismo puede decirse de quemaero, que no es vulgar-
mente el lugar en que antiguamente se quemaba á los senten-
ciados á tal género de muerte (absit!), sino la ocasión que da
una persona fastidiosa, impertinente y molesta, para quemarse
cualquier andaluz; modismos y locuciones innumerables cuyo
estudio algún dia tal vez emprendamos.
El otro uso más común de la h es la formación de las
interjecciones: esto es propio de toda lengua, sin que ningu-
na pueda dar razón de por qué se echó mano de esta letra
para expresar los afectos del ánimo: mas el vulgo, que ni sabe
lo que es interjección ni lo que es afecto de ánimo, prorumpe en
unos sonidos, exclamaciones ó sentencias, que, aunque la Aca-
demia no las incluye en su diccionario, no por eso dejan de ser
la mejor expresión de sus sentimientos, de sus deseos, de su
modo de ser, de pensar y de querer. Ese hoh hóle! y aun el hcia!
qué ya admiten y dicen los cultos, sin saber por qué lo dicen,
ni que dicen con ello, es una interjección vulgar elocuentísi-
ma, proveniente del hebreo rhv=joleh, participio del verbo
~ 56 —
jdlah=^sulir, tirar jiara arrila, nuestro veibo marítimo jalar,
que la Academia reduce á halar y dice que es tirar de los cabos
=remar hacia délante=ir hacia delante elhuqueóharca: yantes
había dicho que líala! es interjección ant. que servia para llamar
á alguno. A todos les da lección nuestro vulgo, (¡si sabría he.
breo quien primero lo dijo!): á la Academia, á los académicos,
á los sabios todos les dice que cuando se presenta una moza
guapa y apuesta, ó se oye un cantar nuevo, expresivo y alegre;
cuando se recibe una buena nueva ó se hace una gran acción
heroica, cuando hay que reprender algún vicio, 6 que celebrar
alguna habilidad, naturalmente, sin estudio ni deliberación
casi, se prorumpe en un hole! ú hola! y se arma en el \nilgo
andaluz tal íiZ^a^ara, Xs\ jaleo, Uúhjoleh,hjoleh! y sube tan de
punto la fiesta n^v=^-jalah! qne no hay oido que lo sufra, no
siendo oreja vulgar.
Y ya que de jalar y hole! ole! hola! se trata, no será muy
fuera de propósito avisar á los cultos que no usen estas voces,
ni las palabras ola, oleada, oleaje, oleo, con todos sus derivados,
incluso el olear ó dar el óleo á los enfermos; ni el verbo oler con
los suyos; ni el político oligarquía con oligarca y oligárquico ¡ni
Olimpo con sus olimpiadas y sus olímpicos juegos] ni oliva (árbol
6 fruto); que no usen nada de esto, sin reflexionar lo que es oler
y óleo^levafitar miasmas olorosos, y levantarse un líquido que
por eso se llama óleo (el que se levanta nbv =jolch) como más
leve sobre todo líquido: reparen en el vulgarísimo olivarse
que es, al decir de la misma Academia, levantarse ampollas en
el pan, al cocerse, por haberse enfriado la masa antes de entrar en
el liorna. Vean, pues, y sepan que la raíz ol, liol ó jol y la al ojal
hebreas siempre llevan consigo la idea de subir, subida, aliura]
y que sólo el vulgo andaluz es quien entiende de esto, y lo
expresa de todo corazón con su hole! joleh ú ola, hola! y sus
jaleos.
Al modo de ole! olehJ forma otras muchas interjecciones,
exclamaciones ó sentencias, unas reconocidas y admitidas ya
por nuestra Academia, otras nó; como ajah-jah! para expresar
admiración con placer; jah-jah! para burla cariñosa, eh^jehf
ó lie! lie! para llamar ó parar á quien se marcha; ajo! provenien^
- 57 —
te de nw ^hebreo, heu latino, por enfado ó admiración;^© para
parar barros, no lo he oido nunca, sino cuando lo leo en el
diccionario de la Academia, que en esta materia es juez; pero
como me duele la boca de decir sooh! y los oidos de oirlo, y como
]e veo su equivalencia en el h^w =8choh hebreo, que es como
decir basta, desconfio de la competencia de la Academia y sigo
diciendo sooh; ju! ju! es llamada de tauromaquia y despedida de
mujer airada á su marido, cuando sale de mal aguaje. — «Adiós
yti.^¿Qué dijiste? Que Dios te desaZw;» a! a! a! originaria de
nnw =^heu! 6 efcew/ latino; exclamación de dolor ó sentimiento;
ea//=sinónimo de vaya! que dice la Academia que áne para
expresar algún enfado y iombienpara aprobar alguna cosa, y para
excitar y contener, (¿Cómo es posible que una misma palabra sea
usada para afectos tan distintos?) El vulgo sólo la usa para des-
pedir 6 despedirse; y es el wn ==i« hebreo, deprecativo, permisi-
vo 6 imperativo, muy usado en las concesiones retóricas. ¿Quién
le enseña al vulgo estas retóricas? A fé que no es la Academia;
pues que todavía no ha llegado á su noticia tal y tan vulgarí-
sima sentencia: no vengas aquí con retóricas.
Hay, ¡ay! y ai! interjecciones de dolor y de dolor con
placer ó de placer sin dolor, ¿quién las usa mejor que el
vulgo andaluz? Yá! yá! Quiáh! ¿quién lo dice con la gracia
andaluza? Gtuxylo oimos como interjección de burla; y á ve-
ces parece que es amenaza, en vez de aguarda! Ui ó hui
es exclamación de lástima, como cuando se derrama una va-
sija 6 se quiebra. Ojahy, que la Academia corrige diciendo
Ojalá, es interjección muy usada por el vulgo, que parece
sabe hebreo al decirlo así; pues es la traducción literal de
NVTH=q;aZay.' Oi! originario de <')n=hoi! hebreo, lo dice y
usa el vulgo con toda la propiedad que le corresponde de
admiración y conminacion-=/íe2i latino. En fin, seríamos in-
terminables, si quisiésemos reducir á catálogo todas las in.
teijecciones que oimos en boca de nuestro vulgo andaluz y
que nos hacen decir como de los refranes: en boca del vidgo
andan los refranes; pero no salieron de bocas vulgares.
Ahora conviene dar una ligera noción de la ideología
de la letra h, tomándola de su original n^he, n ó v=geth
N.» 3 • 2
— 58 —
ó jayin hebreas, ó del espíritu dulce ' ó rudo ' de los griegos;
y aun de su epsilon y heta, de la A y efe latinas que son la up-
sücn y phi griegas, con todo lo demás que pueda hacer que se
venga en conocimiento del sentido práctico del vulgo, así
en este como en los demás innumerables puntos que nos
quedan que referir. La letra ó signo (nís) en hebreo, jun-
tamente con las mociones ó ^>mw/05 que les acompañan por
debajo, por arriba ó á los lados, aportan á la palabra que
forman cierta idea ó relación, la más conforme á su nombre,
figura, uso, estado y valor aritmético que tienen. En esta
virtud y mediante tal y tan insigne y filosófica propiedad, la
letra n ó A hebrea, griega y latina, así como los espíritus
dulce y áspero de la griega, parecen llevar consigo la dureza
ó ternura de los afectos de nuestro ánimo; la suavidad ó
aspereza en el decir, sentir y querer; la pasión, los senti-
mientos, la manera de obrar y pensar de aquellos pueblos:
y nuestro vulgo, ó unisonándose con ellos ó siguiendo como
ellos á la naturaleza, prorumpe en innumerables interjeccio-
nes ó voces de alegría, pesar, seguridad, duda, admiración,
temor, jactancia, benevolencia, cariño, furor, horror, ó es-
panto, en cuya formación interviene la h, como originaria
del n =hh hebreo; ya aspirándola más, ya esforzándola,
hasta suavizarla como w =aleph, ó confundirla con el n
^=hJiheíh, ó exasperarla hasta parodiar al v=hhhhaí/in, que
es nuestra, jota; con todas estas variaciones se presen tan por
el vulgo y se oyen sus interjecciones; rasgo característico
de elocuencia popular andaluza.
Antonio M. García Blanco.
(Se continuará.)
^C_je2t^5ÉC5^SL.
— 59 —
SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS ^'^
1. — Para conservar buena memoria se comerán palillos
de pasas, antes de almorzar (2).
(Manifiéstase también en frase popular.)
2. — Cuando á una persona soltera se le barren los pies
con una escoba, se le aleja el casamiento.
Superstición portuguesa núm, 154. — «Cuando se barren los pies
á una persona soltera, no se casa» (8).
3. — Para que una muchacha tenga novio, debe rezar, du-
rante cuarenta dias sucesivos, tantos padre-nuestros como
dias vayan pasando desde el primero que se cuente; así, el
primer dia rezará uno; el segundo dia, rezará dos; el tercero,
tres; etc. La cuenta tiene que llevarse de memoria y si se
equivoca en ella será seúal de que no alcanzará la gracia que
desea.
4. — Para curarse una persona que padezca de pujos, se
sentará en un marmolillo, una mañana de invierno, cuidando
de que no haya ropas en el asiento.
5. — Cuando un perro ahuUa cérea del lugar donde se
encuentra un enfermo, anuncia á éste su próxima muerte, y
si escarba en un mismo sitio, durante tres dias, señal es de que
se prepara la sepultura para el enfermo.
(1) Utilizando la ya citada obra del Sr. Conniglieri Pedroso, en la
que hay coleccionadas 615 supersticiones populares portuguesas, cuya
colección aumentará con las que en adelante se publiquen, haremos
una ligera comparación entre aquéllas y las andaluzas que daremos á
conocer, mencionando tan sólo las que, tanto de una como de otra co-
lección, tengan verdadera semejanza.
(2) Las supersticiones que poseemos, á excepción de algunas pocas,
las hemos recogido en Sevilla y en pueblecitos de sus cercanías. Cuida-
remos de indicar la procedencia de aquéUas que no han sido recogidas
en esta ciudad.
(3) £1 número 164 es el que corresponde á tal superstición portu-
guesa en la colección del ilustre mitógrafo lisbonense. En adelante para
mayor brevedad, las palabras superstición portuguesa se sustituirán por
las letras S. P.
— i;o —
S. /'., 102.— iCuituda tiucanahulU de noclio, es púfq^
catle está para huir algua hijo de la casa paterna.» S. P,, 133,-
•Ciinndo un can araüa eo el suelo ó en la puerta, eB señal de
abrirse una sepultura.! ,!>. P., SOS.— iGuaudo abulia un can en
sitio donde haya algún doliente es señal de muerte para el en-
fermo.!
6. — Para que un muerto no se aparezca ni insiñre horror
Á una persona, deberá és ta besarle los zapatos que lieve pues-
tos á ia sepultura.
S. P., 8.— -Para librarse de espectros ó de soñar oon un
muerto, debe besársele la suela de los zapatos.!
T.^Behiemlo un cocimiento de b«Tos se curan las enfer-
medades de los ojos y se desarrollan las funciones de reproduc-
ción (1).
8. — Para averiguar si una embarazada va á dar á luz
varón 6 hembra se observará, en el momento de subir al priniev
peldaüo de una escalera, el pié que acostumbra levantar pri-
mero; ai es el derecho será niño, si el izquierdo será niña.
Si F-, 9S0. — •Cuando una mujer está embarazada, pnra saber
da qué sexo será, la criatura, se observará con qué pié acostumbra
(1) Son tan nunieroBaa las superstiL-iones referentes al arff ú
rar. que, por ai Bolas, farnmrian un grupo furioBo é importante ei
grado. En esttt manifeatncion del saber popular es donde, con más utili-
dad y riqueza de datos, pueden hacerse estudins espei^iales sobre medi-
fina popular: y, ya que la hemos nombrado, npuntaremoB Iss dos Tases
bajo las cuales, á nuestro entender, puede considerarse esta especial me-
dicina. Primera: como tal uiudicinu (]iie tiene por objeto la curación de
dolencias ú enfermedades inuy conocidas, sirviéndose de la observaiMon
y experiencia, en caaos de aplicación; medicina despromta de todo ajia-
rato científico y fundamentos de roKon, aunque en muchas ocasiones
produzcan el efecto apetecido laa sustancias que se recetan, sustancias
de sencillo resultado y fácil administración. Esta fase de la medicina
popular es la que vulgarmente se lluniu mtdidna casera, sobradamente
gem-raliKada en todas las clases sociales y muy especialmente entre las
madres de familia y lúa mujeres ancisjiae: de ella no nos ocupoienios por-
que no entra en el dominio de lo superslicioao. Segunda: medicina popu-
lar sopera liciosa, que consiste generalmente en la ejecución de prácticas
rurinarias y absurdas, en Ins que sólo se interesa la imaginación del en-
fermo li del curandero y su mayor ó menor impresionabilidad. Tal vea,
BU ocasiones •lados, esta medicina se habrá creido cierta obstrrvando
curas conseguidas por ella; curas que podrán ser debidas á condicioneB
puramente naturales 6 al predominio y relación de la imagioaoloo von
el sistema nervioso y todo el organismo; pero en las que [a buettafé é
ignorancia del paciente ha creidu ver la influeui^ia de la práctica eu-
perstjciosa. La distinción entre ambas fases de la medicina popular está
indicada, desde luego, con U enunciación misma de rixita cacera y
receta ftipergticiosa.
A
^
Blufcii pañero nnt eecalera. 8i fuere con el derecho, es niño;
\ fuera con el izquierdo, es niña.»
-El ciento que corra, al salir el sol, el dia de San
Jnan (1), es el qae ha de reinar, sobrí; todos los demás, durante
el resto del ano.
lO.^Para averiguar la dirección del viento que ha de
correr en un dia dado, deberá observarse en la noche anterior
(si es posible la observación), la que si^eu las '¡strellas corri-
t/'js (2). Si en la misma noche toman aquéllas dos direcciones
habrá dos rientos. {Esta observación, dicen, se hará con más
seguridad en la estación de verano.)
U. — Si hay algunos dias serenos en la estación lluviosa,
Herá señal de que las lluvias se reanudarán un nubladito negro
que se vea cuando el sol esté en el mediodía (S).
12. — La persona que salga á la calle en ayunas evitará la
iniradadeim tiiei-to porque le hará mal, ¡Dicho vulgar: «Ya
lio me hará daflo ningún tuerto.» Se dice cuando se almuerza
temprano.)
13. — Es malo hacer girar una silla sobre uno de sus cuatro
pies, pues la suerte de la persona que lo haga se pone en mo-
vimie&to, 6 sobrevendrán desgracias á las personas de la casa.
14. — Cuando se derrama el salero, suceden desgracias
en una casa: y si una persona pisa sal derramada está expuesta
á tener disgustos.
S. Í'.,232.— "PasarporoDeima de sal es brujería.»
(1) Afunlo bastante curioso é interesante en el dia rf« San Juan:
puea son tantas loa refierenciaa que tiene el pueblo subre él, monifesta-
<laa en todo género üa eipreaiones, que pueden formar un rico niate-
[ riiil para trabajos utiHaimos. Tal asunto lia sido ya objeto de las investí-
L Ratannes de ilustrados eHi-riloreii, algunas de las cuales conocen ya loa
f lectores de eeta Revista.
(a) Si fuese dado, en poco tiempo, reunir la gran colección lie creen-
u(]r preocupaciones absurdas que existen en el pueblo, relativas á As-
V4rflnomÍB / Meteorologia, se prestaría un buen servicio á los hombres
[vitecíencis, pues con ellas llegariiin, ile investigación en investigación,
a encontrar las que existían entre los primeros hombrea. También
} aquí ríos fases distintas: lu primera se refiere al saber
I «upenticioao del pueblo sobre aquella ciencia; la segunda al saber prác-
I Hco, (d valen las calitirjiciuneB. del labrador poco instruido, del hombre
1 lúatim, Bobru la inUuencJa atmosférica en las labores del campo y i la
I '«(mt«i)iplacion hecha por ¿i de nuestro siatema planetario. Esta aegun-
I da liiM, precioso estudio de Folk-Lore, no entra en el dominio de las su-
ratiñoDes.
(3) ¿Deberíamos hal>er reservado, quizá, estas y otras supcrstifrio-
' US análogas pora la fase práctica ó experimental de la astronomía
popular?
— fi2 —
15.— Derramai'se el ai-eítp de una alcuza, es de mal
agitero.
S. P., 181. — -Es mnlo derramar Roeite en una casa porque
eü señal de desorden. Pura evitarlo, ap^aag el aceite cae, es preciso
rooiarle por enoima, en forma de criu, un puñado de sal.i
l(í.— La presencia de tinupalotnifa llanca {1] es indicio de
una cosa buena; anuncia papeles de interés 6 dinero.
17. — El encuentro con un moscardón ó jtahnia negra
anuncia desgracias,
11^. — Si al salir de cacería se ve volar un hubo antes que
otra ave, deberá tomarse como mala seflal y esperar muy poco
resultado en caza muerta (2),
19. — Si se ve un cojo en la calle, han de verse otros des-
pués.
20. — Cuando uu hombre se afeita ó una mujer se corta
las uñas, padeciendo calentura.s, éstas se prolongan ó repiten.
21. — Alcruzarseen la calle una madre, que lleve un nifio
de pecho, con una gitana que diga & la criatura cjay! qué
hermoso!» sin añadir seguidamente «Dios te bendigal. el hijo
hasido objeto demaíiíe ojo (3). Se deshará el mal repitiendo
la madre,f Dios te bendiga, > hasta que pierda de vista á la g^itana.
22. — Cuando cruzan graznando bandadas de grullas por
terrenos que no habiten, seflal de lluvia próxima.
23. — Si á hora no acostumbrada de la noche canta, el gallo
habrá valuación de tiempo.
8. r., 91.— iCuando uo galio cauta antes de media uocho
es Beñal de quo se pierde una embarcauioQ •> una mucbaclia
huye de su oasa.i S. P., 188.— (Cuando un {jallo canta cuatro
TeoeB antes de medía noche es señal de mnerto
(1) ^~o se toma aquí ese nombre coma el aplicado á un ¡ivo, eino
¿ un insecto alado cualtjuiera que tenga el •■olor blanco.
(2) Aunque naturnlmente tergiversado y variado el origen de laa
Hupersticiones referentes al distraido 6 higiénico ejercicio de In cacería,
creemos que éstas son tie las más antiguas v tradicionales, engendrados
on Isa lejanas edados prehistóricas, en los momentos en que la ocupa-
ción del hombre era tan súlu la caaa y la lucha.
(3) Es general la creeocia de nuestro iiueblo, de que los gitanos
(partieulannente los nómadae que viven miserable y poliremente dedi-
cados al roboy al engaño y á decir la buenaventura ycuyaindustría con-
siste en trabtgar el mimbre y esquilar bestias), hacen daño con la vista
y lanzan icaldicioijcB y anatemas que se cumplen al pié de ia letra. Ai
decir mal de ojo,»^ daá entender que es una enrermedsd originada por
la mirada penetrante, con ojos atravesados, de una persona enemiga
de Dios.
J
— 63 —
24. — Cuando una persona habla á solas, habla con el
diablo.
S. P,y 416. —«Quien habla á solas consigo, habla con el dia-
blo.! ^. P., 464. — «Es malo hablar solo porque responde el diablo.»
25. — Una prenda puesta al revés, sin hacerlo á intento,
anuncia regalos.
S, P., 418.— «Vestir la camisa al revés, sin saberlo, es señal
de presente.»
26. — Es señal de buen agüero que el vino se derrame
sobre la mesa.
27. — Cuando se rompe un espejo, anuncia la muerte de
una persona.
8. P., 182. — «Cuando en una casa estalla el cristal de un
espejo, sin tocarle nadie, es señal de muerte de alguna persona de
la familia.» S. P., 197. — «Quebrarse un espejo en una casa es
señal de muerte.»
28. — Cuando grazna la lechuza en lugar habitado,
anuncia luto (1).
29. — Soñar con una culebra de gran tamaño es señal
de lluvia.
30. — Nombrar la culebra es traer desdichas (2).
31. — No debe colocarse la cama de manera que los pies
^el que duerma en ella estén frente á la puerta de la habitación,
jorque aquél morirá antes de mudarse á otra casa.
8. P., 56. — «No es bueno tener la cama con los pies hacia la
jiaerta porque se muere pronto.»
32. — Cuando á una persona, en un momento dado, se le
caen de las manos los objetos que coge, es porque otras au-
sentes se ocupan de ella y la nombran.
33. — Cuando zumba el oido derecho es buena señal; si
(1) El concepto que el pueblo tíene acerca de las aves nocturnas, á
las que considera como anunciadoras de desgracias, parócenos se funda
en las circunstancias con que aparecen; presentarse de noche, habitar
los sitios solitarios y las ruinas, tener el plumaje oscuro y de tintas poco
brillantes y desagradables, es suficiente para que la fantasía popular
revista la presencia de estas aves con ciertos caracteres de horror y
tristeza. Las Uama aves agoreras, que sirven de medio para realizar los
buenos ó malos agüeros.
(2) Dicese por el pueblo que la culebra es amiga del hombre y
enemiga de la mujer, y que el lagarto es amigo de la mujer y enemigo
del hombre.
i
— 64 —
zumba el izquierdo es qne están hablando mal de otin 6 qoj
sucederán deetgi'acias (1).
S. P; 40.— «Cuando zumba q] oido izquierdo il una persoíd
es seÜKl de que están bablando mal de el!a, ypara evitar que ce
tinuen, debe ccliHi*Be un punndo de esI en la lumbre y buir da e
para DO oiria estutlar. Las personas (¡ue estuvieren al lado de Iftl
que habla mal, á medida que la Ral va eetallando, huyen sin ponex
atención á lo que dice la maldiciente. > &'. R, 67. -•Cuando Is
oreja izquierda eetá muy enciirtinda, es señal de quo catán hablando
mal de uno. Para evitar que coiitinueD ee bueno doblar la camÍBa
tres veceR eu el pecho. Asi crimo se dobla la caiQÍaa, asi se le dobla
la lengua a quien dice mal.» S. P., 186.— -Cuando se tiene la
oreja izquierda muy caliente, es señal de que eatáa hablando mal de
nosotros. El remedio para que no continúen, es el siguiente: mo-
jarse los dedos eu ealiva y hucerae emees en la extremidad de 1
oreja que est-i caliente, diciendo estaB palabras: osi
madra; na /orea U prtU»: e Jepois depríiaila que te lirt o diubo.i
Alejandro Gi'ichot y SmmA.
FRASES HECHAS
El modismo ó locución famUiar es, á mi entender, la
enunciación de un hecho conocido generalmente, para ex-
presar, con toda la vida y movimiento de la acción una ide^.
más ó menos análoga á la que el hecho entrada. Engendradr"
por un órdeu de cosas que la evolución modifica ó hace det
aparecer por completo, llega á veces hasta nosotros con i
valor de un símbolo de formas anteriores que es i)08ible P
constituir designándoles el lugar que á cada una correspondí
(1) Analizando con cuidado el gran número de su pera tic iones qM
■e refieren á malos ó buenos agüeros y anuncios de feiieidadea ó dea
gracias, nincbo se adelantaría para ('onocer el concepta que tiene el pDI
hlo acerca del bien y del mal y bus miiuirestaciones.
— 65 —
en la vida del pensamiento. Tiene sus caracteres de clasiflca-
cion; y aunque hoy no podamos reconocer algunos, por ser
muy nuevas tales investigaciones, creo firmemente que cuando
se haya acumulado suficiente caudal de datos para h$icer
posible una clasificación racional, hemos de descubrir, en lo
que se califica de pueril curiosidad, ricos veneros de conoci-
mientos.
Los caracteres diferenciales entre el refrán y la locución
familiar creo que son estos: el refrán es docente y tiende
siempre á afectar una forma rítmica ó métrica como medio
seguro de sustraerse de los riesgos de alteración, que de otro
modo sufriría al ser trasmitido verbalmente al través de mu-
chas generaciones. El modismo ó locución familiar, por sí,
nada ensefia; no hace otra cosa que facilitar la expresión,
porque tiene un valor conocido para todos los que lo em-
plean. ¿De dónde, cuándo y cómo ha tomado dicho valor? En
muchos nadie lo sabe, y en todos nadie se ha cuidado de sa-
berlo.
Hasta hace poco tiempo, oia con frecuencia la frase dar
la lata, conociendo con exactitud su significado, sin compren-
der la relación entre el valor y el signo, á pesar de ser una
locución de origen reciente. ¿Por qué razón dar la lata se
acepta con un valor que dista tanto del gramatical? me
había preguntado varias veces. ¿Qué hecho habrá engendrado
un modismo tan particular? Una conversación que tuve con
un amigo malagueño sobre sistemas penitendarios me sirvió
de contestación á la última pregunta. Hablando incidental-
mente de estadística criminal, me aseguró que en su bella
ciudad había disminuido la cifra anual de homicidios desde
que se prohibió dar la lata, ó sea expender por dos cuartos
una lata llena de mosto sazonado con las escuníduras de
vinos, licores y aguardientes, cuyo bodrio más que embria-
guez causaba una verdadera demencia. Y efectivamente; pro-
pinar tal brebaje era dar la lata, en la mayor plenitud del
significado con que hoy se acepta.
Estar al pelo es frase muy común en nuestra clásica tierra.
Son tantos sus caracteres de lugar, que se atreve á posarse
socarronamente hasta en los mismísimos labios de aquellos
andaluces que funden su vida en moldes recienllegados de
Inglaterra, cuando los sorprende en un momento de aban-
dono. No respeta casa ni condición.... ¿Por qué será esto?...
Recuerdo haber hablado largamente con H. Schuchardt acerca
de esta irase, soi-prendida por él en una aristocrática bo-
qulta. Aventuramos muchas hipótesis discutiendo su origen.
N.« 3 3
Quizás sería la primera vez que me deteuia en esta clase ie
consideraciones. Hoj' me inclino á creer que estuvimos muy
distantes de la verdad. Me parece que eslar tdjifJo tiene SD
origen en Ja escopeta. Llamáronse rntmiadas al pelo coando
la tracción que pudiera hacerse con un cahpllo del gafiUo era
suficiente para dispararlas; y así, eslar al pelo, frase que ea
su primer grado de evolución debió limitarse á expresar qoe
la escopeta se hallaba en las mejores condiciones de servicio,
fué ampliando sus aplicaciones il medida que se generalizaba
su conocimiento, hasta adquirir la laiitud cou que hoy se usa.
La expresiou á que me refiero se conoce y emplea ac-
tualmente en varios pueblos de Extremadura sin mtls ao^
cion que la primitiva. Muchos son los modismos ó frases
familiares que tienen por origen la escopeta; irse del se-
guro, salir el tiro por la culala, y otros; pero mayor es el
número de los que se refieren al caballo; aguantar ancas, tascar
el freno, eslar amoscao, estar tnosqueao, lucirle el pelo, salir pelao,
albarda sobre albarda, írsele la alharda á la barriga, apearse
por las orejus. gente ik poca pelo, ¡me clavó! ¿que mosca te ha
picata saber de que pié cojea, y otros que no dejan traslucir
su génesis con tanta claridad como los consignados, y cuya
cifVa ascendei'á próximamente d cincuenta. De esto me per-
mitirla deducir algo, si no tuviera la seguridad de qae per-
sonas mas idóneas que yo .se han de ocupar con toda la de-
tención que el asunto requiere.
Las palabras ;)fts/t'íeHí- y ^ifw/c/'fl'íí (posterior) parecen naci-
das en nuestros conventos de monjas. Efectivamente; el valor
actual de pastelear es sonsacar y poner lí alguien de su parte con
continuos halagos y agasajos inmerecidos; procedimiento aui-
logo al que empleaban nuestras monjas, enviando con frecuencia
confites, toriHü y pasteles á las personas de cuya influencia 6
poder newsilahan.
Aún se conserva un reirán antiguo que dice: (C-onfite de
monja, fanega de trigo, >■
Eiitrarsi- como trasqiiihio por Iglesia nos da á conocer la fa-
miliarídiul que, por el continuo trato, llegaron áadquirir los frai-
les con las cosas del culto Divino.
Tener manga ancha, hoy en el valor de ser poco eacrupn-
loso en cuestiones de conciencia, reconoce, imi juicio, por ort-
gen. la creencia |H)puUr de que la amplitud de las mangas (bol-
sillos de los frailea) estaba en razón dii-ecta de sus imijwañ-
dades: aunque tales ideas fueran exageraciones del odio de cla-
ses, llevado á su colmo en los últimos tiempos de la influencia
teocrática,
J
— 67 —
Aunque lluevan frailes desatacaos se usó mucho y aun hoy
se usa algo para expresar el mayor grado posible de peligro.
Esta frase no necesita comentario; su origen está manifiesto.
Se suele reemplazar hoy por esta otra: aunque lluevan chuzos,
pero me parece más gráfica la primera, por nacer de un hecho
conocido, que es el carácter genérico de la locución familiar.
Padece que te ha hecho la boca unfráüe, se le dice al que pide
por costumbre, aun sin necesidad de la cosa que pide. Tanto en
este como en otros muchos modismos se demuestra hasta qué
punto llegó á ser el fraile un emblema viviente de la petición.
Las palabras gorrón y gorronear, derivadas de capigor-
rofi (1), tienen significación distinta de la frase anterior, porque
expresan al que sin derecho para ello se halla siempre dispuesto
á recibir cualquier beneficio.
Trabajar para el Obispo. Se designa con esta locución fa-
miliar todo trabajo inútil, estéril; é indica, sin la menor duda,
la costumbre que tenian los Obispos de saldar sus cuentas con
indulgencias y bendiciones.
Agarrarse á buenas aMahas, A mi juicio, debe buscarse el
origen de esta frase en el derecho de asilo; prerogativa de los
templos, que después se hizo extensiva á los palacios arzobis-
pales y otros edificios de este género, por la cual se hallaban
en salvo los criminales mientras permanecieran dentro de dichos
recintos, ó hubiesen llegado á agarrarse á las aldabas fijas en
las puertas ó paredes de los.edificios privilegiados. Apesar de
lo racional que me parece esta versión, no debe admitirse sin
reserva, porque no tengo dato ni antecedente alguno en que
apoyarla.
Tocar sóidas equivale á marcharse corriendo, á huir. Al
forzar la extensión de los dedos del pié sobre el metatarso, como
acontece en la carrera, el talón se separa un poco del fondo del
zapato (si este es holgado) para chocar contra él, produciendo
un ruido más ó menos fuerte; y como se designó con la palabra
soleta (2) la pieza de paño ó lienzo que se coloca en la planta
del pié, cuando la media se destruye por ese sitio, llegó á to-
marse el sonido de las soletas como expresión del movimiento
que lo producía.
(1) £1 que sin tener órdenes mayores asiste á los entierros y perci-
be honorarios en festividades religiosas. — Domínguez, Diccionario de la
lengua.
Clericua minoribua ordinibua initiatua, ad majores transiré recusans.
— Diccionario de la Academia. (32.*)
(2) Diccionario de la Academia, año 1832.
— 68 —
Áemlmycpterlarlemd cod^pü qnfi ahm la mano, se dil
de uno que es poco generoso. Á primera vista me pareció qi
el mecanismo A tiiie se refiere la locución, de dar en el codo pai
que se abra la mano, se fundaba tan sólo en el efecto n]ecán¡<
producido por la vibración del golpe á lo lai^o del esquelef
pero poniendo nitls atención en ello, y basta practicando alj.
ligero experimento, me he convencido tanto de la eficacia di
golpe en el codo, observada en el origen de la frase, como de mf
error al atribairlo a tan sini[)le mecaiiismo. En efecto: la mano
se abre al golpear el codo, porqne se comprime el nervio cutiUal,
que es el que anima al má&aúojiej-or profundo de los dedos, en tÁ.i
canal que sepai'a el oUcrnnon de la luhurosúlad hUenm deí
mero, produciendo un dolor agudo y pasajero, que por esl
mismas cualidades se ha llamado dolor de viudo ó de riuda, sef
el sexo de quien emplea la frase.
Hacerse la honi agua. Tampoco ha pasado desapercibió
como lo indica esta locución familiar, el becho fisiológico de qi
la presencia de manjares apetecidos ó la imaginación de elli
provoca por un acto reflejo el aumento de secreción de las gl
dnias salivales.
Hoy, con un valor más amplio, se aplica esta frase á de-
signar todo contentamiento producido por ta vista ó recuerdo
de persona ó cosa deseada. Inútil creo decir que no pretendo
afirmar, ni mucho menos, que se baya conocido en el origen de
esta última frase el fisiologismo del becho; sino el becbo ' * "*
lógico.
F, DB LA SlKBlU V ZAíHA.
(Se continuará.)
EL FOLK-LORE DEL PERRO.
(Cou/inuorim.)
Mas, ."íea lo que quiera respecto al concepto definitivo qne
foiTuemos de las condiciones morales del perro, es lo derto
que las dos opiniones menciopadas hAUanse significadas <
¿cadas co |
— 69 —
varias frases y refranes. Veamos de enumerar, siquiera breve'
mente, algunas, agrupándolas por el sentido principal que en
ellas predomine.
Cara de perro.
La miseria tiene cara de perro, esto es, mala cara.
Anda, qne son carne de perro, es decir, carne de poca estimación.
Bisa de perro, risa fingida, forzada.
Decir y hacer perrerías, decir y hacer cosas con mala intención.
Estar echado ó tirado á los perros, se dice de una persona qne está
olvidada de su propia dignidad; y es una frase despreciativa ^ naci-
da, probablemente f de que á los perros se les echan las sobras de la
comida; por lo cual, más que al concepto moral que de estos anima-
les se tiene, se refiere á la manera de tratarlos, por regla general.
Lo que explica también las siguientes frases:
Tratar como á un perro.
Llevar vida de perro.
Hacer la misma falta que los perros en misa.
Vayase á expulgar un galgo.
No quedó perro ni gato.
Cama de perro y de galgos.
Frases hay que dan á entender que el perro es un animal
astuto, v.g.:
Á otro perro con ese hueso.
Ese es perro viejo en el oficio.
Dar perro ó perro muerto, engañar.
Visto el sentido general que domina en las frases, vamos
á ocupamos del que se advierte en los refranes que consul-
tamos, tomados especialmente de una colección de mil próxi-
mamente, recogidos en Villamartin, pueblo de la provincia de
Cádiz, y de las colecciones de Cejudo, Marte y el tomo se-
gundo del Comendador Hernando Nufiez, conocido por el
nombre de Pinciano. En ellas observaremos, desde luego, que,
en oposición á lo que resulta de las frases, el concepto que
más principalmente se destaca, es que el perro es un animal
leal, fiel y de fácil domesticación:
Quien bien quiere á Beltran, bien quiere á
su can Leal,
Quien bien quiero á Pedro, bien quiere á su
perro . . . . • Id,
Anda el perro tras su dueño Id,
El perro mi amigo, la mujer mi enemigo, el
hijo mi señor Id,
El perro del hortelano, ni hambriento ni harto
deja de ladrar Fiel.
— 70 —
Perro que ladra bien guarda la casa .... Fiel
El can con gusto, á sn dueño torna el rostro. . Agradecido.
Quien da pan á perro ajeno, pierde el pan y
pierde el perro Leal.
El perro del hortelano que ni come las berzas,
ni las deja comer al extraño Defensor de bu in-
tereses del dueño.
El hidalgo y el galgo y el talego de la sal, cabe
el huego lo buscad Amante de la casa
Tres dias á yunque de herrero duerme al son
el perro Domesticidad.
Las llaves en la cinta y el perro en la cocina . Id.
Cual el dueño, tal el perro Dócü.
No obstante las condiciones de fidelidad y lealtad á su
dueflo, que en estos refranes se atribuyen al perro, existen al-
gunos que dan á entender que el hombre no le trata siempre Con
demasiada generosidad y otros en que se indica que es animal
interesado, falso, ó de mala intención y digno de desprecio: v. g.:
Los perros de Zurita, que no teniendo á quien
morder, unos á otros se mordian Envidioso.
En cojera de perro y lágrimas de mujer no
hay que creer Falso.
A perro callejero no hay que tenerle lástima . Merodeador.
Por dinero baila el perro y por pan si se lo dan . Interesado.
¿Quieres que te siga el can? Dale pan. ... Id.
Quien con perros se echa, con pulgas se le-
vanta Despreciativo.
El perro del herrero duerme á las martilladas
y despierta á las dentelladas. (Refrán que dio
origen, probablemente, á la preciosa fábula de
Samaniego El perro y el herrero.) .... Perezoso.
Agua y pan, vida de can Mala vida.
Todo junto, como al perro los palos . . . Malos tratamientos.
Quien á su perro ha de matar, rabia le ha de
levantar Injusticia contra él.
Por dinero baila el perro; no por el son que
le toca el ciego Interesado.
En conformidad con los refranes y frases que dan á en-
tender el triste género de vida que, de ordinario, llevan los pe-
rros, hallamos el siguiente:
Al que no le sobre pan, no crie can,
en el cual creemos hallar uíSa indicación de gran valer para la
cuestión que nos ocupa; á saber, que como este animal es real-
mente un criado, un servidor, y criados y servidores puede más
— Ti-
bien tenerlos la clase rica que la pobre, aquélla le tiene natural-
mente más afecto que esta última. La cacería en sus primeros
tiempos, dentro del período histórico, fué ocupación, recreo 6
pasatiempo más propio de la clase noble y de los hijosdalgo,
que de los que se hallaban reducidos entonces á la clase de va-
sallos; por eso, sin duda, si la memoria no nos es infiel, creemos
que en nuestro Teatro y especialmente en el de Calderón, los
galanes ó protagonistas, y no el gracioso (que representa al
pueblo), son los que ordinariamente van acompañados de aque-
llos animales.
Por lo demás, aunque el asunto que nos ocupa (hoy que la
Historia Natural ha invadido, ó mejor dicho, penetrado con de-
recho propio, en las esferas de la Psicología) es altamente inte-
resante y no puede resolverse de plano, en la Mitología de Gu-
bematis y de otros mitógrafos é historiadores antiguos cree-
mos hallar una explicación, si no definitiva, racional y proba-
ble, por lo menos, de la divergencia de opiniones que se obser-
van en las producciones populares, respecto á las condiciones
morales del perro. En la Edad Media hacian frecuente uso del
perro para castigar ignominiosamente á los nobles convictos de
crímenes diversos: en la Biblia se consigna, como el mayor de
los suplicios, ser devorado por los perros.
Héroe de las leyendas míticas, (según el Zend-Avesta)
el perro era, en los tiempos primitivos de la humanidad, el
más fiel é inseparable compañero del hombre, hasta tal punto,
que se le consideraba como un indispensable complemento
suyo: «el mundo, dice aquel antiquísimo libro, no subsiste sino
por la inteligencia del perro.»
Los egipcios saludaban siempre con entusiasmo la apa-
rición de una estrella refulgente, denominada Sirius (ladrador
ó centinela) que coincidía con el desbordamiento del Nilo y
avisaba á los labradores la próxima invasión de las aguas,
á fin de que se preparasen para evitar sus estragos.
Considerábase dicha estrella como un Dios con forma
humana y cabeza de perro y era venerada en todas las ciu-
dades del Egipto con el nombre de Anubis, hijo de Osiris.
Tratando la Biblia de la huida de los hebreos del Egipto,
dice: « ni un perro abrió la boca, » frase con la cual encarece
la astucia é inteligencia de los perros, que supieron hacerse
cargo de la necesidad de escapar sigilosamente y sin hacer
ruido.
En la mitología griega las terribles puertas del infierno
aparecen guardadas por un fiel y formidable centinela en
figura de perro: el guardián del vestíbulo del averno estaba
- 72 —
Ldornado con tivs cabezas, para que fuese más segura
vigilancia. Todos los historiadores antiguos consideran
contrastable la fuerza del perro: Alejandro el (jrande recíl
del Rey de Albania itn can de taila enorme; y, querieni
probar su tuerza, lo hizo combatir con osuíí y jab^üfes; pero
el perro no se movió para atacarlos, y Alejandro, alribuyén-
doto á cobardía, lo hizo matar. Enterado el Rey, envió á
Alejandro otro perro igual al primero, advirtiéndole que
lo hiciese luchar con fieras débiles, sino con el león y el
faiite, y que no lo matase; pues, de hacerlo, no hallaría ol
igual. En su consecuencia, habiendo lidiado este segundo con
un león y un elefante y vencido Á Ambos, el de ^laceílonia
se sintió tan dolorosamente contrariado por la muerte dada
&1 primero, que jamás se consoló de ella. El único perro qi
sobrevivió á la defensa de Corinto, Soter, recibió como
compensa del Estado un niagnfñeo collar de plata con la
guíente inscripción: 'Defensor y salvador de Corinto.» El '
toriador que esto reñere recuerda, como antítesis, á los peí
que custodiaban el Capitolio en Eoma, los cuales fueron
ligados cruelmente por haberse dormido en la guarda que
les habia confiado.
De los ejemplos citados, y de otros muchos que no
cimos por no hacer interminable este artículo, resulta coi
indudable que, lo mismo en los siglos primitivos que eu
época actual, la educación ó la influencia directa del hombre
sobre el peno ba logrado modificar el carácter de este animal,
el cual, ha trasmitido después, por herencia, sus cualidades
morales, en armonía siempre con la de los pueblos en que
educan; así, en las naciones regidas mucho tiempo por jefes
absolutos, los perros eran dedicados á castigar y devorar í
los que no se sometian á los mandatos de aquellos tirai
Ejemplo de esto uos ofrece Pírithous, en la mitología grá
el cual fué devorado por el monstruo Tricerbero, cuando
taba de robar al rey infernal de los molosos la bella Peí
fona, Según la tradición popular, Arquelao mandó que
peños devorasen á Eurípides para satisfacer su vengí
El emperador Domiciauo, á quien un astrólogo anunciaba
fin próximo, preguntó qué muerte le estaba reservada al
de la profecía j habiéndole manifestado éste que sería de-
vorado por los peiros, paia desmentir el oráculo, lo mandó
matar y que después fuese quemado su cadáver. Pero, cum-
plida la primera parte de su mandato, y arrojada la vícti-
ma en una hoguera, saltó un fuerte viento que apagó el
fuego y los perros acndíei-on, devorando los restos del fu*
jefes
irar í .
autor I
— 73 —
feliz astrólogo. Boleslao, segundo Rey de Polonia, dice la
leyenda de San Estanislao, fué devorado en las selvas por
sus mismos perros, en justo castigo de haber ordenado la
muerte de aquel santo.
El monstruo védico Cuznha, representado por la estrella
Sirius, es el perro pestilencial del cielo de verano, al que
acompaña el perro cerbero que habita el infierno nocturno:
ambos vomitan llamas y castigan á los hombres, envolvién-
dolos en fuego y pestilencias. La religión pagana, que creia
como dogmas estos absurdos, empleaba toda clase de oracio-
nes, plegarias y conjuros para evitar las funestas inñuencias
de estos monstruos infernales. Pero todos los medios eran
inútiles, porque aquellos perros emblemáticos eran inmor-
tales, ó por mejor decir, engendraban hijos que continuaban
la obra de sus padres.
Las creencias de los pueblos primitivos del Oriente han
llegado hasta nosotros convertidas en mitos y en simbolismos
astrológicos; porque todo el saber estribaba entonces en la
observación inconsciente de los astros, cuyo curso maravilloso,
impresionando vivamente los sentidos y la imaginación de los
primeros hombres, dio origen á aquellas religiones fantás-
ticas, mezcla confusa de grandes verdades intuitivas y de
grandes absurdos, que, por la ley de la herencia, se han tras-
mitido después á todas las civilizaciones.
Hasta el cristianismo fué infinido por aquellas creencias
primitivas de los pueblos salvajes, como puede demostrarse
con el estudio de los libros védicos y de la misma Biblia,
llenos de concepciones é ideas mitológicas; los griegos reci-
bieron también de los egipcios esas mismas ideas y las co-
municaron después á los romanos, los cuales, á su vez, las
inculcaron en Espaíla que sojuzgaron tanto tiempo: los libros
de Moisés contienen fragmentos de la historia de las socie-
dades salvajes, que comprueban, aunque por fuente diversa,
los fenómenos, hechos y las narraciones incoherentes, á veces
verdaderas, de aquellas confusas tradiciones.
No debe, por lo tanto, causar extrafleza el encontrar en
las creencias de los pueblos católicos, interpoladas con la
verdad, algunas imitaciones de aquellas fábulas, como obser-
vamos, por ejemplo, en la historia de Santo Domingo: cuén-
tase en esta, que antes del nacimiento del célebre inventor
de los tormentos de la Santa Inquisición, creada para pre-
servar á España de la heregía, la madre de aquel piadoso
varón vio en sueños á un perro que corría y se agitaba en
distintas direcciones, llevando en la boca una mecha infla-
— 74 —
^ con la cnal ponia en combustión al mundo, y este su
que podríamos Uamar profecía, lo realizó el Santo cnn la 4
lebre institución que tanto influjo tuvo en nuestra Patría-l
en la unidad de sus creencias: por eso el Santo lleva síempii
á su lado, en las pinturas que lo representan, el perro incen-
diario con la tea en la boca, que lo simboliza,
¿No debemos suponer que seniejaiile leyenda es unan
miniscencia de Cerbero, míinstnio que incendia el mundo dea '
las puertas nocturnas del infierno? ¿No debemos sniwner %
Sau Roque, con los mismos atributos de Cuznha (Sú'íol
perro de verano, lo envuelve en llamas pestileJites pai-a CH
tigar á los hombres? Indudablemente: la fábula védica ]
sido aplicarla & los Santos católicos y en su fondo se desculij
una gi-an verdad que IJicílmente se explica.
En efecto; los dos perros védicos, el iiicenditirio y j
pestilencial, son, en su legítima y primitiva acepi-ion, el cal
sofocante del verano durante el dia y el rocío ó relente da |
noche en la misma estación; en Agosto, la leniperatura 11
Á su máximum de intensidad, las epidemias abundan y i
calor abrasador calcina el suelo, de donde brotan gases p
lentes. En la Canícula, reinado del peno, celébrause las fi
tas de San Bartolomé y San Roque, con sus respectivos e
blemas caninos.
Dando, de propósito, término á estas ya largas consü
raciones y viniendo ahora al estudio del perro como auxilU
de la gente de campo, creemos deber observar que en Espi "~
más que en ninguna otra nación, necesita el ganadero del
compaíUa de aquel fiel animal: atravesada por montaílaa |
sierras asperísimas, en cuyos recónditos laberintos y espea
bosques se ocultan multitud de lobos, la guardería ile los mi
tines es de urgente aplicación para defender los rebaflo» i
I ovejas, las piaras de vacas y de cerdos, las rjibras y y^^
I das que, en gran número y casi en un estado semi-salvíue, viví
y pastan en los valles y calladas, al cuidado de loa pas '
res, los cnales no podrían ejercer unaTigilancia esquiaitft y p ^
servar las ganaderías de aquellos merodeadores nvctund
sin el cuidado especial de los alanos y mastines. Estoa taec^
guardianes, armados de rollares y peto con aguzadas pno^
de hierro, permanecen alerta constantemente, unos en la V|M
guardia del ganado, cuando sale al re|)asti} durante la n
otros colocados i distancia en los imntos cardinales, i
donde perciben el menor riiidu, sienten los pasos de sus ene-
migos y olfatean sus vientos. Para probarla astucia cobarde
del lobo, dicen los paptoreí^^ que empicíiiui anunciando su pro-
— 75 —
«encia con un prolongado aullido que gráficamente lo tra-
ducen con las palabras siguientes: Quien manda aquiiiiiii. —
Si el perro es fuerte y práctico en las lides con aquel feroz
animal, contesta con un ladrido grave, profundo y aterrador:
Ymi.... You.... YouH.... — Si, por el contrario, el perro es joven,
pequeño y débil, se intimida y el sonido de su voz indica la per-
turbación de su ánimo que le obliga á pronunciar: Tu.., fu....
tuH.... En el primer caso el lobo se retira aterrorizado por el
ladrido de su adversario, cuya enérgica y limpia voz le de-
muestra que tiene anchas fauces y poderosa fuerza en sus
dientes, y uñas robustas en sus manos, para escarmentarlo: al
tu.... tu.... iuu.... del gozquecillo, el lobo avanza triunfante para
hacer su agosto.
Un libro podríamos escribir si narrásemos lo que lít expe-
riencia sencilla de los ganaderos refiere de los lobos y los perros.
Hay en los últimos como en todos los animales, incluso
el hombre, diferentes grados de inteligencia, y ésta se tra-
duce muchas veces en hechos que sorprenden: las razas diri-
gidas por gentes ilustradas aprenden y ejecutan ciertos actos
que observan en sus dueños: el perro doméstico, educado entre
personas aristocráticas, jamás se permite satisfacer necesida-
des poco limpias dentro de la casa, y pide con insistencia que le
abran las puertas para ir á la calle. He conocido á un perrillo
danés, de orejas levantadas y piel cubierta de pelo crespo, que
jamás se permitía ciertos desahogos naturales, sino en el
(Ion pedro que usaban los criados y, aun algunas veces, llegó
á tenerlos en el mismo pidpito donde predicaban sus dueños.
De otro perro sabemos que, mientras fué joven, acompa-
ñaba á sus amos en las visitas de confianza; pero ya viejo y
asmático, se hacía incómoda su presencia en las casas; y un
dia en que, inadvertidamente, siguió á sus dueños, el marido,
hablando con su señora, dijo: «El perrito Toby no debíamos
ya traerlo á visitas y es necesario decirle que se vaya. » El
inteligente animal comprendió el tono decidido del que pro-
nunciaba estas palabras y, deteniéndose con la manilla levan-
tada, dio la vuelta, agachó la cola y se marchó directamente
á su casa. Habiendo ido este mismo perro, en otra ocasión, á
la Catedral, y recibídolo el perrero de la poco piadosa manera
con que tratan estos reyezuelos de la raza canina á sus des-
venturados subditos, el perrito Toby no volvió jamás á pasar
por ninguna iglesia, ni á acercarse á sus inmediaciones.
Antonio Machado y Nuñez.
(Se continuará.)
76 —
MISCELÁNEA
lyiMANCE CANTADO
A la bondad del distinguido profesor de la Institución Libre,
Sr. D. Joaquin Costa, debemos la siguiente lindísima variante de
la composición que, con el título que encabeza estas lineas, inser-
tamos en la página 40 del primer número de esta Eevista. Aunque
ya esta variante, y otras dos de que hemos tenido noticia, podrian
darnos motivo para un artículo, fíeles á nuestro propósito de no
teorizar sin datos suficientes, vamos 4 limitarnos, por boy, á tras-
cribir la versión á que venimos aludiendo, dejando para otro día la
catalana titulada Don Joan (pág. 39, tomo ii de la obra del
Sr. Pelay Briz, Cansons de la Terra) y la portuguesa titulada He-
leva (traducida al francés é inserta en la pág. 28, de la obra del
Sr. Conde de Puymaigre, Romanceiro, Choix de vieux chants por-
tugáis).
Hé aquí la versión recogida por el Sr. Costa en el Pirineo de
Aragón, donde se canta como albata ó alborada:
Se pasea la Carmona
por BUS salas arrogante
con dolores de parir
que el corazón se le parte.
Entre dolor y dolor
Carmona reza una salve.
Ya se asoma á la ventana
por ver si corría el aire;
desde allí ha visto el palacio,
el palacio de su madre.
— jOh, quién tuviera una casa,
una casa en aquel vallel
Tendría por compañera
á la Virgen y á mi madre.
Suegra. — Vete, Carmona, á parir
al palacio de tu madre.
— Y Don Bueso, cuando venga,
¿quién querrá me lo hospedare?
— Yo te lo hospedaré, yo,
con perdices y capones
y otros manjares más grandes.
Ya ha llegadito Don Bueso;
le ha preguntado á su madre:
— ¿Dónde está la mi Carmona,
77 —
Page de los padres
de la condesa.
Conde.
La madre DE LA
condesa.
La condesa enferma.
Conde.
El niño.
que á recibirme no sale?
—Tu Carmona se ha marchado
al palacio de sus padres
y me ha dicho p.... vieja
y á tí hijo de malos padres.
— A delicias, conde mió, (sic)
á delicias, pienso hablarte, (sic)
ha parido la Carmona
un hijo, primero infante.
— Que ni el infante lo goce
ni ella de allí se levante.
— Albricias, albricias, conde,
albricias, que pienso hablarte,
que ha parido la Carmona
un hijo, primero infante.
— Que ni el infante lo goce
ni ella de allí se levante.
— ¿Quién es ese caballero
tan descortés en hablare?
— Es tu marido, Carmona,
que por tí ha preguntare, (sic)
— Levántate de esa cama
antes que yo te levante.
— Hombre, de una hora parida,
¿cómo quieres me levante?
— Levántate de ahí, Carmona,
antes de que yo me enfade.
Aprisa pide vestirse
y aprisa pide calzarse,
las doncellas que la visten
van bañaditas en sangre.
— Dónde quieres ir, Carmona,
¿en las ancas ó delante?
— En las ancas, caballero,
que no quiero deshonrarte.
— ¿Cómo no me hablas, Carmona,
de lo que solías hablarme?
— Hombre, de una hora parida,
¿cómo quieres que te hable?
Las ancas de tu caballo
van bafiaditas en sangre,
y el camino que traemos
no hay peor para igualarle.
— Ya hemos llegado, Carmona,
al sitio donde matarte.
— lAh! iQuó delicia la mia
si el recien nacido hablare!
— Quieto, quieto, padre mió,
quieto, quieto, mió padre:
culpas que debe mi abuela
¿quieres que pague mi madre.?
Alzó los ojos al cielo (la madre):
— ¡Ah, qué delicia tan grande;
niño de una hora nacido
ya le ha habladito á su padrel
otra veraion do la totalidad del romance y cinco variantes 3^
algunas escenas, nos coiniinica tambion el Ür. Costa, de quo da-
remos cuenta al hacer el estudio definitivo do la composición quo
aos ocupa.
EL NUMERO 3
EN NUESTRAS PRODUCCIONES POPULARES ( I ).
1 Tren eran tres Ina hijas do Elena,
lirs eran írra y ninguna era buena.
Ellos eran Im: Araña, Concha y Cortés.
Una, dos, fres.... cojito ea ('2).
4 Estos eran vez y vez, lin:
dos polacos j un francos,
el francés tiró de la espada....
^¿Y qué hizo? ¿los mató?
— Nó, tú verás lo quo sucedió.
Estos eran vez y vez, Irn:
dos polacos y un fcancús, etc. (3).
Estar como trts en un zapato (4).
k las /r-'i va la venoidn.
(I) Como los lectores comprenderán, eato oh el principio de il
colección de niaterinlea referentes al núniero 3, cuya ¡Rjportancia, cf"
numero simbúlica en la mitologia india, ea conocida do todos loa I
lorístus, después de la publicación de los curiosos trabajos del ilustro
Oubematis. Llamamos la atención de loi que se interesen por estos
estudios, y niuy especialmente de nuestro querido ami^ el íír. Guichot,
respecto al sinnúmero de veces que el 8 entra romo factor imporüinto
en todas las producciones populares, Véanse ya para este olijcto las
dos supersticioaes, publicadas por nuestro referidci amigo con loa nú-
meros R y nS; la copla de curk. núm, '¿4, p&g. 21, la oración de fían
Antonio y el cuento de Iss (rrir adivinanxna, citado por el í>r. 1
Marinen la pág. 65 del primer m) mero do esta Ue vista, y Ub t
oraciones que van en este cusLlerno.
(S) Fórniula psra hurlarse de los cojos.
(8? Forma del conorido cuento de la baernt ¡tipa: análogo ti f
serto «n la gran colección de Pitre, l. ni, pág. 1 1», con el titulo de 1
euntu di lu varreri.
(i) Significa estar con poca facilidad para nieven
nducido. También ee diost 'estar como piojos en costura.
— 79 —
7 La primera la perdona el rey,
la segunda el papa
y de la tercera nadie se escapa.
8 Una no es ninguna,
dos se meten en un rincón,
tres^ algo es.
9 Á mi se me da tres pitos, ~ír^ caracoles, — tres cominos.
10 Eso tiene tres bemoles.
11 Los tres pelitos del dómine.
12 Como tres y dos son cinco.
13 Ni á tres tirones.
14 Darla de tres y traza.
15 Vayan tres pies para un banco.
IG Las tres B: esto es; bueno, bonito y barato.
17 Los enemigos del alma
todos dicen que son tres^
y yo digo que son cuatro
desde que conozco á usté,
18 Aunque en una cruz te pongas
vestio de nasareno
y pegues las tres caías,
en tu palabra no creo.
19 Ya viene er dia,
la cruz de carayaca
y las tres Martas (6).
20 Las tres reglas de la gramática parda, á saber: ver venir, de-
jarse ir y tenerse allá (6).
21 Las tres verdades del barquero (7).
(6) Se refiere á dos constelaciones.
(6) Están explicadas por Fernán- Caballero, en su obra Poesías y
Cuentos populares, 1859.
(7) Esta frase se halla explicada en un cuento que nos refiere
nuestro querido amigo el Sr. Guichot y Sierra: «Llegó uno á la orilla de
un rio, y no teniendo dinero para pagar al barquero que lo habia de
llevar á la opuesta, convino con éste en que se embarcarla mediante
la relación de las tres verdades del barquero, que el barquero ignoraba.
En la mitad del trayecto dijo la primera: el pan duro, duro, duro, más
vale duro que no ninguno: después dijo la segunda: zapato roto, roto,
roto, 7nás vale en el pié que no en la mano. — ¿Y la tercera? preguntó el
barquero en el momento de desembarcar el narrador. — La tercera, con-
testó éste, es: que si á todos los pasas como á mi, ¿para qué estás aquif
— 80 —
Loa tm consejos de Salomón (6).
La uiüa de los tres maridos (9).
Al que no quiere habas tra guisos al día.
Tres cosos baceu al campesiuo salir de eu casa: procesiones,
toros y personas reiiles.
Tres cosas eclian al amo de su casa: hnmo, gotera y mujer
vociuglera.
Tres C producen la muerte de los viejos: catarro, curso y
caida.
Una. doB, tres. cU (10).
El juego de tres en carro, ó trincarro (11).
(S) SonloB s¡gQÍenteB: no dejes cat
que no te importa; piensa lat eona» treí
tres (consejos forman el oontenido de i
dido en toda Europa; entre otras versii
Maspone y Labros (Lo SjmdaUoyre), t
\opor trocha: no preguntes lo
eces rin(™ de hacerlas. Kstoa
cuento popular, muy exten-
m refordnmOB una del sefior
íl Sr. PitrÉ (Li Irt rigorili).
Otra del Sr. Trueba (Curtiloa populares), y otra del Sr. Barbado (Ene
elopedia), etc.
(9) Titulo de un cuento de Fernán-Caballero, inserto ei
obra Cuentos, onicionesy adivinas, etc., 1877.
(10) El cké es el nombre de un juego de inuchaubos.
(1 1) El juego del trincarro ú de tna trfn en carro, coni
bujar Bobre un papel 6 mesa, con lápin, pluma ú tíüa, res pectt valúenle,
un rectángulo eon bus dos diagonaleB, y dos perpendiculares, una ver-
tical y otra horizontal, que se iTU^an en el punto de interaeccion de lu
doB dtuKonales en la siguiente forma:
eraeecion de l8^^
Dibujada la figura y eoliada chiua entre los dos jngadoreí pnrá
ver á quién le toca ser mano, A principiar el juego, hace cada uno, por
lo común, tren bolillae de papel, que puedeu BUstituirse con botones,
garbanxoB, pedacitos de ciiseura de naranja, etc., y el niittto coloca en
el centro la primera bolilla que recibe el nombre de reina, y la cual no
puede moverBe hasta la conclusión del juego: inraeJia lamente el se-
gunda jugador coloca una de sus bolillas en cualquiera de los vértices
de los distíntoa ángulos couiprpudídoe en la ligara. Colocadas las tres
bolillas de cada uno de loe jusadoree en los vértices que creen conve-
nientcB, y sin otras limitaciones que lit referida respecto i la reina y la
de que no vale saltar raya, continúa cada uno moviendo alternativa-
menlv bus respectivas bolillas basta que, por el descuido de uno, el
contrario consigue colocar sus tres fichas en linea lioriiontal, raKon por
la cual se llama este juego también de tres en rii¡/a.
Agradeceremos á nuestros dignos consocios bonoraríos se sir-
van comumcamos las noticias que tengan sobre este juego, en sus
respectivos países.
— SI-
SO Dar tres y raya.
31 Tres veces si y tres veces nó (12),
82 Terne (13).
33 En un dos por tres (14).
NOMBRES DE SITIOS
CERROS DEL SAUGEJO (1)
1 Cerro de las Arenas.
2 Cerro de las Canteras.
d Cerro de las Amoladeras.
4 Cerro del Retamal,
fi Cerro del Tarajal.
€ Cerro de las Viñas.
1 Cerro de la Viñuela.
6 Cerro de la Chaparrala.
5 Cerro de la Viña perdida.
^ O Cerro de la Muía.
^ ^ Cerro de las Sardinas.
-* ^ Cerro de los Gitanos.
^ Cerro de Pedro Benitez 6 Cas-
^ tillo del Conde de Lara.
^ Cerro de Lorenzo.
15 Cerro de Tello.
16 Cerro de Tinoco.
17 Cerro de Montero.
18 Cerro de Morillas.
19 Cerro de Benamazon.
20 Cerro del Francés.
21 Cerro de la Gallega.
22 Cerro de San Marcos.
28 Cerro del Tesorillo.
24 Cerro del Silo.
25 Cerro y minas de la Góme-
mela.
26 Cerro de la Viruta?
27 Cerro de Espaolar?
28 Cerro de la Goina?
29 Cerro de Mazuelos?
80 Cerro de la Crepa ó Estepa?
(12) He refiere á un juego de prendas^ ó mejor dicho, á una sen-
tóla general de juegos de esta clase, mediante la cual se condena á
^^o Á que diga tres veces sí y tres veces nó, á voluntad, contestando á
^^^*B preguntas que le hacen los demás jugadores, de común acuerdo,
^^«de sitio en que no pueda escucharlas el sentenciado.
■^ (13) Palabra andaluza que se aplica al hombre que ni teme ni
^^l>e, que cobra el barato en las reuniones; al que, según una feliz ex-
^^^8Íon de nuestro digno presidente honorario, vale como tres. De aquí
^* modismo echarla de teine.
(14) Y en un periquete son dos modismos andaluces análogos, que
^^gnifican en un instante: v. g.: — Te vas? — Sí, pero vuelvo enun dos por
**"^«, esto es, al momento.
(1) Correspondiendo á nuestra invitación nuestro digno presi-
dente honorario, con aquella bondad y aquella modestia inseparables
^tnpaíieras siempre de la verdadera sabiduría, nos ha remitido un
K.» 3
- 82 —
Dos objetos nos han mondo principalmente ¿ insettat
esta miscelíiiiea los nombres de los cerros del Saucejo: 1.° Dar un
testimonio público de gratitud a. los señores que nos los han facili-
tado y ocasión & los habitantes de aquella villa pata indiciit-nos las
omisiones ó equivocaciones en que, ioToluntariamente, hayamos
podido incurrir y las adiciones •> correcciones que debamos hacer.
2." Facilitar materiales de estudio á los dignos señores que com-
ponen la Sección tle lengua», que deseen ayudarnos eu estos tra-
bajos.
Como nuestros lectoies verán, hemos procurado segnir un
urden racional en la agrupación de estos nombres, comenzando
por aquellos que se leñeren á la naturaleza del Euelo, siguiendo
por los relativos ¿ productos vegetales, y terminando con loa que
parecen, u primera vista, referirse k construcciones, características
ya de un periodo de civihzacion y iilos quecontieuen alguna tradición
histúrica: v. g-, Silu y TrsoriUo y cerro de la Gaitera y del Francé».
En el último grupo incluimos aquellos nombres que, por no estar
comprendidos en ninguno de loa oüteríores, y uun por temor do
no haberlos trasoríto fielmente, los iusertamos con una '
gaoiou.
breve articulo en gue, después de adherirse, inctadiñonatmente (ad*
verbio coya trascendencia y delicadeía apreciapios en todo su valor).
al pensamiento de allegar materiales para levantar, ea bu dio, con oí
concurso de todos, el tnapa topográfico tradicional, de uno siquiera de
los pueblos de esta provincia, nos explica el nombre de algunas loca-
lidades, siendo una de elías el Saucejo, objeto hoy de nuestras pri-
meras invealigaciones. «Saucejo, d¡oe el Sr. García Blanco. &íiW»ii(,
latino, tierra de sauces ó salces; probablemente por los ricos manan-
tialea de agua muy buena en que abunda. Kra en lo antiguo aldea de
Osuna, perteneciente al ducado y casa de este nombre; mas después
se levanWi por villa y llegti 6. tener por aldeas á tres rurales, á saber
Mesqaitillas, Navarredonda y MajouUa ó Majada honda; lioy ya casi
derruidas, esta última principalmente ya no existe. El nombre, como
se ve, es romano puro (»alix) y el pueblo lo indica también por al-
gunos ligeros monumentos que en él se descubren. En bu termino
hay un manantial de agua ferruginosa, muy medicinal para los males
de estómago, y á la entrada del pueblo, %-iniendo de Osuna, niia buena
huerta, llamada de San Pedro, con agua muy buena y abundante;
en BU término hay niuchss haciendas, arroyuefos, montes, montañas
y cabemos, cuyos nombres conviene estudiar, consultando al vulgo,
único que puede dsrnos alguna idea y que conserve acaso la ratón
de BU nomenclatura.
Salcejo ú Saucejo, aunque de un'geu latino, son nombres que dan
mucha lus para la explicación de varios de loa que hoy llevan algunos
de sus cortijos, dehesas, arroyos y colinas, que vamos i estudiar, si-
quiera sea en loa de liaber sido el primer pueblo que se ha prestada 4
esta elucubración geográfico-vulgar.
La palabra cerro, según el miamo señor, procede de la yoí he-
braica i'"it¡í '^hor, que signilica, mirar, acechar, rodear.
A
— 83 —
Oración de la raiz. — (Sevilla)
Anima— reta y perfeta— y puesta en buena compañia^—nuebe
alma s* os pido y nuebe me tenéis que dá: — tres de tres hermosas
donsellas — y tres del ajustisiao— y tres del ajorcao. — Estas nuebe
almas —las agarrarás— con la rais de piera imán — para que yo
pueda arcansá — y gosá— lo que sea e mi boluntá. — Entro y con-
siento en er pauto — que no sea creminá.
Oración de los porbos arcansaores
y benseores. — (Sevilla]
Sanfajanidá,— suerte eché á la má; — si buena la eché— mejó
la saqué:— por su santidá, — por tu birginidá,— m lo que te pío— me
lo tienes que otorga,— m los porbos arcansaores ni benseores— (/«
lo que quiero lo otorgará. — Entro y consiento — en er pauto cre-
miná.
Oración de la flor falaguera.-^(Garmona]
(yabiante de la anterior)
San Ser\dan, — suerte echaste á la mar; —si mejó la echastes—
mejó la sacastes:— por tu santidá— y la santidá de estas tresmosas
donsellas— que me digas la verdá;- señas te pío, — señas me darás,
— que lo que yo te pío— me pueda otorga;— lo otorgaré— pero es
llevando consigo— los granos de helécho— que son los arcansaores
y benseores.
Oración del justo juez. — (Garmona)
Estrella, estrella, —más altay más bella,— ¿res rayos tienes — y
tres rayos tendrás: — uno el demonio mayor, — el segundo y el ter-
cero—que es el lamo (sic) más pajuelo — más pronto y más ligero. —
Diablos, venid: — susénconjuro á toos juntos, — que no pueo dispara
ni sosegá, — que cuando me veis en apuro— me alibrará;— de too lo
que te pido —me lo otorgará;— esta oración te digo — pá que pueda
alcanzar— mujeres por muy bravas que las veas. — Esto oración
que echo,— para que te qnees mansa, — te enconjuro con María Pailla
— y con toa su cuadrilla;— que lo que te pido— me lo otorgarás— y
por muy brava que esté— me se amansará.
Oración de la galilea. — (Garmona)
Al mar hondo entré— y me encontré iré» cabras negras, — j fui
y las ordeñé, — y les saqué tres quesos; — y fui loa epM^inendé, — ^ano
para Satanás, — y otro para Barrabás -*j otro inai ^PaUl
para tené contenta— á loa au ooadrill^
— 84 —
'Sfr'ííbStReaÓrBtitBties. si tal pueden llaraArse. qne acabni
de traEoríbii', las dos primeras bau §Ldo rscogidas por nosotros,
Sevilla, de una gitana ambulante, y copiadas coa estricta fidelidí
Las otras tres las debemos é. U bondad de nuestro querido anii
j oonKOuio, el Sr. D. Juan Fernandez, de Carmona, quien
copio también escrupulosamente de una gitana residente
aquella población.
Respecto a la primera sólo podemos decir, por boy, qna
narradora nos aseguraba que la raí;, ¿ que la oración se refii
y que no quiso nombrar, serbia para alcanziir todo cnanto tt|
quena, incluso el proporcionar la felicidad ñ. un niño reciennaoi
Para ello, debía envolverse dicha raíz en un papel, con una
neda de oÍdco duros, mojarlo todo en agua bendita, dar Im i
das en el suelo con el pié izqnierdo, mientras el niño se bantizal
j recitar tra veces la oración, durante el bautizo, teniendo ta
en cnenta trasladar el papel , con la moneda y la raíz, de la maní
izquierda n ]a derecba, terminada la ceremonia.
En cnanto íi la segunda, que, como bu nombre indica, sirTO
para obtener la posesión de una mujer y vencer sn virtnd. no
pudimos conocer la manera de aplicarla, por no querer la gitana
declarar el secreto delante Je gente; diciéndonos, sólo, qne los
polvos tenían también la eficacia de proporcionar un oficio al que
los tiraba en la puorta de una iglesia. El deseo de sor fieles
escmpulosos en la recolección de estos materiales, nos ha
vido k conservar las mísmaa textuales palabras ipamima verba
la narradora, que resultan confusas y aun contraproducentes,
niendo mucha más fácil explicación en la versión de que ¿ conl
ouncion tratamos. £! m subrayado parece que sobra; el sef^undo
ni debiera sustituirse por eoii: el tercero por y; el de suprimiree y
el lo sustituirse por mt. De los fenumenos fonéticos de estas dos
oraciones, nos hmitarómoa á llamar la atención sobre los que se
observan en las siguientes palabras: reta y ¡lerfria por recta y jirr-
Jtfto.:—»' ntpüU) por [i« pillo:— pauto, por paelo. En la cuestíon de
fondo, es digna de ubservarao la existencia de dos clases de pacto,
uno criminal y otro no criminal; dístiucion quose halla do acuerdo
oon indicaciones de los libros de magia.
La tercera oración os ima variante de 1» segunda. De ella dico
nuestro referido amigo el Sr. Fernandez, lo que a continuaciou
trascribimos, perfectamente ajustado ti lo que le dijo la gitana d«
quien recogió la oración: 'hv,flor ile tafalaipura es una planta de
una tercia de alto, como la yerba'bucna, y entro los tallos tiene
naos granos chiquetines, blancos, con la boquita negra; es necesa-
rio cogerla á las doce de la mañana <> de la noche, del dia de San
Juan, entre tres vírgenes y con una sábana blanca que sirve para
recoger tos granos: molidos estos y colocados dentro de un billete
de lotería, on un cierto lugar oscuro, tienen la virtud de hacer quo
aquél salga premiado; sirven también los granos para obtener 1»
posesión de una mujer, mojándolos en agua bendita, lioudolos en
un papel de cigarro y tirándolos oon la mano izquierda á la puerta
que
— 85 —
de la deseada.» Parece desprenderse de la oración y lo anterior-
mente expuesto, que la falaguera y el helécho son una misma
planta.
La oración del justo juez, sirve no sólo para obtener á una
mujer, sino para librarse de todos los peligros. Hay que recitarla
ó decirla en una encrucijada, á las doce en punto de la noche y en
sitio donde uno vea á todo el mundo y no sea visto de nadie. Para
obtener resultado es necesario someterse á infinidad de pruebas:
oir cadenas arrastrando, perros ladrando, gatos maullando, borras-
cas, lluvias, alaridos, etc. etc. Digno de un especial estudio cree-
mos la intervención en esta oración del nombre de Maria Padilla,
amada, como es sabido, del popular rey Don Pedro I de Castilla.
La gitana afirmaba que la María era la mujer del diablo mayor;
de lo cual pudiera resultar un gracioso epigrama para el rey Jus-
ticiero.
La quinta oración, llamada de la Galilea y áe los demonios ma-
yores, sirve también, según los informes que dio la gitana á nues-
tro referido amigo, para conseguir una doncella, á cuyo fin ha de
decirse tres veces seguidas.
Demófilo.
bibliografía
IL VESPRO SICILIANO NELLE fRADIZlOXI P0P0L4RI DELLA SICILIA
PER GIUSEPPE PITRE (1)
A la bondad de nuestro distinguido amigo el ilustre é infa-
tigable Sr. Pitre, debemos el presente libro, hecho con motivo de
la celebración del sexto centenario de las Vísperas sicilianas, cele-
brado en Palermo con el explendor y ardoroso entusiasmo de que
tendrán noticia nuestros lectores, por los extensos artículos pu-
blicados eir toda la prensa europea.
Pone principio á esta obra una breve y bien escrita Introduc-
ción en que el autor se ocupa de aquel importantísimo hecho his-
tórico, tal como aparece en los proverbios, modismos, frases
proverbiales, canciones, usos y juegos infantiles, contenidos en la
colección, poniendo de manifiesto, una vez más, la inmensa im-
portancia de estos materiales para los cultivadores del Folk-Lore é
indicando delicadamente de paso que no es el odio á una nación
(1) Palermo. Luigi Pedone Lauriel, Editore. 1882. Un volumen
en 8.0 de 125 págs.
— 86 —
amiga la que faa presidido á la celebraoiou de esta ñasta, con a
tas palabras: 'La Francia de hoy, dice, nada tiene de oomaa oc
la Francia del siglo XILI, en la qne un pnüado de mcrcenarioa
reunidos y apiñndos en torno A, la funesta banilera de Carlos i
Anjou, cometin en Sicilia toda clase de abusos, depredac
desafueros inauditos. • Con una ligera indicación acerca del valñj
dialectolt'igico de las dístinliia tradiciones contenidas en la obrita J
de la imposibilidad ó, mejor dícbu, inoportunidad de poner en ellit*
notas filológicas, termina la breve introducción, que, dados los
vastos conocimientos y competencia del autor en estas materias,
bastaría por si aola para dar motivo para un extenso articulo.
Sigue a esta introducción (paga. 1 a Ift) una sección titulada
Jm Ifyeniia ¡) las iradicinim hcaln (págs. 10 á 81), en la cual en-
contramos veinticuatro versiones, recogidas en Palermo (tres),
Ficarazzi, Borgetto, Partinico, Salaparuta, Aci-castello, Aci-reale,
Etna, Ragusa inferiere, Messiua, Caltanissetta, Alcamo, Sanfra>
tello, Isnollo, Cbiaramonte, Trapani (dos), Sperliuga, Mineo. Mar-
sala, Catauia y Castiglione-etueo. De estas versiones, seis fueros
recogidas directamente por el Sr. Fitri-, varias por su ilustre co-
lega el Sr. Salomone Marino y las domas por distinguidos escri-
tores y amigos del autor. En la imposibilidad de darlas a conocer
en esta ligera noticia, vamos á trascribir en la nota la de Fica-
razzi, recogida por el Sr. Pitri"> (I).
A esta interesante sección sigue la titulada rrorerliion y o
darnos (pags, 78 á 88). Veintidós son las producciones popular
de esta especie, diez procedentes de Sicilia, una de Caltanisgetl
[I) Con el objeto de que aquelloa de nuestros lectores que r
noccsn el ¡taliuiu, puedan enterarse del (^>ntenido de la linda ti
que, por ser una de las niLs breves insertamtis, Uarous aquí la si
Ubérrima traducción de ella:
• Dlcese que ona vos entrnron los franceses en la ciudad de Palen
>y que, dei'iilidoB 6 imponer su cnpríclio como ley, determinaron (|
•eada «na de las jóvenes que se casase tuviese que pasar ron uno i
•ellos la primera noche. Loa patermi taños, fingiendo tolerar la aÍTi
rifratniaron un complot. Uno de ellos, llamado Prócida, se dis&aa
Limonje y dijo á los demás. — ¿Sabéis lo que hemos de hacer? El 3
^Hano son las Heetas en loa nlrededores d<> Palermo: cuando loa iV
m acudan á ellas á divertirse como suelen, nos tevantamoa á
f AacabamoH con ellos.
•Dicho y heclio; si supuesto monje, conforme se iba encontraad
ñé loa palerndlunuB, fingiéndose loco, tocaba una bocina y '
— iQaé hace ese? decían los franceses.— Nada, respondían; m
i en BU juicio,
>K] 31 de Mano se lleva á cabo [o convenido y loe palermlUnoa
•■e rebelaron. Para averiguar cuáles eran franceacs y cuales nó, obH-
•gaban A todos los que encontraban á decir ciiriW, dnndo muerte &lM
•que, no piidiendo pronunciar bien esta palabra, decían ehkhirL- de
>esta traía se valieron para conocer ¿ sus insolentes enemi|{os y «i-
•terminarloB.
— si-
dos de Marsala, una de Ghiaramonte, dos de Toscana, una de
Lombardia, nna del Véneto, una de Italia, do» de Francia, y dos
de España. La española
Dios te libre de los maitines de los fariseos y de las vísperas de los
sicilianos,
corresponde á las siguientes del Véneto, de Toscana y de Francia:
Dio ti guardi da Vespri di Sicilia, da Mattutin di Parigi e da Pas-
que di Verona.
Guardati da Mattutin di Parigi e da Vespri siciliani.
Vespres de Sicile, Matines de France.
Guarde-toy des Matines des Pharisiens et des Vespres des CicUiens.
Insertamos de propósito este último proverbio, que con el
que dice
Sólo Sperlinga no quiso lo que á toda Sicilia plugo,
son los dos únicos españoles que conocemos respecto al importante
hecho histórico de las vísperas sicilianas, utilizando esta ocasión
para rogar á nuestros lectores se sirvan comunicamos cualquier
otro de que tengan conocimiento para remitirlo al Sr. Pitre.
Con pena nos limitamos á trascribir una sola de las diez
Canciones populares, insertas en la tercera sección (págs. 95 á 110)
del libro que nos ocupa, modelo varias de ellas del vigor artístico
del pueblo de esa hermosa comarca italiana, cuyas singulares dotes
poéticas han dado tan magistralmente á conocer el autor de este
>E8te acontecimiento tuvo en el mundo tal resonancia, qae aún
>hoy no se puede hacer mención de él entre los franceses, los cuales,
>segun se dice, construyen todos los años una ciudad de paja y le pren-
>den fuego, queriendo significar con esto que, si volviesen á Sicilia, la
> harían arder como paja.»
Dici ca 'na vota 'nta la citati di Palermu vinniru li Francisi. Sti
Francisi si vulevanu pigghiari larga manu, ca tutti cbiddi chi si marita-
vanu, la prima sira avíanu á farí ca un francisi si ccí avia a curcari la
prima notti. Li Palermitani, ca coi fítía lu mussu, si misiru a farí un
cumprotu. Si vota unu vistutu roonacu, ca si chiamava Procita, e dici: —
cSapiti ch' ámu a farí? a li 31 di marzu ce' é la festa fora Palermu;
quannu vennu lí Francisi pi farí a lu solitu so, nui nni facemu festa, e
fínisci. »
8tu monacu a cu' scuntrava scuntrava di li Palermitani coi sunava
cu 'na trumma e cci parrava a 1' arricchia.— «Chi fa chi8tu?> dicevanu
li Francisi. — «Nenti: b foddi.*
A li 31 di marzu successi la cosa: li Palermitani s* arribbillaru.
Quannu scuntravanu a quarchi francisi cci facianu diri cxciri; chiddi ca
dicevanu chichiri eranu ammazzati; e accussi fíneru tutti.
Sta cosa sunau pi tuttu 1' universu munnu, e li Francisi 'un si la
ponnu scurdarí cchiü. Dici ca ogn' annu 'n Francia fannu 'na citati di
paggbia, e 1' abbrucianu, vulennu signifícari ca sí li Francisi vinissiru n
Sicilia, r abbrucirríanu comu paggbia.
libro y su iluatrailo colega el Sr. Bnlomono Marino,
obra Leiimide popolari sicüiaai.
H^ aquí la cancioD d que nos referimos:
■VIZZINX
Nuil v' aüxarduti a vtniri 'n Sicilia,
C liannu juralii salan'! 1¡ cferia,
E Bempri na virríti 'ntn Sicilia,
I-a Francia sunirá Bempri martoria,
Üg(p a cui dici ehichiri 'n Sii^ilin,
Si cci taeghia la testa ppi hí> gloria:
E quannu ai dirá: qui fu Sicilia,
Finirá di la Francia la memoria.
Interesante por todo estremo, aunque aólo comprende i
juego, de aiitiquiBÍnio uso en Cii i a ramón te, ea la enarta seoo
(págs, 113 lí 115), ¡.a Vrrra ea el título de este juego, que es ea
cierto modo k ru presentación del liecko liiBhkico de las visperua
sicilianas y en el cual uo faltaban, como oii los análogos de nnes-
troB mucliHchoH. cabezas y piernas rotas y desgracias que lameO;
lar; lo que síu duda fué causa de su abolición deñnitíva en el a
de 1848. Comunes son entre nosotros loa juegos de morot y eriitU
nos, ijiíerra, ce»arianiji y pompeyanoa, etc., ¡guates en el fondo ftl J
La Yerra en que tieiliaims yjramesrii pelean al üun de las siguleo^
uancioncillas:
a SkiÜn
I /u Rrc!
Ntn. nta. ranta!
Corpu di lanza
Srnea pialii!
ABÍmilables a este juego creemos que son todos aquellos en «
varios mucliacbos, bajo cualquior pretexto, se dividen y pcleao f
dos opuestos bandos; tales, por ejemplo, como el dejiisiMa y fad
fieM.conlrahaii'listoi y earahiaeror.el rnon'o, siquíeraentretodosd
formen una serie (acaso \& mAs importante) los que tienen ]
objeto conmemorar un hecho histórico.
Pone fin al libro que nos ocupa la sección (púgs, 117 á 1
/.'Vüt, la cual comprende cuatro recogidos cu Caltanisseta. UaKU
Cnpizzi y Palermo, que puedeu considerarse como verdaderas O
memoraoiuiies del becbo. siendo de notar entre ellos el de la sigtii4
te fórmula do Capizii, empleada con motivo de la publicacioojj
Ue fiestas del día de la Epifanía:
.íl rrfaUítitr mandi. annorte.
Ab urbe eimtlila, aunorec.
A eorrrceione gregoriana, anno ere.
A VRsriiiUB Sictn-iB COTTBA Gali.op, nnno rct
y el
— so-
que cantan anualmente los monges de la piedad, el lunes posterior
á la pascua de Resurrección, por el alma de los franceses inuertos
en las vísperas sicilianas; foración no impuesta, según el Sr. Pitre,
»por las conveniencias oficiales ó las consideraciones de los partidos
Bpoliticos, sino expontñnea y sinceramente caritativa.» Prueba evi-
dente de que los pueblos tienen la suficiente grandeza de ánimo
para dar al olvido y perdonar las injurias de que han sido victi-
mas, no por las iniquidades de otros pueblos hermanos, sino por
las de sus torpes é insolentes opresores. En esa nunca concluida y
siempre ambicionada tola de Penélope que se llama Fraternidad
humana, a los pueblos incumbe el pesado trabajo de volver á tejer
lo que los tiranos destejen. A los espíritus rectos toca decidir cuál
de ambas tareas es más noble.
Antonio Machado y Álvarbz.
CARTA AL SR. D. ANTONIO MACHADO Y ALYAREZ
(DEMÓFILO)
FUNDADOR DEL FoOcLore Español
Querido Antonio: A mediados del año último, al acusarte
el recibo de tu preciosa colección de cantes flamencos^ te di
cuenta de un libro que, por acaso, habia llegado á mis manos y
sobre él llamé tu atención, recomendándote el autor, en los tér-
minos siguientes fZ.a Ilustración Bética^ núm. vii):
a A un tiempo mismo recibí tu Colección y un librito titu-
lado Primer cancionero de coplas flamencas, cuyo autor es un
trabajador en las líneas férreas, limpiador de los coches de los
trenes de viajeros.
Desprovisto de toda educación literaria, siente hondo y
tiene de poeta más que muchos de los aue escriben versos muy
pulidos y aderezados. Manuel Baimaseda, que así es nombrado,
canta porque sí; por la misma razón que canta el pájaro; por-
aue Dios ha querido que cante. Y si es ó nó poeta, tú lo dirás
después de haber leido sus coplas. Canta nuestro pobre tra-
bajador:
— Si el queré era bueno ó malo
Á un sabio le pregunté,
Y el sabio no había querio
Y no supo responde.
—Todos los sabios del mundo
Vienen á aprende de mí,
Y aprovechan la ocasión
Guando me sienten dormir.
N.* 3 6
— 90 —
¿Qué irán á aprender de este poeta desconocido todos los
sabios del mundo? Dado el caso de que tengan que aprender
mucho de él, porque todo hombre es materia abundante de es-
tudio, ¿qué puede aprenderse de un hombre cuando está dor-
mido? Estas preguntas me hice al leer la segunda copla, y no
acerté á contestarlas.
En medio de mis fatigas
Varías veces desperté
Y vi á un sabio qne escríbia
Lo que yo durmiendo hablé.
El poeta me dio la solución del enigma, y es: que de los
secretos misteriosos del alma, de las penas como de las alegrías,
del amor como del odio, la razón alcanza muy poco y el senti-
miento lo publica todo: es que, si del mundo invisible del sen-
timiento se trata, el poeta, el soñador^ sin saberlo él mismo, es el
mejor de los maestros.
Lee más coplas de Balmaseda, en desquite de mi prosa
desaliñada y de mi estilo ramplón.
Aquel que tenga un sentí
Que no se ponga á penaá.
Que 8i piensa en achicarlo
£1 mismo lo agrandará.
Espinita grande era
La que le saqué al león;
Siendo fiera me lamia,
{Mira si lo agradeciól
La verdá se cayó al mar,
Los peces se la llevaron,
Y no se pudo cojé
Porque hasta el agua enturbiaron.
Como la bayeta negra
Tengo yo mi corazón,
Como la verde mis ojos,
Como la amarilla yo.
Lo mismito que aquel perro
Que anda siempre por las calles
Buscando giiesos que tiran,
Has de anda tú por buscarme.
Llenita de penas muero,
Vueltecita á la jpare.*
El sentimiento que tengo
¿A quién se lo contaré?
Yo quise pesar mis penas,
Pero ya no pudo ser;
Por más que yo la buscaba,
La pesilla no encontré.
— 91 —
Anoche durmiendo vi
Un Cristo á mi cabecera,
Enclavaito en la cruz,
Con dos velitas de cera.
Muy sentidas son sus seguidillas gitanas; de ellas puede
decirse, repitiendo palabras tuyas, que son adelicados poemas
de dolor.»
Limpíate los ojos.
Que llora no vale,
Que la mancbita, que á ti te ha cato,
Se lava con sangre.
•
En el suelecito
Yo me tenderé;
Con las señales que mi cuerpo jaga
Un joyo abriré.
Por aqui pasó,
Fá agranda mis males,
£1 mismo carrito, yo lo conoci.
Que llevó á mi mare.
Hasta el carrerito
Pasaba llorando;
Y la conoci por el pafiolito
Que la iba tapando.
La vi enterraita
Con la mano fuera;
Que como era tan deggraciaUa
Le f arto la tierra.
¿Puede pintarse la desgracia de una mujer con color más
vivo que el que Balmaseda emplea en la úhimsi seguidilla? Fué
tanta la desgracia de aquella infeliz, que le falto la tierra; lo
que más abunda en la sepultura de los pobres.
Un Bécquer encontraría en tsa seguidilla motivo para pre-
ciosa leyenda; y no digo nada sí la relacionara con aquella otra,
de todos conocida, que dice así:
En el carro de los muertos
Ayer pasó por aqui:
Llevaba la mano fuera;
Por ella la conoci.
Apuesto todas mis coplas áque la mano que se quedó sin
tierra fué la misma que salia del carro de los muertos, como
para dar al mundo el adiós postrero.»
Ahora bien, querido Antonio: Balmaseda ha muerto; y ha
muerto como mueren los hijos del trabajo: sumido en la mise-
ria; dejando en el mayor de los desamparos á una viuda, modelo
de madres, y á una niña, que apenas si balbucea el nombre de
su padre desventurado.
Balmaseda salió de Sevilla hace algunos meses, en busca de
trabajo, y díó en Málaga.
^ el Almanaipif de. loi/nik-torUlae, publicad» por Mr. Rollaad, da
que dimos onentB en el primer número de egUt Iteviata, haj- una pequefla
eeccion especial destinada á dar á conocer á loa mitúgrafos ta felii ídeft
de nuentro querido anilgo D Antonio Mochado y Álvnrez de aplicar la
fotografía al estudio y descripción de los juegue de la infancia. Ocnpán-
doae de esta noticia, el distinjfuido uiitógraTu portu^iís Sr Leile de
Vaaconcellos, propone también la idea de utilizar la tuquigralia paru l«
recolección de cuentos y demás produL-ciones populnres, que por au
extensión, no pueden conservarse Belmente en la memoria, Complu-
'e de acuerdo con esta proposición del Sr. Leite de Vascuncellos,
1 de las sociedades de Folk-Lore aohre la conre-
un cuerpo de taquígrafos ad hoc, con el objeto Je
E para siempre á los poetas y lileralos cnidltOH de
que no son fábulas sino heclms reulea, no producciones mestlxas sino
lasgenuinay e^tclusivaniente p'Opulares, lasque a\ Fiilk-Lore ie prapano
coleccionar; la verdad desnuda, no la verdad más ú ménoa caprichusa-
uiente vestida, es lo que importa conocer.
También ba llegado A nuestras manos el aegundo caad«mo, co-
rrespondiente á los meses de Abril á Junio, del Archivio per ¡o thidi»
dflle tradiriimi popolarí. diríjida por nuestros ilustres consocios bono-
raríos Sres. Pitre y Salomone Marino. Üe este cuaderno, no menos no-
labitisiino que el primero, nos ocuparemos deteniUanjonte en el próximo
número.
LosSres.Mnchadoy Alvarcí, RodriguezMarin y Uuicboty ^erra,
han sido obsequiíidos con algunoa libros y folletos, de <]ue no podotuoa
ocuparnos hoy por falta material de t<«pacio, y por los que dan Aqué-
llos las máa eipreaivaB gracias á los scSores remitentes.
La acreditada casa editorial que imprime esta Revista, acal» da
poner á la venta el primer tomo de la excelente obra Cantas pojiularr»
tgpa-Holes, recogidos, ordenados é ilustrados por nuestro distinguida
consocio el Sr. D. Francisco Itodrigueti Marin. Dicho primer tumo, ilu
que nos ocuparemos en el pnSximo número, consta do 470 páginas y
está dedicado al insigne poeta Victor Hugo. El índice deUsmatmíMi
contenidas en este tomo, es como sigue: I'rí logo.— Nanas ó coplas de
cuna. — Ñutas.— Noticia de la obra inédita de Rodrigo Caro. IHaiiffemia-
tf* y Utdrieoit y trascripción de uno do sus capltulua.— Himas ínfantiU»,
— ^olaa,— Varias rimas infantiles del siglo XVil y algunos usos y con^
montas de los muchachos en la actualidad. — Adivinantrna.— Xot«4. —
Las tres adivinaniaa, cuento popular,— Pegas.— Notas.— OntcioiKwi,
euaalmos y conjuros. — Notas.
Alejandro Guicuot y Sibrra.
Advertencia.— En la página i* de este número, llnn SS,
donde se lee í^an fíartohmé y San Soquf, deberá leerse Santo Dif
mimjotir Gilíniíia y Siln Roijiif.
ANUNCIOS
trímes tohre la Pof^ía pojiular, por D, Manuel Milu y
atañáis.— Barcelona.— Un lomo. — 1853.
ÜomanrrríHn etilalaii, por D. Mitancl Miln y Fontanala.— Bar-
caloña,— L'n tomo,— 1853.
Pimía iin¡iiilar ct¡m¡iola ;/ riiiloliuj'ia y HUrntiira edín-hUpuna»,
por D. Juaqaiii Costa, iirofesor de In In.'-tUMhm lilirf, — Un tomo
en 4.''-Púss. (VIH, 600),— Sludrid, 1S8I.— 50 ra.
Juan ilrí Pitehlo, Ijistorla amorosa pojiulur, orileimda é ilcs-
inÚK por F. liodrignez Manii, socio fficiiltutivo del FM-L<ire ,Iii-
pdfllui,— En 8.°— 79 púgs.— Sevilla, Fraocistío Alvarez y C, edi-
fcfcirea.-18B2.
Ciñen ciimti-tirtloii populam, por F. Uodrigiiez Sfarin, Bocio
LGultativo del Fulk-Oirt Aniiata^.—üa cuaderno de 14 pHgs. —
rilla, imprenta de Curios María Sauti^osa.— 1880.
Lo» caeiitiii ]<ojiiilaret e*/iariolfí contenidos en las prodacciones
^j«mñticas de Calderón de In Barca, Tirso do Molina, Alarcon y
íloreto, cou notas y bio$jrnfins. por Manuel Jiménez Hurtado,
o facultativo del Full.--Lofe ,J«i/a/iii.— Sevilla, BibliotocB cien-
llfico-literaria. -1881.- Un tomo en 8,°— 800 pags.— 10 rs.
CalfceúiH ríe Vlni'jwa» y AiUi-liiavias, por Dsmófilo, socio facul-
|tativodelÍ'uíA--ívor^.ín<íflÍH3.-Un tomoeu S.^-Piige. Í9C.— Se-
rvilla, imprenta de Baldaraque. — 1880.— 8 pesetas.
Colfífíon ¡U rantt» flaiaeiifi», por Demófilo, socio faciiHalívo
it[ Folk-Lort AmMiix.—\}n tomo en 8." -Pags. XVIII, 20».—
villa, imprenta do Kl Pon-unir. — 1881.- Una peseta.
Printrr canrionrrn ¡Ir enpla» jlamenrax pnjnitam, coinpnestns
W^n el estilo de Aiidalticin, por Mnnnel Bulmaseda y González.
Un tomitu de 1l>4 páginas al predo de una peseto. — Imprentn, de
". HiJalgo y C." - Sevilla.- 1881 .
('auli/t p'i¡iiilareK etporioht, recogidos, ordenados h ilnfitrndos
: Francisco I{odri<íiiez Marin, socio fticullntivo del F"lk-L¡t¡v
^hi/o/h:.- Sevilla, Francisco Alvarez y C.', editores, Tetaan 24.
-Cinco tooiOB de GOO pugs. pró&imanieute cuda nuo. —
ftfxio de Id ulira 22'SO pcsetns por suecricion.
\PA TOPOGRÁFICO TRADICIONAL!
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
INtBRBOGATORIO
1,* ¿Coilcíi son 1os ndiiilires ih- li
liuertnn. otkrBnjnlt'a, olivares, iiinurv. <
ílsvcmlpii, prtlinsron, iiii'loiiiir«;n, uiíinl >
dios, hreffas, rcifiis, tirM, yartiAim. niti< i
Uva, c-iífíiíAng, [wdti'gnlus, liflrriincoB, tiijii.s, .
vegiis, prniltis, InrltroH, umlirlu», p<íñoi]Cii. i
ntioH de uso tÁriiiinn inuninpiii?
nrroyOR, l"ir' nti < ti - ■■ ■■ '. "■■- ■-■.-
chuKtta, e
¿So Piwc
¿O^IUfi ■f lliiuian viilgnn
te, y iiut'- «i- liici' ruei'pp
un ulguntta trtidiaicitios
nonir Ina nldiuis, vcntiiK.
nniilunrlo», eHsvrína c1<-
<i á lii« riiinns y v<H>tif:i<>-<
rnc-liivndos en fin? ti^iiti'
o historias reliitltOB A -
8.' ¿Hny en «-bo tírmin.. ni
lutinU'rioii anliüiiuR, MepiiliuruM, v
lerránúna, ú cualquier» «tnt tuon
monta de uIIobI'
ni<-ipnl.
Uft'n, pit
uiiiento
rHHtUluii, ^lm•!<.
ilru»i,'í'"»''iri«. V
dlgüo lie inani'i
rui.ii
' Kju.
y fURBil..!
nutabroB.
10.' Tnrajes iju«)ií<'1)obob y }ireferídna iior Ion bAndiitm _ — -
ft>(!horfas. Criii-<>s. t>uH iiuuiljr^« y uvúuti'i-iiiirenics notable* aneoidaB %
MI diclioB altloe.
li.' ¿Cuáles «nnl"«eitii'ii>l<>i>«f1ínirllK»rn
t^B.BP han tibrüilo luiInÜRJCiiiIrnlíiii frnner^rii, !ir i
"• ennnU d« <■■»■ hsbilli.B? ¿'I'"' vr«tlgi.iii «p m-. ■
■itína t-n fjiio íB illpron!"
12.* ¿SnBliiti dnriialrnniii en cño li'nnína iiiisiin- llm, ,
jfoá d« la frntcBfí t'i Uavena pvtriátvdos? NuiubKS d» Iar ■
AST»M" MínMIi
,.u.
INTERJECCIONES VULGARES
AHl para expresar convencimiento, como cuando se dice:
oA/ €80 es otra cosa; yo no lo entefidia así; oh! ya! ya lo en-
tiendo, £h! heI para llamar ó parar á uno que se va ó se
ha distraído, v. g.: He! ¿donde va V.? \ He! mire V, lo que
hace. I He! ¿en qué está V. pensando? También usa el vulgo
esta inteijeccion, cuando ha dicho una verdad y quiere ase-
gurarla más; como he diclio qm no voy ó que no quiero; lie! \
Ya está diáw; Jiel \ Y el que no es vulgo, lo dice por estri-
billo A cada paso: yo le dije, he!, dígale^ Ite! Si V. piensa, lie!, que
ya habia yo de, lie! y otros añaden: ¿está V.? 6 ¿me entien-
des? hel
•
También se usa como interjección de sorpresa; He! aquí
estoy: he! \ lie! ¿me lo dices de veras? \ he! ya no Jiablo 7}icís, ó ya
no te quiero....
Finalmente, hay en el vulgo y fuera del vulgo un Jie! in-
terrogativo de mucha expresión, como el que se usa después
de una interrogación ó duda, v. g.: ¿Tú no lo quieres? Jie! — ¿Lo
dices de veras? lie! \ Si tü me lo dijeras eso de veras.... he? Y
también sirve para responder á quien pregunta ó llama.
Con este ^ y el oA de más arriba se forma el ea! ó hea\ ó
éha! más vulgar y afectivo que puede darse, v. g.: Ea\ con
Dios; eAal gw€ ya vino\ heal aquí estoy\ Ea\ ¿ei^a V.? Ea! ya la
N*. 4 1
l'memns: parodiando el nKi =(inj liebreo =«íi/i eug«-ivlesj
don de alegría inopinada.
Sigúese Á éstas la ¡nteijeccion é interrogación í ú y qaej
Academia aún no distingue del todo, siendo como son voco
una y consonante la olra; originaria aquella de la inta gri«j
yesta deM/wi7ow; •)=«•«(( estay "> la otra; allá se U;* hayan í
cultos; qne nuestro vulgo, couio no sabe leer ni escribir, '
quiere ni necesita saber; como no sabe griego ni lalin, ni oet
sita más que hablar, dice i...? ó y...? interrugaeion adiuin
que entiende perfectamente la persona i quien se le díriged
prueba de ello que contesta con precisión y con el mismo i
fasis, reserva ó elipsis que lleva la pregunta. Admite, pues,!
vulgo todo lo qne dice la Academia, y aflade lo que ¡I su le[
saber y entender le falta; lo que necesita, lo qne quiere; la d
ciplina del arcano, pudiera decirse; que vulgo fué, y muy vnlgi
quien, á los principios de la Iglesia Cristiana, fundó aquella prá~
dente reserva de sus principales misterios, de s«s creencias, ile
su doctrina; y este mismo vulgo piegnnta. inquiere, se entiende
con quien y para lo que le acomoda, y dice y...? ó i...? y 1
testan en elmismo tono y sentido; yo no loreo, nilooigo,n
entiendo; yo.... y eso que él..,, no deja la ía jm- la líenla.... y H
tónces entran los lUmen y liirelcs que pone el diccionario?
saber: ¿Y tú no haces ío m ismo? ¿ Y qué tenemos con eso? ¿Y »
niere o no viniere, Ht qtttY etc. El vulgo siempre arcanoso, aiaj
pre desconfiado, siempre el mismo.
Oh y lwi\ son eiclamaciones de espanto; y la conjuncloi
suspensiva, que usael vulgo con suma frecuenciay felicidad. On^
ginariasnnayotraylaotrade la lengua hebi-ea, ^in- Aoíl in
=/iohs=oí! Ss =oh\ y v: las dos primeras, como dice Leopoldo
en su diccionario: interjecciones de conminación (vae liiitia),
de dolor (heti latina), de exhortación (ein, heiig); las dos últi-
mas, y oye^ n^TM-^oíe/i de i-econvencion ó conmiiiaciou. OyeJ
¿qué te }iag figurado titf Olevasó....
Ui\ que la Academia no ha puesto toda^'ía en su dícdoiM
rio, lo usa el vnlgo con suma ti-eciiencia para expresar s
presa ó desgracia menor, como cuando se derrama ó qniebra 4
plato, cuando se reúnen chicos d jugar ó travesear; cuando li
— 99 —
muchas moscas en un sitio; cuando llueve de improviso; cuando
se casa un viejo ó se adereza una vieja, etc.
Al mismo oyl de dolor, jcuánto sentido y cuánta variedad
le da el vulgo! ¡Qué enérgico es el ay, amorl, el ay, Dios miol, el
ay, madre mial, el ayl solo, cuando nadie oye ó nos oye! Y si se
diseca, por decirlo así, esta exclamación, con arreglo al trián-
gulo oral de nuestro insigne Maestro Orcbell, ¡qué de misterios
encierra! Apertura=jDa/a;, afectuosa n =ha, capaz por sí sola
y poderosa=y de auxiliarnos en la desgracia: boca y garganta
abierta para manifestar nuestra aflicción; paladar contraído en
señal de resignación y sufrimiento. ¿Quién le enseña al vulgo
este modo de sentir y de expresarse?
Ese ole! y hola! que ya indicamos; ese ea! de alegría inopL
nada; ese ajo! de enfado tan vulgar y mal sonante, como todos
sus compuestos y disfraces; ese aaa! 6 ha, ha, ha, 6 jajah,jahh
de carcajada; el aja-jah de cualquiera que oye ó ve una cosa con
sorpresa y alegría; todas esas manifestaciones, ¿quién se las
enseña al vulgo? ¿De dónde le han venido?
Ba! ó vah! interjecciones de desprecio la una, de intransi-
gencia la otra, ninguna de las dos las admite ó reconoce la
Academia; pero el vulgo las usa con toda verdad y propiedad;
parodiando con ba el ba 6 ab de Planto, Asin. 1 — 1 — 24 ¡qué
fastidio! y con el va el vah de S. Jerónimo y del Evangelista
S. Mateo. — Vah qui destruís templum Dei ei in triduo recedificas
iüud! Ba! dice el vulgo andaluz, si pensará este mocoso hacer
burla de iodos! VaJí! que el niño este nos fastidia! Bah! un dige!
Vah ó vaya que se va!
Tres e/es usa el vulgo andaluz, como inteijecciones ó ex-
presión de repugnancia, de desprecio y de fastidio; como cuando
dice/... qué mal huele! queriendo al parecer prorumpir en el/cuírf
latino; otras veces dice: melindroso: ¿comes pobo y la haces fq?
otras finalmente, glosa el pensamiento, diciendo: salió fulano
haciendo fú! como el gato, ó echando fluces: en el primer caso pa-
rece que imita al gato, perro, caballo, ardilla ó rata, cuando se
fastidian de una cosa; por eso no le pone á la efe vocal alguna,
ni a, ni e, ni i, ni o, ni u, sino imita el movimiento ligerísimo de
labios de aquellos y otros animales, cuando se les entra por la
— 100 —
nariz polvn, rt alguna partícula extrafla; en al segundo junta>
la efe la vocal o, que es vocal de sopor en hebreo, jokm: y en
último la acompafla con » que es qiúhuis ó sclmr<v¡ de aqneli
razonada y lazouable lengua; y« hace el gato; /o el fastidií
/... sin vocalidad el que aspira ó respira aire/rfMfo.¿Qnéniás fisio-
logía; qué más sensibilidad; qué mejor expi'csion puede exigirse
de quien no sabe qué es fisiología; qué es sensibilidad; qué es_
expresión!
Bravo! interjección de aplauso, no la admite la Academl
pero el vulgo, algo míls ilustrado, la usa y repite con frecnenci
para celebrar la habilidad, agilidad, valentía y valor de una
persona. Originaiio del braheum, brahium d brat'ium latinos,
úsalo el valgo para el mismo fin que los romanos: para premiar
el valor y valer de los que tomaban parte en los juegos pú-
blicos; hoy para celebrar a! que habla, canta, toca, juega 6 ae
porta con valor.
Bol bal bal es interjección de desprecio, tomada del
dicho; pero con la foniia superlativa hebniica, por repetíi
del positivo, que es la más natural y conveniente, como miirAo,
mucfio; grande, grande: poeo. poco: etc. Asi se le dice al que
despedimos de mala manera: ha] halbaiil lárgale, agita, no quiero
más charla, ni más cMchara. Úiiil
Ütu\ interjección de enfado y desprecio al mismo tleí
me parece más latina que vulgar, apesar de que la oimos í|
mente usada por toscos y cultos, y aun los nidos chicos la dicen,
para manifestar su despecho ó desenfado. ¿Será originaria del
sicut, sicuti, ut, iiii latinos, equivalente al asi como asi, de loas
maneras ó de fados modos, lo mismo me da, 6 qué ntás me da?
Ahila de nuestra Academia, que el vulgo andalnz
Biincia fuerte, diciendo njhüa, ni es lo que se lee en el diceñT
nario. ni simplemente imperativo del verbo ahilar ó njhilfir:
sino interjección muy expresiva con que se despide a una per^
sona, principalmente muchacho, cuya ausencia pronta se di
ó se necesita. Es originaria, no de hilo ójilum latino, f
\ 2=guU ó b n=:jU hebreo, saliar, de contento Ó de
por eso suele esta interjección acompañarse de un puntapié 6
pescozón, para que vaya el portador más pronto y con algún
rse
ina 1
■08, ,|
iar
r.^ pú-
L 6 ae .
>tiieJn^ I
lí que
quier^^l
"^ioen.
.del
ceM^^^^
— 101 —
dolor, como estimulado b ^lamed por la violencia n=^-jet
del dolor ó de la vida: este es el exhorto más eficaz.
Angeles por mi alma, corno veces he dicho, hecho ó pensado
tal 6 tal cosa. Deprecación y exclamación vulgar, enérgica y
mística en que prorumpe quien quiere aseverar y mistificar la
verdad, de un dicho, hecho ó pensamiento propio, sin referirse
á ningún otro accidente que lo justifique.
Agachal que viene boniba; 6 solo bombal son exhortaciones
ó exclamaciones de prudencia con que se avisa íamiliar y vul-
garmente un dafio ó suceso inminente, para que se precava en
lo posible.
Ni una ni otra interjección consigna la Academia; pero
el vulgo las usa con la gracia, propiedad y verdad que acos-
tumbra, dando por metáfora el nombre de bomba á todo lo
que amenaza, mortifica ó hace bon bon ó bun bun ó bin bin (raiz
hebrea ^¡in l'^n 6on, 6¿n, bun,=inteligere, inteligentem faceré^
disHnxüy advertit.
Anda! y ande el andergue! son interjecciones vulgares de
mucho USO: la primera^ además de la acepción que le da el
diccionario, tiene en el vulgo la propiedad de exhortar á obrar,
incitar á hablar, contener la ira, afiadiendo en este caso por lo
común anda! déjalo! y la de alegrarse al oir una buena nueva,
al ver una cosa bonita, al sentir algún alivio de pena ó mal
que se ha sufrido. La segunda, ande el andergue! es más vulgar
que la anterior; pero igualmente popular, igualmente expresi-
va de la concesión 6 permisión retórica; pues que es como decir:
ande quien pudiere, quien tuviere energía para andar (andar
ergue).
Anda con Dios! es exclamación piadosa, religiosa, mística,
mediante la cual expresa el vulgo más vulgar, y el científico,
y el religioso, y el temerario mismo, su propensión á confor-
marse con lo que sucede y á darse por contento, cuando pasa
alguna dicha ó calamidad. Anda con Dios! decimos, cuando
perdemos algo; anda con Dios, cuando ganamos á la lotería;
anda con Dios, si se cae uno, ó se cae un burro, ó una casa, carro
6 carreta; anda con Dios, cuando llueve mucho; anda con Dios,
dice el pobre, cuando le dan poco; anda con Dios, cuando se le
— 102 —
aeiiba lo del zurrón, 6 se acaba el camino; nnila con Diosi/
pnciencm, y calla, y come y itale rirncim; así expresa el \'ulgO
sus sentimientos y su gratitud; su religiosidad y sus impa-
ciencias.
iDalealfh'ntfiícl Es inteijeccion vulgar, con qne se reprende
al obstinado que no sólo vuelve á su tema, sino que queriendo
disimular su pertinacia, usa melindres y se hace dengoso.
■,Adm wi dinero'. Exclamación vulgar con que se piuta la
desconfianza que se tiene del ténnino y buen resultado de alguu
negocio que se trae entre manos, cuando se ve ú oye cosa d<
vorable.
]AdÍos\ decimos, cuando se cae algo, cuando nos dan la
ticia de una mnerte, cuando se frustra un pensamiento, cuanta
nos vemos atosigados, cuando por la vejez no podemos ya lo
que antes podíamos y solemos ailadir: i/a tío jmedo esto ó lo otro;
\& Diasque fecrió\
I)entrolyaiJenlro\,fiíera\yafiiera\.nrrÍba'.ydearrÍla\b(ijol
dehajo\ y aliajo\, acá\ y allá', aliol y bnjoi bajito', arrínutíe'. aprieíal
afinjn\ y casi todos los derivados de un verbo, tienen, además de
las acepciones que les reconoce la Academia, cierta fuena
especial interjectiva que sólo el vulgo conoce, y «lio
explicación, desentrañando las palabras.
Dentro, qne es el inlm latino, lo e^paQoUza el vnlgo
luz, diciendo t-ntrn y neniro'. Admiro, que es, a no dudarlo.
intrn de la baja latinidad, tnnia fuerza de interjección, dejandi
de ser adverbio, en boca de nuestro vulgo, cuando le quita la lí
latina ó ínrfína y lo deja en su aenlro'. porque entonces parece
que lo pasa al intm latino, al cntos griego, ó al hebreo ''^nn--
(y7i«/er=Ínteríor de la casa, del cuerpo 6 de un negocio: en-
tonces es cuando pasan á ser verdaderas interjecciones, y
aun las hebraiza mAs el vulgo andaluz, diciendo
n<ire»to\ invitando ó excitando il entrar ilonde la vida n a.
^ftflíA justifica (i asegura i =ti<ile¿ la realidad i =resch: hel
mo puro.
Fuera y iifuern. reducidos por el vulgo andaluz líjhi
ajliiiera, pierden la latinidad foros y nrf /orum: y como por
derecho de iws/-ÍÍ»iÍKíHm reivindica ü ~inH ■=<^jhar
LlgUU
uerza
M
. el J^^^
y como por i
1
— 103 —
ajher, posterior, otro, atrás, al fin: á la espalda, pone, post, postea^
postquam: fuera y ajhuera tunantesl ajhuera n^enürasl ajhuera
cobardia\ jhuera y ajhuera tiranosl
Arriba y su contrario abajo, admitido aquél como interjec-
ción por la Academia, y desechado éste, sin razón para lo uno
ni para lo otro, más que para arriba el dicho del borracho que
estimula á su compañero á apurar el vaso, uno y otro toman su
genuina fuerza interjectiva, afectiva y popular, cuando se
reflexiona que el arriba y abajo del pueblo no son el sursum
ni deorsum latinos; sino el niM =^arab=insidiari hebreo; y
rT37n =bajah=^inquirir, buscar, orar^ y rogar, explorar, espe-
cular, y en ese sentido dicen en Andalucía de arriba y arriba
todo lo bueno! arriba el aceite! abajo lo explotado ya! abajo lo
que ya se ha visto que no sirve! abajo lo viejo! abajo especula-
dores! lo malo debajo, lo bueno arribal ad ripam tal vez dirían
los scitas ó aborígenes latinos, que después y andando el tiempo
se dijo arriba.
Acá y allá originarios del co-tvaco hebreo, igual-
mente que del huc illue ó hác illac latinos, son interjeccio-
nes vulgares, ya juntas, ya separadas: separadas son exac-
tamente el 3 =chnph hebreo=a^' y así, ó asi conw; juntas
forman otra nueva expresión, que sólo reconoce nuestra Aca-
demia como adverbio; pero que oida de boca del vulgo, es una
verdadera interjección, que expresa el estado del ánimo,
agitado á una parte y otra por la pasión, la duda, el temor, la
ansiedad, el deseo, y aun la admiración y la venganza: así se
oye y se dice: yo miraba acá y allá; pensaba en lo de acá y de
allá; temia por lo de acá y de allá; me atormentaba lo de acá y lo
de aUá; me vengaré acá y allá; estoy acá y allá; acá y oM y en
todas partes me fatigo.
AÜo! bajo! y bajito! son tres interjecciones verdaderas;
además de voz de mando militar la una, voz é instrumento
musical la segunda, y diminutivo de bajo ó de poca talla la
tercera, hay una expresión vulgarísima que recon*e los tres
grados de la escala animástica, acromática, cronométrica, y
musical, midiendo y acompasando las operaciones del espíritu:
y es admirable cómo el vulgo penetra y expresa estas delicadl-
— 104 —
simas funciones, diciendo y proclamando al/n! tú levantado de
ánimo; lajo.' al abatido ó de ruines pensamientos, de torpes
sentimientos, de poco valor y valer; y reserva ó guarda el
diminutivo, al parecer, bajilo, para cuando quiere 6 necesita
bajarle elgalh á algún altanero; bajarir el grito á algún vocin-
glero; bajarle lu cólera á algún colérico; en fin, haJihKS la
expresión más adecuada al carácter y modales de nuestro
vulgo, que quiere no dejar de decir la verdad y lo que siente,
sin faltar, empero, al carillo farailíary buen humor que en todo
caso ostenta. Alio! lajo! y bajito! son las ties modalidades
del espfritn bumano; expresadas sólo por un vulgo franco,
sincero y digno de todo estudio.
Al lado de estas interjecciones ó exclamaciones naturalí-
simas; y ya que tenemos la pluma en la mano y registrado el
articulo baja, no será fueía de propósito decir algo del ¡vyo,
abajo y debajo, que también usa el vulgo y oimos en boca de
ignorantes y cultos, auuque sin relación al genuino origen de
estas voces: aplicación empírica, pudiéramos decir, de que está
llena nuestra lengua.
Bajo, como ya indicamos, no trae su origen de suh latino;
esto es claro; ni se nos alcanza expresión alguna latina ni
griega de donde pueda provenir. Por esa nos hemos remontado
más arriba, hasta llegar aYnv^^bajah hebreo, asi como
para lajiia apelamos al nj)3=íífl/ní/* que es perferruií, stibU.
mvasit, 6 de improom aecidit, como dicen Gesenio y Leopoldo
en sus diccionarios. Sajah hebreo, caldeo y aun arábigo y
siriaco, es inlumuit, hincharse, hincharse hasta hervir y formar
ampolla, pupa, ó bubón, vejiga, úlcera ó postema, 3?in3J3N^'
abajhuaj ó abajbuja. Y en todo este sentido y con tal propiedad
etimológica lo usa el vulgo, cuando dice abajo, abajo está el
mal; debajo, debajo lo tiene (quien lo huele); Jiajo'eX poder tirá-
nico de Herodea, ú de Poncio Pilatos, hajo la patria potestad;
y no dice debajo de la patria potestad, ni más abajo de Poncio
Pílalos; sino formando este y aun aquella, como ampolla, ulcera,
postema ú apostema.
Antonio M. GakcIa Blanco.
.ANCO. ^^^H
— 105 —
CUENTO POPULAR
URSULETA
Era un padre que tenia dos niños, varón y hembra, y se
llamaban Juauito y Ursuleta. Era muy pobre, y iodos los dias
enviaba á sus hijos al bosque por un haz de leña, de manera que
los dos hermanitos, como siempre iban solos y se consolaban en
sus penas, se tomaron mucho cariño. El padre se volvió á casar,
y la madrastra, como casi todas, no quería á los niños. Un dia les
llamó la madrastra muy temprano y con voz caríñosa les dijo:
— Hoy cocemos pan, id por leña, y al que vuelva primero le
haré una torta.
Los dos hermanitos se fueron corriendo al monte, alli se afa-
naron por recoger sus haces de leña, y asi que los tuvieron hechos,
cada cual cargó con el suyo y volviéronse para su casa. Como el
niño tenia más aguante, la pobre Ursuleta se quedaba detrás.
— Espérame, Juanito, decía Ursuleta.
— No quiero, respondía Juanito, que perderé la torta. Cuanto
más andaban, más se retrasaba Ursuleta, de manera que Juanito
llegó á casa mucho antes que ella.
— Madre, gritó entrando por la puerta, ya estoy aqui.
— Bien, has vuelto pronto, contestó la madrastra, ya estoy
haciendo la torta.
— Oh! qué grande es, añadió Juanito asi que la hubo visto.
— Mira, repuso la madrastra, se me ha caido el cuchillo de-
bajo de aquella mesa, cógelo.
— Bajóse el niño para coger el cuchillo, y cuando estaba
agachado cogiéndolo, la madrastra de un hachazo le cortó el
cuello. Luego partió el cuerpo en pequeñas tajadas, que colocó en
N.« 4 2
— 106 —
la torta, dejándola preparada parn llevarla al horuo. En esto I!
Urauleta:
— Madre, ya estoy aquí; ¿y mi liormanito?
— Tomó un bocado así que llegó y se fué á jugar.
—Huía, Lola, esclamó Ursoleta al ver la torta, ¿hoy ha 0
prado V. carne?
—81, hoy todos comeremoe liicD.— Ea, coge eata torta y j]
Tala al horno.
Tomó Urauletn la torta y se fué para el horno. Apénu
hornero la habia metido on el fuego, ae oyó una voz que grital
— ¡Hornero! jhornerol ¡Sácame de este horno que yo 1
— ¿Qué es esto? exclamó e! hornero.
— ¡Hornero! ihorncro! repetía la voz, ¡aácame de este hi
que yo me quemo!
— lUrauleta! gritó el hornero asnatado, ¡Ojea lo qae dio»
TOE? ¿De dónde habéis sacado esta carne?
— Yo DO sé, conteató Ursiilota no menos asustada; cuando he
Tuelto á caaa de hacer leña, mi madre tenía esta torta preparada
y me maudó traerla.
— Pues aquí hay algim misterio.
— ¡Hornero! ¡hornero! seguia diciendo la torta, siicamo de
horno que yo me quemo!
— Ursuleta, cuéntame todo lo que ha pasado esta manan»
vneska casa, insistió el hornero.
— Puea lo que ha pasado ea, que mi madre 00a dijo
y tL mí que fuéramoa por leña, y al qne volviese primero le haría
una torta. Mi hermano volvió primero, y cuando yo llegué ya es-
taba eea torta preparada.
— ¿Y til no has ttsto á tu hermanito después?
— Nó, he preguntado por él y mi madre me ha dicho qae
habia ido á jugar.
— Pues no me cabe duda, esto ea que tu madrastra ha
tado á Juanito y la carne de esta tarta es tn hermano.
Cuando al hornero le pareció que la carne estaba osada,
la torta y se la dio á Ursuleta, que se fué con ella para su casa. La
pobre iba muy aHigida, pensando en ai aquella carne aería an
hermano. Asi que llegó le faltó tiempo para preguntar;
--¿Ha venido mi hermano?
— Nó, contestó la madrastra, estará por ahí jugandf
arada
1
liaría
a es-
1
k. La
» BU
J
— 107 —
— ¿Sabe Y. lo que deoia esta carne en el horno cuando se
cocía?
— ¿Qué decia?
— ¡Homero! ¡hornero! ¡Sácame de este fuego que yo me
quemo!
— ¡Bahl manías vuestras.— Anda, llévala á tu padre, que aún
no se ha desayunado.
La pobre Ursuleta, segura ya de que aquella carne era su
hermano, no pudo contener la pena é iba llorando por el camino.
La gente que venia se fijaba en ella y la compadecía. Fuera del
pueblo encontró á una viejecita que la llamó:
— ¿A dónde vas, niña?
— A llevar esta torta á mi padre, que aún no ha almorzado.
—¿Sabes qué carne es la de esa torta?
— Nó.
— Pues es tu hermanito, que tu madrastra degolló esta ma-
ñana asi que llegó. Mira, si quieres salvar á tu hermanito, no
comas de esa carne; sí tu padre te dice que comas, contéstale que
no tienes hambre, que has comido antes de saHr de casa. Cuando
tu padre eche los huesos, tú los recoges, y si te pregunta para qué
los quieres, dile: para el gatito. Cuidado con perder ninguno, y
cuando los hayas recogido todos, los metes en un pañuelo y'me los
traes, que en este mismo sitio me encontrarás.
Ursnleta siguió su camino algún tanto resignada con las pa-
labras de la viejecita; Negó al sitio donde su padre trabajaba, y le
dio la torta.
— Hola, dijo el padre al descubrirla, hoy tenemos carne,
¿cómo ha sido esto?
— Mi madre me ha dicho que la había comprado, contestó
Ursuleta.
«— Ea, pues, siéntate y comeremos.
— No señor, he comido antes de salir de casa y no tengo
hambre.
—Come, tonta.
— No tengo gana.
El padre empezó á comer, y cuantos huesecitos echaba Ur-
snleta los recogía.
— ¿Para qué recejes esos huesos? le preguntó su padre.
— Para el gatito, que le gustan mucho.
Cuando el padre hubo acabado de comer, Ursuleta metió todos
— ms —
loa liuesecitoB oii un pañuelo, que río por sue cnatro punté
empezó á andar para ea casa.
En el mÍEino sitio que untes encontró a la viejeclta, qaal
esperaba.
— ¿Me traes todos los hueaoB?
— 8Í señora, aquí están.
Tomi) la viejecíta el pañuelo, lo desató, cogió bub puntas d
li (los, echó loa huesos al aire y apareció un pajarito muy lindóí*
(¡ue se balanceaba con gallardía, saltaba ds un lado para otro y
oon Toz muy duloe cantor
latado,
Chirri, clii, chi, chio.
Ya soy muerto ya soy v
Mi madrastra n
Mi padre se me ha comido,
Mi hermana Ursuleta
Me ha llorado y suspirado,
V los baeaoa me ha recogido,
apareció. ^^^|
ai bien ooB^^I
As( que acabó eata canción, el pajarito voló y desapareció.
Ursuleta ae alegro mucho al ver que au h
vertido en pajarito, ti lo menos vivia. Be despidió de la viejecita j
siguió andando para su caea.
Et pajarito se fué á una cantera, donde habla mnclios traba
jadores picando piedra, se posó sobre una muela de i
cantó:
Chirri, clii, ch¡, chio.
Ya soy muerto, ya soy vivo,
Mi madrastra me ha matado.
Mi padro se me ha comido,
Mi hermana Ursuleta _
Me ha llorado y suapirado, -
Y los huesos me ha recogido.
i, que bien canta este pajarito, dijet
loBMatfeoi. — Vuelve a cantar, pajarito.
—Ctntaxé si me dais esta muela de molino.
— Tuya es si te la llevas, contestaron los canteros ri^ndix
Chirri, chi, chi, chio,
Ya soy muerto ya soy vivo,
Mi madrastra me ha matado.
Mi padre ee me ha comido.
— 109 —
Mi hermana Ursiileta
Me ha llorado y suspirado^
Y los huesos me ha recogido.
Dio un picotazo á la muela, acabado el canto, y se la llevó
como brizna de paja, dejando 4 los canteros estupefactos. Cuidando
de que nadie la viese, la dejó en el tejado de la casa de su padre.
Luego se fué á una fábrica de moneda, se posó sobre una ven-
tana y entonó su canto.
Chirri, chi, chi, chio,
— iAyl qué admirablemente canta este pajarito, exclamaron
los trabajadores, — Vuelve á cantar, pajarito.
— Cantaré si me dais un saco de oro.
—Te lo has de llevar tú.
— Yo me lo llevaré.
— Pues ahi lo tienes, digéronle riéndose.
Chirri, chi, tshi, chio.
Cogió el talego por una punta y echó á volar con asombro
de los trabajadores, que se quedaron haciéndose cruces. Lo llevó
al tejado de su casa paterna y lo dejó junto á la muela de molino.
Se fué enseguida á la orilla del rio, donde habia varias mu-
jeres blanqueando piezas de Hno. Se posó encima de una blanquí-
sima y cantó:
Chirri, chi, chi, chio.
— i Jesús! qué bonito canto tiene este pajarito, dijeron á una
voz las mujeres. — Vuelve á cantar, pajarito.
— Cantaré si me dais una pieza de lino.
— Te la daremos después que cantes.
— Nó, nó, dádmela ahora.
— Te la damos, pero has de llevártela tú.
— Bien, yo me la llevaré.
Chirri, chi, chi, chio.
— un —
Aei qne acabó el canto se fué volando con la pieza de lint
dejando burladas d las mujeres. Sin que nadie le viese la dejó en
el tejado de bu casa, junto á la muela de molino y al saco de oro.
A todo esto, el padre do L'rsuleta había vuelto ya del campo.
El pajarito se colocó ahora en el borde del tejado y repitió i
canto:
Ctiirri, chi, chi, chio.
Cabalmente estaba Ursuleta sentada en la paerta de la calla,
y asi que oyó el canto de su bermanito llamó á su padre y á
madrastra:
— Vengan, vengan, verán que bien canta un pajarito.
Acudieron el padre y la madrastra, Ursuleta salió á 1a
dijo:
—Canta, pajarito, canta.
Chirri, chi, chi, chio.
Acabado el cauto, el pajarito echó á sn hermana la pieza de
lino. La cogió Vrsuleta, U entró en la casa, la desplegó y todoa
tres se quedaron admirados al ver aquella hermosa pieza do lina
tan blanca que deslumhraba.
—Padre, dijo Ursuleta, vaya V. ahora, dígale que oanl
quizas le eche también algo. Saltó el padre á la oalle:
— Canta, pajarito, canta, dijo.
Chin-i, chi, chi, chio,
i calla,
I
lina
1
Acabado el canto, el pajarito echó á su padre el soco de oro.
Lo cogió el padre, lo entró en la casa, lo abrió y se quedaron todos
mas admirados aun que antes al ver aquellas monedas da oro que
relación como el sol.
— Vü tu ahora y dile que canto, dijo el padre á la madrastra.
— ¡Yol ¿é. que he de ir?— contesto la madrastra.
>-Anda tonta. A Ursuleta le ha echado la pieza de Uno, i mi
na saco de oro, á ti no dejará de echarte algo.
—Yo no quiero ir,
— Vó, mujer, no seas terca.
— 111 —
Tanto la rogaron qne al fin se decidió á salir.
— Canta, pajarito, canta, dgo.
Ghirri, chi, ohi, chio.
Acabado el canto, el pajarito echó á sn madrastra la mnela de
molino, que la aplastó.
Enseguida voló el pajarito yéndose 4 donde estaba la viejecita,
la cual lo cogió y le devolvióla forma humana. Juanito, así resu-
citado, se fué para su casa, abrazó á Ursuleta, luego á su padre, y
los tres vivieron en adelante muy felices, sin que su padre pensara
nunca en volver á casarse.
Y el cuento está acabado, y yo sin nada me he quedado.
n.
Tal es el cuento denominado ursuleta^ literalmente tomado
del pueblo (1). De este cuento existen variantes, según Husson (2),
en el mediodia de Francia cerca de Castres, en Escocia y en Ale-
mania. Pero entre estas variantes y el cuento español hay diferen-
cias, una sobre todo muy notable, por lo que damos 4 continuación
el extracto de todas tres en conjunto siguiendo 4 Hudson.
Lo mismo que en nuestro cuento, en las citadas variantes la
madrastra asesina 4 su hijastro, lo hace tajadas y lo sirve 4 su pa-
dre para comer. Luego la hermanita recoge piadosamente los hue-
secitosy los deposita al pie de un enebro. «Fórmase al rededor del
4rbol una nube, en esta nube aparece como una llama, y de esta
llama sale un lindo pájaro que canta admirablemente y se va vo-
lando. Recorre varios sitios contando su triste aventura, y por re-
compensa de sus cantos se le da lo que pide. De esta manera ob-
tiene una cadena de oro, un par de pequeños zapatos color de ro-
(1) Me ío contó Vicenta Oms, de 60 años de edad, vecina de Ull-
decona, provincia de Tarragona.
(2) Hyacinthe Husson, La Chaine Traditionnelle, p. 19 y 20, Pa-
rís, 1874.
de oro a bu padre, los
a la muela aplasta ¿ su
— 112 —
sa y uua muela de molino. Da la cadei
zapatitos caler de roea ii bu lierinana y
madrastra.
Presciuilieado de loe objetos que por bu cauto obtiene el paja-
rito y que, como se ve, no son los miarnos en lus versiones extran-
jeras y cu la espaíiola, la diferencia capital entre aquellas y ésta
consiste en el medio por el que los buesccitos se convierten en im-
jaro. En el cuento español obra esto milagro una maravülosa vie-
jecita; en los extranjeros concurren á producirlo tros elemenlcs:
el árbol, la nube y la llama.
Nos limitamos aquí á consignar esta diferencia, cuya s\¡
CBcion trataremos de averiguar más adelante.
1
No oabe duda, aunque no podamos retrotraerlo a su forma
primitiva, que este cuento pertenece al ciclo de los mitos sulares,
que nos enseñan cómo nuestros más remotos ascendientes se re-
presentaban el astro del din y su curso eu relación con lastinieblas.
Ursuleta es la aurora ó los crepúsculos; Juanito, el Sol, lierm&uol
inseparables, que no pueden vivir el uno sin el otro; tras de la au-
rora viene siempre el Sol, tras del Sol va siempre el crepúsculo
vespertino. Esta personificación déla aurora nos lleva el pueblo
aria, que le dedicó numerosos y encantadores mitos y la díviiúM
con el nombre de i'shas, (1); mientras que la del Sol eu un niuo
pertenece mas bien ú los egipcios, que hicieron del Sol naciente su
dios Horos, representado eu un niño con el dedo puesto eu la bo-
ca, indicando con esto, no que era el Dios del silencio, según han
interpretado algunos, sino que aun no podía hablar (3). Kl pa-
dre, que no se nombra eu el cuento, debe ser el tirmameuto, el es-
pacio celeste, correspondiente al Yaruiia de las arias orientales, al
Uranos de Heriodo (3); la madrastra es la oscuridad, los tinieblai.
L& diosa Neftis de los egipcios era la señora de la casa donde m-
(1) A. Piclet, Les Oriyenes laih-europeennea, 1. U!, p". 439.
Ticle, ¡íanufl de I' hittoire tlrs Jifliaims, p, lOM.
(2) C, P. Tielo, üist. Comparee deg Ane. Religiima, p, 34. -
(3) A. Pictet, Loe. cit,, t. m, i>. 429 y aig.— Thoog., 116 y ¡^
— 113 —
tra el Sol al fin de su carrera, esto es, del cielo nocturno (1). Es-
tas bodas del firmamento, ó espacio celeste, con la enemiga de las
fuerzas luminosas están bien presentadas como segundas; porque
los matrimonios que hallamos en las antiguas cosmogonias son:
déla tierra, como varpn, con las aguas celestes, como hembra
(Seb y Non en Egipto) (2), 6 del espacio celeste con la Tierra
(Uranos y Gaea, en Grecia; Yang y Ying, en China) (8), de cuyas
uniones nacen los poderes luminosos (Grecia y Egipto) ó todos los
seres (China). Por lo demás, el segundo matrimonio de nuestro
cuento debió ofrecerse muy natural á la sencilla inteligencia del
hombre primitivo; porque, en efecto, cuando la señora noche tien-
de su negro manto, como dicen todavía los poetas al uso de nues-
tros bárbaros antepasados, parece que las tinieblas y el espacio
etéreo ó firmamento se abrazan y confunden. El papel de madras-
tra, asignado alas tinieblas en relación con la aurora y el Sol, ex-
presa con singular elocuencia la idea que ol pueblo tiene formado
de esta especie de sustitutas de madres.
Juanito y Ursuleta van todos los dias al monte por un haz de
leña, esto es, la aurora y el Sol suben y bajan todos los dias la
montaña celeste. Juanito vuelve á la casa de su padre untes que
Ursuleta; porque después que el Sol se ha puesto, que ha llegado
á su casa, queda el crepúsculo que sigue caminando para ella. En
la mitología de los antiguos egipcios, el Sol vuelve, al término de
su carrera, á la casa de su padre, Toum, de donde ha salido (4).
La madrastra (las tinieblas) asesina á Juanito (el Sol) y ha-
ce su cuerpo tajadas, que coloca en una torta. Todavía aquí se
trasparenta perfectamente el mito: las tajadas son las estrellas; la
torta, la bóveda estrellada. Admira esta lógica del pensamiento
primitivo. ¿Qué cosa más natural, en el estado de absoluta igno-
rancia de los primeros hombres, que considerar las estrellas como
tajadas del Sol asesinado y partido por las tinieblas? Por este lado
nuestro cuento se refiere al famoso mito egipcio de Isis, Osiris y
Horos. Set, las tinieblas, mata á Osiris, el Sol, lo hace tajadas y
las dispersa para que no pueda reaparecer (5); Osiris, sin embar-
(1) C. P. Tiele, Bist. Comp. des Anc. Relig. p. 31.
(2) C.-P. Tiele, Hist, Corn. des Anc. Belig.,p. 46, París, 1882.
(3) Girard de Rialle, La Mythol. Comp., i. I, p. 210, París, 1878.
(4) C.-P. Tiele, Hist. Comp. des Anc. Belig.^ p. 67, París, 1882.
(6) G. Maspero, Hist. Anc. des Feup. de VOrient, p. 39, Pa-
rís, 1876.
N.« 4 3
— 114 -
go, renace en el Sol levAnte, Horos uiño, el harpocratea de los gi
g08, el cual luclia contra Set y lo vence, mas no lo destruye.
La torta con tas tHJAdas se las come el padre delante de
Ursnleta; porque, en efecto, las estrellits, con la bóveda en qae
eatttn fijas, no sb eclipsan lia^-ita qne no apunta la aurora, y
entónoea pareoe que. al desaparecer, son tragadas por el firma-
mento. Esto üoa recuerda a Cronos, de la mitología griega. Eató
dioB. presititiendo que uno de ana hijos había de arrebatarle el
cetro del mnndo, se los tragaba á medida que drcírd y loa
guardaba vivoB en bu vientre. Su espoaa, Eteha, afligida por la
pérdida de aua bijos. trató de salvar al último qne iba ú uaoer. á
Zeus. Leocultít, y puso en su lugar una piedra envuelta en pflñalsB,
que Cronos ae tragó tomándola por eti hijo, Maa adelanto, Zeus,
ya ndolescente, consiguiú por astucia baoer vomitar it au padre
Cronos, primero, la piedra, luepo loa cinco hijos qno se habia
tragado. Aquí la piedra representa el Snl; los cinoo hijos, las
estrellas; Crouos, el firmamento, que, al amanecer, se traga las
estrellas y devuelve el Sol, y al anochecer, ae traga el Sol y de-
vuelve laa estrellas (1).
Urauleta, la aurora, recoge los hneaecitoa de en hermano
y, según el cuento español, loa lleva ñ una viejectta. según los
análogos extranjeros, los deposita al pié de un enebro, <\ne al
punto envuelve una nube inflamada. ¿Cuál de estas versionea es
la primitiva? Difícil, bí dó imposible, es decidirlo; nua y otra dos
conducen á concepciones antiquistmas.
La extranjera nos recuerda el árbol de Natividad, brillante
de luz y cargado de presentes; el Iggdrssil de los Scandinavos,
árbol do vida, de cuyas ramas cuelgan las estrellas; los k&Ipa-
vrikshas, árboles plantados en los cuatro rincones del paraiso de
Indra; el árbol de la vida del paraíso terrenal, y tantos otros
arbolea de esos jardines d« delicias de que nos hablan las mis
antiguas concepciones míticas de los arias, semitas, chamitas y
hasta de las razas americauas. Y si nos fijamos en qne no M
trata en nuestro cuento del árbol simplemente, sino del árbol
envuelto poruña nube inflamada, no podrán méuoa de venir á
nuestra memoria el pramaniha y el sarasvaii, los dos maderos de
que usahikn los arias para encender el fuego, con lo cual t^xtam
toquemos á la génesis misma de esas concepciones de ubotsa f
(1) lleaiodo, TheoK- ia% 487.— Apolod. I, I,
nes de arbolflfl 9|^^^H
— 115 —
producen fuego y ambrosía, y particular mente del que figura en
nuestro cuento. Existe en efecto entre el árbol y el madero, la
nube y el humo, la llama y el fuego una correspondencia dema-
siado intima para que sea casual. Y si el fuego que brotaba al fro-
tamiento del pramantha con el sarasvati pasó á ser ol dios Ignis,
hizo de Maya y de Tchwsastri, el divino carpintero, ¿qué de ex-
traño tiene que el madero se convirtiera en un árbol que daba
fuego y ambrosía? Ahora se comprende el sentido del mito: es
Ignis, dios mismo, el que obra el milagro de convertir los huesos
en un pajarito.
La viejecita que figura en el cuento español, es un elemento
mítico no menos común y propio que el árbol. Es la diosa Neith
de los egipcios, la virgen-madre del Asia occidental, símbolos del
primer principio, eterno, de todas las cosas; personificación del
fuego celeste, del fuego cósmico, oculto, misterioso, al que todo
debe su existencia. El sol que muere todas las tardes al hundirse
en el occidente, nace todas las mañanas del seno de Neith. A¿i
esta diosa, tipo de la virgen-madre, era adorada por los egipcios,
como la madre del sol, y en sus templos se leia: tningun mortal
ha levantado mi velo; el fruto de mis entrañas es el sol» (1). Es,
pues, al primer principio , á la soberana del cielo , á la reina de las
divinidades, á la madre de los dioses, á la increada y creadora de
todo, á la que Ursuleta lleva los huesecitos de su hermaoo, según
el cuento español.
Ya por virtud de la viejecita, ya del árbol, los huesos de Jua-
nito se convierten en un pajarito. Por este lado somos conducidos
otra vez á la mitologia del antiguo pueblo egipcio, que se distin-
guió entre todos en esto de personificar el Sol en un ave. Sabido
es que el símbolo que este pueblo daba á Bha, dios del Sol diur-
no, y á Horos, Sol levante, era el gavilán, y en todas las repre-
sentaciones que se han descubierto de los faraones, ora estén sen-
tados en su trono, sacrificando á los dioses ó persiguiendo sobre
su carro á los enemigos en batalla, en todas aparece el gavilán
cerniéndose sobre la cabeza del soberano, hijo del Sol, en señal
de la protección de su padre, el dios Sol; y forma de gavilán tiene
también el adorno que cubre la cabeza de la mayor parte de las
reinas. En la mitologia de Heliópolis, el Sol resplandeciente en
el zenit era el gavilán; el Sol puesto, y durante su curso por el
(1) P. Tiele, Hist com. des Anc. Relig., p. 127, París, 1881.—
Max Duncher, Hist. de 1, Antiquiste, 1. 1, p. 60, París, 1874.
— 116 -
mundo inferior era la garza real, ave mensajera, que despis
la idende vuelta á la vida; 7 esta misma idea de resiirrecciot
expresa sin duda el pajarito de nuestro cuento, No es difícil pe-
netrar la relación do semejanza que darin origen a estos símbo-
los. El 80] cruza diariamente el hemisferio superior como el ave
hiende el enpacio; se detiene en el zenit como el gavilán so cierne
en las alturas, y muriendo y resucitando todos ios dias. no deja
de parecerse n las aves mensajeras que aparecen y des aparecen
todos los años. Asi, en KdfüU la barca en que el Sol surca el he-
misferio superior estaba provista de alas, y el dios Shou de He-
liápolis era el dios del Sol victorioso rolando al través del espa-
cio. (1)
No bien aparece, el pajarito de nuestro cuento entona su
canto; luego emprende su vuelo visitando diferentes lugares, don-
de en graciada sus cantos recibo varias recompensas. Estas re-
compensas son curiosas. Consisten en una pieza do blanquísimo
lino, que da á su hermana; un saco de oro, que da a sn padre,
y una muela de molino, con laque aplasta á su madrastra. To.
dos estos objetos expresan atributos del 80I. La nivea pieza do
lino es la blanca luz que el Sol esparce sobre la tierra al acercar-
se al horizonte, y la regala á su hermana, la aurora, porque es U
propia de esta, el alba; el saco de oro es el brillo dorado de los
rayos solares; la muela de molino es el brillante disco solar que
aplasta, aniquila las tinieblas. La muela no es raro que apnreicit
en las tradiciones germánicas como emblema del disco solar, qne
se encuentra también representado con frecuencia en las 1
guas cosmogooiaa por una piedra, quizás porque de la púi
brota el fuego. Así, en el mito de Orónos la piedra repreu
el Sol.
Después que ha repartido sus dones, el pajarito recobra ]
virtud de la vieja su propia forma de Juanito, esto es,el Sol'J
aparece ó resucita.
Del examen que acabamos de hacer del cuento de Ursnl
parécenoB que podemos consignar como ciertos los stguÍM
puntos:
— 117 —
I.'* El cuento de Ursuieta es un cuento mítico.
2.^ Este cuento, como el mito de Isis, Osiris y Horos, ex-
presa la concepción que nuestros antepasados se formaron del curso
diario del Sol, y en esto consiste su valor, permitiéndonos pene-
trar en la vida del pensamiento del hombre de las primeras eda-
des. Durante el dia, el Sol sube y baja la montaña sagrada; al po'
nerse, entra en la casa de su padre, donde es asesinado por la os-
curidad y su cuerpo dividido en tajadas, que son las estrellas; al
amanecer, merced á la aurora que recoge sus restos y por virtud
de la viejecita, principio creador, el Sol resucita, primero en for-
ma de pájaro, emblema de la resurrección, luego en la suya pro-
pia, para subir de nuevo 4 la montaña celeste.
Eespecto al origen de este cuento, parécenos que su cuna de-
bió ser el Egipto, cuya mitologia tuvo por base el curso diario
del Sol, y particularizando aún más, entre los varios centros mi-
tológicos de Egipto, debemos referirlo al ciclo mítico de Thinis y
de Abidos, al que pertenece también el mito de Isis, Osiris y Ho-
ros, que ya Pausanias describió sin entenderlo. Ahora, al emigrar
este cuento á los pueblos de Europa, de origen aria, pasando an-
tes probablemente por los semitas, no pudo menos de modifi-
carse y tomar nuevos elementos. Asi, aria nos parece la concep-
ción de la aurora; semita principalmente la del árbol cosmogónico,
por más que sea difícil establecer, en punto á mitos, una línea divi-
soria entre semitas y arias. Y en cuanto á la edad de nuestro
cuento, si es cierto que pertenece al cielo mítico de Thinis y de
Abidos, data de los tiempos prehistóricos egipcios, á que puso fin
el advenimiento del rey Menes ó Mena, 5.004 antes de J. C.
Sevilla 17 de Mayo de 1882.
Manuel Sales y Febré.
(1) C— P. Tiele, Hüt Comp. des Anc. Eelig. p. 98 Paria 1822.
LOS CORRALES DE
Llamamos corraf en Andalucía, á la parte de la casa
se destina Á criadero de gallinas y oíros aniuiates domésl
eos; logar destechado y terrizo, donde se arrojan las
t&», se ceba algiin que. otro cerdo, se colocan las tinajas
la legía y se dá amparo á las ya inservibles ruedas del caí
al no menos averiado aparejo de la bestia de carga y á
chos trastos viejos de la casa del pobre.
Y cuenta que me refiero á los pueblos, villas y aldi
porqne en las ciudades, el eotrnl de la casa puede decirse
pertenece á la historia. Hay necesidad, para dar con ano,
de descender á los barrios tajos,— como no sé con qué inten-
ción han sido apellidados aquéllos en que se albet-gan los po-
bres más pobres. — En estos barrios, como son en Sevilla los
de San Roque, los Humeros y la Macarena, todavía se en-
cuentra alguna que otra miserable casucha, fabricada en tiem-
po ^"X rey que rabió, cuya puerta obliga á ser cortés al
que por ella entra, — que sólo es permitida la entrada mer-
ced á una inclinación de cabeza, amén de una reverente genu-
flexión;—eu la cual casucha, que no tendrá, en la parte que
de habitación sirve, más de cuatro varas en cuadro, — y he
echado por lo largo,— el corral representa el primer papel.
Fnera de estos barrios, el corral no se encuentra ni por un
ojo de la cara; y es, que el pobre no puede habitar por sí solo
una casa dentro de lo que vulgannente llamamos el casco de
la ciudad, y el corral es el desahogo del pobre, como el jardín
loes del rico.
Pero si en las ciudades de Andalucía van desapareciendo
los corrales de las casas, á medida que la propiedad territo-
rial encarece, aumentan en cambio las que podríamos llamar
casas-corrales, conocidas con el nombre de corrales de vi>cinos.
De éstos es considerable el número en Sevilla, teniendo
— U9 —
cada uno sn nombre de pila, y no pocos alcanzando remota
antigüedad: el corral del Conde, el corral del Trompero, el
corral del Agua, el corral de Cabanas, el corral de los Cor-
chos, el corral del Negro, el con al del Banco, el corral del
Abarcado, el corral de la Parra, el corral del Azofailb, el cor-
ral de la Mosca, el corral de >Sanche2, el corral de la Morera,
el corral de Montano, el corral de la O. el ooiTal del tio Vila,
el corral del Amparo, etc., etc., denominaciones que el pueblo
les ha dado, tomándolas yn del titulo del dueño de la finca,
(corral de Cabafla), ya de la industria á que los vecinos se
han aplicado con pi'eferencia (corral de los Corchos), bien de
ajguna particulai-idad ó cualidad del corral mismo (corral del
Agna). y en no pocos, de sucesos en los mismos ocurridos ó del
nombre de algún vecino famoso, cuando no del de su oficio (el
con-al del Trompero).
De los corrales de vecinos he de hablar, como entiendo
qne debo hacerlo cuando se trata de enriquecer el archivo de
materiales que acopia la sociedad El Folk-Lorb Andaluz;
describiéndolos minuciosamente. Mas como quiera
fne sería tarea enojosísima la de trasladar al papel, por lo
[ne & Sevilla se refiere, cien descripciones de otros tan-
; corraJes, — que no serán menos en numero los qne á la
senté en esta ciudad secuentan; — tanto más, cuanto que
dos presentan los mismos caracteres, y descrito uno, bien pne-
i decirse, sin temor de equivocación, que lo están los demás,
■^serA objeto de mi pobre trabajo uno de tantos; advirtiendo al
lector, quenada pongo de cosecha propia en este desaliñado
•^articnlejo, pues consigno el hecho tat como hasta mi ha llegado,
^^ia atrevenneui á romancearlo ni á fantasearlo; dejando al pa-
•^cniente y curioso lector que induzca ú deduzca, en presencia de
^^K-Ds hechos, lo que su razón le sugiera; cierto, como lo estoy,
~e qnesus razonesserin muy mucho mejores qne las mías de pié
e banco.
Séame, empero, permitid» decir por cuenta propia, antes
e poner el pié en el corral elegido, dos palabras, que yo no sé
A vendrán á cuento, pero qne á mí me parecen de perlas. El
ral de vecinos en Andalucía, es la primera morada del
pueblo trabajador, en la escala de laíf habitaciones qne termina
¡nel palacio del magnate.
Valga por lo que valga, hé aquí, para hacer boca, una
f «numeración, que no sé hasta qué punto será exacta, délas
viviendas en las ciurlades populosas de Andalucía.
Cotarro, casa de dormir, corral de vecinos, casa de vecin-
dad, partido de casa, piso, casa y palacio.
— 120 —
El cotarro es el lugar de una casa en donde, por cantil _
insigniücante (dos cuartos es el precio corriente), pasan la
noche, libres de la intemperie, loa pobres que andan á la
limosna y no tknm rasa ni fogar, los meudi^s transeúntes,
los desgraciados que por mal de sus pecados están fuera de la
ley y huyen las persecuciones de la justicia. El dneflo del local
fiólo facilita suelo y techo, y, cuando más, un trozo de estera de
esparto. Duermen sobre el meló pelado, ó sea A ladrillo limpí!
confundidos por su miseria, hombres, mujeres y niflos.
condición de los durmientes da ocasión & frecuentes alborol
de aquí la frase se oHiorofó el cotarro.
La rasa de dormir se diferencia del cotarro, en que en
cada persona disfruta de una habitación. El preoio ordinaríu
de esta, incluyendo la cama y en algunas la luz, es de dos
reales.
Corral de ivcinos... de ellos trataré en estos artículos.
Casa de vtdnos. Es el con-al de los trabajadores qnei
sus respectivos oficios, arte ó industria, obtiene mayores
dimientos. Son más reducidos que los corrales. En ella se qi
mejor policía, y el vecino disñuta, por regla general, de
una habitación.
Partido de casa. Las casas por partidos en Andali
son de consti-uccion moderna, y muy especialmente en Se'
que no las conoce sino de diez afios á la fecha. Su sólo noi
me exime de toda explicación. Las habitan familias del&l
mada clasemedia, las que. nopudiendo pagar el alquiler de
una casa de aspedo deceníc. ae contentan con ^ivir más '
pendientemente que lo harían en una de vecinos.
Casa. Es el edificio completo. La vida en ella es aislad)
Palacio. Es la casa del potentado.
Desde el cotarro basta el palacio; esto es, desde el
vitíl donde se confunden bajo la mal urdida mau ta de la miseí
sexos y edades, basta el suntuoso edificio que se enorgullece de
su independencia de las casas, media la gradación ó la escala
por que el pobre sube á ser rico, ó el rico baja á ser pobi
Después de todo, como ha dicho un ilustre peí
la casa no es sino la última determinación del vestido, yi
da hombre se viste como quien es; siu que contradiga
aserio el refrán que dici_r -.et hábito no hace al monje.
aae
ella
— 121 —
n.
El carral de vecinos es de ordinario un edificio de cons-
trucción antiquísima, que revela á la legua el haber sido, allá
corriendo los siglos, casa solariega de un noble que vino á
menos, y por cuatro cuartos lo malbarató para retocar los
cuarteles de su enmohecido escudo. Un patio más 6 menos am-
plio, en cuyo centro se alza una fuente 6 se hunde un pozo:
fuente ó pozo que están al servicio de los vecinos, los cuales
utilizan sus aguas para todos los u^ios de la vida, siempre y
cuando lo permiten las cañerías y las lluvias; cuatro corredores
que circunscriben el cuadrado del patio, y en ellos tantas
puertas como habitaciones, — saJas, — componen la planta ba-
ja, amén de un mezquino rincón destinado á depósito de in-
mundicias, y de un patio mucho más pequeño — patiníUo —
dedicado á lavaderos, cuando éstos no están en el mismo
patio. La parte alta del edificio corresponde exactamente á
la baja.
Cada vecino, ó lo que es lo mismo, cada familia, ha-
bita una sala. Sala hay que está dividida en dos comparti-
mientos, sin perder por esto su denominación. El alquiler
varía según su capacidad. Los tipos ordinarios de los al-
quileres fluctúan entre veinte y sesenta reales al mes. El
trabajador que puede pagar más de dos reales por una sala,
prefiere, á vivir en el corral, habitar una casa de vecinos.
De la recaudación de los alquileres están encargados
el casero y la casera, personas de toda la confianza del pro-
pietario del corral, las cuales por este servicio, amén de
otros, disfrutan de una sala. La casera — porque de ordina-
rio es una mujer la que presta aquel servicio — se entiende
con los vecinos, no sólo para la recaudación de los alquile-
res, si que también para dirimir las disensiones que entre
aquellos ocurren frecuentemente, recordarles sus deberes
con relación á la colectividad y hacer efectivas, las multas
en que incurren por falta en el cumplimiento de los mismos.
El habitante del corral no reconoce otra autoridad de
puertas adentro y para lo que vulgarmente es llamado el
manejo de la casa, que la autoridad de la casera. Esta, á
su vez, rinde periódicamente cuentas al propietario, quien
N.« 4 4
— 122 —
la estimula para que cuide de que ningún vecino *aeat|
se en el pago.» La forma en que éste se hace varía f
la condición del inquilíno y su mayor ó menor prndencl
unos pagan al día; otros, por meses vencidos, y lo» n *
cómo y cuando pueden hacerlo.
La casera suele ser tolerante con el vecino moro
pues conoce cuánta razón entrafla esta copla:
Seflora casera,
dice el inquilíno,
por un mes de casa
no se echa á un vecino:
ino como esos propietarios que, olvidando todo género du
consideraciones, al amparo de la ley, por supuesto, planl
en la ^ií«y álosque les llevan en arrendamieulo suruca
luego no les abonan el alquiler en el dia primero del
siguiente al adeudado!
Dicho sea en obsequio á la verdad: el vecino de buena vida
y costumbres, más que de otras, obligaciones, se preocupa de U
de pagar la sala; acudiendo, caso necesaiío, al obligado pres-
tamista de todo corral, á ¡a ditera, que habita en la mUma
y sabe aprovecharse á las mil maravillas de las necesídi
de sus convecinos; la cual ditera piesla «á real por duro;
•á peseta por cinco» y cobra los intereses por dias, si la
tidad prestada es crecida, ó por semanas, si uo excede de
cierto tipo. — La ditera, el Monte de Piedad y oti-as casas de
empeoos son los refugios del trabajador que vive de un jornal
á más de mezquino incierto. A la casa de empe&os acude el
trabajador cuando está parado (sin trabajo), para obtener algu-
nos reales por una prenda de sn uso, que lo mismo es la sabana
de la cama que el vestido de los dias fiesta; de la ditera se
ampara cuando quiere hacerse gastos extraordinarios. La casa
de préstamos tiene de qué cobrarse si, cumplido el plazo, no
le satisfacen el préstamo y to,s intereses; vende la prenda en
pliblica subasta. La ditera sólo tiene á sn favor la buena fé
de aquel á quien da á dita.
No se crea que los vecinos de los corrales se va» n»
pagar ü que viven las salas sin pagarlas; no: contra los tram-
posos ó los que caen en la miseria la casera tieni; siempre
el recurso del deshaucio y el del lanzamiento con todas saa
horribles consecuencias; desahucio y lanzamiento que á veoea
se verifican sin intervención de la autoridad Judicial. La ca-
sera, no pudicndo esperar tnás (palabras sacramentalds), no-
1 aa
M
vida
lela
)re»-
l^^l
"otl^^l
A
— 123 —
tífica al vecino que si para fin de la semana ó del mes, ó
para tal dia, no da á cuenta de lo que debe alguna cantidad,
le pondrá los muebles en la calle: llega el día (dias coedit); el
vecino no paga, y él mismo, si es un hombre honrado, eje-
cuta el lanzamiento con ayuda de su mujer y sus hijos, sa-
cando de la casa uno á uno todos sus muebles, y yendo á
ampararse de otro albergue. Al siguiente dia aparece entre
dos hierros del balcón ó de la ventana que da á la calle, un
papel en blanco: es el anuncio de que se alquila la sala.
Dije que la casera no sólo dirime las disensiones de
los vecinos y acalla sus alborotos, si que también les re-
cuerda sus deberes con relación á la colectividad. Estos de-
beres arrancan de las obligaciones siguientes: limpiar la puerta
del corral que dé á la calle y parte del patio y de los corre-
dores, y aviar una ó más luces del portal ó de la escalera.
En algunos corrales se impone á los vecinos la obligación
de blanquear (enjalbegar) parte del edificio y sacar tantos ó
cuantos cubos de agua para el lavadero común.
La limpieza, cómo el avio del alumbrado, la ejecutan los
vecinos por riguroso turno.
«Esta semana toca á fulana barrer la puerta: la semana
que viene toca á zutana aviar la luz del patío, ó la de la es-
calera. »
La falta de cumplimiento de cualquiera de estas obliga-
ciones es causa bastante para el deshaucío amigable, y en
algunos corrales, para incurrir en la multa señalada como san-
ción penal: dos 6 cuatro cuartos. — A pesar de las leyes del
Reino, en los corrales se cuenta por cuartos y ochavos: an-
tigualla que lucha á brazo partido con el sistema decimal. —
lia casera es la representación de la autoridad, de puer-
tas adentro. No sólo impone á todos los vecinos la ley y les
recuerda su cumplimiento; también les exhorta, aconseja y
amonesta, y, pronunciando estas palabras: «en mi casa no
quiero escándalos,» se cree autorizada para «poner de vuelta
y media» á los alborotadores. Se mezcla en todas las con-
versaciones; porque para ella nada debe de ser secreto, ni
tan siquiera los asuntos Íntimos de la familia. Con «aii*es de
mandona, » como dicen las vecinas, lleva la voz cantante en
el lavadero y en el patío, donde en las tardes de primavera
y en las noches de verano se sientan las mujeres á tomar el
fresco y á contarse sus cuitas las viejas, á pelar la pava las
mozuelas, y todas — ¡mujeres al fin! — á «rajar por los codos.»
Muchas veces se repite el siguiente diálogo, cojido por
mí al vuelo.
— 124 —
— Seflíl Antonia 1' iclio á usté que no ech' usté el agua
sucia al patio (ó cual^niera íumundicia). — La reprendida mira
altaueramente á la casera y hace uti jesto, como diciendo:
Bueno y ¿qué?
La casera, que no se mama el dedo, comprende la sig-
nificación del jesto, y con las de Cain, porque suele tener
malas pulgas, aflade:
— Es que se lo tengo icho á usté, ¡yo.... yo!
La infractora de los bandos de policía del corral • se atufa»
y da rienda A la-sin-hueso:
— Bueno, pues se me orvió. La cosa no es pa tanto aspa-
viento.... Yo.... Yo,,-. ¿Y quién es usté^:* Yo.... Yo.... También
yo soy yo ¿V qué? ¡Er demonio de la mujé, que paese que se va
Á traga á una!
La casera, echa un basilisco, replica:
— ¿Que quién soy yo? Qué gracia.... Yo soy la casera, ¿lo
oye usté? |la casera! Y mando en el corral, y á la que no le
acomode tómala puerta y ala calle,. .,
La casera es verdiideraitiente la reina del corral: el poder
de admitir y despedir vecino.s le da fuerza incontrastable.
Tiene, ániá.8 de «la llave del sacristán*, con la cuales sabido
que (Se puede reír y se puede bablan la llave de la casa.
Luis MoNTOTO.
(Conlinuará.)
LA AVARICIA TOMO IGLESIA
(CUENTO ¿POPULAR?)
No entiAró yo á examiuar si es ó no justo el concepto en que
el Pueblo tiene d la I¡;lcsia— léase ásus represeutnntes— en «tun-
toa BU longanimidad 6 codicia: no debo yo de meterme eu tAt«s
honduras, ni acaso me lo permitiría la junta de redacción de esU
Revista; poro eI debo y puedo decir que, justo li injusto, no «s nt-
da favorable á tan alta institución el concepto popular, muiifastr
tado por los muchachos en rimas como las siguientes:
— 125 —
Gori-gori-gori.
Bamos á enterra ' este pobre,
que no tié dinero
pá paga 1 entierro.
¿Tiene binas y olibares?
Cantare, cantare.
¿No tiene binas ni olibares?
Andaré, andaré (1),
y por los adultos, en coplas como ésia:
Dentro de la misma iglesia
tenemos el desengaño:
por interés del dinero
hacen á nn moro cristiano (2).
Yo tengo un tio cura,
que si me muero,
me enterrará de balde....
por mi dinero.
y en refranes y frases como A bizcocho de monja^ fanega de trigo (8),
Abad avanento^por un bodigo pierde ciento^ Hábito de beato y uñas de
gato, Parece que le hizo la boca uv fraile (4), Más interesado que la
Iglesia y, además, en la locución que encabeza estos renglones. Ha-
bíala yo oido á personas iliteratas casi tantas veces cuantas delante
de mi se hablaba de cualquier rasgo de codicia de un eclesiástico
y anduve durante años enteros deseoso de hallar sus anteceden-
tes. Ya di con ellos: están en el cuento siguiente, que tengo por po-
(1) Cantos populares españoles, i. I, ns. 132 y 134. Véanse además
losns. 131, 133 y 136.
(2) € Espinosa cuestión suscita Juan del Pueblo con esta copla que
no es sino una de las mil protestas que existen en todas las literaturas
populares contra la enfermedad moral á que llamó Virgilio auri sacra
f antes. Espinosa cuestión es, repito, y yo quiero abstenerme de hablar
en ella: sólo diré que, aunque Jesucristo ordenó á los apóstoles que
dieran graciosamente lo que del mismo modo habian recibido (quod
gratis accepistis, gratis date), precepto cuya escrupulosa observancia
se recomendó luego por el canon 48 del célebre concilio de Elvira (303),
esto no obsta, según los canonistas, para que se pueda llevar dinero por
el bautismo, sin incurrir en el delito canónico de simonía. > Juan del
Pueblo, pÁg. 72.
(3) En el siglo XVII era más frecuente decir: A bizcocho de monja,
pernil de tocino.
(4) V. la explicación de esta frase en la pág. 67 n.** III de esta
Revista.
pular y qae he oido h mi amigo el joven abogttdo 8r. Valdíri
Haza:
•La Verdad y la Jueticia, en vista de que por aqal no medra-
ban, concertáronse para emprender un largo viaje, de vuelia del
cual distribuirían como buenas hermanas lo que hubiesen ganado.
La Avaricia se les incorporó en el camino, entró en la sociedad y
se hizo depositaría del dinero común. La Justicia y la Verdad ga-
naban mucho dinero con sólo mostrarse á las gentes: tan hermosas
eran. Ya que lenían muy buenos ahorros determioaron regresar
de su expedición y repartirlos; á la Avaricia sabia muy mal no
quedarse sino con la tercera parte de ellos y trató de aminorar el
número de participes, para aumentar la participación: una tarde
pasando por un puente, dio un empellón á la Verdad, quien cayo
al agua y se ahogó. Desde entonces no hay verdad en al mundo.
La Justicia al presenciar tal infamia, trató de castigar & la Ava-
ricia; pero ésta, llevando sobre si el producto del trabajo ajeno,
echó á correr y tomó asilo en una iglesia cercana. Aun no ha sa-
lido de la iglesia y en ella «storá hasta que la iglesia se caiga y la
aplaste (!).>
F. BODBIOUEZ M&RLV.
Jnnio de 1682.
MISCELÁNEA
TRABALENGUAS
En Viilanneva entré; por Pedro Crespo Calvo, carpintl
pregunte, y me dijo una mujer:— ¿Por qué (en vez de por en ,
Pedro Crespo Calvo, carpintero, pregunta V? ¿Por Pedro Crespo
Calvo, carpintero, el de arriba, ó por Pedro Crespo Calvo, carpin-
tero, el de abajo? Porque hay tres Pedros, Crespos, Calvos y car-
pinteros en el lugar.—
Me han dicho que has dicho un dicho, un dicho qne he dicho
yo; ese dicho que te han dicho que yo be dicho, no lo he dicho; j
(I) Momeatoe antea de entrar en prensa estos líneas, escucho otra
versión del cuento. Se^n ella, el desenlace acaeció al deaembarcat en
CádÍ2 cuando las tres pereoniticiLcioneB volviau de las Indias.
— 137 —
i yo lo hobiera dicho, extarict muy bien dicho, por haberlo di-
)ho yo.
Si esta gallina no fuera pinta, píñrinca, piriranca, rubia y
ítiblaDcü: no criara los pollitos pintos, piririncos, pirirancOB, m-
y titíblancos,
Desavecindado vengo de la villa de Alcorcon, y en la fardi-
Mia traigo la deaavecindaoion.
Tengo una idea may baga de haber leido, tal vez soñado, qae
lo que hizo Demostenes no fué, como de ordinario se afirma,
echarse piedras en la boca para poner expedita eu lengua, sino que
■e quitó los pelos que en ella tenia, con la minuciosa y frecuente
repetición de las palabras de pronunciación difícil. Convendria
aclarar eete punto, asi como también ñjar ta atención rn la utili-
dad de semejante ejercicio, que evitaría en gran manera el que se
perpetuasen la defectuosa pronunciación y aun supresión total de
¡a í, la pronunciación gutural de la rr, y otros mil vicios, fre-
caeotisimos en nuestros dias, y que redundan en mengua del ar-
monioso idioma español. No es inRUstancial juego de niños el
trabalenguas, sino ejercicio gimnástico de suma importancia, por-
que tiende á desarrollar el iirgano que mas poderosamente ayuda
a la vida de relación, y por lo tanto el que mas ha contribuido á
que el hombre ocupe el primer lugar en la escala de loa sérea te-
neuales.
ADIVINANZAS
Una fisura sin pies
Corria, andaba y saltaba;
Audaba de mano en mano
Y nunca estaba parada.
— La pelota.
Fui por un cerro,
Me vine por un llano
Y me traje el cerro en la mano.
~EÍ Uno.
Blanco su nacimiento,
Negro como uu tizoo;
Manos de leou,
Gnello de calabaza^
Corre, vuela, caza,
Muestra la criatura
Y come bien en su casa,
— La /tormén.
— 128 —
En lo alto de un cerro
Hay un hombre con un sombrero,
Y le dice á bu vecina,
Que lo libre de las gallinas,
Que del lobo no tiene miedo.
— El hongo.
En una sala muy oscura
Viven cuatro moradores;
Cada uno vive en su sala
Y juntos los corazones.
— La nuez.
En forma de cruz— -me muestro primero;
El sol me da vida —y causa por que muero;
Mis huesos y mi carne — son martirizados;
Mi sangre da vida — y quita pecados.
— La aceituna.
Es alta y no es torre,
Es misa y no se oye.
— La altami9a, (1)
Tiene josico y no es borrico.
Tiene albarda y no es de lana.
Tiene alas y no vuela;
No tiene patas y anda.
— El pez.
Un zurroncito
Con mil jeremías,
Que no tiene clavos
Y tiene clavija.
— El pimiento.
El pájaro macarandon.
Que tiene el pico en la panza.
Las alas en la cabeza.
Cada vez que este pájaro canta.
Se oye á mas de un cuarto de legua,
Y cada vez que pone huevos.
Pone más de una docena.
— EL burro.
(1) Asi se llama la arteiuisa en Andalucía.
— 129 —
Sobre una coJ fabricMba
Mi coiDpadre Jinn» do Mma;
El acertajón (1) .lidio e.^tn:
Eiitieiidalu (^uieii lo eiitieuda.
— La colmena.
Receta para curar el almojaje
Envuélvase el dedo meñique en un trapo untado de aceite de
olivas é introdúzcase en el ombligo del enfermo; > si el dedo se
traba no es ilusión del paciente, sino real su enfermedad. Se coge
entonces una moneda de dos cuartos, se le coloca al enfermo
sobre el ombligo, y sobre ella una torcida de algodón, empapada
en aceite y encendida, y se cubre todo con una taza, un vaso, una
jicara ó cosa que pueda hacer sus veces.
Receta contra el mal de ojo
Se enciende un candil; se llena una taza de agua y, dirigién-
dose al doliente y en tanto que se echan en la taza, cogiéndolas
con el dedo meñique, tres gotas del aceite del candil, se dice:
•Dos ojos te han hecho mal y tres te han de sanar, y son los de la
santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, amén.» Si las
gotas echadas en la taza se deshacen, existe el mal de ojo, y si nó,
nó. Si existe, se moja el dedo en la taza del agua y se le hacen
cruces á la victima sobre la frente, el estómago y los lomos, repi-
tiendo en tanto la oración del comienzo, y se cura el mal.
JUEGOS DE RUEDA
1.° Una noche muy oscu —
Que á la gente hace llora — ,
Se pasea un caballo —
Desde la corte á su ca — ,
Con sombrero de tres pi —
¥ enmedio dos plumas blan— ,
Y enmedio de las dos plu —
El retrato de su ama — .
(1) En algunos pueblos de esta provincia se da el nombre de
acertajones á las adivinanzas.
N.» 4
— 130 —
— María, si yo me mué —
No me entierres en sagra — ;
Entiórrame en un rincon-
Donde no me vea na —
Y á la cabecera pon —
Un Cristo crucifíca —
Y en la planta de los pies —
Un ladrillo colora — ,
Con un letrero que di—:
— Aqui murió Juan de La — .
No murió de pulmoní— ,
Tampoco de costipa— ,
Que murió de mal de amo—,
Cosidito á púnala—.
2.^ El patio de mi casa
Es particular:
Cuando llueve, se moja
Como los demás.
Agáchate
Y vuélvete á agachar ,
Que los agachaditos
No saben bailar.
Yo tenía una torre
De chocolate,
Las campanas de azúcar;
¡Qué disparate!
Agáchate f etc.
Yo tenía una torre
De caramelo,
Para que suba y baje
Mi dulce dueño.
Agáchate, etc.
A, O, 7,
y y A.
Que si usté no me quiere,
Otro amante fne querrá.
— 131 —
8.^ ¡Oh, quién fuera tan alto
Como la luna,
Para ver los soldados
De Cataluña!
De Cataluña vengo
De servir al rey,
Con licencia asoluta
De mi coronel;
Y, si no la pidiera,
Yo mereciera
Cuatro pares de grillos
Y una cadena.
La cadena de plata.
Los grillos de oro.
Morena de mi tilma,
iCuánto te adoro!
Al pasar por el rio
De Santa Clara,
Se me cayó un anillo
Dentro del agua;
Por coger el anillo
Cogí un tesoro:
Una Virgen de plata
Y un Cristo de oro.
Á la cárcel me llevan;
i Me han calumniado
Que al Cristo y á la Virgen
Los he robado!
En mi prisión sólo entra
Mi valenciana,
Á traerme limones
Y las naranjas.
Á matar ya me llevan.
Siendo inocente:
;La madre de mi vida.
Lo que lo siente!
UNA ACLARACIÓN
Cervantes escribió: El sastre del Cantillo, Hoy todo el mundo,
;lusos los notables demo-psicologistas mis queridos amigos De-
iñlo y Bodriguez Marín, escriben: El sastre del CampiVo; sin
ibargo, y siempre salvo meliori, creo que se debe escribir: El
tre del Cantüb, porque este refrán no es otro sino el anticuado
que dice: El alfai/afe df la fnnriicijada pone el hilo ilf mi rasa. Deuk-
rin conocer la razoo qiio s6 bu tenido para no respetar lo qi
apuuto, ui Iti autoridad de Cervantes.
EL LABRADOR SORDO
ar lo qt^^_
Cuéutase que «Foderico II de Pruaia tuvo empeño «n orga-
nizar el regimieuto do grauaderos de más talla qtie hubiera en
Europa.
•Sabiendo esta manía, nuestro rey Carlos III le mandó un
recluta de aventajada estatura, cual muestra del arrogante tipo
español.
■Convencida el corouel de que en lit inmediata revista baliia
de llamar la atención del monarca prusiano, hizo enseñar al sol-
dada la contestación en alemán á las tres preguntas que indefecti-
blemente dirigía el monarca á los granaderos nuevos. A saber:
¿cuánta tiempo llevas de servicio? ¿qué edad tienes? y ¿estás
Batiüfecho de la ración y el prest?
■ Sucedió así; pero Federico II ¡nvirtin el orden en que ftl
diólas contestaciones el soldado, resultando el diálogo que sigw
— "¿Qué edad tienes?
— Dos meses y medio, señor.
— ¿Pues cuánto tiempo llevas de servicio?
— Veinticinco años.
— De ti ó de mi se reirán los que nos escuchen.
— De uno y de otro, — respondió el recluta. •
Copio del periódico El Tirmpo lo que antecede y digo por
parte que el cuento trascrito es el popular del labrador
echado á perder (el cuento), dicho sea en honor de la venlad.
como no me gusta hablar al aire, ní á humo de pajas, alia va el
cuento, pues confío tanto en su bondad, que apesar del narrador,
han de comprenderlos lectores cuan fuudado es mí segundo
Pos ■(
n labra
i tiniente de una oreja,
ió, q ueste
pitan jenera de la questnba enfreute.
Ar comensá her mejhe Mayo, se jayaba un dia barbechando
un piujaliyo que tenía a la berita er pueblo, cuando bido beni, i
campo trabié, un cabayero jasia donde 'r so jayaba, y se malitio
que había perdió er camino y que de juro venía á preguntarle pa
que 'r lo endirgara; pero como toos los sordos son casi tan tnali-
n
J
— 133 —
siosos como desconfíaos, se dijo, dise:— Pa que no lo engañe me ba
á habla primero de lo qu' á mi m* interesa, y güen chasco se ba
á yebá cuando le digan en er pueblo que yo soy sordo, porque ya
sé lo que me ba á pregunta y no echará á bé mi tenensia.
Me ba á pregunta:
— ¿Has arao muncho?
— ¿Qué le echas á esas muías pá que estén que da gloria
berlas?
— Es mu derecho palo er de esa guija.
— ¿Es de usté ese ganao?
— ¿Por aónde se ba al lugar?
En esto llega er señó y le dise:
— Oüenos dias, labraó.
—Ende la capa aquí, señó.
--¿Qué piedras muerdes que tan bien te entiendes?
— Tres espuertas de estas.
— Meresias que te metiera esa bara por el c...
— Si señó, jasta este ñuo.
— De juro que es bruja tu mujé.
— Y otra chica que tengo en casa.
— Al infierno se baya er que te 'ntienda.
— Esta linde arribita sale derechita.
Colorín, colorao.
Mi cuento s* h' acabao,
Con sar y pimiento
Y rábano tuerto.
JUANIYO ER TONTO
Pos señó, que 'sto jheran (1) tré jhermano que cuando se le
murió su padre, no les dejó más caudiá que la noche y er dia.
Salieron uno á pedí de puerta en puerta y no juntaron más
que un cachiyo de pan que les dio un güen arma, y lo guardaron
pa arrejuntarlo (2) con los coscorrones que pensaba arrecogé al
otro dia; pero los (8) dó jhermano de Juaniyo, conforme que s* ale-
(1) Aunque procuro que mi escritura sea el más fiel traslado po-
sible de las expresiones usadas por los que me refieren los cuentos que
escribo, confieso que por hoy es imposible trasladarlas con exactitud.
(2) La r suena muy suave.
(3) También esta 8 es casi muda; como ocurre en Andalucía con
todas las consonantes que terminan las palabras, excepto la m y la n.
— 194 -
bantaron, BArto er la&s grande, y dijo, dise: — ¡Pos no be sooao
que "stabii eu er purgatoriol— Mia tu, le dijo el otro; pos yo soñé
que 'ataba en er sielo. — Y entonse ba er tonto y diee;— Poayo
fioñé que ya no íbaíe ii beui, y m' alebanté y me comí er pan.
Al otro dift juutaroa un giiebo; pero eso armen tito 8 por lo que
le jbabia pasaola otra nocbe, lo iban n echará suerte ante d' acos-
tarse, y pa quenolejuera á toca á Juaniyo, en be jhe sortearlo,
dijieron:— Er que le di" er ditao mus propio, eae se come er
giiebo.
Lo cogió er más grande, y pegilndole dos poriasitos contra la
pare, dijo:— Cuaca coíconin.
Le rompió un peasito mds la cúscara er segundo, y cogiendo
nnn poquiya e tierra entre los déos, y esgranásdola ensima er
giiebo, dijo: — Sar, sale.aapiettsia.
Entónsesjué'r tonto y peló er giiebo lo qu' eramesterpa poér-
aelo echa ar cuerpo de un gorpe, y jasiendolo de este moo, dijo;
— Comumatuí es.
Á mi por di y bení y enterarme, me dieron uno' sapatos e
manteca; pero como fué ner verano, se me 'rritieron con er eo, y
no bo8 los pueo enseña.
EL CURA Y EL ORDENANDO
Cuando er pae Juan jué por los pápele pa poé desi misa, iba
tan probé, que se tenia q' arrecojé en ca e loa cura e los pueblo po
aosde pasaba.
S' alojó un día eu cá er cura de la Puebla, y éste, pa guasearse
der pao Juan, mientra jhestubieron sonando le fue preguntando:
— Diga '&té: ¿cómo le disen en su pueblo de listo á los cura?
— Curas, — le contestaba er pae Juan.
— Pos aquí ie disen Pnpideos. ¿Y á esto? .
— Tar cosa,— desía er pae Juan.
— Pos aquí tsr otra. —
Y lo esttibo marcando asina, jsata que se jueron acostá; pero
erpae Juan no quería que burlara d'érnengunnasío, y ¿quejase?
Conforme bió que 'r cura s' Labia dormio. s' alebantó e puntiyaa y
yenó e chorisos la' jarfoja que llebaba; y aluego, cogió er gato y
r ató nn tison ensendío ar rabo, y enseguia empesó á da boses en
la puerta er cuarto er cura, disiendo.^con las palabras qu' ér
r había enBeñao;—¡Lebanto er papideo (el cura) de los brasos de
jorgansia (la cama): que ba el papili las rata (el gato) por el ei-po.
télente (la escalera del pajar) arriba, con olaritate (lumbre) al rabo.
lAbnndnnsml (agua) que se le quema ar papitleo la nrbergaQsia,
(IftcBsa) y yo me boy con los ebaiigelistas (los chorizos).
Er cura de la Puebla peusó que 'c pae Juan s' había guerto
loofl; pero en el entremieotrae que se enteró ile lo que t' había
qneriu desi, ya estaba er pae Juan mu lejos, y mu contento de bé
que '1 otro, diendo por laua había snh'o ti'Dsqnilao. Deje eutóuse
no gorbió er cura e la Puebla a guasearse con naide.
rro
Aunque coinciden en lo esencial.
este cuento en lo que hace rclauio
tae: sólo hay una, que uo
la cual los actores son uu hotubrc
iroteetanteB (pi
;os de acostaocia (en Ii
hay multitud de vari ante a
Clon á los nombres qno el cura
no he podido recoger integra, y
bre, que es el que se va con los
mujer que se queda en los bra-
genui ñamen te ptipnlar
r parezca hi^bcrae derivado del cuento trascrito, qu
~^ez inventarían los frailes para entretener honestamente
tal
í
Una variante; Levanta, chuourumeoo (cura), tu que eataa en
(lutestate (en la cama), y ponte loa chirlos mirlos (los zapatos) y
■o» diez gnrabatnntes (loB guantes); que el abad que papú las ratas
Cel gnto), cargado va de queriencía (de hambre), y si no acudes cou
violencia (con agua), te se (1) quemará el bitoque (el pajar); que
me las guiyo (me voy) cou loa chiribiriquiqui y los chiribirico-
e (los chorizos).
El concepto popular de Dios, en refranes
Da Dios almendras al que no tiene muelae; habas al que no
uene quijadas; pañuelo al que no tiene narices.
Machos refranes que envuelven la misma idea, uu tanto
unpÍB, pudiéramos citar; baste una muestra: lal leñador caza, al
Miodor leña.) Pero no aplica el pueblo estos y sus similutes ada-
gios sino cuando se halla agitado por la pasion;y, por consiguiente,
pwft conocer bu opinión verdadera, es necesario que apelemos de
tíkél mismo en el pleno dominio de su razón: cuando habla <i
. En este estado ol pueblo reconoce a Dios con todo«í|
atributos quis le nsigna el ciiti-cii-iiio; pero Dttdn ve tuss duro É
su otnuiputeucia. El nos lo proburá.
Cuando Dios quería, Alien la barba eHCUpíai
nfaura que do puedo, escúpome aquí luego.
A quien Dios qaiere la casa le 6ubo.
Cada uuo eetoruuda uowo Dioe le ayuda.
Cuando Diox do quiere, los santos no puedej].
Cuando Dios quiere, con todos los aires llueve.
El hombre propone y Dios dispone.
Eso se bace lo ijuc ¿ Dios aplace.
MlCfiÓFlLO.
■^Cij<:esyíirss3^!x
REVISTA DE REVISTAS
Aroblvlo per lo studio delle Tradizionl popolad. — SiiHMat^
maUrale direlta riu G. Pipkk h íi. ¡SalomonE'JMiriho.
(Aprile-Giugno).— Palemio, Luigi Pl-Joul' Lauriel, editore. ISE
Comienza el segundo número de e»ta notable revista, con^
continUBciou del artículo del Sr. Salvatore Salomone Mari
Bouqufjos de coalumbra alileatiat. (Piigs. 173 á 182.) En esta p&i
de su procioBO trabajo nos da su autor a. conouer la iuversioD que
de BU tiempo hace la liourada campesina, desdo las primeras
horas de la mañana hasta el oscurecer, insertando algunas de Ins
lindas canciones con que acompaúa ens tareas en el telar, 7
describiéndonos prolijamente la faena del amasado del pan, y
otras particularidades no menos indispensables 6 interesantes
para damos una idea de la vida intima de la clase aldeana, Tid*_
que es, por lo general, un verdadero ejemplo de laboriosidí
virtud, y cuyo conocimiento es necesario para la recta npre
cion de la historia nacional, motivo que, en nuestra opin:
justifica plenamente la le^'itimidad con que este articulo, oom
que insertamos en esta UuWeta con el titulo de Lnt e<
reciño*, caen, a condición de ser fiel
dominio del Folk-Lork.
Tres nuevos cufiilos fn¡ju¡areí I
dientes y muy ricas variantes y concordancias italianas {pág
el inchtoé inteligente mitografo I
a y esaotoB, bajo el
— 137 —
Pitre en el segundo trabajo del número qae examinamos. De
estas tres producciones, la primera titulada Vindvvinello es un
nuevo ejemplo de esos cuentos de adivinanzas sobre los que nos
atrevimos á llamar la atención en uno de ios Apéndices de nuestra
Colección de Enigmas ^ etc.; cuentos que creemos hallar relaciona-
dos también con la costumbre nupcial de algunos pueblos del
vecino reino lusitano, la cual consiste en proponer la esposa al
esposo, antes naturalmente de contraer matrimonio, ciertas pre-
guntas enigmáticas á que aquél ha de contestar.
Historias populares de los Abruzos, en verso, por Genaro
Fina more (págs. 206 á 222), es el tercero de los artículos com-
prendidos en este número. Breves pero eruditas notas acompañan
á este trabajo, que comenzó á publicarse en el número anterior, y
comprende ya diez y seis producciones, casi todas basadas eu los
temas quo pueden considerarse < bligados en este genero de leyen-
das, á saber: la fidelidad conyugal, el adulterio, y el buscar eu la
vida religiosa un consuelo á la pérdida del padre, de la madre ó
del marido, durante las forzadas ausencias de una época feudal
y guerrera. BelhVimas son alguu>«s de las composiciones recogidas
por el Sr. Finamore, en la pequeña parte de los Abruzos por él
explotada, y su lectura recuerda muchos de nuestros romances
caballerescos, y de las composiciones contenidas en la obra del
Sr. Puymaigre, Chants populaires du pays Messin, siendo para
nosotros por todo extremo interesante la XII titulada Caterine,
donde se presentan datos referentes al color de los lutos {rojo por
la madre, blanco por el padre, negro por el marido), que han de
sernos de alguna utilidad para el estudio de il re Carlino^ composi-
ción italiana correspondiente á La chanson de Roland y á un lindo
romance extremeño de que pei'samos ocuparno's eu la revista
El Folk-Lore frexnense , romance que comienza con estos dos
versos:
Ya viene don Pedro
De la guerra herido, etc.
Una antigua nana siciliana del Santo Natalicio^ variante de un
MS. existente en el convento de Castro Eeal, (págs. 228 á 284)
recogida de los labios del pueblo por Paolo Giorgi y anotada por
el Sr. Salvatore S. Marino, y una colección de Cantos, nanas, juegos^
leyendas y adivinanzas (284 á 242), reunidos bajo el titulo de Foesia
popular infantil en la Calabria, son los dos artículos que siguen á
los trabajos citados, artículos cuya interesante lectura recomen-
damos á nuestro querido amigo y compañero el Sr. Marin, el cual
hállase ahora, como decirse suele, con las manos en la masa.
Campo no pequeño para establecer analogías con nuestras
producciones, ofrécenos el sexto artículo debido á la pluma de
Giuseppe Ferraro y titulado Cincuenta juegos infantiles monferrinos.
Entre los treinta y cuatro juegos contenidos en este cuaderno,
hallamos desde luego algunos muy parecidos y análogos á los
nuestros; asi, por ejemplo, el titulado La Barra recuerda el espa-
N«. 4 6
ñol, El Marro; Iladri, a\ d
al de Mor
LHíco, al c
5 loB jugadort
divideL
odejcu
e noBolros cnn loa nombres dol /■'
villa) Tejo (Estremadura) la Teta (Ofiíma) la Soria (Dos- _
sRs) etc.. curioEo juego uEndo ya eu Egipto y Grecia, segiin d
señor Montferrato, y cuya figura hace recordar la jiUtita de un
hipúdromo al disUoguído atitor italiauo: el juego dri Irastom trite á
la mrmoria los del che, el llamado roba manlniíM y la ñUardií,
que corresponde exnctnnieute el italiano ¡Jppa-b'ipfra: el de "
,91-M, (Pile et face en Francia) es el de Cara iy erua.Xoa de
eastrlli e /*• bilanña hacen pensar en el de Lu» hiu-ioí al m-mioi
titulado L'indorijio en los llamados juegos de adivínnniaa,
los cuales incluímos el de ñeeolin-reeotan: y por ultimo, tod(
por lo menos la inmensa mayoría de ellos, ofrecen notables
logias con lo esencial iie muchos de los juegos infantiles eepníi
do que tenemos noticia. El trabajo del Sr. Mnntforrato. i]ue
de ser muy en breve motivo especial de estudio para nosotros,
reúne a la importancia de los materiales en el consiguAdt
cretas y eruditas observaciones que fijan la atención del lector.
sobre el inmenso valor de estas manifestaciones de la vida
pular infitntil.
Un milo mnilernf. Origine de la Cmerenlola y Lefnnttde Sai
Khaninü son los títulos de los tres artículos eigtijentea al del
Montferrato. De estos tres artículos, debiilns respectivauenl
las doctas plumas de los mit<'igrnfos Befíaele Caetelli, "
Charles Coote y Félix Liebrecht; paríceuos el último el
importante para nosotros por cuanto viene ó ocuparse de
teria relacionada cnn el erudito y meditado trabajo de nm
laborioso consocio el Sr. Sales, el cual atribuye al cuento de
luleta una fíliacion egipcia, conviniendo eu esto con la opiuíou ^
sabio alemán que refiriéndole á la procedencia de algunos eleme&T
tos de los cuentos populares europeos se inclina a encontrarles grau
parecido con nn episodio, pnr lo manos, del cuento egipcio titulado
Sainl Khanioit, tercero de la de Mnspero, Respecto á la materia del
primero de los tres artículos de qne ahora ligerímamente nos ocu-
pamos, materia tratada anteriormente por Manhardt en el n.° 12
de la Mtiutine, es de tal importancia que desearíamos verla tratado
con mayor amplitnd que lu que hasta ahora ha sido tratado por el
autor francos y el italiano, EÍendo igual nuestro deseo respecto á
las razones con que el Sr. Henry Charles Coote pretenda compro-
bar BU opinión respecto ni origen griego de la preciosa fubula que
imortalizo Bossini y vive entre nosotros con ci modesto título de
\a puerca tgnicitnta, cuento á que alude el insigne D. Agustín Du-
ran en el prólogo de sus Tres Toronjas.
Participación importante tiene en el número de la Revist* do
qne tan brevemente nos ocupamos, las dos
excelencia, Portugal y España, di<!nísimBmente
vez por los Sres, Z. Coasíglieri Pedroao, P. tieile
de un
trae á
Ddol^^l
|ue ü%
stros,
, dia-
lector
9
i
umero ae la itevist* gp ¡
naciones hermanas g^^^H
ente representadas 4|^^^^|
— 139 —
nnestro querido amigo y consocio el Sr. Bodrignez Marín. Trata
el primero de un cuento portugués gallego titulado El Alicomio
(Unicornio, un sólo cuerno debiera decir) que es una versión muy
interesante del mito de Polifemo, tan concienzudamente estudiado
por el Dr. Kr. Nyrop.
El articulo del distinguido escritor portugués Sr. Yasconce-
líos puede considerarse como un breve pero Hndo muestrario de
costumbres y creencias portuguesas mostradas en forma de motetes
y refranes, supersticiones de San Juan , festividades religiosas, ensalmos,
adivinanzas, cuentos y canciones; en todas estas producciones, salpi-
cadas de observaciones discretas, hallamos analogía con otras es-
pañolas de que de propósito no hablamos aquí por no dar á esta
ligera noticia mayores proporciones de las que por su índole nece-
sita. ¿Cuál de nuestros lectores no recordará nuestras adivinanzas
al leer las insertas con los números 1, 2, 8, 5, 9, 10 y 18 referen-
tes á la pescada, la mesa puesta y los convidados, la guitarra, el animal
en el vientre de su madre, la lengua y la espingarda correspondiente á
la nuestra del hacha? La 6.^ portuguesa, referente al queso es igual
á la nuestra del hu^o:
Una casita blanca
Sin puerta ni tranca.
El ensalmo para curar la erisipela, el cuento de brujas y los
cantares populares, despiertan, á su simple lectura, el recuerdo de
las fórmulas que emplean nuestros rústicos como remedio eficaz
para una de las enfermedades que han dado origen á mayor nú-
mero de preocupaciones, el cueiíto de brujas, al inserto en la co-
lección de Maspons con el título de Altafulla, y los cantares, mul-
titud de coplas gallegas y andaluzas parecidísimas. De propósito
hallaremos muy brevemente del Juego de las chinas, artículo de-
bido á la correcta pluma de nuestro compañero el Sr. Bodriguez
Marin, folk-lorista tan entusiasta y hábil, como afortunado para
proporcionarse materiales é inteligentes colaboradores, dicho
sea esto con lo que los andaluces dirían su mijita de intención. El
juego de las Chinas, hijo habido de legitimo matrimonio efectuado «n-
tre el Penthalita y la tradición, y del cual se conserva memoría en
nna pintura monocrómica en mármol, existente en el Museo de
Ñapóles, que representa a cinco diosas dedicadas á tan inocente
entretenimiento, es un juego interesantísimo, del cual acaso no se
haya publicado hasta el dia una versión popular más completa que
la recogida y publicada por nuestro querido amigo y consocio.
Al artículo del Juego de las Chinas sigue otro del Sr. Pitre,
titulado SuUe voci dei venditori ambulanti, cuya publicación nos ha
venido á nosotros como á pedir de molde ó como pedrada en ojo
de boticario, que decirse suele, pues ya se susurraba entre ciertos
pseudo-folkloristas que no eran los pregones materia digna de
publicarse en las columnas de una Revista sería de Folk-Lore. En
dicho autorizado articulo, encontramos que aquel famoso principio
— 140 —
del pregón qne insertamoB en nuestra primer MUceUnfa, no ea fa
pooo en Sicilia cosa desasada:
Pianyetf, ¡lambini, elit la n
e la (■# ii compra!
la cual en nada niega nuestra opinión de que los pregones, aparte
de su inmenso valor geogruSco, de que prontHmeiite nos ocnpore-
mos en el próxima número, Lieueu un valor drmiiiisicotoi/tco conside-
rable, por cuanto muestra el earñcitr y aun el hunmr del pueblo qne
loa emplea: hé a'qai dos que ponen de mauiñeato li maravilla el ca-
rácter singular de los sevillanos:
A quier
Que ni cortan por
stijei
Q para atísar el belon.
Abeyanas
jue las que
ni á la oraaion
I
Con el artículo de nuestro dign<
den considerarse coino dr JomUí y
contiene los trabajos siguientes. L-is
I,"* Flameneoí ¡f (jacho» por Giierardo N'
;o terminan loa que pue-
nza La Müctlánra, que
íiaroa tn .Víet/ía, por Piire.
^palabra* m
Itniíua fiirbfBra m el nyh X V, por Luigi Pnlue, La ^¡fmda de C
Sicilia por Guaslella y Coin mía luna, superstición recogida por
el citado Sr. Vaaconcelloa, y que- recuerda la publicada eu oí nú-
mero i de la acreditada revista Mr<liiiinf. £1 8r. Nerucci, que noi
en-eña el origen de la palabra Gacho» como proveniente de la pa-
labra jitano r u Ule I ica 1/(1 iíi;i() en oí plural ifni/i/ÜN sostiene respecto i
la denominación de Flaoteuco, una interpretación que, aunque inga-
nioaa. no nos parece bastante fundada, pues los audaluces, que han
sido los primeros que Imn dudo en España el nombre de Jtammmi
i loa gitanos no han dado jamas indicio alguno en bus dicbos, ni
explicaciones, de aludir á las aves de este nombre, qne ningún*
analogía presentan en su forcua exterior, ni en el color de au pla-
maje, blanco y rosa, con las condiciones físicas de los gitanos,
hombres de brouceada lez y do no elevada estatura, ai '
nos descomunales que se asemejen a las patas de las
nadas gancudas.
A la Sección de Mueelánfa aigae la importantísima titull
lieritla büiliugrojieet la cual, asi como la del tiulrtin hihlior/ráfieo,—
fírcimiet piiUicañonn, — Sumario de periódico» y Kutieias t-anan, qti«
ponen fin á la Revista, es onsi exclusivamente debida a la pro-
digiosa actividad del señor Pitre, actividad para noeotroa lamen-
table porque nos hace temer por su salud que aI cabo jojala aoa
equivocáramos! habrii de resentirse de tau extraordinario In-
bajo. La Usta de las obras y periódicos de que se ocupa
anos.
— 141 —
ilustre amigo en las referidas secciones será la mejor prueba de que
no exajeramos en lo más mínimo la causa de nuestros temores:
hela aquí: Vestrü, Scene del popólo siciliano con copióse ülustrazioni
in diaUtto per S. A. Ouastella. Eagusa Piccitto e Antoci edit.
MDCCCLXXXII. — Tbadizioni popolari abruzzesi, raccolte da
Gennaro FiNAMORE, vol. I: Novelle (Parte prima). Lanciano, Tip.
Carabba, MDCCCLXXXII.— La Grammatica b il Lessico del dia-
LETTO TeRíVmano. Due Saggi di GrosEPPE Savini aggiuntevi poche
notizie sugli Usi, i Costumi, le Fiabe, le Leggende del medesimo
popólo Teramano. Torino, E., Loescher, 1881. Un vol. in-8.® p.
207. L. 4.— Baccolta di Proverbi veneti fatta da Cristoforo Pas-
QUALioo. Terza edizione accresciuta dei Proverbi delle Alpi Carni-
che, del Trentino e dei tedeschi dei sette Comuni vicentini. Trevi-
80, coi tipi di Luigi Zoppelli editore 1882. Un vol. in-8.* di págg.
Vin-872. L. 8 60. — Chants popülairks recueillis dans le Pays
ME8SIN, mis in ordre ed annotés par le Comte de Püymaiore. Nou-
velle édition augmentée de notes et de piéces nouvelles. París,
H. Champion, 1881. T. I., p. 286; T. II, p. 283 in-16", con 19
pag. di música. — Légendes chrétiennes de la Basse-Bretaone
per F. M. Lüzel. T. I., p. Xn.865; T. 11, p. 881, Prix, fr. 16.
Paris, Maisonneuve et C.»' Éditeurs 1881.--(Formano i voll. lie
m delle Littératures popuL detoutes les Nations,) — Les Contes po-
PüLAiRES DE L* EoiPTE ANciENNE traduits et commeutés par G. Mas-
pero, prof. au Collége de France, directeur general des Musées d*
Ep:ypte. Paris, Maisonneuve et C.*' Éditeurs, 1882. In.-16° p.
LXXX-226. Príx fr. 7, 60.— (Forma il vol. IV delle Littératures
popuL detoutes Us Nations J.—Kh Folk-Lore Andaluz, Órgano de
la Sociedad de este nombre. An. I", n. I. Sevilla, Imp. de Giro*
nés y Orduña, 1882. — Adivinanzas francesas y españolas. A. Ma-
chado Y Alvarez. Sevilla: 1881. — The Bird ofThrüth, and other
Fairy Tales. Por Fernán Caballero. London: W. Swan Sonnens-
chein and Alien; Paternóster Square. (1882). Un vol. in-16"; di
pp. 841.— Old Norse Fairy Tales gathered from the Swedish
Folk by G. Stephens and H. Cavalliüs. London, W. Swan Son-
ueoschein and Alien 1882. in-lG"*. — Hiawatha and other Leoends
OF THE wiGWAMS OF THE RED AMERICAN Indians compilcd from Ori-
ginal sources by Corneliüs Mathews. London, W. Swan Sonnens-
chein & Co. 1882. In 16**.— Kaffir Folk-Lore: or, A. Selection
from the Traditional Tales current among the People living on
the eastern border of the Cape Colony, with copias explanatory
Notes by Geo. M.® CallTheal. London, (1882), p. IX-212.— Nuovi
ÜKRAjiNSKi PiSNiPRo Gromadsjki Spravi, M. Dragomauova. (Nuov,
Can ti Ukvini di argomento politice per M. Draoomanov. Ginevra,
settembre 1881. In8^, pp. 182.
A esta mñgniñc&lSeccion en la cual se encuentran nueve juicios
criticos del Sr. Pitre, uno del Sr. S. Marino y cinco del Sr. C. Mo-
ra tti, sigue el no menos rico Boletín bibliográfico ^ Recientes publica-
ciones. Sumario de periódicos, y la Sección de noticias á que aludi-
mos, la cual pone fin á este cuaderno.
— 142 —
¿Necesitaremos después de esta desnlinada exposición de ll
trnbnjo8 contenidos en el seguodo niiinero del Arrhirii felicitar b
BUS eminentes direcctorea, y asegururlea que les deseamos tantos
auBCritores. cuantos cuentos, cantares, adivioaaziks, le.yeudaa y
'ranes han temdo la dicha de recoger de los labios del Xj
o la dicha de recoger de loa labios del pueblo? ^^^1
NOTICIAS ^^^ñ
•ntnsr:. — Tenemos la m&a vira satíifecoioft^^^B^^^^^^
Folk-Lore fS-exHtnsr. — Tenemos la tai» vira satíibcoiolír . . _
nicar á nuestros consocios que, iiierred á ta inkiativa j constancia Aé
nuestro querido amigo el distinguido líteroto Sr. D. Luis Romero y Ea-
pinoBíi, ha quedado constituido el 11 de! presente el FolkLnrr de Fr*-
genal, rabena del distrito do su nombre en la provincia de Und^joa,
con el titulo que encabeza estas lineas,
AJ efecto, reuniéronse en dicho dia, en el ex-convenl"» do San
Francisco, por iavitadon del Sr. Homero^ Espinosa, loe petsonas i
distinguidas de aquella localidad, dejando constituido deGnitivamei
la Junta Facultativa de aquella ssociacion, en la siguiente forma;
PRKSIDÍSTE.
SKCaKTABtO,
D. Luis Jtomero y Espioosi
> Juan Paulino Dominguc
> Abelardo Wau Martin.
■ Lnrenío Amijo.
• Cándido Pardo.
» íJusebio lirnvo
> Si^to de Bengoechoa.
También sabemos por noticias particulares que uno de los i..
roe acuerdos de dicfaa Boi'iednd hn sido et aceptar nuestro Bcglum
con aquellas sencitlas y racionales modiñcacionee exigidas por las e
cunstanciat locales.
Entre los principales scnerdoa tomados por la Junta, figumn ol do
diñgir una circulará BUS paisanos, (j-a en estos momentos publicada,)
¡Dvilindolea i. i'OHd.vurar d su empresa, el de nombrar presidente >■
rocíos honorarios y el de publicar una revista con el titulo d« Fbtk-
Lore Frextifnnf.
Felicitamos cordialmcnte i esta Sociedad, hermana nuestra, por au
CODSÜtiicion y por los nobles proyeftos que su fundador ha de llevará
cabo con el poderoso nuxílíode sus dignos consocios, á saber: la forma*
clon del iMopata/ioi/r'í^eníi'arlícíonaí deaquel distrito y la pnblic-acian d«
«n Bt/ranero en que se recojan, ordenen y sietematioen, en lo poslbln.
Cll IV )<UBU»B, .
— 143 —
los conocimientos agrícolas de las provincias extremeñas. Esperamos que
los nobles esfuerzos de los hijos de Fregenal serán ampliamente recom-
pensados, con la adhesión de los demás centros análogos que en Ex-
tremadura se formen, los cuales no han de negar seguramente su con-
curso á los que han tenido el aliento suficiente para desarrollar una
empresa tan útil en sus resultados como llena de dificultades en su
principio. Disponga £1 Folk-Lore Frexuense de nuestro concurso para
la consecución de sus fines.
* *
Por carta particular, dirigida por el Sr. Conde de Puymaigre á
nuestro digno Secretario, hemos sabido que se han celebrado en París
con gran entusiasmo los dos últimos banquetes de ma mere V oie, con
numerosa asistencia de convidados entre los cuales se ha tratado dete-
nidamente de la celebración de un congreso internacional europeo de
folk-loristas, que se inaugurará probablemente el dia de San Juan del
año 1883.
* «
Hemos recibimos la acreditada revista La América, que se publica
en Madrid: un tomo de 149 páginas intitulado Bhithmes et Refraiua,
precioso trabajo debido á Mr. Paul Ristelhuber; una excelente crítica
del Sr. Leite de Vanconcellos sobre el Bomanceiro Portuguez formado
por el Sr. Conde de Puymaigre, critica inserta en el número cuarto de
la Revista da Sociedade de instrucgáo do Porto; y el periódico A Folha
nova, que se publica en Oporto, el cual se ocupa del primer número de
de nuestra Revista, en un detenido, y á la vez concienzudo, examen del
conocido literato portugués Sr. D. A. de Sequeira-Ferraz.
Damos las más cumplidas gracias á los señores remitentes por el
envió de sus trabajos y las galantes frases que nos dedican.
* *
£n el último artículo á que hacemos referencia en la anterior no-
ticia, manifiesta su distinguido autor el ardiente deseo que le anima de
que se constituya El Folk-Lore Portugués para poder después cons-
tituir definitivamente el gran Folk Lore de la Pekínsüla Hispánica.
Identificados completamente con estas nobles aspiraciones, abrigamos
la esperanza de poder dar en el número próximo un testimonio Inne-
gable del empeño con que venimos trabajando para verlas realizadas.
* *
£1 último tomo publicado por las Folk-Lore Society de Londres
con el título de Folk-Lore Record (archivo del Folk-Lore) contiene los
trabajos siguientes: desaparición y reaparición de la fórmula aria en
los cuentos populares y heroicos de los celtas, por Alfredo Nut. — Algunas
adiciones al Folk-Lore de Madagascar, por el Reverendo James Sibree,
Fundor. — Folk-Lore Eslavónico, por Reverendo W. S. Lach-Szyrtna.
— Eufemismo y Tabú tn China, por el Reverendo Hilderic Friend. — El
Folk-Lore de los Estados- Unidos por William Georges Black. Notas sobre
el Folk-Lore Irlandés por G. H. Kinaham, M. R. J. A. — Dichos y pro-
— 144 —
rrrhinii rn/ermlc» a¡ estado df¡ tirmpfi, por O. W.EmpBon — -Vnío» # _
fl Fililí- Lnrr /ndi'ann [>or Willinni Crooka.~~Iliititii.'(.'i(DCKM.— f.'Hriif'MMr-
/ii¡/iir«i-s por Miss. Enrri<lili'ta MoiíUiiro,^RiHiii"niisioxitit.^i^'oMTÍiWM.
mOl.—AmuMos en Escocia cíoiniinií'uulon dcil Sr. Jamir* BriUvii- —
KOTíS, fnCOVNTJS, NOTICI*» yNOTSBAIlBS,— AfÉSWCK, — IsrrOKHi: JUICA), n "
tivo oí Que ííí 18H0. índiee.—
A más d«I tomo de que danos cuenta en la anterior notíci*. U So-
ciedad del Folk-Lore de Londres, tiene en prensa un* ulir» del iluMra
profcgor Domenií^o t'omparulti, tilulnda^ InvfKtiaaeionm wbrt et ítfcr*
de Sindibad, y utia tM Ür Willium Jorge Bliicfc. tiUiliiil». 3Jr4iciiia
popular.- áuibaa obras ili-ben aparecer ya de un mouicnta á otro. Finir»
lus libros ijut; la referida tooiedud licne en prepara i'iim, ofrecen |>ara
nosotroa un Bin)^lar inleri^B loa siguicntea: El Fotk Lore Porln^ué»,
|)or nueatro digno ooneocio el ilusire profearir de Hialorinen pl ctinio
MUperior de Lelriis de Lisboa, Sr, I>. Z, ConH¡glÍprÍ IVdroío, BiblÜMra-
fia drl Fiilk-Lorr, por nuestro conBocio el digno accrelnrio del Folk-Lore
de Londres, Sr D. G. L.Gi.nime.
U. Budhiet flir/fc «ÍocÍmi; or Jalaka Tales: TLo uldeal t
of Folk-Lorc cxtnnt, lieiiig tlie JúlahaUhnvannanii. Tradm-v
T. W. Bbya Dnvida. 1 tomo en 6." pig. LXXXVIl, 347. Lúudrea. IMI.
III. Popular Bamaner» o/ (he We»i ((f EnglainL- nr, íAr Prolh,
Tradilion» and Supcrttilions o/ Oíd ComieaU. C-oleivionndot y rJitwlM
por Kobert Hunt, 8,* pp, 4»»). U8M), Chnito and WindresO
IV. Stoñe» nnd Fnlk-Lore of TFíkí Cornweü. Fot WíIIhmu BkUvU.
3.* Serlo, 8." pp- i"HI. (l'enaiiniHi, Kodda, 1880.)
V. Houmanian Faiiy Taita atd Lrgendi. 8.* pp. 134- (Loadoa:
H. K.ÍJeu-ÍB, ie8L)
VL The Tcunilening Jete. Por Moqpurtí Daniel Conwny. 8.* pp. a
(London! Uhattoand Windrca, 18»1.)
VIL Contri populaim de la Haule Bri-tuijne. !!.• Serie, Conta de»
paymn» rt dfn prrheurs. l'or 1'. Sélíillot. Paría. Q. Ctiarpvntíw, wUlatir,
13, KuedetirencllirlJaJntGfniíUiH. 1881.
VIH. nomealio Fulk l,ore, Por .1. F. Thiatleton Üyer. (Ciuwoll,
ri-ller,Gc,l|,in,audf.''J
— 144 —
verMos referentts al ridado del titmpo, porC. W. EDiimon.— ^oías Mhv
ti Folk-Lor» Indiana por WlllJam Crnok*— T»AiiPrc-iüXB»,— Cuíii/'H j»or-
tuguckrs pnr MisB, Enrríqwta MoiiWiro.— Rmiii'RKuiíiSKt..— iVdCífHoí,
lüBT. — Jmuíeíoj i^n Etcaeia coiunuit^ucion dcJ Kr James Brillen. —
NOT*B,PIIEOIT11TA8. KOTlClAsyKOVEUillEa.— ApÉKUlt-E.— iKroMlEíNCíLl-Wa-
«PO al ano de 1880. índice.—
A Diáe del tomo de que damos uuentn en la anterior noticia, la So-
dedad det Fuih-l.ore de l.rindreB. licne en prensnuniiobrn del ilustre
profesor Doinenic'o Comparelti, liluluda; Inmlinadonfa eolirr <l libra
dt Bindiliaii. y olrndel Sr. WiUimii Jorge Blm-k, lituUiclH. Medicina
popiiUir: áuibaa obras debían «perecer ya áe un uioiijcnlu á otro. Entrfl
loa libros que la referida BOtiediid tiene en preparaiiin, ofrecen pura
nOBotroa un singular interés loa siguientes: £1 FM Lorc Pt/rtuyu^
por nuestro digno consocio el iluatre profesor de Hisiuria en el cnrao
superior de Letras de LiatiOH, Sr. D. Z. Consiglieri l'edroso, Bibliogrit-
fia del Folk-Lore, por nuestro etinaocio el digno aecretario del Fbllí-Lort
de Londres, Sr. U. G. L. Gomme.
II. Siirlhiní Birlhalorks; vr Jalaba Tales: Tbe oldest i-olIcNtü»
ai Folk-Lore extiinl, heing th« J,UaI¡allhavan?iana. Trnduc-cion de
T. W, Rhys Davids, ! tomo en 8.' pág. LXXXVÍl. 347. Londres. 1881.,
■ ni. popular Jtomance» of the Wt»t of Englanii: or, iht DralU,
Traditioní onii Siiperslitionii of Oíd ComwulL Coleccionados y cJíladcni
por Rüberl Hunt. í*.° pp. 4B0. (1880, Chatto and Windres.)
I V. Sloñeg a«¿ Fhlk-Lare of Weat CornwelL Por William ItutwU.
3.* Serie, 8.' pp. 200. (Penxance, Kodda, 1880.)
VI. Tlie wandening Jete. Por Honfure Daniel Conway. 8.» pp. VsVS.
(London; CLaltoand Windroa, 18B1,)
VII. Cantes púpidaircí de la liaute Brefagne. 2.' Serie. Con(« ibff
paytom et des j/rcheum. Por P. fiébillot, París, ü. Cliarpeuliír, cOJivilr,
13, Kuede Grendle SRÍnt.<3ermain. 1881.
VIII. DomesiJc Folk-Lore. PorJ. F. Thiatleton Dyw. (fuaa^B.
Petler, Golpiu, und C)
tÜL KoLK-LoRE Andaluz
«JrgiiUM •lo h»í*'H!ii'it!»'l ílt- tale uoiubre.
SEVILLA O-Doanell 22.
MAmilD — l»AUÍ.S
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FOLK-I-OiaEl ANDALXJZ^^B
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■m^i^^Ui^"M«^i¿JCS50PÑ?»i^^»^^^^k.>s^tJo.
I Ó i, Iota y Jota ó jota
Mentira parece que tres letras tan distintas en figura,
nombre y valor fónico, ideológico y aritmético, tengan un mismo
origen; y que un vulgo que no sale jota\ que ^w conoce la O;
que hace gala de ignorarlo todo y está á merced de cuatro
eruditos á la violeta, oj^endo continuamente la culta latini-parla
de sus curas y sacerdotes, de sus letrados leguleyos, de sus
médicos y cirujanos romancistas, de sus políticos y gobernan-
tes impolíticos y desgobernados, pueda todavía dar lecciones
de letras y literatura, de historia y gramática, á los que se pre-
cian de maestros en Artes y conocedores del hombre y su len-
gua, de sus facultades y necesidades más urgentes.
No obstante, no hay cosa más cierta en todas las esferas
del saber humano que estas dos verdades filológicas: tres le-
tras de un mismo origen ó abolengo; todas tres originarias sin
duda de la iod hebrea y caldea, ó de la iud siriaca; hermanas
ambas del ye arábigo y palmirano; remembranza de mano fe-
nicia, samaritana, etiópica, iota griega y rabínica é i latina,
ha}'an venido á refundirse en la j 6J española; y que esta sea
la hora en que no se sabe qué valor darle á cada una, ni aun
á esta misma.
La I latina valia en aritmética uno; la iota griega diez,
tomándolo de la iod hebraica, caldáica, siriaca, arábiga etc., y
K». 6 1
— 14G —
todas ellas siinljolizabaii ó tenían por valor ideológico el pwlerj
la riqueza, la fuerza, simbolizada eu la mano, ora cerradi
como el iod hebreo, caldeo y siriaco, ora abierta y con l<n
didos extendidos, como la fenicia, nainaritana, etiópica 6 egifi
cia. ¿Cómo CHta letra ha venido Á reducirse A i latina, que nac
significa, ó á jota castellana, que se toma como emblema il
méuos que nada? ¿Cómo nnest?-o vulgo la usa tan sál
tamente como la negación del saber, como sínibulo de igno-
rancia? Primer problema. ¿Por qué el vnlgo, y el que no e
el vnlgo, dicen im sal/e jola, en vez de no sabe nada, es nn ígnoi
rante? ¿Cómo dice esto quien m sabe jo/a? f.Cümo lo repite idén-
ticamente quien conoce la joto, y la hace con toda la perfec
cion con que pnede hacerse, y sabe que consta, como diría e
más pintado maestro de escuela, de cuerpo oUo, ciierí¡ohajo, i
7a v'mjitla, ó pitvto que se le pinta encima? Problema dittcil pa]
quien entra en literatura sin letras: problema irresoluble parí
el vulgo; problema palmario, empero, para quien sabe cuál fa|
el origen de hxjola, y de la hta. y de la i latina y castellana.
Era y es la iod hebrea, caldea y siriaca la letra mAs ]
qaefia de las veinte y dos que usaban aquello,<t idiomas:
además en hebreo el principio ó primer trazo de toda letn
como puede verse en cualquiera diccionaiio ó gramática i
aquellas lenguas: es hjoia eepafiola ú castellana la ioin griegí
en cuanto al nombre y esta el iod hebreo: decir, pues, no «iibi
jota, equivalía á decir: no conoce ni sabe la iiiiís pequefli
letra; no sabe hacer el primer perñl ó trazo de ninguna letr
es un ignorante completo.
Por eso también el Salvador dijo: Ameti, amen (Hea t
iota unimi aiU iintis afx-x non preterihU á Ijpge tlonec omniajiat^
«ííiun ápiceninnajota se omitirán deesta ley. Iiastaqaed
cumpla eu todas sus partes.» ¿Quójo/w es esta?¿Quese repi
senta en \&ju(a que puede parangonarse con el ápicfxais ténm
(im(uij^tenit3oth=mftcionps, schewas, ¡uintos. comas y acentat
¿Qué sabe el vulgo de nada de estü? Üd obstante, lo dice y I
aplica o])0)-tnnísimamenle: tioMiejola.
Secundo problema: ¿Cómo una letra tan diminuta !
venido á hacerse la mayor de nuestro alfabeto? ¿Cómo di y
— 147 —
que ó la malhace, ó la ve hacer tan grande y complicada, la
pone como baldón de ignorancia, para quien no la hace? ¿De
dónde le ha venido al vulgo tanto saber, fólk-lore? Discu-
rramos.
El vulgo español, y principalmente el andaluz, tuvo ínti-
mas relaciones con los fenicios, griegos y árabes, como que
después de los scitas y cartagineses, puede decirse que son sus
alorígínes: conoció, pues, perfectamente la índole y natura-
leza ó naturalidad de la letra iod hebraico-fenicia, así como la
de la iota griega y ye arábiga ó persa: y en su virtud echó mano
el sphardi=él separado espaflol, de la letra i para toda pala-
bra que expresara idea ú objeto pequeño, despreciable: así dijo
chiritniü á todo lugar estrecho, oscuro, á trasmano; chisga-
rabí á todo hombre ruin, parlanchín, ligero ó frivolo; chiqtd'
Un ó chiquirrüin al pequeño, endeble, chico, diminuto; á lo que
no vale ó sirve poco le dice ¡qué lili!; forma instintivamente
una terminación diminutiva con la sílaba ó afija in ó ino^ ina,
como de guarro^ guarrin ó gorrino; de lechuga, lechuguino; de
ganforro, ganforrino; defrac,/racuchin;áe levita, levitin^ etc.
Esto hizo que el vulgo se familiarizase con la letra i 6
iota griega para expresión de toda idea mezquina, pobre, ruin
ó poco digna; y que cuando necesitó indicar indignidad, ruin-
dad, pobreza de conocimientos é ignorancia, lo simbolizará
todo ello en la iota; y como esta dio origen á nuestra jota^
prorumpió en el dicho vulgar wo sabe jota, no tiene chicha, ó
tiene poca cJdcJia, no dice pizca de verdad, es un quiquiriquí, ó
un saUimhanqui; es un títere ó titiritero; y cuando ve dos per-
sonas, una grande y otra chica, dice que parecen un li 6 un
De este modo predominó la i=-iota griega, para toda
expresión de pequenez, que junta con n^^aumento, produjo la
terminación in ó íwo, ina, como quien dice pequeña propagación^
poca vida, (in latino en la acepción de negación), como impe-
riiiw, inicius, imjTosihüe etc. Sólo falta ahora dilucidar ó am-
pliar algo más las partes del problema. ¿Cómo ha venido la
pequeña letra iota griega, la pequeñísima iod hebraica á con-
vertirse en j minúscula, ó mayúscula J? Y ¿cómo el vulgo
— 148 -~
que no hacejo/n^, iii mayúsculas ni niimisculas, conserva i
nombre y la naturaleza oi'iginal de la letra, para calificar
por su ignorancia la de quien no sabe hacerla? La primera
parte ya queda bien entendida; aunque no alcancemos las
arterias ú vasos por donde corre en la rída de los puebla
la sangre y los humores necesarios para su existencia i
truccion. La segunda tiene feliz eiplicacion en la ley ui^
versal de oposición y contrariedad que admiramos en todo ]
viviente. ¿Erapequefla la tola griega rt iW hebrea; era din
ñuta en Oriente y en la lípoca de transición? Pues hagí
mosla, dijo el Occidente, larga, la mayor de todas las letri
que aun á la efe exceda en el punto que encima lleva:
ha de ser, ¡ola larga y enroscada, y con un panto encima:'
¿qué dice este punto? ¿qué ensefia esa curva? Es lo último
que nos queda que dilucidar, pues que ni la iod hebrea Io_
tenia; ni la iota griega: ¿de dónde ba venido? ¿Para qQ
sirve?
Era la ioil hebrea letra consonante, como todas las <
alefato ó catálogo de letras ó signos de aquel idioma: hízoí
vocal en griego; pero para ser ó sonar t en principio de i
laba ó palabra, necesitó pintiírsele encima uno de lo
píritus que se reconocen en Griego, con los nombres de duíe
y áspero ó rmh: este fué el origen del punto de la i latina jj
de nuestra i: remembranza del jjmíí/o ó twot-ío», yw/recA üjirt
hebraico. Pregúntesenos ahora: ¿de cuándo data nuestra j
¿Quién enseíló á ponerle el punto encima? ¿Quién le dio I
curva ú merpo bajo que tiene? Nadie podrá responder; nadie""
sabe cómo ni cuándo sucedió esto: ni los más cultos, ni ¿nii
nuestros sabios hablistas, dicen una palabra acerca de ello;
pero el vulgo lo sabe y lo indica claramente, cada vez que i
pite de metmiria y casi iuconsciente: ese iiombrt- íto sahe j
no sabe ni aun el jmnlo que necesita encima; no sabe qué s
presa tse punió, ni qué origen tiene, ni por qué ó cóxaot
alargó la letra, ni cuál es la causa de su cnerjio bajo; nada n
sabe sino que quien iio mbe eso, sabe poco: ¡ya! como que 1
sabe hebreo, ni caldeo, ni siriaco, ni árabe, ni griego, ni latin.
ni lengua alguna de las que debieran cultivarse para ser y Ua-
— 149 —
marse literato: es tan vulgo como el más vulgo ó vulgar de
los que leen: la jota castellana es el compendio de la pronun-
ciación ó sistema oral, más bien entendido; resultado del orga-
nismo, ó aparato locutor, que empieza en la garganta y acaba
en el paladar y los labias; desde ja, je, ji, jo, ju, hasta ya, ye,
yi, yo, yu.
Antonio M. García Blanco.
(Continuará,)
LOS CORRALES DE VECINOS
III
La vida en el corral empieza á la primera luz del alba. Al
cantar los gallos, prisioneros en jaula de cañas, alcahaz, los
vecinos se ponen en movimiento, apercibiéndose para el traba-
jo; porque todos los moradores del corral, salvas rarísimas
excepciones, son trabajadores: albañiles, herreros, carpinteros,
tejedores, zapateros, blanqueadores, carreros, etc.; y lavan-
deras, planchadoras, costureras, que cosen de hombre y de mu-
jer, esto es, que lo mismo pespuntean unos calzones, que po-
nen faralaes (farfaJaes) á una enagua; amén de otras trabaja-
doras, que prestan sus servicios en casas particulares, suplienr
do, ó lo que es lo mismo, haciendo oficios de criadas de servi-
cio ó de fnozas, como les llamamos en Andalucía, las cuales así
se consagran al cuerpo de la casa (moza del cuerpo de casa), co-
mo á la cocina (cocinera), ó á cuidar de los niños que están en
mantillas y aliviando á las madres de la fatigosa carga que las
abruma (niñeras).
— iñn —
Al salir el sol, en el invipi'no, y una hora después, i
más 6 menos, en el verano, los trabajadores toman la puei
de la calle para ir al Irabajo.
Kl trabajador en Andalucía no tiene un traje caractei
tico de sn condición. La ^orra y la bhisa no han tomado toj
vía caria de naturaleza éntrelos Irahajailores deliis mtdai
y tardai-á mucho que la tomen entre los trabajadons del campi
El trabajador de la cindad, lo mismo el albaflil qne el
herrero ó el carpintero, tiene un vestido para el trabajo y
otro para la calle; y lleva, cuando sale del corral, en una mano
el almuerzo, y en la otra, liados en un paíluelo, los calzoncillos
y la blusilla de qne se sirve para aquél.
El almuerzo del trabajador de la ciudad — y á estos traba-
jadores por milagro se les llama obreros — consiste en uno i\
dos bollos de pan («ííííÍw, alhardilas, lolias; que estos nombres
tienen), 6 en un nmrleron; entendiéndose en Sevilla y pueblos
limítrofes por cuarterón, la cuarta parte de una hogaza de pan
(ocho bollos), según la forma qne á la masa dan los pana-
deros de Alcalá de Guadaira, villa distante muy pocas leguas
de la metrópoli. (El pueblo mide las distancias por leguas, y
no hay quien le meta en la cabeza que también puede medirlas
por kilómetros ) En invierno afiaden al pau algunos pezes, ó
un trozo de abadejo, que en Andalucía es llamado bacalao, ó
cuatro ó seis sardinas, cuando no arenques, qne allá se van co»
las sardinas; y en verano, frutas del tiempo, como «vas, bre-
vas y ciruelas; permitiéndose en todo tiempo los qne disfrutan
de maj'oves jornales, el lujo de una raja de queso de lo mas
barato.
De ordinario, el irabajiador de la cindad aimnerza en el
lugar donde presta sus Bervicios, para lo cual se le concede
plazo que no excede de una hora. En el invierno, especialoiun-
te entre los albaftiles, hay la costumbre de trabajar sin (
canso durante el dia, dando de mam a las cuatro de la t
en el verano, descansan desde las doce A las dos de la fa
y á la puesta del sol dejan el trabajo para el siguiente dia.
La costumbre de cctiar cigmros está admitida sólo entm
los trabajadores del campo, aplicados á las más rudas faenas.
— 151 —
Echar un cigarro es disfrutar de quince ó veinte minutos de
descanso, á más del tiempo concedido para el almuerzo. Du-
rante el dia se echan tres ó cuatro, según que el amo tenga la
manga más ó menos ancha.
No quiere esto decir que los trabajadores de la ciudad no
fumen durante las horas del trabajo: ¿qué sería de ellos si no se
acompañasen del cigarro, para hacer más llevaderas aquellas
horas? Fumar y cantar es su entretenimiento; y el trabajador,
que trabaja, canta que se las pela, ó como por aquí se dice:
canta más que un grillo.
En el corral, si es populoso, — y corral hay en Sevilla que
pudiera pasar la plaza de pueblo; el corral del Conde, por ejem-
plo,— encuentra el trabajador todo lo que necesita para su al"
muerzo. No faltan vecinos que se dedican á la venta al por
menor de aceite, carbón, frutas secas y verdes; yes seguro que
no se echará de menos ningún dia al vendedor ambulante de
aguardiente á dos cuartos la copa, merced al cual toman la
mañana los más madrugadores. Tomar la mañana, según la
gráfica expresión del pueblo andaluz, es beber por la mañana
algunas copas de aguardiente; como tomar las once significa
tanto como empinar algún que otro vaso de vino al mediar el
dia; cosa que, dicho sea en obsequio á la verdad, no suelen ha-
cer nuestros trabajadores; porque las urgencias del trabajo
no lo permiten.
El vendedor de aguardiente es uno de los tipos que más
sobresalen entre los muchos que por el corral pululan. Lleva
su mercancía en una botija de barro vidriado de color verde^
y vacia el líquido, para servirlo al parroquiano, en copa de
cristal, de tan exigua cabida, que el consumidor queda siem-
pre con ganas de beber otra copa; porque una no hace más de
un buche ó trago, y sabido es que un trago no pasa de la
garganta. Nuestro hombre, — y cuenta que alguna que otra
mujer se aplica á este oficio, — vende también caleniitos, ó sea
masa de harina frita en aceite, de figura longitudinal, partida
á trozos y empolvada con bien molido azúcar; cuando no
enmelados, que son como buñuelos bañados en miel.
El mismo vendedor de aguardiente á dos cuartos la copa,
— 152 —
BUele serlo, por la tarde, de chochos (allraimices), avellanas;
dulces á<ins Human nqul arropías y /••u^plros lie c'inef a. (Arropías,
de arrope, por lo dulces: siis¡tiros <¡e canela; lo de suspiros, por
lo breves; lo de canela, porque el dulce la tiene.)
Con el chochero, que asi es nombrado por todos los
mnchachos del barrio, compite el vendedor de barquillos
— otra golosina por que se perecen los niilos,^el cual sale
también del corral, y suele serlo un mozalvele, que podría dar
tres y raya á los célebres Rinconete y Cortadillo del cuento
de Cervantes Saavedra; y sabe sacar los cuartos que es nn
contento, á niilos, soldados y mozas de servicio, persuadién-
doles Á que jueguen álos barquillos, primer juego que en An-
dalucía despierta en los niños la idea de lucrarse por el azai .
Y ya que incidental mente he hablado de dos vendedores
que en el corral viven y en el corral hacen su agosto, no quiero
dejaren el tintero á. otros que son, como aquéllos, dignos de
especial mención: los vendedores dejie/c-íÉycsy cujwnnJHíw, pe-
zes de rio, verdaderas golosinas también, que hacen relamer-
se de gusto é. los muchachos.
Lugar serla este para hablar de los pregones con que los
vendedores despiertan el apetito de las gentes aficionaílas ¿
sus mercancías; pero no quiero distraerme de mi propiJsito; y
de otra parte, tengo entendido que el infatigable cuanto inteli-
gente Demófilo se ocupa en coleccionar estos materiales, de los
que en uno de los primeros números de esta Revista nos dio
preciosas muestras, que acusan la originalidad del pueblo anda-
luz. No consignaré el pregón del cfiocliero: ¡qué salailos!; m d
del pescadero: ¡quérhilos.... hs peje-reyes! :xi\ el del barqnUli
barf/ulÜos e canela.... ¡Niños: er barqtúyero!
Sarquiyilo» 'e canela....
Yo no Quiero los bnrquiyot.
Que quiero á la barrjuiyrra;
1
ni otros muchos que oigo á todas horas del dia por esas callet
de Dios. Quédese para Deinojih el agotar la materia, ya que le
cupo la dicha de desflorarla; que yo vuelvo al corral, de donde
me propongo no salir para el campo de las digresiones.
^
— 153 —
El corral es también el lugar en donde se dedican al tra-
bajo no pocos vecinos. Las mujeres se emplean, con raras
excepciones, en d lavado y él planchado de las ropas de uso inte-
rior, que sacan de las casas de sus parroquianos. Una misma
vecina suele servir para ambos oficios; pero lo frecuente es que
no se aplique sino á uno de los dos. El lavado lo ejecutan en las
pilas ó lavaderos, que no faltan en nigun corral; y, cuando fal-
tan, dentro de las mismas salas, valiéndose de lebrillos 6 ba-
rreños. Son de ver las salas de lavanderas y planchadoras,
reducido espacio donde se encuentran, á más de las camas del
cabeza de familia y su mujer, los camistrajos de los niños, los
útiles de cocina, que no son muchos: pucheros, cazuelas y pla-
tos toscamente fabricados, algún que otro cántaro, un par de
vasos de cristal, una alcuza de lata, un velón de los de cuatro
piqueras ó mecheros de metal dorado, algunas cucharas,
tenedores en menor número y cuchillos de los que ni pin-
chan ni cortan, una ó dos arcas, que hacen oficios de cofres y
baúles, un barreño con su indispensable ladrillo de madera,
para restregar la ropa al lavarla, una cómoda (en algunas salas),
una mesa, media docena de sillas más ó menos finas, una canasta
— labor esmerada de gitanas canastilleras,— un anafe, uno ó dos
pares de planchas, un canasto para el carbón y algunos más
útiles y enseres propios del oficio de la mujer, amén de los que
lo son del oficio del marido.
Los que por dicha podemos revolvernos en nuestras vi-
viendas, no acertamos á comprender, á no verlo, cómo vive una
familia numerosa en cualquiera de las salas del corral; y digo
familia numerosa, porque es una verdad de tomo y lomo, que
es como si dijéramos, una verdad de á folio, la que enseña que
es muy fecundo el lecho de la pobreza. Yo conozco familias
compuestas de ocho ó diez individuos, entre padres, hijos y
otros parientes, que habitan en una sala, cuya cabida es de
nueve varas de largo por cuatro y tres cuartas de ancho (mido
como mide el pueblo andaluz). ¿Cómo vivís aquí, — les he pre-
guntado,— sin respirar aires puros, sin tener espacio en que
moveros, atropellándoos, aspirando el humo del carbón, que
asfixia, respirando esta atmósfera mefítica, que envenena, ini-
N.» 5 2
— 154 —
ciando á los niños en misterios cuyo esclareciniieuto marchítJÍ
las ñores de la virginidad?
— íQué quiere V!— me han contestado: — vivimos aqni
como Dios nos da i entender. No todos podemos pagar naa
casa. ¡Pues si es viviendo asi y no nos alcanza el jomall... ¿Que
ciimo vivimos?... [Viviendol
Lurs MoNTOTO.
(Continuará)
-C..KZTr5ír:?S:3,il
ALGUNOS DSOS Y CEREMONIAS NUPCIALES
DE ESPAÑA
Sorprende á primera vista la perfecta armonía que
nota entie ritos, creencias, supersticiones, usos y ceremo-
nias de pueblas de difereutes lenguas, distinta religión y
It^ano parentesco ó diverso origen; pero sube de punto la
admíradou ante esas afinidades, maravillan tales coni-iden-
cifts, si ellas se nos ofrecen entre pueblos de la edad
derna y otros de civilizaciones que desaparecieron.
Ni ta influencia progresiva del presente siglo, ni
fuerza y prestigio deque, hasta hii muy poco, ha gozado
Iglesia, han sido bastantes á hacer desaparecer reliquias
gentílicas y fórmulas supersticiosas, ya que no á. borrar del
pnebio ese espírilu pagano, con que colorea y da interés
vivísimo a sus producciones, rodea los actos más trascen-
dentales de su vida y pretende honrar la memoria de sus
muertos, Bien es verdad que la Iglesia, at i'eaucílar mitos
orientales y helénicos, contribuye en parte á la supervi-
venáa de algunas supersticiones. Demonios,
len-
^
— 155 —
almas en pena, conjuros, exorcismos y demás prodigios de
este jaez, de que tan plagadas se hallan las vidas de algunos
santos, no pueden menos de enardecer en este sentido la
fantasía popular.
Prescindamos de todo esto por ahora, concretándonos á
tratar ligeramente de algunos usos y ceremonias nupciales
de España, y describir algunas muy extrañas costumbres,
que sólo en la tradición pagana tienen fácil y cumplida ex-
plicación.
Como requisito preliminar — más preciso, si se quiere,
que los esponsales, — la novia acostumbra á exhibir el ajuar,
desde la catna de xmlo hasta los utensilios de cocina, cos-
tumbre que no se desdeñan de practicar las más escogidas
desposadas, si bien se hace forzoso para éstas sustituir el
vocablo castellano por el ultrapirenaico irousseau, que no
entienden, pero que les parece más elegante, por menos
ordinario.
También en Roma se exhibía el equipo de la desposa-
da, conduciéndolo con gran ostentación á la casa del novio.
En Sicilia se seguia durante el siglo XIV idéntica costum-
bre; más tan escandalosos llegaron á ser estos espectáculos,
que por un assisa di Corleone, (1) se prohibieron tamaños
desahogos.
No en todos los dias pueden celebrarse los desposo-
rios. En algunos individuos subsiste aún tan viva la preo-
cupación, que ninguna fuerza podría impelerles á celebrar-
los en martes, por ser éste dia considerado como aciago.
En martes,
Ni te cases, ni te embarques.
En todas partes
Tiene cada semana su martes.
Refranes son estos que, con la frase hecha dar á uno
can la del martes, atestiguan de la existencia é infliyo de di-
cha superstición.
(1) Pitre, Antichi usi nuziali del popólo siciliano.
— lD(J —
Algunos suponen que la casnalidad de haber ocurj
en tal dia considerables y repetidos inlortnuios, fué citA
de que e! pueblo lo considerara como infausto. Dica i
P. Mariana en el cap. :íll, IÍb. 14 de su Hislaria ¡k j
ña: tAt tiempo qita el rey (don Jaime) eslaha en Jáiha,
sui/os fueron destrozados en Liixen. El eslrivjo fué tal yl
malama, que lUisde entonces comenzó d pueblo á llamar áa
dia, qm era WKÍr/tw, da mal affüera y aciago. » ZuRrrx, en el d
pítulo 100, lib. 3.0 de sus Atiales, refiere más extensa
te el hecho de armas, y dice qne "sef/iin Marsilto eeeri
se decid aun eti su tiempo, por los de JáHva, el martes a
Creemos falto de sólido fundamento el origen qne I
dos citados historiadores dan ó. esta preocupación. Ciej
mente, los de Játiva teniaii, aún en aquella misma épt
menos que agrad-icer á otros días, en que les llovió )
suerte <le adversidades y descalabros, sin que por elloiil
les ocurriera tenerlos por aciagos, pues & hac«rio así,'l
serian todos los del aüo.
La vana preocupación de la influencia perniciosa
martes tiene, á nuestro entender, filiación gentílica. Así^
mo el miiii-coles estaba consagrado á Mercurio, el juévea
Júpiter, el viernes á Venus, y á Saturno el sábado, etc.
tábalij !Í Marte el segundo día de la semana. Sabido es H
el dia dedicado al Dios de la guerra se destinaba á tod^
suerte de ejercicios corporales y violentos, que robustecie-
sen y agiUitasen los miembros y los adiestrasen para la lu-
cha, prohibiéndose los placeres y todo cuanto c
cuerpo y afeminase al individuo.
También tenían los romanos por mal agílero y
anuncio casarse en el mes de Mayo. Pedbo Mexia (1) exhqj
el refrán latino:
En el mes de Mayo.t
s casan mal,
y afiade: «así ninguno lo basia, ríuo muy pocas veces: Of]
en suí Faetón, lo testifica así, y Plutarco, en sus Problei^
(IJ SiltM de varia lección, ca\i. 16.
— 157 —
entre otras causas que da para esto — continúa el mismo au-
tor— (lize que lo hazian, porque el mes de Abril era dedicado
á la vanidad de su diosa Venus; y Junio á ^la diosa Juno:
y los que se avian de casar, ó se adelantaban á casar, ó lo
dejaban para Junio, por la devoción y vanidad de sus falsos
dioses; y aun también, según en la misma obra expresa Plu-
tarco, porque en el mes de Mayo se practicaban ciertas tristes
ceremonias, durante cuya celebración vestía luto la sacerdo-
tisa de Juno.»
No insistiremos más sobre este punto: en los Dios Genia-
les de Alexandro de Alexandro, lib 4. cap. 20, se puede ver un
largo catálogo de los diferentes dias que tales y cuales nacio-
nes tenian por felices ó infaustos. Sólo añadiremos que tan
arraigada estaba entre romanos y griegos la creencia en el in-
flujo del dia ó mes en el feliz ó desgraciado éxito de las acciones
que en los mismos se ejecutaban, que se refieren como rasgos
de exagerada despreocupación é inaudito atentado al destino el
hecho de emprender Lúculo batalla contra Tigranes en dia que
los romanos tenian por aciago, y el de Alejandro al desatender
el consejo de los suyos, respecto á no invadir la Pérsia en el mes
de Junio, luctuoso según los lacedemonios, y mofarse al propio
tiempo de la preocupación, mandando que en lo sucesivo llama-
sen segundo Mayo al mes de Junio.
Escogido ya el dia en que el casamiento se debe verificar,
practícanse en algunos pueblos extrañas y escandalosas cos-
tumbres, que deberían ser objeto de severo correctivo. En la
provincia de León, se observa por los maragatos una singula-
rísima. Antes de verificarse el himeneo, huye la novia de la
casa paterna y corre á refugiarse en la de alguna parienta ó
amiga, en donde, después de innumerables y fingidas pesquisas
practicadas en su busca por los amigos del novio, acaban estos
por encontrarla y conducirla por fuerza á casa de éste, que
espera impaciente, sentado en el poyo de la puerta. Al divisar-
se, entona el cortejo de la novia, acompañándose del tambo-
ril, canciones alusivas, que por su color subido no insertamos,
y á las cuales el novio contesta con igual acompañamiento y
en idéntico tono, con cantares de un color que suele también
~ 158 —
pasar de caKtiiílo osmio. Por extravagantes que estos i
parezcan, no se crea que son meramente locales. Con un pro*
ctiíiimiento análogo se suelen sustituir por los gitanos las for
nialidades que hay que llenar para exigü- el eonufjo ile los pa-
dies de la novia, si estos no se muestran propicios il otorgar
al novio la mano de su hija. Fingiendo los amigos de éste,
arrastrar por fuerza Á, la no\'ia, quien afecta á su vez resistir
por uo desobeder á. sus padres, se suprimen trámites que so-
bran en concepto de los gitanos. Tambieu en Roma era costuin-
bre conducir á la novia de la casa paterna íl la del novio; lle-
gado el cortejo al umbral, se detenia y no entraba sino después
de usar medios violentos con aquélla, dando así á entender
la novia, que donde iba ¿perder su pureza, no podia penetrar
sino forzada. Y asimismo, tiwnida la thibmt y cntregahan ú nu
fíiariiio, que la Ua-asse, dice Pedro Mexia, la senlaimn pj» Uk
Jnldtts lie sti madre, jui m, que dú alli la Uetiasse y ttmmsne su mari-
do porfuerra y delenitmlose ella y asándose d m muiré: y eth Ite-
sian en memoria, que anfitjUnmetüe las don^Uas Sahínas a
sido /aviadas, y forjadas ¡tor los lUmiavos, la ciad fuer^ l
sucedido en aumeido del Pueblo Emnavo.
J. Rodríguez Uahay.
(-¿"c concluirá).
JUEGOS INFANTILES ESPAÑOLES <
MuohoB y niny diversos demonios, afines algunos y contn*
pnostüs otros, concurren h&y, preatdtidoBC mutuo auxilio, á echar
los cimientas de esa ciencia uiña, conocida en Inglaterra ood «1
(1} K«te Brticiiln, deilicatlif iil ilustre mitógrafo .Sr. D.
con ocasión del nnciniiento <iu su primer hijo, lia visto la lúe
el número 8 de la revista italíuna • GwrnaU di Füologia "
D.Joaén^^H|
lúe pÚbKd^^^^l
— 159 —
expresivo y adecuado nombro de Ftiik-Lore. El seotimiento uacio-
nal y el santo amor á U independencia de los pueblos desgracia-
dos; el orgullo de las naciones poderosns; el afán de lujo de las
prosperas 7 ricas; el recuerdo de sus glorioeas tradictonea eu loa
pueblos que fueron en el mundo autit^ito los dueños y nmestros ds
la bamanidad; y las irresistibles corrientes de la ciencia, quo tien-
den de una parle ú someter todas las cosas a la piedra de toque de
la esperimentacion, y de otra parte á una reHexíon ordenada' y
sostenida; todos extos elementos, decimos, pregidídoa y dirigidOB
por el triunfo innegable de los métodos seriamente positivos, co-
operan y coadyuvan á un mismo fin; esto espHca el amor cuo que
se recogen boy materiales para la nueva ciencia en las, pul distin-
tos conceptos, desgraciadas naciones polaca y española; en Grecia
y en Italia, siempre artistas; en Alemauia, siempre pensadora; eo
Francia, siempre activa y boy próspera, y en Inglaterra, que ba
debido á un concurso feliz de oirouustaJicias llevar en esta C-pooa
la bandera de las ciencias naturales, á cuyo prodigioso desarrollo,
enlazado con el poderoso movimiento intelectual de la noble na-
ción alemana, se debe el progreso de la psicología, que boy mar-
cba por nuevos é inexplorados senderos á la consecución de ver-
dades de altísima importancia; verdades que empiezan ti vislum-
brarse desde el feliz momento en que, desprestigiado para siempre
el añejo dualismo entre el gspirilu y el cuerpo, se considera como
posible el descubrir las leyes del mundo espiritual, que no es dis-
tinto, sino correspondiente y coordenado al mundo físico, mundo
espiritual que forma, como con tanta razón afirma et ilustre Tylor,
el más bello é interesante capitulo de la bistoria de los Bejres natu-
rales.
Con esta noble tendencia, más ó menos explícitamente reco-
sida por los cultivadores del Folk'lore, trabajan como incansa-
multitud de bombrcs emioeutcs en todos los países,
reconociendo en estos momentos la necesidiid de allegar materia-
les, antes de lauzartie por los aventurados caminos de las teorías
y de las interpretaciones, siempre ocasionadas á errores de larga
trascendencia y á piadosos fraudes, Con este sentido se recogen
hcy en todos los pueblos cultos de Europa las leyendas, tradicio-
nes, cantares, cuentos, preocupaciones, refranes, usos, costumbres
y juegos de todas clases, formiindose de estos y otros mucbos ele-
mentas,cuya enumeración sena prolija, grupos que tienen cierta
independencia relativa de loa otros y cierta oíase da iot«tcs ciea-
ralet
^Kdcí
^lOee
— im —
tífico máe detenuiotiilo; que uo es igual, como al mismo eentii
comnn se alcanza, el interés de una colección de cnetitos, por
ejemplo, al que ofrece una de refi/anes ó adivinanzas. El grupo da
los juegos y canciones iufAntiles de que voy ti ocupariue eu este
gero artículo es. á mi jviicio, uno do los principales, y bq inl
tanto, qae temo que no he de poder enumerar, siquiera brex-ei
te, loB aspectos músimportnntes que ofrecen para uueslro eetai
Basta, en efecto, con abrir cunlquiern colección, antigua 6 ni<
na, para convencerse de que la importancia de los juegos
que sólo con el coDCiireo do mucboa hombres entendidos seria
sible presentar una que respondiera plenamente á las exigt
del hombre científico.
Obsérvase ya en el titalo de las obras que tratan de esta
teria— y sírvame de ejemplo, para no citar muchos & quien
conoce, la del señor Giauandrea, Sa;i¡iÍo iii'jiuu/-hi e caíili/a
lleichi. — que los juegos y csnciones infantiles son pocoindnoB
inseparables, hasta tal punto, qne muclios de aquellos no consis-
ten OD otra cosa que eu cogerse de las mtuios, formando una rue-
da, varios niños ó niñas, niñas por lo general, y entonar
estas canciones. Vese, pues, que bay una clase de juegos, espet
mente eu los de niñas, ¡nterosautes bajo el triple aspecto del
TÍmieuto, de la canción y de la míisica; pero si inmediatami
estudiamos por separado cada uuo de gstos tros
la necesidad de acudir al miisico, al literato y a los entendidos en
el arte coreográfico para que iioa auxilien eu nuestro trabajo, síu
contar con la neceBÍdad del pintor ó el dibujante, que nos repre-
senten por medio del lápiz ú del pincel la forma y disposiciou del
juego. Y tan interesantes son cada uno de loe abpectos que ofiMa
esta clase de juegos, que hay por cierto hombres nwy emini
que ae dedican con sumo acierto á recoger snlo las canciones
tiles. El mismo padre del niño á quieu dedico este articulo,
Br. Imbriani, por no acudir it buscar ejemplos fuera de il
Kcreditau este extremo con eus lindits colecciones de üanti fe
llutrlii publicados respectivamente en el tomo segundo de Ift
Canlx pojioiari siH¡ianÍ y eu un opúsculo titulado L. cantonni
faniiti ¡Himi;/lianai, pudiendo apreciar dichos escritores ^r st
pioa cuun interesantes son estas canciones, que ofrecen vastó
po de iudagacion uo solo iil poeta y al historiador, sino á la
eatudiau oou Ínteres la formación y primeros gérmenes del lengua'
je: que en asa multitud de formas extrañas y de palabras sin
iad«
m
aa am— B» |
— 161 —
tido ni significacioD, bailan los filósofos ríqaisimos veneros de co-
nocimiento para la hermosa ciencia que cultivan. En España en-
cuéntranse á veces cancioncillas que no son más que romances ó
fragmentos de romances cantados; materiales importantes para la
historia, por encubrir, unos, hechos y tradiciones y leyendas no
referidas por los historiadores; y otros, reminiscencias de los anti-
guos cultos que usaron las diversas gentes que poblaron nuestra
Península; fragmentos la mayor parte de las veces descompues-
tos, alterados, confusos y medio borrados; pero que, como las
monedas de igual índole, esperan diligentes colectores que los reú-
nan para entregarlos después modestamente á los que se encuen-
tren en disposición de depurar su valor científico.
En estos juegos y canciones, únicos que acaso merecen el ti-
tulo de infantiles y comprendemos en primer término los que se re-
fieren á esa edad en que el niño no habla ni anda todavía y en
que se están echando, por decirlo así, las primeras raíces y gér-
menes de lo que ha de constituir más tarde su carácter moral y
su temperamento físico: que asi como el médico aprecia en todo su
valor la poderosa influencia que ejerce la época de la lactancia so-
bre la constitución física del individuo, así al psicólogo y al filólo-
go ofrecen un inmenso interés esas primeras acciones con que el
niño anuncia su naturaleza interior; naturaleza tan fácil de guiar
y modificar en estos primeros momentos de la vida, como difícil y
arduo es más tarde, cuando ya los caracteres y temperamentos se
hallan formados; época preciosísima también para estudiar el
modo con que se indican los primeros hneamentos del lenguaje
antes de ese dia, nunca bastante previsto, en que el niño sale ha-
blando de la noche á la mañana, no de otro modo que pudieran ha-
cerlo las teclas de un dulcísimo piano, que, heridas repetidamente
por una mano torpe, comenzarán un dia dado á sonar, producien-
do delicados acordes, cada vez más ricos y complejos: así el niño,
repitiendo sus vacilantes é inseguros pasos y terminando los mo-
nísimos y graciosísimos pininos con que recrea y entusiasma á
sus padres y parientes, llega dia en que, según la fehz expresión
del pueblo, echa á andar, como antes rompió á hablar^ también en
el momento en que menos se esperaba.
En este punto, sin necesidad de recurrir para nada á creen-
cias y religiones positivas, el hombre medianamente reflexivo se
siente poseído de un profundo sentimiento religioso al ver estos,
nó milagros, sino verdaderas maravillas de la naturaleza. Ésta ha
— Ii52 -
sido hasta tal punto generosa coa nosotros, que entrega d <
padre en cada uno de bus hijos un ejemplar acabado y completo
de la humanidad: en cada niño se dan y reproducen los estados
todos por que ésta ha pasado, á la mauera que en la vida embrio-
naria ó intrauterina el germen recorre, según aseguran emÍDentes
naturalistas y tisiólogos, todo el desenvolvimiento de la vida ani-
mal; y si esto es cierto, cotno todo parece indicarlo, preciso es re-
conocer que la naturaleza, al darnos un hijo, nos entrega <'' mfjtir y
miis hermoso liWo que pudiérfimos apetecer para el estudio de la íida
dellenguajey delavidafisica y paicolúgica; pero si grande es el be-
neficio que nos otorga la naturaleza, siempre pródiga y sólo calum-
niada por los que le atribuyen loa dolores, casi siempre hijos del
desconocimiento de sus leyes, grande es también la responsabili-
dad que con ella contraemos, al hacernos cargo de los inestima-
bles tesoros que nos confia, ¡Feliz quien, como el niño al cual
dedico este articulo, ha tenido la suerte de estar encomendado á
padres tan inteligentes y tan buenos! ¡Feliz ■■1, que ha caido en
manos de qnien sabe que el primer acto de sa voluntariedad deba
ser corregido ó moditicado, como germen que, guiado por el cami-
no del bien, puede conducir al heroísmo, y descuidado, al crimen!
£b incalculable, y perdóneseme la insistencia en este punto, por lo
que interesa &. esos verdaderos ángeles, conocidos en el mundo can
el más sagrado de los títulos, el de madres de familia, hasta quu
extremo conWene que el sentimiento del cariño no se imponga li
la reflexión para atender y encaminar á osa delicadísima planta,
que se llama nuio, desde ol primer dia de la vida: eu esto la in-
tención nos salva y no tememos incurrir en el defecto de pesadez.
En la insistencia del niño para ser colocado en una determinaila
posición, por ejemplo, para coger el pecho de sn madre, se notan
ya y significan los primeros gérmenes de su carácter y condicio-
nes intoriorea. Por estas razones, que pudiúramoB comprobar con
multitud de ejemplos, nunca triviales tratándose de la materia
que nos ocupa, son para nosotros de nn Ínteres superior il todos,
los juegos y cancioncillas oncamiuados á desenvolver las faculta-
des dol niño en sus primeros pasos; juegos que tanto pudieran
llamarse infaiitiles, por referirse d seres qne no hablan, como ni-
temaUs, por ser el carmo de la madre quien los emplea, aceptando
laa formas y modos consagrados por una antigua tradición. En
España se conocen multitud de estos juegos, varias do ellos cita-
dos por ol St. I^laspons ou bu bonita colección do Jochs dt la «i{
icücftid/ (a«i{|M» .]
— 163 —
cía, juegos que» aunque para los ojos de muchos no tienen otro
objeto que distraer y divertir al niño, son, en mi opinión, eñcaz
recurso para ir despertando, por decirlo así, las facultades y fun-
ciones del espíritu humano. Conocidísimos son los inocentes, que
harán, de seguro, asomar una sonrisa á los labios de los esprits
JortSf y que tienen por titulo el gazapitOf el mizo-gatUoy el bilindin-
bilindon, las mocitas^ el pon-pon, las tortitas^ y otros varios que se
emplean con niños menores de dos años, y consisten todos en ha-
cer la madre ó nodriza un sencillo movimiento con las manos,
movimiento que repite el niño á compás de la cancioncilla, por
lo común de antiguo abolengo, con que la madre lo acompaña.
Entre los juegos enunciados no es difícil distinguir que hay
unos relativamente más complicados que otros, hallándose en este
caso el pon-pon y las tortitas , en que ya el niño toma uua parte
más activa que en el bilindon, las mocitas, el gazapito y el mizo-
gaiito, más fáciles de imitar, y que, al exigir de su parte movi-
mientos menos complejos que el de aquéllos, son, ó al menos
parecen, menos reflexivamente voluntarios. En estos juegos, me-
jor dicho, en el más sencillo de ellos, se ejercitan y desarrollan
paralelamente la atención, la inteligencia, la memoria, la volun-
tad y el instinto de imitación de los niños y sus fuerzas físicas >
latentes como aquellas facultades en los primeros momentos de
la vida.
Los juegos que llamaremos hoy provisionalmente de manos y
(l£ílos, forman una serie encadenada y progresiva, tan interesante
para el psicólogo como para el pedagogo; tan digna de atento
examen y seria reflexión para el que se proponga estudiar los pri-
meros gérmenes, lineamentos y movimientos del espíritu humano,
como para quien desee hallar en el sistema natural y espontáneo
con que el amor maternal va proveyendo á las necesidades del hi-
jo, las verdaderas bases de un sistema de educación real y natu.
ral, y por tanto científico. El observador menos escrupuloso dis-
tingue, en efecto, si se detiene un poco, que no es lo mismo el
simplicísimo juego de las mocitas, que consiste únicamente en que
el niño lleve una de sus manitas á la cabeza, imitando á la madre
ó nodriza que le canta:
Dame las mocitas
En la cabecita,
Con uno canuto,
Con una pedrita.
Dióme, dióme, dióme
Y descalabróme,
amay honitM;
quo ol rlol iion-ji/m, en quo yn ol niño ¿a con ol índice <1o su aiaoo
ilcrochn, invertido hiici» nbnjo, eu lupalmn duEU mano izquierda,
quo mantieno extoudiila, mii'utrAS eu madre, colocadas las manca
on igaal posición, le cauta:
lil pon-poii
Kl dinerito en el bolsón;
Púnmelo aquí,
EIüL'liBvito y el maravedí.
El observador meaos liuoQ diferonoia ol juego de Ihs inrim
en que el niño junta acaso por vez primara sus inocentes n
al sua do esta onncioucillii:
!.ns tortitas,
Y IsH tortitas,
PHra madre, qii
Y con flíduar.
Para inndre, que ee las manduca;
Y con miel,
Para que le aepan muy Lien,
del otro, ya múa complicado, en quo la madrf va onsoñandtf!
niño ú distinguir los dados do la raano, sepai'nnJo cou el índice de
su deicclia cada uno do loa do la izquierda del liijo, diciendo:
Keto puso un Inievo (el im-nique),
líete lo puso á aanr {itl anular),
Éste le ech6 la sal (fil del eoraton),
Ésto lo meneó (íí in/tíce),
Y cale picaro gordu se lo comió (fl pulgir).
I Cu auto progreso uo revela ja este juego en relación al dul
ijoMpito, que ooneiste en abrir j cerrar la mano, como eu actitud
do llamar: el del ¡■Uinitin-bíliiuion, que consiste en enseñar al niño
la mano por timbos lados, liacit-ndoia girar suavemente, y el del
inhn-naiii'i, que consisto bd agarrarle la mano y pasursela laq
dro por la cara, diciendo:
Míko gatito.
Pan conejito, .
¿Huí me gaardastei'
So pitas de la olla.
Zape, Kape, zapo.
Por mi parto, puedo confesar que eu los Juegos do dedos h»y
algunos tan complicados j da difícil ejeonoion, que lioy □
— 165 —
mo atrevería á desempeñarlos; me refiero al conocido con el nom-
bre de El padre fray Andrés^ que es un verdadero drama en que
cada dedo desempeña el papel de un personaje, pudiéndose consi-
derar el de enmedio como el protagonista de la función. Hó aquí
el juego:
El dedo de enmedio. — Tras, tras.
El meñique. — ¿Quién es?
El de enmedio (con voz campanuda). — El padre fray Andrés.
El meñique (con la voz atiplada que conviene á su estatura).
— ¿Qué quiere el padre fray Andrés?
El de enmedio. — El dinerito del mes.
El meñique. — Madre, madre, aquí está el padre fray Andrés. (Es-
to lo dice dirigiéndose al dedo gordo, que es la madre).
El dedo gordo (como quien no oye bien). — ¿Qué?
El meñique. — Que aquí está el padre fray Andrés.
El gordo (levantando la voz, pero con cortesía). — ¿Qué quiere el
padre fray Andrés?
El meñique. — El dinerito del mes.
El gordo. — Dile que entre.
El meñique. — Padre, dice mi madre que entre Vd.
El de enmedio (contoneándose con aire satisfecho.) — Con licencia
de Vd. entraré y saldré, entraré y saldré.
Para hacer este juego se coloca la mano en forma de cucuru-
cho, con los dedos unidos por las yemas, hacia arriba, moviendo
separadamente el dedo que representa cada uno de los distintos in-
terlocutores y concluyendo por doblar y meter hacia adentro y
sacar el dedo de enmedio, que hace de padre fray Andrés^ cuando
éste dice entraré y saldré^ por debajo de los otros cuatro, que per-
manecen unidos por sus yemas. Inútil creo decir que el niño de
tres ó cuatro años que llega á repetir este ju?go, que le enseña la
nodriza, será capaz, andando el tiempo, de dejar en mantillas á
Fidias y Praxiteles.
En la imposibilidad de determinar el orden rigoroso, en cuan-
to es posible, de estos juegos que, comenzando en aquellos pe-
queños movimientos imitativos, llegan hasta el que á mi parece
compUcadísimo, del padre fray Andrés^ voy á limitarme á indicar
algunos de los que pertenecen á la serie de dedos y manos, de que
me vengo ocupando. Otros más entendidos podrán colocar cada
uno en el puesto que le corresponda, dentro de su escala respec-
tiva.
Conocidísimo es, y tiene analogías en muchos puntos de
Europa, el llamado «juego de pipirijaña\i^ de él conozco dos ver-
siones, ambas procedentes de Zafra, provincia de Badajoz, en Ex-
trenttidui'a: debo tiDft de oHaa á mi r[uerida amigo el 8r. D. Fn
cÍBCO Rodríguez Mario. Dice asi:
Pipirigañíi,
Jugaremos á cabana.
Con el BguB que cuyo
La gftlUnita bebió:
— ¿Dóndo eatá la galliníta?
— Poniendo el huevo.
-¿Y el buevo?
— Los frailes se lo comieron,
— ¿Dónde eetán los frailes?
— Diciendo misa.
—Tape Vd. esa tnBrnbÍHa(l).
Debemos la otra versión de este juego, con su oKplicaoion oorrcs.
pondiente, 11 unestro amigo el Sr. D. Sergio Ueinandez, qaeU
recogió también en la ciudad de Zafra:
l'lpirignfiA,
Mata lagniia (f)
Va cochinito
Muy pelsdito:
¿(Juién lo peló?
]-a picara vieja
11 ue eetÁ en el rincón.
Alüa la mano
(^ue t« piua el gallo,
Con un deiiito aíul
Y otro canario,
Al acabar ceta primera parte, la niña que tiene puesta I
con la palma hücia abajo sobre una mesa, mueble ó ana _
rodillas para que le tiren pellizquitos, se coloca la mano, al acabar
la canturía, en la frente, y entóncea la que pellizca eigue pelliz-
cando en la otra mano, que se sitiia doude estaba la primera, al
B(3n de la misma cancioucilla; al terminar, se coloca la soganda
mano en el pecho, entablaudoBe el siguiente diálogo entre la peUií-
oadora y la pellizcada:
—¿Quién te ha puesto alii la mano?
—Quítatela.
^¿Y sí me mata?
— No te matará.
—¡Y si mo echa al pojo?
—No te echará.
—¿Y ei me pega?
—No te pegará.
(1) Palabra ein eignilicacion.
— 167 —
Al decir esto la pellizcada se quita la mano de la frente y se
vuelve á repetir, para quitar la mano del pecho, el mismo diálo-
go, con la diferencia de nombrar á la reina en lugar del rey.
Análogo á este juego es el conocido con el nombre de Ptn, ptn,
que consiete en sentarse una nina en el suelo y varias á su alrede-
dor, colocando sobre sus faldas las manos extendidas: la que hace
de directora va recorriendo todas las manos, tirando pellizquitos y
diciendo :
Pin, pin,
Salamacatin:
Vino la pollita
Por su sabanita;
¡Sábana redonda.
Polla del polar,
Vino por lasal,
Sal menuda
Para la cuba,
Cuba de barro,
Tapa-caballo;
Caballo morisco,
Tapa tubiaco. (1)
Al decir esto, la directora da una guantadita en la mano úl-
tima que pellizca; la niña á quien pertenece la mano la guarda,
y sigue la relación, basta que todas las manos están escondidas;
entonces la maestra del juego, capogiuoco, dirigiéndose á una y
haciendo con las demás lo mismo, hasta que acaba con todas,
dice:
—Saca, saquilla.
—No quiero; que la come la ratilla.
— Saca, sacón.
— No quiero; que me la come el ratón.
—Sácala, sácala, que lo mando yo.
Por extremo popular es también el juego que dice: Cuando va»
yas á la camiceria^ que es como sigue: la madre ó nodriza coge una
de las manecitaa del niño y extendiendo el brazo, con su mano de-
recha á guisa de cuchillo, va haciendo indicaciones de cortarle,
primero por la muñeca, después por el antebrazo, luego por el
codo y el brazo, hasta concluir, haciéndole debajo de éste cosqui-
llas, que hacen prorumpu: al niño en una carcajada; durante el
juego, la madre ha ido diciendo:
(1) Tubisco^ palabra sin significado.
— 168 —
Cuando vayas á la carnicería,
Que te corten una cuarta de carne;
Pero que no te la corten de aquí,
Ki de aquí,
Ni de aquí,
Sino de aquí; sino de aquí.
Los niños, por lo general de un año próximamente, gozan ma-
cho con este juego, que contribuye, como todos, al desenvol-
vimiento de sus facultades mentales, por representarles una acción
en los distintos momentos de su desarrollo; el niño va fijando su
atención y siguiendo con curiosidad creciente el movimiento de la
mano, hallándose preparado anticipadamente á experimentar el
para él agradable y ya conocido resultado de unas cosquillas que
excitan su sistema nervioso, provocando su risa.
En estos mismos juegos de dedos los hay que se enlazan con las
oraciones infantiles y ceremonias religiosas. Sirva de ejemplo la
conocida cancioncilla, que se repite á los nmos, colocándole los
dedos en forma de cruz:
Por la señal
De la santa canal;
Cayó una teja,
Mató una vieja;
Cayó un chinillo;
Mató un chiquillo;
Cayó un mollete,
Me dio en los dientes;
^lejor pd mí,
Que me lo comí,
cancioncilla picaresca, como se ve, con que el pueblo parodia el
conocido:
Por la señal
De la santa cruz, etc.
Otra variante bastante curiosa dice:
Por la señal
De la canal,
Manica-ná,
Potente-já,
De la cuzcuz.
Amen, Jesús.
En los tórminos manica-ná, ;jo/<^í/<?-jV/, de la cuz-cuz, (del al-
ciizcnz?) que no tienen significado en cspaíío], parece hallarse
como el remedo do voces arábigas.
— 169 —
Juegos hay tan sencillos como el de Alza la saya, que con-
siste únicamente en levantarse un poco la falda del vestido la ma-
dre 6 nodriza, enseñando al niño á imitar este movimiento, mien-
tras le canta:
Alza la saya,
Hermana Francisca;
Alza la saya
Que te salpicas;
Alza la saya,
Hermana Isabel,
Alza la saya,
Que quiero yo ver;
y el de Los cuatrocientos caballos, que estriba únicamente en dar con
la palma de la mano sobre una mesa, cantando:
Con cuatrocientos caballos
Que quitan la vista al sol,
Salí de Flándes, mi patria,
Sólo á deciros, señor,
Que no tenéis vos
Calzas coloradas.
Como tengo yo,
cuyos últimos tres versos se acompañan con un gran repiqueteo
sobre la mesa.
Sencillísimos son también los juegos llamados Los cinco lobitos
y El policancont que consisten, el primero, en unir y separar los
dedos de la mano, invertida hacia arriba, diciendo:
Cinco lobitos
Parió una loba;
Cinco lobitos.
Detrás de una escoba.
Cinco parió.
Cinco criaba,
Y á todos cinco
Tetita les daba.
Y el segundo, en mover la mano como en El hilindon, cantando:
Policanquito,
Policancon,
¡Qué bonitas manus
Que tengo yol
Para bordar, sí,
Para limpiar, nó.
El juego llamado del MindofiOy consiste únicamente en cerrar
las manos hacia adentro, como quien toca las castañuelas, can-
tando al niño:
N«. 5 4
— 170 —
Mindoñn, tiiindolio,
Mindono mi abuela,
i latvia mi madre
BÍKCOclioB j hojuelas.
Mindofio, mindofio,
Mindoñú Isabd,
Hada mi ni a J re
rnlillua tambi(?D
El juego del Caltenla jiianvs, u dol Te, rhocolatr y c
plea ya entrü niíioE de mus edad, y liun entre {lersouas mayoN
y consiste en dar primero con las palmas, abiertas sobre las tol
Ilaa, después una con otra, u modo de aplauso, y p
las palmas también extendidas, coutra las del compañero que e
enfrente, cuyos movimicutos coinciden con los nuestros; dicieí
á cada uno de ellos:
ICllos eran trea,
Araíla, Concha y Cortés,
Te, dtoeolale y cafe.
Otra forma de este juego estriba en colocar los jugadores Í
manos extendidas unas sobre otras, é ir sucesiva mente sacando |
qne está debajo y dejiíndola caer sobro la que estaba encima, o
müa ó menos fuerza, eegun la intención más ó menos santa H
que juega.
£1 juego de ¡iabia, rabiña, consiste únicamente en fingir n
gne echa uua saliva sobre la palma de la mano izqnierda,
gando con el puño de la derecha y diciendo á otro, coa aire |
oaresco;
Rabia, ra billa,
Tengo una pifia.
Tiene piflonea,
Y tü no loa comes.
Da propósito no me ocupo del juego de .Uirrín, asfrrán, m
del do Ptiíi, j'uñete, del que di ya cuenta en ol articulo sobre el do
fítc'lin, rrcutii'i, publicado en un numero de La Jíni-ieloj-eJia, del
año 1880, ni tampoco del conocido con el nombre de Pinto, jñntn,
gnr¡ioi-iln, análogo al de pipirtijaiia, ui dfll jnego de los pare» y iiun<v,
que se enlaza con el de la morra y tiene en la historia un remoto
abolengo, ni. por ultimo, del de Jar la china, que se usa como pre-
liminar de otros juegos y couetste en meter nua píedrecilla en ana
de las manos y presentar ambas cerradas á cada nno de los juga-
dores, para que toquen en una de ellas, salvundoso el que a
la mano libre y perdiendo el que toca en la quo contiene la elti
Al ir ú elegir, dicen tocando sucesivamente en las dos n
— 171 —
Esta ballesta
Camino me cuesta (1):
La pura verdad.
Dice mi madre
Que en ésta está,
cntendiéudoso que opta por la mano donde toca al pronunciar la
última palabra.
Los juegos hasta aqui mencionados, que son, entre los de dedos
que recordamos, los únicos que merecen el verdadero nombre de
infantiles, son, como hemos dicho, dignos de estudio, porque
acompañan los primeros pasos de la vida del niño y de su des-
arrollo físico é intelectual. Ni el número de ellos, ni nuestros cono-
cimientos, ni el escaso tiempo que, por desgracia, podemos dedicar
ú estas materias, nos permiten intentar clasificarlos con arreglo á
lo que exigiría, no ya la ciencia, sino un sentido común mediana-
mente ilustrado. El movimiento científico moderno ha enseñado
que en el espíritu, como en la naturaleza, no hay salto ni vacio y
que cada hombre recorre en su vida particular la vida entera de la
especie humana y que, asi como ésta habitó la caverna y la cabana
antes de construir los suntuosos edificios donde hoy se alberga, el
niño pasa por estados psicológicos muy poco complejos, antes de
llegar ú esas soberbias concepciones cientificas que asombran á la
humanidad: nó de otro modo, por ejemplo, la casi microscópica
semilla del eucaliptus conviértese, en la Australia, donde las con-
diciones del suelo le son propicias, en gigantesco árbol que puede
cobijar, bajo la benética sombra de su magnífico y espléndido ra-
maje, centenares de individuos. Por esta razón concedo tanta im-
portancia á la clase de juegos de que, desordenadamente, acabo de
ocuparme, y me lisonjeo de ver cumplidos mis más ardientes de-
seos para con el niño á quien dedico este articulo, deseos tos-
camente sintetizados en el cantar que puse al principio y que re-
petiré para concluir:
De un botón nace una rosa,
Y de una pepita un árbol;
Y de un niño se hace un hombre,
Y de un hombre se hace un sabio.
Antonio Machado y Alvarez.
(1) Esta ballesta f ¿querrá decir estaba en ésta? Camino, por que á
mi nó. Cuesta, ¿por consta?
— 173 —
Se lo metían mil granos
Por la marquesota, al cuello,
Y el Eey se los va sacando. (1)
Nos modernos costumes populares de Portugal, por occasiao
dos casamentes, encontram-se algumas das particularidades men-
cionadas no trecho transcripto. Assim, por ex. em Marco de Ca-
navezes armam-se tres arcos para os noivos passarem. Ao pé do
primeiro arco está uma roca e papel e tinta: a noiva fía, e o noivo
escreve alguma cousa. Ao pé do segundo está um livro e uma
almofada: a noiva cose e o noivo le. Ao pé do terceiro está uma
meia e uma espada: a noiva trabalha na meia, o o noivo desem-
bainha a espada. — Noutras térras levantam-se simplesmente arcos
com flores, ramos, fítas, etc.
No Barroso, as donzellas da povoa9ao vem offerecer á despo-
sada flores, doces, etc. e dizem cantigas como ésta:
Aqui tem, menina, este ramo.
Que da minha mao se offerece:
Nao como eu desejava,
Nem como a senhora merece.
Os descantes, isto é, dan9as acompanhadas de canto e música,
tambem nao faltam nunca por occasiao de um casamento.
Na Extremadura (portugueza) o padrinho do casamento deve
doitar confeitos ou dinheiro aos rapazes; se nao dá nada, os ra-
pazes cantam-lhe o seguinte epigramma:
Desque morreu o Félix
Inda nao vi casamento tao réles!
Na Beira-Alta é muito vulgar atirarem-se flores, graos de
trigo, de arroz, etc. aos noivos na volta da egreja. (2)
A Farca de Síiez P erara do copioso Gil Vicente, o escriptor
portuguez que mais communicou com a tradÍ9ao oral, offerece-
nos os seguintes versos onde se alinde aos referidos costumes das
dan9as, cantos e arremcsso do trigo por occasiao de casamentes:
Mae: Eu quero chegar alli
Chamar meus amigos ca,
E bailarao de terreiro. (sahe)
Vem a Mae com certas moqas e mancebos pera fazeremf esta,.,.
(1) Ed. da Sra. D.* Carolina Michaelis,— Leipzig, 1871, pág. 30-31.
(2) Vid. as ininiías Trad.pop. de Portugal, cap X,-V.
- 174 —
Mae: Ora vae tu allí, Suez,
E bailareis tres por tres.
Fern.: Tu comnosco, Luzia, aquí;
E a desposada alli:
Ora vedes qual diréis.
Cántao todos de terreiro:
«Mal herida iba la garza
«Enamorada
«Sola va y gritos dabai.
Leonor: Ora dae-me essas maos ca:
Sabéis as palabras? sil
Pero: EDsinárao-m'as a mi,
Porém esquecem-me já.
Leo: Ora dizei como e digo.
Per.: E tendes vos aqui trigo
Para nos geitar por riba.- (1)
Esta Farca de Suez Pereira foi representada em Thomar em
1528.
II
LA LOZANA ANJDALTJZA
No Retrato de la Lozana andaluza (t. I da Colección de libros
españoles raros ó curiosos j diz a dama Lozana: «-Yo só ensalmar, y
encomendar y santiguar, cuando alguno está ahogado, que una
vieja me vezó, que era saluadera y buena, como yo; só quitar ahitos,
se para lombrices, só encantar la terciana, só remedio para las
cuartanas y para el mal de madre, só cortar frenillos de bobos e no
bobos, sé hacer que no duelan los ríñones y sanar las renes, y se
medicar la natura de la mujer y la del hombre, sé sanar la sordera
y sé ensolver sueños, só conocer en la frente la físionomia, y la
quiromancia en la mano, y pronosticar» (pag. 216). Da mesma
obra extraio esse Ensalmo del mal francorum;
(1) Ed. de llamburgo, 1831, 111, 1 10 e 154.
— 175 —
Eran tres cortesanas
Y tenían tres amigos
Pajes de Franquilano;
La una lo tiene público
Y la otra muy callado;
A la otra
Le vuelta con el lunario.
Quien esta oración dixere
Tres veces á rimano
Guando nace sea sano: Amén. (p. 88) (1)
Em Portugal ha, e tem havido de todos os tempos, tambem
muitas mulheres de virtude que sabem talhar doen9as, nascidas,
etc. Nos processos da Inquisi^ao abundam nao só senten9as con-
tra essas hallucinadas, mas inclusivamente as próprias fórmulas
curativas. Da tradÍ9ao oral tenho recolhido varias d'essas fórmu-
las análogas á hiepanhola que transcrevi e que parece imitada do
povo. Os versos iniciáis
Eran tres cortesanas
Y tenían tres amigos
sembram estes das fórmulas portuguezas:
E'frica. E'frica,
Tres fílbas tinha,
Uma ia pela agua,
Outra ia pelo ume,
Outra em fogo ardia....
ou:
Pae Pinha
Tres fílhas tinha:
Uma foi ao mato,
Outra no fogo ardia....
Egualmente o verso final
Quien esta oración dixere
se encentra ñas versees portuguezas.
(1) Apiid Bihliographia Critica, \iág. 101.
CITRISTO E S. PEDRO
O meu amigo o bt. F. Bodrignez Marín insere no 2." fas
lo d'esta revista, pag. 31-33, tres interessanteB Caenteñlloi ¡¡o]¡u\a-
re*, do terceiro doa quaes recolhl ha poTico outra versao eue Por-
tugal, gra^-as ú mcmoría de um amigo: «—Era ua vez Cbrísto e
Sa Pedro, iban p'ru camino e ancontrórum um arador desitido
militas prngns, a quiún Cliri^to le dise: lAdius, filho del (1) Sinhór!*
E indo maÍ3 alautre ancontrórum um prole deitado a rezar el
rozairo, aquií-u Cliristole dixe; «Adius, íillio del Diabol E San Pe-
dro, admirado, preguntou la cansa d'aqui:llha8 palabras, c Chrístú
dixe qu' el arador staba trabalbando del corai-om, para Bustento
de la familia, anquauta qti' el probé Etaba pünsaiido onde iría
ronbar— • (Versao de Duaa-Egrejas, conceilio de Miranda).
A versao transcripta foi-me dictada em dialecto mirandoi,
e creio que ú este o primeico espécimen que se pubüca naqiu
dialecto (2).
Porto, Junho de 1882.
J. Lkitr uk ViscoNCEíAoa.
c'esí^jit^z:^"^'-
MISCELÁNEA
Tangos populares
En la miscelánea del ecgondo número de esta Iteviata, ]
biabase de Lo» lombrrriins , tajtgo de liistoria cnrloBa j bástanlo
generalizado. A éHto tenemos que agregar otros dos tan gonMU-
lizados como aquel. Hasta boy han estado muy en boga; abon
(n Oeáeeli «unlo c(
(3) Sobro o dinlertn mí
pantiol, proptlro um artigo.
— 177 —
creemos notar que se han olvidado un tanto por el pueblo. Si en
el tango que dio á conocer Demójilo habia un exceso de buen
humor y de causticidad eo el pueblo que lo originó y lo cantaba,
diciendo con gracia, entre otras cosas:
Estos son los sombrerítos
Que gasta Amalia,
Que le sirven de sombrilla
Cuando se baña,
en los que nos van á ocupar, por el contrario, hay ocurrencia,
viveza de imaginación, oportunidad y hasta espíritu de observa-
ción en el pueblo que les ha compuesto. Su lectura demostrará
lo que decimos (1).
La Vaqüita.— Tiempo hacia que en Sevilla daba mucho que
decir y que contar la carne de vaca que se destinaba al consumo
público; las reses que venian para los mataderos de esta y otras
provincias limítrofes traian preocupado á todo el mundo, preocu-
pación que subió de punto con la llegada de un célebre ganado
vacuno gallego, muy malo. Transcurridos nueve ó diez meses y
olvidado lo primero, comenzaron á verse pastar en los alrededores
de nuestro matadero, puntas de reses vacunas, venidas de Ma-
rruecos, que entraban en aquél para ser degolladas; tales vacas
eran sumamente flacas y de triste y fea estampa. El pueblo no
pudo sufrir más en silencio la pejiguera que tenia encima, com-
prendió que se realizaba lo que dice el refrán juegan los huiros y
payan los ameros, clamó contra esto de la manera que podía ha-
cerlo, y cantó con sorna y aire socarrón:
Yo no sé lo que tiene
La carnecilla e vaca,
Yo no sé lo que tiene
Que me la traen tan flaca.
Estribillos,
¡Ay! qué vaquita, ¡Ay! qué vaquita,
¡Ayl qué esqueleto, lAy! qué esqueleto
Todo se vuelve Tod,o se vuelve
Pellejo y huesol Pellejo y hueso!
Como me sigas trayendo Como me sigas trayendo
Carne de la Morería, Pieles de la Morería,
No vuelvo á comer más carne Ya no me pongo zapatos
En el resto de mi vida. En lo que me quea e bia.
(1) No nos ha sido posible dar la música de los tangos para ooni-
pletar su exposición; tal vtíz se dé á conocer en otro número de la
Ke vista.
N.*» 6 5
y también
— 178 —
Aplicóse la música y el canto á otras producciones qne do
se referían á la carne de vaca y se dijo:
Para hacer un buen vestido,
Serrana, se necesita,
Un coco de dos colores
Que vaya haciendo puntitas.
Y el faralá
Bien tableado,
Estrecho de arriba
Y ancho de abajo.
Estribillo,
|AyI para que salga el vestido
Como ha de ser consiguiente
Ha de tener bien ceñida
Toda la parte del vientre.
Toreritos, toreritos,
Ponerse bien los calzones
Que está aquí el Marinerito (1)
El rey de los matadores.
Estnbillo,
Mira que nene,
¡No vale ná!
Mata los toros
De una cstocií.
Otro.
lAyl que vaquita,
¡Ay! que torito,
Todo se vuelve
Marinerito.
Los MERENGAZOS. — Este tango llámase también de la casera^
sin duda por el papel tan importante que juega en todas las co-
plas aquel tipo popular. No acertamos á dar con la causa que lo
haya motivado, pero sí diremos acerca de ello que las coplas
revelan desde luego gran conocimiento de la vida y las escenas
que describen y un gran deseo, por parte de sus autores, de darlas á
conocer con precisión. Creemos no equivocarnos al decir que en
las coplas del tango que nos ocupa enciérranse los puntos más
(1) Apodo de un matador de novillos rjue goza de buena fama
entre el pueblo.
— 179 —
culminantes y las costumbres más generalizadas de la vida del
corral y casa de vecinos. El pueblo que, cuando el Municipio sevi-
llano decretó el uso del pito á los basureros, para que su sonido
avisase á los vecinos la hora en que transitaban por una ú otra
calle, á sí mismo se hacia burla, cantando:
Guando los basureros
Tocan el pito.
Salen las corraleras
Pegando gritos,
ese pueblo, decimos, reúno sus costumbres y auna su manera de
vivir y las lanza fuera de las paredes de sus viviendas, pero en
forma graciosa, algunas veces mordaz, exacta, apropiada, en forma
de copla que sea del dominio de todos. A continuación citaremos
algunos ejemplos que comprueben lo dicho.
— Señora casera,
¿Que es lo que s' arquila.?
— Sala y antesala,
Comedó y cocina.
—¿Cuanto bale esto.?
—Bale cinco duros.
— Digal* usté al amo
Estribülos,
Si, si, si, Si, sí, si,
A mi me gustan A ti te gustan
Los merengazos. Los pió nonios. (1)
Nó, nó, nó, Nó, nó, nó,
A ti te gustan Que ya te he dicho
Los medios vasos. Que no los como.
Por la anterior copla, cuya expresión se hace imitando el sos-
tenimiento de un corto pero contundente diálogo, como sucede en
la mayoría de las de su clase, parece que se presencian porción de
escenas á cual más populares; vése á la mujer del pueblo entrar en
la casa de vecindad ó en el corral donde hay puesta papeleta é infor-
marse acerca de su objeto preguntando á este tipo tan curíoso lla-
mado casera; ésta, decidora y deseosa de arrendar, enseña á la
recien llegada las habitaciones, explícale sus ventajas y se las des-
cribe detalladamente; ambas interlocutoras se encuentran anima-
das y satisfechas; á la inquilina le gusta lo que vé y hace la pre-
gunta más profunda, la que más le interesa, la que decide 6 nó el
(1) Ignoramos el por qué aparecen estas dos palabras en la copla;
tan sólo podemos decir que, con este mismo nombre, conocen los mu-
chachos un dulce de masa harinosa que vende el chochero.
— l!^0 —
Irato. ¿Ciumln rale fHtof, pregunta con agrado li la caacift, y i'stíi,
iaclmando la cabeza y ciando tt eutondef con eus gestos y su mi-
mica que lo bueno vale caro, le contesta cod sobriedad: vaU eiitto
liitroí. Después.... allí, después sucede la más auímada esocna, quo
la cogila explica en ilos versos: la casera (¡ueda silenoiosa con la
vista fija cu la iaqiiilina, compre o di: que ésta no ¡mede pagar tan-
to dinero, y comienza ¿ volver la espalda y llevar la mano it la
llave para cerrar el partido ó departamento en arriendo: la inigni-
lina, n su vez, quédase n.u poco pensativa, piensa que ella no puede
pagar la renta que le piden, reniega de loa dueños do casan que
proporcionan comodidados sólo á los que pagan precios subidos,
se entristeue al considerar que su pobre estado no le permite vItít
sino en tniserablea albergues, y comprende que la casera no
puede hacer otra cosa que cobrar por las habitaciones, próxima-
mente lo que ú ella !e cobra el propietario; entonces hace un geeto
despreciativo, manda al amo á paseo y se retira á buen paso. No
todas las veces sucede lo que hemos dicho; pues en otras, la casera,
siendo mujer gazmoña, cócora y desvergonzada, es la que obra por
su cuenta. AUá vá un ejemplo de ello:
— Bonora casera,
¿Qué s' arrienda acá?
— Si tra" usté chiquiyos,
No s' arrienda n¿.
— No traigo cliiquiyos.
Que traigo mositas.
^Tampoco 1' arriendo;
No quiero bisitas.
ú
En efecto: la pregunta de la ¡nquilina as contestada por la
casera <'i el casero, por una imposición acostumbrad!) en hii casa,
cu la que no se quieren loa ruim, loa i/unfo» y los dttptrj'i'UKi que
hacen y cometen loa niños; ai la primei-a los tieue, márcliaEe a otra
parte, pensando, tal vez, en la injusticia de algunos arrendatarios
al no permitir niños en sus casas, porquocreen.quisü, que loa hijos
do las familias que no pueden pagar el alquiler de una casa parti-
cular, deben criarse y vivir en despoblado; pero, a¡ por el con-
trario, tiene ya mocitas y lo dice, confiada en que el obstuculo pm-
Kcntado por la casera no tendrá efecto, se encuentra con otra nueva
decepción; pues nuestra buena tcñura rasera vuelva ii contestar que
tampoco lo arrienda porque nu '¡uirrc hiniía*. es decir, que no quiere
laberintos de muchachas ni novios a la puerta.
Veamos otras coplas.
l'stií que lo biíi,
¿Por i[Ui! cayojuela
Tir.i oso gachii?
— Poi la oaye arriba.
— 181 —
Por la oaye alaute,
Por ayi lo yeban
Cuatro bigilantes.
En esta copla créese ver el fínal de un escándalo de corral,
promovido por la colisión de algunos vecinos, en el cual la mujer
del protagonista pide anhelante á la casera noticias sobre el para-
dero del marido; y la casera, persona que debe saberlo todo y estar
en todo, al acabar de poner coto á las extralimitaciones de los
vecinos, llamando, para ello, á la policía, dalas noticias que le
piden, entregándose después á interminables cuchicheos y coma-
drees con las vecinas imparciales que la escuchan en las puertas
de sus habitaciones.
Abra usté la puerta,
Beñora casera.
Que viene Toribio
Con la borrachera.
Variante=^Con la filoxera.
Ábrame la puerta;
iQue puerta tan dura!
O rompo la yabe
Y la cerraura.
Aquí observamos la exigencia del vecino que viene tarde y
beodo; razón que, unida con otras, han obligado á nuestra casera
á depositar la llave del corral en poder del guarda nocturno de la
calle, que es el encargado de abrir á los vecinos que trasnochan y
avisar á los madrugadores, evitándose aquélla la molestia de estar
velando toda la noche al cuidado de la casa.
Y, por último, canta también el pueblo:
Señora casera.
Tengo un compromiso;
Dem' usté la yabe
Del segundo piso.
Bale la casera.
Con el moño tieso,
Diciendo: — Caramba,
¿Qué viene á ser esto?
Esta copla da á entender otra exigencia de una vecina de no
muy buen vivir y la reprensión que recibe de la casera, toda enfu-
recida y en actitud temible, que no consiente se realicen en su casa
cosas que atacan á su desensia y ofenden la beryüensa de la gente
honra.
Creemos que todo lo que antecede basta para demostrar lo
que dijimos al i)rincipio yesperamos de nuestro digno consocio don
Luis Montóte, que al continuar sus estudios sobre los corrales de
Sevilla, los hará en forma completa y bien presentada, acerca del
tango llamado de los vierenijazos^ cuyas coplas todas reunidas, dan
Á conocer muchas eacauas de la rula deMnoüaila i
txpuetta por tía tiiisiiioi actores.
Y ya qne dos ocupamos do cantos populares actaales, dira-B
mos que nos han asegurado couocerse, aunque may recientemeute,
otra tonada para cantar pctenerat: sicudo, con esta, tres las que
el pueblo modula. También participaremos ú nuestros lectores
que se ba generalizado otra nueva tonada para cantar las legui-
dillas: advirtiendo que la variaciou que hemos notado ha sido
principalmente en la música; las coplas haa variado muy poco
en la letra; son las mismas que se cantaban cou otros tonadas.
He aquí una muestra:
Signiriyaa son guindas
Ayl guiudaa son ñores;
Guindas bjh flores
Sigiñriyat son guindas
Quo dómine, que dómine, qae dómine,
Süjíiiriyas son guindas
Ay! guindas son flores-
Guindas son flures
Palillos de retama
Que dómine, que dómine, quo dumine.
Palillos de retama
Ayl BOU tus amores.
Ayl que me embarco
Con una de las pollas
(juo dómine, quo dómino, que dómine,
Con una de las pollas
Ayt de callo Francos.
COCINA POPULAR
sAbalo en caldereta, a 1.a harinera
Una hermosa mañana i1e¡ mes do Marzo Iiabíamos ido tres
buenos amigos al rio, por el lado de 8an Jerónimo, á presenoiar
nna pesca do sábalos: después de las distracciones quo pudieron
proporcionar nos los pescadores, animados de im gran deseo da
complacernos, nos anunciaron era hora de hacer el almnerzo y
desembarcamos en el sitíu donde la mujer de un pescador, uos ib*
á gnisar, un sábalo en caldereta, a la marinera. Entro el caudal
de datos quo recogimos aquel dia, con los que tenemos, en uuioo
de nuestro querido amigo X>emOmlo, un curioso trabajo que con-
cluir, esta la manera do hacer el guiso moncíonado, quo es como
ñgae:
— 183 —
Hizo la mujer un hoyo en la tierra, rellenándolo de ramas y
taraje seco, al que puso fuego con paja; preparó un primitivo
hogar con ladrillos y piedras y puso sobre ellas una caldereta de
cobre, semejante á las que usan nuestros pastores para guisar las
ovejas. Echó aceite en la caldereta, en poca cantidad y el migajon
de un cuarterón de pan; después de frito éste lo sacó y echó las
asaduras del sábalo, rociadas con sal. Durante estas operaciones y
las siguientes partió el sábalo en ruedas ó tajadas cortadas perpen-
dicularmente á la espina, lavándolas y escamándolas ligeramente.
Sácase la asadura frita y se fríen, á su vez, una cabeza de ajos,
dos cebollas picadas, un poco de peregil, pimienta y una pequeña
cantidad de pimiento molido; accesorios todos que revuelven
mucho. Se retira del fuego esta fritura y se maja con las asaduras
y el migajon; sazonado el majado vuélvese á echar en la caldereta
con algunas cucharadas de agua y á la vez los trozos del sábalo,
que se procuran mezclar mucho con el majado para que tome bien
el aliño i operación que llamaba la mujer marear el guiso; se van
agregando porciones de agua hasta que esté aquél cubierto y se
espera á que dé los hervores suficientes para dejar tierno el pes-
cado. Separado, en fin, del fuego, sirvió las ruedas del sábalo y sus
huevas en cantos ó trozos de pan de Alcalá. Este guiso, á pesar de
tener su paladar especial, algo picante y sabroso, y de exhalar un
penetrante aroma que, en unión de la frescura del pescado, abtia
el apetito, no es de un sabor esquisito ni de delicado paladar.
COPLAS DE NANA DE MONTEVIDEO C^)
Este niño chico
Que nació de noche,
Quiere que lo lleven
A paseo en coche.
Este niño chico
Se quiere dormir,
Y el picaro sueño
No quiere venir.
Duérmete niño chico
Que tengo que hacer,
Lavar los pañales
Y sentarme á coser.
Duérmete mi vida,
Duérmete mi sol,
Duérmete pedazo
De mi corazón.
(1) ¿Se llamarán asi estas coplas de nana porque se cantan en
aquella República?
TRABALENGUAS
I." Yo soy ol doctor zoyoclo,— hijo de 1a tal piraj'a. — primo
lierniaao de pildiriqui— y nieto de jocoplongo.— Jocoplongo tiene
un piljaro— queeantfty dice— ehimi, chima— cliibiri, cliiohfl(l}.
2.° Por ese monte arriba— vn una cabra— (■tica, perlél'
perleticuda— mocliicnlva y Locicudn. — Si esta cabra no fui
ética, perlétícA, xierleticuda,— moeliicalva y hocicuda;
viera los hijitoa— üticoB, perléticos, perleticudos,— mochicall
y hocicudos.
3." María Chucena— bu choza techaba— pasó un techador y
le dijo:— Maria Chucena— tii que t« choza techas— téchala agena.
Yo no techo mi choza— ni techo la agena, — que techo lachou-^
de María Chucena.
4,° Por esta pared arriba— va nua záncara, zancajosa— y,
dice a sus hijitos- suhe tú záncara, zancajtto.
5." l'na pájara peca, meca,- derga, andorga,
ca, coja y sorda.— Si esta pujara no fuera;— peca,
andorga, — cucurruchaca, coja y sorda— no tnvicra los hijil
pecos, mecos, dergos, andorgos, — cucurru chacos, cojos y botAí
C.° El cielo está enladrillado- quien lo dése (i ladrilla rii, — ei
dea en ladrillador, que lo desenladrillare,— buen desenladrillador
será (2).
7.' Don Pedro Pío Pita Piznrro, procurador ile p..- pobi
parientes y petardistas, por la provincia de Pontevedra;
paises por poco precio, con pinceles de pelo de punta de p.
perro pachón 6 perdiguero (8).
calt*^"
(1) Este trabalenguas, asi como otros varios, se dice por los
chachos en sanjuegoa de prenda; aquel que se equivoque "- "' — "
pierde en el juego.
Í2) Esta fórmala es aplicada por los niños á gran porción de traba-
lencas, formados con una polabra de ]ironnnciacion algo dificil. Ahí,
por ejemplo, en veí de decir jKÍ cielo esíá enlndrillndo, ilicent El eido
fstá mcarar.olado, iS está arrelmlado, A eitA mennii>i>elrolÍiadf._
tinnanilo con la misma fórmula, canibiondo Ibb gialiibras quo coi
yen el trabalenguas.
(3) No sallemos hasta qué puntn será verilaileramente
juego de palabras anotailo, ijuo liemos recudido del pueblo, n
i-ion pueda ti'uer i'on el ilustro hiicendist» gallego Ü. l'edrn f'
Piíarro, nulnr de obras tnn conocidas y npruciadas ciiu;
critico lie la Hacienda y deuda rfcf Eílndo.
I
— 185 —
LAS TERNERAS DESCABEZADAS
La relación que trascribimos refiérese á una de tantas leyen-
das y sucedidos que se cuentan en nuestro pueblo, como ocurridos
en Sevilla. Nuestro consocio D. Rafael Muñoz y Salazar la reco-
gió de una anciana, que aseguraba haberla oido cantar mucho en
el primer tercio de este siglo, en el barrio de San Vicente, copián-
dola con el mismo sentido y fondo con que era dicha por la narra-
dora. Notamos en la narración el defecto de no estar escrita,
siguiendo, en lo posible, la pronunciación de la anciana; y hace-
mos esta advertencia para que no se dude, observando la forma
erudita de la relación, acerca de su procedencia popular (1).
«Era una mujer casada que tenia la costumbre de cortar la
cabeza á los hijos que paría, arrojándola en el husillo que está en
las afueras de la ciudad, frente á la calle de los Baños. Tan terri-
ble crimen llegó á cometerlo siete veces, con otros tantos hijos que
tuvo. En cierto dia desapareció la mujer, sin saber cómo ni por
dónde, y algún tiempo después notaron las comadres de la vecin-
dad que, del mismo husillo donde la desnaturalizada madre arro-
jara las cabezas de los niños, salia una mujer, en las altas horas
de la noche, vestida de negro, echando fuego por todo su cuerpo y
dando horribles gritos que desgarraban el corazón de las personas
que los oian. Detras de la mujer corrían desaforados siete niños
sin cabeza, que la maldecian sin cesar. El padre (?) de la referida
mujer, condolido de ver padecer á su hija tan cruelmente, se re-
vistió (?) una noche con una estola, cubrióse todo el cuerpo do reli-
quias y salió al encuentro del espectro, preguntándole en nombre
de Dios que qué quería. Entonces contestó una voz diciendo que
no queria purgar más sus culpas ni padecer por más tiempo un
martirio tan horrible. El padre le echó muchas bendiciones y desde
aquella noche dejaron de atemorizar al barrio las temerás descabe-
zadas; nombres con que se conocían á los sietes niños sin cabeza. ■
SEMANA DEL ZAPATERO
Dos relaciones conocemos de ella. La indicada con el número
uno parece ser la que se acomoda al epígrafe; la otra una variante.
Conviene advertir que la idea que da el pueblo en estos dos reci-
(1) En la hoja literaria de El Porvenir de Sevilla ha visto la luz
pública una interesantísima colección de leyendas sevillanas, escritas
con rara habilidad por D. Manuel Jiménez Hurtado, siendo una de
aquéllas la que nos ocupa, y en cuya descripción entra en gran parte la
composición crítico-literaria de su autor.
N». 5 O
— l«(i —
tados de I& flojedad y gacdtilerta propias del zapatero, no puedM
hacerse extensivas á todos los del oficio; pues tanto e
diif, como eo la frase ere» mág emlinitfro que un zayaUro (origíORf
de la falta de formalidad en tener sus trabajos para el día ij
maruaii de antemano), bemos uutado que el pueblo refiíyrese a ii
que llama zapateros de rifjo ii remendones, hombrea da edad hvaí
zada, por lo común, que remiendan y componen el calzado i
entre trago y trago de aguardiente.
1 — Limes, san Crispin;
Martes, santa Susana,
Miércoles, no tengo gana,
.Tucves, garbana.
Viernes, tormenta,
Sábado, mala venta,
Domingo, día de tiesta.
2— Lunes, garbana,
Mñrtes, mala gana.
Miércoles, tormenta.
Jueves, mala venta.
Viernes, tempesta.
Sábado, dia qne queda
¿Pti quú s'ha de trabaja?
£1 lunes, dicen aquellos zapateros, es su gran clia, porque lo
es de san Crispin, abogado suyo. Durante el mismo no dejan d»
acariciar las co/nn y los nifU'iii que les dan cu las tabernas, i
diante e! gusto de los ahonon de una semana.
ARITMÉTICA POPULAR
No escasas en número son las producciones populares qn
ocupan de este género de saber. En coplas, juegos, probleí
cuestiones, vése el saber popular, que pudiéramos llamar, añtmjj
DO, expresado en forma sencilla y ligera y mostrado en gran pdj
cion lie ejemplos. L» aritmi'tica populitr podemos estudiarla é
producciones cantadas y recitadas, en los casos prácticos del
vida del pueblo y en las agudezas y entretenidos pasatiempos o
que aquél se distrac en sus ratos de <icÍo. La importancia de b
estudio, del que pueden conseguirse deducciones do gran va.
Sara el conocimiento do la inteligencia y hasta del sentido práctíl.
el pueblo, y las variadas formas en quo se presenta U ciendj
aritmética,— sabida tanto por la anciana que i;uenta;'ni'í-j» ü
costumbre tradicional y tan antigua como las razas prebisUt
como por el niño que cuenta con objetos y eauta las cantidadead
— 187 —
son causas siiñcientes para hacer de ese estudio, repetimos, una
verdadera especialidad, digna de la atención de los folk-loristas y
hombres de ciencia.
Como prueba de lo anteriormente dicho, trascribiremos algu-
nos curiosos ejemplos, dejando para nueva ocasión completar el
estudio que estamos haciendo con arreglo á un plan trazado de
antemano, plan que comprende también el de los probletnas gráficos
y geométricos que corren entre el pueblo y que se representan por
el dibujo ó por objetos.
I.*" Cuenta que hace al dueño el mozo de plaza ó mandadero,
oficio que ejercen en este país los gallegos, referida por el pueblo:
Dos de la vela y de la vela dos, son cuatro; cuatro por ocho
treinta y dos, y dos del algodón de la vela, treinta y cuatro.
2." Canción infantil, dicha en los juegos de rueda:
Soy el farolero
De la puerta *el Sol,
Cojo la escalera
Y enciendo el farol.
Y cuando lo enciendo
Me pongo á contdy
Y todas las cuentas
Me salen cabá.
Dos y dos son cuatro,
Cuatro y dos son seis,
Seis y dos son ocho
Y ocho diez y seis.
Y ocho veinticuatro,
Y ocho treinta y dos.
Ánimas benditas
M' arrodillo yo.
8.» Problemas. El primero es gráfico. El segundo es un ejem-
plo de peijas. El tercero es otro ejemplo curioso de agudeza.
Pregunta, — ¿La mitad de doce^ cuál es? — Respuesta. — Siete, —
Comprobación: escríbase la cantidad con números romanos (XII),
considérense divididas las tres cifras en dos partes, por una raya,
en esta forma, - '- y la primera mitad indica claramente, también
en números romanos, el número siete.
Un barco lleno de zorzales, á diez maravedises cada zorzal,
¿cuánto vale un par?— Solución: veinte maravedises (cinco cuartos)
cada par.
Siete sardinas y media, á ochavo y medio la sardina y media,
¿cuánto valen?— Solución: siete ochavos y medio.
4.*" Seguidillas:
Ri qiiieros que te ODaoíio
A ajuHtar cueutas,
Tres por cinco son qninco
Y quince treinta:
Y cinco treinta y cinco
' cinco cuarenta,
■ cinco cuarenta y cinco
' cinco cincuenta.
El que fuero curioso
Samo lit cuenta.
5.° Problema, en forma áe acertijo:
Bi quieres que te caatl
L»3 veinte y siete,
Una, dos, tres y cuatro^
Cinco, Heis, siete,
Uclio, nueve, Hez, 01
■ dos que aoQ ireoo;
Y tres son dieciseÍB
Y cuatro veinte,
Y cuatro Teinticuatro
' tres veintisiete.
El boticario y bu hija,
El médico y su mujer,
Se comieron nueve peras
Todos cupieroü ti tres.
Bohiciou. — La liija ilel boticario ora la mi^ma esposa i
médico.
Alejad DBO QmcaoT.
BIBLIOGRAFÍA
Cantos populares espafloles, recogidua, orilenHikie
Fkjncisco Ruprkiltkk Mahik, Bocio facultativo del Folk-Lort j
íui, — Sevilla, KrancÍHCo Alvareiy C.*, editorea, tiiwccLXSML— ~
J, üU 8.-, xxiv-47y piiiiH.
La circunstancinde E>ero] Sr. Rodríguez Unnn uno de e
tros más laborinaos compañeros ou la redacción tío esta Hevi
uoB aconseja absteuernoB de emprender la crítica de su libro, j
a ulgun malioiuBi) podría jiarecer apasionada. No obatanta [^
hacer ooncilinbles nuestro deseo y nuestra prudencia, trasoñb&É
a continuación las lineas que al primer tomo do dicha cbra codm*
gró el periódico madrileño La Época, en su número correspODdiente
al 5 de Junio próximo pasado.
— 189 —
Helas aquí:
«Ha visto la luz pública el tomo I de una obra cariosa— in-
signe, que habrían dicho nuestros antepasados, — intitulada Cantos
populares españoles, recogidos, ordenados ó ilustrados por Fran-
cisco Bodriguez Marin, la cual obra, ó yo me equivoco del todo, ó
ha de dar honra y provecho á su avisado autor.
»Eodriguez Marin viene desde hace años recogiendo cuentos,
coplas, refranes, adivinanzas, nanas^ pegas, todo lo que produce
Juan del Pueblo, literato de tomo y lomo, poeta como él solo y filó-
sofo que puede dar tres y raya al padre Alvarado, el mismísimo
Filósofo rancio,
»Becuérdense los generosos esfuerzos de Fernán Caballero
por dar carta de naturaleza en nuestra literatura á los cantos
populares; no se olvide la obra de Lafuente y Alcántara y llámese á
colación á todos los poetas eruditos, empezando por Campoamor
y acabando por el último coplero de cualquier capital de provincia,
los cuales han tomado á empeño el imitar al pueblo en sus can-
tares amorosos, sentenciosos y epigramáticos, consiguiéndolo á
duras penas Ferran, Aguilera y Palau.
»Kodriguez Marín, procediendo muy cuerdamente, según mi
leal saber y entender, ha adoptado como base de clasificación las
épocas de la vida humana. Juan del Pueblo empieza por ser infante:
se duerme en brazos de su madre, al arrullo de las nanas; luego
balbucea las oraciones que aquélla le repite; después, cuando hace
pinitos, 6 lo que es lo mismo, cuando da los primeros pasos, los
juegos son sus delicias; y antes de llegar á la pubertad, ejercita su
naciente inteligencia en otros juegos tan provechosos al espíritu
como lo son aquellos para el cuerpo: las adivinanzas,
»Tengo á esta clasificación por muy mucho más racional que
las adoptadas por otros colectores; sin que deje de conocer que las
adivinanzas, v. g., así deleitan á Juan del Pueblo cuando anda,
como en la edad madura, acaso porque el corazón de Juan del
Pueblo es siempre niño.
uNanas 6 coplas de cuna, oraciones, juegos y adivinanzas, pegas,
ensalmos y conjuros, son los materiales comprendidos en el tomo pri-
mero de los Cantos populares espartóles que el inteligente editor
Alvarez acaba de dar al público.
»Los tomos segundo y tercero, que manuscritos he leído y sa-
boreado, contienen no más que cantares amorosos.
^Juan del Pueblo empieza por requebrar; porque no puede ver
al paso á una buena moza sin decirle cuatro ternezas y echarle
cuatro flores. Decidido por una mujer» se declara: es correspondido,
y da salida á sus ternezas y es constante como él sólo. Pero sucede
que la criada le sale reKpoudona, ó que no contó con la huéspeda:
entonces vienen las quejas, los celos, las disensiones; y, cuando llega
á viejo, puede explicar un curso de teoría y consejos amorosos: ¡tan-
tas son las enseñanzas que recogió!
»E1 cuarto y último tomo de la obra comprende cantares varios:
religiosos, sentenciosos y morales, tradicionales é históricos, locales,
~ 190 —
prüfesi Duales, Dyiigra.mát¡cDs:eD una palabra, los qno corr«f|>a
Á todas las cpocas de la vida de Juan riel l'utUo.
iltodrígaez Marin no sólo ha recogido jdasilicailo diez milc&ii'
tos populares (]): hit hecho mus, mucho más. No sólo haucopindo
materiales y dicho a los milÍ>grafos y demo-psicologistns: «alií tenéis
el espirita del paehlo andaluz y las páginas digb intiiuaB de su
historia; ahi le tenéis encerrado— como en precioso vaso se guarda
el perfume do la tlor —para que aprovechéis la gcuerosa txhorts-
cion del vate lloreiitÍno>, ei que también, siguiendo las huellas de
Antonio Machado y Alvares, á quien se debe la institución del
h'olk ¡jvre- E»¡inñ'i!, ha auotado y comentado los cantoe populare;,
concordándolos con los do los varios dialectos de España y los
contenidos, entre otras, enlas famosas colecciones que hau publicado
en Italia, Portugal y Francia Giuseppe Pitru, Theñphilo Braga, el
conde de Puymaigre y Eu^éne Bolland.
•Tiempo hacia, señor director, que en Sevilla, la Atéiios ess
ñola do otros tiempos, no se daban a la estampa libros dft If
portancia del titulado Cantos poftutara eíjiañoUt.i
NOTICIAS
Tencni'is In satisraccion de dar cabida en las columnus ríe d
Revista al breve cuanto interesante articulo dpi dislinguido
portu^és Sr. 11. .1. Leite de Vaseoncollos, á cuya lina y delit^ila Bl*n-
cion (tobemos el poder nioatrar á nuostrus lectores los eatnsebaa m
logias que existen entro nuestras costumbres y fas de la «m|iá^
ilustrada nodon portuguesa.
Foix-hoKT. PonTunrÉs. — irií'-o
lia de tardaren constitiiirKi' ■ii
Bi^rio dearticulosque conel n'imI..
;/««. está publicando oí Sr. 1 1 \ 'I
la a<liiel termino sino las voviH ./'■//
> ilerivadiiB prirtuguiíB
IR cunoebir la esperanxa ijo q
■ M„h-,-,f-^j.m-ao F'ilk-LortB
--i'iiiLi 11. 1 l'-irílx, iiuien n»aiilojl
, ,..w,., /m/í/.h-úíu y folkloritá
iiiliicn al u
recer del ilustre secretario de la l'iilU Lorc SwÍH¡/, du quu al £
cipal de tales asociaciones es la recolección de materíñlefl, i
material.
FotJí-I.ORE Farxnkxsk. — ^Tenemos noticias do que la 8
eete nombre, constituida on Fregcnal án la Sierra, de qnv bieL
cion en el número anterior, va A publicar en brovo ul prínmiil
(II A algunos miles
v\ til. Marin, ai l>ien las di
pubüCMciün. (JV. deliiB.)
— 191 —
de una Revista trimestral que será el órgano de dicha asociación. La
dirección de esta Revista se hallará á cargo del dignísimo fundador de
aquel Folk-Lore, Sr. D. Luis Romero Espinosa, á quien han dirigido ya
cartas, alentándole en su generosa empresa, algunos distinguidos mitó-
grafos portugueses. Gran satisfacción nos proporciona ver al que debe
reputarse hoy como Folk-Lore Extremeño en tan buenas relaciones con
los folkloristas de Portugal, con cuyas tradiciones tienen las extre-
meñas un notable parentesco.
£1 distinguido profesor de la isla de Madera, D. Alvaro Rodríguez
de Azevedo, acaba de publicar un importantísimo libro intitulado Ro-
manceiro do Archipiélago da ilha da Madeira, que se halla de venta en
Lisboa en la librería de la calle del Arsenal, núm. 96.
Nuestro dignísimo consocio honorario Sr. D. Theophilo Braga tiene
concluidas é inéditas dos obras, cuyo solo título despertará seguramente
el interés de todos los verdaderos amantes de la literatura popular y
de la etnología, á saber: Adagiario, é Historia das costumes e da i^ida
domestica portugiteza.
El primer tomo de la obra de nuestro querido amigo y consocio
señor Rodriguez Marín ha sido recibido con gran aplauso por los prin-
cipales folkloristas de Europa, la mayor parte de los cuales han prome-
tido escríbir ó escríben actualmente artículos críticos, de que oportuna-
mente daremos noticias á nuestros lectores. El eminente mitógrafo
citado Sr. Braga, en carta dirígida al Secretarío de esta Sociedad, pro-
mete escríbir para nuestra Revista un artículo bibliográñco, encami-
nado especialmente á estudiar la semejanza que se observa entre las
Rimas infantiles portuguesas y españolas, fenómeno digno de llamar
la atención de los hombres científicos, por cuanto, según observa con
razón el Sr, Braga, < no puede explicarse por la comunidad de intereses
históricos ó por los sentimientos locales, revelando más bien esta su-
pervivencia la persistencia de un fondo étnico común.»
Aplicación de la fotografía á ix)s juegos infantiles. —El infatigable
Demófilo acaba de dar á la estampa una verdadera novedad folklorista.
Circunstancias conocidas de nuestros lectores nos impiden ocuparnos
de ella con toda la extensión que merece, pero sí diremos que los juegos
infantiles en fotografía, aparte de su belleza propia, serán para los
folkloristas como las buenas copias entre los sigilógrafos y los numis-
máticos.
De las cinco fotografías de otros tantos juegos que se han repro-
ducido, dos de ellas se han dado al público en forma de bonitas tarjetas
que tienen en el anverso la fotografía y en el reverso la explicación del
juego. Una de las tarjetas representa el juego de la cuerda; la otra el de
San Miguel y el Diablo: quince graciosas niñas, todas naturales de Se-
villa y que no pasan de los catorce años, aparecen en las distintas acti-
— 192 —
luáee que conaervaban en el juego en el momento de retralMlaa; __ __
logar donde jugaban es el precioso paisaje de la ffrvla lif la Moi%,
en loa jardines del Alcásnr.
Este nuevo género de [iroduccionea, debido á indiviuluos y cstndloB
folkloristas, ha aparecido por vez iirimern en esta dudad. Kl Fa¡k^LaÍ%
Andalut deberá abrigar gt-an «ntififaccion por la fecunda idvii do tuto Al
BUS más activos miembron; ííevilta tendrá qne agradecer & Drmq/IU
el haber dado á conocer grájicmurnte sub tipos, costuinbrea y bolMa "
infantiles, entre Has proTincios hermanas y las naciones extnuijeras.
Ha llegado á nuestro poiler ol Heglamentn dt'l Folk-Larn Fn»
ncfue, al que preceden las bases del Folk-Lorf Español y la ñgmev^
notaitEsunit reproducción cu ai literal del Reglaiuenlo d«l FWt-LBh
AndaliK, salvo algunas ligentH 8ii]>reHÍoneB y variantes, exigidas por li
circunstancias locales.» Mucho nos lisonjea la afectuosa nniestnili
deferencia que recibimos <l>' Uw i!Íf;n"H am-wu tiol F-ilk-Lurc Frrrnfiue,.
al aceptar para BU organizacii.ji l;i iiiisijuí qiic iins rige; en li> cual dan
una señalada prueba de li> tncn ijiii' hnn ciilc-iiiliilii \íí ¡lútáion del FtJk
Lore acerca de la unidad y U-í\U-r\¡\'\¡.v\ i\\v' d'An- leinurenlrv toda* Isli
regiones para la consecufinn ili- lnw :ilti).'^ liiu*s i'ieiiiuícos cjtic ai- pro-.
ponen estas sociedades, uiiMail 4111-, d-jns ili- ilibjlitnríit', se nihusteetj"
a&rma con aquellas sencílhin \-ii i.ii'Íh^ii'íí <|ik', i'iiijni IrtN ititriutucidna n&-
nadamente en el Reglamento <-;i](' \Mn i>í'ii¡m. smi^ <'>,ig¡itiiH dt' una patUl,
por la índole de cada localidiul. ú \ú\íí¡í, \mit utru, de la expcrifnciaoT'^^
va ensenando las naturales ilciiciencias de toda obra que prindpla, Al
por ejemplo: la adición h<'i'li:i |ior los dignos miembros del .Fo/lt^£b
Frexnenae, al caso 2.° del :irL 7." de nuestro Keglamento, ooa pcra«^
imr todo eTtremo acertada y conveniente, hegun dicha adídun, loft n|«
cios numerarios que aspiren á ingresar en la clase de facultNtiviM, iMí
ceaitan para ello • previa demostración de su aptitud en lo ('oncermeiiil
á los estudios sobre ciencia ó literatura ]jopular, presentar |Algiin '
bajo ó monografía acerca de cualquiera de dichos estudios. >
Ki-Bvo MoviMiEim) po[.K.T.onisTA.— .Según uolicisa que recienlemenl*
nos ba comunicado el activi> fundador del Folk- Lore Fri'.mftuir. mutnt .
don Luis lioniero y KspinnHU. Iiállansí: iir|.'ajii/adiis ya sociedadea ani'
logas en F «ente de Cantos y .Icrtz do tus CíUiíüIitus y |ir<>ximHH áuqtfr
niíarse en Zafra, Almendndcjo, linn Heniln, Lk*renay MOrida, alMidd
de eaperar que loB dignos individuos que constituyan aquellM amdl^f
clones tengan el patriotismo sulicicnte para hacer prácliro d
vulgar de que la unión conslilui/e la futría.
ANUNCIOS
Wt'HiAmvríinif» Mhrt la Pvftia ¡lujinfHr, por D. Maiiucl iÜIi y
" "' -línrcelon».— üa loiuii.~iaíffl,
tamaHftñllA tatnfan, por Ü. MAuuel Milu y Fonlaiutls.— B
(ft.-lintoijH>.— IBSa.
rtiii fiaiiritar n/mijijii ¡f miMiu/M ¡i lilfr«litnt cftlii-kU/'»»
I. Jocw}iiin Gf«lo, iirofeíOT do In /muíiíhí iV-n ííftiv. — Un touiíj
^PA|i«. (VIH. 5üO).— MadrM. I8H1.-0O n..
|i/iicu iW /'ii/fi/n, liUtnrin niHnrona poptilar. ordoiincU <■ ilns-
\ nor F. Bodrigtiez Murin, «ocio fncnltativo d«l ¡''tiHt-f^iv A»-
m.~-'En 8-°— 78 i"íg8.—Bo villa, Fronctsco AIvokz y C", edi-
, por P. Itoilngiiin: Uarin, »opi>
:.' Vil cim<ti<riin ilii IJ pof{9. —' i
wrfr í^iiinman 1/ Aili'-l n a ■ittt.pov Ucmt'ifilo, imjdío fii<^n)-
-18tJ().-í( lídsütaa.
. por De
(I i^u 8.<
iiimtí, wii-4l> íiiir>iII'>Mv't
-l'rtf{S. XVrn, Bi)!'.^
" ti pásela.
■ rf/ t'j/'fíU ,/r<Iirvni-(l« fir>jiinf«i-«'í, c(mi))i:«^u<e
Ulncin, por Mnonet UalmsKedn y CrOTiüal"!.
nnas »1 precio de uua peseta.— I mpwiiU <1o
Silla.— 1881.
B il> 3. M. y J» as. AA. 9R IM Bniuut. Sm, tiJuM
tona 914.
MAPA TOPOGRÁFICO TRADIC
DE LA PROVINCIA DE SEVILL
INTERBOGATOBXO
riiTíijiiH. rin»
¿liiii
o llntnll
iinnitns, ci
litis nur i;x\ ti) lUiü^iú F'
:Sv rniriitun ult^nnaxlii
■U<Htru>
B.* ¿II«y o» iwc 1*1
nrnlorliiH uiiIIkiioh, ev\)u\i
"ri'Am-aH, i> ciinlini]!
■lIl'llUl l)l-l-ll09V
lítr-i
ngnaa.yi
¿('iiúlca ■un, ■fgiin Ion fiü'
vi'jnna, gnitJi»;i'(Hi»Pja8 O lii»
10.* riirujt^ aoiijiKclulio»
l'FiJtürln». CriH'eB. Sus nuiulirt-
(■mlioti'JsnitioA.
U.' ¿t'liAJea fiíit tunsitíi-i
ri'H, fl» tiHn ti)<ra>l(i liHtxlhii rnin
■iUiifl < "
Aiin*fn> iir ly^--
'oLK-LoRE Andaluz
Ór^ttiut dtí lü S-mitídad Je este luimbre.
SEVILLA.— O'Donau- II 28.
.SKVÍ-1..L.A
REVISTA UENSOAT.
ABVERTENCIAS
LIHlJítA
P. PLANTIER
UNA DOCENA DE RIMAS INFANTILES
Mi afición al estudio de las costumbres populares y la
lectura del precioso trabajo dedicado por el Sr. Machado y
Alvarez, al nuevo hijo del eminente mitógrafo italiano señor
Giaseppe Pitre, y el detenido examen del primer volumen de la
riquísima colección de Cantos Fopulares Españoles^ que tan
cuidadosamente ha recogido y eruditamente anotado el señor
Rodríguez Marín, me han resuelto á recoger, con destino á la
ilustrada Revista de El Folk-Lore Andaluz, siquiera una do-
cena de esas producciones de la inagotable musa popular.
A continuación publico una pequeña colección de rimas
infantiles, que seguramente pueden considerarse como versio-
nes distintas de las publicadas ya por mis queridos amigos
Rodríguez Marin y Machado, en sus numerosos escritos sobre
literatura popular.
A mi juicio los doce productos populares referidos (todos
ellos procedentes de Sevilla) son inéditos.
I.
Mizo gato.
¿Qur comités?
Sopitas en leche.
¿Dónde la echa tes?
En la cazoliya.
¡Zape, zapiya!
K*». o 1
r
t
— Ifi4 —
Cow/Vaí y pfAafe?, eu lugar de «)i«¿í/e y cí-íkís/c, ^Versión i
tinta de los números 42-46 del cancionero de Rodríguez Ma-
rin. Como ellos, corresponde ít un sencillísimo juego qne tanto
pudiéramos llamar infantil como maternal. La madre ó nodri
acaricia la cara de los niílos con las propias manos de éstd
al recitar los versillos.
II.
Este, chiquito y bonita.
Este, el rey de los aniyitos.
Este, tonto y loco.
Este (ame la cazuela,
Y este mata los piojos.
Fórmula distinta de los números 6Ü-G2 de Marin, .fui
de dedos. La madre va cogiendo los de la mano del nifio ein]
zando por el meñique. El Sr. Adolplio Coellio publicó en el Zeits.
chriftftir romanisciien Fliihhtjk (t. nr, pág, 17f),) una formulita
análoga. Hela aquí:
Dedo mcudiulio,
Seu vizinlio,
Fae de todos,
Jura -lio] os
Mata-pioUios.
m.
Anda, niño, anda,
Que Dios te lo manda,
Y la Virgen Pura,
Anda, criatura.
Copla que se canta á los niños cuando empiezan 6. andaí
Es sólo una variante de lu.s número.'! r)7-58 del libi-o de Rodri
guez Marin.
IV.
Este era bes y be un pastti
Qae tenia una pierna Itincbada,
— 195 —
Que tan pronto se le hinchaba,
Gomo se le deshinchaba,
Y ahora biene lo mejó.
Este era bes y be un pastó. &.*
Cuentecillo que como los números 63-68 del expresado
cancionero, sirve para entretener y burlar la curiosidad de
los niños.
V.
Cigüeña, cigüeña,
Tus hijos se queman,
Tu madre te se bá
A la puerta 'el Arena,
Por un cachito de jabón
Pá labá tu camisón.
Versión de Sevilla, según lo indica el cuarto verso. Véase
la de E. Marín, número 123.
VI.
Un moyete
Jambre mete.
Dos, por er mismo consiguiente.
Tres,
Argo es.
Cuatro,
No me jarto.
Cinco,
No me jincho.
Jasta la media osena
Mi barriga no se yena.
£1 Sr. Rodríguez Marín no publica ninguna versión aná-
loga. La única que tiene con ella algún parecido es el número
160 que empieza así:
¿Quién me dirá que no es una.
La rueda de la fortuna?
¿Quien dirá que no son dos,
La campana y el reló? &.*
196 —
vn.
De Francia vengo, señores,
De un pulido mercader;
En el camino me han dicho
Cuantas hijas tiene usté.
— Yo tengo las que tubiere,
Nada se le importa á usté.
Con el pan que yo comiere
Ellas comerán también.
— A Francia voy enojado.
Enojado con usté.
— Vuelva, vuelva, caballero;
No sea usté tan descortés;
De las tres hijas que tengo,
Coja usté la mas mujé.
— Esta cojo por esposa.
Por esposa y por mujé.
Me ha parecido una rosa
Acabada de nace.
Alebanta, rosa.
Alebanta, clavé.
¡Ahora si que me alebanté!
Compárese con la versión de Mariu, n. 209, y con el juego
infantil catalán La conversa del rey nioro (Jochs de la infan-
cia, pág. 47 y siguientes.) Como el juego en su ejecución es lo
mismo que el publicado por Rodríguez Marín en la colección
citada, véase la explicación detenida que de él hace en la
pág. 160 del tomo i.
VIII.
— Toma esto ramo de llores
Y adiós, que me voy.
— ¿A dónde te vas?
— En busca de amores
Que tu no me das.
— ¿Que dices?
■ — Narices.
—¿Qué haces?
— Dame la mano
Y haremos lati pacci.
— 197 —
— No tengo mano.
—Pues con la boquita
Se coje este ramo.
Juego de prendas. Previo este diálogo, va pasando de
boca en boca un pequeño ramo de flores ó algún objeto que
lo sustituya. Aquel & quien se cae pierde prenda. Este juego
no tiene ninguno análogo en la obra de Rodríguez Marin.
IX.
—¿Me quieres?
— Te quiero.
— Pues dame un dedo.
— ¿Me amas?
— Te amo.
— Pues dame la mano.
— ¿Me adoras?
— Te adoro.
—Pues dámelo todo.
Estos versillos que generalmente son conocidos con el
nombre de Cariñifo de Cádiz, son la fórmula de alguna de las
sentencias que se imponen en los juegos de prendas. El que
tiene que cumplirla, puede estar satisfecho, porque en vez de
sufrir algo (como ocurre generalmente en estos casos), pasa un
rato de gusto; pues su pena consiste en dar primero un dedo
y la mano á todos los que en el juego toman parte, y última-
mente al decir «Pues dámelo todo,» los abraza. Sucede con
frecuencia, que si el penado es niño sólo tiene que cumplir la
sentencia con las niñas y vice- versa si fuese una de ellas.
X.
En la plaza Socobe (?)
Una capa vi bendé
Islada (hilada), bordada y garrapateada.
El islador, bordador y garrapateador
Que la islase, bordase y garrapatease,
Se le pagará su isladura, bordadura y garrapateadura
Por ser un buen islador, bordador y garrapateador.
— 198 —
Trabaleuguas que como muchos otros suele usarse como
juego de prendas, perdiéndola el niño que omite ó altera algo
del texto.
XI.
Yo tenia una yegua seca, meca, pintarraca y pansi-güeca,
Tubo un potro seco, meco, pintarracao y pansi-güeco.
Si la yegua no hubiera sio, seca, meca, pintarraca y pansi-güeca,
No hubiera tenio un potro seco, meco, pintarracao y pansi-güeco.
Trabalenguas. Tiene algún parecido en cuanto á la ex-
tructura al núm. 199 de la colección de Rodríguez Marín.
xn.
Candajc.
Linaje.
San Bísente.
Agua caliente.
San Blas.
Una media e pan.
A la güerta berás
La c... que te boy á dá.
En la primerajPf ^°°*
En la sexta !v
(da
Los frailes capuchinos
Ban á pica er pepino.
Los frailes de San Bísente
Ban á bebé agua caliente.
Los frailes de Sanluca
Ban á come asuca.
El rey tenia una siya
Que se sentaba él;
Daba tres güerta
Y echaba a corre.
Juego de saltación, por el estilo de los que llevan los nú
meros 243-245 en la tantas veces repetida colección de Bo-
— 199 —
driguez Marin. Como en ellos se echa la china, pónese un mu-
chacho de camba, y cada uno de los demás van saltando por
encima de él con las piernas abiertas y apoyando las manos en
su espalda. A cada turno repiten un verso. En la prime^-a etc.,
hasta la sexta, los que saltan dan ó dejan de dar un golpe en
la espalda del muchacho inclinado, según que le tienen buena
6 mala voluntad. Al recitar los cuatro versos últimos dan
vueltas cogidos de las manos y echan á correr; persigúeles el
que se habia quedao y se hace sustituir por aquel á quien lo-
gra coger, comenzando el juego nuevamente. El juego de la
comba es conocido también con el nombre de saltar á la
piola.
Luis Palomo y Ruiz.
Sevilla, Agosto 82.
SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS
34. — El cabello que termina en punta, sobre la frente de
una mujer, indica que ésta ha de ser viuda.
35. — Cuando dos cónyuges están en las velaciones, aquel
cuya vela se apaga primero, morirá también primero.
S, P. 83. — «Cuando en un casamiento la vela más pequeña está
al lado de la novia, es señal de que ella muere primero; si está al
lado del novio, éste morirá primero.» — S, P. 383. — «En la noche
del casamiento, aquel que en el cuarto apague primero la luz, es
porque morirá primero.»
36. — De dos cónyuges muere el primero aquel que tenga
la oreja más pequefia.
37. —El dia de la Ascensión se lleva un huevo á misa y
se convierte en cera virgen, que sirve para curar las heridas.
38. — El que nace en viernes es zahori. (Copla popular):
Si yo fuera mjori
Calara los pensamientos,
Supiera lo porvenir.
M
— 200 —
39. — El colocarse una uiiijer hiicía un lado el molH
cogido del cabello, es seílal de que tiene mal geuiu.
4U. — Para que las visitas no se prolonguen muchOi
colowirá la escoba, puesta de pié, detriís de la puerta, (1)
S. P., G.— "Cuando noa vieita se prolonga muolio, contra-
riuido á los dueños de la casa, debe ponerse un lauco detrás de
una puerta y se va deseguida. i^ A'. 1'. 246.— «Cuando una visita
80 detiene mucho, para qae ella Be marclio pronto, ecliar sal eu
la lumbre."— S. P. 488.— «Cuando están en una casa nsitas que
se detienen muclio, es bueno poner un zapato detrás do la puerta
para que ollas se njarchon pronto, p
41. — Las manchitas blancas en las nfias, es seilal de
embustes. (2)
S. P., 224. — «Cuaudo aparece uua mancha blanca en
uña es señal de regalo próximo.»— S. P., 225. — «Cuando aparece
una mancha blanca en las «ñas de la mano izquierda, ea señal do
mentira; si aparece eu las de la mano derecha es Beíinl de regalo.»
S. P„ 881.— "Cuando aparecen mancbus blancas on las uñaa de
una persona, es porque cuenta 1bí> estrellas. •
42. — Las manchas blancas en las uflas de un hombre,
indican el uúinero de mujeres que lo quieren.
43. — Deben cortarse las uflas eu viernes, para qu«
dnelan las muelas.
44. — Echando un cabello con la raiz en una palan|^
llena de agua, aquél se convierte en culebra al cabo de uiucLo
tiempo.
S. P., B8. — "Arrancándose un cabello de la cabeza con rniz
y echilndoloen agua, nace ana calebra."— S. P. 242.— "Un cabello
echado en agua se transforma en una culebra y, u medida qno esta
va creciendo, vase consumiendo la persona u quien el cabello per-
tenece.!
45. — La mujer, en la menstruación, no debe tocar \
flores porque se secan.
S. P., 248.— "Cuando una mujer esta menstruando j- se si
A un árbol, el árbol ae seca.»
tivrv.
fl) HeinriB oído Ilnmat ála escoba dfipidr-visitas; i _
Hc origina tal vez do que en el tnoniento ile usarla arrolla la t
levanta pnlvo.
(3) Kh muy frecuente ver un propo de mochaclioa e
mútanmente las uílas de Ins manos, para averiguar cuil d* a
dicho tnAfl ^mbustus, durante' elortu tieiiipo. El número de tnaii
Indica el do los muntiraa dicbas.
— 201 —
4G. — Un niño no debe quemar papeles de noche, porque
se orinará en la cama.
S. P.y 249. — «Los niños que juegan con la lumbre se orinan
de noche en la cama.»
47. — Si tocan las ánimas en el momento de estar admi-
nistrando á un enfermo, éste se muere deseguida.
5. P,y 125. — «Cuaudo se va á dar el Santísimo á un doliente
y se acaba de rezar el bendito ó la gloria, frente á la puerta de otro
doliente, éste último muere sin remedio.»
48. — Para encontrar lo perdido se reza á las ánimas ben-
ditas un padre nuestro (1).
49. — Para que salgan novios á una mujer, ésta encende-
rá dos luces á San Antonio, ó meterá una imagen del mismo
Santo en un pozo, amarrada con una soga (2). (Copla popular):
Fuiste tú la que metiste
A San Antonio en el pozo
Y lo jartaste de agua
Fá que te saliera un novio.
50. — Cuando se duerme un pié se hace en el zapato una
cruz con el dedo mojado en saliva y el pié queda en estado
normal.
S, P., 202.--«Cuando se tiene un pié dormido, para que él
torne á su ser natural se unta de saliva, formando con el dedo
una cruz y diciendo al mismo tiempo:
Desadormece, meu pé!
(Desadormenta-te 1^61)= Variante
Que la vem o lobo mé (sicj
Com a vara do juiz,
Para cortar o nariz.»
»
51. — Es de mal agüero, cuando se toma un huevo pasa-
do por agua, el dejar la cascara entera.
(1) Hay otras prácticas referentes á esta creencia y también se
conocen varios santos que sirven para satisfacer los deseos de la per-
sona que busca algo perdido y les encomienda alguna oración.
(2) Este santo es popularísimo. Ciertii parte del pueblo lo consi-
dera tan milagroso que sería necesario creerlo si no observáramos
que sirve de comodín para porción de prácticas supersticiosas, actos de
brujería y hechicería, para ser el abogado de la gente non sancta y para
otras cosas más.
N.« O 2
patlece I
en aüo biaicsto do es atacado i
52. — La persona que nace en año bisiesto,
viruelas.
S. P., 802.— .Qui(
viruelas. I
53. — Es malo ponerá la luna un puerco abierto, por^
se aluna el tocino.
54, — Si dos novios son padiínos de uu niño no Uegí
casarse.
55. — Para que un huevo pasado por agua llegne á e
en punto, se retii-ara del fuego al concluir de rezar ,
credos.
5(j. — Tenerlas 01 ejas un tanto despegadas de la cara 4
seüal de generosidad.
57. — Las orejas unidas A la cara por la parte ínfiíri
indican que la peisona nació de noche.
58. — Cuando aa. abejurro revolotea alrededor déla 1
anuncia lluvia.
59. — Es sefial de lluvia eljugar los gatos.
S, P., 87. —«Cuantío Iob gatos corren por la cusa do un Im
otro, es aeüal de viento. •
60. — Cuando una gallina canta como el gallo, es seflal 4
qne morirá alguna personade la casa(Ij.
S, P„ 173. — "Cuando uua gallina canta como el gallo i
matarse, porque ea un agíxeru muy malo. (Proverbio: ¡lalltnt
canta como el ¡lail o, pone al liiii-ño íi rabalh: esto es, hace que el dm
muera.) I
61. — Se quitan á una mujer los dolores de entuerto c
cando bajo la cama de la doliente (res cuernos.
S. P,, IGl.— 'A las mujeres embarazadas debe dárseles c
de perdigonea, antes de los aueve meses, para que no tengaa ¡
lores Í6 fiUwito.t
02. — Para hacer que acuda la leche á los pechos de Q
mi^er se prepara una horchata de ajonjolí y se tiene dos hoi|
sobre el brocal del pozo antes de bebería.
63. — El hombre que ba navegado por el golfo de I
tiene la virtud de hacer qne la mnjer t\ae esté de parto, tenií
dola en los brazos, dé á luz con felicidad.
(1) liemos tenido ocasión de ver á. una mnjer, üol barrio úm 4
Feria, buscar precipitadamente un comprador para una gallina itojl
corral, que deseaba vender por liaberla oido, B<-£iin aseguraba,
oouio un gallo.
— 203 —
G4. — Para (lue una persona convierta su indiferencia en
amor vehemente hacia otra, la solicitante derramará, en el
zaguán de la casa de la indiferente, el contenido de un puche-
rito que lleve con aceite, sal y tres clavos de hierro atados por
la cabeza con una seda: si la persona indiferente, al atra-
vesar el zaguán, pisa los clavos, entonces es seguro el resul-
tado que se desea.
65. — La luna, eu la llena, representa una cara.
66. — No deben contarse las estrellas, porque cuantas se
cuenten, tantas arrugas salen en la cara.
S. P., 77.— «Es malo contar las estrellas. Cuantas estrellas
so cuenten, tantos serán los granos que salen en las manos.» — 5.P.,
289. — Cuando una persona se pone á contar las estrellas» se orina
en la cama.»
67. — Para saber si es niño ó niña lo que ha de dar á luz
una mujer, se le dirá que enseñe las manos; si las coloca con las
palmas hacia arriba, será varón; si lo contrario, será hembra.
S. P., 168. — «Cuando una mujer está embarazada y se
halla desprevenida, pregúntesele qué tiene en una de las manos.
Si la presenta con el revés hacia arriba, es niño (lo que va á dar
a luz). Si la vuelve hacia abajo, es niña.»
68.— Cuando un joven está enamorado ciegamente de una
mujer poco digna, es debido á que ésta le ha dado á oler una
rosa hechizada ó á beber una bebida camptiesta (1).
69. — El dia de San Lorenzo es el más caluroso del año: se
extrae carbón de cualquier lugar donde se escarbe (2).
Alejandro Guichot y Sierra.
(Conümiará)
(1) Con este nombre indica el pueblo todo brevaje repugnante de
activos resultados.
(2) Dice el pueblo que tal cosa sucede, porque es un recuerdo de
haber muerto San Lorenzo asado en unas parrillas.
. — ^n:rs^s^jK^2Z^r^^
DE ALGUNOS USOS Y CEREMONIAS NUPCIALES
OE ESPAÑA
(Conclusión.)
Celebrado el matrimonio cniutile iL la liberalidad de los
padrinos, soleumizavlu en una fiesta (1) & la cual se invitan á
todos los amigos, y en la que se canta y baila hasta las niá»
altas horas de la noche. Estas reuniones empiezan por lu
general lánguidamente; ninguna pareja quiere ser la primera
en ponerse eíi l/aUe: ningún raniam- ni cantaora quiere romper
la monotonía, entonando la primera copla. En este caso, da
uno en \o esaborio Ae la fiesta, preludia unas seguidillas eB^
guitarra, en tanto que otro reparte cafias de manzanUl
como por encanto se ameniza la reuutou.
Han lucido su maestría en el baile y su inimitable gartiu,
multitud de ini7ní»f(i«; pero ya la concntrencia siente comezón
por admirar y aplaudir las gracias de la novia; asi es qne los
deseos de aquélla se formulan eu este li otro parecido cantar.
A In seiiora novia
Sucadla A bailar.
Para qno se deapit
Do su mocedad.
porque no es bien que bailen las casadas: este privilegio, parece
estar reservado á las inocUag, según al menos lo prueban, infi-
nidad de cantaren. Contribuye poderosamente á esto, el coa-
cepto fatalista que el pueblo tiene del matrimonio. No
cemos copla alguna que cante sus excelencias, Antes
contrario, según reza la canción popular, se abre cou el
monio uua era de sinsabores y disputas.
I
(1) El t'Ueblu Huvlu lomar lu uhi>i><
ir tit gúuvru.
— 205 —
A la señora novia,
Por Dios le pido,
Que no tenga caestiones
Con su marido.
Te casaste, te enterraste;
¿No te lo deoia yo?
El que se casa se entierra,
Gomo á mi me sucedió.
contra el matrimonio suele emplear el pueblo todos los dardos
de su sátira.
Yo le pregunté á un casado ,
Casado, ¿que tal te va?
Y me respondió, soltero
Cásate tú y lo verás.
Cásate Juan en domingo.
Lunes estarás casado
Y el martes preguntarás
¿Dónde venden pan fiado?
y al mismo tiempo protesta de su indisolubilidad:
Si el casarse fuera un año,
O una semanita ó dos....
Pero por toa la bia
Eso.... no lo paso yo.
como con muchas otras puede confirmarse.
Ahora bien: volviendo á la descripción y examen de la
fiesta, que interrumpimos con la precedente incidente, en
otras reuniones, no se limitan los cantares á la caprichosa
expresión de particulares estados del cantante, adaptando á
sus respectivas situaciones todo cuanto con ellas se conforme:
no se establece como en fiestas análogas, pero con distinto
objeto, ese tiroteo bellísimo, ese diálogo lírico sentimental ó
epigramático, pero siempre amoroso, sino que desde las pri-
meras coplas adquiere un carácter de unidad lógico, encami-
nado á cantar las perfecciones de los desposados, las delicias
de la luna de miel y á dirigir saludables y prudentes consejos
para lo porvenir de la vida matrimonial.
— 208 —
PhUarco, que fon AuiJiores, el uno dize^ que efto fe hazia^po^-que
en los dios defefta avia menos gente por las calles, que todos efta'
han ocupados en los placeres, y por efto era nienos visto el def poja-
rio de las viudas, porque es lien que fe luigafecreto.
Así como los romanos, la Iglesia ha visto con malos ojos
las segundas nupcias, hasta que hubo de tolerarlas; cosa por
la cual no ha pasado el pueblo.
Con estos antecedentes y otros muchos que podríamos
citar, pues la materia es inagotable, se demuestra hasta lo
sumo la antigüedad y cosmopolitismo de ciertas costumbres,
que si bien han variado en sus formas, porque no en balde in-
fluyen las civilizaciones y los tiempos, muestran en su fondo
una misma esencia; diferencia aquella que, en último término,
sólo acusa un fenómeno de polimoi-fismo.
J . Rodríguez Gara y.
COSTUMES POPULARES HISPANO-PORTUGOEZES
IV
Com o titulo El garbancito, publicou o meu amigo o sr.
Machado y Alvarez a pag. 622 sqq. do n.o 20, 4.o anno, da
revista sevilhana La Enciclopedia urna serie de contos hispano-
luso-italianos, a cujo cyclo pertence a lenga-lenga seguinte,
recolhida em Torres Yedras (Extremadura portugueza):
Meus senhores,
Aquí está a corda
Que prende a bota (1)
Que leva o vinho
A* Eibeira Motta.
(1) Bota, especie de pipo segundo o mea informador.
Meus senLores,
Cá está o cebo
Que QDta & corda,
Que preudc & bota
Qne leva o vinlio
A' Bibeiía Motta.
C& está o rato
Que roe o cebo
Que uDta a corda, etc.
UeuB senlioreB,
Gá está o gato,
Que papa o rato
Que roe o cebo, etc.
Mena senboreH,
Cá está o cao
Que morde o gato
Que papa o rato, etc.
MeuB eeubores,
Gá está o páu
Qne bate no oáo
Que morde o gato, eto.
MeuB senhores,
Gá está o lume,
Qae queima o páit
Que bate no cao, eto.
MeuB Beubores,
Cá está a agua
Qne apaga o hime
Que queima o pan, eto.
Meas Benboree,
Cá eetá o boi
Que bebe a agua
Que apaga o Inme, «to.
Mgu8 BenhoreB,
Cá está a faca
Que mata o boi,
Que bebe a agua, etc.
Mens aenbores,
Cá está o bomem
— 210 —
Qae faz a faca
Qae mata o boi,
Que bebe a agua
Que apaga o lume
Que queima o páu
Que bate no cao
Que morde no gato
Que papa o rato
Que roe o cebo
Que unta a corda
Que prende a bota
Que leva o vinho
A' Eibeira Motta.
A SEMANA.
Análogos aos versos da semana del zapatero publicados a
pag. 185 d'esta Revista, eis uns portuguezes que recolhi na
provincia do Minho (as tres números primeiros) e na de Tras-
os-Montes (o ultimo):
1 . Semana da nudher casada:
Na Segunda me alevanto,
Na Terca cubro o manto,
Na Quarta vou á feira,
Na Quinta venho da feira,
Na Sexta amasso (o pjio),
No Sabbado penteio-me c lavo-me:
Que mais queros, homem de todos os Diabos? (1)
2. Semana amorosa:
Na Segunda-feira te eu amo,
Na TvTcQ, te quero bem,
Na Quarta digo que morro,
Na Quinta digo por quem.
Sexta pelo meu amor,
Sabbado por mais alguem. (2)
(1) Apud os ineunFiistós do povo portu^nez (¡n Pennfidelense), n.
(2) 11)., ib.
— 211 —
3. Ncu) me deráo titulo:
Na Segunda-feira vou á feira, (8)
Ter9a-feira chego á feira,
Quarta-feira estou na feira,
Quinta-feira venho p'ia casa,
Sexta-feira cbego a casa,
Sabbado penteio-me e lavo-me,
No domingo vou á missa.
4. Semana da nmlher pregiii^osa:
Na Segunda me eu deito,
Na Ter^a me levanto.
Na Quarta é dia- santo,
Na Quinta vou p'ra a feira,
Na Sexta venho da feira,
Sabbado vou-me confessar,
Domingo vou commungar:
Diz'-me agora, comadrinba,
Quando hei-de trabalbar.
VI
FORMUXjAS inioiaií:s e finajüs
dos contos
E' da natureza do espirito humano, ao comeQar urna enuu-
ciagáo qualquer, fixar-se numa ideia geral que Ihe serve de
partida: vemos isso com especialidade uas adivinhas e nos emi-
tas do povo. E' só, porem, d'estes últimos que voudizerduas
palavras.
Os romanos comegavam vulgarmente as narra^oes por
olim; eis, entre muitos exemplos, dois achados em Phedro
(Fabtd., m):
(3) Cf. feira e Segunda-feira, etc. Como se sabe» em portugués os
nemes da semana nfto contém vestigios dos nomes dos deuses pagaos
(como em cast., fr., etc.): esees nomes, por ordem do papa S. Silvestre,
foram substituidos \}or feria (mercado.)
— 212 —
Pantbera impriidens oti'it iu fovoam deaidit.
Olim, quas vellent esse io tutela siia,
Divi legorunt arbórea.
Na Italia os contos principiam moderaamente; Cera 'i
voUa[í), 011 apenas 'Na volta (2), on aínda Una vota si amia
sat-riciitita a lor Sigimri (3), e Sij/nuri, si raccuttla (4); e ter-
minaní:
Lungo e il campo e
Dite la vostra, cho
Stretta •> la fogtia, c larga la via:
Dite la vostra, che ho detto la mía; (fi)
E li so nc stettero e se ne godettero
A ma uuUa mi dettero (7).
I
Na Franca, para nao sabir dos paizes de liiigua rumaaíca,
os contos comei^am, por ex.;
You sabi im couute (8);
E trie trie
Moun oouate es finit:
£ trie trío
Moiiu couQte G3 acabat (0).
Na Hispanha encontrase a cada passo ésta fórmula inicia,
Eraveey vez (10), ou, como me informa o mea bom auígo o
(1) ex.: S. Prato (Caino e le svtiu; Quatro novellme pop<Anri Urw-
tttii; La Legijtnda indiana di Nata); cf. G. P¡tr6 {FavoUtle popol. giei-
Üant.)
(2) S. Prato {(¿aatro noi-.popol. román.)
(3) lie novelline pop. dell llalla meridion, {Extracto da» A'hov. J^-
femer. sieit.. xi.)
(i) 11 vfspero siciliano Je G. FitrÉ.
Í6) S. Prato {Quatro norell. pop. livornes.)
6) Arckivio per le trnd. pop., p. 48.
(Jl Ib.p. 67, etc.
(8) B\KÍé(CiMteBelprooiTbegpop. recufilli» en Armagnae),
(8) Id. ib.
(10) £1 Qarbancito, por A, Maohado y Alvar«t (ia Endeiopt'
— 213 —
Sr. Rodríguez Marín, Este era, Este dicen que era^ Érase que se
era {*), Jaga usté cuento e sabe, Era esta vez, como mentira que
es, etc., em quanto que a fórmula final é:
Y el cuento está acabado
Y yo sin nada me he quedado (11),
ou, segundo a informagáo do illustre folklorista ha pouco
citado: Y yo fui y hiñe y no me dieron na, sino unos sapatitos de
afreclu) pa corgarlos en er techo; Y chanfle (6 chanfli);
Y colorín colorado,
Ya mi cuento está acabado;
Y se acabó mi cuento
Con pan y pimiento;
Y aqui se acabó mi cuento
Con pan y rábano tuerto
Y tocino asa o
Y m.... pá quien me ha escuchao.
Em Portugal os contos populares abrem d* este modo:
era urna vez (ou urna occasiáo), era de urna vez, ou únicamente:
(*) Esta es fórmula inicial relativamente antigua; Qüevkdo la em-
plea dos Teces en El Parnaso Español:
Doncellas no sé qué son,
Porque me contó una vieja
Que ya son sólo en los cuentos
Fruta de érase que se era,
(Musa VI, rom. xxix.)
Érase que se era
Y es cuento gracioso....
(Ib., rom. xcix.)
Solia añadirle:
.... que norabuena sea;
£1 bien que viniere para todos sea
Y el mal vayase á volar.
(Ledesma, Juegos de noches
buenas á lo divino.)
ó bien:
Y el mal para quien le fuere á buscar
Y para la manceba del abad.
(V. QuEVEDo, Visita de los
chistes.)
(1 1) ürsuleta, por M. Sales y Ferré (in Folklore Andaluz).
— 214 —
urna vez (12). D' estas fórmulas tiraram-se varias rimas infantis,
como:
Era ama vez '
Um rei e um bispo:
Acabou-se o contó,
Nao sei mais do que isto;
Oll:
Era urna vez
Um cesto e ama canastra:
Para contó já basta;
que se dizem ás créanlas, quando ellas pedem que Ihes contem
contos.Ha outras rimas em que se estabelece um dialogo saty-
rico entre o narrador e o ouvinte:
— Era urna vez
Um gato mal tez:
Al9a-lhe o rabo,
Ghupa-lhe o pez.
— Al9a-lh* o tu,
Que és mais cortez.
— Chupa-lh' o bem....
Quanto mais chupas
Mais tom (18).
As fórmulas finaes dos contos portuguezes sao, ou sim-
plesmente: E acahou a historia; ou:
Victoria, Victoria,
Acabou a historia;
OU:
ou:
Adeus, ó Victoria,
Acabou -se a historia;
Stá a miuha historia acabada,
Minha boca cheia de marmelada;
Stá a minha historia dita,
E a tua boca cheia de furrica;
Quem o contou está aqui,
Quem o quizer saber vá lá;
(12) Tanto a expressáo era urna vez perdeu o sentido, que até ás
vezes deixa de haver concordancia grammatical, como: <era de urna vez
uns meninos. >
(13) Cf. Cant pop. españ. de R. Marín, i, p. 47 e not
— 215 —
on (14): ^
A certidáo está en Tondella;
Quem quizer vá lá por ella.
Em algumas das fórmulas transcriptas parece alladir-se
costnme de varios se jun táreme contarem contos, primeiro
ns e depois outros (Italia), e tambem a est' outro costume de
r una gratificagáo empaga da narrativa (Hispanha) (15).
J. Leite de Yasconcellos.
Porto, Agosto de 1882.
UM JUGO POPULAR PORTUGUEZ
Gragas a uma obsequiosidade amavel, registramos hoje no
^nteresantisimo e benemérito FoIJc-Lare Andaluz um baile po-
pular ou jogo, enteiramente inédito e de que nao encontramos
"Vestigios em nenliuns dos traballos últimamente publicados
^m Portugal. Escolhemos de preferencia uma revista liespan
iola para a vulgarisagáo desta preciosa pérola do Folk-Lore
-^ortugmz, visto como a indicagáo de Obudo (¿Oviedo) nos pa-
^•ece indicar uma proveniencia peninsular conhocida. Sem en-
^rarmos no dominio da literatura tradiccional comparada, que
tera no sr. Adolfo Coelho o mais distincto cultor em Portugal,
sempre enunciaremos o facto de no jogo a que aludimos, trans-
jarecer o fatalismo popular na escolha do numero de donze-
(14) Adolpho Coelho (Cantos pop. port., p. 60.)
(Iñ) Erratas. No cap. id' este artigo {Folk-Lore^ pag. 173-4) sabia
Suez por Inez; no cap. ii (pag 176) sahiii «outra ia pedir ume* em vez de
«outra ia pedir ¡ume*; no cap. iii (pag. 176) sahiu ua e u por um-a (isto
é, ua como u nasal) e um.
— 216 —
Has (13), que compoem o qaadro. A scena final em que as filhas
queiman a máe nao padece duvida que e de transplanta^
oriental.
Contou-nos a Excma. sra. D. Anua de Jesús de Sonza
Guimazaeo de Penafiel, o jogo popular de que tractamos, pela
s^uinte forma:
cPoem-se treze raparijas atraz de urna cortina cada urna
dellas, e a máe na frente e depois chega um embaixadór
que diz:
— Manda dizer El-rei de Obudo
Se Ihe manda uma das filhas
Pr *a jonia-la seda toda (1).
€A mfte responde:
Eu nao dou a minlia fillia
Nem por onro nem por prata,
Nem por sangue de alicata,
Poi-la heide meter freirá
No convento de Jesús,
La' le heide por o nome
De Theresinha da Cruz.
€ Ouvindo isto o embaixadór vaese indo embora, muito des-
consolado, mas a máe tem pena e chama-o atraz de novamente,
e diz:
Toma atraz cavalheiro (sic)
Por seres homem de bem,
Levanta aquella cortina.
Pega naquella de além.»
«Depois o embaixadór leva a embora (sic) e vem depois
bascar ouíra, a Máe responde a mesma palavra, elle toma a ir,
e ella toma a chamal-o. e leva a outra, e vae-as assim levando
r l'ma criada, de Lous^ida, repnísentava esta variante em
pp^^;^ —Manda dizer el r^i de Cima d> IVniro se faz sabor (fa£ favor) de
Uie manvUr uma d;is sua^ lilha^, pra jr.nlal-a soda toda.
— 217 —
todas até ao fim. Quando tem levado a derradeira, vém todas
ellas a gritar que mais gritaráo, com o embaixador náfrente
* e com grandes mangas de palha a arder e vem todas a queí-
mar a máe. v
A sra. D. Auna de Jesús, que me narrou este precioso
jogo popular (é evidente que empregámos jogo no sentido de
baile) é hoje quasi nonogenaria; foi ella na sua mocidade urna
figura de um desses jogos na freguesia de Meinedo, no con-
celho de Louzada.
Se no FoIJi-Lo7'e Hespanhól, houvér equivalentes ou va-
riantes, que nos possara elucidar sobre a genese dessa valiosa
amostra do genio popular, certamente os mineiros das riquezas
tradicionaes dessa formosa parte da peninsula se apressaráo
a tórnalas conhocidas dos que estudam e trabalham nesta faina.
E' isso o que temos em vista, publicando em urna revista hes-
panhola esta communicagáo, desataviada de commentarios. E'
assim, parece-nos, que se podem obter dados assaz seguros,
para se poder entrar no terreno da critica comparativa.
Joaquín de Araujo.
Porto, Agosto, 82.
LA NIÑA DE LOS OJOS NEGROS
(JUEGO INFANTIL)
La creencia de que el juego conocido ordinariamente en-
tre las niñas con el título que encabeza este artículo tiene en
el fondo algún parecido con el portugués, descrito antes por
el folk-lorista lusitano Sr. Araujo, nos mueve á publicarlo
aquí para que nuestro, distinguido amigo pueda estudiar por
sí las analogías y diferencias que existen entre ambas com-
po.siciones infantiles, acaso referentes anibas, aunque hoy no
N-\ c 4
— 218 —
tenemos datos suñcieates para probarlo, á la ¡lersisteni'ia i
una antigua costumbre nupcial, manifiesta en la escena del
juego español, que pudiéramos titular del rapto. Por lioy, y
mientras nuevos datos no vienen á justificar esta simple pre-
sunción nuestra, vamos á limitarnos á trascribir la versión
del juego tal como la redbimos de una de las niílaM mayores
que formaron los grupos representados en las taijetas íbto-
griíflcas de que nuestro querido y bondadoso amigo, el entu-
siasta folklorista, Sr. D. Al^andro Guichot, dio cuenta ea
nna de las noticias del número anterior de esta ilevíats. ]
aquf la versión:
■Colócanse varías niñas en liilera, sentadas en e
una eatre las piernas de la anterior, á la qne vnelve naturalmenle
la espalda: la última de la GlaLace el papel de madre, y las demás,
en número indeterminado, son sus hijas. Adi eolocadaB, llega UD
í, que hace de embajador, entre el cnul y la madra, M
entabla el diülogí
EMKUAnoR,
uiente;
ElIBAJU>OR.
Kadbe,
L* niSa,
£m»uador.
L/i niSk.
Ekbajidob.
De Francia vengo, seíiora,
De? un pulido mercader,
Y en el camino me hnn diclio
Cuántas hijas tiene usted.
Tenga las qu9 tuviere
Con ellas me quedare,
Con el pan que yo comiere
Comerán ellas también.
A Francia vuelvo enojado.
Vuelva, vuelva, caballero.
No sea usted tan descortés,
De las hijas que yo tengo
Escoja la más mujer.
Esta escojo por esposa,
Por esposa y por mujer.
Me lia parecido una rosa
Acabada de nacer.
Levanta rosa (dirigiéndose ii la niña que está al lado.)
Estoy enrosada.
Levanta clavo.
Estoy enclavada.
Levanta clavel.
Ahora sí que me levante (1).
(1) Véaso la versión ijue de este romance puhllca en el .
tfeulo de eate número nuestro querido amigo «t 8r. I>. 1<uIb Pl
RuU.
— 2lí) —
El embajador ó los embajadores, porque á veces son
dos los nifios que hacen este papel, se llevan á la niña que
está delante y la ponen á un lado, y así con todas, á excepción
de la última que es la niña de los ojos negros.
Cuando la madre queda sola con ésta, las demás niñas
forman un corro y las que hacen de embajadores cojen otra
niña y van adonde está la madre, diciendo:
Embajadores. — De parte del Bey aquí vienen los tres luceros
por la niña de los ojos negros.
Madre. — La estoy lavando.
Embajadores. — De parte del Bey aqui vienen los tres lu-
ceros, &.*
Madre. —La estoy peinando.
Embajadores.— De parte del Bey, &.»
Madre.— Le estoy poniendo la camisa.
Embajadores. — De parte del Bey, &.*
Madre. — Le estoy poniendo las medias.
Embajadores. — De parte del Bey, &.*
Madre. — Le estoy poniendo las enaguas.
Embajadores.— De parte del Bey, &.*
Así sigue el juego, contestando la madre, que se halla ocu-
pada en poner á su hija los zarcillos, collares & a En esto, la
madre se queda dormida, y los embajadores, que hacen el poé-
tico papel de luceros mensajeros, se acercan á la niña de los
ojos negros y le dicen: Niña, vente que el Rey te llama.
Entonces la niña llama á su madre; pero los embajadores
empiezan á maullar como si fueran gatos, y la madre dice:
Zape, (jato. Luego, á ladrar como si fueran perros, y la madre
dice: ylíT(?, perro. Por último, la niña grita: Madre, ladrones! Y
la madre se incomoda diciendo: ¿Quieres dormirte? Dejaitie en
paz, duérmete. La niña se queda dormida, y los embajadores la
cojen y se la llevan con las demás, metiéndola dentro del
corro.
A poco rato, la madre se despierta sobresaltada y sale
corriendo, y al llegar á las del corro, entabla con ellas el si-
guiente diálogo:
Madre— ¿Han visto Vds. á mi niña, la de los ojitos negros?
Todas.— Sí; en la calle de las chinches, ¡ay qué de chin-
ches!! &.*
— 222 —
Muerta osbi, qua yo la vi.
Cuatro condes (?) la llovabaQ
Fot laH calles de Madri.
LaB señales de su cuerpo
Bien te las puedo decir:
La garganta de alabastro
Y 1d3 dientes de mar£1;
Y el paño que la cubría
Era un rico carmeai.»
— «Que este muerta,
Que esté viva,
A verla tengo de ir;»
Al sttbir una escalera
Una sombra vi hscia tní,
^'No te asustes dueño mió,
No te asustes tú de mi,
Quo soy tu esposa querida
Qu' he venido aquí ú «tori.t
— <íji eres mi esposa querida,
Dirige uii beso LúcU mi.i
— "Los labios que te besaban
Los gusanos dieron fin.»
—■Si eres mi esposa querida,
Échalos brazos il nil.«
— •Los brazoB que te sbrazabau
A la tierra se los di.
Cásate, marido raÍo,
Cásate y no estés asi,
lia primer mujer que tengas
Estímala como ú. mi-
La primer hija que tengas
Poule Rosa como & mi.>
Ya murió la tlor de Mayo,
Ya murió la doi do Abril,
Ya murió U que reinaba
Por la corte de Madri.
ACERTIJOS
Nuestro querido omigo ¡h-m^.fdo, eu su preciosa Cotrfeüm^
F.nüjinaa ¡j Adirinatizan, dico hablando de la diferencia quo esistl
entre aquellas dos producciones populares y el ¡icertijo: «El acfr-
tijo puede considerarse como una forma inferior á la adivínao».
más próxima al refrán, prosaica y propensa á la chocarrería, pero
muy apropiisito para mostrar la singular malicia de la rusticidad,
y esos coDOcimieulos, á veces verdaderamente profundos, auqna
— 223 —
en apariencia groseros, que el pueblo adquiere en la constante
observación de los hechos.»
Conformes con esta explicación, vamos á publicar algunos
acertijos y á encarecer su recolección á nuestros consocios, por
ser materia dispuesta para un estudio entretenido.
ACERTIJO.
SOLUCIÓN.
1.°— ¿En qué se parece el rio
al paño?
2.° — ¿En qué se parece la er-
mita al ético?
3.* — ¿En qué se parece el puen-
te á la breva?
4.°— ¿En qué se parece un
sombrero al sol?
5.° —¿En qué se parece el hue-
vo al soldado?
6.** — ¿En qué se parece una va-
ra al Papa?
7."* — ¿En qué se parece el mar
á una Iglesia?
8.' — ¿En qué se parece una
mujer á una gallina?
9,*"— ¿En qué se parece un
huevo al cielo?
10.° — ¿En qué se parece un cu-
chillo á Madrid?
En que tiene orillas.
En que no tiene cura.
En que se pasa.
En que se pone.
En que se bate.
En que hace cardenales.
En que tiene bancos.
En que cría.
En que se estrella.
En que tiene corte.
11.* — Un cántaro lleno, ¿de qué
pesa menos?
12.* — ¿Por qué se apaga una
vela?
13.**— Cuándo Dios cirio á Adán,
¿dónde le puso la mano?
14.°— ¿Por qué entra el perro
en la iglesia?
De agujeros.
Porque estuvo encendida.
En la muñeca.
Porque está la puerta abierta.
ACERTIJO.
16.* — ¿En qué se parece el rey
á la aceituna?
16.° — ¿Eu qui' ae parece el
huevo á unaclioza?
17." — ¿Á las cuántas vueltas ee
echa el perro?
18.°— ¿Porqur- se arrima ol ca-
ballo al pesebre?
En cosa ulugnna.
Eu ninguna cosa.
Á la ultima.
Porqne éste uo so anima al i
baUo.
LoB acertijos que hemos ennmeraclo hasta el 10
suficientes para hacer pensar eu el espíritu propio do observacioii
y agudeza del pueblo, son problemas cuya soluciou depende de la
comparación que haga el preguntado entre los dos tiírmioos que
le presenta el que pregunta: de ellos, los indicados coa los núme-
ros 7 y 8 uo nos parecen tan propios y naturales como loa demüa.
BUS soluciones parecen traillas por ^la caMIo», como 'vulgarmente
decimos; no son tan satisfactorias como pudiera esperarse.
Loe 11 hasta el H tienen e! mismo carácter de problemas y
condiciones de producción que los anteriores; diferenciándose en
que no se fundan eu comparaciones como los del primer grupo y
BUS Bolucionea, por tanto, son mus difíciles y dudosas. Para con-
testar o, los primeros hay que establecer una comparación; para
contestar ú los segundos hay que buscar un porqué; una raion
eipli cativa.
Loa cuatro últimos son acertijos que pudiéramos llamar de
f'f¡ia: muy propios del canicter andaluz que. en su jovialidad y
franqueza, gusta mucho de equívocos, engaños de poca importan-
cia, agudezas y lo que el mismo llama ¡mata y pcrma. Los IS y IC
creemos que han sido hechos expresamente para la oousonau-
cia con la solución formada ya de antemano. El 17 os trivial. Y
loa del genero del 18 son Iob más propensos il la chocarreTía,
que nos habla Demúfilo (1).
(1) Ldb observaciones nnteccdcntes, eutifudanse partí oularíii
á Im acertijos publiendoa, de ninguna manera f;cneralea A toiJc«: niaeh»
mia liabriii que decir acerca de este género de proilucoitio pogiular y no
menos diría por si un» colección de acertijos, en nilniero tal y de til
nera tratados, que biciesen concebir manerne de MgniiMrloe.
M
aeh» i
— 225 --
PREGONES
DE UN VENDEDOR DE MIEL
Tres cuartos medio cnartiyo
De miel de caña,
Que con la paletiya
Se rebaña:
Y quien la come un día
No se r orvi2 (1).
Y boy sabe á merengue;
Y que mañana no vengo,
Qu' anocbe úie lo dijo el amo.
A medida que el vendedor recitaba el pregón, daba con una
paletilla de madera en la vasija de lata, donde llevaba la miel.
DE UN VENDEDOR DE FIGURITAS DE PAN
A cuarto la novia
Y á cuarto el novio.
Quién por dos cuartos
No jace un casorio.
El vendedor que pregonaba lo anterior, llevaba, con otras
mucbas figurillas de pan muy cocido y rodeadas de regañadas unos
muñecos, con plumitas encarnadas en la cabeza, que vendia por
parejas comunmente á los muchachos que tenian dos cuartos j^ara
comprar un casamiento,
DE UN FRUTERO
¡Cuando yo digo el brevero, basta los confiteros me tiemblan!
DE UN NARANJERO
De Mairena son muy dulces
Y también como la miel.
Pues s' ha perdió V armiha
Y ha remo á mi poer.
(1) ih'via por olvida.
K.*» G 5
226 —
DE UN HORTELANO
A quien vendo un pepinito
Verde, derecho y tiernecito.
DE UN LOZEBO
Cazuelas, ollas y pucheros baratos,
Y á dos cuartos platos...!
DE UN ACEITUNERO
Se acabaron las gordales,
Naturales de Sevilla,
Por eso le traigo a usté
Asitunas manzanilla.
DE UN VINATERO
Buen vino y vinagre
Y también traigo yo,
La asituna aliña
Y el rico alcaparrón.
DE UN FLORERO
Pobresita de mi madre
La llevan al hospital,
Y yo pobre de su liijo .
No la puedo amparar.
La viare de los licores
Y estrellitas de la mú
Y á cuiirto rosas encama.
TRABALENGUAS
El que á continuación publicamos afecta una forma muy es-
pecial. Carece de gracejo y es cansado para recitarlo. Apesar de
la dificultad en copiarlo de la pronunciación de una anciana que
me lo dijo, creo haberle dado la forma que le corresponde.
Esta era una viejecita — do fondaniquita, de caraca-
tuita; — estaba barriendo su puertecita — de fondani-
quita, de caracatuita; — vino un fraile de jon,--de fou-
danicon, de caracatucon,— y le dijo:
— 227 —
El fkailk. lUiena viejecita— de fondaniquita, de caracatuita —
¿me quiere usted guardar estaliebrecita,— de fondani-
quita, de caracatuita?
La VIEJA. Si, buen fraile de jon, — de fondanicon, de caraca-
tucon.
Y la liebrecita— de fondaniquita, de caracatuita, —
la metió en un arquita— de fondaniquita, de caraca-
tuita.— Y por donde tenía un agujerito— de fondani-
quito, de caracatuito, — se salió la librecita — de fonda-
niquita, de caracatuita.— Vino el fraile de jon, — de
fondanicon, de caracatucon, — y le dijo:
El FBAiLE. Buena viejecita — de fondaniquita, de caracatuita, —
¿me dá usted mi liebrecita— de fondaniquita, de cara-
tuita?
La vieja. ¡Ay!, buen fraile de jon, de fondanicon, de caraca-
tucon,—si la liebrecita— de fondaniquita, de caraca-
tuita,— la meti en un arquita, — de fondaniquita, de
caracatuita,— y por donde tenia un agujerito— de
fondaniquito, de caracatuito, — se salió la liebrecita —
de fondaniquita, de caracatuita.
Se fué el fraile de jon, — de fondanicon, de caraca-
tucon,— y vinieron los frailes de jones, — de fondani-
cones, de caracatucones, — con un palito atrás — de
fondanicás, de caraca tucas, — y dieron una soba á la
viejecita — de fpudauiquita, de caracatuita, — que me
la dojaron muertecita,— de fondaniquita, de caraca-
tuita.
TRABALENGUAS EN PETENERAS
Verdadera antítesis del anterior es la copla que oí cantar,
algo turbio, á una niña de seis años.
No hay quien me ayude á voces,
A decir tres veces ocho,
Ocho, corcho, troncho y caiia.
Caña, troncho, corcho y ocho.
Bendición ú oración jocosa del molinero
ante el costal de trigo.
Nuestro querido amigo y consocio Sr. D. Manuel Poley y
Poley, nos remite de Villamartin, provincia de Cádiz, la siguiente
— 1'2K —
graciosa oración, prometirudoDos oiiviaruoa dos ciicotoe qae úm
recogidos Bobre el desfavorable eonoepto que tiene el pueblo .
de laB tríiM y Bstuci&a de los molineros en aus faenas.
BendJgote. saco,
Y este celeoiin te saco;
Y 8i te -vuelvo á bendecir
Te saco otro celemiu;
Y si me andas con sones
Te manguito hasta los coí,'UJouos.
Como se vü, el objeto de las bendiciones no puede se
piadoso ni mas desinteresado.
MODOS DE PEDIR LIMOSNA.
Si es cierto que el bombre se retrata en sus obras, tambi
debe serlo que el pobre se retrate en su modo de pedir la limosna.
Y en efecto, nada tan apropüaito como esto para distinguir al pobre
vergonzante del de oficio. Hay alguuas formas tan curiosas, ora
por la palabra, ora por la acción, como las que á conlinuacion
trascribimos. Por regla general, el pobre andaluz— bablamos del
do olicio— no es amable ni muy político; bien dice el pueblo, qne
la limosna os pedida por
ElfraricM.íloran'lo:
K¡ íialiaiio, cantando:
Y d mpaTíol, leffañanilo.
Poro como no hay regla sin excepción, tenemos ejemploafl
lo contrario y qne conüísteu en pedir Umosna requehranda, i
es igual, alabando y distinguiendo a la persona & quien se |
Veamos algunos.
El pobre que llega ¿las puertas de las casas, con un palo para
apoyarse y una espuerta para llevar pucheros, comida y mantos
pesperdicioa baila, dice a la voz que hace vibrar la campanilla o
la cancela:
Seilorila, una bi'tiilita limosna que Dúitsr io ptuiará,
y también
Arv Mnrm!.,, ¡^'ci'iurila, ¡¡iiirit iiir ilii i
— 229 —
A las frases Dios le ampare ó Jiennano, perdone por Dios, cou
que se despide al pobre, este repite su petición, diciendo:
Siquiera una cortecita de pan, devotito.
Si se le dá la limosna, se retiran besándola y dando las gra-
cias con porción de palabras estudiadas y siempre repetidas. Si,
por el contrario, no se leda, gruñe sordamente, (si pasa la pala-
bra), ó demuestra su conformidad diciendo, «otro día será.i En al-
gunas ocasiones, el pobre se detiene rezando, con tono lastimero
y dando profundos suspiros: en otras, uno ó dos niños cantan
acompasadamente coplas que aprenden de memoria (1).
El pobre transeúnte se detiene en la calle con el sombrero en
la mano, 6 la mano abierta si es mujer, y dice:
Una limosna para un pobre trabajador, que tiene cuatro
hijos y no lo puede ganar»
No es raro ver atravesar las calles algún pobre que pide la
limosna en voz alta, sin dirigirse á persona determinada: por regla
general recitan peticiones lastimeras muy largas y cansadas. He
aquí un modo de pedir limosna, corto y expresivo, en la forma
mencionada:
Tener lástima y caridad d^ este pobrecito , cieyo de un fuerte
dolor de clavos,,,. No dejarme desamparadito, liennanos.
Los pobres que se sitúan en las esquinas de las calles céntri-
cas y concurridas, en las puertas de las iglesias, etc., dicen:
Devotito, un ochavito por el amor de Dios.
y también:
Esas almas piadosas y caritativas; una limosnita á este
pobrecito desvalido y desconsolado que no pxude trabajar.
Hay ciegos que, hincados de rodillas y con los brazos abier-
tos, no cesan de pedir, recitando palabras tras palabras sin enla-
zarlas de un mismo modo: así es, que á cada momento formulan una
petición, expresada de distinta manera que otras anteriores. El
ciego que está sentado en un banquillo de cuero,, dice á menudo:
La Virgen del Carmen le acompañe y le conserve la vista y
la salud, devotito, que no lo puedo ganar.
(1) Cuidainus de recoger esas canciones.
— 230 —
Durimto las primeras horas de esas nncliea l'rias y lluvia
del invierno, se tú en Iob riuconcB de las eailes na grupo informo y
envuelto por la oscuriduit, compuesto de una mujer, ú hombre, ^uc
procura abrigar coa su cuerpo á doa ó tres niüos, que dnormea
Bobro una destrozada estera ó paño, y ae oye una vob débil y i
e^oucba de unos labios tréraulos:
Jlenmiiitoí, compadecerse de estos ilfsgraciaditt
cilm de liamhro j/ fiio, Pamiti un ucharito liquitra f
cnmprar uri bollitti líf pan,
Y, por último; ea común que ol transeúnte veo dirigirse h
él un cojo, gne en el caso á que nos referimos, es, á ^
hombre robusto, buen mozo, vestido con limpieza, y con el big
y la barba cuidadosamente afeitada, resaltándole dos espesi
negras patillas. Este cojo, extiende la mano, enseña la pierna ■
formas que lleva al descubierto,— cuyo examen Lace pensar eii íi
grilletes y cadenas de los presidios, —y dice con sonrisa plácente
y viva mirada:
CabaUcro, IHos le amuric rea /icriinina saliul ij e¡
y también:
Viüyaiiie Dio», madre mía, no te jiai
i/racia que Dios U ha dada •/ de alffutu
'wmtla.
Sin que consideremos 1a mendicidad en Audalucia como nnl|
ílejo de la que nos desoribe el inmortal Víctor Hugo, hablando 3
Itriiw de hi llam¡ia, la Cnrte lic ío» MUaijro», ni tampoco oomo cosa
baladi que sólo merece atenderla con una limosna y no prestarle
atención, oreemos que los folk-loristas deben estudiar, b^o loa
distintos aspectos en que se presenta, osa parte de la sociedad qna
empezamos ti dar á conocer ligeramente, en una do sus muM>ns
de exleriorUaise, en los modos de pedir limosna. Nuestro ijuerído
amigo Demójito emprenderá , con nuestro modesto concarso.
aquella tarea.
231 —
bibliografía
EUGENE ROLLAND.— Faune populaire de la France.— JVbms
inilg aires ^ dictons, pi'ove^'hes, contes et superstitions. Tom. i. — Les
mammiferes sauvages (¡n 8, p. rs'-176)-1877; tora. ii. — Les oi-
seaux sauvagres (in 8.° p. xv-421)-1879; tom. in.— Les reptiles,
les Poissons, les Mollusques, les Grustacés et les Insectes
(in. S." p. xv-365)-1881; tom. iv. — Les mammiferes domestiques,
p^-emiere partíe (in 8.** p. xii-276)-1881; tom. v. — Les mammiferes
domestiques, deuxieme partie (in 8.° p. vi-204)- 1882.— París, Mai-
sonneuve et C* Libraires-Editeurs.
Con el sexto tomo titulado Les oiseaux domestiques et la Fancon-
neri€j hoy en prensa, pondrá término á su excelente trabajo nuestro
distinguido amigo y consocio el Sr. D. Eugenio RoUand, fundador,
en unión con el Sr. D. H. Gaidoz, de la acreditada revista Melu-
sine y autor del muy lindo librito Devinettes de la France de que
hemos tenido ocasión de ocuparnos en otros artículos, comparando
las adivinanzas italianas y francesas con las nuestras.
El sólo título de la obra y el merecido crédito de que disfruta
su autor, declaran desdo luego la importancia de los tomos publi-
cados, encaminados á mostrar una de las infinitas fases del Folk-
Lore, ciencia cultivada y entendida hasta ahora en los países lati-
nos mas bajo el aspecto literario y artístico, que bajo el científico y
naturalista. Las ciencias llamadas físicas, como las conocidas vul-
garmente bajo la denominación de morales y políticas, tienen mu-
cho que aprovechar en esos conocimientos vulgares que constitu-
yen reunidos el Saber del pueblo: conocimientos empíricos en la
mayor parte de los casos; pero sumamente utilizables no ya sólo
para el artista y el hombre científico, sino para el comerciante é
industrial, y aun para los hombres políticos, llamadospor los pues-
tos que ocupan á desenvolver las fuentes de la prosperidad pú-
blica, aprovechando para ello las naturales riquezas del suelo por
nadife más prácticamente conocidas que por la gente rústica. En la
seguridad de que un elogio, ni una censura nuestra podrían influir
— 232 —
en lo más lalnimo eu el juicio qne ya lia rotmado toili
de la obra que nos ocupa, y meros propagandistas, vamos n. li-
mitarnos n llamar la atención de nuestro digno amigo y de todos
los folk-loristas (pase esta palabra ya que le han dado carta de
naturaleza en Italia, Francia y Portugal hombres tan eminen-
tea como Pitrú, el conde de Puymaigre y Z. Consiglieri Pedroso)
sobre las ventajas que la misma industria podria reportar do
estudiar los couocimientos vulgares de cazadores y campesinos
respecto á las condiciones de vida, de alimentación, aclimata-
ción y de propagación de ciertas especies animales, cuyas carnee,
píeles, dientes y productos de todo genero constituyen la pri-
mera materia de numerosas industrias. Sabido es do todos los
andaluces los rendimientos que produce anualmente la cogida de
ittominoM eu los cañaverales de Yillaverde (pueblo de la provincia
de Sevilla): el sinnúmero do i»rzaleB (míis de 30.000) que mataron
los cazadores sevillanos esta primavera en una dehesa de Sanlúcar
la Mayor, (provincia de Sevilla) y lo fucil que sería la propaga-
ción de riquísimas iruehat en las agutis dd rio Iluezna y del Bior,
riachuelos que riegan y fertilizan parte de las provincias de Bad*-
joz y Sevilla.
Ocurriráse acaso k algun lector benévolo, al fijar sus ojohí
estos renglones, que hemoa abandonado por completo nnea
tarea y que nada le decimos del libro del Sr. KoUand de qne I
biéramos ocuparnos; mus ea el caso que la obra ha sido ya jil
gada por personas más competentes que nosotros; que el Sr.
tré en su Archivia per lo iludvy iMIe trailhioni ¡lopolarí y el mifll
señor Oaidoz en la /ícfti? <^elUqiie, se han ocupado ya exte
mente de ella, conviniendo limbos en su importancia bajo
puuto de vista: el liugiu'stico (noms vulgaires, díctons) y oln
lógico (proverbes, contcs et superstiuns.) La denominaaion de I
especies anímales, no ya en los principales dialectos francea
provenzaj, beearncs, languedociano, gascón, lemosino y normando,
sino eu otros idiomas y dialectos neolatinos, es de snma imiior-
tancia páralos filólogos. Los mismos ceitologos, segnu nos indic*
nuestro ilnstre amigo el 8r. Qaídoz, encuentran también i
riales de estudio en esta obra, v. g., en los cuatro nombres b
tones dados á la alondra: Alo'lwiirdir, FeíitrtU, hoilwe'k y //«i
Los mitólogos y mítúgrafos tienen en las superticiones y eaei
pnblicados en estos libros, materiales abundantes par« s
bajos.
— 233 —
En la clasifícacisn, el Sr. Rolland ha aceptado el método
lÍDDeano con preferencia al usado por el ilustre Angelo di Guber-
nati que divide los animales en: Animales de la tierra ^ animales del
aire y animales del agua: clasificación, aunque menos científica,
más adecuada acaso al aspecto mitológico bajo que estudia á
aquéllos.
Aquí terminaríamos la breve noticia que nos propusimos dar
de la excelente obra del Sr. Bolland, sino quisiéramos antes feli-
citar al autor francés, con el Sr. Pitre, por su laboriosidad y la no-
ble lealtad con que declara al principio de sus libros las fuentes
consultadas: del número de éstas podrán juzgar nuestros lectores
con este solo dato: las citadas en los dos últimos tomos publicados,
ascienden á dosci^itas veintiséis.
A continuación trascribimos el juicio critico que el distin-
guido folk-lorista italiano Sr. Salomone Marino emite, en el Ar-
chivio per lo studio delle tradizioni pupplarit sobre el primer toma
de los Cantos populares españoles^ recogidos y ordenados por nues-
tro querido amigo Sr. Rodriguez Marin.
«Con viva satisfacción hemos visto publicada una Colección de
acantos populares españoles^ completa como ninguna de las que la
»han precedido y hecha con aquella amplitud de miras y criterio
vcientifico que hoy tenemos derecho á exigir de los folk-loristas
nffolk-loristif dice el texto). Con tan rico material, que ocupará
»cinco gruesos tomos, el Sr. Marin presta un gran servicio, no
•sólo á la literatura de su patria, sino á los estudios populares de
»todos los países; porque reunidas, con fin científico, todas aquellas
•producciones que, en colecciones hechas con simple objeto lite-
•rario y estético, hablan sido olvidadas, el trabajo resulta suma-
emente precioso para el conocimiento íntimo del pueblo español y
•el de sus usos, costumbres, virtudes y prejuicios que podrán, de
•hoy en adelante, compararse utilisimamente con los de otras
•naciones.
ȣ1 animoso Sr. Marin, como los colectores de otros paises,
•ha tenido que vencer muchas dificultades para llevar á cabo su
•obra, sin incurrir en los defectos de otras anteriores; cosa que,
— 234 —
■como puede Euponerse, ha requerido un gran trnLajo crítico [i
•buscar los materiales, escogerloa. ordenarlos é iluetrarloB. Eu k
•clasificación ha adoptado como base ilas épocas de U vida Un-
•mana á que común y ordinariamente se refieren las canciou
■Pero comprendiendo rápidamente los obstriculos con que, Íl
■dado este sistema, tiene que luchar, añade: 'Los cautos amon|
•corresponden ciertamente á época marcada de In vida del 1
•bre; pero, ¿tiéoenU, por ventura, las oraciones y las adivinaail
■¿Tiénenls acaso las coplas meramente históricas, las tradici
•les, las geográficas, las de profesión u oficio? N/i, sin duda algí
•Además, ¿en qué grupo se han de incluir muchas que contJN
■no ya sólo un afecto determinado, sino otros elementos oorresf
•dientes á estremoa no comprendidos entro los de cualquiera e
■ficacion que se adopte? ¿Cúmo aquilatar los distintos s
•esoB cautos, para dar preferencia al mus saliente?* ¥ deapuú*
•algunos ejemplos, el autor ccmtiniía: lA falta, pues, de una 1
■completa de clasificación y de medios seguros para distiiigníel
•cada caso el cariicter mus caliente de la producción populai
iprocnrado, en cuanto il lo segundo, salvar con detenido exámel
■dificultad; y en cuanto li lo primero, atenerme cu lo posible i
•propósito de considernralpueblocomo un solo imiividao jsoui
t& esta idea todos aquellos cantos que por su modo de ser no WÉ
■chacen abiertamente.
•Asf, he dado cabida en el vol. i á las Xanot o eoiilat dr eurrn,
■de que es objeto, ya que do sujeto, el niño reciennacido; las g
•gucn las fíimas iii/aiililes; las Atüvinanirm, ejercicios intcleotoi
■qoe aunque se practican en la edad viril, corresponden mus p
■cipalmeute ii la primera juventud; lo mismo acaece con las t
tcione*. que por lo general, se aprenden durante la uii'iea, siqi
■ge repitan hasta llegar al borde del sepulcro. En cuanto á los t
ijimiii/nivaíinuH, resabios curiosísimos de civilizaciones primitiJ
•una razón de analogía me lia resuelto ú darles cabida ni lado j
•las Orañont»: no creo que para ellos se podría hallar lugar a
■oportuno en el resto de la obrn.>
«Las Copina de runa, las Uinis» iiil'antileí, las Adirínansat, ]
lOraeionn de este tomo, en número de 1.072, sin contar laa I
•chas coplas do que se hace mi-rito en las notas, ostáu ámpUá^
•doctamente anotadas é ilustradas con aquellas disqniaicioues lin-
■giiíslicas, históricas, etnográficas, mitográficas, etc.. que eran ne-
,s y con las analogías que el autor ha sabido euooDtcw tn
— 235 —
)»Ias colecciones de cantos de los diversos dialectos españoles y en
)»las de Portugal, Francia é Italia. De las provincias italianas
•figura en primer lugar Sicilia, cosa no digna de extrañarse si se
utiene en cuenta que la Isla fué provincia española durante tres
•siglos, derivándose de este contacto la comunidad de leyes, cos-
•tumbres y usos; á las citas sicilianas del Sr. Marin podriamos
»añadir otras muchas si dispusiésemos de espacio para ello. Entre
»las notas debemos señalar como interesantísima la noticia de la
»obra inédita de Eodrigo Caro, intitulada Días (jeniales y lúdricos
)»y trascripción de uno de sus capítulos, págs. 17-39; y las Varías
itríinas infantiles del sujh XVII, y ahjunos lisos y ceremonias de los
^muchachos en la actualidad, págs. 175-184; en toda la obra el
«ilustre recolector lia dado muestra de un estudio y diligencia
•poco comunes, ilustrando juegos infantiles, describiendo usos,
•señalando creencias y supersticiones, que tienen una admirable
•correspondencia con los juegos, usos, creencias y supersticiones
•de tantos otros pueblos y países, antiguos y modernos.
•Baste por hoy con este breve anuncio de tan importante
•colección; de ella volveremos á ocuparnos cuando salgan los otros
•volúmenes, lo que será pronto, hallándose ya los materiales dis-
•j)uestos y entregados á su editor, que tiene ciertamente interés en
•darlos pronto á luz; ácuyo editor enviamos también nuestra feli-
•citación por la bella y digna vestidura con que ha querido ador-
•uar esas páginas, en las cuales, como dice muy bien el Sr. Ma-
•rin, «irradia hermosísima luz la poderosa fantasía colectiva de
•mis compatriotas y palpita, vivo y ardiente, el corazón de un
•Pueblo tan noble, tan sensible, tan glorioso y grande como el
•Español.^
Por 1a sección,
Demófilo.
'^tP$:xi;üCsi^:r'"D^-
— 23G —
NOTICIAS
FoLK-LoRB Frexnensb.— Esta sociedad, que tiene ya en prensa el
primer número de su Revista, ha circulado por toda la región Extre-
meña y la Andaluza, el siguiente interrogatorio, que trascribimos á nues-
tros consocios, excitándoles á que comuniquen á dicha Sociedad las
noticias que puedan adquirir sobre los extremos que se preguntan;
pudiendo nosotros desde luego manifestarle que el distinguido folk-
lorista portugués, Sr. Leite Vasconcellos, posee una versión portu-
guesa del romance que comienza Ya viene don Pedro, que no inserta-
mos en este número por falta de espacio.
Hó aquí el interrogatorio:
t Investigaciones para el archivo del Folk-Lore {Saber popular) extremeño
Hay un romance popular que empieza:
Ya viene D. Pedro
De la guerra herido,
Viene con el ansia
De ver li su liijo, etc,
¿Quién podría remitirnos alguna versión ó variante de dicho ro •
manee':' Lo agradeceremos.
La rivalidad que siiele observarse entre los pueblos «jue están
muy próximos entre sí ó (jiie se creen iguales en importancia, ha dado
origen á ciertos dichos locales enderezados á deprimir, las más de las
veces injustamente, las cualidades respectivas de sus habitantes.
Por una reacción contraria, el pueblo zaherido, en desquite de las
diatribas que su rival le dirige, inventa otro dicho para encomiar sus
])rop¡a8 condiciones ó las de sus gentes. También ocurre que estos elo-
gios son la expresión de un juicio imparcial, ya generalizado.
Ejemplos:
— De Osuna, ni la luna.
— De Morón, ni el 00I.
- (íranaino, ladrón fino.
(¿uien no ha visto á ^Sevilla
No ha visto maravilla.
— 237 —
Ahora ))ien, en Extremadura existen muchas frases y dichos locales
por el estilo de los apuntados. Agradeceremos á las personas que ten-
gan noticia de ellos que se sirvan enviarnos los que conozcan.
También deseamos recoger refranes de agricultura y meteorología,
tales como estos:
(De agricultura.)
El barbecho de Enero
Hace á su amo caballero,
Y el de antes
Con guantes.
(De meteorología ó pronósticos del tiempo.)
Si hay barra en el Guadiana
Agua habrá por la mañana.
Nos prestarán gran servicio los que nos envien refranes de esta
especie.
Dirigirse á la Secretaria del Folk-Lore Frexnense, Corredera 2,
Fregenal. »
El Sr. D. Matías R. Martínez, presidente de la sección del Folk-Lore
Frexnensc, en Burguillos, nos anuncia tener recogidas varias costum-
bres religioso-populares de dicho pueblo, con más, los nombres vul*
gares de todos los sitios de aquel término municipal, á los cuales acom-
pañan variedad de leyendas, canciones y notícias históricas á ellos re-
ferentes. Todos estos curiosos é importantísimos materiales están lla-
mados á ver, en breve, la luz pública en la Revista del Folk-Lore Frex-
nense.
Con el título El Folk-Lore y publica el tercer número de la exce-
lente revista italiana Archivioper lo studio delle tradizioni popolari, un
extenso y bien escrito artículo, del distinguido autor francés Mr. Ville-
raory, acerca del inmenso movimiento folk-lorista que existe hoy en
toda Europa, dando cuenta al mismo tiempo de la determinación adop-
tada por los folk-lorístas franceses de celebrar un congreso en París el
año venidero.
— 238 —
La Folk'Lore Society de Londres acaba de dar á la estampa, per-
fectamente impreso, un tomo que contiene los siguientes trabajos:
Investigaciones acerca del libro de Sindibád, por nuestro ilustre
consocio honorario Domenico Comparetti. Una de las partes de tan
concienzudo cuanto importante estudio, es el Libro de los Engannos et
los Asayamientos de las mujeres, del infante D. Fadrique, publicado
en castellano y seguido de la traducción inglesa.
Una colección de treinta Cuentos populares portugueses, recogidos
por nuestro distinguido consocio honorario Sr. Consiglieri Pedroso,
traducidos al ingles por la señorita Henriqueta Monteiro, con una intro-
ducción del célebre recolector de los cuentos populares rusos W. R. S.
Ralston.
También hemos recibido los números correspondientes á Junio, Julio
y Agosto de la Revue des Langues Romanes, publicada por la Sociedad para
el estudio de aquellas lenguas. Los números 40 á 45 del boletín mensual
de la Asocia^cion catalana de excursiones, y la Crónica g Reglamento de
dicha Sociedad, con la cual so ha pnesto la muestra en relación, por
tener ambas fines comunes.
*
£1 digno presidente de la Sociedad antes mencionada, Sr. D, Ra.
mon Arabia y Solanas, nos ha remitido tres preciosos folletos que se
se ocupan de sus excursiones al Montseny, Luz y Gavarnie y Sauta
Maria del Estany. De estas descripciones nos ocuparemos con más
detención.
:•:
Hemos recibido el tercer número del Archivio per lo studio delle
tradizioni popolari, en cuyo sumario, que en nada desmerece de los
anteriores, encontramos á más de la bibliografía del Sr. Salomone-Marino
que insertamos, un extenso y excelente artículo crítico del Sr. Pitre, sobre
la obra Poesía popular y Literatura y Mitología celto-hispana del labo-
rioso profesorde la Institución Libre Sr. D. Joaquín Costa; artículo que
daremos á conocer á nuestros lectores en el próximo número, ya que
circunstancias agenas á nuestra voluntad nos han impedido ocupamos,
antes de ahora, del trabajo de nuestro compatriota.
* *
Nuestro amigo y colaborador, Sr. D. Joaquin Leite de Vascon-
cellos, distinguido folk-lorista portugués y alumno de la Escuela Mé-
dica de Oporto, acaba de dar á la estampa, con el titulo de Tradi^óes
Populares de Portugal, un precioso volumen en octavo de 320 páginas.
— 239 —
primero de la Bibliotheca Ethnographica Portugueza que publica, im-
preso en la librería porttienae de Clavel y C* de Oporto, donde se halla
de venta al precio de 600 reís.
£n uno de los próximo números nos ocuparemos de este inte-
resante libro, que contiene, á más de la introducción, los siguientes
capítulos: Los Asiros. — El Fuego y la Luz y la Sombra. — La Atmósfera,
— El Agiia. — La Tierra. — Las Piedras. — Los Metales. — Los Vegetales.
— Los animales. — El Hombre y la Mujer. — Seres Sobrenaturales.
*
Entre varios libros y folletos enviados por sus autores á algunos
socios facultativos de esta Sociedad, hemos tenido ocasión de ver los
siguientes, cuya lectura recomendamos á nuestros consocios:
Della Fratellanza dei popoli^ nelle tradizioni popolari, de Angelo
Dalmedico.
Una novellina popolare Mimferrina. Quattro novelline popolari
Livornesi. La leggenda indiana di Nala. L' uomo nella Luna^ del repu-
tado profesor de literatura en el Real Liceo de Volta, en Como, (Italia),
Sr. D. Stanislao Prato.
As Matas. — Dictados tópicos. — Os amuletos. — AsMoiras. — Estudo
Ethnographico, folletos del Sr. J. Leite de Vasconcellos.
Aus dem südslavischen Marchenschatz, del sabio bibliotecario de
Weimar, R. Kóhler.
Le novelline popolari delV Italia meridionale, de W. Kaden.
La Tinchina delV alto mare, del ilustre Pitre.
L' acqua tofana, folleto del Sr. Salomone-Marino.
Festa di S. Floriano martire, in Jesi, del distinguido folk-lorista
Sr. D. Antonio Gianandrea.
Indovinelli popolari Siciliani, de Mattia di Martino.
Saggio di giuochi e canti fanciulleschi delle Murche, por Nazareno
Angeletti.
Contes des marins, precioso libro de la colección de Cuentos po'
putares de la Alta Bretaña, por nuestro digno consocio Mr. Paul
Sébillot.
Basque legends, curioso y elegantísimo tomo del Rev. Wentworth
Webster, con un ensayo sobre la lengua vascongada por M. Julieu
V'inson.
La Folk'Lore Society, de Londres, en su última sesión anual, oido
el informe de una comisión encargada de estudiar un plan de clasifica-
ción para los cuentos populares, hallando insuficientes las fórmulas
establecidas por Hahn, ha propuesto la detenninacion de una termino-
— 240 —
login para el estliilio y dcapiíix'ion de ilii^hoa ciifiiloi {1) y (lam (uuIa
UDO de BUB JDcidentea; la compilitciuD de un índice de éstoe, y por di-
timo, el catálogo de todos los cuentos de las cole^i'ioneB impresas, b^o
tin plan común reconocido.
Entre los que lian de tomar parte en este trabajo cieotlGco, flguraa
los eefiores Bayce, Ralston, Laug, Kittt. Clúdd, Wheatley y hnbrook.
Asi lo indica en an bbcpíoh de noticias el ten-er número qae M-
nemoB á la vista del Archivio per lo studio delie fradüioíii jiopttbxrí.
De la revista anterionnente citada toinamoa también las BÍguientea
noticias;
t El periódica sueco Nijare Bidrag tiU Kiiniirdotn um de arensJbi
LandtmaleR ock soeii-et Folklif, ea su último número de Xufienibre
de 1881, publicado con gran retraso, dn il conocer el rej^kmento de U
SOCtKVtSI PARA LOB DIAJ.GnVS V TRADIC10St:8 POl'ULAKt:» DK NonrKii*, js ctial
dará á Idk nn periódico, cuyos núnieroa constarán de dos part««. uiu
desuñada á publicar cuentón, leyendas, cantos populsxes, costumbtVB,
U80B, etc., y la otra, diecrtacioces grauíaticalee y lexicológicas sobtv el
estudio de la lengua. Inútil es decir que Noruega se hallará repre-
sentada en dicho periódico por los nonibres Je uva mitógrafos inAt< iln»
tres como AsbjttroHen y .Moe, etc.
La Societepoiir V Etude des languen ronuineg de Mont|iellier, Ita pu-
blicado el programo del concurso filológico y literario que ha de cp1«-
brarse en aquella ciudad en Mayo de IS83. Entre los preniioa hay uno
dedicado al mejor estudio aobre el dialecto ó lengua popular dct«nni-
nada del medio dia de Francia. (Colección de canciones, cueaton, |iro-
verbios, adivinanza», coniparoc iones populares.) Eatoe textos debrrin
estar exactamente tomados de los labios del pueblo tal como est« loa
dice é ir acompañado de ia correspondiente traducción francesa.
Ai.EJiNnao Guiciioi T Sikhba.
['Hlii imliilirn l>h su niáa aniptiu aentido.
ANUNCIOS
I (Httfvnnuim u>h* U Ponía /mptilar, pof U. UnnilcI iSih y
~]8.— BanelúiM.— Un Ion».— 18&8.
rl>. jMti^niíi Cjwt«. iirofesor de U ¡M'iían-n íttfc— Un tomo
-l'ngs. (VIU. OfK)).~Madr)d.l881.— COrs.
L/itiiN áfl ¡WUii, bintoria amorosa popolor, ordenada i> ílaa-
B por P. Itailri^nGK Marín, «ocio facultaUva líel FM-Luiv An-
" ""—79 pftgü.— Sevilla, FrancUco Alvares y C.*, edi-
rttoi llíirin. «oelt»
III do II yiiff».—
-;lBfll.— Un tomoBnB.-— iliHJpng».— JOrt.
tflfúgmat if AdiríHaMíiu, por 0(]UQcifil>i, atiein fucul-
■ ^Brfaíu*.— Un tomo un B-'-Piga, IWS.- Ro-
" l»nnjHe.— 1«6I).— a pwolw-
ltJhim*nro». por I>eiD<'iñlo. sodo faaulUÜVO
(.— Un tomo en 8.'-P«sa. XVIU. 309.—
. 1 fí/Vreenir.— 18ftl.— Una iwseta.
Riin'Onfivi ilt cáfila» flainmfat /u^'iiínrrs, cuni[in»i!lni(
n^i^&Ddáliiotn, por Mannel Jlalmaseda y Giisutvs,
^^^HrioM r1 pt-MJo de una peseta.— laivniuta iln
ETÜla—iesi.
MAPA TOPOGRÁFICO IRADIÉ
DE LA PROVINCIA DESEVIlUB
INTERROGATORIO
rO'S'^'
j:y^-^
J.^íTC''
t^Tt-TERl'i
U*
LOS CORRALES DE VECINOS
(Continuación)
Algunos vecinos trabajan dentro del corral, bien en su
sala, bien en el patio ó en los corredores. Cuéntanse entre
éstos, el carpintero de lo basto y el zapatero renimdon^ tipo que
abunda también en calles y plazuelas.
El zapatero remendon—y dicho se está que el dictado ex-
plica en qué se ocupa — vive á expensas de los vecinos, á los
cuales presta sus servicios á cambio de algunos cuartos. Sién-
tase en su banquilla desde que Dios echa sus luces, como dice
él pueblo, ó lo que es lo mismo, desde que amanece; y en ella,
teniendo delante una desvencijada mesilla, que no levanta una
vara del suelo, mugrienta y lleua de los útiles del oficio, leznas,
chabetas, pedazos de vidrios, agujas, hilos encerados con
pasta, á que por aquí llaman cerote, trozos de astas rellenos
de engrudo y cajas de lata ó cacharros llenos de betún; rodeado
de botas, zapatos, zapatillas, cJuincIas y suelas que da grima
verlas; teniendo á la diestra ó á la siniestra mano un tiesto
con agua, y revestido de un mandil que fué blanco en otros
días, trabaja hora tras hora como un desesperado. Es jovial y
dicharachero, y como si fueran una cosa misma coser y cantar,
canta al par que cose; y habla con el que entra y con el que
sale, y con las vecinas que desde sus salas le contestan á grito
pelado. Suele ser hombre de letras, y en sus ratos de ocio lee
N.» 7
niljj-es
i
í impresos á los vecinos, á quienes estorba
quiero decir, que »o niitejuieii ni la jota, 6 lo que es lo mismo,
que no han pasado por la puerta de la escuela; que vale tanto
como no saber de lectura ni de escritura. Ét es quien lee á las
mozas las cartas que les escriben los novios; y d los bonilireá
curiosos (le saber lo que se liace de la cosa pública, la hoja
suelta que los ciegos, que antes andaban á la limosna, v
ahora por las calles, vociferaudo la lección del texto; y
mujeres que gustan de saber lo que pasa en la casa del v
lo que en las novelas y los romances se cuenta, ea todo lo
creen á pies juntitlas y li puño cerrado, como si fueran
culos de la fé, los que no son sino desatinos relatados por rom:
cisías y escribidores. Él es, por último, el que, en fraude de los
intereses de los pobres memorialistas, escribe cartas il sus
convecinos y les redacta memoi'iales para el seQor cura
parroquia, 6 para iisia el ult-alik', ó para el capitán de la comj
Cuando en el corral viven pocos vecinos, el zaps
remendón se echa al hombro la mesa ó bauqullla y va á
bar fortuna por esas calles de Dios,
Busca los sitios más frecuentados de las gentes
pueden darle trabajo: las puertas de las filbrícas un di
asisten numerosos trabajadores y las inmediaciones dd
cárceles, presidios, cuarteles y mercados. Allí sienta
reales donde la suerte le es más propicia. T en verano, al
eado por los rayos del sol, que aplomo caen sobre su
y— ¡milagro pateutel^no le derriten los sesos; y en invii
recibiendo las lluvias, que le calan bástalos tuétauos,
vientos, que sin piedad le azotan, pasa el día echando
siieliia, enderezando tacones, cosiendo descosidos, reinendau^
y tapando las bocas del calzado del pobre, bocas que. deji-
mesnradamente abiertas, como la de la miseiia, podrían, por
lo anchas, dar tres y raya a las del Danubio, cuando
las del Ródano.
A la puesta del sol vuelve nuestro hombre al coi
llevándose, con los pocos cuartos que ha ganado, un
noticias con que entretener la velada y embaucar ú »\a
vecinos.
— 243 —
IV.
A las diez de la maflana el corral queda entregado á
las mujeres y á los pocos vecinos que en él trabajan; y salas,
patios y corredores son el teatro de los juegos y diabluras de
los muchachos que, por su corta edad, no pueden aplicarse á
ningún oficio y, como dicen sus madres, no sirven todavía para
ayudarles á ganar el pan, sino para «achicharrarles la sangre, »
no dejar títere con cabeza y revolverlo todo.
Estos, casi abandonados niños, corren y saltan de aquí
para allí, sin zapatos ni medias, y cubiertos hasta cierto punto
por astrosa ropilla; se burlan de los fríos del invierno y de los
calores del verano; se revuelcan por los charcos en las maña-
nas crudas de Diciembre y Enero, y reciben de plano los rayos
del sol en las caliginosas tardes de Julio y Agosto; y ¡cosa
rara! están tan sanos y colorados que da gusto verlos.
Campean por su respeto desde que Dios amanece. Las
pobres madres no los tienen á su lado, porque no se puede
repicar y andar en la procesión; esto es, trabajar sin descanso
para ganar el sustento y cuidar de losniños. ¡Harto hacen con
atender á los que están en mantillas y á los que todavía an-
dan á gatas, cuando no hay una vecina caritativa y desocu-
pada que se encarga de los hijos mientras la madre lava ó
plancha! Y cuando las madres trabajan fuera del corral ¿se
han de quedar encerrados los niños en las salas, como prisio-
neros en sus oscuros calabozos?
«Al patio ó á la calle; á volar por ahí, y dejadme el alma
quieta,» dicen por la mañana las madres á sus hijos; y éstos,
contentos como unas pascuas, comiendo un mendrugo de pan,
que para ellos es una golosina, salen como bandadas de pájaros
que dejan sus nidos apenas el sol alumbra, para volar por esos
mundos de Dios.
Unos se quedan en el corral; pero los más se dispersan
por calles y plazuelas, y todos pasan el día diableando.
— 244 —
Sus juegos suelen ser peligrosos, y es frecuente el i
acaben en llanto.
De los rauchachos del corral algunos no sabráii jugar
ú la cJiapfi ó al che v. gr.; pero todos juegan perfectamente
a( toro y tí !a pedrea, remedos que en lo posible se acercan
á la realidad de las luchas íiel hombre con la fiera y las ba-
tallas del hombre contra el bombre.
En el juego del toro uno de los muchachos, el más ligero
de piernas y el de peor intención, hace de hirho. Para que la
ilusión sea completa, se pone en la cabeza y la sujeta con am-
bas manos, una tabla á que llaman conmiuenta. en que están
clavados un pedazo <le corcho y dos astas de carnero ó becerro.
Otro muchacho, el más valentón, hace de matador, y se vale
para lucir su destreza de niia espada de palo, terminada en
aguzada punta, que alguna vez se clava en la cara del niño-
toro, y de un trapo sujeto á un palo (mulela): cuando no tiene
trapo amano se sirve con muy buen resultado de la chaqueta,
si no de la camisa.
Los más robustos sirven de caballos: nióntause en suit
espaldas los picadores, que suelen serlo los que no temen á los
batacazos y tienen bastante fuerza en los pullos para rechazar
con la mano al codicioso loro que acomete á caballo y caballero
con la sana intención de hacer que éste se apee por las orejas.
Los demás que intervienen en el Juego desempeñan los oficios
de chulillos: corren los toros, clavan bamlerillas en el corcho
ielí cornamenta, yá veces en las manos que la sujetan, y ha-
cen de iiiulillas. La conida se celebra con el mismo orden que
reina en las que se lidian en las plazas de Andalucía. Sale el
alguacil nmulndo á caJiritu á recojerla llave, que no es llave
sino el primer guijarro que encuentra á mano el que sirve de
presidente de la fiesta; después se pasea la cuadrilla luciendo
gorras de papel, adornadas de rizados papelillos de varios co-
lores, y trapos, que suplen por los capotes; los picadores ocupan
sus puestos; uno de los qne juegan imita con lavoK el sonido
del clarín y, á poco, el toro de mPiit'irijUhs corre qae s^i
peladettás de los lidiadores. El muchacho que tiene íma
el papel de toro parodia el rugido de la ñera, mueve ¿ u
— 245 —
otro la cabeza, que es mover la cornamenta, con los pies escar-
ba en el suelo, señal de que el bruto es animal de buena sangre,
y, en una palabra, hace todo lo que hace un toro de verdad. La
suerte de vara ó de pica acaba con la caída de algún picador
que, maltrecho, se retira de la plaza y va hecho un mar de lá-
grimas á contar á su madre lo ocurrido. Tras la suerte de vara
viene la de handcrülas, que da ocasión á los más listos para
clavar en la cornamenta algunos palitroques, quebrar y hacer
otras habilidades. Llega el momento de la suerte suprema. El
matador se dirije al presidente, y con la gorrilla en la mano le
brinda la suerte del Ucho, diciéndole:
, Señor Presidente:
Por usté,
por usía,
que si no mato al toro
que me quiten la vía;
que es el brindis más repetido por los toreros de oficio. Des-
pués de esta cortesía, jío^a de muleta al toro, y cuando lo tiene
á bien, mete la espada por una á manera de presilla clavada
en la parte posterior de la cornamenta, con lo cual da á enten-
der que la estocada ha sido de las buenas. El toro cae redondo
al suelo y espera á que le den la puntilla. El muchacho que
toma á su cargo el oficio de puntillero se acerca al que yace ]en
tierra, y ejerce su profesión clavando un palitroque en el con-
sabido corcho, con lo que mata (i la fiera, de cuyos pies tiran
tres ó cuatro jugadores de los más revoltosos, que hacen las
veces de las mulillas. El juego se repite por el orden que queda
establecido seis, ocho, diez veces ó más; hasta que toros y to-
reros se cansan, ó hasta que ocurre algún lance muy propio del
juego: que el caballo se lastima una pierna ó el picador se des-
calabra, ó el banderillero clava las banderillas en las manos
del toro, ó éste viene á las manos con uno de los lidiadores
que le reprende porque no enviste por derecho, ó porque ^jer^/^rMC)
lo cual, como es sabido, no se le vale.
El juego de \sipedrea, si no tan entretenido como el del to-
ro, es mucho más peligroso. Yo no sé hasta qué punto podrá
ttaMMie áerto JMgv. I» qae ri lé o qoe casi siempre turnan
Miihaihii i jacc* «1 «EriÜra» es bndw, i qae Uamao de
[ iKermj-trií6tm»,amat¡jai^áJmliña j fadroMer,y qae los
[^ ■•MjrlMoCrM.coal a boa loUidoB de ^ércitos enemigos
'fKen el cuipe de batalla je /¿rm 4 mÉter disparando sushi-
[ Mies ■obredanjoraáBenpanhacn'bbiico. se tiran piedrHs
gritaaio: ^_
ipie Díoierii¿
En otros muchos jaegos niTierten sns días de osneto, que
son losdelatlo, losrA¿/«iff<wde ios corrales- Xo todos, sin em-
bargo, viven entregados asas natarales incliuaciones. Padres
liayqae, caidadoso.<< de la edncacíón de sns hijos, los encami-
nan, casi desde el momento en qne saltan de la cuna, por la sen*
da del trabajo; j no faltan madres qne p&ne» á sns hijos en la q
(/a, apenas balbncean las primeras palabras: ;w/w. ntamá,t
cha, tata, etc., y se cuidan muy mucho de qne los mayores ?
yan A la escuela y no hagnn rabona.
La múia y la tsruela son los primeros centros de edu
ción y ensefianza para los oifios del trabajador en los puebloai
Andalucía.
He visto en Sevilla tres ¿cuatro m/<;nsy no lie encontr
diferencia entre ellas y otras ile puebleciüos misérrimos.
Procuraré dar una ideade ese estableciniiento,cuyo nombre
no sé yo si será, corrupción de amiga ó de /tir^íyVi, que todo pudiera
ser; y digo esto, porque en realidad parece como que la n
que está encargada de la iitiga debería de ser la aniit/a de lairi
fiez; y no sería tampoco disparatar mucho, suponer que entres
niílo y la migaja hay no pocas relaciones, tanto más si seo
HÍ;lertt que el piin es el alimento constante del niflo en tiei
de la antigua Bética.
ÜB llama nii¡/a at local donde por uno 6 dos cuartos c
día son admitidos los niños de uno y otro sexo, más qne c
propt^sitode educarlos y despertar su inteligencia, al efectoJ
cuidar de ellos dorante las seis ó siete horas en que sos d
eittáu aplicadas al trabajo. De este importante oficio estad
— 247 —
cargada, según indiqué anteriormente, una mujer [maestra de
la miga), ya entrada en años, la cual vigila constantemente á
los niños que, sentados en sus sillas durante todo el día, no
hacen de ordinario otra cosa que llorar, gritar y comer, como
de dos á cuatro años, que es la edad á que alcanzan.
Si la maestra es celosa de la educación de los niños, les en-
seña, en fuerza de repetirlas, algunas oraciones, y, cuando más,
las primeras letras del alfabeto; pero no suele ser esto lo fre-
cuente.
La maestra se impone á sus educandos. Una caña suele ser
cetro, ó si se quiere su bastón demando. Cuando los niños, can-
sados de estar sentados — empotrados diría mejor — en sus si-
Uoncitos, de los que no se levantan para cosa alguna, ó echan-
do de menos los besos y los cariños de sus madres, ó hambrien-
tos, que todo esto acontece, lloran y se aperrean y gritan como
energúmenos, la maestra dá cuatro voces y agita en sus manos
la caña, y, como por ensalmo, todo queda en silencio: los albo-
rotadores se. acoquinan, como la fiera ante el látigo del domador,
y dejan correr silenciosas sus lágrimas.
A estos niños no se les conceden horas de recreo y el pri-
mer baño de educación, permítaseme la frase, lo reciben de
una pobre ignorante mujer.
Á la caída de la tarde, las madres, que vuelven del traba-
jo, libertan á sus hijos de la esclavitud de la miga.
Luís MONTOTO.
(Continuará)
LOS PREGONES
CARTA AL SR. D. J03K PITRK
Mi distinguido amigo: La necesidad que discurre ella sola
más que cien abogados, me ha sugerido la idea de escribirle esta
carta, con la que pretendo matar, no ya dos, como dice el refrán,
— f4^ —
fimt' nnxíhrx jiincriK ot nn^ sd^ ytfftmni.
ú iTinf a£ carr£f7*i uQfs- it su fiRTiniñi
MUÍ fMtJMiáMTé^ QEfmrÚT M3L
€sl £l psáicáfakl j^ que sclinrmu) loaos
eotD!> i«ccta ¿£ {is>iA corre^ ci)a£zic2&. acMo, cobk» «8 Bmbído por
todos les qi2€ 'úexten }« ¿5c2i& d^ ccooccr s« vmgníñaL BiUitU»,
qmt |:^€Zi£a tisuá miki Áe esttfts iii%jÍaÓMM ^KodmtáoDM en mo
át loe toiDOf T€£Í¿£ra¿.
Poeo, poqiii£Ímo^ pc^ár» ^car en lxm|:<«> de las ideas que bi
desperUdo en im la kct^irm ¿e sa tnbsjo, mtitiüsdo SmlU foa
dá r^ftdúon a«iit^ ¿aa rt. j^to s^ j lodo qmero comonicáreelss, por
tfi en eiis.5 encostran ilgo ziúliiÁble p&im la ol»n que prepart.
5ii2 pim mi, ante udo. Icis pregues como expresión de !•
vida popular. maúriaLlrs tír F li-L:re, de no menos interés qnelos
cantares t rcmarces, las adiTinaxras v refranes, los jnegos infan-
tiles V loB cii€LK5, ¿: q-jiera csia uca de estas producciones teog»
feu valor rírSf»^ctivo y jrcjio.
Bajo el atifcto inuiical, tienen les pregones no menos impor-
tíiLcia q^e las copias de tcdcs gcneros, no sólo por su mayor
variedad v riqueza de iones, si que también por venir á cons-
tituir cada grito crilati . un elemento musical, cuyo valor cientí-
fico no podré yo ciertamente, como imperito, determinar, aunque
hí que forman, á mi juicio, uno de los eslabones primeros de la
ínmerifea cadena que, comenzando en el mas simple recitado, con-
cluye en esas magnificas óperas, gloria y admiración del mundo
artihtico; del parentesco entre unas y otras composiciones no roe
e» licito hablar, seamelo sin embargo, llamar la ilustrada atención
de uhted sobre este parentesco. Respecto al mérito artístico intrin-
hoí.'O de algunos pregones, nada puedo decirle; pero sí, que La
liabido en esta población algunos que han gozado de gran fama,
talen, entre otros, como los de Quijá el florero, de quien me ocnpé
en uno de mis artículos, los de </ J'io tle las Zaleasy los de un vfn-
Uí'dor Je jiejerreiji'H^ el cual, sin mus que cantar,
— 249 —
Y á dos realítoB
Los pejerreyes...!
Pejerreyes
Y qué VÍV08...I
eDcadenaba á tal punto la ateucion y el ánimo de los que le esca-
chaban, que era imposible resistir á la tentación de procurar oirlo
de nuevo y querer uno como fijar y retener para si las caden-
ciosas notas del pregón. Murió este pobre hombre, á quien un
gomoso llamaría el Tamberlick ó Gayarre de los folk-loristas anda-
luces, de una tremenda puñalada que le asestó un vendedor de
berros, con quien sostuvo una violenta riña á navajazo limpio,
de la que resultó, que ambos contendientes cayeron al suelo mal
heridos, siendo conducidos de alli al hospital y del hospital al
cementerio, donde yacen unidos en la fosa coman, después de
haber pasado por la marmórea y fria mesa del anfiteatro en don-
de fueron descuartizados en cumplimiento de la ley, con todos
los primores y requisitos del arte quirúrgico-juridico de la tercera
capital de España. Sírvale este recuerdo de oración al que fué co-
nocido en su triste y miserable vida más que por su propia perso-
nalidad, por la personalidad de sus pregones, bajo el nombre de
el hombre de los peje-reyes,
Quijá era un individuo que pregonaba; el hombre de que nos
ocupamos era un pregón viviente que andaba por la calle vendien-
do pececillos. El hombre ha muerto, el pregón sigue viviendo; pero
solo, triste, viudo, desfigurado, como cuerpo sin alma.
¡Quién sabe, querido amigo, si por ese intimo y natural, aun-
que para nosotros, por la imperfección de nuestros conocimientos,
misterioso enlace de las seres en la vida, los peces celebraron en
las aguas la muerte del desgraciado vendedor de sus inocentes
hermanos!....
Bajo el aspecto deniopsicoUgico son también interesantísimos
los pregones. En ellos luce cada país, región ó comarca, cuando
las tiene, las privilegiadas dotes de su ingenio, y en ellos retrata
siempre sus condiciones de carácter, de impresionabilidad, de fan-
tasía y de agudeza.
Con razón completa, á mi entender, afirma Yd. en el prime-
ro de sus artículos citados que «/os pueblos meridionales^ como más ex-
hnberavtes en imaginación ^ expresivos é impresionables pueden vanaglo-
riarse de pregonar sus mercancías más y mas poética y artísticamente
que otvos;* las figuras retóricas de todo género que en tales compo-
siciones se emplean, figuras que hacen realmente incomprensibles
K.<» 7 2
— 2511 —
los pregones para los extraogeroe, do eou, d mí juicio, notasdiri
ti^nis de estas produccioues BÍno de las coDdtcioues psicológicas d«
los pueblos (¡ae Ihs uebd; lia; pregones que sod verdaderas joyas
bajo el punto de vista qtie ahora los examinamos, y ea esta tierra,
Sevilla, loa hay que son verdaderos modelos de gracia y origiuali-
ánd; V. g. el que oi un din á un vendedor de bocas, coquillos de la
Habana, flores y no recuerdo que otro artículos qae decía: ^^
y otro que eficuchó nn amigo mío hace, algunos meses, ánn vende
dar que ec sitnaba diariamente eu el poyete de la puerta de dde
tienda de la calle Dados (Sevilla) gritando á los que pasaban
po arrobas ío beniiu
refiriéndose i'i unos cartuchos 6 papelones de sal de á medio
gramo pruximamente que constituían su rico alfolí. Kstos, como
otros pregones, quo consisten, en definitiva, en decir un chiste
burlándose de sí mismo y de su propia suerte, chiste al que tam-
poco puede negarse su tintecillo de amargura y auu d<¡ trascen-
dentahsmu, como ahora se dice, son característicos, no ya sólo de
las condiciones del pueblo, sino iivm de las dol individuo qne
emplea, y pueden, bajo este punto de vista, asimilarse áloB/fíi
¡torpes íi oeurreitcias, espcesLonos de la vida popular también
dignas de estudio, por tener un doble valor el lUmoptieolóifieo f-
que pudiéramos considerar más bieu como individual y circunstan-
cialisimo, sí vale la palabra.
El aspecto, sin embargo, más importante de los pregones,
quizás el ijtogrúfu-Q: en este punto, querido amigo, no fie yo si
caré de exagerado, cosa disculpable viviendo en Sevilla desde
tengo cuarenta dias de edad; pero entiendo que una CoitetAoH
hecha de los pregones de todas las comarcas de España, serfi
libro interesantísimo y digno de competir con nuestro Itamm
en ella podríamos ver el catalogo mejor de todas las producci(
de nuestro país, especialmente de aquellas que sirven para mi ali-
mentación; oh ella tendríamos la parte mas interesante déla fauna
y la ílora españolas, indicaciones de alto valor científico para d
oonocimiento de la naturaleza del suelo y de los uUmaa de las
tintas regiones de nuestra Península, con iudíeaciones taml
de mucho precio para et desenvolvimiento industrial. En Bólo
1 sólo de
qae|^^
lien ^^^H
instan-
>nea,^^^^^
ide^^H
srü^^H
ccio^^^l
— 251 —
clase de pregones, acaso la más importante de todas, ó séase en la
que se refiere á los productor naturales, (minerales vegetales y ani-
males) Lallariamos una serie de datos interesantísimos para la
geografía botánica y zoológica. Asi, por ejemplo, el que vende
flores, hortalizas ó frutas, conoce con frecuencia los sitios ó lu-
gares en que estas mercancías se producen con mayor abundan-
cia y son de mejor calidad: los pregones que dicen, v. gr.:
Naranjas de Mairena.
De Gibraleón las vendo— que dtirses.
nos enseñan que Gibraleón, pueblo de la provincia de Huelva, y
Mairena, de la de Sevilla, son puntos riquísimos de producción
de la llamada muy acertadamente la reina de las frutas^ preciosa
perífrasis digna de mencionarse. A esta clase de pregones, cuyo es-
tudio debe á mi juicio, enlazarse con el de los refranes topográficos
de que se han ocupado en Portugal el Sr. Yaeconcellos y en Es-
paña mi queridísimo amigo Sr. D. Luis Homero y Espinosa y el
Sr. D. Fermin Caballero en su linda obrita Nomenclatura geográ-
fica de España, de que daré á Y. cuenta otro dia; á esta clase de
pregones, repito, se refieren los que le trascribo á continuación
por si quiere compararlos con otros análogos italianos de los que
inserte en su obra, con lo cual tendrán un motivo más de mortifica-
ción los atacados de desgano que se vean obligados, por su desgra-
cia, á paladear sólo de fantasía las ricas frutas y esquisitas legum-
bres de las más fértiles comarcas italianas ó españolas; {ojalá que
en esta ocasión, querido amigo, fuera Y. en vez de mitógrafo emi-
nente, lo bastante gastrónomo para desear probar en la mismo
localidad que se producen algunas de los manjares citados en los
adjuntos pregones, en unión del amigo que le dedica estas lineas!
1 Brevas de Almonte.
2 Calabazas de Rota.
3 Melones de la Isla.
4 Peros de Ronda.
5 Peras de Priego.
6 De Málaga ¡que rico boquerón!
7 Damascos de la Palma.... maúros.
8 Membrillos de Zahara.
9 Granas de Alcalá.
10 Papas de Sanlúcar.
11 Higos Malagueños.
12 Castañas de Galarosa.
1
czia Tvfeá^ siso «si sxbnñeJad ée 1» pnmatm cÜAse ó sak
R¿^«s«s A pr>Í2?t >s itfttanks, va iaterés titísuiio, por cninlo
ttos m^estraa la s¿ri¿ de ejQOOBieBfa» q« tiane d que Ttode
sesea ds la nalor&lezj! j caaHdal» de sqm meseaocias; serie ie
ccgccímígDias q:ze forma ima parte de ese ñ^niaiiiio é inagotaUB
tesoro q^ reeogemos con el expreáro j adecuado nombre de Foik'
L/JT€,
Otro aspecto de los pregones, eomo Y. nos enseña en la pri-
mera parte de sa precioso arücalo, es el ttmcfréfeeo^ aspecto que
DO paede menos de reconocerse, según Y. indica, «cuando compt-
ramos estas prodaoeiones eon las de otros pneblos,» dánd<moi t
eonoeer entonces, no solo el régimen alimentieio de cada piii«
asunto muy digno de estedio, sino el estado de sn eoltura y ana
de sn comercio. Pregones hay qae no se refioren á prodaetos nata-
rales como los de hortalizfis, frutas, ares, pescados, etc., etc., sino
á prodaetos ininstriales de diversos géneros, tales como ados de
coser, objetos de quincalla y sustancias alimenticias, compuestas
á su vez de productos uaturales transformados y elaborados porli
mano del hombre, como el queso, el pan, la chacina, el vino, el
vinagre, dulces, tortas, pastas y golosinas de toda especie, según
He indica, entre otros, en los siguientes pregones:
1 Arropías curdobesas.
2 Queso luanchego.
3 Buenos chorizos serranos.
4 De Alcalá de Henares las ricas almendras.
5 Barquillos de canela, barquillos.
O Bizcochos de Mallorca
7 Almendras del Puerto
8 Vino y vinagre
También traigo yo
Kl aguardiente de Uute
l>el más superior.
A estos pregones, cuyos ejemplos pueden multiplicarse á lo
infinito, deben añadirse los que se refieren á los objetos de oso
— 253 —
más diario y frecuente en las casas y á vasijeria, cacharreria,
y otras no menos respetables zarandajas que se venden por ca-
lles y plazuelas. En estos tienen amplísimo campo de investiga-
ción y estudio, no sólo los etnógrafos sino los arqueólogos, y aun
los cultivadores de la ciencia prehistórica: en este grupo al que
pertenecen los pregones que dicen:
1 Sogas de pozo.
2 Aljofifas.
3 Estropajo, arena y polvo de ladrillo.
4 Escobones y escobas.
5 Tallas de la Rambla.
O Torcías y tubos.
7 Loza fina de Valencia. Jarros de cristal y de pernal fino.
8 Aventaores y escobas. Los buenos aventaores.
í) Jabón del bueno niña, jabón del bueno.
10 Cuarenta cerillos por un cuarto.
11 A quien le vendo otra zalea.
12 Niñas, á quien se le orbia la sal pá la oya y er jabón pá labá;
en este grupo, decimos, pueden hallar los arqueólogos y prehistó •
ricos vestigios curiosísimos de la persistencia de ciertas industrias
propias de las civilizaciones pasadas, las cuales necesitamos estu-
diar para que nuestros hijos, más felices que nosotros, puedan
comprender la historia de la humanidad, que es, en su no in-
terrumpida marcha, una cadena análoga á la que en música y
literatura forma el pregón con otras composiciones musicales y
literarias más complejas.
Otros pregones hay en que los vendedores ambulantes ofrecen
al público, no ya sus mercancías, sino sus servicios para ciertas
faenas, como v. g.:
1 Componer sillas.
2 Amolar tijeras.
3 Tarros, tinajas, sangraeras, lebrillos, platos que componer;
pregones, que con los mencionados antes, constituyen las tres
principales clases en que, á primera vista, parecen divididas estas
olvidadas manifestaciones de la vida popular. Hé aquí una base,
que aunque parcial é imperfecta, podría servir para una clasifica-
ción provisional:
a) Mincralee.—E^.: La eal barata, ¿quién quiere la sal?
a') Hnnfoí.— Ej,: Pimientos verdes para asar,
a") Animales. — Ej.: l.apcseá, ¡qué fresca!
B. Prbookes de productos
b) Alimentos.^Ey: Queao de oveja, elque lo quiere lo
compra y el que ao lo deja,
b') Vestido.~Íi.: Medias baratas, pafiíieloe á real,
calcetinee á real ibaratosl
b") Menaje de casa. — Ej,: Casuelaa, ollas y pucheros
baratos, y Á dos cuartos platos.
C. l'nEUOIJES f,DB OFICIOS?
c) E'y. Componer sombíillas, paraguas y abanicos.
Con el cuadrito anterior termiuaría esta ya larga y empato'
gosa carta, aun á riesgo de que viéndolo, recordase algún mal in-
teucionado aquel célebre refrán que dice mai'strii dr todas ñeneim
y oficial tU iiin'juna, si uo quisiese hacerme cargo de otra baee
de clasifioacióo que Vd. ü'^s suministra en su primer articulo ci-
tado, sulle roei dri rtnidiroñ avihiilatiit: me refiero ó. los que ptidie-
ran llamarse prnjonen de estación ñ ntacionaki, con relación il otrot
que son de tudn tiempo: de la división Fundada en esta haee, tam-
bién A mi juicio parcial, podrían resultar indícacianeB preciosas
para la geografía: en efecto, con sólo la ennnciación de los prego-
nes de cada región, en las diferentes ¿pocas del año, podría cono-
cerse el clima de los pueblos comprendidos eu eila.yaun quizás las
moditic aciones que aquél había sufrido duraute un periodo más a
menos largo.
Sin entrar a recordar á este propósito la reciproca influencia del
clima sobre la literatura popular y de ésta sobro aquél, indicada
en el articulo del Sr. Costa, Influencia del abbolado, etc., es lo
cierto que puede asegurarse como indadable, que cada estación
tiene »ub pregones propios, siendo algunos cara ctsristí coa de d^-
tas y determinadas épocas, en tan alto grado, que basta oírlos fl
veK para hacernos comprender que una nDeva estación se apij
xima: uo de otro modo las visitas do ciertas aves, como las e
— 255 —
ñas y las golondrinas, hacen revivir en nosotros un mundo de
tristezas ó alegrías pasadas, engendrando en nuestro ánimo ese
estado de poética y vaga melancolía que todos hemos experimen-
tado alguna vez; estado especialisimo tan artísticamente expre-
sado por el noble pueblo siciliano, cuando llama á ciertos prego-
nes, voci di cattivo lempo.
Perdone, querido amigo, que corte aquí bruscamente tan
larga y desaliñada carta y vea en ella sólo una leve prueba del
sincero afecto y profundo respeto que le profesa su amigo
Q. B. S. M.
Antonio Machado y Álvabez.
P. 8. Por este correo tengo el gusto de remitirle la letra y
música de cuatro pregones de VicentUo el florero, sobrino de Quijá,
que tuvo la bondad de escribirme con singular acierto, ajuicio del
mismo autor, mi querido é inteligente amigo D. Leoncio Lasso de
la Vega: de estos pregones puede disponer como quiera, insertán-
dolos, si gusta, en su excelente Archivio, para que le sirvan de ten-
tación continua de venir á visitar alguna vez esta hermosa tierra
de Andalucía.
PROCEDENCIA BlBLICA DE LOS GITANOS
En la praschah bíblica 5 a ó sección 5.» intitulada Jhaiyé
Sarah, que es el capítulo 23 del Génesis en la versión válga-
la, se lee. originalmente en el sábado primero del mes Tébet de
los hebreos (Diciembre), un pasaje que á mi parecer demuestra
claro el origen de los Gitanos; cuya procedencia tanto ha dado
que pensar á les escritores españoles. Esta historia quiero
consignarla en la Revista del Folk-Lore, en honra y prez del
saber popular andaluz.
Dice el texto que fueron los días de la vida de Sarah
ciento veinte y siete años; y que murió en Quiryath Arbaj
— 2513 —
(ciudad de cuatro), Ma Gebnin, en tierra de Canahán; y
AbraháDi ftié á sepultar á Sarah y á llorarla (1):
«Mas que levantóse Abrahám dea vueltas de su muerta, y
habló i los hijos de Getii diciendo; peregrino y residente yo
entre vosotros; dadme posesión de sepnlcra con vosotros para
que entiene mi muerta por ante mí; & lo cual respondierou los
hijos de Getu á Abraháin, dicíéndole; óyenos, Señor; Príncipe
respetabilísimo eres tú entre nosotros; en lo selecto de nuestros
sepulcros entierra tu muerta; nadie de nosotros te prohibirá
enterrar tu muerta.
«Entonces levantóse Abrahám y postróse ante el pueblo
de la tierra, ante los hijos de Geth; y hablóles diciendo: si te-
neis volnntad de que yo entierre mi muerta por ante mí, oíd-
me é interceded por mí con Jephróu, hijo de Isojar, para qae
me dé una cueva (2) ruituisa propia de él, que está, en
mo de su campo; por plata cumplida darámela enmedio de'
sotros, pai'a posesión de sepulcro,
ra qae .
(1) La palabra hebrea wlikcotaj tiene iinn letra chaphprqwAa 6
sea uienor que loa demás, que notan con gran cuiílaJo loa mtuorrla»,
sin decir eni|>erp qué indicaae aquella particularidad ¿sería para dar A
entender eso que dice nuestro vulgo: dolor de viudo, ihtra poco y diftr
tmtchof
(2) Kl texto original dice en lodoB toa Liidices, exeepb» uno ijup
yo poseo, nutchpelúh que es la dujilicidad 6 la doble, lo uual nada dit-e .i
ea impüBÍble dasentrafiar; inae an «índice origina] que yo UinKO, dicf
maphpeláh, que ea la mina ó ruinosa.- códiue orííñnalieitiio, linico ca rl
mundo que >-o sepa y al decir de loe más famosos t^riticoH Itiólogoa.
Esta fué la cueva que, según mi códice, pidiú Abrahám á los liijoa d«
Geth; no la doble i!i la de la duplicidad, por más quu todoe los «ródirae
del mundo ae empefien en decirlo y loa expositores, lauto judíos TOuio
cristianos, se devanen los sesoa pensando qué duplicidad séWti aquella.
si loa doH campos á que miraba ó daba la cueva, Jephrún Sliinrvti; ai
las dos puertas que en su virtud tuviera la cueva <5 sepulcro que sp pe-
día; hí los doblea [cadáveres que en ella se enterraron, Adán y Kvs ino
consta), Abel y Set (no consta), Noé y su mujer (no consta), Aliroliáui y
Snruli [esto ea lo que se disputa), Yilijach y Rebeca (oslo consta), Ja-
cob y Petera (y esto también); si Hnalmente la duplicidad ae psferin'a
á la dohlo estancia, alta y bajii, que tuviera la cueva (esto uo era dislin-
tivo alguno para designarla; pues que, según los más veríiUcus vú^eroa
de Urienlfl, oUl todos los sepulcros tienen alto y bajo). Queda, puM, t
mi parecer, coiuo más aceptable, la variante mía que dice la niinMO,
pues esto se aviene mejor con la introducción de Abrnhilm^—perperin'i
y residente yo entre vosotros; — un tal peref^rino porecD más nninral
que se conformase cou una oubh iufurior, tlueno fucae ápcdú' jtfJlfna%
como suele decirse.
— 257 —
»Mas Jephrón, continúa el texto, estaba sentado éntrelos
hijos de Geth; y respondió á Abrahám, Jephrm el Gitteo ó gi-
tano; á oidos de los hijos de Geth y de todos los que iban á la
puerta de la ciudad, diciendo: no señor; óyeme: (no señor, oiga
Vd. dice cualquier gitano): el campo doilo á tí, y la cueva que
hay en él, á tí te la doi; á ojos vistas de los hijos de mi pueblo
doitela; entierra tu muerta (tres veces dice Jephrón que le da la
cueva).
»Entonces postróse Abrahám de finojos al pueblo de la tie-
rra, y habló á Jephron á oidos del pueblo de la tierra, diciendo:
pero.... si tú ojalah!... óyeme: (anacoluto) yo doy el valor del
campo; recógelo de mí, y enterraré mi muerta allí. Mas res-
pondió Jephrón á Abrahám diciéndole: dueño mió, óyeme: (mi
dueño, oiga Vd. dicen los gitanos) tierra de cuatrocientos sidos
de plata; entre mí y tí ¿qué es eso? á tu muerta entierra. (Poco
dinero.... dice cualquier gitano hoy) cuatrocientos siclos,=cua-
trocientas pesetas, multiplicadas por cuatro, que era el valor
del sido); entierre Vd. su muerta; (llévese Vd. el borrico, di-
cen nuestros gitanos.)
Mas oyó Abrahám á Jephrón y contó, Abrahám á Jephrón,
(nótese bien esta repetición), el dinero que dijera, á oidos délos
hijos de (a^TW, cuatrocientos sidos de plata, corriente en elcoiner-
do: y luego levantóse el campo de Jephrón, qtw en d doble, que
estaba delante ie Mamré; el campo y la cueva que en él, y todo
el arbolado que había en el campo, que era en todo su término
alrededor, (levantóse) para Abrahám, por ganancia, á ojos vis-
tas de los liijos de Geth, con todos los que iban á la puerta de
la ciudad (1). Luego enterró Abrahám á su hembra ew ía cueva
del campo del doble, á la vista de Mamreh, que es Gebrón, en
tierra de Canaháu: y así se levantó ó pasó el campo y la cueva
que en él á poder de Abrahám para posesión de sepulcro, de con
los hijos de Geth.
¿Puede darse una gitanada más comp.eta, con todos los
accidentes de tal, que más gitanamente se diera á un gran
príncipe como Abrahám? ¿Qué le faltó al trato para ser verda-
(V £n la puerta de la ciudad estaba el tribunal.
K.o 7 8
— 258 —
derameiite de gitanos? Ellos eran hyos de Geth, ffiít;as ó (/tic
en buen castellano y en buen hebreo: el gitano dueño de la
ira dijo primero que allí todos teufan sepulcro, ;
estorbarla al sefior Abrabám que enterrasesu muerta; Gatit
tumuerta, le repite tres veces; mas viendo que Abraháiu no
ría enterrar á su esposa sino después de pagar el sepulcro,
se deja caer con los cuatrocientos sicbs liephta, aunque con grm
desprecio; }Kim Vd. ñipara mi. ¿qut' es eso? (gitanada completa)-
Entonces Abrahám^w echamb, como sneledecirse, e» saco roto lo
de los (TíHíroríoííos síWos ífej)/aí«, los contó y se los dio al
ó tfitano Jeplirón; y así pasú ya á poder de Abi-aliám el
qfie en doble, y la cueva que en H y todo el ar¡)ohido qu eestni
rededor: y entonces, y s(31o entonces, quiso entei-i-ar allí AI
háin á su difunta esposa Sarah.
Este fué el doble ú la ilobladura qne allí niediú: no fiífi
cneva del doble ó de la dobladura la qne pasó á poder de Abra-
hám sino él campo que en doble, y por ende la atem que en t-l,
y toda la arboleda ó arbolado que contenía m termino.
Gitanada completa la de Jepbrón, hijo de (ieth. y ante
los giteos ó gitanos todos que entraban ó venían á la puerta de
la ciudad. Por esto decimos ¿serán nuestros gitanos oriundos
allá del Oriente que dispersos por toda la tierra, vagan ocu-
pándose sólo en el tráfico de it»'//(i* que esto quiere decir
gitii^giíeo ó giiand?
Nótese bien el nombre, patronímico á toda luz, con la
minacióu de í patronímica en hebreo, con la terminación
una de las innumerables y más usadas en castellana: y nól
además la inclinaciiin de esta gente al tráfico de bcstias-
en hebreo; y nótese igualmente la afición de todos á engal
á mentir, á adular, á no decir nunca lo que sienten; y nól
por liltimo la verdadera pasión que tienen todos los gttaní
denominarse ó llevar por nombre beslkín, aféresis de
tián: como quien dice el aficionado á bestias^ bestial en el
común; bestián y bestiana en el suyo (gUti y gittgah
gitano y gitana).
Tal es la nueva teoría que proponemos, para que
tos críticos estudien de nuevo el pasage histórico, y los
-fUlflio
— 259 —
nados al FoUc-Lore ó saber vulgar vean si convendría desen-
terrar este nuevo fósil, limpiarlo de toda preocupación ó pre-
juicio, de todo rastro de verdadera ignorancia, para poner en
claro un punto sumamente curioso, y sobre todo esclarecer un
pasage bíblico que solamente pudiera conseguirse desente-
rrando mi códice originalísimo, español, digno de la atención
de todo filólogo orientalista. El caso al menos es sorprendente.
Antonio M. García Blanco.
^r^$^£:::»Q2:^/
analogía
ENTRE LOS CANTARES ALPINOS Y LOS ANDALUCES
CAI^TA A DEMOFIIiO
Mi querido amigo:
Con su exterior guapo, y las buenas cosas que trae
invítame el Folk-Lore Andaluz á colaborar en él se-
gunda vez. Pero ya que estoy ha tanto tiempo lejos de
España y españoles, ni aun probaré á engalanarme
con el pintado plumaje del fénix español^ sino escribiré
alemán en palabras castellanas, lo que Vd., propaga-
dor del FoLK-LoRE internacional, me perdonará, á lo
menos en esta ocasión^ tratándose de un asunto ale-
mán. No ha mucho tiempo llegó á mis manos un ele-
gantísimo librito publicado por el señor Ludwig von
Hoermann rquien, cuando vivia en Graz, me honraba
con su amistad) intitulado: aSchnaderhuepfeln aus
den Alpen, Innsbruck 1882,1» Es una colección de
coplas populares que se cantan en los Alpes alema-
H cía-
los 4X2e (fioes (|iie e£ viaserae
Lo K^ue nos «¿i wiin! ^umií
H- Elogio.»
Una buena j ana izials^
Y la teroers ttl cnaL
ilaa. bqena, cea mi amat
Una mala, esram¿> solo^
V £a Bercera soáamia
Q>a el dueño qae yo sáuro^
H- 1 34.05.
Yo quise eccrar en I¿i xEcuba
Doade mi chiquilLi ¿u-^rnie,
Y me ¿lío qu.e Li Llave
El padre cura Li neae.
El amor es como el tiempo.
Ya borrasca, yj bonanza:
Ni del uno ai del ocro
Nada con ruegos se alcanza.
H. i3r.3.
No bay fuego por vivo que arda
Del que no salga algún humo.
Ni amor por tuene que sea
Que se quede sin disgustos.
•>'
— 265 —
H. 182, 63.
No hay montañita tan alta,
No hay nubecita (i) tan densa
A la que yo mis suspiros
No mande á pasar por ella.
H. 182,64.
Viene un pájaro volando.
Baja á posarse en mi pié.
Lleva un papel en el pico,
Un recuerdo de mi bien.
H. 23i,95.
De noche hace luna clara.
El gallo canta de día,
Y cuando mejor le quiero .
He de partir, niña mia.
H. 231,96.
Ya se menean las cabras,
Ya las vacas dan mugidos,
Y yo cincuenta horas más
Quisiera estarme contigo.
Mas tales conceptos y metáforas son semillas que
aquel dios vagamundo, el Amor^ derrama por todas
parles, por diferente que sea la demás flora. Hay aquí
una internacionalidad que me gusta mucho. En otra
ocasión ya llamó mi atención la semejanza que tiene
un pennill cimrico con un rispetto toscano y ésta me
hace dar con áos pennillion máT> (sacados del libro in-
titulado Cymrufu) cuyo sentido se refleja en la poe-
sía meridional:
(1) Estos besitos, ctiartitOy montañita, nubecita, no son forjados
por mí para darles más color andaluz á los versos; dice el alemán
asimismo Busseln, Kammerly Bcrgly Woelkl
H.« 7
CVMRU FU 364,4.
Húndase en la mar el monte
Que oculta á mi amada tierra,
' Y antes de cerrar los ojos
La veré una vez siquiera.
Arboit 263,925 (=61,100).
Oh, montagnes reversaise
Deimeá roi un po' de luzour
Par ch' o dei 'na sola uglada
La ch' a l'é il gnu prim amour.
HoER. 80,71.
Espejo es mi corazón,
En él le puedes mirar:
Mira todo lo que quieras
Que tú solo en él estás.
Aquí hago punto. El terreno que veo delante de
mí es tan vasto, que quisiera recorrerlo á escape; mas
sirviéndome de la lengua castellana, habría de andar
con muletas (y no sin tropiezos frecuentes), lo cual sería
cuento de nunca acabar. Con que esperaré á que salga
á luz el segundo tomo del famoso Cancionero de
nuestro amigo Rodríguez Marín, para volver á ha-
blar de la poesía amorosa, asunto, fuera del amor
mismo, el más agradable por cierto de que se puede
tratar. Entce tanto, agradezco de corazón los abun-
dantes y gustosos frutos que me manda de esa tierra
de María Santísima. Hasta la vista.... del numeró
próximo del Folk-Lore Andalu^.
Todo de V.,
H. SCHUCHARDT.
Torbole (sobre el lago de Garda) i5 de Setiem-
bre de 1882.
<Ljtizt^ttr>:xji-- — -
•*- '^ **~»
— 267 —
ADIVINACIÓN POR MEDIO DEL HOMÓPLATO
(Artículo de Wiliams J. Thoms, fundador del Folk-Lore)
En el curioso y antiguo romance de Emtache le Maine, que
editó en 1834 Mr. Francisco Michel, se describe al héroe en
Toledo,
Ou il ot apri8 nigremanche;
y donde entre otras virtudes adquirió las indicadas en los ver-
sos adjuntos,
Et par V espaule au mouton
Faisoit pertes rendre áfuison. — Lineas 21-2.
El erudito editor dejó este pasaje sin explicación ni co-
mentario y yo escribí la siguiente nota en el tiempo en que
apareció el libro, 1834, época en que visitaba con frecuen-
cia al distinguido bibliógrafo citado, que tenía en su poder
muchas curiosas y extraordinarias noticias.
m
Teniendo 3^0 conocimiento de que Mr. Donald, Mc.Pher-
són, libiero de Chelsea y nacido en la montaña, poseía muchos
datos referentes á costumbres montañesas de adivinar por
medio del hueso del brazuelo del carnero, me dirijí & él pidién-
dole informes detallados sobre aquellas prácticas y, con su
permiso^ copié la siguiente nota^ de un manuscrito original
suyo que trataba de las supersticiones de sus conciudadanos.
«Tanto entre los druidas como entre toda clerecía, la adi-
vinación constituye un verdadero sistema; sabido es que prac-
ticaban la rabdomancia, geomancia y quiromancia^ aunque no
podemos asegurar si empleaban también la adivinación por
medio del vuelo y gorjeo de las aves, siquiera nos incline á
— 268 —
creer que sí el ver qtie eii algunos cuentos
que hubo un tiempo en que los pAjaros hablaban el céltico. '
vestigio ha llegado á nosotros de la adivina>:ii^n por medio
de lívs entrabas ú otras partes de loij animalüs. lauecesarío es
citar la Sagrada Esciitara para doiuostrar la costniíibre de
los antiguos i\c hacer sacnficios en los lugares elevados y en las
sepulturas; puesto 'que son fiímíliares ¡í todos, los numiírosoa
casos citados en el Antiguo Testamento. Ksto me inclíjia i
creer que un lugar alto de la Galia recibe el nombre de Aritlh,
de Ar, matar, derívándostí también de este vocablo la palabra
Ara, altar, y Aircach, el superintendente del ganado del se-
fior, el matad r ■'» Anispictí que continuaba en mi tiempo y era,
durante su cargo, el carnicero de la familia y el superinten-
dente general del ganado dtj un caballero. El resto de la ana-
pida que ha llegado á nosotros ha venido por la palabra
Xiríc/í, que significa mlhUiacl'M por medio thl ftoniójtlafo, y filó
llamado SünnairacM da S/í«H/íí,honirtplato, En Badenach, dis-
trito central y aislado uunqne grande, de Invernesshire.
habla hasta hace poco, hombres instruidos en est« dase de
adivinación. Menciono aqui esta costumbre porqne los saciifi-
cios ofrecidos en Nollig y Callaiwn, esto es, Nochébuetin y
Año nuevo, eran de la naturaleza de aquellos, por medio de
los cuales se pueden profetizar los acontecimientos futuros: d
¿Itimo hombre que fué sacrificado en la parroquia de Largan
á consecuencia de Slinnaireacbd, murió hace setenta
aflos, llamábase MacTavish y habfa servido algunos atlos de
Aireaeh á. Mister MacDonald de trallovíe, Cuéntanse cosas
asombrosas de la sabiduría de esto hombre en sn arte. Mu-
chas veces he oído referir, y una de ellas a una persona d
ua de todo crédito y qne aseguraba ser testigo p
catio, el siguiente suceso: 1h fama de MacTaví»h se habfa «
dido á los más remotos confines del país hasta tal punto, i{
habiendo llegado i. oídos de otro adivino, í-ste determimi so-
meter á pruebas patentes la habilidad de su rival Á estí
propósito emprendió un viaje de muchas millas y al llegar i
Uallovie anuució su llegaila il su rival, A cuya casa fuó coudn
cido, siendo recibido como era de esperar, con mucha cortcata.
rce. ain*
jona dj|^^
itieiai^H
¡into.iíl^^
A
— 269 —
Mister MacDonald invitó á varios amigos suyos á cenar
con él la noche del afío nuevo, cuidando de llevar en su com-
pañía á los dos adivinos.
Acabada la comida presentaron al forastero una pale-
tilla (hueso homóplato) y le suplicaron dijese el resultado de su
inspección, fuese bueno ó malo. Este después de examinar el
hueso largo rato, mudó de color rehusando en un principio
decir la causa de su turbación, pero invitado con insistencia &
decir lo que había visto; manifestó que uno de la reunión tenía
irremediablemente que ser ahorcado en aquel recinto, antes
de amanecer. Semejante afirmación produjo diferentes efectos
éntrelos concurrentes, pues mientras unos creyéndola cierta se
llenaron de alarma, otros que no le daban crédito disimulaban
su risa por no faltar á la buena educación. Todos, sin embar"
- go, convinieron en una cosa, á saber, que era necesario que
MacTavish volviera á inspeccionar la paletilla: hízolo este así,
declarando que estaba satisfecho de la sabiduría del forastero,
añadiendo que éste había cometido sólo una pequeña equivoca-
ción respecto 'al desgraciado que debía, ser ahorcado, el cual
no podía ser otro que el mismísimo demonio, puesto que tenía
cuernos y pezuñas. Sin duda, añadió, mi amigo ha descubier-
to estos caracteres; pero no se ha atrevido á indicarlos por res-
peto á dos personas de esta reunión; y, esto diciendo, hizo un
saludo al cura párroco y á un sacerdote católico que se hallaban
presentes.
Pasó la noche, pero í la mañana siguiente muy temprano,
estando MacTavish paseando, se encontró un becerrillo ahor-
cado que había metido la cabeza eji una escalera portátil, y
luchando para sacarla, cayó la pesada escalera á través de un
hondo foso sobre el cual quedó el animal suspendido.
Antes de inspeccionar el hueso homóplato se debe des-
carnar éste con esmero sin hacer uso de ningún metal, ni cu-
chillo de madera, ni de los dientes. La mayor parte de estas
adivinaciones se hacen inspeccionando las manchas que se ob-
servan en la parte semitransparente de la paletilla ú homó-
plato, por más que los grandes maestros penetran en lo por-
venir estudiando las partes opacas. Nada puede averiguarse
— 270 —
de lo r|UP ha de suceder más allá del año siguiente. Los d
brímieiitos se relaciouan siempre con las personas por q
nes y para quienes se hace un sacrificio.
Mr. Macpherson, excelente lingüista y sumamente '
sado en antigüedades célticas, me infonni'j de que estando en
Grecia con sn regimiento (pues él pertenecía auteü A uno de
los regimientos escoceses) descubrió que existía el mismo modo
de adivinación en aquel país, y siendo él un tanto perito eu el
arte, tuvo ocjisidn de hacer un ensayo de sus conocimientos
con un sacerdote griego que como él lo entendía; ensayo de que
salió tan airoso y en el que desplegó tanto talento, que desde
aquel momento fué considerado por los habitantes de a^
pueblo como una especie de adivino.
AI escribir lo anterior, he descubierto dos casos sobn
Adivinación con la Paletilla: en un cnrioso libro (del que s
primieron 100 ejemplares en 1815 bajo ladirección de Sir Wal-
ter Scott), tomado de un manuscrito de la Biblioteca de Abo-
gados de Edimburgo, Ensayo sobre la natnrnleíap acciona 'i
Stiblerránco f/f/onle (en su mayor parte) invisible giie ¡uata a
conocen con el nonihrr. de enanos, dncnñes y fáunof>, etc.
«Los profetas menore.f pronosticaban los futuros aconte^
cimientos, sólo por el término de un mes, y lo Tiacísn con la
Paletilla de un carnero, á la que nunca hubiesen tocado con
cuchillo, porque, como antes se ha dicho, el hierro impide
toda las operaciones de aquellos que recorren estos ocultos do-
minios. Con inspeccionar e! hueso se sabrá ^t se ha come^
algdn acto de prostituciónen la casa del duefio; qué dinei
nlaeldneílodel carnero; si alguno de la casa morirá ejr|
mes; y si algún ganado de allí corría riesgo de qnedars
cantado para cuyo caso prescribirían un preservativo y i
cíOM, pAg. 1.a. par. 13. Hay otra clase de adivinación qnefl
ficaban mirando la paletilla de un carueroó cabra, como si f1
ra un libro, por el que algunos sabios en esa ciencia oculta, pre-
tendían leer los fntnros acontecimientos tales como la mnerte
de alguna persona notable en una tribu ó familia parliculsn
predecir batallas, grandes meeímifs. revolnciones etc., y en
qué parte del reino debían ocurrir; y además dHCÍan la c
? oesiie
eau|^
ibr^H
ir Wal-
ie Abo-
I la cao^ M
— 271 —
dad de dinero que debía encontrarse en poder del dueflo del
camero etc.
Me han referido varios ejemplos de esta especie, que fue-
ron comprobados hasta la evidencia y de que hago caso omi-
so por no entrar ahora en mi propósito extenderme más sobre
este asunto, sino dejarlo á los curiosos. »=Par. l,xxx,i. p. 83,
Apéndice: Extracto de un tratado de los Sueños de segunda vista,
Ajyaridanes^ etc., por Theophüus Instilanus, 8 vo, Edimburgo,
1763.
Remito á los lectores, deseosos de conocer algo más
sobre esta clase de adivinación, á la edición de Sir Henry
EUis, Pcpuhr AntiquiOes (antigüedades populares), de
Braunz, üi, 179-80, ed. 1842, y para muy curiosos informes
respecto á Spatulumancia como la llama Hartlieb, y análogas
especies de adivinaciones, ex anserino stemo, á la Deutsclie
Miihologie de Grimm, s. 1067-8. 2 te, Ausg.
(Traduccián tUl ingUs).
Ricardo Parody.
MISCELÁNEA
UNA PRÁCTICA SUPERSTICIOSA
En uno de los días del mes actual llegóse á la puerta de un
edificio del clásico barrio de San Bernardo, — habitado en su ma-
yoría por obreros y jornaleros, toreros y cigarreras, — un hombre
de campo que se doha lastimosamente de dolor de padrejón: llamó
á un Falano de Tal, peón de albañil, y le suplicó que lo curase,
pues no encontraba remedio para su dolencia y consideraba, que
si el peón no p&nia en práctica sus viisteriosas gr acias ^ no tendría
alivio. El curandero^ (para nosotros el embaucador J que era hom-
bre de cabello cano, rostro abultado y grosero, elevado abdomen
y muy vulgar expresión y palabra, invitó al enfermo á que entrase
en el edificio. Una vez dentro presenciamos lo siguiente:
El enfermo se acostó en un improvisado lecho y se descubrió
— 272 —
el vientre. El cnrniidero dJülo aprottidns friegas con li
untadas lie aceite de olivas y le puso una moncila de cobre, qoe
apteto con el Índice de tal moJu, ijiie la moneda se ecUaba, por
decirlo asi, en las carnes (leí doliente.
— Eso debe Eor iiiiiy bueno; dijimos a] curandero.
— Si señor, nos contestó. Sirvo para dos cosas: para qne el
dolor EQ estacione y desapArezoa bajo la moncdií, ú cstii. aqaél en
condiciones para ello; y para i^uo uo pasen á mi cuerpo los rama-
laMi del dolor. '
Transcurrieron tres minutos. El curandero bnscó unn china
graesa y la sujetó con su propia faja eu el vientre del enfermo.
Acto seguido se levantó el paciente, asegurando que el dolor se le
había mitigado, y prometió al curandero guiarse por sus oonsojos
y su practica, sin pensar en consultar á médico alguno.
No sólo lo ocurrido, si que tambíi^u la observación de la in-
ñiiencia que el curandero parecía ejercer sóbrela credulidad, y
tnl vez ignorancia, del paciente, nos hubo de obligar a pregnotú.
el por que podía aquel Looibre aliviar 6 cumr tos dolores: pre-
gunta que el curandero, il quien cuidamos de presentamos como
crei/ftita, contestii con palabras evasivas. El Tesíimen de sus expli-
caciones cslÁ contenido oii los eignieutee términos:
— Yo curo los dolores, tanto en las personas como en los ani-
males, que para clcom en ii/ual (1). De cnaiitas personas he curado
mni/uun ha mueriu en mi» lra:oH. Una prenda mia pnesta en el sitio
que duela, cura cumo ti fuese ijo en pentuna: no importa qne la
prenda esté Eucia, pues cuanto más sucia miií buena a. Con ailo ñut-
irá yerias del campo, (cuyos nombres no quiso dcclrmelot;,) cnio
todo lo curable. Si á una persona que esté baena le pongo la muio
en el vientra le da un dolor tan fuerte qne lime quetalir rorriatdo:
el dolor da porque el padre ó padrejón que todos trnemos./renttal m-
támago, ss desvia para liusear el ttlio donde pongo la mano,—Yo
tengo más gracia que los mollizoa jmrque lloré tn d nentre de mm
madre (2), >iii haberlo sabido hasta que ful hombre, y porgue narí m
Viernes Santo.
Terminada la relaciúit abandonamos el lugar de la Bcc¡<a,
entre la sarcástica sonrisa de a1giin espectador incrédulo y la et-
túpida admiración do otros. '
Püiit scriptuiii.^ Á.}os nueve ó diez días de \¡y referido
rioi'oieutc, supimos que el enfermo había visto otra vee al cui
doro para devolverle la destrozada faja y decirlo que no volveriiá
curarlo, porque lo iba á matar y que había determinado qoo lo
Tisitaso uu facultativo, pues no quena ser objeto do más encañe*.
(1) FaUliniK texlunlte.— Asimismo lo son todna las <Io letra 1>a»
torUilla.
(2) Absurda creencia ijue se halla muy eTtendiihi catre c! ptielJo.
— 273 —
EXPRESIONES POPULARES
Frases, modismos, locuciones, dichos, sentencias, adagios.
1. Si quieres saber quién es Periquito, dale un destinito.
(Indica que el que se eleva de la oscuridad á un puesto ^e repre-
sentación, se enorgullece.)
2. Juan Palomo y Pedro Palomo, vaya un par de pichonea.
(DicQse cuando dos personas piensan de la misma manera y lo
hacen torcidamente.)
8. Fue por lana y salió trasquilado. (Se aplica á la persona
que, pensando ganar en algo, pierde lo que tiene.)
4. Nombrando al rey (¿ruin?) de Eoma, por la puerta aso-
ma. (Sedice cuando aparece una persona en lugar donde se ocu-
pen de ella.)
5. Para qué sirven tantos tacones, si con dos tapas se anda
mejor. (Hace ver que en lo exagerado se pierde el tiempo, ganán-
dolo con lo justo ó lo modesto.
6. En el prado de Santa Justa, Dios los cría y ellos se jun-
tan. (Aplicable á los que tienen completa comunión de ideas y
costumbres.)
7. Donde lan dan las toman. (Quiere decir que lo agradable
y lo desagradable están hermanados.)
8. Después del conejo ido, palos á la cama. (O lo que es igual:
que después del error se quiere aplicar el remedio.)
9. Después del burro muerto, la cebada al rabo. (Da ¿ en-
tender que los esfuerzos y cuidados tras lo perdido, son inefi-
caces.)
10. La mujer del pastor se peinaba á la oración. (Demues-
tra que en cada lugar y momento se haga lo propio de ellos.)
11. La trinidad de Gaeta, dos p. y una alcahueta. (Dicese
de las cosas relacionadas que tienen resultados desfavorables.)
12. >Todo lo tiene la María Antonia, es alcahueta, p. y la-
drqna. (Aplícase á la persona que está poseída de muchas y malas
pasiones.)
18. El corral del acabóse, hay once p. y la casera doce. (Se
refiere al conjunto de casos sucesivos, en que ninguno es bueno.)
14. Para tu tía y treinta y tres p., que hacen una peseta
justa. (Es decir, que dos cosas son tan semejantes que se comple-
mentan mutuamente.)
15. Ya suena la gallerada, ya viene la madrugada. (Hace
ver que unas cosas traen otras.)
K.^ 7 6
■ 274 -
.. (Esto es igual á ilccír
16. De lo que se come si
tanto lo que puede 1» costumbre □ el bilbito, condicioaaln
visto, que todo lo traunforina y le dá carilcter especial.)
17. Snlvnjes aou triunfos, usted arrastrtv. (Dicese ñ un» p«-
sena pura znlierirla. — Modismo que xa explica eti los jnogng de
naipes, cuando los triunfos son y los batió» tiene el jugador siahe-
rido.)
18. El asunto es jeringar al difunto, litigase usted el muerto.
(Es manera de dar á entender d una persoua que liay pcusamieu-
toda hacerle mal.)
19. Tiene más orgullo que S. Itodrigo eu la horca. (Aplica-
se al vanidoso mentecato. — Frase originada del hecho hi&torioo de
la muerte en un patíbulo en 1G21 del orgulloso D. Rodrigo Calde-
rón, Marqués de Siete-Iglesias y Ministro de Felipe IV.)
20. El maudamiento de la Canaca, toma y daca. (Da A en-
tender aquello que se ejecuta y después se deshace.)
21. Los dineros del sncristiín,
Tan pronto se vienen,— variante, i
vienen,
Tan pronto se vau. (Rima que indica la \
dad de ciertas cosas.)
22, SacriRti'iu que vende cera
Y no tiene colmenar,
Utupaienim, ra»imhtyum ,
Ras/iabfriim del altar. (La idea qnc se encid
en estos versos, parecenos determinada y da aplicación parlicnlM"-
á los casos en que una perdona gasta lo que no es suyo, sin teucr
propiedades de algúu g<^nerD.)
23. Admiuistrador qne administra y enfermo que se enjua-
ga, algo traga. (Quiere decir que todo fenómeno, todo hecho, arras-
tra consecuctict as.)
24. Uno por madrugar ae eucontni un costal, pero máe toa-
drugó et que lo perdió. (Parece sentar nna ley general de la vida,
ninguna cona es la primor» entre las demás: y si re 1 a ti v amonto so
toma una como tal, á poco que se piense, pierde esa falsa prioridad.)
25. Sube las cuestas como viejo y llegarás como nuevo. (Con-
sejo ntilisimo que prescribe la prudencia y la templaba para coa-
seguir un resultado difícil.)
20. Para las cuestas arriba
Quiero mi mulo.
Que las cuestas abajo
Yo me Insanho. (Indicase en esta cuiírlota 1»
dd hambre de utilizarse de las cosas con uu marcado
condiciüi
interi's, )
27. Hay gustos que merecen palos, (Como b
no todas las cosas merecen una buena atención.)
553*?'»-^ -JJ:" -""■'
— 275 —
28. Tieno un Fernandito (Frase que se refiere á la mucha
suerte de un iudividuo. — La explicación de ella se encuentra en un
juego de naipes, llamado el solo-, en él se a[tlica la frase al jugador
que reúne buen juego. Dícese que el Bey Fernando Vil nunca
perdiaen el solo, aunque el juego no le fuera favorable, porque los
favoritos que jugaban con él asi lo querían, indultándose de esta
adulación, diciendo; *jqué bien juega S, M., qué suerte tiene!*)
20. Allá van leyes do quieren reyes. (Aplicase á los disgus-
tos que sobrevienen inesperadamente de alguna cosa por la que se
ha trabajado con interés.— Este refrán tiene un origen histórico,
que se refiere á la célebre prueba de arrojar a una hoguera, en pre-
sencia del Eey Alfonso VI, los breviarios romano y mozárabe, pa-
ra ver cuál de ellos debía usarse. Cuéntase ^que el Bey no obró jus-
tamente después de las pruebas y de ahí el refrán originado en su
tiempo.)
RIMAS INFANTILES
1 Mi padre y mi madre
Luquita y yo,
Nos comimos un huevo
Y la mitad sobró.
Mi padre la yema.
Mi madre la clara,
Y Luquita y yo
No comimos nada.
2 £1 cura de mi lugar '
Tiene la sotana rota,
De saltar por los corrales
Detrás de las buenas mozas.
8 El zapatero
Que va á tu casa.
Trae la plaza
Y se sienta al sol,
Y á los marchantes
Les da bolilla
Por la tirilla
Del camisón.
— 276 —
Qué quieres qiio te diga, Antón,
Til tienes el üociiio untado
Y á mi me falta un IocIiód:
Yo no digo que tú seas, pero....
¿Qué quieres que te diga, Aatón?
1 BUpiirs+a entre dos f^allegna.)
— ¿Cuiindo viuiates?
—Ayer de mafiaaa. - '
— éQuü uie trajistes?
— Una peseta.
— ¿á quiün se la díalos?
^A una mudiaclia.
—¿Vamos á verla?
— No tengo eaiJa,
— Toma la mia.
— Me 'stá tüuy larga.
— Córtale uu cacho.
—No tengo navaja,
—Toma la mía,
—No corta nada.
—Veto á la m....
—Vos tú á catarla.
UN PROBLEMA
DE ARITMÉTICA POPULAR (1)
E! problema do que nos ocupamos no tiene titulo exacto. Lo
distingue de otrod el pueblo diciendo aa-rtar «I número qus has '"
el pfiisamicuto: dictado que es impropio, porque en realidad io qni
ue acierta es el número que resulta de las operaciones aritméÜiuu
que una persona ejecuta á instigación de la que se llama adivini-
dora. Detallaremos primeramente su enunoiado y después pon-
dremos ejemplos para su completa explicación.
/íiiíineíai/o.— Piensa un número; dice la persona adiviuadoTi.
— Ya está; contesta la segunda que toma parte en el pro-
blema.
—Pon lo doble.
—Hecho.
— Añádele lal número. (Se dicta im número cualquiera.)
(1) Véase la Misi'i'láiieii (luí númuru ó.° de oata Iluvista.
— 277 —
— Ya está.
— Pártelo por la mitad.
— Eealizado.
— Quítale el número que has pensado.
— Está hecho.
— Te queda tal número.
Y en efecto, el número es acertado.
Ejemph.—'Esie ejemplo es escogido al azar. Pudieran presen-
tarse tantos como números puedan pensarse. El problema es de
tal naturaleza, que si el pueblo tuviese completo conocimiento de
los números fraccionarios y decimales, resolvería también con
ellos el problema, como lo hace con los enteros.
— Pensad un número.
—Sea el 33.
—Dobladlo.
— Kesulta el 66.
— Añadidle el número 14.
— Suman el 80.
—Partidlo.
— Kesultará el 40.
— Quitadle el número pensado.
— (Que será 40 menos 33.)
— Os quedan 7.
Como se ve claramente, las dos primeras operaciones son de
adición, la tercera de división y la cuarta de sustracción. Durante
las operaciones se logra que desaparezca el número pensado; y la
persona adivinadora, agena en todos los momentos á cuantos cál-
culos aritméticos haga la compañera del problema, no tiene que
hacer más operación que tener presente la mitad del número que
dictó para añadirse al que se pensó.
En efecto; si pensamos el número 7, y á su doble, el 14, le
añadimos el 3, obtendremos el 17, que es resultado de la reunión
de tres sumandos; al dividir la suma en dos partes iguales, siendo
nna de ellas el 8 V2 » claro es que también los sumandos quedan
divididos en la miiima forma; si, por último, restamos á una
mitad, el número pensado, 7, quedará el 1 ^/a : este último número
es precisamente la mitad de uno de los sumandos, la mitad del
número que dictamos para añadirlo al pensado.
SUERTES HECHAS CON LOS NA
No vamoB a oouparnoa sqiií de nqnellos juegos J combínid
nes que se hiiceu cou loa naipes, juegos que bou una consectieiil
lógica de la invención de la barnja; todo cuanto se comprendol
la frase ;¡ii(iar la» rartax es muy oonocido y no tiene tín mure
caracteres folk-loristns como una serie de oombio icíones que pne-
den- recibir los nombres de siipf/íí, /miMpiiia», JHfjoi y cueílionn,
que de todo ello tionen, las cuales deben recojerse del pueblo cou
especial cuidado. Estas suertes constituyen, por lo común, un en-
tretenido pasatiempo para los nifios, quienes aguzan sn imagina-
ción, torturándola muchas veces, por resolver las suertes y cues-
tiones que se les presentan y que tanto despiertan su cariosidad-
Los juegos II que nos rcferimOB no tienen título prupio; el n
6 niño que loa realiza anuncia cada uno de ellos, diciendo: á ^
Supongamos que en una noclie de invierno se encnentraol
rededor de una estufa cinco ó seis niños pensativos, mirando at^
tamente k un compañero que hace combinncionos con los naipes y
prepara alguna suerte qite debe ser resuelta ó repetida por aque-
llos matemáticos y pensadores en miniatura; supongamos esto»
repetimos, y copiemos algunas suertes, que firvuu de ejemplo. ^H
—Un Problema
IMíjiMlclón lUl }>rohte>na,—Se extienden sobre la mesa en
linea horizontal algunas cartas indeterminadas, que fnrman una
faja llamada rio; en ta parte Fuperíor de ésta so coloca un rey que
representa il/raiU; y en la inferior uu caballo, donoininado caUí-
Ihro y dos sotas que son sus hijas.— A la pnrte donde está colo-
cado el fraile la llamaremos •orilla ai y á la opuesta •orilla (>.>
J^'iunríailo. — Eli esto rio hay una barca donde el caballero
tiene que embarcar con sus hijas para pasar a la orilla a. La barca
es pequeña y sólo caben en ella dos personas. El caballero es
muy desconfiado y no quiere dejar íi ninguna de las hijas en eain-
Sañia del fraile: y por eso se detiene a pensar la solución que hk
e dar al caso. Si pasa á una hija a. la orilla a, qneda ella con el
fraile mientras el padre va en busca de la segunda, que está tn 1t
orilla '<■ Si embarca á las dos, ambas quedan con el fraile mieu-
tras el padre llega á la orilla a, en el segundo viaje qne dé la baroa,
¿De quó manera so compone oí caballero para pasar á sus hiju
sin dejar á ninguna con el fraile?.... Y cuenta que la barca so
tiene espacio más que para dos personas.
— 279 —
/So¿i/aón.— El caballero se embarca con su hija y'llega á la
orilla a, (primer viaje); coje al fraile de grado ó por fuerza y se
embarca con él hacia la orilla ¿, donde lo deja, (segundo viaje);
embarca también á su otra hija y saltan ambos en tierra en la
orilla a, (tercer viaje), dejando en la opuesta al burlado y entris-
tecido fraile.
S. — Acertar la carta que se toque. — (Suerte que pudiéramos
llamar de pega.)
Disponción de la operación, — Se extienden, sin que guarden
orden determinado, los cuatro reyes, los caballos, las sotas y los
ases. De los tres niños que toman parte en esta suerte, á saber,
el nmestrOf su aijudante y el burlado, se esconde el primero mien-
tras el tercero toca una carta para que sea adivinada: hecho esto
se avisa al maestro que comienza á tocar una á una las cartas, di-
ciendo á la vez esta no es, mas al llegar á la escogida dice e^ta es,
demostrando así al burlado que acierta sin estar presente las car-
tas tocadas.
Solución.— Cnanáo el maestro pone el dedo sobre la carta
tocada, el ayudante le pisa ocultamente el pié, que es lo que sirve
de señal convenida para avisarle la carta. Comprendido estará
que el niño burlado ignora la triquiñuela usada por sus dos com-
pañeros y cree, por el contrario, que las cartas elegidas son en
efecto adivinadas.
3. — Acertar alguna cualidad que h.aya de
distiiig'uir á las personas.
Dispcsición de la suerte, — Colócanse unos al lado de otros y en
linea horizontal los cuatro reyes; debajo— y pisando .estas cartas
á las primeras — los caballos, en igual fórmalas sotas, después
cuatro oros, cuatro copas, cuatro espadas, cuatro bastos y, por úl-
timo, los ases. (En esta disposición se ven las ocho lineas hori-
zontales, ya mencionadas, compuesta cada una de cuatro cartas:
y á la vez se distinguen cuatro líneas verticales, formada cada
una de ellas por ocho cartas, un rey, un caballo, una sota, un oro,
una copa, una espada, un basto y un as.)
Enunciado, — Estos son cuatro reyes que van de camino (se
señala la linea de los reyes y así con las* demás); les acompañan
cuatro caballos para montarlos cuando se cansen; les siguen sus
esposas (las sotas); llevan dinero (los oros), vino y viandas (las co-
pas) y armas de todas clases (las espadas) para lo que ocurra en
el camino; y van á continuación criados y bestias (los bastos) que
cargan el equipaje. De pronto sale una cuadrilla de ladrones (los
ases) y acometen de tal modo á los viajeros que todo se vuelve
una confusión espantosa y cada cual echa á correr por un lado.
— 280 —
Sryuíula dtspoiiaiin.Sc recogen las cnrtaa siguiendo la i
reccióti de las liueas TertionleB, quedando el re; debajo y «1 as ra-
cima y los cuatro moiitoncitos formados se reuueu ordeuadamente
eu uno solo. Heclio esto se emlan las cartas (alzarlas y sepanirliu
en dos mitades generalmente) iuvirticiido la posición de las UiiU-
des y diciendo al mismo tiempo 'poi- Fulanai; se repite la opera-
ción tres veces mus y se dice ■poi Ziilana, por Mengaua, por
Pelanganai (Adviértase oqui que los curteg, acompañados de los
nombres, corresponden a cuatro nii7(iir de las que presencien el
juego ó suerte.) Del mismo modo se dau otros cuatro corta eu
opuesto sentido a tos anteriores; esto es, que si en los primeros las
cartas que se levantan se llevan de dereclia á izquierda, en los
segundos se llevarán de izquierda a derecha; refiriindolos n otras
cuatro nii'ioi presentes. (De aquí naturalmente se desprende que
los ocho niños nombrados son los que van á ser objeto de la suer-
te; de ellos aeran las cualidades personales que señalen las cartas,
como termiuBciim del juego. J
Tercera liiíj-iuícíún.— Colocado el montón de cnrt^is con el
reverso á la vista, separase ta primera y se pone sobre la mesa, a
su lado la segunda, después la tercera y la cuarta, en linea hori-
zontal; formase debajo de ¿stit otra líuca cou las cartas quinta,
sexta, sétima y octava: repítese la operación poniendo ordenada-
mente las demás cartas sobre las ya colocadas y ae coutíníia avi
hasta coocluir el montón. En esta forma resultan ocho lUúDtou-
citos de naipes de á cuatro cada uno, correspondiendo los de arriba
á las niñas nombradas y los de abajo it loa niños.
Ültiiiia o^iccucíun.^ Descubre se el primer montón, cuyas car-
tas, por toda la combinatoria hecha anteriormente, son laa de una
figura ú de un solo palo, y según ellas así sera la cualidad qae
distinga al primer niño nombrado; el segundo montón corrcsiHJu-
de al segundo niño y ubi succ^ivameiite hasta terminar. Supongamos
hecba la suerte y veamos, como conclusión de ella, el siguiente:
Stiguiidv mimciaito. — La primera niña será ladrona, porqoe el
montón que le ha correspondido es el de los ases; la segunda nifia
será rñna (los reyes); la tercera aera varonil (los caballos); j U
cuarta sera muy lerioñla (las sotas). El primer niño aera rioi,
(los oros); el segundo será Imrracho (las copas); el tercero ters
valiente (laa espadas); y el cuarto será hrulo (los bastoe).
ROMANCE CANTADO
Nuestro digno consocio honorario el Sr. Conde de Puyi
tuvo la bondad de enviar ni 8r. Machado y Alvarcjs una C&t-tA,^
la que indicaba una variante del romance cantado
i"-
— 281 —
¿Pónde va usté caballero,
Dónde va usté por ahí?
que insertamos en la Miscelánea de nuestro número anterior. La
variante á que nos referimos, por la cual damos al erudito folk-
lorista las más expresivas gracias, es el romance XLI, Benial
Francés^ inserto en la pág* 139 de la preciosa obra Choix de víeiix
chanls portufjais, cuya noticia bibliográfica, debida á la pluma del
distinguido cervantista Sr. D. José M."^ Asensio y Toledo, apa-
recio en el cuaderno segundo de la Revista.
A continuación trascribimos el romance Bernal Francés, el
cual, como verán nuestros lectores, consta de dos partes, una que
falta por completo en la versión española, y otra, cuyas singulares
analogías con la nuestra señalamos por medio de comillas.
— ¿Quién llama de ese modo á la puerta? ¿Quién llama?
¿Quién esta abi?
— Soy yo, Bernal Francés; señora, amor mío, abridme.
— ¡Ah¡ Si es Bernal Francés voy á abrirlo enseguida; pero
si es otro caballero, pi^ede marcharse. — Al bajarme de mi lecho
desgarré mi peinador, al bajar por la escalera se me cayeron las
babuchas y al abrir la puerta se me apagó la luz. Lo cogí de la
mano y lo conduje al jardín, le hice una cama con rosa^ y almo-
hada de jazmines, lo lavé con agua perfumada y lo coloqué á mi
lado.
— La media noche ha pasado y aún no te has vuelto hacia
mí. ¿Qué tienes, amor mío? Jamás te he visto así. No temas por
los criados, que no vienen al jardín; no temas por mis hermanos,
que no viven aquí; no temas por mi marido, que está lejos de
aquí; ¡ojalá que llegue á mis oídos que los moros le han matado cu
una terrible emboscada!
— No temo á tus hermanos, porque son mis amigos; no tema
á tus criados, porque me quieren más que á ti; á tu marido no
le temo, jamás le he temido; témelo tú, falsa, traidora; está á tu
lado.
— Ah!, si tú eres mi marido te quiero más que á mí misma.
Era víctima de un mal sueño y tú me has libertado de él. Marido
mió, levantémonos y déjame vestir.
— Cállate, falsa traidora, no conseguirás engañarme. Deja que
amanezca y yo te vestiré con enaguas de escarlata y jubón do
carmesí con acerada gola. Todo esto te sentará bien.
— nQue me traigan el manto, voy á la llanura, pues quiero
iver si mi dama se acuerda aún de mí.
— uTu amada, señor, ha muerto; mis ojos la han visto. Las
»scñales que llevaba voy á decírtelas al momento. Su vestido era
»de escarlata, su jubón carmesí, la gola de acero; todo esto era por
»tu amor. Las campanas que doblaron fueron tocadas por mi; yo
N.*» 7 o
«mÍHUio vestí de negrotas audns que ]& conduciau. Elft'rctro donde
>la coloc(tron era de oro y marfil. Los frailes que la acoiupnñaban
•eran imiiiinerables. Tras ella marclmbnii siete condes y más do
•mil caballeros. Los jóvenes lloraban y los pages sonreían. Fuése-
•pultaila en la fosa de la igleí^ia de San Gil.
>A1 oir estas palabras cai desvanecido; miicbas boras transcn-
•rriercn antes de volver en mí. Corrí bncia el i^epnlcra. deseando
■morir allí. Abiete tnmba sagrada y cúbrenos á los dos. Del fondo
tde la lúgubre foBii, oi salir una voz:— Vive caballero, vive todavía,
•en cuanto il mi he dejado de existir. Los ojos que te miraban
•están cegados por la tierra, la boca quo te besaba lia perdido so
•sabor. Loa cabellos que tanto te recreabas en trenzar están cspar-
•cidos en la fosa; loa brazi'S que te abrazabnii se han convertido en
«huesos. Viva caballero, vive todavía, vive; yo ya he vivido. Aqna-
tlla con quien tocases se llame Ana como yo; cnnndo la llames te
■acordarás de mi. Cuéntale nuestros amores, que mi tin le sirva de
■ejemplo y si de ella tienes hijas edúcalas mejor que yo lo estaba.
■Qne no se pierdan por los hombres como yo me he perdido por ti.i
POXOPHILO.
-t; ~r:S5>Jic.i2^í^3—
bibliografía
Poesía popnlar espaAoIa y Hitologla y LUeratura Gslto-Hls-
panas, — lutrodu^^ciiín á iin tratado de política eticiido textualmen-
te de los Rffrajieroa, Romancerm y Getta» <lr. la Península, fv/t
.loaquín Costa, profesor en la Institución I^ibro de EneensMa.
Madrid, imprenta de la líuvista de Legislación 1881. Vu volúuea
in-S." gr. págs. VIII-500. l'redo 00 reales.
El considerar al distinguido profesor de la iniiüucióu Libn oa-
mo persona de casa, SÍ cabo valemos de esta expresión, ha sido la
causa de que no hayamos querido ocuparnos do su obra hasta que
las prensas extranjeras y la Academia de la Lengua, á cuyo exa-
men había sido sometida, emitiesen su fallo. Hoy que la obra b« sido
objeto de encomio tanto en París por la liet-iie Celtique, en Ijondrea
por Tht Acaileiiiy, en Ateinaula por el sabio Uiibner, en Italia por
el ilustre Fltri', como en España por los reputados académicos
E. Saavedra y ol P. Fita, encargados por la Dirección general de
Instrucción pública de informar acerca do ella, rompemos gustosos
— 283 —
nuestro silencio, dando á conocer i)or el orden conque los mencio-
namos, los dictámenes de los referidos académicos y el juicio del se-
ñor Pitre, que dejamos de propósito para el último, por no permitir
sus dimensiones que lo publiquemos íntegro y servir los primeros
como de antecedentes.
I.
•Difícil parece á primera vista enlazar en una sola obra, do-
tada de la conveniente unidad de composición, materias tan dese-
mejantes como la Poesía popular española y la Mitología y litera-
tura cello-hispana f titulo del libro escrito por el Sr. D. Joaquín
Costa, que enviá á informe de la Academia la Dirección general
de Instrucción pública. Pero cuando dejando á un ladc^ el Índice
de materias cuyos epígrafes parecen como que aumentan la dispa-
ridad de asuntos, se entra en la lectura seguida y atenta del cuer-
po de la obra, se encuentra un gran pensamiento, una «splración
llena de utilidad y de nobleza, en cuyo desarrollo sistemático se
vierte un caudal de erudición asombrosa.
»La poesía popular española en sus variadísimos géneros ka si-
do estudiada con toda extensión y con amplio criterio en cuanto se
refiere á su forma extern^t, en cuanto abarca el campo del senti-
miento; se ha comparado con las producciones análogas de otros
tiempos y países, y aun se ha aprovechado para comentar y escla-
recer determinados hechos históricos; pero en cuanto á su conteni-
do interno, en lo que toca á las ideas, á los pensamientos, á las
aspiraciones que el pueblo engarzaba en refranes, canciones, ro-
mances y poemas, se había averiguado poco, no se había procura-
do dar con el reflejo de la vida social de la nación á través de los
siglos, buscando con un criterio científico si había alguna unidad
de concepto que presidiera á su desenvolvimiento.
>No pretende el Sr. Costa haber despejado la incógnita del pro-
blema que S3 propone; pero lo plantea con fe decidida y atrevidos
rasgos, establece el plan y método para llevar la resolución á cabo,
y lo que es más provechoso y digno de encomio, demuestra palma-
riamente el sinnúmero de datos de que se puede echar mano para
construir el vasto edificio que proyecta.
»Como quiera que la condición más esencial de la vida de un
pueblo estriba en las relaciones de derecho de personas y cosas, el
autor empieza buscando en la poesía popular el aspecto jurídico,
que con razón bastante considera como verdadero carácter político
de la musa plebeya, y una vez entrado en el terreno de esa inves-
tigación, tiene que venir precisamente al análisis de la gradación
sucesiva de las composiciones vulgares, las cuales como en círcu-
los concéntricos se ordenan en refranes, canciones, romances y
poemas.
iHecha la clasificación esquemática, señalados los caracteres
internos que hay que reconocer en esta voz inmensa y sin nombre
— 28-1 —
^nc suena cu nuestros bulos cocho eco de Itu gMmrAcioiifs qoo
pasaron, j se está claboraudo cusí siu saberlo uosotros mismos í
Dvenim tUU. dUcntido con mro acierto el proceso d« formacicn
de esas piezas literarias qtie tanta disputa hau ocaúonado, el señor
Costa k'Tauta la vista ú los origenee más díataiitAs quo puedan
concebirse para nnestra poo9ia popular, y tioiie qae fijarse por
fuersa eu bs celtuii que poblaron cu remotus edades iineetm tier»,
y de ahi lo qne parece scgniida parte de la obra, y es un tratado
critico de la civilización céltica un España.
tCuaado todos los liistorimlores ie nucütros becbos, asi políti-
cos como literanoi!< <1nn por iuútil cuauto se discurra sobre épucuii
anteriores á la doiniíiBcióu romana, ya de autiguo desacreditadas
por falaitriiis indignos ó por ilasos fantaseadores, parece más que
sobrada osadía entrar en c.impo apenas rozado por el haclja de la
oriticH, y para cuyo desmonto se uecesita uu caudal de conoci-
mientos clásicos, arqnoolngicos liiiífiilsticoa que poue pavor eu el
mits determinado. Mas cnaudo el Sr. Cost^ cspouo la cantidad in-
mensa do datos qne liny esparcidos en los historiadores, en los
tteúgrafos, en los poetas griegos y latinos; la lúa que GumiDÍstrun
de un lado las lápidas y las monedas, de otro las costumbres pO'
pnlares y los fueros tradicionales de las provincias que correu á lo
largo del mnr cantábrico y ae derraman por las vertieutes del Pi-
riueo, asombra contemplar cuanto material se nds brind», á modo
de brillantes granos de oro esparcidos en arenal inmenso, para
formar la rica jor» de la historia primitiva do nuestra patria, de-
duciendo de ella ciertas notas características en nuestra cultura,
que JjDsta aLora se prrcnraha explicar eu vano.
■La obra emprendida por el Br. Costa se detiene en ese ponto
de BU programa cuando forma ya un abultado tomo. Ha de seguir
exponiendo los materiales con que cuenta para continuar su inves-
tigación H través de los [,oriodos más c mocidos de la historia; pero
el trabajo os dificultoso, y como la lectura resulta de poca ame-
nidad para el comiui do las gentes, no será posible llevar adelante
tareas que do vacilamos cu calificar de útiles, meritorias y origi-
nales en alto grndo.
II.
•El libro del Sr. Costa, dedicado á exponer la teoría y 1* hii-
toria de nuestra poeisia popular es original y do relevante mérito,
pues abre uuevo3 horizontes, y despeja sendas no fxntástioas, sino
muy reales y certeras, tiasta hoy completamente ignoradas. Ia
parte didáctica sobre la poesía popular española, que divide el
iiutor en refranení, cancionero, romancero y íiaia», y traía de ana-
liznr basta donde alcanzan las fuerzas metódicas de la investi-
gución raciotml, parlicnilo del hecho ó del fenúmcro real como de
primer Cblabón, la bintctíza, en fin, con tauta claridad y distin-
ción, quo cl lector, sin mus quo recorrer el indico, puedo cou nua
— 285 —
sola ojeada hacerse cargo de todo el conjunto como de un sistema
cabal 6 de un cuerpo rigurososamente científico. La extensión del
análisis no estorba, antes bien se enlaza como las piedras de iiu
vasto edificio, de las euale? cada una está en su lugar, y no puede
removerse sin que al punto lo demás se resienta.
»E1 tratado sobre el Refranero merece por si solo especiales
elogios, y tiene mucho de original, pues abarca los refranes de
casi todas las lenguas de Europa, sin excluir los clásicos griegos
y latinos, como tampoco los del rico idioma vascongado.
»Mas cuando el autor desciende á la aplicación de estos prin-
cipios científicos al objeto peculiar de la obra, esto es, á la Historia
de In poesía popular española, penetrando con valentía en el estudio '
de los monumentos celto-hispanos, griegos y romanos que pululan
en nuestras lápidas y tradiciones primitivas, consignadas por
Estrabou, Justino, Avieno y otros geógrafos é historiadores, nó
se sabe qué admirar más, si el escrupuloso reconocimiento de
tanto material literario allegado y sembrado por la Musa popular
en todo el suelo de la Península, ó el estudio comparativo que
hace también el Sr. Costa con las leyes del metro céltico y con la?
tradiciones de otros pueblos, cuya conformidad con las nuestras
desde el Ganges y el centro del Asia comprueban una vez más la
génesis y el vuelo que tomó desde allí el genio de Iberia.
•No todos los lectores convendrán con el autor en algunos por-,
menores de apreciación filológica y racional: la ciencia perfectiva
de suyo, abrirá más ancho camino y rectificará algunas líneas;
pero ¿quién no yerra ó desfallece alguna vez al recorrer nuevos
mares ó al descubrir nuevas tierras? La originalidad, la increíble
diligencia, el &étodo científico, y sobre todo los resultados histó-
ricos que han valido al Sr. Costa dignos plácemes de la sabia
Europa, prueban que su trabajo es de mérito relevante y acreedor
á la protección del Gobierno.
III.
«De la exactitud de esta sumaria exposición (dice el modesto
é ilustre autor italiano, terminando su artículo) no estamos segu-
ros, aunque si de no haber dicho cosa alguna que no resulte de la
obra del docto profesor madrileño, para juzgar la cual convendría,
más que una rápida reseña, nn prolijo examen de las teorías del
autor, dignas por su importancia de ser discutidas y meditadas, y
decimos discutidas, porque en esta obra, como en todas las de in-
genio poco común, hay cosas susceptibles de controversia, ya en
su plan general, ya en sus detalles. Tratándose de un asunto que
exije por sí mismo multitud de conocimientos variados, sus cul-
tivadores forman sobre tal ó cual ó punto determinado apreciacio-
nes, si no contrarias, por lo menos diversas, y lo que para unos
resalta como luminosamente probado, acaso para otros está muy
— 2ííU —
li^jos de lo probable, por no halier obUDÍdo tian el asctitimieiihi
de todos los doatoa. Éd qd caadro tan vasto como el del profesor
Costa, cOD hechoB tan onmeroaos y tnn runos, parte couvertidiHi
ya en verdaderos cánones científicas, ftart'' en tela de jnicio toda-
vía, parte sospecbüdos abora por \ez primera, habrá «^iertamento
mnchas cosas que no podrán sustraerse a la crítica serena c im-
parcial del que va á la inveetigación de la verdad. Nosotros mis-
mos, ann prescindiendo de algnna apreciación que cu el estado
actual de las ciencias nos parece un poco aventaradn, nos incli-
namos u creer no del («do conforme á los documentos et jnício
sobre los cantares de gesta, y sobre la suprema importancia de la
poesía popular, cuyo valor nos parece, basta cierto punto, nn tatito
exagerado.*
■ Nadn de esto, sin embargo, amengua en lo más mínimo el
Vftlor de ta obra, digna de la consideracíóu y del aplauso <le loe
ductos. El sólo hecho de haber sabido idear y tralnr con tanta
elevación de doctrina, penetración de ingenio, amplitud de criterio
y acopio de bieu digerida erudición un trabajo de tan no escanK
mole, es por sí de tal índole, que debe despertar la admiración
aun de los más descoul«ntad¡zoB; queremos, sobre todo, llamar Ift
atención acerca de la competencia que el autor demuestra ea la
paremiologia, ciencia que mucbos creen conocer, y pocos, poqni-
simoB entienden, y el esmero cou que ha puesto a cootribucióu
para su obra los mas recientes trabajos, especial me i4g espafiolet;
esmero tanto mas laudable, cuanto es mñs raro, sobr« todo eu
aquellos, que, como el autor oportuna y dolorosamcnte recaeida,
tratan todavía la bistoria como 8e trataba en aquellas felices tiem-
pos en que Ins fábulas y las leyendas se vcian confundidaa con m-
cesoa verdaderos, uo proveyendo it la Instrucciiui de los jovenva
escolares, haciéndoles seguir el movimiento intelectual que m des-
envuelve á sus propios ojos.»
Vor !• «vc-m.
UümOkilo.
NOTICIAS
Esta Revista tiene una verdadera tionrn ea dar cabidn oa au* eo.
lumnas al cnrioan trabajo del cuiínente profesor de la rnivertidad de
(iras, Dr. Hugo .Schucliardt, á cuya iieriiiftnencia on ííevilla en !«:» t
arii¡Hlail con varios do los redactores de nuestra publicación, üspr-
i'ialmentc con Dentelo y Budriguez itlartn, debe igubiáB Bapafla la
^0-7 '^i ♦- '"
— 287 —
fortuna de haber sido la segunda nación de Europa que ha establecido
su Folk'Lore. El artículo intitulado Analogía entre loa cantares alpinos
y los andaluces, es una delicada atención de nuestro digno consocio ho.
norarío hacia la ciudad de Sevilla y una nueva prueba de la inmensa
facilidad que tiene para los estudios filológicos el autor de la Fonética
andaluza, que más bien parece en algunos párrafos de su articulo, no
exento de leves incorrecciones, un compatriota nuestro que no un hijo
de Austria, tal es el dominio que empieza á tener en la hermosa (labla
castellana. Reciba el Sr. Schuchardt en estas cortas lineas el testimol
nio de la viva gratitud que le profesan todos los redacdores de esta
Revista.
Acaba de publicarse, por la acreditada casa editorial Alvarez y
Compañía, de Sevilla, el segundo tomo de la notable obra Cantos popu-
lares españoles, escrita por nuestro querido amigo y consocio, el distin-
guido folk-Iorista D. Francisco Rodríguez Marín. Dicho tomo contiene,
bajo el amplio título de cantos amorosos, cinco secciones, eruditamente
anotadas, intituladas respectivamente: BequiebroSy Declaración, Terne-
zas; Constancia, Serenata y despedida. Las coplas contenidas en este
tomo, de 52 1 páginas en 4.^, alcanzan al número 3.409. Hállase en
prensa el tercer tomo, cuya publicaoíón se anuncia para el mes pró-
ximo.
Movimiento folkloHsta en España. — Nos anuncian de Oviedo,
Granada y Llerena, hallarse próximos á constituirse el Folk-Lore Astu-
turiano y el Granadino y Regianense, como secciones respectivas del
Andaluz y del Extremeño.
Sabemos que en Portugal, Francia y Austria se trabaja activa,
mente por constituir sus respectivas sociedades de Folk-Lore.
*
Con objeto de dar á conocer el movimiento folk-Iorístico en su
país, y promover la cordialidad de relaciones entre sus compatriotas
dedicados á los estudios del saber popular, el Sr. D. J. Leite de Vas-
concellos tiene concluido y próximo á dar á la prensa un Amiario de
Iiu tfadieiones jHipu!/trei porfu/fuesim. trnbnjo tinillnga'K
¡o» folklorista» pulilicado rccJcnlen)ent« en Francia por Mr, fiótS
Biijo e! título Le iliiia- ííit FolkLore. iiublk-a Le SlmtJ^, \
Henional de Piii'i§, un breve aunque inscreeitute nrtlciilo, dobiilii 43
{iluma de hit. Oscnr llavurd, oiMipándoBe ilol inmenso dcaarrolto qa|
idea del Folk-Lore va recibiendo en I'Iiiropa y del |j¡raii influJoqiMli
él ejercen eeoe frateinalcB bantjuotefi que, oomo el de me
han dado ya p<ir fl-iito no solo intimar \aa reladonee cicutffícu d
titud de eabioa Ue divei'süs países, que anti-e no ae cuauulaii f
mente, af que tsnibión la celebrai'ii'm anunciada del C'ait¡/ma i
cional folk-loriafa en Paría para el nño 1883. A reai^rva de lunpÜKr^
noticia, con el resaltado del banquete que dicba soriednil d
r oie hA de celebrar en el próximo mea de Octubre, dapic
gracias al Sr. Havard pur loa benévola» fraaea que dedica_& á
Sociedad.
Tenemos una gran aatieraccii^n en coninnií-ar A nueatma loC
que el vcnerablu decano de los catudioH folk-loriataa en Espcftt^J
Mannel Milá y Fontanala, acaba de dar A luz la segunda ndiddUtll
dida y considerablemente aumentada, de bu excelente obra I
RiLiiO CatalLi. Canciones irftdtrtonaifs, segunda parte de loK 1
de poesía popuUtp catalana. Kl libro que nos ocupa comprenita, A.l
de una advcrtenda y un erudito pról<<t;o, las siguieiitva paitMi: l;*'H
cionea religiosas y legendarias, -i.' Cauciones lilal^ricaa, raiteft-J
baudidúi. >t.° Canciones romanceacas. 4.° Oancíonoa d« c
6.° Canciones varias. Complementan estas secciones velnlitMÉ f
de Melodías, con sus correspondientes letras y múaiea.
o GoiciioT V Sii> aBj>.
El Folk-Lore Andaluz
FildlOffl* mliEITT K. L. Ll., put ti, Jalimin Él
SKVILLA.— O'DoBDell 28.
SKVlI.LíV
M ADf { ID ~- i^AU I S
ba.
filología vulgar
EL. Xj, T iT i.
Hé aquí tres letras que pudieran llamarse consorfes, no
como se le llama al marido respecto de la mi\jer, y á ésta res-
pecto á su marido, sino porque han tenido una misma suerte,
si bien no en la misma razón, ni por la misma causa. Todas
tres letras para el vulgo, que es de quien, á quien, para quien,
con y por quien escribimos, han tenido y tienen una misma
suerte: todas tres de remotísimo origen, han venido á caer
en tal desgi-ax^ia., que ó no se usan ó no se pronuncian, ó con
suma facilidad y con igual sin razón se cambian.
La k, originaria de la happa griega, y antes de la chnph
hebrea, y enmedio de la líef aiábiga, ni la usa el vulgo, ni la
escribe, cuando aprende á escribir, ni los cultos ni la iTiisma
Academia Espailola dicen de ella más, sino que <(ha estado
*en desuso por espacio de bastantes años (¿cómo cuántos? pre-
»gnntaría yo) supliéndose, como todavía se suple, en algunos
«vocablos (vecahles dice el vulgo) con la c antes de las vocales
^aouyj con la q interponiéndose la u antes de la e y de la i.»
Esto y poco más dice el diccionario, y esto y algo menos es
lo que el valgo sabe de una letra que involuntariamente se ha
insertado en el catálogo alfabético ó abecedario de nuestra
lengna.
K.^8 1
t, ¿por qué SI
letra tan sonora, tan antigua y expresiva, para sustituirla por
esa c tan amimnla y arbitiaria, que unas reces hace de letra
ilenioUiigual, esto es, mixta de lingual y dental, y otras s
como puramente paladial? ¿No sería mejor, seilora Acadei
dejar el sonido m, co, cu, para la letra k, y conservarle ii
con todas las vocales su valor de ce^Uíla 6 ceda y seta /
antigua, qite tan sabiamente define y explica Y. en su artlct
¿No sería mejor decir ¡«, ¡■e. ri, ¡w, í¿it,y l-v.h. H,ko. hi,i
no desusar la /■ y la cctliHn, para dejar al pobre migo en (
confusión que le produce el fu, ce, c¡, co,cii, y una letra etfi
abecedario que nO' lia de usar nunca? Pero de esto otro d
algún día nos ocuparemos; pero hoy basta para nnestro 1
tentó, de hacer cottsorícs ij de la misma suerte ¡I las ti-es letf
de este epígrafe.
La?, por voluntad de nuestro vulgo, como la ¿'porlaj
que no es vulgo, se cambia en r, muchas veces sin que se l
alcance razón alguna pava ello^ dieiendo y oyeudo: v. g. i
argitien, argu7io por algo, aiffuien ó ah/iitio, armetidra por n
dru, er por el, ergas por clgus ó delyailo, hinanar por hih-a
jorgar por }ioUja)\ onimsf por olvidarse, iiriimo por lí
sucediendo muchas veces que se confunden palabras y (
que no había para qué confundir, como «riHH y idnia,ptu
pniga,miely fuieí- (apellido), snrja y sah/a, cehla y (viv/a.
y carda, mido y cardo, jmlca y j>orca, fardo y saldo. Jjalílo(n
llido), midta y murta, colcha y corcha, 6 colchón y. corchó»,
y sarta etc. etc. etc. Todas estas palabras y cosas, y otra¡
numerables, se confunden eu el habla vulgar por ese inex|
ble empeflo de isustituir á confundir la r con la /.
Investiguemos las causas de este fenúnieno, que an:
complicadas, tal vez podamos diir con elUs, puesnuDcaaedl
efecto sin causa: ello es constante y muy común el cambio;^
nosucedieraesto másqueen las palabras de origen a
diríamos que en odio á la dominación agarena, cauíbúlH
í'ulgo andaluz la / por r: si etito observásemos solamente i
alcoba, alciiea, iil/oinlHa, altiteua, alnioluida, aljiargah^, vte.M
ría filcil suponer que por borrar todo vestigio de arabi^inio. i
— 291 —
ciamos ú oíamos decir arcoha, arciisa, ar/omhra, armolmdi^
arpargaier, pero como lo oímos ig^ualmente en toda sílaba in-
versa en que juega la Z, aunque la palabra ningún parentesco
tenga con el árabe, como sucede en alto, alma, caldo, cdda, mi -
po, multa, septiltura, olvido, ídtimo, y en las innumerables pala-
bras de este género que tenemos en castellano, no sabemos có *
mo explicar el fenómeno; sino diciendo que el vulgo tiene tam-
bién sus idiosincracias, sostenidas por el ejemplo, por la falta
de instrucción, y hasta por prurito de no singularizarse, y por
aparecer rústico ante unos padres y una sociedad, cuya rusti-
cidad hace gracia; por esto lo Meemos notar, para que perso-
nas más competentes lo estudien, y den al vulgo la parte dis
creta é instructiva que puede haber en esta vulgaridad.
La U también nos ofrece cierta anomalía que conviene es
tndiar. Siendo como es originaria de \dil, ónasiendomásque
la I latina duplicada, como se ve en Ule, üla, Ulitd, illi, ilke, illis;
illic, iüac, lUuc; (ülrevo, allego, alligo, diluvio; haUista, heUns^
btdla, hidliOfCálhs, callis, celia, colUs, cóUum. foüis, fuligo, gcdlus,
grülus, tnille, móllis, olla, péllis, pello, pullus, sella, vaUis, vdlus,
viUa, viUm, umheUa, etc., con otras innumerables palabras y
nuestros diminutivos en Ulo, illa, da y ella, todos originaria-
mente latinos, no sabemos qué decir respecto al prurito vulgar
de pronunciar la II como y griega, sonando 6 haciendo sonar
eya, eyo, egas, egos, ayl, aya, yevar, ayegar, yuvia, hayesta, heyo,
buyir, huya, cayo, caye, siga, cayado, cueyo, fueye, joyin, gayo,
griyo, migar, muet/e, aya, e^npeyon, peyejo, ]}iyos (npiliu hebreo)
payo, siya, raye, veyo, viya, viyorro, sombriya, etc.
Esta falsa pronunciación que no solamente se le oye al
vulgo andaluz, sino que está en boca de personas muy cul-
tas, y aún hay provincias enteras en donde no se oye una elle,
nos ha hecho pensar mucho, sin atinar con una razón convin-
cente para tal anomalía. ¿Será, nos decíamos unas veces, por-
que nuestro vulgo aborrezca lo muelle ó blando de la articula-
ción lia, lie, Ui, Uo, Uu, como en chiquitülo, chiquetílla, pillo, pi-
llar, capullo, pimpollo, etc., para Ws cuales tiene que arrastrar
la lengua por el paladar, despegándola de él en un doble
tiempo que el que invierte en la simple ele? ¿Será este vulgar
pTOcediiiiíento una sincope oriental ü nierídioital, iiroviiici
enérgicas de suyo, y cuya vivacidad no consiente ese an
sei'vil de órganos los miis principales de la locnciúu, co)
son ¡eiigna y paladar, qne tan velozmente mueven los oríei
les y meridionales, obedeciendo lí aquel apotegma del S
Ernesto Valerio Loescher, en su obra De roiwh' Ungutc \
braica =^SttlÍuiif orienlales Ungn<r: oecidetilalee JlminJ: cummí
meriilionitlcs: sin>ieiitrioniiíihiíií t'ertin' rejiciililms!' Hé aquí otrt)
problema filológico, como el de la.Mt, iola é i latina (iiie pro-
pusinius anteriormente.
Lo dicho basta j solamente lo proponemos, para coinq
bar nuestra antedicha cúnsortia 6 rnterte vjuol de las tres lett
ít, I y II; oiiginarias todas tres, y antiquísimas, del Grie(
del Latfn y aun del Hebreo, bau venido a reducirse hoy J
una á no usarse, la otra á no prominciarse, ia/ácambiii
por r sin razón ó causa bastante pni-a ello, á nuestro pai'e
y ¿qué decir de esto ante un vulgo y para el Koi
que nos ocupa? ¿Qué? Que nuustro vulgo, principalmente i^
datuz, es una protesta viva contra las arbitrariedades del
que llaman cultos, contra las invasiones injustas, contr^lQ
caprichos déla moda y de los tiempos: estos y aquella y Itu
guerras y los tiranos haniu trizas á todo lo que es razón, A U
razón, & la Juslkia; desatenderáu sus más naturales uecesM
des; dispondrán ¿ placer de la palabra, del sentir y querer Á
pueblo; pero éste se obstinará á su vez en sus creenciaSiJ
encastillará en sus modismos, cerrará contra moros jcñ
nos, apocopará, sincopará, elidirá ó amplificani expresiones,
frases ó palabras, qne no dejan duda de su recto sentir y natu-
ral pensar. La r volverá á reivindicar su antigüedad y sn jj
.-«; la I recobrará su natural esUmuh y ortodoxia; la U vol
á pronunciar su $»\iis. fraiern'ulad, rescatará t«u legitima n
sentacióu de doble ele, y entrará en la recta ortografía y ei
nfa que le corresponde: pues las letras no pueden d^ar c
signos naturales, nn convencionales, del pensamiento.
A. M. (.i.íKríA Blanco.
— 293 —
SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS.
(GofUinuacion)
TO.^^-La madie que acostumbra á tender sobre la mesa á
un niño de pañales, hace mal, porque el hijo morirá pronto.
71 . — La persona que se le conozca una vena en el entrece-
jo, tiene la cualidad de hacer mal de ojo.
8. P. 121.— íE I niño que nace con una vena atravesada en la
nariz, es feliz si pasa de los siete años, que es la edad crítica.!
72. — Para mitigar los dolores se colocará en el sitio donde
estén una prenda de un mellizo, acabada de quitar del cuerpo;
ó el mellizo pasará una mano por la región dolorida. (1)
73. — Para que un niño consiga el regalo que apetece, sa-
Indaró á la Luna, desde lugar que se le vea bien, durante siete
noches consecutivas; cada noche recitará tres, veces la siguien-
te canción, inclinando la cabeza, en forma de saludo, á la con-
clusión de cada verso:
Luna, lunera
Cascabelera, (?)
Los neie perritos
A la cabecera.
74. — Cuando la luna está acostada, (1] indica lluvia.
75. — Cerco en la luna anuncia lluvia 6 desgracias. (Re-
frán.— «Teniendo cerco la luha y estrellas dentro, agua ¿ vien-
to.»— Copla:
Cerco tiene la Luna,
Mi amante es muerto.
No miro para ella
De sentimiento.)
(1) Conviene añadir que esta práctica se iiaco extensiva á las
bestias.
(1) Refiérese el pueblo al cuarto menguante.
~ aíi4 —
7*i.— Debe matarse al gallo antes de los si'e/e artos, \
en esta edad poneun huevo, lo empolla, sacaunbasilíso), ymae-
reen el acto. Laalimaila mata illa pereona Aqiiieii mira;—
cediendo lo contrarío, si la persona vé piiniero al basilisco, i
es elqiie inuei-e, (Frase.^'Parefeunba.sUisc'o.i. Dlcese c"
persAnaqae se mueve muclio.
Copla:
Si yo fuera basilUco
^ Con la víbU te matara,
Y to aacava del mundo
Porque nadie te gozara. (1)
AiUvinaiizu^
No tengo ni tave madre;
Yo mismo mate ü mi padre
Y 6oy de condición tul,
Que tieno pena de la vida
Él ^neyo llego á mirnr. (2)
S. r. SOI.— «Loagallos, enllegaudo á viejos ponen un hiM'
vo, de donde nace un »ai-ihío (sic), (lagarto verde), que mata al
dueño de la caea.» ^. P. 51i. — >K[ gallo, estando »ielf años en
una casa, pone un huevo, de donde sale una serpiente. Sí esta mi-
ra primero al dueño de la casa, el dueño muere, Si sucede lo con-
trario, la serpiente mueriM
77. — El fílalo ariUenla se cura, liándosf! al cuello, despi
de comer, dos hojas de palma que se retirarán cuando i
secas. (3)
78. — Sequilan los dolores de vientre poniéndole ñu ^
bligo de un mellizo, que haya estado conservado en un sa«
5. P. 122.-<Debe escouderse muy bien el ombligo de loi
cien nacidos, porque si los ratones lo pescan, los niños seróu ^
droneei
7Í). — Para quitar el hipo á los uirtos de pecho, se hanl una
bolita, con el pelillo an-anrado de nua mantilla p^iza qoe tea*
ga pnesta el niño, y se le pegürá con saliva eu la firente.
irá una
lae tea- ;
(1) Preguntando á (|uieii nos dijo la eopla anterior qai aubÍA i
bañlüeo, nos contestó tan sólo que era <nn bicho mny raro quv ««te
jnnto al palacio del I'sdre Santo en Roma. • Por ser la especie curíoaa y
extravagante. In apuntamoH. ¿So sabe algo de esto en Italia?
(3) \'6nB0 la Miseelinoa del segundo número de esta Itcvísta, sf
crita por nuestro distinguido amigo íSr. Rodrigue» Marin.
(3) Este uparnlo se llama en el pueblo de Villaverde, w» mtefje,
nombre que deberá, según creemoa, á c|ue la forma -lue afectan ]o« ti
Iremos puntiagudos de las hojas cruzadas, es semejante á I» de laa alas
del ave llamada asi.
r H la tlQ 1^ ■!■■ -
— 295 —
S, P. 198.— «Cuando uq niño de pecho tiene hipo, para que
se le pase, es bueno arrancar un pelo de la bayeta encarnada de
la mantilla, mojarlo en saliva y ponérselo en la cabeza. •
80. — Para quitarle el hipo á una peleona es bueno darle
un susto.
81. — Si se posa un mochuelo en el tejado de una casa ha-
bitada por un enfermo, éste muere pronto.
S. P, 22. - «Cuando uu mochuelo viene á piar á un tejado, á
media noche, es señal de muerte. § S. P. 177. ~ «El mochuelo, el
cuervo, la lechuza, y el escarabajo son animales de mal agüero.»
5. P. 894. — «Cuando bandos de aves de rapiña se posan sobre el
tejado de la casa donde hay uu enfermo, éste muere antes de tres
dias.»
82. — Es malo tener en las casas aves nocturnas, porque
están en relación con las almas m pena,
. 83. — ^Mirarse al espejo de noche, es ver al demonio.
S. P. 806. — «Quien se vé de noche, on un espejo, con luz en
la mauo, vé dentro del espejo al diablo.» S. P, 884. — «Quien se vé
de noche, sin luz, en un espejo, vé al diablo.»
84. — Cuando se sueña con agua, se llora al dia siguiente.
85. — Si pica una pulga en la palma de la mano derecha,
es señal de que se tomará dinero. Lo mismo sucede si pica la
mano de por sí.
S, P. 89.— «Cuando una pulga salta en la palma de la mano,
es señal de regalo.» S, P. 821. — «Cuando se siente picazón en la
palma de la mano, es señal de dinero.»
86. — Si una persona, quiere atraerse la voluntad de otxa,
se tragará una haba entera, y en el caso de defecarla entera
también, la colocará á los pies de un muerto, la machacará,
mezclará los polvos con cualquier cosa y procurará que los to-
me la persona deseada; la cual simpatizará desde luego con la
autora de lo anterior. (Frase. — «Dar á uno la jaba c...» Vale
tanto como decir que el aludido está dominado por alguien.)
(Véase el núm. 64.)
87. — El martes es dia aciago, toda empresa que se acome-
ta en ese dia saldrá mal. (Refrán. — En martes ni te cases ni te
embarques. Copla:
A mi madre le pregunto
Qu3 si yo he nacido en Martes,
Porque esta desgracia mia
Me sigue por todas partes. (1)
(1) Véase el articulo Algunos u$08 y ceremonias nupciales de Es-
paUta por D. J. Rodríguez Caray, en el número 6." de esta Revista.
— nm —
H8-— Si altirai-al mipIu un fósfinvi encí
(liendo, annndn rtiiiem.
!ílt. — Para traer !a leche á una iiuijer, se le co
cnelloima viwnla (fe íccAc (Véase el núni. ((2.)
9Ü. — Kl ver una sota, pur piiiiiera carta, en el j
señal de pérdida. (Refrán aplicado al cstsn. — tP. á laveott
mala niailana.>)
91. — Ks de mal resultado jugar en el monte nna sota a
tra uncahaUo.(l)
1*2.— Anuncian Hu\ia las nubes rojizas que se notan 6
puesta del sol. (Refrín.— ^Candilazo al anwliecer. f
amanecer. ■■ (-i)
ÍK-i. — Si eu el juego del tresillo se vé prniei-amente <
de espadair. sobi-evendi-á un nial juego. (Kefríii aplicado i
so. — iVeuteruil la puerta, venta raela.»^
94. — Cuando una mujer se corte laü' uíla;i, debe
en viernes, paia no ser desgraciada. (Véase el núm. ii>^
95- — Pai-a que un niflo salga buen cantadur se tendrá i
dado de cortarle las ufias, detnls de la paeita de la habita
donde habite.
9tí.— Para encoutrai' un ohjett» perdido se sujeta '
lie una silla con una cnerda, y se dice: talU estáü amamúlo "
hasta que parezca lo perdido.» (Esto se couow por a/íir /« j»-
/a al diablo.)
97. — Si al caminar por el campo «na persona le roza iu
moscardón \mr el rostro, la persona uiorírá al poco tiempo.
98. — Para quitar las berrugas se lefriega por ellas un
trozo de carne de carnero, acabado de degollar; se guarda des-
pués la carne en lugar donde no sea vista por la pericona íwm-
gosa, la cual cuidará de no lavanie el sitio untado. Al frs* se-
cando la carne sécase también la berniga, linstn qnv desapa-
rece.
9R. — (Otra forma de la anterior.) Si las lierniga-s Mm
en las manos, se pasará» éstas por la espalda de un ealH-6n. y
(1) Lláiiiasori/fi ju^aiJn, unlto loe jiigadore», el albur M,aíwr-
(mío.
(3) No todas las vocee dice el pnehlo eatns ooBüa con viMMtIeM-
riedad ó eo foroia de creenría. £n momentru dados abandonn u<]ueBat
condiciones y recurre ni buen humor para (.'haoquoar & loa oyentiM. Skr-
va de ejemplo ealn eoplii:
Cuando la perdft cAota
Y ei ala extiende,
No hay mejor sefíal d'agna
Ijtic cuando llueve.
— 297 —
aunque éste pregunte ó se indigne del acto no debe contestár-
sele, ni volver la cara atrás.
100. — También se arrancan las berrugas untándolas con
la sustancia amarillenta que despide un abadejo (1) al punzar-
le la baiiiga. .
101. — Desaparecen las berrugas con el menstruo de una
doncella, ignorante de ello.
102. — Para averiguar una doncella si se casará ó nó con
su novio, á las doce del día de la víspera de San Juan, arroja-
rá hacia arriba una babucha por ires veces; si en la última cae
boca arriba, contraerá matrimonio; si lo contrario, no se ca-
sará.
103. — La víspera deldia de San Juan, á las doce de la
noche, tendrán cuidado las muchachas de arrojar, del balcón á
la calle, cubos llenos de agua; y si pregunta cada una respec-
tivamente el nombre al primer varón que pise el agua, á aque-
lla hora, sabrá que su futuro esposo se llamará como el pre-
guntado. (2)
104. — Cuando una familia muda de domicilio, lo piimero
que debe llevar á la nueva casa será el aceite y carbón, para
no cai-ecer en ella, algún día, de alimentos.
/?. r. 28. — «Guando una persona se muda de nuevo á una
casa, la primera cosa que debe llevar es una moneda de plata, para
que nunca le falte el dinero.»
105. — Es malo dar vueltas sobre la mesa aun cuchillo,
porque sobrevienen desgracias ó disgustos de familia.
106. — El caracol de vientOy colgado al cuello siiTe para
que no duela la dentadura á los niños, para curar la erisipela y
quitar las manchas de la cara. (3)
107. — La persona que padezca de erisipela meterá entre
(1) El insecto que sirve páralos cáusticos.
(2) Reñérenme, sin asegurarlo, que en algunos pueblos de esta
provincia, como el Viso del Alcor, es costumbre llevar á cabo, á las doce
del dia de la víspera de San Juan, la siguiente broma: Prepáranse las
muchachas en las puertas y ventanas, con cubos llenos de agua; al dar
las doce tiran el agua ^ la calle, agua que puede caer sobre una persona
ó animal que transito en aquel momento; cada muchacha fíjase respec-
tivamente sobre quién ha ci^ido su agua, pues será el esposo que le está
destinado. Escusado es hacer constar la diversión y algazara que suce-
de, si ha recibido algún burro el baño inesperado.
(3) Esto lo oí decir en público á un vendedor de conchas y cara-
coles, que tenía una lona extendida en el suelo sobre la que aparecían
montones diversos de aquéllos, y era escuchado por un numeroso gru-
po de curiosos.
K.» 8 2
— 2ít8 —
los forros de bu chaqueta un canuto de metsA tleuo de inercuríu,
y aquella desaparece.
108. — Elldiade la Ascensión, deben recogerse cnaiitas
yerbas oieilícinales liaya á mano, pues tendi-án la \irtud de cu-
rar toda clase de dolores. (1), (Véase el núm. 37.)
S. P. 20é.^iQuien recoge la fruta eu el dia ile Sau Mígael,
puede guardarla todo el año, sin temor a que se pudra.» S. P. 211.
— «En Jueves de la Asceneión, al medio día, debe salirse rI cam-
po y recoger yerbas. Las cogidas en este día y hora tieneu la rir-
tud de librar de fiebres intermiten tes y otras de brujería. 1 S. /'. 868.
— «Es bueuo eu el Jueves do la Ascensión recoger ciertas florea y
plantas, antes que salga el sol, pues sirveu para remedios.!
109.— A fin de que una parida no sufra ihíores lie eiifiifr-
lo. se le iKindrán unas tijeras bajo la almohada, sin que ella lo
sepa. (Véase el núni. Gl.)
llO.^Para que los niños de pecho no se ahoguen, se les
amarrará fi la cintura una cnenla con /res nudos.
ALFJASDito GcicnoT X Sierra.
(Contiutiará)
LOS CORRALES DE VECINOS,
V.
Después de las oraeioms, esto es, al entrar la noche, ^iiel-
ven lo.s trabajadores al cori'al, llevando los pocos reales que
lmnganadoeneldía;poi-quelo ordinario es que el traba^jador
cobrediaríamentesu jornal. Reunida cada familia en su res-
pectiva sala, siéntanse padres é hijos á la mesa y comen lo po-
co que pueden comer en Andalucía los que viven del trab^o
manual: nnas sopas, cuando nó un guiso de patatas y garban-
zos, é de legumbres; ensalada en invierno, gazpacho en verano,
y fruta de la estación cuando se vende muy barata.
(1) Yerbas tales como !n tila, innnüanilla, malvan, etc.
— 299 —
Lo común es que la comida de los trabajadores se reduzca
á un solo guiso, con alguna fruta ó ensalada de añadidura. La
carne es un bocado tan caro, que no figura en la mesa del po-
bre sino como extraordinario, cuando repican gordo, que es en
los días de grandes fiestas .
La vecina que pone diariamente un puchero, bien puede
ser considerada punto menos que como á mujer rica; Tporque
^sTñ poner un pucliero se necesita cuando menos de carne de
vaca ó gallina, garbanzos y tocino; y si el puchero no ha de ser
pudiera de miferino, hay que aüadií' algunas legumbre^s y una
morcilla, si nó un chorizo, y alguna raja de jamón, todo lo cual
cuesta un ojo de la cara.
El puchero en la cocina del trabajador — mejor dii-ía en el
anafe del pobre, porque á un anafe se reduce aquélla — es señal
de qué en la sala hay un enfermo. La caridad se encarga en-
tonces de suministrar cuanto se necesita para hacer un caldo
más ó menos sustancioso.
Fácil es juzgar la condición de la comida del trabajador,
• considerando la cuantía del jornal. Siendo éste, por término
medio, de ocho reales, deduzcamos, también por término medio,
un real para pagar la casa, medio para el alumbrado, otro me-
dio para tabaco, dos para pan, uno para ropa y calzado de to-
da la familia, y otro para carbón, vinagre y demás artículos
indispensables para preparar cualquiera guisado, y quedarán
dos reales para comprar lo que con el pan habrán de comer el
trabajador y su familia.
No es de extrañar, por tanto, que padres é hijos se ali-
menten sólo de pan, cuando la familia es numerosa; porque sa-
bido es que la hogaza, que, como antes he dicho, se coinpone
de ocho bollos, vale de veinte á veintiséis ó veintiocho cuar-
tos; y ¿qué menos ha de comer el que no come otra cosa que
pan, y está trabajando todo el día, que tres ó cuatro bollos en
veinticuatro horas?
Verdad es que toda regla tiene su excepción, y la regla de
que la casa del pobre no cuenta más que con el jornal del pa-
dre de familia, tiene la excepción de que á veces la mujer ga-
na uno ó dos reales, — que es todo lo masque puede gauar la
— 300 —
mujer iltltiabiijiídor bi ha de cuidaí* liu !<u sala y de suit ]
y lavar y remeodar las ropas de uno y otro»; — y los h^os a
leu aportar al fondo comun. cuando están bajo la patria ]
testad, otro pai' de i-eales. con cuya cantidad creen que e
bien remunerados los sacrificios de sus padres.
Sea de ello lo que se qoiei-a, e-s verdad que los artícolosfl
piimera necesidad cuestan mi sentido, desde el carbón basta
pan y el aceite para el alumbrado y la cocina; y hay de;
imreió» notable entre el valor de e.-^os artículos y ei jormd, j
lim trabajadores.
Aquella máxima de Iiigieue que enseña ser muy cond
niente para la salud dormir después de comer y despités í
la cena pasear, no tieue aplicación á los que en los corrales ]
ven, poi-que para ellos cnniida y cena sonunaniÍNma (
trabajador almuerza entrada la maflana y come en las pria
ras horas de la noche. Desjniés de la comida, fatigado del tra-
bajo y pensando en que pocas horas después volverá á traba-
jar, se acuesta á donnir y dueinie á pierna suelta hasta el día
siguiente, sinciu-Hr.<e ni del llanto de los niños, ni de lapstrerJiísi
de su habitación, ni de la dureza del colchón, que suele csUr
relleno de paja fjen/ÓH) óde hojas secas de maíz, á que llamiu
eu Andahicla /oaico.
Las mujeres laboriosas dedican las piimeras horoü de |
uoclie y liasta que el sneUo las rinde, á dar algunas punta
como ellas dicen, y á remendar los trapos. Estiw. miserea \
sn casa, desqnítan por la noche el tiempo que perdieron dm
teeldía, y, mártires del trabajo, cousuinen su ejtistencia I
bajando de día. y de uoche.
lias Hi47<-itosy los »iori/ew, (í sea la geutejoven, paswi |
piimeras horas de la velada en animados coloquio» y en i
improvisadas, de que más adelante hablaremos, y los novj
peian hi itava. Iqs más á i>resencia de sus podi'eí, y & htu
lias ó á escondidas, los menus.
En ningún condal faltan vecinos que prefieren trasnm
k donnir, y visitar la taberna á descausar de la» f«tijCK«' d
trabajo en el seno de su familia.
Eittos desgraciados, á qu¡eue^ domina el vicio ilt- U l>ebi-
— sói-
da, son á un tiempo mismo el azote de sus mujeres é lujos y los
eternos alborotadores d^l corral. Ellos son los que, cuando el
corral duerme, axxyrrean la puerta y llevan la alarma á los veci-
nos pacíficos: ellos son los que dan que hacer á los serenos, vi-
gilantes nocturnos, que reniegan de las tabernas y de los bo-
iTachos.
VI
No ha mucho tiempo oí cantar la siguiente coplilla:
A mi iiie (fusta, me gmta
entrarme 2W1' las tabernas:
vefigan cañas de Sanliicar;
que es la más expresiva soleá (copla de tres versos) de cuantas
he oido hasta ahora. Esta copla dice todo lo que se puede decir
de la afición y del carácter de nuestro pueblo; y como por la ma-
no me lleva á hablar de la taberna, siguiendo las huellas del
vecino ti-asnochador.
Nadie pondrá en duda que el pueblo andaluz es aficionado
al \íno. «Sin vino no hay fiesta,» dice el pueblo: y con efecto,
el vino desempeña el primer papel en todas las alegrías del
trabajador; lo mismo en las bodas, que en los bautizos, así en
los días de santos, como en las fiestas civiles ó religiosas.
•El trabajador, el hombre del pueblo, no comprende que
pueda haber amistad que no se jure ante una botella de vino,
ni trato que no se perfeccione bebiendo un par de vasos.
Si nace un niílo ¿qué mejor manera de celebrar el natali-
cio que brindar algunas cañas á la salud del recién nacido?
Tristes bodas serían aquellas en que el vino no cómese de bo-
ca en boca; y primero faltará en el casorio el cura de la parro-
qtda que algimas botellas del consabido.
El hombre que no bebe es en el concepto popular, como el
que no fuma: un pobre hombre. «A mí — dicen las gentes del
pueblo — déme Vd. un hombre que beba y fume.»
La bebida y la generosidad corren unidas, según el en ten-
— 3(12 —
derdelpueblu, El amklnz que bebe un vaso de vinoestád
puesto siempre, en todo lugar y en cualquiera ocasión, á c
dar, mi ya á su aniigo, sino ¡I la primera persona con qniej
paso tropieza, l'n vaso de vino no se niega á nadie, eoiuol
se niegan Á nadie los buenos días y la c:andt'la del cigarro.
La taberna es el lugar preferido por el trabajador {
matar en él sus ratos de ocio, hablar con los amigos, celrf
sus tratos y contratos y jugar ñ, los naipes.
Suele ser la taberna un locjil no muy amplio, distribuí
en vanos compartimientos llamados aifiríos, spparailos lo.-; lunw
de los otros por tableros que no tocan al suelo. nnnienult>» y
pintados con color verde ó amarillo. En el centro de caila cnar,
to liay una mesa de madera sin pintar, ó pintada de blanca la
tapa y de colorado ó verde los pies, y & su alrededor algnnos
bancos ó sillas toscas con asiento de enea. I<as paredes blan-
queadas no tienen, cnandb los tienen, otros cuadros que loa que
representan suertes de la lidia de toros y toreros famosos.
A la entrada de la taberna está el mostrador, detrás del
cual el tabernero sirve á los marcbantes que de pié, y como
quien dice al paso, loma» nna copa ó una caña. Al tubemeni
ayudan uno li más mozos de pocts años. Estíis llevan el vino a
loscuartos, cobran las r(iHt'í(/aí/fls,y,á medida que los bebedores
piden, apuntan con tiza eií una pizarra las cantidadc* que %
adeudando.
Detrás del mostrador se vé una estantería cuajada dcd
tellas, llenas unas de vino y otras de licor; y A un lado y ott
perpuestos y en hilera se hallan los toneles, bota,s á I
que suelen tener escritos en su frente el nombre del líquido q
contienen, cuando noel nimibre del cíisechero f^ el de la riadüfl'
6 pueblo donde se labró el mosto. jV la derecha ó á la izquieni».
que esto es indiferente, no falta una á manera de pila li ¡«le-
la panv el lavado de los vasos, y estos están CDlocadoíi sobre d
mostrador ó en la estantería.
El vino se vende por botellas, en vasos que por su cabida
con relación á la unidad (cuarliUo) se llaman orAo,» y medio/i, j
por cartas, que son vasos de cristal entre largos y rilíndrimi.
en los cuales se sirve la manzamUa ó nno de Sauliicar, i
lUldcar, U|^^|
iw-T»"^:^' •-'■-;■*; '' — ' • •■
— 303 —
también se prepara en Puerto Real y Puerto de Santa María.
Cuando se llena el vaso hasta la gola pierde su nombre de caña
y toma el de bolo.
El aguardiente y los licores se sirven en copas de cristal.
Los precios varían según la calidad del líquido; pero me-
dia copa de aguardiente cuesta dos cuartos, cuatro la cafla y
ocho el bolo:
El aguardiente y la manzanilla son las bebidas que pre-
fiere el pueblo andaluz; y cuando el bebedor no puede pagar
aquel virio, se contenta con el blanco, ó con el de la tierra, & que
llaman de la hoja, ó con el duro, si no se satisface con el que
desde Valdepeñas baja á Andalucía.
El hombre del pueblo rara vez bebe solo. El vino, para
que sepa á vino, se ha de beber con un amigo, dicen por estas
tierras.
Reúnense dos ó tres hombres, á quienes el vino hace
compadres, y vánse á la taberna de la esquina; — y no sé yo
por qué las esquinas han de ser los lugares más socorridos de
tabernas. — Posesiónanse de uno de los cuartos, y el que con-
vida toca las palmas, A poco se presenta un sirviente que
pregunta, apoyando sus manos en la mesa é inclinando el
cuerpo hacia adelante como qui^n hace una cortesía:
— ^¿Qué va á ser, caballeros?
O bien:
— Ustedes dirán, señores.
O de esta otra manera:
— ^¿Qué se trae?
Contesta el que llamó, y muy luego vése sobre la mesa el
líquido apetecido, en botellas, vasos, copas ó cañas.
Si los bebedores pidieron manzanilla por docenas de
cañas, éstas son servidas en bateas de hoja de lata, de tal
manera dispuestas, que tienen para cada caña, su lugar se-
parado.
Sírvense también las cañas á la mano, ó lo que es lo
mismo: el sirviente de la taberna, á quien llaman niño los be-
bedores, las va dando á éstos, una á una.
A las primeras cañas suceden otras y otras.
— 304 —
— Esta cotirhhda va por mi cuenta, dice un bel)edor.
— Nifio: tráete la niia, dice otro.
Es costumbre eii casi todas las tabernas obsequiar á los
bebedores de »iafun»(7/n .quehan liectio alg:iiii^asto,9 estoes,
que han pedido más de una docena de caflas, con rajas de
qne»», lonjas de jamou, aceitunas atinadas ó rajas de clionzo-
Este agasajo es ^por cuenta de la casa.'
Guando los bebedores están en lo mejor de la fiesta suele
aparecerse algún vendedor de mariscos, manjar qne despierta
el apetito y la sed de vino, el cual hace su agosto derramando
á manoíi llena sobre la mesa sn codiciada mercancía, por la
qne recibe muy buen pa^o.
Acude también á las tabernas el ciego que canta y toca la
guitan-a; si bien este tipo popular, muy digno de estudio,
frecuenta más law ventas y los ventonillos, que las tabernas
de la ciudad.
El vendedor de mariscos y el ciego de la guitarra van á
la taberna il explotar la alegría y el despilfarro del bebedtff;
y no son ellos los únicos que A tal lugar fonrurreii (.tui t-i pro-
pótdto que es dicho: muchos pobres, que andan á la limoana,
disputan á aquellos las primicias de la generosidad qne por el
riño se despierta.
Los bebedores constantes de manzanilla, soo también
jugadores de cartas. La wahUa, el solo y selladamente
el renloi/— juego de envite en que más gana el que más habi-
lidad tiene para engañar á los conti-arios, hablando mucho,
mintiendo á catla paso, haciendo mayores apuestas cuando le
sopla peor el naipe — son los jnegos preferidos por el pueblo
andaluz.
(Cotitimiará).
Luis Mohtoto.
■C~e:Sí:;jtix^3'-
«í-^v^- .'—•-•-
— 305 —
EL AGUA AMARILLA «
CUBNTO POPULAR
Estas eran tres bermauas y babía poca costura, y dice la ma-
yor: yo me quería casar con un panadero para que no me faltara
pan; y la de enmedio; pues yo con un cocinero: y la más cbica;
pues yo con el Key; á esto que pasaba el Rey y lo oyó; y entró, y
dijo: ¿quién es la que se quería casar con un panadero? la mayor
dijo que ella: ¿quién es la que se quiere casar con un cocinero? la
de enmedio contestó que ella: y el Eey, dirigiéndose á la más cbi-
ca, añadió: pues entonces Yd. es la queso quiere casar con el Bey:
la más chica respondió que sí: y entonces va el Bey y dice: pues
ahora mismo se vana celebrar las tres bodas: la mayor se casó
con el panadero, la de enmedio con el cocinero y la más chica con
el Bey: las hermanas desde que vieron que se casó con el Bey su
hermana la más chica, no querían ir á su casa á verla: la toma-
ron envidia; pero al año tuvo un niño, y enteradas fueron y le pi-
dieron permiso al Bey para ver á su hermana: el Bey les dijo que
si: entonces las dos hermanas entraron í ver á su hermana: cuan-
do estuvieron dentro, sin que ésta las viera, cogieron al niño, lo
metieron en un canastito de flores y lo echaron poruña ventana á
un arroyo que pasaba por allí debajo. El Sultán del Bey tenía cos-
tumbre de pasearse todas las tardes por el jardín; pues una tarde
vio un canastito que iba por el arroyo, y con el bastón lo fué arri-
mando á la orilla, y vio un niño dentro: lo cogió y se lo llevó á su
casa y se lo entregó á su mujer para que lo diera á criar á un ama.
Pues señor: las hermanas fueron y le presentaron al Bey un perro,
diciéndole: que aquello era lo que había tenido su mujer. El Bey,
de enfadado que se puso, quiso separarse de ella; pero los amigos
lo convencieron de que no se separase de su mujer: pues señor, al
año siguiente tuvo otro niño: fueron las hermanas lo cogieron y lo
metieron en otro canastito y lo echaron por la ventana que daba
(1) Publico este cuento tal como ino lo refirió una hermaua uiíii
de doce años, conservando sus uiisiiias palabras y repeticiones.
N.'» 8 3
^.»^'*:o t« ^* ^" :ío»° ^'J: oi- ■<:;,-• "'■:•'-
;>.«^'*
J
— 3or> —
Eil jartlcii: ¡luCB so estnba pasteando g1 SnItÁu y vio otro c&uastito
qne iba por el arroyo, y coa el bftstóo lo fue aTrimando á 1k orilla,
y lo cogió, se lo llevó á su casa j le dijo li su mujer: que el am& que
liabía criado al otro que criara á aquel tambicn: pues señor: las
hermanas le presentaron al'Boyuu gato, dÍcit:adole: que aquello
era lo que Labia tenido su mujer: el Bey se puso muy enfadado y
quiso separarse; pero loa amigos lo convencieron; y, por fin, siguió
con ella EJu separarse: pues señor, que ni otro año tuvo una iiiiia, y
fueron las bermauas y la cogieron y la echaron por la ventana ni
arroyo: pues estaba el Sultán paseándose y vio otro canaEtito q
venia por el arroyo, y fué con- el bastón, y lo fue arrimaudo Ii
la orilla, y vio que tenia otro niño: fué, lo sacó, y se lo lle»¿
casa, y le dijo á su mujer; que la misma nma que liabia criado i a
otros que criara á aquól; pues señor las hermanas le preseutaroa «1
Rey un pedazo de corcho ensangrentado, el Rey mandó que la jio-
sieranal instante en una jaula de hierro para burla de todo d
mundo. El Sultán del Bey Imbia criado a loa tres niños y les i
ha lástima de decirles que l-I no era su padre: pues señor, (jw
murió y no les dijo que él no era su padre: á poco tiempo se ma
la mujer del Sultán y tampoco le dijo qne ella no era su ma¿
Los dos niños y la niña lucieron una casita junto al Palacio, J
fueron á vivir allí los dos hermanos y la hermana: pues s«Ñor,|
eran mocitos y la distracción que tcijian era irse de cacería: )m
hermanos le pedían permiso á su hermana, y si les decía que sí.
iban, y si les decía que nó, no iban. Un día, cuando los h«-maoM
se habían ido de cacería, llegó una vieja, y le dijo á la niña: i
niña, á osta casa le faltan tres cosas: y ella le preguntó qne iéñ
taha: la vieja le dijo: que faltaba el ayiia duianVíit, el pájaro •
habla y el árbol que canta, y se fué corriendo; la niña se qv
muy apurada; vinieron loshurmanos de la cacería, y le prí
ron qne qnótenía: ylahemiana los dijo: que nada; pero nfliij
de mucho ruego les confesó que lo que tenia ora, que hahíik Utfít-
do «nn vieja y que le había dicho: que á aquella casa le falubon
tres coí>as: el agua amarilla, el pájaro que habla y cl tirlwl que
canta: entonces el hermano ma^or dijo: pues yo voy á buscar
el a'jua amarilla, el pájaro que habla y cl árbol que cania: Ifi dio ■
la hermana un cuchillo prcviuicndole que cuando lo viera «nsan-
greiitado era que estaba en peligro.
Pues señor, que se va el lierniauo y se encontró ú nii ermi-
taño, y le dijo que ú sabia donde estaba ol agua amarilla, ol pf <
— 307 —
jaro que habla y el árbol que canta: entonces el ermitaño le dijo
que era inútil que fuese, que todos los que habían ido se habían
quedado encantados. Él respondió que si le daba razón, bien; y
sino, que ya iba andando; entonces el ermitaño le dijo: toma esta
bola, tírala y llegarás al pié de un monte, empezarás á subir y por
muchas voces qne te den, no vuelvas la cara atrás, porque si no
te quedarás encantado en una piedra negra. Se fué el niño, tiró
su bola y llegó al pié del monte, empezó á subirlo y como daban
muchas voces, volvió la cara atrás y se quedó hecho una piedra
negra. Al otro día por la mañana miró el cuchillo su hermana y
vio que estaba ensangrentado, entonces le dijo al otro hermano que
si él no iba á buscar á su hermano que se iba ella; al otro día por
la mañana se fué el otro hermano á buscar á su hermano y le
pasó lo mismo; aquél le dejó á su hermana un espejo y le dijo que
cuando lo viera turbio era que él estaba en peligro; al otro dia
por la mañana miró la hermana el espejo y vio que estaba turbio:
en aquella misma hora se puso en marcha para buscar á los dos
hermano 3 y se encontró con el ermitaño, y le preguntó que si
sabía donde estaba el agua amarilla, el pájaro que habla y el árbol
que canta; el ermitaño le dijo que no fuera á buscarlo porque ha-
bían ido dos mocitos y que no habían vuelto: que regularmente se
habrían quedado encantados; entonces le dijo la niña que si no le
daba razón de ellos que se iba; entonces le dijo el ermitaño: toma
esta bola, tírala, llegarás al pié de un monte, cuando empieces á
subir por él, por muchas voces que te den, no vuelvas la cara
atrás, porque te quedarás hecha una piedra negra; cuando llegues
arriba verás al pájaro que habla, póule la mano encima y ya pue-
des mirar á todas partes. Entonces le dijo la niña que si tenia
por allí alguna cosa con que taparse los oidos, y el ermitaño le
dio unos trapos y se tapó los oidos, luego echó á andar y tiró su
bola y llegó al pié del monte y empezó á subir el monte; cuando
iba subiendo le daban muchas voces, pero ella no volvía la cara
atrás; al fin llegó á lo último del monte y vio al pájaro que ha-
blaba, le pus» la mano encima y ya pudo volver la cara atrás,
entonces dijo el pájaro: aljin una picara mujer me había de cqjer.
La niña entonces le preguntó donde estaba el agua amarilla y el
árbol que|canta, y el pájaro le enseñó donde estaba el agua amarilla
y el árbol que canta.
La niña llenó dos cántaros de agua y el pájaro va y le dice:
mira, cada hoja de ese árbol es un canto diferente; entonces la ni-
— 310 —
vuelta, U rnntó tambiéu. Cunado volvió otra vez ol padre, le é
rjue estaban sus hijas tan buenas y tan contentas; poro que que-
rían estar las tres hermanas reuaidns; que trajera la menor y U
darla otra cantidad igual A la qiio le había dado cuando trajo a las
otras dos hijas. Cuando vino la chica hizo lo mismo (¡ue con Us
otras doN hermanas, esto es, darle la mano para que se la co-
miese; pero ella, viendo que no podía conseguirlo, la metin en ad
pañuelo y se la ató al vientre por debajo del vestido. Cuando vino
el jigantü le preguntó ai se bahía comido la mano negra, y ella le
contestó que sí: él le dijo: ahora lo voremosT— imauo negra!— mande
usted— ¿á dúude estüs?— En la barriga.— Entonces le dijo ol jtgttate
ú la niña: tú te quedaras nquí como si fueses mi hermana, y le
dio todas las llaves de la casa; ella encontró, registrando la oam,
un cuarto con muchas jóvenes muertas y entre ellas á sus dos
hermanas. Mirando toda la casa, dio con otro cuarto todo lleno de
medicamentos, y entre aquellos tarros hahia uno con nu letrero
que decía: nngtiento para reeiicitar ú los muertos, dándoles con una
plumita. Entonces decidióse ú matar al jigante para poder líbrai
á todas aquellas jóvenes, empezó por untar con el ungüento ú bus
hermanas, y así fue uutaado á todas aquellas jóvenes, que resu-
citaron; pero las dejó encerradas. Luego se salió fuera tan eon-
teuta, y cuando llego el jigante le dijo si quería que lo espulgaae,
él contestó,— sí, vamonos al corral, al sol. Ella le clavó un alfiler
en la cabeza y lo dejó muerto; lo quitó dos llavecitas que tenia al
cuello y abrió el castillo con ellas, hhertando á sus hermanas y i
las demás jóvenes, y todas so maruharon, entonces dio nu tronido
muy fuerte y desapareció el castillo, quedándose convertido en na
campo conocido para ellas. Desde alli, muy contentas, se marcha-
ron á su casa, en donde fueron recibidas con la mayor alegría por
sus familias, de cuyo lado faltaban taoto tiempo hacía.
Aqui se acabó mi cuento, con sal y pimiento, y rábano tuario»
(Huelva.)
'^*í^.''^ •«'
— 311 —
MISCELÁNEA
PREGONES Á GRANEL «
1 Piñones gordos como almendras, tostaos y eraos llevo loh
piñones.
2 Tagarninas blancas y tiernas.
8 Pajaritos pelaos.
4 ¡Ayer volaban! Ayer volaban!
5 A cala ricos melones.
6 Melocotones serranos.
7 Tomates coloraos y pimientos verdes.
8 Habichuelas, papas y calabazas.
9 Uvero; luíses y moyares, que son de las buenas.
10 Las luíses, que son buenas.
11 Gordos y dulces. ¡Qué buenos jigos!
12 Lecbugas y escarolas.
13 Almendras. ¡Qué buenas almendras! Crúas y tostás.
14 Jazmines y ¡qué flores! Aquí llevo el rico nardo.
15 Traigo capullos con el cabito suyo.
16 De viña, jigos malagueños, blancos y buenos. Al cuarto
cinco y seis; los gordos y durses.
17 Damascos, peras y ciruelas. De Almonte las ricas brevas.
18 Panales y agua. ¿Quién quié bebé?
19 Tanto yamá,
Tanto yamá y ¿quién la bebe?
¿Quién quiere la nieve? ¿Quién quiere la nieve?
20 Aya bá Perico.
21 Agua fre-ca. Agua fresca.
22 A los güebos fresquitos.
28 Caracoles por armvies.
24 Arcachofas gordas. i
25 Al rosquete, niña, bamos al rosquete.
26 Paja pá gergonss.
27 ¡Qué buenas sardinas han benido hoy!
Sin sá,
Sin sá,
Pá armosá.
¡Qué güeñas están!
(1) Ninguno de estos pregones están contenidos en los trabajos
de Demófilo, ni en la Miscelánea del fer. Guichot. Todos han sido reco-
gidos en Sevilla. Trascribo estos pregones con su propia ortografía.
— 312 —
28 Peces do colorea.
29 CaracoleB bargaos,
80 Sardinas de banasta.
81 Povos y gayinas.
82 Pabos, pabos.
as Yara por loa pcstiñoa, do corasúu, niúos,
34 Eucañisno píi las maBetas de claveles.
35 Chochos y arbeyanas,
3C Oaüeates y aguardieute.
Íí7 Caarbooóu!!
88 ¿Hay argo que teüi? Er tintorero.
59 A cunrto paimlea.
40 Cisco de carbúa.
41 Camarones y c.iiiyrejos.
42 Anafes malagueños; tapaderas para las oyas y las oasaa-
las; asienws para las planchas; esteDasitasyosttebreei-
tas para caminar.
43 De viña jigos. Tros y cuatro al cnarto, qno á oaramolcu
saben.
44 Espárragos y liuebos.
45 Espárragos trigueros.
46 Ni las viejas ni los viejos comen mis garbanzos. Pollos,
que me compréis garbanzos.
47 Un cuarto una jauega « chochos.
48 Zarzaparriya inglesa (vino de la tierra.)
40 Dos cuartos un qiálatabardiíjoa (abanicos.)
60 Papel pá escribir, dos cuartos el cnadernillo. A ochavo
sobres para cartas.
51 Arrope y dulce de vendimia.
52 Tortitas y lo otro.
•)9 De los jardines.... alcauciles.
64 Morns mauras. A ochavo el posillo de moras.
55 Langostinos de la mar.
66 PescaiUas del vapor.
67 Aceitunas verdes j.á endulzar.
68 Por trapos, jieri'O, plomo^metá y zaleas viejas.
50 Cinco ochavos una fanega de sal.
00 Nueces mollares de Ronda.
Gl Niñas, ¿se quieren zarcillos?
62 Zapatillas y babuchas.
63 Que me qtiemol que mo quemo! camarones.
64 Avellanas y cotufas.
65 Cal do Woióu'
o i o
Preg:óii cantado de Viceiitito el florero (1)
Toda España traigo andada
y corrido sus jardines,
sólo por traerle á usté
mosquetas, lirios y jazmines:
soy el tunela más grande
que se pasea en Sevilla
sólo vivo de engaña
á los tontos y las chiquillas:
á charrán no hay quien me gane
pero á florero tampoco
que con cuatro chirigotas
sin trabaja, vivo y como:
las flores son las más malas
que se pase9.n en Sevilla
pero le saco el parné
á los pollos y las pollillas.
A cuarto pá 1 1 s mositas
y á dos para las casadas
para las viejas á rea
que no se adornen la cara
y si la justicia supiera
la prenda que es el florero
en lo alto de un tomillo
me corgat^an po d pescueso.
JUEGOS INFANTILES
Las h-ijas del Rey moro. (2)
Se coloca, haciendo de madre, una niña sentada en una silla,
7 encima tiene otra niña que figura su hija predilecta; luego Tie-
nen dos de pie, con an pañuelo, que pasan por encima de todas
(1) Conservo á este pt^egón-biografia la misma ortografía con que
lo he oído cantar y mo lo han dictado.
(2) ¥!,ñte juego, recogido en Huelva, y el romance siguiente, son
dos variantes del juego portugués publicado por el Sr. Araujo.
K.» 8 4
laa qae están sentadas en hilera, una á una. delante da la madre.
Las que vienen oorriendo con el pañuelo:
Caballero.
La uadbe.
La niña.
Cabíllsbo.
La niSa.
Caballero.
La HiíiiL.
—Do Francia vengo, seüorft,
X)or uu niño portugués,
y me lian dicho en el camino
que tres bijas tiene usted.
^Que las tenga ú no laa tenga
con ellas me quedaré,
y del pan que yo comiere
comerán ellas tanibiéu,
— A Francia voy enojado
ú darle la qiicj.i al rey,
— Vuelva, vuelva, oaballero,
no me sea descortés,
y de laa hijas que teugo
escoja la más mujer.
^Esta escojo por esposa,
por es-paía y por mujer;
pues me p.areoa una tosa
acabada de nacer, f Cojea la niiia que tr halta colo-
cada miU lájot de la nuda y U <liee:
— Levántate, clavo,
— Eatoy clavada.
(A la misma Mi¡a.J—Á.\2ñ, cebolla.
^Eatoy en la olla.
—Alza, perejil.
(Se Icvaiiííi.j—Eio sLque me gusta á raí.
Así hace con todas las niñas basta llegar á la que tiene la
madre en la falda. Ésta le dice quauo puede dársela porque la
está peinando; ae marcha el qno se laa lleva y viene de parte del
Rey á que le dé la bija; ella dice que la está vistiendo; deSpnes, que
la esta calzando; en fin, muchas disculpas para no entregarla. Por
último, la madre se queda dormida, le roban la bija y se la llevan
y la meteu en un rincón quo figura un hornos la madre pide can.
déla, va al horno y mete la mano, la niña le tira un pellizco y la
madre cree que son ratones: el amo del horno la dice qne no, y
saca una brasa que en el camino se lo apaga, y vuelve diciendo
que se lo ha apagado; el amo vuelve ú darle otra brasa y ae va á
su casa. Entonces todos salen diciendo: 'la bija del Royl, la hija
del ReyN, y la sacan de la mauo repitiendo: 'la bija del Bey!, la
bija del Rey!>, sucesivamouto, asi como va pasando por laa manos
de todaa y se coucluyc ul juego repitiendo: <t|a bija del Bey.il
— 315 —
Del Corro (1)
—Al aDf?el del oro
que son hijas de uu marqués
y me ba dicho una señora:
«qué lindas damas tenéis.»
■—Si las tengo ó no las tengo,
para mi las guardaré.
— ¡Oh, qué alegre que me vine!
¡Oh, qué triste que me voy!. .
pues las hijas del Eej moro
no me las quieren daf , nó.
— Vuelva acá ese caballero,
no sea tan descortés';
de las bijas que aquí tengo
escoja la que él quistes,
— No quiero esta, por tinosa,
ni tampoco esta, leprosa;
esta escojo, por hermosa,
por pulida y por mujer,
que me parecía una rosa
escogida entre uu clavel.
f^Co/o.; — Salga la dama
y ñorezca en su campana.
— Ella será bien tratada,
y en silla ^de oro sentada,
y en la de marfil también.
Del vino que el Bey bebiese,
de ese vino ha de beber,
y del pan que el Key comiese
ella comerá también.
fCoroJ—Azotitas con vinagro
para que resquemen (2) bien.
(1) Debo este romance al distinguido folklorista asturiano, señor
D. Carlos García Ciano, quien lo recogió en V'illa viciosa (Asturias.) Como
se ve, es una vanante del anterior.
(2) Eesqtiemar, escocer.
J<? VOU8 vPn.fla i
alluniptte
Con este titulo os conocido od Francia ua juego qne ooDSÍsta
en liaccr {iiiBKr rápidn mente do inano en mano entre un circulo ile
personas iin fósforo oucendido. ftcoinp&ñando el movimiento con
estas palabras: el bueu hombrecito vive todavía (petit bonbom-
me vit encoré). Aquel en cuya mauo sa apaga el fosfora pierde y
paga una prenda.
Según Emira Lundrol, este juego ae liace en el país vecino
acompaitándolo con otras palabras,
■El que recibe el fúaforo del qiie tiene al lado, dice:
Je prenda votre allumelte
tinte vivante, toule vivelette
y lo entrega al quo tiene al otro lado, añadiendo:
Je vons vende moa allumette
toute vivante, tóate vivelette
viéndose obligado á comenzar de nuevo, si se equívoca al decir es-
tas formulillas, con gran contento de la Eociedad.i
A este juego francés corresponde el quo á contiunaoion Irsa-
cribimos, tomado de uu librito impreso en Madrid á principios
del eiglo, titulado: Liciln recrea ea»rro li colección tU cincuenta jufgo*
ciiiuíciibíS cvmintiiumle con d nombrr de jiteijnt ile prendan. Hi' aqui el
SotLO, Y vivo TE LO »0V
• Después de sentados en rueda, y con el brasero ó una luz
enmedio, se toma uu pedazo de papo! y se hace como nn cigarro
bastante grande; este se enciende á que haga uu poco de a
va pasando de mano, soplándolo el que lo di antes de entregarlo;
y la persona en que llegue á apagarse paga prenda. Se vuelve á
encender y se daráu las vueltas que ee quieran.
I
— 317 —
Para este juego se usa de estas palabras: Sophy y vivo te lo
doy; y si muerto lo das^ la pagarás: y se entrega el papel; ad virtien-
do se han de pronunciar estas palabras con claridad y con mucha
viveza; y que hasta concluir la última, no lo ha de entregar: que
asimismo, aunque el que sigue conozca que al tomarlo se le va á
apagar en la mano, lo ha de tomar prontamente, concluida la úl-
tima palabra y de no hacerlo pagará prenda.
Tampoco deberá tomar el papel sin que el otro haya conclui-
do las palabras y haya soplado poco ó mucho; y si el Presidente
advirtiere qne no ha soplado por temor que se apague, le hará
pagar prenda también.i
Este juego, que aún subsiste entre nuestros muchachos con
la formulilla:
— Soplo, y vivo te lo doy.
— Si muerto me lo da^, tú me lo pagarás;
existia en España á fines del siglo XVI y principios del XYU, se-
gún consta de Los juegos de noches buenas á lo divino , de Alonso de
Ledesma, publicado y anotado por Demófilo en Los Lunes de El
Porvenir,' en Enero y Febrero del año 81. De la significación y re-
moto abolengo de este juego, habíanos el ilustre mitógrafo portu-
gués, Excmo. Sr. D. Teófilo Braga, en un articulo publicado en el
número 8, correspondiente á Febrero del año 81, de ^ Era nova,
con el titulo de ^Os jogos populares e inf antis, % Hé aquí la traduc-
ción de los dos párrafos que se refieren á este interesante es 7
tudio:
•En las comedias de Jorge Ferreira, de Vasconcellos y de
Gil Vicente, alúdese al juego doméstico de Don-che-lo vivo (doytelo
vivo), que consiste en pasar de mano en mano un palo encendido,
pagando una prenda aquella persona en cuya mano se apaga (1).
También la costumbre popular, en algunas fiestas de Santos, de
correr con hachones encendidos, pertenece á esta misma diversión
que tiene un sentido religioso ó augural, por lo que en las Constitu-
ciones de los' Obispados se prohibe encender candelas. Los griegos
asaban esta diversión en las fiestas de los casamientos y llamaban-
(1) £n Aulegraphia ctninhf^ madrínha e azougue, joga o Don-che-
lo vivo, oom quantos aquí ancoram,» f. 69. En el nombre popular del
jn^go conservóse la forma gallega de che por le.
— 3ltí —
la Lampailoplioi-eiñ; corríau hasta cierta dtstoucia con i
encendido, y luego qae ee apagaba, daban una prenda ni B?y del
juego. La diversiun rusa tiene máa analogía aun con U fotma do-
méstica portuguesa: O Jití.jir Kuríllia, el tizón vive todavía: i
siste en paear de mano en mano'iui tizón encendido; aqusl q
toma está obligado á cantar esta brove caución: W fíe»*» r
ría, el tizón vive imlavia: y cuaudo i-sie bd apsg'a ant«s que ee 4
Ia canciñu, el que lo tiene esti'i obligado á pagar una prenda;
juego se emplea eu Kuaia eu ocaEÍón de las fiestas de Na^
en las mismas eonilieioues usiLbase en España en el siglo ]
eegim se w en las glosaB de Ledesma, lt'05, ú los nombres p
lares de loa jaegos de la iVüc/ií-iiífio.
Soplo; vivo te lo do
para do?
•El juego de Dau-dif-lo n'vo es conocido en Europa dea
siglo VIII; de él habla Tylor ligándolo ñ una superstición dn
se acusó á los Mimiqueos: «Un ¡nocente pasatiempo de loe i
ellos de nuestra época húUaae mezclada con una terrible }
de hace mil años. Hó aquí cerno este juego fie practica en 1
cía: loa nuios forman una rueda repitiendo todos las mismal
labras mientras circula entre ellos el objeto encendido con lafl
yor velocidad posible, porque aquel en cuyas manos se apaga iie-
ne que dar una 2>renda, en cuyo caso se dice: ti biim homhretilv Ad
mimto (P^tit bonhomme est moi'ti?). Giim Iiaoc menciuD d* DD
juego anuiogo de Alemnnia, donde emplean uu palo euceitdidoj
Hatiwell inserta la canción con que se canta en Inglaterra: iJtcL
está vivo y con buena ealnd, si muere en vuestras manos, icnidado
con vos!i' Tylor cita una diatriba del Patriarca de Armenia, Jaui
do Oaún, escrita en el siglo VIII contra los Maniqtieos acusándo-
los de hacer el juego del bnen hombrecito con una criatura heri-
da, que pasaba de mano en mano, siendo venerado oomo prítnen
dignidad de la secta aquel entre cuyas manos moría. Esta misma
acusación hicieron los politeístas li los judíos, los judies á loictH-
tianos y estos ü la secta de los Mar^iqueos. llamados los btitniukam-
hres desde el siglo VIII, acaso como alusión infamante al jnego Jo
que se les calnmuiaba.»
^
— 319 —
La reii.ta del pelado
Llaman los muoliaclios de Andalacia, y no sé si también de
otros pantos de España, cobrar la renta del pelao á una costumbre
que consiste en dar i^n muchacbQ á otro que acaba de pelarse ó
cortarse el cabello, un cocotazo en la región occipital con la ma-
mano, abierta. Esta costumbre, ó si se quiere juego infantil, que
se usa casi siempre con los muchados pelados á putita de tijera f
tiene íntimo parentesco con otra costumbre de muchachos que
consiste en darse unos á otros coscorrones en la cabeza en la for-
ma antedicha y llevarse después la mano,* igualmente cerrada, á
la nariz haciendo como que huelen y que por el olor se enteran
de lo que el paciente ha comido.— ¿A que te adivino lo que has al-
morzado?—¡Á que nó!— El adivino da un costícrrón á la víctima,
llevándose luego la mano á la nariz y diciendo:— Tú has almorza-
do.... has almorzado..., huevos; etc., etc.
¿Tiene alguna analogía, se nos ocurre preguntar, esta forma
de adivinación muchachil por medio de la percusión de la cabeza
con los nudillos de la mano, con la adivinación por medio del homó-
plato de que nos habla el ilustre fundador del Folle-Lore Mr. Thoms,
en el articulo traducido en el número anterior de esta Be vista?
No lo sé; pero creo firmemente que estudiando esta fórmala infan-
til, estamos en presencia de un verdadero /ó«¿¿ de las civilizaciones
pasadas. Después de todo ¿no juegan los niños á los soldados y
finjen pelearse como sus padres, sin otra diferencia qae la de que
éstos son lo bastante bárbaros para matarse de veras? ¿No están
llenas todas las religiones de absurdos no menos ridículos que es-
tas prácticas adivinatorias?
EN PAGO DE BUEN SERVICIO.
(CUENTO POPULAR.) (1)
Un serpiente que bregando, bregando, habia quedado presa
debajo de un enorme peñasco, dijo á un hombre que por allí pa-
(1) Publico este cuento tal como lo he oído en esta ciudad (Sevilla)
á un hombre de oficio carboner».
— 32U —
eabar-oSiicamedeaquí;' — g1 hombre k sacó y Wserpieut
que iba a matarlo.— ¿Asi vas á pagaime el servicio que te li»go? —
Así; pero, una cosa puedo Eiacsr en favor tuyo; coneulturemoa á
loa Ira prímeroB auimalos k^uo nos encontremos y ei algnno de
ellos dice que nú, no te mataré.— Se encontraron un M»-ívj,— ¿De-
bo matará este hoinbre?^Si. — ¿Púr qué?— Porque yo be sido
muy bueno para mi casa, me he ruto el alma trabajando y y&qae
no ptiedo con la carga me ceban al campo para que me muera de
hambre:— siguieron andando y se encontraron á uni/nfc/omuy seco
y le hicieron la misma pregunta. El galgo dijo: — Debes matarlo.
— ¿Por qué? — Yo be sido on galgo que he llevado mucbisima caza
A mis amos y ahora que no puedo correr me echan de casa poro
que me muera de hambre. Siguiendo caminando se encontrarüu á
una iunfl,- A Vd. letoca decidir,— Paradlo, dijo la zurra, aeee-
sito ver cómo estaba la serpiente ánUs de salvarla. — Volvieron
atrás y pusieron il la serpiente donde estaba, y entonces dijo la
zorra al pastor; — Vamonos, — y la dejaron debajo del i)eñaBCo la-
mentándose de 8U de sgracin.— Entonces dijole la zorra al pastor;
— Vamos á ver, compadre pastor, ¿no tiene Vd. alguu corderíllo
que darme?- Vamos al rebaño; yo te daré uno.— No; dos, para dar-
le de comer á mis hijos. — Vaya Vd. por sus hijos mientras voy al
rebaño por los corderos, y aguárdeme aqoí.— Como era entre dos
luces, el pastor cogió en una mano un borrego y en la otra un pe-
rro, y cuando Uegá al sitio, la zorra le dijo: -Écheme Vd. nu car-
nero,—y el pastor se lo dió y enseguida le echó el perro. Y le dicen
loa hijos á la madre:— Madre, apriete Vd. las patas: y la madre
contesta:— Hijos, ¿qUL' patas ni qu<^ patas? si este mundo no w
vuelve masque una pura trampa.— rcíiniirft,;/ i/n fui tj >
meilin-uH iw¡a.
ROMANCE DE BERGARDINA
L'n padre tenía tres bijas,
más buuitiis que la plata,
y la mus techiquitita,
Bergoi'dina so Humaba.
i^¡r^
— 321 —
Bergardina se pasea
por una sala cuadrada
con gargantilla de oro
y el pelo que le arrastraba.
Estando un día comiendo
su padre la retrataba,
y le dijo: -«-Bergardina,
tú has de ser mi enamorada.
— No lo permita Dios, padre,
ni la Virgen consagrada.
— Vengan pronto los criados
y á Bergardina encerrarla
en un cuarto muy profundo
que en este palacio haiga. — »
Ella se metió pá dentro
con las lágrimas saltadas,
con lágrimas de sus ojos
todo el cuarto lo regaba.
— Y si pide de comer
darle carne muy salada
y si pide de beber
darle zumo de retama. —
AI otro día siguiente
por un balcón se asomaba
y vio á sus dos hermanitos
jugando al juego de damas.
--Hermano, pbt ser mi hermilnói
dame una poca de agua
que tengo mas sed que hambre
y á DioH le entrego mi alma.
— Calla, puerca, deshonesta,
cochina, desvergonzada,
que no quisistes hacer
)o que el Bey padre mandaba. —
AI otro dia siguiente
por un balcón se asomaba
y vio á su madre venir
peinándose puras canas.
— Madre, por ser usted mi madre
dadme una poca de agua
que tengo más sed que hambre
y á Dios le entrego mi alma.
— Hija de mi corazón,
te la diera de buena gana;
pero si padre se entera
el pescuezo me cortara. —
AI otro dia siguiente
se asoma por otra ventana
y vio á su padre sentado
X.» 8
1 . » - '..j^:.y~j: ^TT^'^TT^.V^,
— 322 —
en nn sillón de rioafilata.
— Padre, por «er neéad mi padre
dadme nna poca de agna
qne tengo más sed que hambre
7 á Dios le entrego mi alma.
—^Vengan pronto los orlados
7 á Bergardina ocm agua,
unos oon jarros de oro
7 otros oon jarros de plata;
el que venga más primero
con Bergardina se casa.-—
A la vuelta los criados
á Bernardina encontraron
con ángeles á la cabecera
7 la Magdalena á los pies
que tristemente lloraba,
Éepiquen las campanas de la gloria
para Bergardina que ha muerto,
Ír para su psdre
as campanas del infierno.
VARIANTE DEL ROMANCE ANTERIOR
Rey moro tenía tres hijas
Bonitas como la plata;
La más bonita de todas
Angelina se llamaba.
Un día estando en la mesa
Su padre que la miraba
— ¿Qué me miras, padre mío,
Qué me miras á la cara? —
— Yo te miro, hija mía,
Que has de ser mi soberana. —
— No lo permita mi Dios
Ni mi Virgen soberana
Que sea madre de mi madre
Y madre de mis hermanas.
Mandó el padre la encerrasen
En una sala cuadrada,
*Si pidiera de comer
Carne de perro salada.
Para dormir le pusiesen
Un monioncito de paja.
— 323 —
A los tres días se ha asomado
Angelina á una ventana
Y vio á su querido hermano
Que á la pelota jugaba.
— Hermano, si eres mi hermano,
Dame una poca de ^gua.
Que el corazón tengo seco
Y á Dios entrego mi alma*--*
— Métete para adentro,
Cochina, desvergonzada,
Que no quisistes hacer
Loque tu padre mandaba. —
Se mete Angelina dentro
Llorando que reveptaba^
Con lágrimas de sus ojos
Toda la sala regaba.
A los tres días se ha asomado
Angelina á otra ventana
Y vió á su querida hermana
Bebiendo en jarro de plata.
— Hermana, si eres mi hermana^
Dame una poca de agua
Que el corazón tengo seco
Y á Dios pienso dar el alma*
Métete para dentro
Cochina, desvergonzada,
Que no quisistes hacer
Lo que padre te mandaba. —
Se mete Angelina dentro
Llorando que reventaba
Con lágrimas de sus ojos
Toda la sala regaba.
A los tres días se ha asomado
Angelina á otra ventana
Y yió á su querida madre
Peinando sus ricas canas.
—Madre, si eres mi madre,
Dame una poca de agua
Que el corazón tengo seco
Y á Dios pienso dar mi alma.-^
Yo te la quisiera dar
Pero si padre se entera
Las dos morimos á la par.
Se mete Angelina dentro
Llorando que reventaba.
Con el pelo aue tenía
Toda la sala oarría
Con las lágrimas que echaba
Toda la sala regaba.
— 324 -
A los tres días se ha asomado
Angelina á oira veniana
Y vio á su querido padre
Que en su trono descansaba.
— Padre, si eres mi padre
Dame una poca de agua
Que el corazón icngo seco
Y á Dios piensodar el alma, —
Ha mandado á sus ministros
Con jarros de oro y de plata
Y el que llegara primero
Con Angelina se casa.
Todos han llegado juntos,
Angelina muerta estaba,
Los ángeles le cantaban
Con clarines y guitarras
Y al cielo SE la llevaban.
Los anteriores romances, cantados ambos, han sido recogi-
dos, el primero, en Bormujos, pueblode la provincia de SeviJla,
y elseuundo en esta misma ciudad. Inútil creemos llamar la
atención de nuestros lecrores scibre las faltas de versificación que
se advierten en estas producciones, en ta primera de las cuales des-
aparece por cotnpleio el asonante en sus diez últimos renglones.
La palabra Bergardina, que conservamos de intento, por re-
petirla siempre así la muchacha á quien oímos el romance, cree-
mos está por Bernardina.
alegrías
nOMííRAS DEL QRANAINO
Por DioB te pió Bomera
que no me saques cantares,
como te llegue á cojo
er santolio uo te bale.
Por Dios te pío Bomera
qne ala puerta note asomes,
que ba mnoha difereneia
es 8é tú rica y yo probé.
■«Í-S;'.-.- '
— 325 —
Toma ese pañolito
que no lo quiero pá na,
pa que le tapes la cara
á Manolito er Charrán.
ESTRIBILLO
¡Ayl Por Dios, por el amor de Dios
Eomera pasa por tó,
la fuente bieja s* arborotao
porque Fraseóla s* amborracbao.
ALMORANO
Cartagena es güeña tierra
por que tiene serca or monte,
pero es meíó Alicante
por el barrio e San Boque.
Yo te quise no pensando
en er queré que te tengo
y solo me pregunto
en que bendra a para ésto.
Juana le pidió á Mosquito
la petaca de Morales
y Mosquito le responde
dame mis nueve reales.
Juana le píe ar Mosquito
un ochavo pa armión
y Mosquito le responde
no me labe er camisón.
ESTRIBILLO
¡Ay! quemirabrá
y que mirabrandito biene
mirabrandito bá. —
Trascribimos estas dos canciones con la ortografía que co-
rresponde á la pronunciación del que nos recitó estas canciones
que es uno de los más conocidos cantaores del Café .de Silverio.
COPLAS
El día qne yo no veo
ta oara morena un rnto
me voy á Santo Domingo
5 allí pinto tn retrato.
Cinco sentidos tenemos,
lodoB loB Deoenitamos,
todos cinco los perdemos
cuando nos enamoramos.
Mariquita me dio i mí,
agua en nn cántaro nuevo,
ella se muere por mi,
7 yo por ella me muero.
Yo me case con nsted,
y usted se casó conmigo,
usted por tener mujer,
y yo por tener marido.
Una Iioja de sabia,
me comí nn dia,
por bé si con la sabia,
de ti sabia.
Ay de mi, de mi,
que me comí la sabia,
no supe de ti.
Tengo yo allá nna nobia,
por los parmares.
que ni yo se lo digo,
ni ella lo sabe.
¡Baya nn salerol
ni ella se determina
ni yo me atrebo.
Si me trataras de nuevo,
no me babias de conocer,
que tengo distinto genio,
y otro modo de qneier.
Por li H«<Ma,
Antonio Machado y .^vai
— 327
bibliografía
Tradicóes populares de Portugal, colligidas e anotadas por
J. Leite de Vasconcellos, alumno da eschola medica do Porto. —
Porto, livraría portuense de Clavel & C.*, editores. — 119, Rúa do
Almada, 123.— 1882.
Comienza esie trabajo, qne no vacilamos en calificar de exce-
lente, con un breve y sustancioso Prólogo en que el autor pone de
maniéesto la importancia de los estudios folk-Iorísticos, aduciendo
para ello las siguientes razones: 1.* Ora se considere al pueblo
como un órgano atronado del gran cuerpo de la humanidad, ora
como un embrión que ha de desenvolverse, en ambos casos, re-
presenta una de las fuerzas más importantes de una nación y es
su estudio como el de sus tradiciones, 'de inmenso valor para el
historiador y el demopsicólogo. 2/ Las tradiciones populares nos
dan á conocer el pasado porque, en general, ninguna de ellas es
moderna, como se conoce comparándolas con las que existen en
los diferentes países ó las de un mismo pais, en distintas épocas.
Con este objeto, el autor se refiere en su libro á otras composicio-
nes extranjeras y á los datos que resultan de los monumentos epi-
gráficos y literarios de la Lusitania y Portugal arcaico, llamando
la atención sobre el hecho, admitido ya en la ciencia, de conservarse
en los cuentos y poesías populares, los vestigios de los primitivos
mitos y la lucha y la transigencia de cada religión con las ante-
riores. cComo acontecida dice el distinguido escritor portugués, á to-
das las religiones f aconteció al cristianismo ^ el cxud, para echar raices
profundas, se vio obligada á sustituir muchas fiestas paganas por fies-
tas de la Iglesia, En esta mudanza de creencias, mudanza casi sian-
pre exterior, unas quedaron como simples superstidous, otras se consi-
deraron como obras del diablo, asi como el Cristo, la Virgen, los San-
tos y los Angeles, son en parte la representación de muchas divinidades
caídas en desuso.* 8/, 4.* y 5.* Las tradiciones populareis dan á co-
nocer la capacidad estética del pueblo que las orea y también el
grado^de comunicación entre los escritores literarios y el puebloi
ca las
— 32ft —
re vel tai (lo 11 OH procosos natumles y foriuaa nrciiicns y dialecto!
cns ilel lenguaje, do ÍDmeiieaimportHiiciapaFa la etnologÍH. 6.* Las
tradÍciüOG9 populares tJetieu importauda práctica por au aplica-
ción ft la pedagogía y porque contribuyen á despertar y soateaer
el amor ¿ la patria, ilesvauGoiciiLlo eu estudio multitud de creen-
cias erróneas.
Después de estas razones el Sv. VasconcelloB nos indica las
fuentes consultadas i¡ae pueden reducirse á tres: los nitmimí
lu literatura y la trailiciün ora), comprendieDdo la segunda de
fuentes, ú mus de las obras literarias propiataeute dichas,
cróuicaB, obras topognificas, místicas, canciones, libros do
ciua, poesías, romances y drAiuas, etc., las leyes, tanto civiles como
eclesiásticas, los documentoe de la inquisición y documentos diver-
sos, como fueros partiuularee, etc. Hespecto ú la tradición oral, al
Sr. YaaconcelloB ha recogido directamente de los Ubios del pasblo
Us producciones i^ue publica: «Al rcuuir, dice, termíoantlo
•prologo, esos fragmentos del alma de nuestro pueblo llai
■necio, por suponer frivolo lu que ú lui me parecía oro; si
iBun un periódico democrático del norte del país que
•publicarme algunos liechos de FolU-I,ore por creerlos rii
icuando su obligación como periódico del pueblo era aiuar lo.
tal pueblo pertenecía y combatir la ignorancia, poniendo de
tel inmenso valor de tales hechos; si, por último, he tenido ^os
•sufrir algunos trabajos fínicos ó intelectuales excesivos, deb». sin
■embargo, confesar, que nunca sentí mayor placer en tui vida, que
•cuando, eumedio de las faenas aghcolaa, en el hogar de loa casas
■de las aldeas, en las alegres romerías de la Iglesia, en las moDta>
iñas, en los campos y » la orilla del mar, recogí de boca de Iw
•aldeanos buenos y sencillos todo lo que aquí coordeuo y qUAüA-;
■medida que se iba presentando á mis ojos, me iba aDuociant
•mundo nuevo y lleno de revelaciones extraordinarias y dei
•cidas.)
Con estas sentidas: palabias termina el Prulogo de au obra t\
Sr. Vascoucellos, ocupándose luego, por el orden cu que las tueu-
cionamos, de Loi asirm, Fueyo, Lut ij tomhra, Im atma*fera, F.l tf^Mt
J^ titira. Las piedrai, Los metaUt, Imí veyetala. Im$ aaimala, Ei
hombre y la mujer y Scru sol/renaturaU». La simple enumeíaoióo d<
los capítulos do este libro indica ya un sistema: el seguido ¡Kir d
Sr. Yascoucetlos no puede ser más racional, ni miis adcenado á
los principios cientíücos que hoy domliiau al mimdo, el thoatof.
'I ■
— 32ÍI —
portugués mauifii'stase en el mótodo adoptado en su libro, parti-
dario de la teoría evolucionista, dueña hoy y soberana de la opi-
nión en toda la Europa culta. Si esa teoría fuera equivocada,
Wavía sus más encarnizados adversarios habrían de aplaudir el
método empleado en esta ocasión por el Sr. Yasconcellos, con el
que puede estudiarse de una sola ojeada, por decirlo asi, el saber
y el concepto del pueblo acerca de los principales seres y fenó-
menos naturales, y de los llamados hasta hace poco «los tres reinos
de la Naturaleza.» Con este método puede estudiarse también el
desenvolvimiento do las ideas religiosas, desde aquellas que tribu-
taban culto al sol, á la luna y al fuego, hasta aquellas antropo-
mórfícas hoy reinantes, en quo ya el hombre necesita huma-
nizar á sus dioses para adorarlos. Con gusto siguiéramos paso á
paso al valeroso é inteligente autor portugués por todo el discurso
de su obra; mae, como esto nos llevaría más allá de los estrechos
límites que nos tenemos trazado para esta sección, nos concreta-
remos á apuntar una ligera reseña de este libro y á señalar algunas
notas generales y analogías existentes entre nuestras producciones
y las en él consignadas, como muestra de nuestra simpatía á la
noble y simpática nación portuguesa.
I. Lós astros.— {^kg, 1 á 82).— En este primer capítulo,. uno
de los más largos del libro, trata el autor del sol y de la luna,
cuyos estudios considera inseparables^ y de las estrellas, planetas y
cometas. Precede á este capítulo, como á todos, una breve exposi-
ción de las fuentes literarias consultadas. En la primera parte se
dan á conocer las tradiciones, supersticiones, dichos, refranes,
coplas, etc., referentes al sol y á la luna: entre estas composicio-
nes las comprendidas en los números 12 y 24.
Nao ha Sabbado sem sol
Nem alecrim ' em flor
Nem menina bonita sem amor,
y
Está a chover e a facer sol
Casa a raposa com o rouxínol
nos recuerdan los españoles que dicen:
No hay sábado sin sol
Ni doncella sin amor
Ni vieja sin dolor.
y
Guando llueve y hace sol
Come migas el pastor;
K.» 8 (5
— 380 —
entre los números 40 á GO, referentes á las estrellas, planetas y
cometas, hallamos asimismo algunas analogías.
Puz me a contar as estrellas
Só a do Norte deix.el
E por sé-la maÍ9 bonita,
Comtigo a acomparei.
Las estrellas fni contando
Y la del Norte aparté /
Y por ser la más hermosa
Contigo la comparé.
#
En Portugal llaman también á la vía láctea, Strada de S. Tiatfo,
tres Marios á las tres estrellas á que n :)sotros damos ese nombre y
carro, como nosotros, ú la osa mayor, y usan la frase rer estrellas
en idéntica acepción que los españoles. y
U Fuegoy luz y sombra (Págs. 32 á 44), — En este capitulo,
donde el autor reúne juegos, adivinanzas, ensalmos, etc.; halla-
mos también, entre otras, las siguientes composiciones análogas á
las nuestras; v. g.: el llamado o jo(ju ilvs cantiuhos, análogo á nues-
tro juego llamado de la candela y la ^adivinanza de la luz:
Qual é cousa
Que cabe denlro d*uma rasa
E enche to¿a a casa?
correspondiente á la nuestfa:
Tamaño como una almendra
Y toda la casa llena.
III Toa Atmósfera (Págs. 44 á 65).— Este capítulo, que des-
envuelto formaría una Meteorología popular, comprende cuarenta
y dos producciones de la Índole mencionada, en que el autor trata,
por su orden, áelj viento, la nieve, las nubes, la lluvia, lielada, arco
iris, fuegos fatuosl, auroras boreales, fuegos, de S, T'elmo y tormenta,
ocupándose en ¿sta sub-sección del relámpago, el tayo, el true-
no, etc. Fernán Caballero tiene en sus obras coleccionas de refranci-
llos, dichos y frases muy aplicables al caso: Ayna por'S, Juan, quita
vino y no da pan, t. g.: es un refrán que corresponde exactamente al
adagio portúguds: A chura no S, Joao, — Bebe u vinfio e come o jxto.
t ^^
— 331 —
rV El Afjua (Bágs. 66 á 84). —En este capítulo, que pudiera
titularse de Midrofjrafla popular^ ocúpase el Sr. Vasconcellos: .De
las aguas efi general. — Las fuentes y los pozos, — IjOs ríos, — //¿m lagu-
nas,— El mar^ y algunos seres mitológicos que viven en él, según
la fantasía popular, como v. g.: la Sirena^ de que tenemos tantos
cantares y tradiciones en España, especialmente en las poblacio-
nes marítimas. Con este asunto so relacionan intimamente las pre-
guntas segunda y sétima de nuestro Interrogatorio para el Mapa
to¡)ográfieo tradicional de la provincia de Sevilla, De propósito omiti-
mos las canciones y adivinanzas que conocemos relativos á esta
materia, cosa que nos llevaría muy lejos; pero no queremos dejar
de consignar la preciosa adivinha portuguesa, referente al agua, la
arena y la espiona, que dice:
Sao tres eonsas:
Urna diz que vamos,
Ontra que fiquemos,
Outra que dancemos?
• '^
Y La tierra (Págs. 85 á 88).— En este capitulo, el más pobre
de la obra, trata el autor más bien dé ideas cosmogónicas que geo-
gráficas: en él se hace referencia á las frases, también comunes en
España, de: hijo de tal tierra; la madre patria,
VI Las piedras (Pk^s. SO á 98). — En este capítulo, en que
abundan las supersticiones y creencias á más do las coplas, refranes,
adivinanzas, etc., hácese mención del 70//o(/a5;)^</r{*7]^<r«(Beira Alta
Minbo) y el jogo das mecas (Moncorvo) correspondiente al juego de
las chinas, dado á conocer con tal minuciosidad y esmero por
nuestro amigo y consocio, Sr. D. Francisco Rodríguez Marín, en
los niimeros 2." y 3.® diú^A.rchivio per la studi^i delle tradhioni popo-
lari,
VII Los metales (Págs. 9o á 113).— En este capítulo,
uno de los más pequeños del libro, cita el autor algunas supersti-
ciones relativas á los metales: también en España existen varias
de esta clase, especialmente en las que forman parte de la Medici-
na popular ó casera,
VIII (Págs. 104 á 129). Los vejetales.—'RiQek relativamen-
te en canciones, supersticiones y adivinanzas es esta interesante
sección. En ella pone á contribución el autor, repetidas veces, la
mitología botánica del ilustre Gubernatis, citando varias adivinan-
zas análogas á las nuestras, tales como la del ajo y la cebolla y un
— 332 —
cnentú análogo al publictido por Fernán Caballero, con el tltalo
El lirio auil, qno bermana con la eiguicute cnarteU:
Nko me toques, meD pastor,
Qtto me deíres tocar
mens irmaos me mataram
por causa i& flor do lirolar.
Toca, toen, bon pastor,
Y no en ñamen es
Per la flor de lliriblau
Uan mortes en lio ele arenes.
IX.—Lot aitimalet (paga. 180 á 190), rica por todo extre-
mo es esta sección, en que el 8r. Vasconoellos tratii por su onlen
de los xoófitos, molutcoi, aniUadoi, que snbdiviile eu arúgnidos,
miriápodos é insectos; vcrteliradoi, en peces, batrnctos, reptiles,
aves y mamíferos, siguiendo el curso natnral de la escnla zooló-
gica. Por este capitulo, á que signe un curioso .Ip^ndife en que
B« trata, á más de loa liedlioa que no padíeron ir eu el texto, de
lat toca para llamar á lo» anímala, y de lat trampas y redetparm
cojer los piijaroi y pete», el autor se maniGesta á gran altara cientí-
fica y da prueba de conocer á fondo la Fauna popular del Sr. Ro-
llaud, que constitu^'e, cou la obra citadh de Gubernatis, las doe
fuentes mejorea do consulta para esta materia. De propósito
omitimos las analogías que encontramos entre las producciones
contenidas en este capitulo y los siguientea, con nuestras produc-
ciones, por no hacer interminable esta bibliografía.
X.—Ellioinbre'jla mujer {pá^a. 200 á 269, 6 mejor dicho, 260,
comprendido el pequeño apéndice que trata del lenguaje infantil)
es el título del Capitulo X y penúltimo. Eu este capitulo trata el
autor: 1." Da los Uri;ien es ;iii"ti/ir(w, citando la siguiente versión
que, por curiosa, vamos á traducir:
CiMnilo DUis quito criar A Kva, sotó una eoatilla á Adán, ptro
vino iiii perro y ae lleco la coslilla. Dios salió corriendo dslrai dHperw,
y, ajarnlndolo por el rabo, dijo:
Tanto rale hacer li Eva
Ik una coslilla <lí Adán
Como del rabo de un can.
iV
— 333 —
lumediatamente después trata de la Infancia y, por su ordep,
de los SiieñoSj los Amores, Casamientos, la Vida Doméstica, la Viiia
Agrícola y Pastoril, Las enfernudades y Bemedios, la Muerte y Fu-
nerales, Misterios Diversos y Cosas Varias, eu cuyo plan conviene el
autor por completo con el ilustre autor del Folk-Lore del Noro-
este de Escocia, cuya sumaria dimos á conocer en La Enciclopedia,
Eespecto al l^n/jiiaje infantil, que forma, como dijimos, el pequeño
apéndice de esta sección, nos atrevemos á recomendar al Sr. Yas-
concellos la preciosa obra d^ Francesco Corazzini titulada Icomponi-
menti minori della letteratura popolare italiana nei principali dialetti
de letteratura dialettalecomparata,=:Befievento,=:lQ77»=8i&iBLKñ so-
BBENATUBALES (pág. 260 á 816), cou cstc capitulo pone fin á la obra
el disti&guido fok-lorista portugués. En él trata de todas esas en-
tidades miticas, que como las brujas, trasgos, duendes, apareci-
dos, almas en pena, fantasmas, zahoríes, martiuitos, el bú, el
coco, el cancón, el tio Camuñas, el demonio, y demás magestades
del cielo y del infierno, constituyen esa inmensa cadena, que co-
menzando en la deificación y diabolizacion (si vale la palabra) de
las causas de todos los fenómenos naturales desconocidos, concluye
con la personificación de los dos principios, el del bien y el del
mal, adorados y temidos en las diversas religiones bajo infinita
multiplicidad de formas. En este interesante capítulo cíe su obra
aprovecha el Sr. Yasconcellos los interesantes trabajos anteriores
publicados por sus sabios compatriotas los Sres. D. Adolfo Coelho
y Z. Consiglieri Pedroso en la Rensta de Etnografía y Glottologia
del primero y en las excelentes monografías del segundo sobre
Lobishomens y As moiras encantadas.
La breve reseña que acabamos de hacer del libro Tradi<¡oes po-
pulares de Portugal, basta para justificar el epíteto de excelente
con que lo calificamos al principio de este articulo, y las esperan-
zas que abrigamos de que el activo y entendido mitógrafo portu-
gués, digno ya de todo elogio por su trobajo presente, ha de llegar
á ocupar en breve y merecidamente, si la salud no le falta y el
tiempo no amengua su entusiasmo por la nueva ciencia, uno de los
primeros puestos entre los fok-loristas europeos.
Demófilo.
'G ^CS¿^J^¡^^i2>r ^^
Importante en aUn grado ca la BibHografia ti
•« dediquen á eHíudioH folk-loriitas y aun ¡Hin loda i
gae desee conocer el movimiento dCDtffioo-litvimnP qoe^en
Mtofl moDientOB Bobrc tan nuero géni
El Sr. D. J. Leite de Vaiiooncellos, distingnido y laboriom Mlpfr'
rlata [lortuíuée, de cuyas obras se bu ocupado eeta ICerisU en at4« fc
una ocasión, lia remitido á nueitra SoHedadun ejemidardc so Jasorii
pni-a o estado día IradujoM pnpulnres porlu^iezas. Este CBríoaúónto trt-
bajo, fruto de una no escaan pariencia, forma un librito en coaKu d« K
p&SpnaB, con notas y artíciiloa de renombrados folk-lorietas portqp»-
nci. Su contenido está contenido está expresado en el uniente: Am»^
rio. — Calrndario poinilar para 18B3. — Vamontnn<i. — Ariievic» de tvÍM
lo» /oUi-loriattíS poiingiicteii.^£ílbliogiafia,—Peri¿dieoí. — Onmint.
Damua Ine más expresivas graciaa al >Sr, Director de la acreditida
revista La América y muy especialmente at distinguido escritor ^. doo
?:u)jcnio Ulavarria y fíuarte, por el extenso y meditado artículo, inlitir-
lado Folk-Lore, en que da á conocer, de una mmera liarlo benétt^
para nosotros, loa trabajos que lian aparecido en nuestra Rerista jr á
sentido de los estudios folk-loríslicos dominante hoy en Europa, eo ]c(
cuales tan perito se muestra el Sr. Olavarria.
Causas fáciles do comprender nos impiden extendemos sobre tM
articulo, que lia causado grata impresión en nuestro ánimr., y tí át^
reducida nuestra eoiitestaciúná una simplenoticia. Pero no bemot d«
torminar sin hacernos cargo antea del incondicional ofrediuientodsU
publicación madrileña, pam instjirle á que recomiende y projia^ue. m-
tro sus nomoroeas y valiosas relaciones, la conveniencia de que m a»-
tivín los trabajos preparatorios parala creación de tos Fofh-Lore Biyin-
nale». Ciibanú, Puetlo-Siqurffoi/ Füipitiii, y bacer publica nuestra (n*
tltud para con el periódico La Anierica. Asimismo la bacemos eitrasi'
va al reputado publifiata Sr. Olavurri'a y lluarte, i qnien ofrecemos de»
de luego las columnas de El Folk Lorc Andaluz para cuantos estudioa
folk-ioristaa ha heeboy liocc en In nctualidad.
Pt,r la ueclot,
A, O. T S.
ANUNCIOS
I OittTKúdonft »>brt la Poitia popular, ¡lor 15. Wiuiiitl Milu y
** ' -Barcelona.— U 11 tüiuo.— 1858.
I" liumaHctriUo eatalan, por D. Mauuel Milu y Fou tañáis.— Bar-
tDft.-üu lomo.— 1858.
I Pt)fíi\a pfípular e»¡iañolii ¡/ miluUt'iia ¡j tileralura cdtn-hhfiana»,
■D. Joaquín Costa, profesor do ln ¡lutiiudun iUiit.— \¿a towo
--p«g9. vm. 5oo.-yadria. isai.— 50 ra.
^ Juan lifl fWWo, historia nmoronrv popnlar. orfieiiafla é ÍIob-
"% por F. Efiári'íuez Marin, socio fncijUativo del Fol!i-t"i-e .ln-
" 8."— 79 piígí.— Sovilld, Francisco Alvarez y C*. edi-
2.
■ Cinfa eiimlczHrUi* pii¡nilar-:i, por F. Ilü<lrigtiez Mftrin, socio
bltativo del FolIr-Lm-e Amlalm.—Vn cundenio de li pñgs. —
Bpla, imprenln de Curios María Stiutigosa.— 1880,
yitíisun/intai-fs fi}>a¡¡iití-í eori tenidos en las produocioiiea
múticas de CiiUIerun de la Barca, Tirso do Molina, Alarcon y
con uotiis y liiografias, por Manuel Jitnt^nex Hurtado,
lulttktivo del Folk-lMn' .-IhíÍh/hí,— Sevilla, Biblioteca cien -
b-Hterarin. -1B81.-ÜM tomo en 8.°-800p»g8.-10rB.
! Colreewu rtr KiiUjuiax ¡/ Adiriiiaiiza», por Demófilo, «ocio íucul-
" nAalFolk-hiir.hiitaliii.-Vü tomo en e.-^Paga. 41)B.— Se-
i, bapraita de Baldaraque,— 1880,— S pesetas.
ColaríjH ilf Faiilf» fhwaiM». por Dounifllo, socio fucultatÍTO
f'Folii-Lire Jnil'iliii.-^Va tomo euS.'-Págs. XVIIl, 209.—
'illa, imprenta de Ki PurrcirV.— 1881. — t'iia peseta.
l_Pi-í»iitr caiicioiitrn ile ropla» Jiamenca» popiilaiyn. coinjiuestas
in el estilo de AudalitoJa, ]>or Kiiniiel Balmasedn y Gonzslez.
Ertotníto de 104 pilginas al precio de una peseta.— Imp renta de
hidalgo y C."— Sevilla.— 1881.
I* fojiiiIaiYn rtpañiilcn, recogíilos, orilenados c ilnstmdoa
^ JJPt Frnucistío Rodríguez MarÍ>i, eotio facultativo del Folk-Lfrí'
sltiJata:. — Sevilla, Francisco Alvarez y C.", editores, Tetuau 24,
—1882.— Cinco tomos de 500 púg». próximamente cada «no. —
Frecio de U obra 2*2'50 pesetas poi
EitaUocUnlcnlu tlpugidBi'O do FRANCISCO AI:VABIC& t C
di Oilmut its S.U.ydrSS. í\. BR. luí Sorniie, Bni. I
DiujiiM ie Mun(p*u>iuf, Teluan 24.
i^U
MAPA TOPOGRÁFICO TRADICIOK
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
INTERROGATORIO
n IriB nombren (I« los oürUjos, debMH,
mayoí
;,<íiií no dic* re»|iort</ al urlgen 6 rnioii dii loa n
corlijoH, rioH, oti'., ptc'í
5* ¿I.Vnuiisp llüinaD viilgni-jtinnio t.'ii' [il.il .w, v-'iilj
inoQastcrioB, irmítiía, naHprutws, - i
(■hoxos, utc, y i]ué «v dicd rD*pi-i'i'>
Ilion que cD lo antiguo exittlii-ruii ti:
¿ÜB pticiiUiu nlgimuN ttn Jiciiiue.'í ' '
ü," í.Hii^ eu ese tímiiuo ii . ,
locmurii'B iinÜ^uufi. e«i>iilLutHa, ci'UOuh. tJÍ<HlrM gin
ttírrdui'íiB, ó ciialriiiierH otro uionumento iliguu í
(■uontJi (If üUusl'
7,* ¿So ntríbuyp virlnil imtitirlnnl 4 laanWI
ngiiaa. y^rbAH ó piedra» d« eso liSrininp?
8." ¿CuAleH Hon.Hegiin loa iinstrtr''íA pnintTfrf
líres íoii íjiie vuJgnrnionte bc dosi-jn ■■ "
ees, r(.']>til(.'s 1^ msRctoa de tíñw cain,
)■ i' OH tiii libro do esuH iinininleH? ,ii
li-n)!:t< i-omlioionL's pxtruoritiimríun ■
y ciuadoroH i-tilebWB ilí? (ísa loca)kl.!'.l.
».* Minas ex!stci)t«a en f Bi< IL i'Liii ,
vornHD, gruían^ L-oRHCJas 6 LÍatoiía« vulgares iiitt' TayuDU
nuuibroB.
Id.' Pa r» jen HDBpuclk nena y iircrciidoB {xir Ion baudld
feí-liorins. Cruf^ea. Siis n<»inbrcB y aeaataemtitíato* tMbÜJlM
011 ilichfjs aitioa.
11.* ¿CuAlaa aon IoB8Ílio8di>eii(> U-roiino C-n '|i
ti-8,ae han librado liuUillaBi^oiilnilOH frniicewotí, idiwoé Ú Vt,
se rui-nltt lie eea» batiilliifl? ¡IJtiá vealigini
Bitiii» i'n lino iii? dieron?
12.* ¿Suoloii cni'iintrjirBO on obo t^railna ¡i
f/oóiinh rriitellit ó liucabB |>r>lrIllPadoe? Nm
>n I. \mmi:iiiuu; hk IKSi.
L FoLK-LoRE Andaluz
>riííin'> <lc Itv SnfííTtlnil du i-ett? imtnlíro.
SBVIIXA O'DonnelI £&.
|H,UAU(IWICKT C, b.\ILU-l!WLLIEflt: HUSd^NK^VÜ ÜTC."
»)■ Flan A. Bxt Ahí. II " |o tí QiMl Virllüli". SS
EL FOL.K-L.ORE3 A1TI5ALX
REVISTA. MBNSUAt.
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A los ;i8iuitoa Ja bt TlireL'cioo J^ S
''tüi'os, iiiuniiat-rtton, arttcnJiiB, sl^, <1
Sevilla.
livuúln AUiuinlüirut'íoii iIp t
\ Imri-x. Ti-tu-iii 21, (¡evIUn.
ADVERTENCIAS.
I* Optniln obra, rdalívii il loa laateñna t!» qits Hmi«tiii4
Hovifttii. ilfi qno se irniitiin Aob rgcmiilnrca, bb dura cnonU i
Sección BililiiM/ráfien.
S.' T;iiii'ltii-n hr- .I.irú á íunocar, en suseci
(Hjoulli - 1 ■ jiLB 0<T luuleiialM, i)«*(.<u](ñ
ywU.H ii^n, etc. HtiHllvoH ni iibjsC,
Folk-l.'-: - soficiliidcs anAlogas, qo*3
tsneiii > ■ ' i-MJan.
3,' .-Li-riiii> iBiii .-I pi-ii-iiiiil fniincntemtmtji íi
BÍtnndo dd (•l'ii.'iLK outiiíureí) lie todua Ba« nilombrafl, e
loH aoríiiB y Kiiacrilon-B eu sirvnn rF^miÜr i'uunüu <
Hotída» ¡iiicilnn ad(|iiirir KluüvnsA Jus niuteríM ()i)e I
AQ vnyuu trnt«u<la ttn loM niiuit^rus da tuU Hisvieta. '
4.* Con ul objeto do uiHJiteiier fotru todcift Ioh «Mi«
lunniuadun ruDlfnUN, se oiitablecerA ijiih Serriitn i'B)ioi-ial, <
A \a Corrrspmiimna, donde «e loscrtarAii tna pri^gnotitii y rMpn
qiip Bp nos dirijan.
LISIJOA
PLANTIER
SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS.
111. — La persona que esté atacada de una alferecía vol-
verá á su conocimiento, apretándole el dedo del corazón de la
mano izquierda, con la guarda de una llave hembra.
8. P. Iá0.~ «La llave macho es el mejor remedio para hacer
desaparecerlos ataques epilépticos.»
112. — Para evitar que un perro defeque, huyendo del lu-
gar que haya escogido, se enlazarán dos personas los dedos
meñiques (1).
113. — Cuando se cortan las uñas de noche, las corta el
demonio.
114. — Para que un niño no padezca dolores de muelas
se le cortarán las uñas en lunes. (Véase el número 94.)
115. — Si dos personas abren la bocaá la par, morirán
al mismo tiempo.
116. — Cuando en una mesa están comiendo trece personas
alguna de ellas morirá en el año (2).
S, P, 165. — «Es de mal agüero estar sentadas trece personas
á una mesa, porque muere la más joven ó la más anciana. Según
otra versión, muere el dueño de la casa.»
117. — El caérsele á una doncella el cabello es señal de
que su amante está hablando con otra.
(1) Esto lo ejecutan los muchachos muy á menudo.
(2) Esta preocupación es muy general hasta en las clases ilustra-
das. Creemos que es una reminiscencia de la cena de Cristo y los doce
Apóstoles. — Dícese también que el número trece es la docena del fraile.
N.»9 1
— 338 —
S, P. 286. — tCuando se le cae la saya á una mujer casada, es
porqae le ban quitado el marido; si es la mujer soltera, es señal
que le han distraido su enamorado.»
118 Para que crezca la barba á un jóveo, se untará el
rostro con el escremento de un gato negro.
119. — ^Para curar la dolencia de ojos, conocida por rijas
(1), se colgará al cuello del paciente un canuto de lata aguje-
reado, que contenga una lagartija viva. A medida que el ani-
mal se va debilitando por la falta de alimentos, se va secando
la rija.
S. P. 864. — «Cuando se tienen fiebres intermitentes, debe co-
jerse una lagartija y colgarla al pescuezo dentro de un saquillo.
Cuando la lagartija se muere, desaparecen las fiebres.»
120 — Si á una muchacha, paseando por el campo, se le
engancha en el vestido una pita seca, será señal de que se ca-
sará con un viudo (2).
121. — Cuando se rauda una familia á una casa, contai-á
las vigas del techo de la habitación-dormitorio, diciendo á la
vez oro, piala, cobre y nuda. La palabra con que termine la úl-
tima viga indicará la clase de metal (ó carencia de él) que
tendrá la familia mientras habite la casa.
S. P. 898.— «Para saber si seremos felices en una casa, de-
beremos contar las tablas del techo, diciendo: oro, plata, cobre y
nada, continuaudo así hasta llegar á la última; el nombre que á
ésta toque designará nuestra fortuna.»
122. — Para averiguar qué clase de metal costó un abani-
co, se irán pasando sucesivamente las varillas del mismo, di-
ciendo: oro, plata, cobre y nada, y la última lo indicará.
123. — Bebiendo agua en una vasija donde haya bebido (?)
una salamanquesa, se cae el cabello (3).
124. — La neblina es señal de que lloverá á los fre^i, los
siete 6\os veintiún días (variante=ó á \o^ cuarenta) de haber
aquella. (Refrán: «La neblina del agua es madrina, pero si es
con seca, más seca).»
125. — Cuando se forma una larra negra en las nubes, á
(1) Fístula lagrimal.
(2) Recogida on el vecino pueblo de Tomares.
(3) No nos exi)licamo8, hí no es por su aspecto repugnante, la ra-
zón que tenga el j)ueblo para conservar á la salamanquesa horror y es-
cesivo escrúpulo, cuando los estudios naturalistas han demostrado que
es un animal sencillo é inofensivo.
— 339 —
la postura de la luna, señal de agua. Formándose esta barra á
la del sol, lloverá á los tres, siete ó veintiún días (1).
126. — Los hombres berrugosos son afortunados. (Copla):
Mujer de lunares,
Mujer de pesares;
Hombre de berrugas,
Hombre de fortuna.
127 Es señal de que una persona es querida y aprecia-
da, el tener muchos padrastos. (2)
128. — Se cura la erisipela untándose con la sangre de
una oreja, cortada á un gato negro.
129. — Es de mal agüero salir una zorra al cazador, cuan-
do comienza la cacería, pues indica que cazará poco ó nada.
130. — Una mujer embarazada no debe devanar una ma-
deja de hilo porque tantas vueltas como dé á la madeja, otras
tantas dará la tripa (¿cordón umbilical?) enrollándose en el
pescuezo del feto.
S, P., 888.— «Cuando una mujer está embarazada no debe
coser nada, encima de otro cosido, porque salen los hijos tullidos.!
S. P., 889.— Cuando una mujer está embarazada, no debe hacer
nada sobre el seno porque salen los hijos atontados.»
131. — Es malo apuntar á otra persona con armas de fue-
go, aunque estén descargadas, porque el diablo las carga. (3)
132. — Si se tiene jugado á la lotería y pregona en la calle
un lañador, antes de jugarse aquélla, no se sacará premio.
133. — Se cura la ictericia armando todas las mañanas un
manrruhio, en el mismo lugar donde haya nacido.
134. — Para curar á un niño de mal de ojo, se reúne tanta
cantidad de toóbisco, cuanto sea el peso de la criatura, y se tira
al tejado; cuando la planta se seque, desaparece el mal. (Véase
el número 21.)
135. — Para retirar la leche á una parida, se le colgará á
la espalda una llave macho.
136. — Para saber á qué precio se venderá el trigo en un
año, se observará si los truenos del mes de Enero son más 6
(1) No seria extraño que hubiese en esta superstición un recuer-
do del simbolismo indio, donde esos números eran sagrados.
(2) Son los pellejillos que se levantan alrededor de las uñas de
las manos.
(3) Esta superstición, puesta en práctica, no deja de ser un con-
sejo prudente y una conveniente precaución.
— 340 —
menos fuertes: según sean los délos primeros ó los últimos días
del mes, así se venderá más ó menos caro el trigo. (1)
137. — Cuando una persona desesperada invoca al diablo,
las que la escuchan deben decir /res veces «Jesús aquí,» para
evitar que se presente aquél.
138. — Para averiguar una muchacha si su novio se casará
ó nó con ella, hará lo siguiente: la víspera del día de San Juan,
á las doce de la noche, formará una bolita de migajpn de pan y
pondrá dentro de ella un grano de trigo ó arroz, partirá la bo-
lita en otras tres más pequeñas, procurando ignorar en cuál
de ellas ha quedado el grano, y colocará una bajo la almoha-
da, otra en el brocal del pozo y la tercera en la puerta de la
calle. A la mañana siguiente partirá las tres bolitas y verá en
cuál está el grano; si lo tiene la que ha estado bajo la almoha-
da, el novio se casará con ella; si es en la del pozo, el novio es-
tá entre dos aguas (indeciso); y si es en la de la puerta, el novio
no se casa con la muchacha.
139. — Cuando la parroquia llega por un difunto, es de
malagüero que la cruz descanse en alguna acera de la calle,
pues en una de sus casas morirá una persona al poco tiempo.
140. — Si una persona bebe inmediatamente después que
otras en la misma vasija, sorprende los secretos que la primera
tenga.
S. P. 258. — «Cuando se bebe el resto del agua que una perso-
na deja en la copa, sorpréndensele sus secretos.»
141. — La persona que acostumbra acortárselas uñas de
los pies, durante la noche, se vuelve loca.
5. r, — «Es muy malo cortárselas uñas délos pies, de noche
y sentado en la cama, porque se aleja la fortuna.»
142. — Es malo destruirlos nidos que forman las golon-
drinas en los aleros de los tejados y techos de las casas, por-
que sobrevienen desgracias á la familia que los destruye.
S. P. 49. — «Casa en que las golondrinas hagan nidos es afor-
tunada. Es pecado matarlas: a la persona que lo hiciere se le vuel-
ve la fortuna atrás.»
S. l\ 829. — «Cuando en el alero del tejado de una casa hay ni-
dos de golondrinas y alguien los destroza, es señal que se derrum-
bará la casa, porque el nido de la golondrina es sagrado y trae la
felicidad en la casa donde esté.»
(1) Kn verdad que tal creencia lia sido desmentida demedio á
medio on el pr(»sentc ano-HcinDH podido observar casualmente, que los
truenos de J^iero no fueron fuertes y que la recolección no fué buena,
por desgracia.
— 341 —
143. — La golondrina es sagrada porque arrancó las espi-
nas de la corona de Cristo crucificado.
S. P. 50.— «Es pecado matará las lavanderillas (aves) porque
lavaron los pies á Jesucristo, cuando estaba en la cruz.»
144. — Se curan las calenturas, colocándose en la cabeza
púas del espino, que tienen forma de cruz.
145. — El arco iris es señal de que no habrá otro diluvio
universal (1).
S. P. 42. — «Cuando aparece el arco-da-VeVia^ (arco iris), es
señal de que Dios está bien con nosotros. También es señal de que
el mundo no se acaba.»
146. — Para que no vuelva á aparecerse un difunto con
quien se ha soñado, debe rezársele un padre-nuestro todas las
noches.
S. P. 80. — «Cuando se sueña cou un difunto, debe rezársele
una oración para que no vuelva á aparecerse.»
147. — Cuando una persona quiera despertar á una hora
determinada, rezará /re^ padres-nuestros alas ánimas benditas,
en el momento de acostarse.
148. — Es de mal agüero echar un puñado de sal en el le-
cho délos recien-desposados, porque tendrán muchos disgustos.
S. P. 90.— «Es malo que los novios pisen la sal, porque se
deshace el casamiento.»
149. — Cuando una persona está echando mucha sangre
por la nariz y se desee evitar la continuación de la hemorragia,
se hará una cruz con dos pedacitos de eneas, del asiento de
una silla, y se le pondrá en la cabeza, sobre la coronilla.
S. P. 199.— «Cuando una persona cualquiera está echando
sangre por la nariz, en gran cantidad, para que ella cese, es bueno
hacerle en los hombros, sin que lo sepa, una cruz con pajillas.»
S. P. 375. — «Cuando se echa por la nariz sangre en gran abun-
dancia, sin que aminore, es bueno hacer en las espaldas una cruz
con cuchillos.»
150. — El perro que tiene seis dedos en las manos, no rabia.
S. P. 228.— «El perro que tiene seis dedos en una mano, que
se llama pesunhoy nunca se daña, aunque sea mordido por otro ani-
mal dañado.»
Alejandro Gtuichot y Sierra.
(Cmitinuará)
(1) Bien conocida es la procedencia de esta preocupación.
— 342 —
ALGUNAS OBSERVACIONES
SOBRE
EL ALMANAQUE CRISTIANO
Si alguna duda pudiera caber entre nosotros acerca de la
procedencia romana de nuestros almanaques, quedaría desva-
necida al recordar la denominación de Calendario que gene-
ralmente se le da, y que no es sino el primitivo nombre con-
servado entre nosotros, apesar de no existir aquella división
romana de los meses en Nonas, Idus y Calendas: pero si quere-
mos más datos para formar un juicio seguro, revisemos á la li-
gera algunas de sus páginas y veamos el indudable origen ro-
mano de muchos de sus santos.
Siempre han sido conocidos los dioses de todas las reli-
giones con tantos y tan distintos nombres, que muy bien pue-
de decirse que han tenido un verdadero lujo de epítetos: así,
pues, los griegos honraban á Baco bajo los nombres de Dioni-
sio ó Denis, Lyceus, Eleutherio, Demetrio, etc., y los latinos le
llamaron además Liber, celebrando en su honor dos fiestas,
una en la primavera y en la ciudad; y otra en la estación de
las vendimias y en el campo; denominando, naturalmente á la
primera, íírtaway á la segunda rústica. Leíanse, pues, en el
Calendario romano estas palabras: Festinn Dionisii, Eleutherii
liüstici, para designar la que se celebraba en la época de las
vendimias, óFt-stum Urhani para designar la que se verificaba
en la primavera y en la ciudad. Pues bien, véase el breviario
que guía á nuestros sacerdotes en la celebración de las fiestas
y en la conmemoración de los santos, y se encontrará en el día
— 343 —
9 de Octubre; Festum Sanctorum Dianiisii, Eleiderii et Eústici^
conviniendo perfectamente con la época de la vendimia; y el 25
de Mayo, Festum Sancti Urbani, conviniendo con el fin de la
primavera.
Tenían dedicado del mismo modo un día en honor de De-
metrio, que aparece ser Rey deMacedonia, y tenía 8U corte en
Pella, cerca del golfo de Thessalónica, leyéndose, por tanto,
en el calendario romano, Festum Benietrii: véase en el breviario
el dia 8 de Octubre y se leerá Festum sancti Detmtriv. ha sido
hecho adem¿s mártir de Thessalónica, añadiéndose que Ma-
ximiliano fué quien le hizo morir á consecuencia de su deses-
peración por la muerte de Lyceus, que, como hemos visto, es
uno de los nombres de Baco, lo mismo que Demetrio.
Aun el mismo Baco ha sido convertido en santo por ha-
berse leído en el calendario pagano Festum Bacchi; así aparece
en el breviario, día 7 de Octubre, Festum sancti Bacchi.
Se lee en las Dionisiacas ó poema de Nonnus, en las que el
dios Baco es el héroe, y en las que aparecen presentadas todas
las peripecias ocurridas al dios, durante su vida terrenal, que casa
con el céfiro representado por una ninfa, llamada también aura
Plácida] pues bien; la fiesta pagana, celebrada en honor de es-
ta ninfa, como esposa de Baco, ha venido á constituir las de
las santas Aura y Plácida.
Llamaba el Emperador Adriano álos cristianos (1) adora-
dores del Sol ó de Serapis, dios egipcio, posterior á Isis, Osi-
ris y Horo, y que llegó á adquirir todas las atribuciones de Osi-
ris; pasó á la mitología griega, como todos ó casi todos los dio-
ses egipcios, y de esta á la romana, que se compuso á sus es-
pensas, y á las de la etrusca y aun írigia, y, por último, ha lle-
gado hasta nosotros, convertido en San Serapio,que se celebra
en nuestro almanaque el 14 de Octubre.
Celebraron los frigios, y de ellos las heredaron los roma-
nos, las fiestas llamadas Hilarias, que, como nuestras Pascuas^
duraban tres días, y de cuyo nombre leído, en el calendario pa-
(1) Cesar Cantú. — Historia Universal.
— 344 —
gano por los padres ííeiiiiestro alniaiiaque, ha venido á fol-
ios de S. Hilario. 14 de Enero, y S. Hilarión 21 de Ocmbra.i
Heredaron los latinos de los etruscos (1) la trinidad
Tina ó Júpiter, Ctipm 6 Juno, y Minerva, auiiieutándose
más al primero los nombres de Termino y (¿itiñno, y celebí
dose bajo esta advocación una fiesta como á dios arcbipol
y rey de los comliates; esta fiesta ha pasado ti nosotros en
Quiriuo.
Celebrábase además en Koiiia con gran pompa la fi<
de los patricios, estando incluida, nalnralniente en su cal«i-
dario, por lo cual lia llegado hasta nosotros convertida eo fiesta
dti S. Patiicio.
Dedicaban los roniauos en honor de Apolo, fiestas y
gos que eran llamados Apolinarios, que se designaban en
calendario por Ft-slum A}M¡itiarmn, que han pasado á
tro breviario como Fealum SohcÜ Apoliuarius, y que, Uudl
en los diferentes países según ¡as terminaciones usuales,
venido á constituir en el nuestro, á S. Apolinar.
Colocaron los romanos, amantes del placer, en su caleu-
dario un Feslum Jiorw et lucw, que demuestra stt áusift dtj gu-
ces, y nosotros vemos hoy en nuestro almanaque aquelU fi<
en honor de la luz y de la flor, convertida eu Santas; Fll
y Lncla.
Son estos, en fin, sin duda alguna, datos suficientes
considerar como cierta nuestra tesis acerca del verdadüit»
gen de nuestros almanaques.
Si pudiéramos contar con más extensos conocimiei
de mitología comparada, seguramente podríamos eucoul
mayor número de datos que afirmaran nuestro aserto;
otros, sin embargo, nos damos por muy satisfechos con ha-
ber podido seflalar algo acerca de esta observación, espe-
rando que, si otros, más conocedores de cuantas cuestl
puedan presentarse relativas ti esta clase de estudios,
yuvan con sus trabajos, pueda encontrarse, analizando
detenimiento y constancia, la procedencia de lodos y
I
(1) ÜtU; MüUer.^Gerhard.
— 345 —
uno de nuestros santos; no olvidando, sin embargo, que estos
nombres, aplicados después á todo cristiano, han podido dar
y han dado seres reales y efectivos, que tras una vida ejem-
plar, han conquistado un sitio en nuestro Almanaque; así
tenemos un San Urbano, papa, y uu San Elheuterio, obispo
y mártir.
No terminaremos este artículo, sin hacer notar las re-
laciones que parece haber entre Valentín y Valanie, diosa
idéntica á Minerva; Marta, Martín y Marte, planeta, dios de
la guerra, y día de la semana, que, como ya sabemos, repre-
senta nuestro sistema planetario (Lunes día de la Luna,
Martes de Marte, Miércoles de Mercurio, Jueves de Júpiter ó
Jove, Viernes de Venus, Sábado de Saturno y Domingo del
Sol ó sea de Donnnm, del Señor); y entre Saturnino y Sa-
íurfw, dios cartaginés: Simón y Simón, dios de los sabinos, co-
nocido por tres nombres, Sancus, Fidius y Simm, Ana y
Atina, diosa también de los sabinos, y que representaba á la
Luna, como nodriza del año, etc.; pero también debemos ha-
cer observar, que así como Marte era dios romano. Sa-
turno pasó á serlo también, aunque de origen cartaginés, y
Auna y Simón lo mismo, aunque de oi-ígen sabino, uno de los
primitivos pueblos italianos.
Y concluimos, diciendo, que como la frase latina veron
eican, Verdadera faz, ha dado origen á la palabra Verónica,
encarnada y materializada en la santa, que muestra la faz de
Cristo en el sagrado paño.
Leoncio Lasso de la Vega.
lc5::;«c;í^
X.» 9 2
346 —
LOS CORRALES DE VECINOS.
(Continuación)
Todas las tabernas tienen su reunión ó sus reuniones; en-
tendiéndose por reunión el conjunto de tres, cuatro ó más pa-
rroquianos, que diariamente, y á la hora del medio día ó entra-
da la noche, van á aquel lugar con el deliberado propósito de
canear (beber cafías) y ecJiar el raio jugándose una 6 más botellas.
La reunión es el dueño de la casa; quiero decir: la que go-
za de las atenciones y consideraciones del tabernero.
« En ese cuai'to no se puede entrar. — Ese cuarto está to-
mado— Niño\ que sirvas bien á la reunión, — La reunióte ha lla-
mado. » Palabras son estas que la reunión merece del amo de la
taberna.
El vecino del corral no es parte de la retinión, la cual tiene,
de puertas adentro de la taberna, cierto tinte un si es no es
aristocrático.
El vecino del corral lo hele delhlanco, que es mucho más
barato que la manzanilla, y en vez de cañas empina ochos y
medios.
Si es lo que se llama un borracho perdido, hace de la taber-
na su casa, y más que de una, gusta de visitar muchas.
— A tí no te gusta más que visitar los sagrarios — le dice
la pobre de su mujer.
Visitar los sagrarios es una frase que en labios andaluces
quiere decir tanto como ir de taberna en taberna.
«.1 mi me gusta, me gusta ,
Entrarme por las tabernas, » etc.
FA borracJio perdido es la piedra de escándalo de la taberna.
Después de \\d\)^v empinado el codo de lo lindo, y cuando á dura.'^
— 347 —
penas se mantiene de pié; desceñida la faja, que le arrastra,
tirado atrás el sombrero, balbuceando las palabras como un
niño de pecho, provoca á cuestión á cuantas personas vé, y por
quítame allá esas pajas y en menos que se persigna un cura
loco, arma un escándalo que da que hacer á los agentes de la
autoridad, al tabernero y á cuantos en la taberna están.
Él es quien repite estas frases, repetidas continuamente
por los borrachos:
« Aqui todo está pagado. — Yo lo pago todo. — ¿Qué va us-
ted á tomar? Todo va por mi cuenta; » y otras muchas que tra-
ducen directamente la generosidad que, como antes he dicho,
se despierta al llamamiento del vino.
Él es quien, cuando se le sube san Télmo á la gavia, o cuan-
do se le sube el vino á la cabeza, — ^y cuenta que el vino se en-
carama siempre, — eclia mano á la navaja, y en un santiamén
perpetra uno de los delitos definidos y penados por el Código;
sin saber que la embriaguez no habitual es circunstancia ate-
nuante hasta cierto punto, y sabiendo, quizá, que la embria-
guez habitual no significa ni dice nada al grado aplicable de
la pena.
Borracho de profesión que no lleve encima navaja es plan-
ta exótica. La navaja es el arma ofensiva, más que defensiva,
del pueblo andaluz; y el borracho que, por serlo, es pendencie-
ro, no la deja nunca olvidada en su casa.
Tanto mejor es la navaja cuanto más muelles tiene y la
hoja es más ancha por la parte del cabo que por la de la punta.
Todavía cree á pies juntillas el hombre del pueblo, que
los delitos cometidos por medio de la navaja se castigan ha-
bida consideración al número de muelles que aquella tiene.
Tantos años de presidio cuantos muelles.
En la hoja de algunas navajas se leen inscripciones por
el estilo de esta, de todos conocida-. cNo me saques sinrazón ni
me empuñes sin honor», de nuestras famosas espadas toleda-
nas. La más común y corriente es la chistosísima, que dice:
«¡Viva mi dueño!», la cual revela el tanto de fanfarronería ca-
racterística del valiente pueblo andaluz.
Dice una coplilla:
— 350 —
Ea la Francia soy franoés,
En Valencia valenciano,
En Aragón aragonés,
En Catalán, catolano (1).
Com ésta cangao concorda a seguinte, que ouyi a utn sol-
dado de Elvas, e que o meu amigo o sr. A . Thomás Pires, en-
thuziasta folklorista alemtejano, se dignou recolher-me:
Fui á Hispanha, vim hispanhol;
Fui á Franca, vim franoez;
Fui á India, indio vim;
Agora sou portuguez,
cangao, que com outras, em que figura principalmente a His-
panha, faz parte de ura artigo sobre a Geographia popular que
a seu tempo publicarei, quando tractar dos Elementos históricos
na tradiQoo popular portugueza, porque Portugal, apesar de
pouco rico em tradi^oes históricas, nao é tao pobre como mais
de uma vez se tem dicto.
vni
ROMANCE DO NATAL
O seguinte romance, de que ha varias versees portugue-
zas, foi-nie dictado em 1870, aqui no Porto, por um gallego
de ao pé de S. Tiago de Compostella:
Noche buena de Natal,
Noche de grande alegría....
Caminando iba José,
Y mas la Virgen Maria;
Caminaban para Belén,
Para llegaren con dia.
Cuando a Belén llegaron,
Toda la gente dormía;
(1) O narrador, que era homem do povo, quería certamente d¡«er:
Ka Cataluña catalán,
mas düU a versao tal (lual a oiivi.
— 351 —
San José fué buscar lumbre,
Que menester le baria;
Cuando San José llegó,
La Virgen parido habia:
Parió en un pobre présele (pesebre)
Que neu unas pallas tenia;
Bajó un ajujle (ángel) del Cielo,
Que rióos paños ^jia:
Unos eran de Holanda,
Otros de Holanda fina,
Otros eran borlas de oro,
Para la Virgen Maria.
Se fué el angle para el Cielo,
Cantando la Ave-Maria;
Le preguntó El Padre Eterno:
— «¿Cómo quedó la parida?!
— La parida quedó buena.
En su celda recogida;
'^o la bizo carpintero.
Ni bombre de carpintería,
Que la bizo Dios del Cielo,
Para la Virgen Maria.»
O narrador accrescentou que estes versos se costuma-
yam cantar pelas portas.
IX
DUAS GANgOES
As duas seguintes cangoes colhi-as da boca de um ga-
llego de S. Tiago:
Ahí tienes mi oorazon,
Fecbadito con dos llaves:
Abre-lo y mete-te dentro,
Que tu sólita bien cabes.
Abi tienes mi corazón.
Si lo quieres matar, puedes,
Mas dentro de él vas tú.
Si lo matas, también mueres.
Na tradi^ao portugueza ha, se bem me lembro, urnas can-
(oes semelheantes.
— 354 —
acierta á meter cada cual vuelve árecojerlas, dejando las de-
más en el punto en que han caido. Luego el que más cerca del
hoyo ha dejado una castafia, con el primer dedo de la mano
derecha le da un empuje en dirección del hoyo; si logra me-
terla rodándola, se la guarda y hace la misma operación con la
castaña que está más cerca de aquel, y asi sucesivamente. Si
no la mete, sigue el contrario empujándola; luego el que le
sigue en turno, etc., etc.; de modo que aquel gana más casta-
fias que mayor número de éstas ha metido en el hoyo—»
[Ob. cit, p. 208, not.).
II.
COCHA.
« — Juego que consiste en poner una bolita de madera
en un círculo trazado en el centro de un campo. Los mucha-
chos se dividen en dos tandas de igual número y se forman
en dos filas unos enfrente de otros dejando calle en medio de
unos seis pasos de ancho. Luego con unas cayadas se dispu-
tan reñidamente la bolita, luchando unos por llevarla al fin
del campo por un lado, y los contrarios al extremo opue^ito.
ganando la partida aquella tanda que alcanza su objeto— >
(Ib., ib,).
III.
v.Ij cuatro.
« — En el juego de bolos, se tira una línea horizontal á
diez ó doce pasos del sitio en que se colocan aquellos, en medio
de la que se pone otro bolo que llaman el cuatro. Si la bola
que se arroja sobre los primeros tira éste al paso, vale cuatro
para el que lo hizo caer; y si el golpe de la bola sobre aque-
llos hace pasar uno ó más bolos del cuatro, ó sea de la raya,
vale, cada uno que pasa, diez para el que los pasó— > (Ih..
p. 234).
— 355 —
IV.
LA BARRA.
« — La barra se tira de dos maneras, que lleLumn por arri-
ba («por riba») ó á brazo, yj^or ahajo («por báixo»). Por arri-
ba se practica cojiéndola por el centro, llevándola dos ó tres
veces, con el brazo tendido, del costado derecho al izquierdo,
y cuando ha tomado vuelo, arrojándola. Para tirarla fov abajo,
se coje igualmente por el centro con la mano derecha, é incli-
nando el cuerpo hacia adelante se mete de punta entre las
piernas, se le hace tomar vuelo, moviéndola de adelante á atrás,
y se arroja — » (Ib., ib.).
J. Leite de Vasconcellos.
Porto.
' TS^^f^X£^^^?>^^¿¿::^r~D'
CUENTOS POPULARES
(1)
UNA RUEDA DE CONEJOS
Erase un rey que tenía una hija y todas las tardes se aso-
maba al balcón y veía una porción de conejos blancos que for-
maban una rueda; algunas veces que cosía dejaba caer el de-
dal y los conejos se lo llevaban; al otro día dejaba caer una
cinta y se la llevaban, una horquilla, y lo mismo; conque un día
ya dejó de ver los conejitos, que no volvieron más y ella tuvo
una pena tan grande de ver que los conejitos no venían, queca-
yó mala. El rey la hizo ver de los médicos, pero ningunb la cu-
(1) Estos cuentos y los anteriores publicados en esta Revista con
las mismas iniciales, forman parte de la Colección inédita de De-
mófílo.
— 356 —
raba, y d rey diú un bando diciendo, que si alguien acert
con la enfermedad de su hija, si era mujer le daría grau canti-
dad de dinero, y si era Iiombre podría casarse con ella. Mucha
gente ™o, hombres y mujeres, y ninguno acertaba con el mal
de la princesa.
Una gente de campo se le ocnrrid ir A distraer á la prin-
cesa, y una madre y una hija iban á palacio; mil^, ante de lie
gar, les oscnreció en metilo de! camino y se quedaron en unos
montes, sacaron de las alforjas las provisiones para comer, y
nn pan se les fué rodando por e! raontü abajo y ellas lo siguie-
ron; el pan se cayó en un agujero y ellas se entraron tra* él y
se encontraron en un palacio muy hernioso; allí se detnvieron
metidas detrás de la pnerta para ver si alguien pasaba; de
pronto vieron aquellos conejos blancos que dejó de ver iaprio-
cesa y que estaban también formando una rueda. A poco lea
vieron quitarse las pieles y se convirtieron en príncipes. — Ya
si que tenemos que contarle á la princesa nna cosa bonita. —
Los príncipes se pusieron á comer, y después de termínaiia la
comida sacaron el dedal, la orquiíla, la cinta, el c<irdóii del ca-
bello de la princesa, en fin, todo lo qm^ d la princesa se le habla
caído. Uno decía: — Este es el dedal de nii seaora la piíncesa;
]qnién la vieral — ^Otro; Esta es la orquiíla, etc., etc., etc. — En-
tonces se colocaron la pellica de conejos blancos y se mar-
charon.
La madre y la hija se fueron así que fué de día á pa.
lacio, y al entrar, los guardias las dijeron que ya la prince*i
estaba agonizando y qne no permitían viese il nadie. Las aldea-
nas insistieron, asegurándoles tenían que decirla cosas tan en-
tretenidas que habría de entretenerse escuchándolas.- entouws
las dejaron pasar dentro de la habitación déla priuccHa. E\\ai
les pidieron permiso para contarle lo qne tenían qne decirla, j
ella le dyo que sí, que se lo contaran.
Al hablarles de la rtiala de amcjos bhncos que habían TÚ'-
to en un castilloque estaba en el camino de su pueblo, las hiw
callar y las dijo llamastin A su padre; vino el pudre y ella pidií)
alimento; le trajei-on caldo, y en seguida se sentó en laoum
tíl padre se quedó admirado, y rogó á aquellas mujeres ágiüe-
— 357 —
ran contándole lo qae habían visto, puesto qne tan buen efecto
ocasionaba á su hija la relación: siguieron contándole todo
ouanto habían visto, y ella le dijo á su padre que quería ir con
aquellas mujeres para ver de cerca lu rtieda de cotiejos blancos] el
padi'e la dijo que no creía que pudiese ir estando tan débil, pero
que le pondría un coche; mas ella dijo se encontraba capaz, que
quería irse á pié con aquellas aldeanas; el padre, con verla tan
animada se contentaba, y la dejó hacer su gusto.
Cuando llegaron al palacio en que pasaron la noche las
mujeres, se metió la princesa con ellas detrás de la puerta, y á
poco entraron los conejos, dejaron su pellica y trasformados en
príncipes comieron y dijeron la. relación de la vez pasada, y ella
contestó: — Pues aquí estoy. — Ya estando en esta alegría desa-
pareció el castillo y se quedó aquello convertido en un hermoso
llano. Entonces la princesa mandó á una de las mujeres al pa-
lacio para que les mandaran dos coches. El rey vino, y de entre
los príncipes convinieron escogiese la princesa uno para espo-
so; ella escogió, y con él y su padre fueron en un coche, y en el
otro los demás príncipes, que asistieron á las bodas, que se ce*
lebraron apoco con gran contentamiento de todos, y la prince-
sa fué tan feliz y se puso más buena que nunca; á mí me dieron
en la boda unos zapatillos que en el camino tuve que tirarlos
poi-que se me rompieron.
C. A. D.
LA SERPIENTE DE LAS SIETE CABEZAS
Érase una madre que tenía tres hijas, y una vez echaron
una cosa al estiércol y salieron tres caballos y siete cabras, y
dos hijos se le casaron, quedándose el más chico con su madre.
Cuando salía al campo llevaba las cabras á otros rebaños
para que estuviesen reunidas; pero sucedía que las que estaban
en los rebaños se morían, y las siete siempre quedaban vivas.
— 3o8 —
El muchaclio dijoá sti madre que no quería volverla
llevará niugúii rebaflo, y qae era necesario ¡loner enniltinj
aquello,
Entonces nndíase montó en uno de los caballos quel
bfan salido del estiércol y se fué con ellas solo, y se encontró
nn hombre que llevaba cinco perros y le dijo: ¿me quiere usted
cambiar las siete cabras por los cinco perros? y le contestó
aquel; — bueno, se las cambiaré áVd. — Los perros nno sellania
Sol, otro Enlrelln, otro Lufero, otro Stillm y otro Adal'ui. C'uan-
dovoJvióásn casa, su madre se puso i. refiirlepor lo qne ha-
bía hecho, y él le dijo: pue,s ahora me voy á cazar y á traerle á
Vd. perdices ¡5 conejos para que comamos.
La madre, mny disgustada cun sn hijo, se marchó á unii
huerta que tenía, y le dijo al hortelano, que era un negro, que
cuando volviese su hijo, si iba 4 cojer peras, lo matase.
Vino su hijo, y le preguntó á la madre, pareciéndole que
estaba mala, que qué tenía y qué deseaba comer: y ella le
dijo, qne lo que apetecía eran unas peras de su huerta, que fuera
t, cojerlas: fué por ellas, y la madre dejé encerrados los perros.
Estando cogiendo las peras, vino el negro con uoa porra
de hierro d matarlo, y él le dijo: ¿qué me va Vd íl hacer? El ne-
gro dijo; lo que tu madre me ha mandado: voy ¿ matarte; co-
menzó entonces á llamar á Sol, á Estrella, á Liiaíro, en fin, i
todos sus perros; y de pronto se aparecieron estos, é hicieron
pedazos al negro. Cuando volvió á su casa traía el corazóu del
negro y se lo entregó á su madre, qne se enfadó muclio y lo
echó á la calle.
Cogió él su caballo y sus perros y un sable que tenia, j
se marchó. Yendo por el camino sintió muchos sollozos, y fné
á ver qué era: se encontró con la hija del rey, que estaba allí llo-
rando, y le preguntó qué era lo que tenía, y ella le dijo: que tC
dos los días había en aquellos contornos nna serpiente con ji*
cabezas, quf^ Fenluu que snstentar con nna doncella cada dú,
y aquel le había tocado ri, ella. Kntonces él le dijo: no teapn-
res, yo me echo aquí á. dormir con mis perros, y tú me avisu
cuandovenga la serpiente. Ella intentó disuadirle; pero él in-
sistió en que nada le i)asarfa, y que ella le avisase.
J
— 359 —
Se acostó adormir, y apoco apareció la serpiente, silban-
do: ella le avisó inmediatamente, y él enseguida se levantó y
llamó á sus perros; á poco estaba muerta la serpiente. Enton-
ces le sacó á la serpiente las lenguas de las siete cabezas y se
las guardó, liadas en un pañuelo, en el bolsillo, y se despidió
de la princesa y se marchó. Ella le dijo que no se fuera, si que-
ría casarse con ella: pues el padre la tenía dicho, que si alguien
la libraba podría ser su esposo: y él la contestó que no, que se
marchaba por entonces; pero que si ella seguía soltera, volve-
ría algún día á casarse con ella. Entonces se marchó, y á poco
apareció el rey con su coche y su acompañamiento, para ver si
su hija vivía ó la había matado la serpiente.
El rey se puso tan contento de ver libertada á su hija,
que le contó cuanto había pasado, y le dijo no conocía á su li-
bertador; el rey se la llevó á su casa, y toda la familia se con-
ceptuó completamente dichosa con la vuelta de la princesa.
Un carbonero, que pasó por donde estaba la serpiente
muerta, le cortó las siete cabezas, y fué á palacio, diciendo
que, puesto que él había salvado á la princesa, á él le tocaba
casarse con ella; pero la princesa dijo no ser verdad lo que
aquel joven decía, pues ella había visto al que fué, aunque no
lo conocía. Entonces el padre dijo al carbonero que si, en ocho
días que le daba de término, hacía las tres cosas que él le dijese
que se casaría con su hija. Primera. Que tres palomos que echa-
ba á volar aquella misma noche, tenía que volvérselos atraer:
dijo él que eso era imposible, porque no sabía adonde irían, ni
él los conocería; — pnessino, no se casaVd. con mi hija. — El
carbonero tenía un pito y llamó por la noche á las aves y vi-
nieron los tres palomos tres dias lo mismo; y el rey le dijo á la
hija, que tenía empeñada su palabra y que tenía que casarse
con el carbonero.
Ya no quedaba más que un día de término, y ella estaba
sentada en el balcón muy disgustada por ver no tenía más re
medio que casarse con él: y de pronto divisó á su salvador; y al
pasar bajo el balcón, lo llamó, y entró en palacio: ella le dijo á
su padre que aquel joven era el que la había salvado; y el pa-
dre le preguntó si tenía alguna prueba que asegurase ser ver-
— 31 ¡o —
ñ&A lo qnc sti hija (leda. Él dijo que mirasen las cabezal^
serpiente para ver si tenían las lenguas: el rey observó las ca-
bezas y vit» estaban sin lenguas: él las sacó para comprobar lo
qufc decía, y el rey estuvo conforme en que se casara con sa
bija. El dijo fjiiería llamasen & sn madre: el rey la bizo venir,
y la madre trajo consigo el corazón del negro, y la noche que
seibanácasar dijo (tiierlíi ella hacer la cama de los novios: la
madre le preguntó á su hijo á que lado se había de acostar, y
él le dijo que al lado izquierdo; y al hacerle la cama le puso ba-
jo la almohada el corazón del negro,
A poco de acostarse sintió la princesa un ronquido y se
encontró niuertoal joven que era su esposo: comenzó ít g^ritar
y acudió gente enseguida, y la madre comenzó A llorar viendo
muerto á su hijo, al que no quiso que nadie amortajase más
que ella sola: al llevarlo á la caja le pnso el corazón del uegi-o
bajo la almohada, y los perros se pusieron alrededor de la ca-
ja: dos á la cabecera, dos en medio y uno A. los piés; al ver la
gente los perros al lado del muerto querían quitarlos; mas
ellos mataban á los que le tocaban; as{ que A poco se llenó el
cuarto de muertos. Cuando se lo llevaron, los perros lo si-
guieron hasta el cementerio y se quedaron al lado de la sejdil-
tura sin que nadie se atreviese á echarlos. Cuando svmarcbít-
ron los curas y cerraron el cementerio, los cinco perros comen-
zaron Á hablarse unos A otros y se convinieron en sacar Asa
amo de la tierra.
Entonces escarbaron, llegaron hasta la caja, que consi-
guieron abrir, y oliendo la carne que estaba bajo la almohaila
del muerto, sacaron el corazón del negro; pero como estaba
podrido, lo tiraron. En esto empezó su amo A volver en sf, y í'i
preguntó, que qué le pa.saba; los perros le dijeron que no tn-
viese cuidado, que ellos estaban allí. Entonces los cinco iierros
se volvieron cinco hombres, y lo sacaron de la caja, que él no
pudo dejar por si por lo debilitado que estaba, y lo llevaron i
paJaciu: al poueilo en la puerta, los cinco hombres le d^n
queya lo dejaban, puesto que estaba en salvo, y qoe i
marchaban al cielo: entonces en una nube de hatuoseb
ascender y desaparecer en el espacio.
— 3G1 —
El llamó al portón, j^ preguntaron de dentro que quién
era: él contestó que un muerto que quería entrar: todos asus-
tados ninguno quería abrir; mas su esposa, que reconoció su
voz, fué la que abrió, y al verlo, cayó desmayada en sus bra-
zos. Todos acudieron á socorrerla, y cuando volvió en sí, él
contó todo lo que le había pasado; y el rey le preguntó que
qué queria que se hiciese con su madre: y él contestó que no
quería que le hiciesen nada; mas el rey, sin que el hijo lo su-
piese, la mandó freir en aceite, y que la enterraran debajo de
un olivo. Entonces el palacio, que todo estaba enlutado, vol-
vió á vestirse de color, y todos vivieron felices y contentos, y á
mí me dieron un rábano tuerto.
C. A. D.
COMPARACIONES POPULARES RECOGIDAS EN OSUNA
1 Arde más que la yesca; que la tea; que una pórbora; que
la estopa.
2 Be más que Candelita i ; qu' un perro po' 'r c... (irán.)
3 Canta más que un griyo; que un canario; que una chi-
charra. 2
4 Gome más que la saina; que una lima.
5 Como dijo el otro ^ ; como el otro que dijo; como quien
dise.
6 Como quien no quiere la cosa.
1 Luis Candelas, célebre bandido.
2 En Osuna llaman chicharra á la cigarra,
3 El Otro, personaje anónimo, de quien dijo Quevedo: <Yo soy
el Otro, y me conocerás; pues no hay cosa (jue no la diga el Otro. Y
luego, en no sabiendo como dar razón de si, dizen: Como dixo el otro.
Yo no he dicho nada, ni despego la boca. En Latin me llaman, Quidam,
y por esos libros me hallarás abultando renglones, y llenando clau-
sulas. > (Visita de los Chistes^ en las Obras de Don Francisco de Queve-
do, ed. de Bruselas, m. dc. lx, 1.*» parte, 661.)
N.*» 10 4
— 362 —
7 Corre más que un gargo; qne una liebre; que una inala
notisia; como arma que yeba er diablo. 4
8 Corta más qu' er biento.
9 Charla más que una cotorra; que un sacamuelas, que un
barbero.
10 Duerme como un seporro 5 ; como una piedra; como un
lirón; con los ojos abiertos como las liebres. ^
11 Er pan duro, duro, duro, más vale duro que nó ninguno.
12 Er que ba á m.... y no p.... es como er que ba á V escuela
y no lee.
13 Er que no sabe es lo mesmo qu' er que no be. 7
14 Er sapato malo, malo, más vale 'n er pié qne nó en la
mano. 8
15 Escribe más qu' er Tostao. 9
16 Es más picaro que bonito.
17 Eso es buscar un estudiante en Salamanca, lo
18 Está como San Jinojo n en er sielo; como los niños der
limbo, sin pena ni gloria.
19 Está Jecho á las bozes, como los gorriones er rueo.
20 Está tan seguro como el agua en senacho 12; como un
cuarto en la puerta de una escuela.
21 Están como piojos en costura; como tres en un sapato;
como gayina en corra ajeno.
4 En Italia: Fugge come un anima dannata, come ü pártanse il
diavolo. (Comparazioni, in Marcoaldi, Gruida e statistica della cittá e co-
muñe di Fabriano^ vol. iii, 232 — 235. — Todas las concordancias ita-
lianas consignadas en este trabajo están halladas en dicha obra.)
6 Cfr. el n. 26 de mis Cantos pop. españoles.
6 Cfr. el n. 27 de Cantos pop. españoles. La misma creencia hay
en Portugal (Pires, Cantos pop. do Alemtejo, n. 884 in A Sentineüa da
Fronteira^ de Elvas).
E' o coelho matreiro,
Dorme c' os olhos abertos;
Eu durmo c' os meus fechados.
Porque tenho amores certos.
7 En Italia: Chi non sa e come chi non ci vede.
8 Esta comparación y la señalada con el n. 11 son las dos prime-
ras n)áximas del sabido cuentecillo Las tres verdades del barquero.
9 Alfonso de Madrigal, autor de numerosas obras.
10 8e dice cuando se busca determinadamente algo de carac-
teres muy generales.
11 San Jinojo, santo ridículo, de invención popnlar, como el
santo Pajares, cuyo principal milagro hubo de consistir en qne el santo
se quemó y la paja se calentó. No sé cómo está San Jinojo en el cielo.
12 Cfr. los ns. 4752—54 de mis Cantos pop. españoles.
— 363 —
22 Jabla como iin libro; como un libro serrao (irán.) 13
23 Jase la misma farta que los perros en misa, (irán.)
24 Le bino como agüita de Mayo; como pedrá. en ojo tuerto;
como pedrá en ojo e boticario i^; como deo en c...
25 Le pasa como ar que se p.... y s' enoja. if>
26 Le sienta como el aseiteálas espinacas 16; como er to-
sino á las coles 17; como á un Santo Cristo dos pis-
tolas (irón.)
27 Lo buscó como quien busca arfileres; como quien busca
lebaura.
28 Lo puso como un caño; como un trapo; como chupa e
dómine; como ropita e cristiana 18; como hoja e pe-
regí.
29 Más abroncao que un cabrón.
30 Más alegre que una sonaja; que unas castañuelas; que
unas Pascuas 19; que una boda.
31 Más amargo que la retama 20; que la quina; qu' el asíba,
que la jié.
32 Más amariyo que la sera.
33 Más amigo qu' er borrico er sardinero (?),
34 Más atrebío que piojo e probé.
35 Más bale cagarruta e obeja que bendision d' obispo. 21
36 Mas bale pájaro en mano que siento bolando.
37 Más vale que digan «aquí juyó», «que aquí murió.»
13 En Italia: Parla come un libro stracciafo.
14 Suele Hamarse ojo en las boticas al pequeño aparador donde
iDstán las drogas más caras.
15 Se dice de quien toma enojo contra otra persona por actos
propios.
16 En Italia: Come V aceto nc maccheroni,
17 Un cantarcillo:
Anda disiendo tu madre
Que no me quiere por biejo;
Que le pregunte á las coles
Si es bueno er tosino afíejo.
18 Mojado, metafóricamente.
19 En Italia: Contento come una Pasqua.
20 Una copla:
Yo probó de la retama,
Del saúco la cortesa;
No hay bocado más amargo
Que amor donde no hay firraesa.
21 Esto dicen los labradores, ponderando la imporUmcia de l<is
abonos.
— 364 —
38 Más bale un «por si acaso» que un «¡quién pensara!»
que un «¡BárgaraeDios!»
39 Más vale un «toma» que dos «te daré»
40 Más baliente que er Sí (Cid); que Rordan; que un león.
41 Más basto que un sernaero, que un cerón, que un cafla-
inaso.
42 Más berdá que la misa; que esa es lus.
43 Más berde que un arcase; que l'arbajaca; que un cojom-
briyo.
44 Más biejo que Matusalem; 22 qué el anda pealante; que
un parmá; que la nanita.
45 Más blanco que la niebe; que la leche; 23 que el armiño;
que una paloma; que la paré.
40 Más blando que una bieba; que la manteca.
47 Más bonito que un oro; que una onsa de oro.
48 Más borracho que una uba, qu'er bino; que un mosqui-
to; que un piojo; que un peyejo; que Noé.
4í) Más bruto que un arao; que una camorra: que un gaye-
go. 24
50 Más bueno qu'er pan, 25 que un pan de rosa; qu'er pan
de seba. (irón.J
51 Más cabá qué er reló 20
52 Más camisero que un lobo,
b2 Más caro que la justisia. 27
54 ]\íás cayao que un muerto; que una p....
55 Más claro que la lus; que la berdá; qu'el agua. 28
22 En Italia: Vcchio come Matusalem.
23 Kn Italia: B i anco come la ncve, come il latte.
24. Es tan general como injusta la fama de torpes y rudos que
tienen los gallegos en Andalucía.
Para })orrico un gallego,
dicen varias coi)la8; y otra:
Jasta los gayegos saben
(¿ue er morir es natura,
Por<iue son de carne y güeso.
Como cuaniuier anin)á.
2.') En Italia: Ihiono come il ¡mnr.
2ri Cierta copla empieza así:
Tan cabal como er reló
Ningún amor j)uede ser
27 i Atinadísima conjparacion!
28 Eli h'iiWw: ScJiivttucouic I (U'(ina, cuincla Vcrita.
— 365 —
bi) Más cobarde que un cuco.
bl Más colorao que un tomate.
58 Más conosío que la rúa. 29 ^
59 Más corrió que una mona.
60 Más cumplió que un luto.
61 Más derecho que una bela; que una cana; que un juso,
30 que una jos (irán.)
(S2 Más desgrasiao que una palisa; que Chanito (?)
63 Más dijeron de Dios,
64 Más dormío que una piedra; que un seporro.
65 Más duro que er jierro; quer bronse; que una piedra. 3i
66 Más durse que una arropía; qú'el armíba; qu'er pana;
que la mié. 32
67 Más enamorao que un mico; que Cupido.
68 Más encueros que un serrojo; que unayabe.
69 Más farso que el arma e Juas. 33
70 Más feo que un coco; 34 que una nocheoscura; qu'er sa-
gento e Utrera; que Pisio; que un boto á Dios; que pe-
garle á Dios; que c , en misa; qu'erpecao.
71 Más fino que un cora; que una espá; qu'er tafetán; qu'er
pensamiento.
72 Más firme que una muraya; que una torre.
73 Más flojo que un bendo. 35
74 Más fresco que una lechuga.
75 Más frió que la niebe; que un yelo.
76 Más fuerte qu'er binagre,
77 Más grande qu'er poer de Dios; 36 qu'er mundo.
78 Más gordo que un royo; que un güey; que un cocliino;
que un canónigo.
79 Más honrao qu'erdinero.
80 Más humirde que la tierra. 37
29 La ruda sirve para numerosos usos, amén de que la delata y po-
pulariza su olor sid (jcneris. En Italia: Conosciuto come Vherba béttonica.
30 En Italia: Dritto come una candela^ come uiifuso.
31 En Italia: Duro come una pietra.
32 En Italia: Dolce come il melé.
33 En Italia: Traditore come un Ginda.
34 Efr. el n. S8 de los Cantos poj). españoles y nota corresp.
35 Vendo^ mase, de venda; llámase así á cualquier tira depafío.
36 En Italia: Grande come la misericordia di Dio.
37 Llámase humilde á la tierra porque se deja pisar de todos, sin
proferir ni una exíílamacion. No cree el Pueblo que esto sucediera siem-
pre: < No principio de mundo, quando o homem cavava a térra, esta abría
bocas e gritava. O homem queixou-se ao Senhor disse á térra: «Caíate,
que tudo crearás e tudo comerás.» (Leite de Vasconcellos, Tradi^oes
pop. de Portugal. ^ 192.)
— 366 —
81 Más interesao que la Ilesia. 38
82 Más jase er que quiere que no er que puede.
83 Másjermoso qu' ersó?
84 Más jinchao que un sapo; que una bota.
85 Más ladrón que una urraca; que Geta; que Caco; que
José María.
86 Más largo es el tiempo que la fortuna.
87 Más largo que un dia sin pan; que la cuaresma; que la
mala fortuna.
88 Más lear que un peiTo; 39 que el caballo.
89 Más liberar que Riego.
90 Más ligero que una pluma; 40 que el biento; que un rayo.
91 Más limpio que un espejo; que una patena.
92 Más listo que una ardiya; que Cardona.
93 Más loco que un jabar; que una yegua. {?)
94 Más malo que Lusifer; que Caín; que un Nerón; que ra-
bito;4ique la Inquisición; que la retama; qu' er
cólera,
95 Más manso que una obeja; que un cordero.
96 Más morao que un lirio.
97 Más negro que la pes; qu' er carbón; 42 qu' er cordobán;
que la eudrina; qu' el asabache; que una morsiya;
que un escarabajo; que mi corason.
98 Más oscuro que boca e lobo; que una noche e truenos.
99 Más pegao que una lapa.
100 i\[ás pelao que un chino; que un quinto; que un nabo.
101 ]\Iás perdió que labergüensa; que una chula; que la Ta-
na; 43 que Carracuca ('f): que un ratón en la boca e
un gato.
102 Más pobre que las ratas; que las ánimas benditas.
38 Cfr. el cuento La avaricia tomó L^Irsia, ])ublicado por mí en el
Folk'JjOrr Andaluz, i>á.í,'S. 124-2IÍ.
3*»» ]'A\ Italia: Ju'drlr. cotnc il cañe.
40 Va\ Italia: ]jr(/(/iryo come, utia pinina.
41 Creoijue es elíptica la exj)re8Íon y (|ue (juiere decir que rnhUo
(le salanianqmsa. Cuando los muchachos andan haciendo travesuras,
sin tener sosiego, les dicen la madres: — «Hijo, parece que tienes ral>o
de 8alaman<iuesa.
42 Cfr. la soleá:
Tenjío yo m\ corazón
Moraíto como er lirio,
Ne'Tito como er carhon.
i->'
13 Tana: de Catalina, por síncopa, Catana; y después, por alVri'
sis, Tana.
— 307 —
103 Más prefíao qu' el arros.
KM Más produse el aílo qu' er campo bien labrao.
105 Mtls pronto que la lus; que un rayo; que un tiro; qu' er
desillo; que ya; que desir «pin;» que desir «Jesús;»
que desir «amen;» 44 que Dios pintó á Perico; que
se presina un cura loco.
106 Más p... que una gayina.
107 Más raío que la capa el estudiante.
108 Más reondo que un cuarto, que un queso; que una bola;
que una pelota; qu' er mundo.
109 Más rubio que unas candelas; que un oro; qu' er so.
110 Más sabe 'r loco en su casa qu' er cuerdo en I' ajena.
111 Más salao que las pesetas. 45
112 Más sano que una pera.
113 Más seco que un esparto; que una arista.
114 Más seloso que un turco.
115 Más se perdió en el ataque e Ocafla.
116 Más serio que un jues; que una monea e dos cuartos. 46
117 Más siego que un topo. 47
118 Más socorrió que un pobre.
119 Más solo que un espárrago
120 Más sordo que una tapia.
44 En Italia: Corto coiné diré: Amen,
Un amen non saria potuto direi.
Dante, Inferno , c. XV7.
También se dice en un mntiamen^ de que se burló Quevedo en su
Cuento de ciícntos: «Pues uno, que encareciendo su diligencia, dize, que
vino en un santiamén; deven tener los santiamenes gran passo.»
46 Salao, en acepción de simpático y gracioso.
4() Refiérese al busto real.
47 En Italia: Cicco come la talpa. En Portugal ^Leite, Trad.pop.y
§ 327: E cegó coma a totipeira. «C'est un préjugé assez répandu de croi-
re la taupe aveugle. > (Eugéne Kolland, Fanne populaire de la France,
mammiféres, pág. 13). Mr. de Norguet (apud Rolland, ib.) cita un pro-
verbio bretón:
Si taupe voy ai t,
Si sourd (salamandre) entendait,
Le monde fínirait.
Un refrán andaluz análogo:
Si la bíbora biera
Y el alacian (alacrán^ oyera,
No hubiera hombre que ar campo saliera.
— 368 —
121 Más suabe que un guante; que una sea; que un terciope-
lo; (irm), 48
122 Más temo qu' el agua.
123 Más tieso que un ajo porro; qu' er deo de San Juan.
124 Más tonto que un jilo e ubas; que una paba; que Pi-
dióte, co
125 Más torpe que un guardia balón.
126 Más triste que un duelo; que un entieno.
127 Más... que Dios; qu' er demonio; qu' er mengue; queer
gayo; que la mar; qu' er mundo; que tó lo que se di-
ga; que pelos tengo en la cabesa; que hojas menea un
solano; que arenas tiene la mar; qu' estreyas tiene 'r
cielo.
128 Miente más que la Gaseta; que parpaguea. 49
129 Nada como un pes; como un plomo (irdn).
130 No le quea más qu' er compás, como á los músicos viejos.
131 Oye más que un ético.
132 Sabe más que las cucas; que las brujas; que las culebras;
que quiere; que un letrao: que Merlin; que Briján; 50
que Séneca; que Salomón; que Lepe, Lepijo y su
hijo. (?)
133 Sacó lo que el negro del sermón: los pies fríos y la cabe-
sa caliente.
134 Salió como rata por tirante; como gato por brasas.
135 Se acabó como er rosario de Espera ^i (») de la xVurora),
á ñirolasos.
48 Un cantar:
Cuando Dios cr¡() al criso
J^o crió de mala gana;
Por eso el animalito
Tiene tan fina la lana.
49 Párpago, harhav. ^ jx'irpado.
50 Deria yo en una nota de mis Cantos pop. españoles (t. i, pági-
na 398): «¿lia existido realmente ese Briján, tan nombrado y renom-
l)rado por el Pueblo? Y, en caso afirmativo, ¿será el famoso gramático
Nebrija, el Lchrljano. como par antonomasia le llamaban? Por la tras-
formacion no babria que extrañarlo: bien pudo decirse Briján de Lf-
brijano. couio se dice 'J'ohalo de Cristóbal y como por rillauo se dijo >•/■
lian,, aféresis y apócope (píese avienen perfectamente con la manera de
ser del babla andaluza. Limitóme á apuntar la idea, como mera hipotxí-
sis: no S(; me tacbe, jnies, de visionario.»
51 Ksi)era es una villa de la prov. de Cádiz, donde se supone
acaecido el poco edificante becbo de andará farolazos los indivííiuos <le
dos bermandades ó cofradias. Kl distinguido pintor bispalense G'aroia
liamos ba peri)etuado el lance en un lindo cuadro.
— 369 —
1;>G Se coló como trasquilao po* ilesia.
137 Se escurre como una anguila,
188 Se fué en probauras, como er b... e la tía Andrea.
139 Se mantiene del aire, como los camaleones. 62
140 Se p... más que una cabra.
141 Le puso (de harto) como chibo e dos madres.
142 Se quedó como er gayo de Morón: cacareando y sin plu-
mas. 53
143 Se quedó como si tar cosa. 54
144 Se yeban como perros y gatos. 55
145 Tan balieute es uno por los pies como por las manos. 56
146 Tiene la grasia en er c..., como las abispas (iráii.)
147 Tiene más barbas que un capuchino.
148 Tiene más boca que una espuerta; que una samaya.
149 Tiene más correa 57 que Santa Rita.
150 Tiene más debajo qu' ensima.
151 Tiene más dinero que Jesucristo pecaos (irán.)
152 Tiene más fartas que una pelota. 58
153 Tiene más frió que un poenco.
154 Tiene mils genio que cuerpo.
155 Tiene más jambre que un maestro ' escuela; que un
ladrón.
156 Tiene más letra menúa que un misar biejo.
157 Tiene más mieo que bergüensa.
52 Eb común esta creencia. Una copla:
Mi caiuaraita v vo
Sernos dos fuertes leones;
Mos mantenemos del aire,
Como los camaleones.
53 Nunca he podido averiguar qué gallo fuera ese. Una soleá:
Cliiquilla, te bas queando
Como er gayo de Morón,
Sin pluma y cacareando.
54 Frase elíptica; como si tal cosa no hubiera hecho, 6 no hubiera
sucedido, quiere decir.
55 En Italia: D' accordo come cani e gatfi.
5G Máxima de los cobardes, como la señalada con el n. 37.
57 Correa, en sentido de paciencia para sobrellevar las contrarie-
dades. Se dijo por la ñexibilidad.
58 Quevedo.*
Sin ser juez de la pelota.
Juzgar las faltas me agrada...
y." y 5
— 370 —
158 Tiene más orguyo que Don Rodrigo en la jorca. 6í>
159 Tiene más pasensia que Jó en er mulada.
160 Tiene más suerte que un quebrao (¿irán,?)
161 Tiene más trampas que Juan Chapines (?)
162 Tiene siete bidas, como los gatos, eo
163 Tiene un genio como una pórbora, como una yesca; co-
mo una abispa.
164 Yoró más que Jeremías; que una Madalena. ei
165 Yuebe más que cuando s' ajogó Bigote; que cuando en-
terraron á Bigote (?),
P. Rodríguez Marín.
Osuna, Diciembre de 1882.
MISCELÁNEA
PREGONES
1 Narajas de los Poyares.
2 Vendo lo que vendo; traigo lo que traigo; el que quiera
saberlo, que venga a comprarlo. (De un vendedor de juguetes de
china, tazas, vasos, etc.)
3 Bendo lo que bendo y traigo lo que traigo: gafas pa los
siegos; peines pa los carbos.
4 A tu le pega er tomate.... menos á la leche y ar chocolate.
5 Sa: p' un ochabo un costa; sá.
6 Biñolitos calientes. A cuarto er peaso, á cuarto.
7 Losa e Yerena.
8 Cafee. A cuartito la tasa.
59 IlelicTOse al cólebro Marqués de Siete Igle8¡a8.
00 Kn Portn«j:al Ht; diee (jue el gato tem arte folies, esto es, siete
órganos respiratorios. (Leite, Trad. pop., ^ 317.)
01 Kn Italia: PiarKje vomc una Maddalena.
Nota final. Adviértase <iiie en casi todas las comparaciones apun
tadas en este esbozo de colección se emplea la forma > en lupir <lt*
la = ó ; [, usuales en Portugal é Italia. JOsta diferencia se expli^-a ¡n-r
la aíicion (.le los audaluces á la hipérbole: no nos satisface comparar, ^i
no exagerando notablemente uno de los términos de la conípuraci-'H.
— 371 —
9 Pimiento molió, durze y picante.
10 Tripa e baca.
11 Bolaiyos y merengues; biscochos á oaarto, y mimos á cha-
vo, armendraos y caramelos.
12 ¿Quién vende huevos, poyos, gayos y gayinas?
13 Jigos por trapos, muchachos.
14 Argarrobas y muñequitos por trapos, muchachos; jhe-
rr auras y j hierro biejo.
15 Platos, basoB, tinajas, sangraeras y lebriyos que compone.
16 Peyicas de conejo ' de liebre que bendé.
17 Lienzo de hilo y manteles.
18 Sardinas frescaj e la má.
19 Bibitas, bibitas; á probarlag. (Las sardinas.)
20 Er que las qpíea güeñas, aqui ha e beni. (También de un
sardinero.)
21 Azendias e Cantiyana.
22 Puntillas, encajes, peines, jabones y batidores; * calcetines
de hilo para niños baratos.
23 Paño basto y paño fino.
24 Arfajó y caramelog.
25 Peses.
26 Losa e perná y basog e crista fino.
27 Sombreros, libros y paraguas biejos que bendé.
28 ¿Quién vende plata y oro?
29 Limoneg, agrios y durses.
30 Traigo romanses, cartiyas y silabarios; libros pá confesa
y da grasias; paper y sobres pá cartas; el armanaque nuevo pá
este año.
81 Pantalones y paFio barato.
82 Azendiag y melones.
88 Seresas blandiyas.
Alicantinas
Da el pueblo el nombre de alicantinas á las relaciones sin
objeto aparente, á las respuestas vivas é ingeniosas, á los conoci-
mientos más insustanciales de la erudición popular, etc. etc. Fu*
laño sabe mil alicantinas; no te metas con Mengano que tiene salidas
o alicantinas para todo; Perencejo todo se vuelva alicantinas, Y no
sólo dice alicantinas, sino alicantiñero; asi es que Fulano, Men-
gano y Perencejo, una de las trinidades populares, pueden ser no
más que unos alicantineros; que viene á ser como unos eruditos d
la violeta, aunque no es esta con exactitud su verdadera signi-
ficación.
1*' Estandu señor dun gatu
Seutadu en sillón de palu,
— 372 —
Hacienda media de pnntu,
Zapatitus eucarnadus;
Vinu una jata rabona,
Chiquetitay de este harria,
Y un dia por darle un besa,
S' lia caidu d'un tejada;
S' ba qaebran siete costillas
Y un brazu descoyuntada.
Llaman al cura,
Birlura,
Para hacer el testamenta,
Birlentu,
Que lu entierren en sagradu,
Birlada,
Dunde nun pase janada,
Y á la cabecera pongan
Un Cristu crucificadu,
Y á lus pies una bandera
De tafetán encarnadu,
Cnn un letreru que diga:
«Aquí murió el desgraciada
Nun murió de calentura,
Nin de dulor de custadu,
Que murió de mal d' amores,
Que 's dulor desesperadu.»
Atribuyesele un origen gallego y do aquí el lenguaje usado en
la alicantina copiada, lenguaje que el pueblo andaluz supone imi-
tación perfecta del de los asturianos, gallegos, etc.; que, como do
los moros y franceses, dicen que todos son unos. Sirva, en descar-
go de mis paisanos, el saber que cuando los españoles del norte
quieren imitar el lenguaje andaluz, suelen decir: «Soy de Guerez;
eche usted fierro compadre,» et sic <le cetteris. Compárese el final de
la alicantina con el del 1." de los Jueiios de rueda que publique eu
el niim. 3." de esta Revista. Recuerdo incompleta una relación
muy parecida, que empieza de este modo:
Estando un gato sentado
En su gran sillón de palo,
Le ha venido la noticia
Qne si quiere ser casado.
Con una gata morisca
Hija de un gatillo pardo, etc.
2.* Maria J31anca
A la puei'ta 'r S(»,
Cavo una monja
Y la rebentó.
— 37n —
Ayudármela ú lebantu,
Po' r amó de Dio
Que párese cbansa:
Arribita la pitansa
Cabayero' de Madri,
Comeremo sopita en leche,
Pan de boyo:
En Seviya canta nn poyo
Paticojo, patimanco:
Er j herrero tien' un banco,
Que trabaja:
En mi casa hay ana baraja,
Que' subió uno,
Que subió do.
Que ' tré:
Todo er mundo anda ar rebo
Por mds que quiero:
En mi casa hay un bujero.
Que lo tapad arbañí:
En mi casa hay un candi*
C alumbra toda la ilesia:
En la ilesia hay una tumba.
Que retumba,
'E nftrajag e limone;
Que los comen log eñores
'E Madri.
Quiquiriquí,
La cantiplora der tio Martin.
Er pleito 'r burro
3.» Ole, ole,
Er borrico 'stá *n 'as colé*
Acuden log hortelano'
Con asaas y asaone*.
¡Yebán ar borrico preso
ComD si jhuera 'rgun hombre!
Lo que er borrico declara
' Que s' ha comió sien colé',
Cuatrocienta' berejena'
Y otro' tantog e limone'.
Yeban er pleito á Granaa
Delante delogeñore':
Lo que de Granaa neAe
' que le saquen lo' riñone'.
314
i'TlO
itV)0
•V se *^ ;,, -.qvi*
juegos
deY^
eda
v
Co«¿íue\^ te W»--
«í:
Que s® '^
^0 ^ »r^ gVotv»
Le eies
r
— 37f) —
CUENTOS INFANTILES
1 Pos señor qne este era un gato, y tenía los pies de trapo y
a cabeoita al revés: ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
2 Pos señor que este era un padre, y tenia tres hijas, y las
etió en una botija y pija que pija.
8 Pos señor que este eta un padre, y tenía tres hijas, y las
etió en una botija, y las tiró al tejao, y... ya está mi cuento
cabao.
4 Pos señor que este era un padre, y tenia tres bijas, y las
etió en una banasta, y con esto basta.
5 Pos señor que esta era una madre, y tenia tres bijas: iban
or un caminito alante, alante, y se encontraron una calavera, y
ijo la más chica: «-Madre, esta es la calavera de padre. Y le dijo
a madre: —Calla tontona, si la de tu padre tenia corona.
Oraciones .
TI.* Santa Bárbara doncella.
Librarnos de las centellas
Y del rayo mal airado:
Jesucristo está enclavado
En el árbol de la cruz.
Padre nuestro, amén Jesús.
2.* San Bartolomé se levantó.
Sus pies y manos lavó;
Agarró su bastón y caminó.
Y se encontró á Jesucristo
Que le dijo:— Bartolomé, ¿dónde vas?
— Señor, con vos me iré.
— No te vendrás.
Vuélvete á tu posada
Y te daré un don
Que no se lo he dado
A ningún varón (1):
En la casa que fueres nombrado
Tres veces id día,
No caerá piedra.
— 376 —
Ni rayo ui centella;
Ni mujer morirá de parto;
Ni niño morirá de espanto;
Ni el diablo le dará quebranto.
El notable folk-lorista portugués Sr. Leite de Vasconcellos,
en el n." 146, fbj de su obra «Tradi(;oe8 populares de Portugal»,
páginas 64 y 65, publica, eutre otras oraciones á Santa Bárbara,
que también tieneu correspondencias en español, dos, cuyos co-
mienzos son muy parecidos al de la última que dejó trascrita; he-
los aquí:
«S. Barbóla se alevantou,
Suas santas maos lavou,
Beus sapatinlios cal^ou. etc.»
•S. Barborinha se vestiu e se cal^ou,
Ao caminho se botou.
O Seuhor le preguntón:
— 8. Barbarinba, onde vaes?
— Eu, Senbor, con vosco vou.
— Tu comigo nao irás.
Tu na térra fícarás. Etc.»
Cantares epigramáticos
Jliarrierito es mi amante
Con cinco mulos;
Tres y dos, son del amo,
Los demás suyos.
El que quisiere mandar
Memorias para el iufierno.
Ahora tiene la ocasión...
Mi suegra se estu muriendo.
A mi mujer eu la lengua
Le mordió un perro rabioso;
En seguía busque 'r perro
Y lo atraque do bizcochos.
Debajo de tu ventana
Tengo un ochabo escondió;
No se lo digas a naide
^lini que somos pcrdios.
— 377 —
Eres alta como un güebo,
Derecha com' una jó (hoz),
Y blanca com' un tintero:
Güeñas noches nos de Dio,
Hermosísimo cordero.
Anda bete, esaboría,
Que 'r renglón e á ti te farta
Lo tiene la letanía.
^li rnario es un güen Juan
Que toos log oficios sabe...
Ménog er limpia tinaja,
Que con los cuernos no cabe.
Cada vé que considero
Que tengo er queré ingrato...
No sé cómo no me tiro
Contra un corchón y me mato.
Si el comer tierra es pecao
Y de tierra son los hombres,
iVálgame Dios, tia María,
La tierra que usté se come...
MiCBÓFILO.
bibliografía.
Stanislao Prato, Quatro tiovelline popolari livornesi acompagnate da
variante umbre^ con note ilustrative e comparative 1 vól. en 4.* 213
páginas. Spoleto. 1880. — Una nouellina popolare monfcrrinay con no-
te comparative. 67 páginas en 4.® Como. 1881. — La leggenda indiana
di Nala in una novellina popolare Pitiglianese. 8 pág. en 4,** — Como.
1881.=L' nomo nella luna. — Un folleto en 4* de 4 pág. — Ancona. —
1881. Pág. 4en4.«
Los elogios que han tributado al Sr. Prato, distinguido profe-
sor de Literatura italiana en el Eeal Liceo Pontano de Spoleto, re-
vistas tan competentes y autorizadas como el Anuario della lettera-
tura italianaf de Guberuatis, el Archivio jwr lo studio ddle tradizioni
(1) Parece que el autor se acordaba de Santa Bárbara antes de
tronar.
— 378 —
popolari de Pitrú y S. MarUio, I^ Niimr Effemii'uU íieUinne,
lermo, el National Zñlitwu de Berlio el Anhir/ür alavUi-ht VhÜo-
loifie, de Drende, le Unne lUa lani/iiof ronaiirA, de Mnntpeller, O» en-
xaiot rriticüs do Oporto. The Xaiiotí, de Nueva York, el Hulrtin ilt
la Institución Lihrr de Madrid, y otros luiichos, nos eximan de la
obligación, siempre grata ]ior lo demás, de eucarecer el lui^rito de
loa trabajos y opúsculos que sirven de epígrafe á esta breve no-
ticia.
El distinguido luit^igrafo italiano ee consagra en el primero de
los trabajos mencionados al estudio y disección, por decirlo asi, de
los onatro cuentos populares livoriieses La htUa dei sfiit ctilri, ¡^
tre ragazzt, II Re i sii'irc li'jUúU; II Rt »rr}ieiilr que corresponden á-
nuestroB caentos: Las tre» toronjo», (véase la leyenda de la* irn tninu-
jai del vergel de amor de nuestro célebre dou Agustín Duran y los
tres Taronjetas deLoEondallaj-re de Maspons y Labros. Serio, n.)
el piíjaro de la rerdad, {F, Caballero. Cuentos, oraciones y adivinas
etc. piig.l í.a rríiiceM ^ictiniada (Maapous. Loo cit. «irio a.") y
Lo tri»l (Maspons, Loe cit. serie n.") A esLos cuatro cuentos reco^-
dos por el autor con escrupulosa ñdelidad de liibios do una aiicia-
na, de uua tia de eu señora y de su propia madre, siguen las cu-
ríanles umbrias, en niimero de IG, de las únales cinco correspocden
á la primera, seis a la segunda, una á la tercsra y cuatro á la
cuarta.
Tras estas variantes, que vienen a contiouaciou délos cuentos,
siguen los concienzudos, eruditísimos y muy importantes trabajos
que llama el autor modestamente noloi rvi/i/iaraltras. £n estas
notaK, de las cuales las dos primeras ocupan cuarenta y cuatro
grandes páginas cada una, el Sr. Prato no eúlo compara cada
cuento con sus vaiianteay otros análo^/os europe.s, Etuoque estu-
dia los principales elementos míticos de cada uua do estas coiu-
posicioues, y los refiere li los mitos claaicos, védioos y greco-latí-
nos, ilnstraudo la materia con una copia de datos que sorprende cu
ocasiones, justificando plenamente no sólo la importancia de la
mitología comparada, ya después de los trabajos de Bcnfeyy
Mai Muller por nadie puesta en dnda. sino el inmenso arsenal
de conocimientos bíetóricos y etnográ6cos que euciorr.tn esas,
hasta abora en Espnña olvidadas, producciones populares, consi-
deradas basta hace poco aquí como mero asunta de recreo para las
viejas que las refieren y los niños que las escucban. De la verda-
dera importancia de estos estudios, sólo puede formarse una leve
idea, quien de ellos no las tenga anteriormente, leyendo disqui'
siciones como las que baee el 8r. Prato u través de la Mitolof'
helénica, y del Kig-Yeda pura demostrar los elementos mili)
de las composiciones que lo sirven de tema.
A la importancia del primero corresponde la del.a._
folleto arriba indicado, en el que el autor dá pruebas de VM
conocimientos en las louguas antiguas y modernas, estudiaodi
éfitas, no sólo las producciones neo latinas, sino los geriuánia^
eslavas, mostrando do paso su gran erudición histürioa. AI ftij
— 379 —
de este trabajo figura un lindo prólogo sobre la importancia de la
Novelística popular comparada, de cuya tesis son los trabajos, do
que tan á la ligera nos ocupamos, la corroboración más cumplida.
Una brevísima nota basta, como con razón afirma el señor
Prato, para poner de manifiesto la gran analogía que existe entre
la Leyenda india de Nata y el cuento popular recogido por el ilustre
profesor de Spoleto de la anciana Francesca Tadeucci de Pi-
tigliano.
En El Hoüibre en la Luna. Suplemento al ensayo crítico: Caín
y las espinas según Dante y la tradición popular, el Sr, Prato de-
muestra que la leyenda popular que supone á Cain condenado á
sufrir en la luna en medio de las espinas, como en los pueblos
europeos, está profusamente extendida en las provincias italianas.
También existe esta piadosa leyenda encontrada por 8. A. Guas-
tella en Sicilia, en el vecino reino de Portugal, según nos in-
forma el distinguido mitógrafo portuense Sr. D. J. Leite de
Vascoucellos en su linda nota Cain na Lúa, publicada á conti-
nuación de la de Guostella en la pág. 297 del 2." cuaderno de la
excelente revista italiana Archivio per la studio delle tradizioni
popolari, que dirigen en Palermo los ilustres mitógrafos italianos
Sres. Pitre y S. Marino de quienes se muestra en los breves pero
concienzudos trabajos, de que tan á la ligera damos cuenta, digno
émulo el distinguido profesor de Spoleto, autor de un importante
discurso sobre el trabajo considerado como medio seguro de con-
seguir el perfeccionamiento humano y de una monografía titula-
da QUATRO NovELLiNE popoLáKi BOMANE cou uotc comparativ0 quo
no tenemos el gusto de conocer.
Endevinallas populares catalanas acompanyadas de variants y
confrontameuts ab endevinallas francesas, lituanas, vascas, galle-
gas, italianas, ribagorzanas, provensalas, alamanyas, anglesas, al-
sacianas, portuguesas, bearnesas, castellanas y senegambesas, se-
guidas de un aplech de endevinallas modernas y coleccionadas por
Francesch Pelav Briz. Barcelona. 1882. Precio 10 rs.
De las 252 págs. en 8.' que forman este libro, las nueve pri-
meras comprenden la portada y anteportada y un pequeño prólo-
go; las 10 y 11 la Bibliografía de las obras consultadas; de la 12 4
la 181 contienen las cccxxxv adivinanzas catalanas que forman,
por decirlo así, el texto de la obra; de la 182 á la 193, 41 adivinan-
zas modernas sacadas de varios periódicos catalanes; de la 194 á
la 217, 108 adivinanzas, en la siguiente forma: 18 francesas, 11
italianas, 8 vascongadas, 17 gallegas, 5 asturianas, 11 ribagorza-
nas, 10 castellanas, 11 senegambesas, 7 bassontas, 12 alemanas, to-
MAPA TOPOGRÁFICO TF
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
INTCRROaATOBZO
I.' ¿CuAluM 9on Ifia nonihrea iln los conloa, 4
liUMÍnn, niti'HiijnTvs i'liinr'-o. j.iiinr« i-huTiorrul"*
fídvenil-- ■■lili. '11-..^ .,,..1 ,-..- .,M
ilfoe, I "
ñus. .' <
rettiif. ¡
nrroyoB, toiTi^iii'
».■' Kíiiiil'... -
ID8, nltUlue, et'mlii.^. ¡..>-m,-í, wkI
■i." ¿ilui se ilice rcsjierto
curtljuí', rioM, etc., ele?
5* ,;Cúiu..-- ll.iii.Mi 'iiV
itiuDntiU'rioB, (-111 i
dioina, cU',, y m"
lilo§qnui>n lo I"
¿So piir4Hliii iiij;- .
olcdtí-rit?
luL-nlvriuB imti¡,'u..., „^¡.,
Utniaea», 6 i-iiiU<|iii'^a
uuentn tle cllus?
T.« ¿So iitn:
«Suafl, yerbas <j í
«.• iCuüI. -
ni uriguii ü
uilrna i^ralc
lUeao
lÜ li luamvIUai
n.'M á nattáCMUíi
vcniHit, grutus; eunetsjos i^ liisloríue vulgan)* q
DombreH.
10.' l'nrujt-sHMHpM-tiueos j- [irifi lí.Ii- ¡"i
rci'Iiuriaa, Cruocs. Kiuiiiombieey m .
«I dfrlios ellinit.
tt-s.HC Itan tlliriulobalallnitrmili'alii)'
ep i'DCtiUi ilc nMiK iintullne? ¿liiiú «■ -:
HltioN rn qne «» ilinion?
IS.* jKudun enmiitrarse un i'n>
)/a<í'di- 1» fntMld ú Lnr»us (■i-triUiM
•c «u'Ui-ntrnn.
ScvnUní Mfdt^UmM
lli.jEuiiiii: iit IR8i. NiM. hl.
Íl Folk-Lore Andaluz
SUMARIO
SBVILLA.— O-Dansetl 89.
lA-zivAici MAi>nir)
rrOllAHDI/IIWICIIT C. B.ULU-B.\ILLIERe HlIS(I^^EtVE ET C.'>
MJL. FOIL.IC-ILiOK.EI AJJTD-A.LXJZ ]
REVISTA MRM6UAI.
(!onelitrA üu IK |<AgtniiB, en 4-" >' itrpBi'c
'lis lid )iri?SFUli> númem.
P^nta n'vUtn, itrvnnu do la(>cide(lac! ileiKifi
ttiHlerlUHnt -iv his (■'..hUniilic cti l,in |ii-Íiii.iii(> (!.■ ¡,
loo routtij'.
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El t
i luH uaunloN líe In DtreeHon y &
Mi'<m. uiDiiunvrituii, nrtlonlafl, <>tr., lU^
Álvorcí, .SuoreUifiu do £1 Fotk-l
ADVERTENCIAS.
1.* Dutiiila olirn, rtiluljtn á liut tiiat«nu dt> qao ks ornpa 9
Itovlotu. dn i]un hc rcDiiln» dos fjttnipliui!*, •)• dnrá tmonln
Hvvtim Hihlliujráfíi-a.
lll|U«ll0H ti
■¡tundo ilH i-fli'n
luB eiipÍo# y Buerrítur
nuUi'ins imciTnii miqíii
sp vaynn triiUiiidn i-n
f.- C™ c.| „l.j..l
iiinniciiriou i'unUiiuu,
li \a CormjKiiiilnii-ia,
<[»<■ "P iJüs dlrljiíii.
P. PLANTIER
C o.'
os JOGOS INFANTIS EM PORTUGAL E ANDALUSIA
Depois de termos publicado um estudo sobre os
Jogos populares e inf antis em Portugal (i), recebe-
mos do Sr: Rodríguez Marin a preciosissima offerta do
primeiro volume dos Cantos populares españoles ^ quo,
comprehende cantigas de ber9o, rimas infantis, adi-
vinhas, oracoes, ensalmos eesconjuros; emuma rápi-
da leitura conhecemos immediatamente uma extraor-
dinaria abundancia de paradigmas communs á tradÍ9ao
portugueza e andaluza, e trascrevendo as versoes
correspondentes aos doispaizes encontré mo-nos dian-
te de um problema etimológico — a rasao de ser d'es-
ta profunda similaridade poética. A tradifao nos
levou a procurar na historia as relacoes ethnicas pri-
mitivas que na realidade tinham existido entre Portu-
gal e a Andalusía, e que ainda sobreviviam no ultimo
vestigio da sua poesia, as parlendas e jogos infantis.
D'antes Portugal como a Andalusia pertenciam á essa
unidade territorial da antiga Lusitania, unidade que
se conservou durante todo o dominio dos Árabes.
Strabao diz que «oí celtas lusitanos eram da mesma fa-
milia dos que vivem junto ao Anas» ou os célticos da
Beturia. Plinio accentua esta unidade ethnica, dizen-
do que os Lusitanos se estendem do Nerio até ao Sa-
crum. N'este facto nao deixou de influir tambem de
(i) Era Nova, p. 343 á 367 (Lisboa 1881.)
N.° 10 1
— 38fí —
um modo directo a transplantacao operada pelt
quistadores romanos dos Celtas da l.usítania |
Betica, ou esse territorio limitado pelo Guadalquivir
e Guadiana. Este contacto fort^ado dos dois povos.
Lusitanos e Turdulos, unificando osscus costuincs e
cultura, opera-se sobre-tudo como eiitende Polybio
pelo facto do parentesco ou similaridade de rafa. Don
Joaquín Costa, no seu importante livro daPocjij^o-
pular española, restabelece comum grande lino criti-
co essa regiao media entre a Betica e a Celtiberia, a
que chama Lusitano-Extremeña, em que a cultura
romana pouco pcnetroueem queseconservaram mais
puros os vestif!Íos da cultura dos primitivos híspanos
(i) As inferencias tiradas das inscrip^oes e do dtrei-
to consuetudinario, completam-se com este elemento
commum á tradicao poética de Portugal e Andalusia.
Fixado este pontode vista, a aproxímacao d'esses frag-
mentos poéticos de uiiia antij^a existencia e unidade
social adquire a importancia de um documento, que
nos pode remontar a um passado ainda maís recóndito,
desde que a compara^ao com astradicoes italiana c
franceza nos revelam a cxistenc'ade urna ra9apre-cc[-
tica commum a todo o occidente da Europa. É"e.sie o
intuito que nos dirige em todos os nossos estudos da
tradicao portuguesa. No presente artigolimitamo-nos
a tíxar os paradigmas communs dos cantares poru
guezes e andaluzes. Comecemos por este baile r
fantil:
Me casó mi madre
Ghiquiía y bonita
Con unos amores
Que yo no quería.
La noche de novio
Entraba y salía,
Con capa y som
Sayas y maniillas.
Me fui deirás d'él
Por ver donde iba.
brerc
Foi-seogalantinhu
Rondar pela vida;
Eu fui-mc aimzd'ellcj
A ver para onde ia,
Eu vi-o entrar
P'ia casa da aniigí;
Beijos que Ihe da va
Na rúa seouviam,
Abramos IJiedava
Que os ossos rangUin;j
([) Op. eiT., p. 3i8,
— 387 —
Y veo que entra
En cá e la querida,
Y veo que dice:
— Abre vida mía,
Que vengo e comprarte
Sayas y mantillas.
Y á la otra mujer
Palo y mala vida.
— Yo me fui á mi casa
Triste y afligida,
Y atranqué la puerta
Con mesas y sillas.
Me puse á lee,
Lee no podia;
Me puse á escribí,
'Scribí no podia.
Y oigo que llaman
A la puerta mia,
Y oigo que dicen:
— Abre, vida mia,
Que vengo cansado
De buscar la vida.
— Tú vienes cansado
D' en cá e la querida.
— Picara mujer,
¿Quién te lo decía?
— Hombre del demonio
Yo que lo sabia, (i)
Voliei para casa,
Mais triste do que ¡a,
Fechei minha porta
Melhor nao podía.
Era mcia noite
Galante nao vinha;
Os gallos cantavam
Galante batia:
— Abre-me essa porta,
Abre-lá mi vida,
Queeu venho cansado
De rondar a vida.
«Mentes, Don velhaco,
Mentes, meu marido;
Se tu vens cansado
E' de casa da amiga,
Beijos que Ihe da vas
Na rúa seouviam,
Abra90s que da vas
Ossoslhe rangiam.
Abre-me essa porta,
Abre lá que chove,
Que a capa é cuna.
Nao me encobre.
Já os canarinhos
Pelas faias cantam,
Jáos meusvisinhos
Peraqui sealevantam,
Jáos estudantes
Váo para os estudos.
Con meias de seda.
Callao de veludp,
Fivelas de prata
Que desbancam tudo (2)
Ha muitos versos communs á duas versóes andalu-
sa e acoriana; este romance bailado principalmente
porcrian9as, segundo o sr. Rodríguez Marin.perdeu
na tradifáo portugueza o seu intuito dramático, Aran-
do meramente narrativo. Citaremos agora uma ora9áo
popular, que em Sevilha se chama Os mandamentos
do pobre, e em Portugal (versáodeAbrantes)os Man--
damentos do Malte{:
(i) R. Marin, Cantos populares españoles ^ I, p. 81.
(2) Cantos populares do Archipelago a9oriano, p. 385.
— 388 —
Er primero
Roa po 'r suelo;
Er segundo
Roa po 'r mundo;
Er tercero
No comébaca ni carnero
Er cuarto
Ayuna después de jarto;
Er quinto
No bebé bino blanco ni tinto.
Estos mandamientos
S*ensierran en dos:
En mata piojos
Y peí por Dios, (i)
O primciro
E' dormir em palheiro;
O segundo
Andar pelo mundo;
O terceiro
Nunca ter fato inteiro;
O quarto
De fome andar farto;
O quinto
De dinheiro andar limpo;
Estes cinco manda mentos
Seencerram en dois
Me'cr a máo pelo seio
Tirar piolhos como bois. (2
Temos outras oracocs parecidas, que merecem
aproximar-se, taes como o T^adre h'osso, e o Pelo
signa I :
Por la serial
De pito canal,
Comí tocino
Me hizo mal.
Papuz, papuz,
Amén, Jesús.
Alza la pata
Y apaga la luz. (3)
Pelo signal
Figo real
(Da májdegral) 'Pono,
Comi toucinho
Nao me fez mal;
Se mais tivesse
Mais comeria,
Adeus, senhor padre
Até outro dia.
(Ilhas dos Acores.)
No alto M¡nho(Airáo) encontramos esta parlen-
da na forma/czr^/:
Pelo signal
Mico real;
Vinho maduro
Nao é tal.
Da santa crii^,
Qucm (^uizer ver judcus
Vá ao Rom Jesús.
I jy re-nos Deus,
No Bom Jesús
EsiKo os judeus*
i] R. Marín, Cantos, t. I, p. i25.
2) Da minha collec/áo inediía.
l3) R. Marín, op. cii. n. 89.
— 389 —
Nosso Senhor,
A qucm 'siá doente
Dá-se-le lambedor.
Dos nossos^
Mais vale a carne
Que os osos.
Inimigos,
Em Janeiro
Nao ha figos.
Em nome do Padre
Deus nos livre
Do burro sem arre.
Do Filho e 'Spirito santo
Amen Jesús!
Dinheiro de casa
Nao lem cruz.
Da parodia do Padre nosso traz o sr. Rodríguez
Marin a seguinte, a que corresponde essa outra por-
tugueza:
Padre nuestro Padre Nosso
Que viene *1 maestro Comer nao posso;
Con las disciplinas, Dae-medo vasso,
Matando gallinas.... A verseen posso.
(P. 125.) A minha tigella
Cheia de carne
E a tua de ossos.
(Minho,)
O jogo do Caracol (Marín, op. cit., p. 6o) acha-
se referido na Feira de Anexius. do seculo xvii, e re-
pélese ainda nos brinquedos infantis portuguezes. O
canto do gallo, (Marin, p. 6i) aprcsenta em Portugal
urna forma onomatopaica interessante:
— Ca-ca-rá-cá!
Quem vira lá?
«Có-co-ró-có,
Un cavalheiro.
— Cá-ca-rá-cá.
Jantará car
— «Qui, qui-ri-qui,
Triste de mim.
— «Có-co-ró-có
Tripas ao sol.
(Minho.)
— 390 —
As injurias de nomesouprofissoesofferccem ana-
logias:
Sapatero Sapateiro
Remendero, Mangoneiro
Come tripas Comes tripas
De carnero. De carneiro.
Cómelas tú,
Que y o no las quiero.
(Marín, p. 6y.)
O mesmo com rela^ao as fórmulas aphoristicas:
El que da y quita Quem dá e torna a tirar
A la perra maldita. Ao inferno vae parar.
(Marín, p. i36.)
Quien fué á Lebrija Quem vae ao ar
Perdió su siya. Perdeo logar.
Quien fué á Morón Quem vae ao vento
Perdió su siyon. Perdo o assento.
(Marín, 6y,)
Ñas fórmulas dos números encontramos esta
muito semelhante con uma infantil acoriana:
Una, Una,
Duna, Duna,
Tena, Tena,
Catcna, Carena,
Quina, Faia,
Quineta, Pápala,
Estando la reina Pique
En su gabineta, Nam pique
Vino Gil, Molccjuc
Apagó el candil, Sao dez (i).
Candil, candon,
Cuéntalas bien.
Que las veinte son.
(Marín, p. 69.)
O jogo do papel queimado, em que a ultima faü-
la que se apaga c a Abbadcssa que se recolhe, (Mario,
p, 5i> e 123) c frcqucntisimo em Portugal, masjá es-
tá esquecida a parlenda infantil.
(ii Na Era Nova, p. 349 publicamos ouiras fórmulas
numóricas poriuguczas.
— 301 —
Os retornellos alphabeticos (Marin, p. 52 e 124)
tao frequentes na Italia, na Catalunha e Andalusia,
témol-os, taes como:
B, A, Bá, — fugiu a burra,
B, E, Bé, — peloseupé;
B, I, Bí, — eu bem n'a vi; *
B, O, Bó, — foi-se embora;
B, U, Bú, — vae-te lu.
A parlenda infantil de que Marin traz versoes de
Cuba, Porto-Rico e Venezuela:
Mañana es Domingo Amanha é domingo
De pipiripingo, • Do pé do cachimbo
Se casa Respingo Toca na gaita
Con un gorrión Repica no sino.
(2)
(Id. p. 56.)
A parlenda do jogo da Viuvinha, (Marin. p. 5o
e 116) repete-seem Portugal com a mesma disposi-
cao dramática e rimas infantis. {Era Nova, p. 36o.)
Ó jogo dos Dedos (Marin, p. 5i e 120) usado tam-
bem na Italia, na Gallisa e Caialunha, é igualmente
commum a Portugal. (Era Nova, p. 347.) A fórmula
divinatoria:
Oro,
Plata,
Cobre,
Nada (Marín, p. i23.)
repete-se em Portugal como supersticao dos que vao
alugar uma casa, e contam as taboas do tecto; se aca-
ba em nada, nao alugam a casa, por que dizem que
ali nao terao fortuna. O dialogo dos dedos (Marín,
p. 46) commum tambem á Italia, é frequeniissimo
en Portugal. (Era Nova, p. 349.) O sr. Marin, traz
a pág. 43 o jogo do gato com que as amas de leite
distraem as criancas. e que em Portugal se repete
pela seguinte forma:
(2) Vide, Cantos populares do Archipelago acoriano,
página 177.
— 392 —
— Bichinhogato,
Comeste já hoje?
«Sopinhas de leite.
— Guarda rte-me d' ellas?
«Guardei, guardei.
— Onde as puzeste?
«Atraz da caixa.
— Com que as cubriste?
ttCom o rabo do gato.
— Sape! sape! sape!
A parlenda da cavallinho, em que se balanfam
as crianfas sentadas sobre una perna de qualquer
pessoa, aparece-nos com o seguimte paradigma:
Jarre, cabayito,
Bamos á Belén,
Que mañana es fiesta
Y pasac tamien.
(Marín, p. 44.)
Trique, trique.
Los maderos de S. Rique
(p. 45.)
Arre burrinho
Vamos a Belem
Que os outros burrinhos
Ellos já lá vem.
Tique, lique, toque
Vamos a Sam Roque
Ver os paraltinhas
Que andam de capote.
(Portal
Ñas locucoes figuradas, dizemos que urna pessoa
é ó arre burrinho, quando atura tudo quanto Ihe fa-
zem. O jugo da Cabra ccga (Marín, 229) o das 7:5-
condidas (p. i6g) os quatro cantinhos (n. 242) o das
Almas (n. 242) sao popularissimos em Portugal.
{Era Nova, p. 365.) Um certo numero de jogos,
como a Cadcira demaos, (Marin 190) as cavalleiras,
(x\, 2o5) em Portugal já pcrderam as palavras me-
trificadas que na Andalusia ainda os acompanham.
O jogo do Qiteiniado (n. 206) é ainda frequente ñas
Acores. (Era Nova.^p. 352.) Gestudo d' estas formas
da tradicao popular está destinado a exercer urna
profunda revolucao na pedagogia moderna, como o
prcscntiu Froebel, sobrctudo quando fórem coorde-
nadas com intuito psychologico.
TiiEOPiiiLo Braga.
— 393 —
filología vulgar.
1^. 2^T.
Siguiendo el orden alfabético de nuestro Abecedario ruh
gavy con ribetes de culto, latino, griego, árabe, caldeo y hebreo;
y recorridas ligeramente las catorce primeras letras, tócales
entrar en turno á estas dos, que empiezan la segunda serie 6
meta, (mitad) y ostentan la mesma historia y la mesmísinuí
filosofía, el mesmo saber (folk-lore) que las catorce antedichas.
La 31 6 m nuestra, originaria de la latina; y una y otra
de la M griega y de la sánscrita, y de la min arábiga y de la
men hebrea ó caldaica, letra labial en toda lengua, hácela
nasal ó Unguo-clental, w, nuestro vulgo, antes de 6, y 2h por más
que la Academia, y el maestro de escuela y aun el domine, se
empellen en que antes de letra b,p {ym en latin) se escribe y
pronuncia m.
Nada de eso, dice el vulgo, anbiguo es estar en duda; tn-
pedido es no poder andar, no tener pies; enbobarse es etüraren
bebería; enpobrecer, entrar en pobreza; enbaUjar, meter en balija;
cnbarrarse, meterse en barro; enborracharse, entrar en embria-
guez; enbromar, meterse en bromas; enpedrar, cubrir de piedra;
enpinar, formar pino; enpuñar, meter en el puño; onbligo es el
medio ó centro en un cuerpo; unbral es la entrada en sombra
de una casa; etc. etc. etc. ^De donde pues le viene á estos ver-
bos ó palabras la m? Si es por la consonante labial que sigue
al am, em, im, om ó um, ¿cómo no sucede lo mismo ante/, v^ y
aun m, letras eminentemente labiales? Los latinos estuvieron
en esto un poco más cuerdos; pues escribian también m antes
de m, como se ve en immenun\ immortalis, imminens, immacula-
N.« 10 2
«» ^ *...„„«, í»'°, ,..,M8, SO" ' iero" ^'» _ a. eo
por eso se
— 395 —
nosotros desatamos] mas siempre resulta más razón, más filo-
sofía y consecuencia en nuestro vulgo, que en la culta Roma
y en lo más culto de España.
Y hay todavía otra razón, y ofrece aún más filosofía
nuestro vulgo, diciendo mos: dícese en singular me, me hablas^
tne llamas, me quieres, ó hállame, llámame, qidcreme, pues en
plural está muy bien dicho mos halla, mos llama, mos quiere:
¿cómo de me ha de salir nos? Y esto se le pudiera repetir al
más pintado latino ¿cómo de ego ni de mci. pudo formarse el
plural nos, tioslrum y el nostri? ni del griego e(jo=eyo el
fwi^nai dual? Convengamos, pues, en la mejor causa de nues-
tro vulgo.
Vamos ahora á decir algo de la razón de la letra m en
favor (ie nuestro mos prefijo, ó afijo, y del vulgar mosotros y
muestro, y del cambio de n por m ó vice-versa, y de la afinidad
de estas dos letras, así en figura, como en colocación alíá-
bética.
No habrá nadie que no diga que la n siguió á la m por
la razón de que los griegos dijeron mu, nu, y los hebreos men
nun'y pero, ¿por quá las enunciaron así griegos y hebreos? Y
¿por qué la permutaron tan ñuiilmente unos y otros, y nues-
tro vulgo las cambia con esa insistencia secular? Esto será
lo más importante acaso de este pequeño trabajo; mas para
esto tenemos que entrar en terreno si se quiere vedado, pero
indispensable, si hemos de razonar algo los procedimientos
vulgares.
La m hebrea tuvo su figura, su nombre y colocación alfa-
bética, junto á la n, desde la más remota antigüedad, y su
razón de ser, después de la I, que siguió casi en un todo, aun-
que empíricamente el griego. La idea de ministerio ó movi-
miento que en sí lleva la m y aporta á la palabra que forma,
es una ilación natural de las ideas que le anteceden en las
letras antiquísimas aleph, hhet, f/uimel, dhalct, he, ñau, etc.; el
movimiento ó ministerio, simbolismo de la letra m, es conse-
cuencia necesaria del estimulo, que significa lamed; como éste
lo es d«l jwder ó potencia (yod)', y ésta de la fuerza ó violencia,
y la vida (zaiuyith), y éstas de la unión (wauj, y la unión del
— 39G —
afecto ó amor (hhe), y el amor de Injusticia (áaleth), y la jus-
ticia del (krecJw, y ésta de la lyropiedad (gnimdj, y la propie-
dad déla existencia (heth), y la existencia ó criatura A^Xjefe,
del principio, del primer motor, del criador (aleph^-aleph). En
virtud de este naturalísimo y filosófico procedimiento, la m
se situó junto á la n, y su figura en un principio fué una doble
«, y se dijo i)ien-\-nun=moinmiento^propagacimi^ ó agua-^-
fecundidad, ó ministeriO'\'aumento\ y se sustituyeron con mu-
chísima frecuencia m por n ó vice-versa; nuesti-o vulgo
andaluz parece que lo supo todo esto, y dijo mas jasemos la
p. en el nos, y quere/>?/>5 ser consecuentes con mosotros mesmos,
conmigo mesmo, con el me al pluralizarlo, diciendo mas que es
me, y os ó los singular que fué el y los.
Otro dia diremos algo de la formación de estos plurales
nos, los, os, ó vosotros, ellos y nosotros, manejados magistral-
mente por nuestro vulgo.
A. M. García Blanco.
'ü~^c^^:í¿íi?<Q2-
LOS CORRALES DE VECINOS.
( Continuación)
Vil
El pueblo andaluz es muy dado á celebrar las que llama
fiestas de familia; y los vecinos del corral, que son andaluces
por todos cuatro costados, festejan las suyas, echando, como
ellos dicen, la casa por la ventana.
¿Trátase de un bautizo? Pues desde las primeras horas de
la mañana circula la nueva de sala en sala, y todos los vecinos
se disponen pura solemnizar el suceso, dándose por convida
— 31)7 —
(los á la fiesta, que habrá de celebrarse después de efectuada la
ceremonia religiosa.
Es de ver cómo las vecinas de mayor intimidad con la re-
cien-parida, barren y aljofijan la sala, donde aquella j^ace en su
lecho, adornado con las sábanas más blancas v la colcha más
limpia; y cómo, á medida que va acercándose la hora de ir á la
iglesia, redoblan su solicitud para que nada caiga en falta.
Unas cuidan de la madre, á la que visten de limpio y sir
ven los caldos y medicinas, en el caso de necesitarlas, y otras
preparan las ropitas que vestirá el reciennacido para ir á la
pila bautismal.
Entre todas una se distingue por su actividad y su cari-
ñosa solicitud: es la madrina, la cual no se ha olvidado de lo
que es de su obligación; esto es: de obsequiar á su comadre
con una ó más gallinas, para que el puchero haga buen caldo,
y una ó más libras de chocolate, que para la recien parida es
alimento inofensivo.
La madrina es la directora de los trabajos. Xo se mueve una
silla en la sala sin haberle pedido antes su parecer; y hace y
deshace á su antojo cuanto le viene en mientes.
El padrino comparte con la madrina la preparación de la
fiesta; y él es quien paga todos los gastos del bautizo, y quien
obsequia á los convidados, estando obligado, como aquella, á
hacer algún regalo á la madre y á la criatura.
El bautismo se celebra, de ordinario, al entrar la noche;
poco después de la puesta del sol.
Llegada la hora convenida acuden á la sala donde se cele-
brará la fiesta los parientes del reciennacido y todos los veci-
nos del corral que á bien lo tienen, porque viviendo en la mis-
ma casa se consideran como miembros de una sola familia.
Vestida la criatura con las mejores ropillas — que en es-
to las madres, por pobres que sean, tienen gran interés, para
decir siempre y con razón que sus hijos se criaron en buenos
pañales; — puestas de acuerdólas vecinas más serviciales so-
bre cuál ha de ser la que llevará en brazos al niño, la comitiva
sale de la sala y se encamina á la iglesia.
Van en ella, á más de los padrinos y algunos parientes,
— 400 —
Celébrase en la inisma sala, cuando el estado de la madre
lo permite, ó en la de otra vecina, si el ruido molesta á la en-
ferma.
Sucede ordinariamente que las madres aplazan el bau-
tismo de sus hijos para cuando pueden sin peligro dejar el le-
cho, y entonces la fiesta se verifica en sus salas y ellas disfru-
tan tanto ó más que los convidados.
La fiesta es tanto más sonada, cuanto más rumboso es
el padrino, quien, por pobre que sea, procura que no falte
nada.
Sentados, formando rueda, cuantos en la fiesta asisten,
los vasos de vino y aguardiente pasan de mano en mano. El pri-
mer obsequio es para la madre, la cual brinda con los padri-
nos, sus compadres. Con el vino alternan los dulces, tortas, bis-
cochos y panales, servidos en bateas; y como en toda fiesta an-
daluza, la guitarra y las castailiielas (por otro nombre palillos)
advierten á la gente moza de que es hora de empezar el baile.
Es de rigor que salgan á bailar primeramente los padrinos,
que son los héroes de la fiesta, y «los que se llevan» las aten-
ciones de todos; y como no hay baile andaluz sin canto, los can-
tadores, mozos y mozas, aguzan su ingenio é improvisan coplas
con que hacen el elogio de las prendas personales de la madrina
y de la generosidad del padrino.
lia fiesta dui'a hasta que el cansancio rinde á todos, y
bien puede decirse que los vecinos del corral pasan en claro la
noche cmiue se celebra un bautismo.
Así como se crea un parentesco esi)iritual entre los pa-
drinos y el bautizado, así también nacen vínculos de afec-
ción entre a([uellos y los padres de éste.
Los compadres, en el concepto popular, se deben nuitna
consideración y recíproco aprecio, y están obligados en concien-
cia á servirse en sus apuros y á ampararse en los trances
amargus de la vida. Así el ])iirblo, de dos que se acoiiipañau dí'
continuo, y todo se lo consultan y emprenden juntos negocios,
y viven en íntimas relaciones, dice que son compadres; y llama
compadrazgo al acueido i)eríccto entre dos V(duntades para
lograr un solo lin. Así, también, da el nombre de comadres a
— 401 —
lasraujeres que se cueiitantodas sus cuitas y juntas hablan de
todos los asuntos, de los propios como de los ágenos. {Cotna-
dres del harria.)
Los padrinos están obligados, según el sentir del pue-
blo, á velar durante toda su vida por la suerte de sus ahi-
jados, á socorrerles en sus necesidades y á regalarles en la me-
dida de sus respectivas fortunas.
Muy pobi^s serán los vecinos del corral que no solemni-
cen el bautismo de sus hijos. A ninguno faltaró un amigo que
apadrine al recien nacido, y el padrino se encargará de comprar
siquiera no sea más que una botella de vino y una docena de
tortas.
Un bautizo siu fiesta es señal de que sobre la familia del
infante pesan terribles desgracias.
A los bautismos sin fiesta llama el pueblo andaluz bautis-
mos á oscuras. Verdad es que la frase á oscuras explica, eH la-
bios del pueblo, la mayor de las desgracias.
(Contimmrá,)
Luis Montoto.
^''^:s^^JK<i2::^ny
CUENTOS POPULARES
0)
LAS VELAS
Era un padre muy pobre con muchísimos hijos, y tuvo
necesidad de salir de su pueblo para ganar su sustento, y
pensó en ir á servir á una casa; estando pensando en esto,
vio venir hacia él un hombre que le dijo que si quería irse
con él que iba á hacer un viaje, que le daría desde luego tres
(1) De estos dos cuentos que formarán parte de la colección iné-
dita de Demólilo el primero ha sido recojido en Huelva y el segundo
en SeviHa.
N.° 10 3
— 402 —
mil reales; el pobre, como sabia que su familia tenía l
necesidad, se los envió enseguida, El hombre le di,¡o: ;
(late aquí en casa, mientras yo voy por los caballos, yí
mientras tanto proveyendo las alfurjas de lo que liay en. J
despensa.
Él tenía ya las alfolias llenas, y entonces quiso ví
casa, y se encontró en ella un cuarto lleno de velas en<
didas, y una se estaba ya acabando, y él dijo: fsia prmb>
acaba; pero la vela le contestii: mtk ¡tronío te acaloras tú.
le dio mucho miedo, y se fué á la puerta de la casa: entoi
vino el amo y se marcharon al viaje que tenían que ha(
por el camino se encontraron unos montes que él no com
Le preguntó al amo adonde iban, y él le contestó: que nada
le importaba, tjue su salario lo tenia pagado, y que nada tenia
que decii-, Entonces llegaron á un rio muy malo, que parecía
iban á ahogarse los caballos, más el amo pasó, y á pesar
su miedo, también él logró pasarlo. Llegaron á un <»sl
y el amo le dio una cuchilla, una aguja de red y una ^1
le dijo matase ú. su caballo é hiciese un saco de la piel
guntó que para qué, y el amo le dijo se callase é hielen,
que le mandaba.
Cuando tuvo muerto el caballo y cosido el saco, se lo
vó á. su amo, y el amo sacó un papel del bolsillo, le diú nn si
y se formó una escalera, por la que le dijo su amo subiese
llenar aquel saco de dinero en el castillo; pero él no se atrevió
á subir por aquella escalera de papel; pues mira como yu subo,
dyo el amo, y subió antes que él; entonces él subió y el amo se
volvió y le dijo ^ mi amo, aquí no encuentro dinero, sino hue-
sos: pues llénalo de ellos; así lo Idzo, y le tiró el saco; cnaní
él iba á bajarse le quitó el amo la escalera, entonces le düa^
amo; ahí te qnedas; no en balde te dijo la. vela que antetj
apagaría» tú que elhv; entonces él conoció que los huesos
había él cogido allí, serían de otfos que habrían sufrii
misma suerte.
Entonces él cogió la cucliilla y comenzó á escarbar
empezaron ácaer chinos, y entoncert él creyó poder formar uu
agujero por donde salii-»e; cuando ya estuvo hecho et agt^Jent
hue-
lan^^^l
íar^n
ar uu
> ei agujent j
— 403 —
se metió por él y se bajó; allí encontró una mesa llena de
manjares, y como él tenía mucha hambre, se sentó á comer; él
no veía á nadie y solamente una mano movía los platos en
la mesa.
Cuando acabó de comer, andando por el castillo, encon-
tró una cama y se acostó en ella, y veía que de cuando en
cuando una mano le daba un golpe; él se asustó, se levantó y
se marchó al jardín; allí encontró una viejecita paseándose
por el jardín que le dijo: ¿quién tan mal te quiere que por aquí
te trae? él le contestó: madre abuela, mi fortuna mala ó bue-
na; entonces le contó cuanto le sucedía, y ella le dijo que se
quedase para siempre con ella, y le dio todas las llaves, prohi-
biéndole solamente abriese el cuarto de la llavecita más chica:
él dijo que así lo haría; mas, así que estuvo fuera, fué abriendo
todos los cuartos y también abrió el cuarto de la prohibición:
allí encontró un hombre y una mujer que eran mitad hombre
mitad león, y la hembra mitad mujer y mitad leona; á él le
dio miedo y fué á retirarse; pero le dijeron que no se mar-
chara, entonces él entró, y ellos le contaron como eran unos
príncipes que estaban allí encantados, y que él podria liber-
tarlos, que le dijera á la vieja: madre abuela ¿quiere Vd. que
la espulgue?, y si ella quiere, toma este alfiler y clávaselo en la
cabeza, quítale las' llaves que tiene al cuello, y vuélvete con
ellas.
Así lo hizo él y, al espulgarla, le clavó el alfiler, con lo que
quedó muerta, y él le cogió las llaves que tenía alcuello y fué
adonde estaban los príncipes encantados aguardándolo. Le dije-
ron cuando llegó: esta noche á las doce se despiertan los leones,
de suerte que mientras da la hora podemos escaparnos; si están
con los ojos abiertos es señal que están dormidos. Entonces
ellos se convirtieron en hombre y mujer y se salieron fuera
del cuarto, y al oir la primera campanada de las doce se mar-
charon; los leones se despertaron á la última campanada, pero
ya ellos estaban fuera; al tiempo de salir desapareció el cas-
tillo y el rio, y se encontraron muy cerca de sus casas. Los
príncipes se marcharon á su palacio, y el hombre fué en busca
del que le llevó al castillo para matarlo, y los príncipes le
— 404 —
dijeron que cuando lo hubiese matado se fuera con su familia
al palacio en premio de haberlos libertado.
El filé á la casa del que fué su amo y salió una vieja; él
preguntó si estaba el amo en casa, y la vieja le dijo que sí;
entonces la encargó le dijese estaba en la puerta aguardán-
dolo. Cuando el amo salió, se sorprendió de verlo vivo, y le
dijo: ¡tú estás aquí! y él le dijo: y Vd. también está. Entonces
cogió la cuchilla y lo mató, diciéndole: ¿no decíi la vela que
yo me apagaría antes que ella? pues Vd. se apagó antes que
yo: no quiso Vd. matarme, pues yo me vengué matándolo
á usted.
Entonces el hombre mandó por su familia, que vivió en
medio de la abundancia en el palacio, en cambio de tantas
miserias como había sufrido antes.
Se acabó el cuento y yo fui á la muerte del amo, pero
nada me dieron.
C. A. D.
EL CUENTO DE ARRIMARSE i UN LADO
Era vez y vez un pueblo que tenía varias calles estrechas
que no podían pasar las bestias con los serones, sino rozando
por las paredes. El alcalde, viendo que daban quejas poi que
atrupellaban á algunas personas, dio una orden que todos los
que pasaran con bestias que dijeran arrimarse á loi lado va-
rias veces.
Una tarde pasaba uno con dos bestias y había dos muje-
res hablando de las cosas de los maridos: que mi marido es
malo; que mi marido no trabaja; y la otra: que si es un borra-
cho; V el hombre dando voces diciendo: arrimarse á un lado: v
ellas erre que erre, y el hombre le pegó un palo á cada bi^stia
viendo que no hacían caso, y atropt'lló á las mujeres. Ellas (.nii-
— 405 —
pezaroná decir ¡picaro, que voy á dar parte al alcalde, de que
nos ha lastimado Vd. y ha roto los mantos»; ahora él, antesque
ellas fueran á quejarse, dejó las bestias en su casa y fué en ca-
sa del alcalde y le contó lo que había pasado con las dos muje-
res; el alcalde le dijo á él: — Cuando se cite á Vd. cuando ellas
vengan, aunque yo le diga á Vd. los insultos mayores, Vd. ca-
llado, porque quiero hacer creer que Vd. es sordo-mudo. — Aho-
ra él se fué á su casa y las mujeres vinieron á quejarse; se man-
dó al alguacil á llamar á él de seguida, y cuando estuvieron to-
dos tres reunidos, preguntó el alcalde á ellas lo que pedían con-
tra ese hombre; ellas dijeron que las había atropellado en la
calle y las había estropeado la cara y roto los mantos: entonces
el alcalde volvió la cara al hombre y le dijo que si no estaba en-
terado de la orden que había él dado, á lo que él no contestó
nada, á lo que el alcalde hizo el papel de que se incomodaba,
diciéndole que si estaba haciendo burla de él, que de él nadie la
había hecho, que iría á la cárcel: por más cosas que le decía no
contestaba nada; entonces el alcalde volvió la cara á las muje-
res y les dijo que qué justicia le haría á un hombre mudo y sor-
do, pues no le contestaba, señal de que no oirá: las mujeres, im-
pacientes, llenas de soberbia, viendo que no podían salirse con
que les pagara el daño, dijeron: — Señor alcalde, ¿que es mudo
y sordo? lo que está haciendo es burla de Vd., pues bastantes
gritos daba diciendo: «¡arrimarse á un lao!;» haciendo burla de
usted está el muy tunante. — Entonces el alcalde,les dijo: — Aho-
ra se van ustedes á su casa á curarse la cara y componerse el
manto por haberme venido con mentiras y embustes, porque el
hombre ha cumplido con la orden que tengo dada.
Ya está mi cuento acabao con perejil y rábano tuerto.
A.. A^. A.
— 406 —
POESÍA POPULAR PORTUGÜEZA
CANTIGAS DO NATAL
RBCOLHIDAS DA TRADIQAO ORAL NA PROVINCIA DE ALBMTEJO
Do tronco nascen a rama
Da rama nasceu a flor,
Da flor nasceu María,
De María o Redemptor.
Tres palabras disse a Virgem,
Quando nasceu o menino:
Vínde cá meu bago d'oiro,
Meu sacramento divino.
E'sta noite, á meia noite,
Ouvi cantar ao divino,
E era a Virgem María
Qu' embalava o seu menino
E'sta noite é noite clieia,
Nao é noite de dormir,
Das onze p'ra meia noite
'Stá a Virgem p'ra parir.
5
O' meu amado menino
C¿ue boqiiinha tao galante!
— 407 —
No ven t re da Virgem Pura
Tu adoraste o infante.
6
O' meu amado menino!
O' meu menino Jesús!
No natal 'stás no deserto,
Na quaresma 'numa cruz.
José, embala o menino,
Co' a mas, nanja, c' o pé,
O menino que ali ves
E' Jesús da Nazareth.
8
O menino de María
Embalava Sao José,
E os anjos me cantavam:
Crhisto, Deus é dominé.
O meu menino Jesús,
Nascido hapouco em Belem,
Dá tudo quanto desejas,
E deseja dar cuanto tem.
10
Cantae, anjos, do menino.
Que a Senhora logo vem,
Foi lavar os cueirinhos
A' pocinha de Belem.
11
Vamos mo^as a dar vivas,
Nascidos do coragao.
Viva Jesús no principe,
Eo Baptista no Jordao.
— 408 —
12
— O' raeu menino Jesús,
Quem vos Deu, porque choraes?
— Deram-me as moQas da fonte,
Nao heide lá tornar mais.
13
— O' meu menino Jesús,
Quem vos fez a casaquinha?
— Foi a minha avó Sant' Anna,
Com botoes de prata fina.
14
— O' meu amado menino,
Quem nos deu o fato verde?
— Foi uma moga donzella,
D' uma doen^a que teve.
15
Eu heide dar ao menino
Cinco pedras esmaltadas,
Em cada pedra cinco quinas,
Em <\ada quina cinco chagas.
lü
p]u heide dar ao menino,
II m gahio pura o cliapeu
Tambem elle me hade dar,
Um k)gasinho no ceu.
17
Eu heide dar ao menino
T^m gahio para a cintura,
Tanibcni elle me luí de dar
No seu peito a sepultura.
18
Eu heide dar ao menino
Droga para um veii (vé<>).
— 409 ~
Tambem elle me ha de dar
P'r'o' entrudo iim bom perú.
19
O menino chora, chora,
Chora pelos sapatinhos,
Callaé-vos o meu menino,
Que me faltam os saltinhos.
20
(3 menino chora, chora,
Chora pelos cal^'oesinhos,
Callae-vos o meu menino
Faltam-me os botoesinhos.
21
O' meu amado menino
Boquinha de raarmellada,
Dae-nie da vossa merenda,
Qu' a minha mae nao tem nada.
22
O* meu amado menino,
Boquinha de sangre e leite,
Vossa mae é nma rosa,
Vosso pae um zamashete.
23
O' meu amado menino
O' meu menino tao bello,
Quando vieste a nascer
No rigor do caramello!
24
Entrae, pastorinhos, entrae,
Por ese portal sagrado,
Viude ver a Deus menino
'Numas pallimhas deitado.
N.« 10
— 410 —
25
En trae, pastorinhos, entrae,
Por ese portal adentro,
Vende ver a Deus menino
No seu santo nascimento.
26
Alera vem a barca nova
Que fizeram os pastores,
Nossa Senhora vae dentro,
Toda coberta de flores.
27
Venham ver a barca nova
Que ñzeram os soldados,
Vae a Virgem dentro d'ella.
Toda coberta de era vos.
28
Alem vem abarca nova
Que fizeram os do Trem,
Nossa Senhora vae dentro,
Coberta de alecrim.
Vamos ver a barca nova
Que se vae deitar ao mar,
Nossa Senhora vae dentro,
Os anjos vao a remar.
■30
O menino está na nevé.
A nevé o faz tremer;
^leu menino da minli'alma,
Quem vos i)odera valer,
Com sopinhas da panecía,
Sem a minha mae saber.
Antonio Tiiumaz V\nK<
(Klvas.)
— 411 —
SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS
151. — Para librarse de una tormenta, de los rayos y de
las centellas, deberá conservarse en las casas una vela de cera
verde, que esté bendita en alguna iglesia, y encenderla cuan-
do comiencen los truenos.
<S. P., 809'— «Cuando hay truenos, para que no acontezca
mal alguno es bueno encender un cabo de vela, que hubiese esta-
do en alguna iglesia en la quinta ó sexta feria santa.» (Viernes y
Sábado Santo.)
152.— Cuando hay tormenta, si quiere librarse una per-
sona de que descargue sobre ella, se encomendará á los santos
de su devoción. También dedicará á Santa Bárbara la oración
siguiente:
Santa Bárbara bendita,
Que en el Cielo estás escrita,
Con papel y agua bendita;
Al pié de la Santa Cruz,
Padre-nuestro, amen Jesús. (1.)
S. P., 811. — «La persona, que al oírse una tronada, reza con
devoción la Magnifica que Nuestra Señora rezó en casa de Santa
Isabel, no puede ser fulminada por el rayo.»
153. — Si una joven quiere averiguar quien será su novioi
á las doce de la noche de la víspera de San Juan, pondrá un
lebrillo de agua clara, cuanto más clara mejor, mirará dentro
del lebrillo y verá el rostro de su futuro novio.
154. — Es de mal agüero dar dinero el primer día del año,
pues si se hace, será señal de que escaseará la moneda duran-
te todo él.
(1.) Véase la siguiente copla popular, tomada en ocasiones como
otra oración, según me aseguran:
Santa Bárbara bendita,
Madre de los Artilleros,
A vuestras plantas tenéis
Bombas, cañones y morteros.
8anta Bárbara, en efecto, es patrona del cuerpo de Artillería, que
la festeja y celebra anualuiente.
— 412 —
155. — Todos los cohollos de claveles que se siembren el
día de la Ascensión, cuando repican á las diez, agarran y flo-
recen.
S. P,, 864. — <Ea la quinta-feria de la Ascensión nacen los
higos en las higueras, desde la hora del medio dia á la una.»
156. — Es malo beber agua antes de sentarse á la mesa.
S, P., 812. — «Es malo beber agua antes del almuerzo. —Pro-
verbio:
Quien bebe agua antes del almuerzo
Llora antes del sol puesto.»
S. P., 277.— «Quien canta antes de! almuerzo, no llega al Sol
puesto.»
157. — La aparición de un cometa es un aviso del Cielo,
que anuncia pestes, guerras y desgracias. (1)
S, P., 827. — «Cuando aparece un cometa en el Cielo es señal
de muerte de persona real.»
158. — Si se desea saber cuál ha de ser nuestra suerte du-
rante un año próximo, se cuidará el día primero de tirar un za-
pato y observar su caida: si al caer en el suelo queda derecho,
la suerte será buena; si queda de lado, será regular; y si que-
da boca-abajo será adversa. (Véase el número 102.)
159. — Teniendo un galápago en una casa, no son ataca-
dos de erisipela los que en ella habiten.
IGO.— Los muchachos agitan una vara larga y flexible, á
la caida de la tarde, en lugar donde haya panarras (2.) para que
estas acudan atraídas á la vara y se puedan matar y coger.
(1) Infinitas en número son las interpretacionea que (la ol pue-
blo ignorante á la aparición, en nuestro horizonte, de un cometa. Llú-
UKile al núcleo cdJtczd y á hi cabellera vaho ó raatro (Ic/hcijo <'> dv san-
(¡ye. Por rehila general relaciona su ai)arici(')n á la8Íuij)le vista, con una
desgracia connín actual <) una pr<')xiuia pasada; y hace á aquella, causa
de Cí)sa8 futuras extraordinarias. Dando pábulo á lo maravilloso p(»pu-
lar, interpretan y traducen las gentes sencillas, tanto rústicas como ur-
banas, la forma para ellas desconocida del cometa, en figuras capricho-
sas y sobrenaturales. He oído referir, y sirva de; ejemplo entre un mi-
llar de ellos — ^hi creencia popular (pie se extendió el año ti8, poco antes
del destronamiento de Isabel 11, días antes de la gloriosa Kevoluci.>n
de Setiembre, y (pie era poco más (') menos couio sigue: <Kn el Cielo ha
aparecido un cometa, tpie tiene la forma de un trono hecho j>e<.la7osv
una espada de fuego. Creencia que, aparte de la aureola superstii-ios.i
y maravillosa (]ue la rodeaba, no dejaba de ser una forma curiosa c»'!i
(pie el pueblo expresaba la idea «jue había concel>ido al examinar los
hechos (jue presenciaba y los que adivinaba.
2 ) Kl pueblo llama al murcit'lago panarra y también ratón de
nncJic.
— 413 —
S: P,f 449.— Para coger los murciélagos, cuando en la noche
andan revoloteando por el aire, es bueno levantar una caña y gri-
tarle repetidas veces: «murciélagol murciélago! ven á la caña que
tiene sebo.»
161. — Comiendo uvas el dfa primero de año se tendrá di-
nero en todo él.
S. P., 848.— «Es bueno comer uvas después de las doce de la
Noche-buena, porque libra de disgustos.»
S. P., 855.— «Deben comerse cinco racimos de uvas, cuando
se levanta áDios en la misa de Navidad, porque libra de dolores
de cabeza todo el año que está para comenzar.»
162. — Colgándose una haba de la mar, cogida en Viernes
Santo, se quitan las calenturas.
163. — Para curar los dolores de estómago se echará un
hilo encarnado en un vaso de agua y se beberá ésta (1.)
164. — Cuando un niño llora en el vientre de la madre
es seilal que sabrá mucho y acertará todas las cosas. Si la ma-
dre lo dice antes de los siete años se le quila la virtud al niño.
S. P., 828. — «Cuando una criatura llora dentro del vientre
de su madre, es señal de que ha de ser muy feliz, siempre que la
madre no lo diga antes de los siete años.
165. — Tirar el pan al suelo, ó quemarlo, es pecado.
5. P., 887. — «Echar pan en la lumbre es pecado.»
166. — Es pecado el echar salivas en la candela.
S, P., 888. — «Escupir en la lumbre es pecado.»
167. — Es malo bailar solo, dando la sombra propia en la
pared, porque se baila con el diablo (2.)
S, P., 885. — «Brincar con su sombra propia en la pared, es
pecado, porque se brinca con el diablo.» S, P,, 865. «Es muy
malo pisarla sombra de una persona.»
168. — Es bueno dormir con la cabecera de la cama al
Norte.
S, P., 877.— «Es bueno dormir con la cabecera de la cama
para el naciente, porque se vive mucho tiempo.— Proverbio:
(1) Práctica usada por los gitanos.
(2) Los muchachos, en días de inuclio sol, aco8tum])ran d ir, por
calles y plazas, alargando las piernas para pisar la sombra que pro-
yecta su cabeza. Desde luego se comprenderá <iuo la |>o8Íción del 8ol
en nuestro meridiano hace que la sombra sea larga, por lo que no efec-
túan su deseo, aunque sí se entretienen.
— 414 —
Cabeza para el naciente
Y pies para el poniente,
Vivir eternamente.!
169. — Cuando el dueño de una casa, que se está recom-
poniendo, concluye la obra, muere enseguida.
S, P., 881.— «Cuando se hace una casa de nuevo, estando
concluida, mueren los dueños. •
170. — Para quitar los dolores de muelas, colgarse una
guita con siete nudos.
171. — Es mu3^ malo hacerse el muerto, porque Dios castiga
el hecho haciendo que uno muera verdaderamente.
172. — Cree el pueblo que algunas personas tienen en la
niña del ojo (1) figuras determinadas ó retratos.
173.— Es malo soñar alto porque se descubren los se-
cretos.
S. P., 893.— «La persona que sueña alto responde y revela
sus secretos, á quien le interroga.»
174. — El estar desacertada una persona en un día, en
las cosas que hace, es porque ha pisado alguna mala yerba.
(Frase: 2>¿6'ar ftmla yerha, es igual á hacer mal las cosas.)
175. — Cuando acontece una cosa inesperada, es señal de
que va á nacer algún burro. (Frase: algún burro va á nacer;
se aplica al caso referido.)
-S. P., 402. — «Cuando acontece una cosa que no se espera es
porque está para nacer algún burro.»
176.— Sise colocan zapatos, canastos ó bateas en balco-
nes y ventanas la víspera de Pascua de Reyes, amanecerán
llenos de dulce, que los riycs nnujos echan al pasar de noche
por el sitio (2).
i 1) YA piio))lo lio sa1)e aún <]U0 la pupila (niña del ojo) es una
abeitiira rodoiula: la juz<^a coiiio un cristal redondo de distintos colo-
res. Deaijuí, 8¡ no nos eíjuivocauíos, el crt'er (pie la inii)ila tiene á veces
figura distinta á la general. Hemos hablado con una mujer del pueblo,
moza recia y atua de leche, oyéndola decir (¡ue ella tenía el rostro del
SerK}r marcado en los ojos, co.^a por la cual poseía graciafi especiales.
Y, *aun(pie por muclios esfuerzos (jue se hicieron no podíamos ver la
maravilla (pie nos decía, le preguntamos de donde le provenia, á lo
(pie nos contesto ci)n gravedad y pausa: de 7uisrnsia '^naciniiento.l
2) I*reocni>ac¡<'«n infantil, creida // ;>/r.s\//(?í^í7/o.s' |>or los nifioí». á
(^u¡en<\s bis madres — (pie son en a«piel caso l(»s dadivosos reyes, — con-
\encen á las wd niararilhis. Kn relación con la creencia existe la cos-
tumbre de ir á es/ierar á los re}/es ))kj(/<)s: costum]>re (jne se re]>ite to-
dos los afios en la noche déla víspera de Pascua de Reyes, licunid)
Ikk'U número de muchachos y gente alegre, (jue llevan escaleras, mu
— 41o —
177. — Para que los nifíos no p¿i(lezcan de alferecías se
les pone por nombre uno de los que tenían los reyes magos:
Gaspar, Melchor 6 Baltasar.
178. — Cuando duelen los oídos á un varón, es bueno, para
que desaparezca el dolor, echarse en él un dedal de leche de
una mujer que críe una hembra: sí duele á una hembra se le
echará leche de la crianza de un varón.
S, P. 403. «Cuando se tienen dolores de oídos, es bueno, para
que pasen, echar en la parte dolorida una gota de leche de mujer,
que este criando un varón.»
179. — Cuando se ve una estrella corrida, para que no so-
brevenga algún mal debe decirse Dios la guíe.
S. P, 425. «Cuando va á caer ana estrella (bólido) debe decir-
se: ¡Dios te guíel ¡Dios te guiel para que no acontezca mal.«
180. — Es creencia popularque las nubes bajan al mar pa-
ra recoger el agua de las lluvias.
S, P. 426. «El arco'da-velha (arco iris), va a beber al maro á
los ríos el agua para las nubes.»
181. — Las tormentas son producidas por grandes carros
cargados de piedras ó pan, que van rodando por el cielo.
S. P. 448. «Es creencia popular que, cuando hay truenos,
son carros que van rodando por el cielo.»
182. — El niño que muere antes de los siete años, va al cie-
lo, porque hasta esa edad es un angelito (1).
cho vino y latas, caracoles, cornetas, piedras y toda clase de objetos
que armen mucho ruido, recorren las calles con gran vocerío y algazara,
convidando con música y vino á todos los conocidos, y siendo convi-
dados á su vez por otras comparsas: si el escarceo y bullanga, los di-
chos, el ruido, las carreras, las cuestiones y burletes, no son motivo
suficiente para la completa diversión del cotarro, entonces procuran
engañar y llevarse á algún joven é inexperto farruco (montañés) el
cual corriendo velozmente con una escalera al hombro, sin sombrero
y en alpargatas y deseando por momentos ver á los reyes magos, no
cae en la cuenta del e^igaño y se presta bondadosamente á ser el pri-
mero que suba á tal ó cual árbol ó azotea abandonada, para avisar la
llegada de la regia comitiva. Mas, ¡oh desdicha! que apenas ha subido
á la copa del árbol, ve arrebatada la escalera por sus compañeros de
expedición y huir á éstos lejos del sitio donde el pobre farruco, pa-
gando cara su novicinda, pasa tiritando tres ó cuatro horas. J^a costum-
bre referida se asemeja, en lo del convite mutuo de compadres y ami-
gos, á la curiosísima del candilejo.
(1) Esta preocupación, así como también su correspondiente por-
tuguesa, préstase á apuntar varias otras, quede ellas se desprenden:
más, como las colegidas por nosotros no las hemos oido aún de boca del
pueblo, escusaremos por ahora todo comentario y deducción.
S. 1'. cao. 'La crintura que lunGi-o dceputs cíe bautizada, I
haber mamado Jeclie de la toadre ü de otra lunjer, va deredul
' í hubiese mamado leche de pecadora liens quft |
Bar por la «iihe <¡e humo fsic/de! PiirgitUirio. para limpiárse'l
aquel pecado venial.*
1S3.— La ballena pai-e cada siete afios, en v\ mes An i
Juan, La mujer que da á luz eu la müma época, tiene |
mal paita.
184. — Las iiiauchas áe fruta que caen en las ropas, 4
desaparecen de éstas, hasta que concluye el tiempo delafl
ta que produjo la mancha.
185.— Si se consigue de San Antonio alguna petíción, j
be pagársele echándole de limosna s'ieíe ochavos.
186. — Cuando liay sequía y los campos se desmejoran Ú
tablemente, se saca eii procesión la imagen más venerada <
liaya en cada pueblo, rogándole todos (desde el ignorante li
ta la autoridad más ilii-struda) sea la mediadora de las Unvi
£n Sevilla, entre muchos ejemplos, podemos presentai' al Cn
to de San Agn.stln que, sacándolo en procesión de rogativaa
desde su iglesia á la t'ní¿ del Campo m.haK qae llueva antes
de enti'ar en el templo, de regreso [2).
187. — El viboro al engendrar muere y la ríbora al p
muere también, (Adivinanza popular:
Maté al concebir
al que me quiso aumentar;
lo que teiigo de pagar
al tiempo de parir, (La víbora.)
(1) tíúliijo y Bencillo monumento de piedra, de treco mvtro
«Itiira y arciuitectura ojival; construido Á línea del sítjlo IV, á Pn k(UÍ
tro de üevilla, '
(2) Lhs preocupaciones de eate género aparecen locaHxMlaad
pectlvatncnle en cada poblncit^n y lu({nr; rttlrii'ndoae su cnuiKriMlaf
ÍRi¿gen d<?l santo 6 sania que nián se distinga en l'1. l'ur esln r
número es inmenso; é innunieraljlea Hon tiiniUién loa ejeiniJo* .__
diéramos citar. Tan sólo apiiataremoa ciiatru de canlcliír dÍBlintó. C
Al Cristo de tian Aguatín — nonjbre de la ÍKlesÍa~lu ereoen lufll
y el cabello.
Nadie ha podido ver denpojuda de sus vestiduras Ala .
Virgen de loa Heyes: uno intentii hacerlo y (|ucd4 cicjio en el noto^l
El poxo i|lie existe en tos sótanos <jue sirvieron de cárcel A In^
tas Justa y Rufina, permanece seco todo el aGo r ae llena d« Bj
sólo el día de aquellna santas.
Las Santas .luala y líuünB(que fueron alfArcraa de oficio y i
nns, y vivieron cuandn lit dominauiún rumana en Kspañu), i
la Giralda ilc nuestra Ciitedral, durante un terremet», parft «itto a
yesc al suelo, (ICn loa cuadros en <)ue so pintHn sus finirás, y tu
cu los ullorea, se repi'Caeatvn cusidas á la liistúríca y hrnnnia I
— 417 —
188. — Es de mal agüero que haya un gato negro en la ca-
sa, porque representa al demonio.
S. P, 105. «En la casa donde haya un gato prieto, no entran
los espíritus malos.»
189. — Para quitarse las berrugas se espiará el momento
en que pasa un hombre montado sobre un mulo, y se le dice:
«tío del mulo, miberrugaen tu c...»; aunque el hombre dirija
algún insulto ó pegue un palo al del dicho, este debe marchar-
se sin hacer caso ni volver la cara atrás (1). (Véanse los núme-
ros 98, 99, 100 y 101.)
190 — Es de mal agüero que haya en una casa tres luces
encendidas.
S. P., 195.— «Tres luces reunidas en una casa, señal de casa,
miento.» S. P*- 217. «Tres luces reunidas en una casa es agüero,
porque significa testamento.» S. P. 520. «Tros luces en una casa
es señal de casamiento de la persona más nueva de la casa.»
191:— Pisar carbón es malo.
192.— Encomendándose á San Pascual y rezándole to-
dos los dias, él se cuida de avisarle á su encomendado la hora
en que ha de morir; para ello da el santo tres golpecitos en la
almohada, cuando el individuo esté acostado.
S. P., 463.— «En Puente de Lima, cuando una persona está
para morir, es avisada por el grito de alguna alma penada.» (En-
tre nosotros, alma en pena,)
193.— Para deshacer el mal agüero del aceite derramado,
se tira al pozo un puñado de sal, apartándose inmediatamente
para no oiría caer. También es bueno arrojar á la calle diez ó
doce cubos de agua. (Véase el número 15.)
194. — Para tener amantes las rameras, llenan una pa-
langana de agua bendita, y con una rama de romero, rocían
por detrás todas las puertas de la casa, diciendo al mismo tiem-
po: «Dios mió, que vengan cabrones.» El agua sobrante en fin,
la arrojan á la calle, en el momento de pasar el primer hombre
que ven.
195. — Es muy malo mecer una cuna vacía, porque el niño
que en ella duerma morirá pronto.
19G. — Al mudarse de domicilio, lo primero que debe ha-
cerse, para que no falte en él el alimento, es rociar con sal los
rincones de las habitaciones. (Véase el número 104.)
(l) Superstición recogida en el pueblo de Agua-Dulce, de la pro-
vincia de Sevilla.
N.*» 10 6
— 418 —
197.— Los mellizos tienen gracia para quitar los dolores,
pasando tan solo la mano por el sitio dolorido.
198. — Para curar el dolor íi^ xmdrejm, pasará la mano
por el vientre una persona que haj^a nacido en Viernes Santo,
ó se colocará sobre la región dolorida una prenda de esta per-
sona, agraciada, acabada de quitar de su cuerpo. (1)
199. — Debe destetarse en Viernes á los niños para que no
pierdan el paladar.
S. P., 110. = Es bueno destetar las crianzas en la sexta-feria
santa, porque se libran de morir tísicas.»
200. — Poniendo los zapatos á la cabecera de la cania se
sueña durante la noche.
S. P., 219 «Poner colgadas las medias de la cabecera de la
cama cuando nos acostamos, hace soñar mucho.» S. P. 455. «Po-
ner las medias encima de la cama, hace soñar.»
Alejandro Guicuot y Sierra.
(Cotttimiará)
'xr^z^s^Jíc::¿2^r^
MISCELÁNEA
(2)
ROMANCES.
En el núra. 8 de esta publicación, bajo el epígrafe de Romance
de Benjardinay dio á conocer rai distinguitlo amigo el Sr. Macbatlo
y Alvarez, dos versiones do un romance popular, del cual poseo al-
gunas otras; aunque, por diferir muy poco de las publicadas en es-
ta misma sección por el fundador del Folk-Lore Andaluz, no les
daré cabida en este artículo sino a dos de ellas, recogidas en Gua-
dalcanal, y que dicen así:
(1) Véase nuestra Misrrlánra, del luímero 7 de esta Revista, don
de 8e desoribe una de estas curas, ])ajo el título de Una práctica sujar-
tic i osa.
(2) Por falta de espacio tlejanios de dar cabida á varios urijínuk-í!
que ])ara ella teníamos prei)aradotí.
— 419 —
Delgadina, Delgadina.
Este era un hombre muy rico
Que tenia tres hijas,
Y la más chica de todas
Se llamaba Delgadina.
Un dia, estando en la mesa,
Su padre la requebraba:
—Padre, ¿qué tengo yo
Que mira usted tanto mi cara?
— Que si fueras mi mujer
Fueras la reina de España.
— No lo permitan los cielos
Ni la hostia consagrada.
— Subir todos mis criados
Y encerrarla en una sala;
Y si pide de beber
Darle zumo de retama,
Y si pide de comer
Carne de perro salada.
Y si pide de colchón
Los ladrillos de la sala. —
Al cabo de unos tres dias,
Y también de una semana,
Delgadina se ha asomado
Por una ventana alta
Y vido á sus abuelas
Peinando sus ricas canas:
—Abuelas, si sois abuelas,
Por Dios una poca de agua.
Que el corazón me se seca
Y la vida se me acaba.
Quítate, perra judía.
Quítate, perra malvada.
Que si padre rey nos viera
La cabeza nos cortaba. —
Delgadina se ha metido
Muy triste y desconsolada;
Con lágrimas de sus ojos
Toda la sala regaba;
Con la sangre de sus venas
Las paderes salpicaba.
Al cabo de unos tres dias,
Y también de una semana,
Delgadina so ha asomado
— 420 —
Por una ventana alta
Y vido á sus hermanitas
Bordando ricas toballas:
— Hermanas si sois las mias,
Por Dios una poca de agua,
Que el corazón me se seca
Y la vida me se acaba.
— Quítate, perra judia, etc.
Por una ventana alta
Y vido á su padre rey
Sentado en sillón de plata:
— Padre rey, si usted es mi padre.
Por Dios una poca de agua,
Que el corazón me se seca
Y la vida me se acaba.
— Yo te la daré si baces
Lo que padre rey te manda. —
Delgadina se ba metido, etc.
Por una ventana alta
Y vido á su madre reina,
En sillón de oro sentada;
— Madre reina, si es mi madre.
Por Dios una poca de agua.
Que el corazón me se seca
Y la vida rae se acaba.
— Subir todos mis criados
Llevarle á mi hija agua,
Unos con vasos de oro
Y otros con vasos de plata. —
Al subir por la escalera
Delgadina que espiraba.
Y á la cabecera tiene
Una fuente que le mana,
Con un letrero que dice.
«Murió por falta de agua.»
Las campanas de la gloria
Por Delgadina doblaban;
Las campanas del infierno
Por su padre repicaban.
— 421 —
Relación de Baraja.
Se toma una baraja, y se colocan sus cartas en esta forma íi
orden:
1.* El Key de oros.— 2.^ La sota id.— 3.» El caballo id.— 4.» el 7
de oros.— 5.» *E1 6 de id. =6.» El 4 de id.— 7.* El 8 de id.— 8.' El
caballo de bastos. —9.* El rey de id. — 10. El as de espadas. =11.
El id. de bastos.— 12. El 7 de id. -13. El 6 de id.— 14. El 5 de id.
—15. El 2 de id. := 16. El 4 de id. - 17. El 7 de copas. = 18. El ca-
ballo de Ídem. - 19. El 6 de id.— 20. El 5 de id.^21. El 4 de id.—
22. E13 deid.— 23. El ás de id. = 24. El 2 de id. = 25, La sota de
id. = 26. El ás de oros. = 27. La sota de espadas. — 28. El 7 de
Ídem. "29. El 6 de id. = 80. El 5 de id.=31. El 4 deid.i=32. El
3 de id. = 83. El 2 de id.=r.34. El id. de oros. = 85. El Rey de co-
pa8.=86. El id. de espadas. = 37. El caballo de id. = 88. La sota
de bastos. = 39. El tres de id. = 40. El cinco de oros.
Puestas las citadas cartas en la precedente forma y mostrán-
dolas una por una, se dice, de la manera siguiente:
1.* Este ya se vé. Es un Rey soberano. Tiene el sol pintado
en la mano.
2.** Este rey tiene una hija, tan bonita y tan bella, que tiene
el sol pintado, en el grandor de una estrella.
3.* Esta niña tiene un hijo caballero, amigo de jugar di-
nero. Jugaba con tanta gana, que jugó 27 duros, una mañana. Hay
que contar 7 con el caballo.
4.* Y siete, son catorce.
5.® Y seis, son veinte.
6." Y cuatro, son veinticuatro.
7.* Y tres, son veintisiete.
8.' Caminando por un cerro montuoso, encontróme un viejo
con un calabozo;
9.' Y más adelanto con una barbucha, y le dije: Caballero,
¿Queda mucho para donde yo voy? ¿A dónde vá usté? Ande usté
con gana, quo si no llega hoy, llegará mañana. lEso lo sabia yo!
¿Se quiere usté acomodar? Aquí estoy para ganar un jornal. ¿Qué
oficio es el que usté tiene? Cortar pinos. ¿Con qué?
10. Con esta hacha. ¿Cuántos pinos ha cortado usted? Uno,
y por no tener lugar, lo corté sin chapuar.
11. Pocos pinos ha cortado usté. ¡Pocos! ¿Quiere usté más?
Quiero hasta 27. iVamos allá! Los quiero marcar. Fué y yíüo. Yá
están.
— 422 —
12. Siete.
13. Y seis, son trece.
14. Y cinco, son diez y ocho.
15. Y dos son veinte.
16. Y cuatro son veinticuatro.
17. ¿Cuanto es? Siete pecos. (1) lAllá van!
18. Caminando para un billar, me encontró un caballero á
la puerta de una posada, y le dije: Caballero ¿á dónde se vá? A ju-
gar ¿Se quiere usted, acomodar? Aquí estoy para ganar un jor-
nal. ¿Qué oficio es el que usted tiene? Fregar platos.
19. Seis platos.
20. Cinco alcuzas.
21. Cuatro cazuelas.
22. Tres copas.
23. Una tinaja.
24. Y dos calderas.
25. Caminando para Jerez de la Frontera, encontré una
niña, con una copa sin tapadera; Como era por la mañana, yo no
miré si era bonita ó fea, pero yó, le solté;
2G. Esta moneda.
27. Caminando para Sevilla, como hay tanta maravilla,
me encontré una chiquilla con una espadilla, y le dije: Chiquilla,
¿Me vendes esa espadilla? No Señor, pero si usté quiere alguna,
en mi casa tengo más. Vamos á verlas. Vamos allá.
28. Siete inglesas.
29. Seis francesas.
30. Cinco italianas.
31. Cuatro americanas.
32. Tres, españolas.
33. Y dos, morunas: De estas dos, ¿le gusta á usted alguna?
Si, me gusta una ¿Cuánto es?
34. Dos medias onzas. Las dos medias onzas son falsas. jNo
que no son falsasi ¡A dar cuenta al rey turital (?)
35. El Rey torita, da cuenta al rey de espadas.
3(). El Rey de espadas, dice que se presente:
37. En caballero con la espada en la mano.
38. El verdugo, para ahorcarlo.
39. El tres para ajusticiarlo.
40. Y el cinco, para colgarlo. (2)
(1) La i»alal)ra^^'Tos es dosconocida para nosotros.
(2) Ksta rolaciun y la (iiic sigue y el romance intitulado, no sabe-
nins ponjiie Ijíi J{n<(hi de ¡(i ¡utriiina., han sido enviados á esta Kedae
eion de la eiiidad de rirera: sei^un anunciaiiios en nu(^stro número an
terior. I*u))lieanio.s estas tres eoni posiciones en la fornuv con (pie \\r.» han
sido reniitidas.
— 423 —
Otra relación de baraja
Estando en misa un soldado
En el népe (1) entretenido
En el népe entretenido,
Le reprendió su sargento
Y se hizo el desentendido
Y se hizo el desentendido.
Y el sargento, en el instante,
Al capitán acusó
Al capitán acusó,
Y, con humildad bastante,
De esta suerte, se explicó:
En el nepe, pequé yo
En la iglesia he barajado
Y tengo en él yo fijado
Un libro muy singular,
El cual, se puso á explicar.
Y estando en misa un soldado
Miró en «el ás» muy ufano,
En él, un Dios verdadero;
En «el dos», yo considero,
Lo divino con lo humano.
En «el tres», como cristiano
En «el tres», como cristiano,
El misterio he comprendido,
El misterio he comprendido,
Y en «el cuatro, he conocido
Y en «el cuatro, he conocido
Los procederes del hombre
Los procederes del hombro;
Que contemplaba en Dios y hombre.
En «el cinco» contemplaba
Las Hagas del Redentor,
Y con crecido dolor
Entre si «seis» golpes daba.
En «el siete» contemplaba,
En «el siete» contemplaba.
Los siete dones de gloria;
«El caballo», por memoria;
En «sota», nada observó.
El capitán lo escuchó,
Y él, se hizo el desentendido.
(1) ¿Naipe?
— 424 —
La Rueda de la Fortuna.
La rueda de la fortuna
Que nunca se estuvo quieta,
De una rodada que dio
Me puso en tu dulce tierra.
No me pesa haber venido
Ni menos estar en ella,
Que he visto la mejor dama
Que crió naturaleza,
Sentadita en un balcón
Muy adornada y compuesta;
En cada lado tenía
Un número de rosetas
De rosas y de claveles
Clavellinas y violetas.
La dije que me tirara
Un clavel de su maceta;
¡Con qué descaro lo pide
El picaro sinvergüenza!
Señora, ha de perdonar
Que es abuso de mi tierra,
En galanes como yo
El pedir á las doncellas
Ellas, no van á nosotros;
Nosotros, vamos á ellas;
Ellas, regalan pañuelos,
Y nosotros, ricas mt'dias.
Ellas, nos dan para guantes
Nosotros, para chinelas;
8i Vd. requiero de amores.
Suba usted por la escalera.
Mi marido está en el campo
A cuida de sus haciendas,
Porque le cuestan muy mucho
Y no quiere se le pierdan.
Y' el diablo, como no duerme
El marido le da cuenta
Y le dice, vete á casa.
Vete á casa v nunca vuelvas,
Quetieiios una mujer,
Que a Dios hace mil ofensas.
—Hombre, ¿cómo podra ser
Siendo mi mujer tan buena?
— Deja los anchos caminos.
Coge las estrechas sendas;
Deja el caballo que corre,
Coge la muía que vuela.
A la entrada del lugar.
Ya mala espina le diera;
Halló sus puertas cerradas,
Que solían estar abiertas
Con el puñal que llevaba,
Agujereo la puerta;
Por donde cogen mis pies,
También coge mi cabeza.
También coge mi caballo,
Y le tiro de la rienda.
Al subir los escalones,
Ya me alumbraban con cera;
Si alumbráis á cuerpos muertos,
¡Dios en el cielo, los tenga!
Si alumbráis á cuerpos vivos
;Ami me hace mucha ofensa!
Se fué, para en la sala,
Por ver quien estaba en ella;
Vio á la dama y al galán
Que dormian a pierna suelta.
Con el puñal que llevaba.
Le ha quitado la cabeza;
Luego, con su dama hermosa,
Hace otro tanto, con ella.
Una bula laentrem'):
Yile acusando por ella;
Al decir, «Señor, peque»,
La ha quitado la cabeza.
La sangre que derramaba
De sus delicadas venas
Calado ha siete colchones
Sabanas y delanteras.
Y de lo que ha quedado
Todita la sala llena.
El, fuese para la plaza
Por ver quien estaba en ella.
Tirando el sombrero al alto,
Y"^ diciendo: .Cuernos fuera!
Si todos hicieran esto,
Pocos cornudos hubiera.
Micho FILO.
425 —
bibliografía.
Francesco Corazzini. — I componimenti minori della letteratura po-
polare italiana nci 2/rincipaU dialetti. — Benevento. — Stahilimcfi'
to tipoíjrafico de Gtnuaro. — 1877. — Un tomo efi 16/^ — Páginas
Xn-504.
El precioso tomo do que vamos á dar una ligera noticia há-
llase dividido eu cuatro libros: el primero se ocupa de La lengua y
cajitos infantiles: el segundo de Los Cantos de amor: el tercero de
Cantos varios, y el cuarto y último de Cuentos populares (novelle)
poniendo fin a la obra un Glosario (pags. 491 á 499) y un índice de
tos lugares donde las mencionadas producciones se han recogido
(pags. 501 y 602) con más el índice de las materias tratadas y un
juicio critico de la prensa italiana acerca de las principales obras
del autor.
De los cuatro libros en que se baila dividida la obra que nos
ocupa, el primero es para nosotros el más interesante y aquel so-
bre el cual hemos de llamar preferentemente la atención de nues-
tros lectores, dado que el motivo principal que nos guia al escri-
bir estas bibliografías, que con mayor razón pudieran llamarse
Notas bibliográficas, no es otro que el manifestar nuestra gratitud
á los distinguidos mitografos que nos favorecen con el envío de sus
obras, y hacer la ¡propaganda de unos estudios tan importantes ba-
jo todos aspectos, como dignos de ser tratados por personas mus
competentes que nosotros en este género de estudios, de que sólo
somos apasionados fervientes. En el primero de estos libros trata el
distinguido folk-lorista {passez le mot) italiano de una cuestión do
inmensa trascendencia para la ciencia del letujuaje; me refiero al
lenguaje infantil y á cuanto se refiere al periodo de la infancia, en
el cual existe el embrión de cuanto es el hombre en sus distintos
periodos de adolescente, adulto y viejo, que para nosotros corres-
ponden á los áQ poeta, filósofo y sabio. La infancia, ó mejor dicho,
la niñez, es para nosotros el período más interesante de estudio en
la vida del hombre: en la niñez se anuncian y significan todas las
cualidades del ser que estudiamos; en el lenguaje infantil está, en
nuestro sentir, el mejor compendio de la historia del lenguaje hu-
mano, bastando una simple reflexión á justificar este parecer. El
niño cuando habla imita el lenguaje de sus padres, ó el de los que
le rodean; si es en Francia, el francés; si en Inglaterra, el inglés,
etc.; pero cuando no habla [infans) expresa sus afectos y deseos en
tu propio lenguaje. El niño al llamar couteau al cuchillo, por ej«, '
».• 10 6
— 426 —
es francés, repite un vocablo que lia oido repetir muchas veces;
que ba aprendido; pero cuando usa ese lenguaje monosilábico es-
pecial, que recuerda al idioma chino, pa; rna; ha; ta; no imita á
nadie; responde sólo al impulso de su naturaleza: por eso el len-
guaje del niño cuando no habla todavía, es para nosotros el más
digno de estudio, como el más expontáneo y el que enseña mejor
los elementos de la formación del lenguaje. Esta sencilla conside-
ración explicará á nuestros lectores la preferencia que damos al
primero de los cuatro libros en que se halla dividida la obra que
nos ocupa.
En efecto, trata este en primer término del leníjiiaje infantil (pá-
ginas 1 á 16) el cual no parece reconocer ninguna relación entre
sus primeras voces y la idea que nosotros le hacemos significar:
así por ejemplo hahbo tanto significa ¡¡adre, como madre, lia, nodri-
za, etc. El Sr, Corazzini declara que el lenguaje de los niños tu
los diez y ocho primeros meses de su vida so constituye de solo
ocho consonantes, siendo las labiales m p y b las letras que ordina-
riamente pronuncian antes del año.
Las palabras primeras usadas por los niños son casi siempre
de dos sílabas análogas como ha-ba, ba-bu, non no, nan-nateic-tata,
etc. El Sr. Corazzini presenta á sus compatriotas, según asegura,
por primera vez la lengua, ó mejor dicho los vocablos infantiles
que la constituyen, reunidos en dos tablas ó cuadros seguidos de sus
correspondientes anotaciones. En este cuadro que contiene 25 vo-
ces infantiles, se inserta primero la palabra {mamma por ej.) eu
italiano y luego esta misma en los dialectos piamontes, geuove^,
trentino, lombardo, veneciano, friulano, bolones, románico, na-
politano, siciliano, sardo y corso, lo cual facilita la comparación
del lengUHJc de los niños en las distintas comarcas de Italia. Útilí-
simo seria que en España se dedicasen algunos folk-lüristas a esta
clase de iniportantes trabajos, para los cuales podrían prostar una
cooperación tan valiosa como insostituiblc las madres de familia
sin más que ir anotando las voces y sonidos que emitieran sus hi-
jos, bien para ejercitar sus órganos fónicos, como para expresar sus
deseos.
A este primer trabajo tan interesante como breve, sigue una
erudita carta del profesor F. Vivanet sobrí' la ¡njcsia infantil de Cir-
di'ña, una colección de veinticinco co/das de cuna, unos cuarenta y
cuatro j///v/í>5 infantiles entre los que hallamos algunos análogos á
los nuestros tales como el de véneto que dice
Questü domanda del pau,
Questo dise, no ghe n'e, eto.
Etc.
que corresponde al español
Este puso un huevo
Etc.
— 427 —
tres fiestas de niños, Fesie dei bambínij cantos y entretenimientos iw
fantiles (pág. 7G á 100) y unas sesenta rimas infantiles Filastrocche,
referentes al «o/, a la lunay á la lluvia y la nieve, á los animales, etc.
que ponen fin á este primer libro.
El 2." titulado, como he dicho, Cantos de amor contiene por el
orden en que las indicamos las siguientes materias: addii e saltiti,
stornelliy rUpetti inattinate e serénate^ canti a dispetto^ canti sul ma-
trimonio, letterct canzonnette, contrasti (ó sean pasillos dialogados de
que cita el autor lindísimos ejemplos), canti di matjfjio, romanzc e
storic y stornelli romaneschi.
El tercer libro, Cantos varios, comprendo entre otras las si-
guientes composiciones, cantos políticos, sátiras, adivinanzas, cantos
de baile, de trabajadores, de presos, conjuros y fiestas populares, ora-
ciones, cantos fúnebres, imitación de sonidos y una colección de locucio-
nes especiales.
Por último, el cuarto libro titulado Xovelle, comprende vein-
tisiete cuentos populares, análogos muchos a otras versiones
europeas, de todos conocidas.
La enumeración hecha de las materias contenidas en los cua-
tro libros de la obra que nos ocupa, comprueban que el autor no
ha faltado á la verdad al afirmar en el Próloyo, su intento de
ofrecer en su obra una muestra de todas las formas de la poesía
popular italiana en sus principales dialectos: 768 composiciones
de las lOOG contenidas en la obra, son inéditas, y han sido dadas
á conocer por vez primera por el 8r. Corazzini, á quien han auxi-
liado en su empresa de recolección, la distinguida escritora señora
C. Coronedi Berti, el Sr. Sabatini, Dalmedico, Bernoni, S. Ma-
lino y otros mitógrafos italianos, no menos distinguidos. Eu su
excelente obra el Sr. Corazzini consigue, á nuestro humilde pa-
recer, uno de los principales objetos que se propuso al escribirla:
mostrar las afinidades étnicas, ya que no la unidad, do las razas
que pueblan la península italiana y la que puede llamarse verda-
deramente unidad nacional, tan manifiesta en las producciones po-
pulares, muchas de ellas perdidas por la incuria do los literatos
que hasta ahora no han apreciado en todo lo que valen esos docu-
mentos indispensables para escribir la verdadera historia de los
pueblos.
J. Leite do Vasconcellos. — Contrihuv^ao para o estudo da dialecto
lo fia románica no dominio glottolog ico hispano-lusitano. — Porto. —
lAvraria portucnse de Clavel etc. Editores. 1882. En 16.* mayor,
páginas 39.
Esto interesante opúsculo, dedicado al Sr. D. F. Adolpho
Coelho, profesor de la ciencia del lenguaje en el Curso superior de
Letras, do Lisboa, es un nuevo testimonio de la inteligoncia é in-
— 428 —
I actividad de nuestro ilustrado coloborador Br-
ea uce líos.
Pablicado este estadio notes de ahora en los folletines de
números 472 473-179-482 del diario de Peñafiel, llamado
jidfUnse, ve hoy la luz auraenUdo y dividido en tres partes,'
saber: nna lutroiluivióii, mas el catálnpo ó üt^tn de las obras oa
Bultadas (págs, 7 á 12): la parte doctrinal propiampote dicbaí
sen la Fonética- Mmfulogia y Siiuari* dsl dialecto eu cuostiou (g
ginas 13 á 27.) (En la primera estudia los roealn ;/ dÍ¡ilúiyot^
las comonavtM: en In 2." loi plurales, lUminutivos, artinito»; ■
uombra, verbos, paiiidilas y nombres wimtrales. ) Los textos qne
lea de materia de estudio y compréndete: I." un cuento popular ,
UDU f.arraeion. 8." Uaa Imjmda. i." Uq diálogo de fantasía. 6.' AS-
Minamos. 6." Cantares populares amorosos. 7." Cantos populares dt
S. Juan. 8." Refranes populases y cincuenta y ciiico roces como uia-
teriales para un vocabulario iiiirandeiü sea el dialecto que se Labia
en los alrededores de Miranda de Duero, eu Traz- os -Montes: (pa-
ginas 28 á 37): la tercera y última pártese titula Cmiclusao y pone
fin al folleto, {pege. 37 Á 39.)
En todo este trabajo, tan breve como digno de estudio, ee re-.
vela el uoble propósito del autor de llevar su contingente á
lei-toloij\a portuguesa, de que promete ocuparse más exteus&mi
CD otra ocasión, limitAndose al presente a señalar aquellas pai
ciilaridadea fonéticas que distinguen al dialecto que se hablft
los alrededores de Miranda, de otros dialectos lusitanos, entra
cuales deben incluirse también los dados á conocer por el Sr.
en su opúsculo lOs dialrrlos riimanieos on neoiatiiio» na A/rí
y América, odÚECulo de que dio cuenta ventajosamente el llul
¡ü la Institución Libre, de Mtidrid, Boletín que publica también
precioso trabajo del Sr. Joaquín Costa sobre los diaUeti
líeión en ¡leiierai y lo» CAtibérko-Lalinua en particular, digno de
consultado.
El dialecto mirandez, de que ofreció el autor del opúsculo
nos ocupa, un pequeño modelo en el cuento publicado en el núi
ro 5de esta Bevista, ocupa uu puesto, en el grupo de loa que g«
btan al N. O. de la peniusula ibérica, al lado del asturiano h
y se baila colocado entre este subgrupoy el subgrupo galaico _
tiii/iiés que pertenece en parto al N. ü. y en parte al O. El diali
mirandez, bíeu estudiado, tiene físonomfu é individualidad propi
siquiera sus vocablos procedan muchos del castellano ó del portU'
gués, procedencia que reconoce, según el Sr. Vasconcellos, una ra-
zón hiat^irica: que Portugal, á cuj'o territorio pertenece Miranda da
Duero, formusc politicamente del territorio de León en el s'
XII, matouiíindose boy vivísimas las rehciones comerciales ei
dichas regiones.
Para terminar esta breve noticia nos atreveremos á dirigir „
ruego al Sr. Yasconcellos y es: que si llognsu i\ entrar en sn caloohi
estudiar el dialecto andaluz, traduzca de la Monografía del aabio
profesor autriaoo Dr. H. Sehucharda, titulada Üí^ Cnetct jlameit-
a ra-
la de I
loota I
— 429 —
eos y empezada á publicar por el Sr. Sanjnrjo eo esta Revista nú-
mero 1, la parte exclusivamente dedicada á oste particular (cua-
tro ó seis hojas.) ya que los que estábamos más obligados á ello
carecemos de la virtud suficiente para estudiar el idioma en que
dicha monografía se halla escrita y quo lo publicado hasta ahora,
al menos que sepamos, por dicho sabio profesor respecto á dialec-
to andaluz, na es mas que la expresada monografía y un brevísimo
articulo titulado • Fonética audaluzaB inserto en «La Enciclopedia»
correspondiente al 25 de Junio de 1879. •
Por la éteeion,
Demófilo.
^ "^S^Lí^^J^NÍZI^r^'
NOTICIAS
Hemos leído con suma complacencia el segundo Almanaque'de las
tradiciones populareSy correapondiente a\ año venidero de 1883 y pu-
blicado en París por el ilustre autor de la Faune populaire de la Fran-
ce, nuestro digno consocio honorario Mr. Eagene Rolland. Dicho Alma'
naqiie^ en un todo análogo al correspondiente al año de 1882, de que
nos ocupamos brevemente en los números primero y tercero de esta
Revista, forma un pequeño y elegante tomo y comprende, además del
almanaque propiamente dicho, las señas de los folk-loristas europeos,
con una ligera indicación bibliográñca de sus obras y artículos. España
se halla representada en la lista de ambos almanaques por los señores
que á continuación se expresan:
D.» María Maspons y Labros.
D. Manuel Milá v Fontanals.
V
D. Francisco Maspons y Labros.
D. Francisco Pelay Briz.
D. Antonio Machado y Alvares.
I). Francisco Rodríguez Marín.
D. Joaquín Costa.
D. José M anterola.
D. Alejandro Guichot y Sierra.
D. Luis Montoto y Rautenstrauch.
D. Juan A. Torres Salvador.
D. Manuel Jiménez Hurtado.
P. José M.» Sbarbi.
— 430 —
Como nuestros lectores pueden comprender, esta lista es aún muy
deficiente, y Iiabrú de aumentarse en los años venideros con los nom-
bres de otros varios folk-loristas que existen en Espafía, y que sin da-
da no se encuentran aunen comunicación con el Sr. Rolland.
A más de lo anterior, el libro que nos ocupa inserta Les Chanta de
Quéie en Normandíe, acompañados de la música, y una curiosa sección
de Variedades, que comprende un Cuento árábc^ un Cuento del Jura,
una Oración de la BressCy unos Proverbios criollos de la Guyana fran-
cesa, compilados por el distinguido mitógrafo Luís Bruyere y Adivinan-
zas, de la baja Auvernia, recogidas por Paul Le Blanc.
Este Almanaque, acabado de imprimir á fines del pasado Noviem-
bre, es un precioso librito, cuya adquisición recomendamos á nuestros
lectores, especialmente aquellos que, interesándose por el inmenso mo-
vimiento folk-lorista que hoy se desenvuelve en Europa, deseen estar
en fraternal comunicación con todos los que se dedican al cultivo de es-
tos interesantes estudios.
*
*
Se ba publicado el tomo quinto de el Folk-LoreRecord de Londres,
el cual comprende las siguientes materias:
Mahinotjion studies, por Alfredo Nutt.
Aijricultural Folk-Lore notes (ludía), por Lieutenant R. C. Temple.
Boumanian Folk-Lore notos, por Mrs. E. B. Mawer.
Bihliojraphy of Folk-Lore. publica ttoíis^ in English, por G. L.
Gümnie.
Folk-L^ore collcctcd in lo. Wc.rford, por K. Clark.
Childrrns' (jame rhi/mcs, jíor MÍ8h Alien.
A más de estos ¡mi>ortantea trabajos, entre los cuales llaman núes*
tra atenci(')n las Xofa.s sobre el saber popular agrícola y la excelente Bi-
blio'/rdfia del entenditlo é incansable secretario de ]íx Folk-Lore Socictt/j
íjue incluve en esta })r¡niora i)arte de su trabajo ciento una indicaciones
bilíliográlicas, sin salir de las letras .1 y B: publica el Archivo del Folk-
7yorr(]ne nos ()cui>a la re¡nii)resi()n de una colección de fábulas y leven.
das indias de Norle-Aniérica, con curiosas notas y noticias respecto á
obras y asuntos folk-lorísticos: y, por último, el cuarto informe anual de
la Junta de la Sociedad Inglesa del Folk-Lore. en que nuestro digno
consocio bonorario Sr. (¡omnie da cuenta á aquella Sociedad de la cons-
titución del Folk-Lore Andaluz, y de las asociaciones formadas en Por-
tugal y Noruega con idcntico objeto, poniendo, como apéndice á su in-
ft)rnie, el del coniitó creado especialmente para el estudio de los cuen-
tos ))oj»ulares. l'ste ctnnité aconi])aña á su informe tres esquemas de
( la.siíicac¡t<n, (|uc darcuíos á conocer probablemente en uno de nuestros
— 431 —
números próximofl, por cuanto facilitan el desenvolvimiento de los estu-
dios niitográficos.
*
* *
El distinguido folklorista portugués Sr. Consiglieri Pedroso acaba
de enriquecer su importante colección de Tradi^oes populares ])ortu.
guezaSf con las nuevas monografías, números x y xi, intituladas O Ho-
men das sete dentaduras y O Diaho. Aparte del valor intrínseco de estos
trabajos, se comprenderá desde luego la magnitud del folk-lorista y mi.
tográfico, haciendo saber que son valiosos materiales para el estudio y
conocimiento de la etnografía portuguesa, mitología, cantos, usos, cos-
tumbres, supersticiones, proverbios, juegos infantiles, cuentos, leyendas
y tradiciones locales del pueblo portugués; siendo además una precio-
sa página para el estudio de lo maravilloso popular.
*
Hemos tenido el gusto de examinar unas bonitas fototipias á dos
tintas, del tamaño de cuarto de placa, representando varios juegos in-
fantiles; hechas en Palermo, con destino á ilustrar el tomo xiu de la
Biblioteca de las tradiciones populares, del Sr. Pitre. El procedimiento
foto-típico tiene efectivamente sobre el fotográfico las innegables ven-
tajas de la inalterabilidad y persistencia, la economía de tiempo y de
dinero y la facilidad de poderse hacer grandes tiradas; esto no obs-
tante la fotografía perfeccionada con el procedimiento instantáneo, en
que se utilizan los cristales preparados al gelatino bromuro, es, en nues-
tro sentir, preferible, por su precisión, brillantez y verdad, para los al-
buras de juegos, bailes, fiestas y costumbres populares, en donde es
necesario sorprender, si así podemos decirlo, la iiltima determinación
de la realidad. ¡Lástima que estos estudios estén tan en su principio,
que los folkloristas no puedan utilizar para aquellos los últimos adelan.
tos, los modernos perfeccionamientos de la Ciencia y el Artel
*
En el próximo número del Archivio de Palermo, se publicará la
música de los pregones de Vicentito el florero, tomada al oido y escrita
hábilmente por nuestro querido consocio Sr. D. Leoncio Lasso de la
Vega; música que servirá de ilustración al articulo del Sr. Machado y
Alvarez, intitulado Quijá el florero.
— 432 —
Ubioos Ins RrHciBB ni liisliriíüido celtólngo Sr. D, II. Gftidcw.|
Iti noticia cjiíL' (lii del Fnlk-Loie Andahíz en el número
(1882) de BU acreditada piibliearión la Berite Cclti^w, de que h
atención de reniitimoe un ejemplar.
Por segunda ven ennipliiiios p1 gralisiino deber de dar loa
expresivas gracias ai Sr. Director y liednetoreB de ta muy aiTcdlUidk
revista madrileña La América, por el deainlereaado y valioso apojro
que ha prestado á nuestra naciente Sociedad, con la inaercion de Ua
•Basen drl Fotk-Lore Esjiainl y Realamenlo ilrl Folk-Lore Andaliu,*
estatutoa que van precedidos de una inteligente y caluroca exritncion
& las regiones americanas, para que en ellas se eeüiblei[.-a también ana
instituciou tan útil y, casi podriamoB decir, ton indispensable para la
recDiutruccion do la liistoria interna de los pueblos, no CBcrita toilavi*.
La Dialectología, la Mitología comparada y la Demopsicologia, exigeii
de consuno la creiicion de Soci<'r!adfs <}e Folk-Lore en todas las nrgioni»
y patees; ellas han de contribuir poderosamente, uo sólo al desenvolvi-
miento de !aa importantes ciencias indicadas, sinoáestablccer s^tjdoaé
inquebrantables vínculos de fraternidad entre todos los pueblos. Digno
de meditación es en este sentido el encélenle opúsculo del ilustre mitó-
grafo italiano Angelo Dalmedico, intitulado Deilafratf llanta 'Iripopaíi,
nríleiraditioni comuni; y motivo de verdadera eitrañeaa es ¡lara nam-
otros el escaso apoyo que nuestra naciente institución ha encontrada
en la prensa madrileña, excepción faecba de un escaso número de pe-
riódicos, entre ios cuales ügura en piimera linea Lii América, á quiea
debemos por este motivo mayor gratitud aún de la que, en cualquiec
otro caso, hubiéramos debido, jiot su generosa proimganda, tan psr-
fectamente sintetixada en estaa palabras: iAbí, pues, el Sn quo m> pro-
pone la sociedad formada en Sevilla, es un fln de altísima trascendeada,
y que merece llamar seriamente la atención de cuantos se pr«ocnp«B
de tan arduas cuestiones, que encierran el origen de loa pueblo*. Al
procurar nosotros— en la corta medida de nuestras fueraas — eooM
con nuestra humilde propaganda al logro de ese fin, aim¡4iH
deiiHiotii la pálrÍti....eU'.'
i. T O.
ANUNCIOS
Oltfn-úrí&Hfi tobn la Ponía )a¡iinlai-. por D, M&nael Milá j
ntotutls.— Barcelona.— Un lomo.- 1858.
mancu-itlü i^aialnit. por D. Manuel MUa y Fontauale.— Car-
-Ua tomo.-185a.
'•'ía fHifiitar fuimíinlit ¡t inltul"yi« •/ }ÍtrralHra cftt^-hiipoHú»,
Wr D. Joaquín Costa, profesor da la ¡nttituHon UbrK.—Vn toreo
ü 4.'-Png8. VIH, 500.— Madrid, 1S8L— fiO ra.
M J'iirhlo, liÍFtorín nmnrrtsa jiopnlnr, nnlfliiBit» é iltií-
tA3« Jiiir F. Rodngtipz Marín, socio fncultutivo itiil t'iAh-ljitr .!«■
ií<rf"í.— Kti 8.°— 7U pagH.— Sevilla, Praocisco Alvnrex v C, «íi-
-IH82.
Oiui^i nifiitrnulm jwpiihrfn, por F. 1(ciclri};ii<tx Mariu, lOoío
lOultiiUvo <lol ¡•'(•IkUirtí .itiflalui. — Un ouftderiin da H lióg«. —
tevilln, ÍiD|ircntii do Cntloe MirCa SBtilíf,'(»i«.— 1H«0.
irnií}! finpiilarfii npañiili-» oot]ti>t>iJo§ CU Ins prodaccioDOS
_rmniÁUL'aH Ais (Iniderun do In Barca, Tirso de Molina. Alarcon y
Uonto, 00» notas y kiografiUM, por Manuel Jitnunes Hurtndo,
'hjiofocnltativodcl Folk-Lnr» ,■!»-/«;«;. — SL-villa, Bil.üoU-ea oicu-
Sco-liternria. -1S8I.- Un lomo cu H."-3Ü0 piigs.- lü r».
C'i'lrfrinn tlf f'nújtaat i/ A ilirí na man, j}or Demrifilo, socio íacnl-
taKvodol ¡-'"Ik-Urf .4jula¡u:.—Vu tomoen S.'-I'ufB. 4»0.— Se-
ilU, impronta do Haldarmiue.— 16H0.— a peaotas.
Colferion ifí raata t1americ<-¿, por I>«m<'>lilo, Bocio fucultatÍTO
hü VM-lMn .UUatui.^Vn tomo on8.--P«SS. X\TU. 200.—
Tilla, imprenta do Kl ronwiiV.— 1881.- L'u» pcBclA.
Prinwr ranrimimi ilr r»¡itaii jJaiiirjiraM /ín/ixíiirc», eompiiMtail
,^na el estilo do Andalucía, por M^nnnul BaitnaMida j Gonxnlnc.
Cp tomíto lie 1114 páginas al pr»Ío de iiiin pc«L-tn.— Impronta áo
^„ Hiilalgo y C.'-SovUla.-IíWl.
f'üntei ¡•"¡•••litm fni'ail-ilm, rcco^idoB, ordenado* r iliulnuln»
f Francisco Itodriifiir/. Murlti. sucio rnoDltaüv» iltil Fulb-I^iv
^ndaJua. — tittv'úl», Vnnei*c'i Alvares y C.\ editort^a, Tetunn ül.
-Cinoo tomos dn Sfiü y&H»- pri'xiuoamtmto uda uuo.—
D de U obm i'i'SÜ pasctaa por siuoricúiu.
In itenvuoa. u rRAKcnm khTAtttt t
MAPA TOPOGRÁFICO TRADICI.ONALI
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
INTERROGATORIO
tiUortnH. nnrniijalr". nlíviiri'
Uos<|Uoi>ii tonnttguo cxiAtlerun encLn
"> pneiiian algunas trntlitioBcB 4 1m
Ujngfli-'i.-
itunibrtHi.
10.' I'urnjfs 8(pS]H!fliiiai)« y iiruíi i .
fccJifiríua- Cnicts. Su» noiulirt-B y níiini
Dii ilif hua riliaH.
U,» ¿C'mllwHHonloitsitloititptwi-
tn.MhimlilimJu bHtfllkNoouirulvKlr.i'
we i^ui-iilJi iIi<c-iaH iiHtuIlHS? íMq^ vuñl\):i< ^
tiiüoa vn (\uo t» Aienm'/
13.* /.Sitpl(-ii pncuntrarso pii eso l^rtuitin |it<
- ' ' - ,~.. , ^ KoniVi,
6 Un*«u8 potrlflciidoBl' >
^^^Aüol. ExciLO liE 1883. NO». 11. ^^1
H 1)l ■^olk-Lore Andaluz ^M
^^^B Ú r(íiiiio di-' )ii Sociedad de <^'stc nombre, ^^^^|
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SUMARIO
Pi.'laJ™ l.:pk... .1i. !■ .1.1='. V..-- '1.- -r
D. ¿«u aritni.ii.'
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pripniarmaHil-Juii - '
m.-JHo.-Notíciaa,focA. 0.^ S.
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SETILLA.— O'Donoell 22.
^H IAZIVZ.LG MADUZD PAIIIH ^^H
^BoTTO HAM.UtJWiCIIT C. ll.UUl-U.ULLICIIIÍ MAISIlWELVe tT C." ^H
REVISTA. MKNSUAt.
LV.nsUrA de iS páglnaa, en 4.° y di^ [ihiwI y tipos Bemcj«nil
los lU'l iireiK>nte nániero,
Ksta revista. 4rg>uio de In Souiüdtni du lüclio nombro, se O'
lA de las materias eonteiiidas fn lus priiiu'in» Je las fímsi-s Ae El 1
Lore Eupafiol y «n ¡liialrarA, Begun wl aaiintu lo uxíjn y oí «BUdo]
Iqs fondnn de la íloiríednd lo (.■onsii.'ntu, i-oa grubndoa, ini^ti^si, etfi
El proeio íIb In siisericioii jiiira Iob sfAoct'Hijup no pertiin»«ct
Iel SocÍGilnd, es du 3 piísetiiH por trimeBtre, «n tudas liu iimvincisi
Ib iitíiifnaiiln ibírU-u; de 16 i>esetaa por afio en el [■xtrimjtTo; vdd
püBtittis por nflo en Vltrfluiar. Niínidros Buoltos, udk ptW!t« i
penfnBHlii, 3 pesetas on «I extranjuro y 3 pcBetan yii TÍUr»ni«r.
Piigo de la Biiscriciiiu, mlcljiíitado, No se Bervirii iiingun \v
iiue no seliai^H acmnpftflindolti uon su importe,
rarn todo tu roriireutc A loa asuutne de la Direcdon y S
ría, envío de libtos y ijcriódk-os, iniinusiTritoB, BrtítuioH, t'tc., dtri
se A I). Antonio Machailo y Xlvareis, Sfi.'rcturio de El Ptík-^
Andnlitx, calle O'Donnell, 22, Sevilla.
La oorrospoudeneía rolati^'a á la Adminietradon il« estA Hen
nu dirígiri i D. Francisco Alvarcz, Telitun 24, Sevilla. '
ADVERTENCIAS.
1." De toda «h
liüvinla, do i|Ue se
Sñrcion Bibliognifica
'¿.' También ae dará á -conocer, «n aiiBecdotí respnetira, ti
Biiuellua Irabujos, L-oliveiones de inaloñales, desuubriinjftntot, '
yet'toB, excursiones, reuniones, etc., rvlalivos al objeto y fino»
FolkLurt Andaluz y ileuiás Sociedades análogas, une por m '
lancia y conv-enienei» lu oxjjan.
3.* Siendo esta Sociedad oniinontenieutí inreetiga/Iora y a
Hitando del ofica* conciirsn de todos sna miembros, se mc^a i b
Itia flocloB y BUaoritorea se sirvan remitir eaantas obscrvariuní
notieias puedan ndijuirir relativas d Ina inutcrína que sueeslm
He vayan IraCnndo en los niiuieros de esta Ilevisla.
4.' Con el olijeto de mantener «ntre todon loa aorio« aati
inunieaoion eontinua, ae estalileierá una Skciíoii eapecúl, di<«Uñf
A la Cm-rrgpondfucia, donde se inaertariln las iireguntus y mi[io
LISIIOA
P. PLANTIER
Jtí>MA
Xenemos una viva eatieraceióii en re-
producii* al fVente de este niümero el
interesante articulo publicado en la Re-
vista El Folk'Loi'e Frexnensej por nuestro que-
rido amigo el Sr. D. IL<ufs Romero y Es-
pinosa, Presidente de aquella Sociedad:
dicho articulo , como ver&n nuestros
lectores, no es, como de su modesto
título parece desprenderse, una mera
noticia bibliográfica, sino una rica serie
de concordancias entre las coplas^ diclws y refranes portugueses
y españoles^ especialmente extremeños^ referentes á demotopogra'
fía ibérica; concordancias que van enrique-
cidas con numerosas notas y observa-
ciones, de gran importancia para la
clasificación de aquellas producciones
populares*
La Redacción.
DICTADOS TÓPICOS DE PORTUGAL
COLLIGIDOS DA TRADICAO ORAL POR J. LeITB DB VaSCONCELLOS
Barcéllos, typ, da Aurora do Cavado^ 1882
Con este título ha dado á la estampa el ilustrado niitógra-
fo y literato portugués señor Leite de Vasconcellos, un opús-
culo de 31 páginas en 8.0, donde ha reunido sesenta y seis ma-
nifestaciones de la musa popular que, afectando ya la forma de
N.° 11
— 434 —
refranes, ya la de cantares. (cnniUias hincai') ya la de fras
dichos, contienen ehyios, npodosy referettciaa tlireivas de f
tes y poblaciones iiortugiiesas, y forman, por decirlo asf,d
página déla demo-toiiografia lusitana.
No invadiremos el terreno de la critica al tratai' de ^
colección. Reducida A un simple acopio de materiales, todaj
escasos para fundar en ellos teorías más ó menos aventura
que contribuyan á esclarecer el campo de la demo-psicolod
se hace recomendable principalmente como tal colección yJ
vela el buen aeu&ido de su autor al abrir cou ella un cApíq
apai'te en el libro del Folk-Lore; capítulo tanto nifis intei-e
te cnanto que de él pueden surgir enseflauzas para la deii|
antes indicada. Liniitarénionos, por tanto, ¿ dar idea del og
culo insertando algunos de sus diclailos, así como los similq
que han llegado á nuestra noticia.
El seíior Vasconcellos, como j'a se ha dicho, clasifica los
materiales de su colección en rlogios, ajtodos y referencias dircr-
sas y hace respecto á estos tres grupos las observaciones
guien tes:
«Eloüios. Como qniera que los dictados de esta clase
repetidos por gente eslraña alas localidades á que ellos se
fiereu. no lo son evideuteniente por los naturales.— Apuhhs.
Por ellos se conoce la rivalidad que existe enti'c nuestras po-
blaciones, especialmente entre las que se hallan situadas A cur-
tas distancias. Muchos psicólogos quieren ^'er en esta rirati-
dad un vestigio de las tendencias hostiles de los animales
ñores al hombre, los unos hacia los oti-os. tendencias qne
cialmente reconocen su origen en las necesidades de la h
por ía e.r¡steticia. — llEFERENCiAsnnERSAS. Este miembro di
clasificación se distingue de los otros dos en que los tUtbot]
él comprendidos no son propiamente elogios ai apodos.*
A nuestrojuicio el autor del opúsculo que exaniipj
se ha colocado pu el verdadero punto de vista al distribuir
las tres clases citadas los cantares y dichos locales, si bies^
ircr- II
; » I
— 435 —
ha detallado la clasificación lo bastante para poder ordenarlos
cómodamente, cuando sea más numerosa la colección y se tra-
te de hacer comparaciones entre las de dos ó más paises. Acaso
esta deficiencia nazca de la índole misma de la compilación
que, por lo exigua, no permita establecer subdivisiones. De
cualquier modo, celebraríamos que al hacer otra tirada del
opúsculo objeto de estas líneas intentase detallar la clasifica-
ción establecida, porque tenemos derecho á esperar mucho bue-
no del ilustrado criterio del colector.
Nosotros, siguiendo sus huellas, también hemos recogido
cantares y dichos locales, cuya analogía con los de la nación
portuguesa nos impulsa á darles cabida en este trabajo, deseo,
sos de ofrecer al docto folklorista del vecino reino otra colee,
cioncita, semejante á la suya, que ensanche el campo de sus in-
vestigaciones.
Vamos desde luego á presentarla en el orden que preside á
la portuguesa del señor Vasconcellos, marcando las concor-
dancias de mayor bulto entre una y otra.
Elogios
1 Sevilla para el regalo
Madrid para la nobleza.
Para tropas Barcelona,
Para jardines Valencia.
2 Cantillana, la llana,
Sevilla, cielo;
Brenes el purgatorio
Donde yo peno. (1)
3 Quien no ha visto á Sevilla
No ha visto maravilla.
4 Quien no ha visto á Granada
No ha visto nada.
5 A quien Dios quiso bien
En Granada le dio de comer.
(1) Cantinana y Brenes pertenecen á la provincia de Sevilla.
— 436 —
6 Quien no vído á Lisboa
No vido cosa boa.
7 Badajoz, tierra de Dios.
8 Camaya, tierra de Dios,
Co^tantina de galanes,
GuarcanA de güeñas mo^as
Y er Pedroso d' olitares. (1)
9 Tres cosas tiene Zamora
Que no las tiene Madrid:
FerO'Mato, La Gobierna,
Y el paseo de San Martiu. (2)
10 Fregenal de la Sierra
Todo ventanas;
Miradero de bobos,
Jaidin de damas.
El número O parece reproducción literal del didndo por
tugues señalado con el 2 en el opúsculo á que nos referimos.
Dice así: Lisboa, coisabóa. También son, si nó idénticos, mny
semejantes entre sí los diez antes apuntados y estos otros de la
colección del señor Vasconcellos:
Coimbi'a,
Censa linda.
Pesqueira,
Linda roseira.
Das cidades é o Porto,
])as villas, Villa-Real,
Nao ha térra como a minlia
No reino de Portugal.
Dicterios
Agrupamos bajo esta denominación los cantares y dichos
locales que en la colección portuguesa llevan el nombre de
(1) Cazalla, Constantina, Giiatlaloanal y el Pedroso están situa-
dos en la provincia de Sevilla.
(2) Kn Zamora llaman Pero-Mato á nna estatua de hroneecon <jut»
remata el reloj de la i)laza, y la Gohimid á una veK'ta en forma de mu-
jer que está colocada encima del arco déla cabeza del puente.
— 437 —
apodos. Son mucho más abundantes que los elogios, sin duda
porque obedecen á una ley biológica de mayor alcance.
1 1 Del andaluz
Guarda tu capuz.
12 Asturiano, ni mulo ninguno.
13 Al andaluz
Hazle la cruz,
Al sevillano
Con una y otra mano,
Al cordobés
Con manos y pies.
14 De Barcarrota,
La que no corre, trota. (1)
15 De la Fuente, (del Maestre)
Ni burro, ni gente;
Y si puede ser
Ni mujer. (2)
16 Eres de la Higuera
Junto áFregenal;
Si no la has pegado
Ya la pegarás. (3)
17 Del toledano
Guárdate de él tarde ó temprano.
18 Olvera, ni por la vera. (4)
19 De Morón, ni el sol. (5)
20 De Osuna, ni la luna. (6)
21 De Jerez, (de los Caballeros)
Ni muía ni mujer. (7)
(1
(2
(3
(4
(5
(6
(7
Provincia de Badajoz.
ídem,
ídem.
Provincia de Cádiz.
Provincia de Sevilla.
ídem.
Provincia de Badajoz.
— 438 —
22 De Segura, (de León)
Ni mujer ni muía. (1)
23 De Cabeza la Vaca,
Ni mujer ni jaca. (2)
24 De Medina, (de las Torres)
Ni mujer, ni gallina.
Ni casa que esté de esquina. (3)
25 Ni güey (buey) de Monda,
Ni hombre de Ronda. (4)
26 Ni hombre cordobés.
Ni cuchillo pamplonés,
Ni mozo húrgales,
Ni zapato de Valdés.
27 De Antequera,
Ni mujer
Ni montera;
Y si ha de ser,
Más vale montera
Que no mujer. (5)
28 Si al Real de la Jara
Te vas á vivir,
No te faltarán penas,
Niña, que sentir. ((i)
21) El viento y el varón
No es bueno de Aragón.
30 Granaíno,
Ladrón fino.
31 DeSalvaleón,
O contrabandista ó ladrón. (7)
32 De la Fuente (del Maestre) y con serón,
Ladrón. (8)
(^^ ídem.
(2) ídem.
(3) ídem.
(4) Ambos pueblos son de la provincia de Málaga.
(5) Pertenece á Málaga.
((>) Provincia de Sevilla.
(7) Provincia de Padajoz.
{^) Provincia de Badajoz.
— 430 -~
33 El mejor garbanzo y el mejor ladrón,
De Fuente Sanco son. (1)
34 Jerez, de los caballeros,
Fregenal, de los señores,
La Higuera, de los borrachos,
Cumbres Altas, de ladrones. (2)
35 En Montemolín,
Campanas de palo
Y gente ruin. (3)
3G Cañizar y Villarejo,
Gran campana y ruin concejo. (4)
37 Falencia, la necia;
Quien te oj^e te desprecia.
38 Obispo de Calahorra,
Que hace los asnos de corona. (5)
39 Adivino de Marchena;
Puesto el sol, el asno á la sombra queda. (6)
40 El tamborilero de Bodonal,
Que tocando, tocando, se le olvidó tocar. (7)
41 Médicos de Valencia,
Luengas haldas y poca ciencia.
42 Los de Segura (de León), son piñonei-os.
43 Los de Fuentes (de León), zorros,
44 Los de Llerena, alumbradores.
45 Los de la Puebla, los provincios.
4G De Monesterio, paldos.
47 De Bienvenida, Iwcicones.
(1) Provincia de Zamora; produce riquísimos garbanzos.
(2) Los tres primeros pueblos son de la provincia de Badajoz, y
el último de la de Huelva.
(3) Provincia de Badajoz.
(4) Pequeñas villas en la provincia de Teruel.
(5) Provincia de Logroño,
(G) Provincia de Sevilla.
(7) Provincia de Badajoz.
— 440 —
48 De Calera (de León), vahídos. (1)
49 En Cubas son horradlos
Y en Griñón micos,
Y en Carranque rebuznan
Como borricos. (2)
50 Ugena del demonio
Tiene tres torres
Y por eso la llaman
Engaña-pobres. (3)
51 Desde aquí te estoy viendo,
Tierra de Humares, (¿Humsines?)
Que pareces cabana
De melonares. (4)
52 Tierra de Campos,
Tierra del diablo;
Sueltan los perros
Y atan los cantos. (5)
53 Fregenal,
mala villa,
peor lugar:
tiene tres fuentes,
tres puentes,
tres jurisdicciones,
(1) Los puel)lo8 citados en los números 42 y siguientes hasta el
48 ¡nelu8Íve son de la i)rovincia de Badajoz. Llaman piñonrros á los de
.Segura de I^eún, porque abundan allí los pinos y se dedican á vender
I)or los i^uebluH inmediatos los piñones. Los de Kuente de Leiui reciben
el epíteto de zorros^ segiín unos, ponjue tienen fama de avisados y sajjja-
ces, y, según otros, porque dieron una pesada broma al cura del pueblo
llevando á bautizar una criatura que se creyó sería humana, resultando
luego que era un zorro.
l\esi)ecto á los niotes alumhradores, prorincios, jjalcfoa, hocicones y
rabudos^ nada ha llegado á nuestra noticia que los exj)lique.
(2; Ignorauíos qué Cubas es el aludido porque hay tres villas de
este nombre, una en la provincia de Lugo, otra en la de Albacete y otra
en la de Santander. — Carrancpie (de Suso?) Se halla en la provincia de
Toledo, y Griñón en la de ^ladrid.
(3) Pertenece á la provincia de Toledo.
(4) lluma/ir.s (de Madrid?) Si es este el pueblo á que se refiere la
copla está en la ]>rovincia de Madrid.
(5) Territorio que formaba antiguamente un partido de la pro\ in-
cia de Palencia, y se conq»onía de :M ])oblaciones, parte de las cuaL'.s
jícitenecen ahora á la j)rovincia de N'alladolid.
— 441 —
ti'es malas generaciones,
de monjas dos conventos
de c... mil quinientos,
de p.... no hay que contar. (1)
lAy Fregenal, Fregenal!
54 Ruin con ruin, que así casan en Dueñas. (2)
55 De Jerez
Ni buen "viento,
Ni buen casamiento,
Ni mujer que tenga asiento.
56 No compres muía en Tendilla
Ni en Brihuega compres paño,
Ni te cases en Lupiana,
Ni amistes en Marchámalo: (3)
La muía te saldrá falsa,
El paño te saldrá malo.
La mujer (te) saldrá.... liviana
Y los amigos contrarios.
He aquí las concordancias más notables que hallamos
entre este grupo de nuestra colección y el análogo de la del
Sr. Vasconcellos: los números 11, 13 y 17 de aquélla corres-
ponden al 38 de la portuguesa; el 18 al 33; 30, 31, 32, 33 y
34 al 32; 43 y 48 al 53. Véanse:
Livra te do Moiro e do Judeu
E do homem de Vizeu;
Mas lá vem o braguéz
Que e peior que todos tres
(E o do Porto com seu contracto
E' peior que todos quatro.)
Mirandella
Mira-a de longe
E foge d' ella.
(1) Estas iniciales indican dos epítetos que, por lo groseros, no
nos atrevemos á estampar.
(2) En la provincia de Oviedo hay una aldea que lleva este nom-
bre, y en las de Teruel y Falencia otro pueblo que también se llama
Dueñas. Ignoramos cual sea el aludido. Quizás el primero por ser el de
menos vecindario.
(3) Los cuatro pueblos citados son de la provincia de Guadalajara.
N.o 11 2
— 442 —
S* Martinho de Leitóes
Vinte e nove freguezes,
Trinta ladróes (com o padre.)
Os de Nagosa
Tem rabo como raposa.
Simples referencias
57 Jerez
Corto de vista,
Largo de pies. (1)
58 En Badajoz está Dios,
En la Alconera S. Pedro
Y en Fregenal de la Sierra
La Virgen de los Remedios. (2)
59 En Constan tina celebran
A la Virgen del Robledo,
En Cazalla la del Monte
Y en San Nicolás, S. Diego. (3)
GO La Vigen de Gua¿toca
Tiene un hermoso luna
En er carri?/o í/i.squierdo
Mirando pá Guarcauá (4)
G 1 Cazalla y Guadalcanal
Tienen los pastos comunes
Y yo los tengo contigo
Sábado, domingo y Lunes.
G2 Kn Castilla
El caballo lleva la silla.
G3 Negar que negar,
Que en Aragón estás.
(1) Jerez de los Caballeros (provincia de I'adajoz) está .«situado
en una eminencia que lo liace v¡8Íl)le á (¿mu tl¡8tan<'ia, é induce ai via-
jero ii creer en su proximidad, dejándole luego chasi]ueado.
(2) San Pedro y la Virgen de los Remedios son patronos respec-
tivamente de la Alconera y Fregenal. Los dos pueblos están en la pro-
vincia de Badajoz.
(3) Pertenecen á la ])rovincia de Sevilla.
(4) La Virgen de (luaditoca es patrona de Cíuadalcanal.
— 443 —
()4 De Retortillo y Bohada
Son los vaqueros,
Y de Sepeculario
Los carboneros. (1)
G5 El diablo está en Cantillana
Y el arzobispo en Brenes. (2)
66 Cásate en Monesterio
Y harás fortuna,
Que con 60 reales
Tendrás mujer y burra. (3)
67 Adiós, puente de Tudela;
Por debajo pasa el Ebro,
Por encima mis amores
Que van al degolladero. (4)
Var. Por debajo pasa el agua,
Por encima mis amores,
Voluntarios de Navarra.
68 Ojos que te vieron dir
Caminito de Llerena,
¡Cuando te verán venir
Para alivio de mis penas! (5)
69 La aseada de Burguillos. (6)
70 Noche toledana. (7)
Las mayores analogías que se observan respecto á este
miembro de división entre ambas colecciones son las que ofrece
la portuguesa en sus números 50, 63 y 66, con los 66, 67 y 70
respectivamente de la española. Dicen así:
(1) Los tres pueblos citados son de la provincia de Salamanca.
(2) Provinci«i de Sevilla. Fernán Caballero refiere el origen de es-
te dicho en su novela de costumbres, La corruptora y la ¡mena maestra
capítulos.*
(3) Provincia de Badajoz.
(4) Ciudad en la provincia de Navarra.
(5) ídem en la de Badajoz.
(6) Frase proverbial é irónica. Aplícase á las mujeres que son su-
cias, porque, según el vulgo, habia una en Burguillos que al freir los
huevos escupia en el aceite para saber si estaba caliente.
(7) La que se pasa sin dormir. Quizás aluda esta frase al degfiello
de los 308 magnates amotinados en Toledo contra el Walí Yusuf en
tiempos del califa Al-Hakem I, los cuales fueron decapitados por Am-
rú,de orden del Walí, el año 80C de nuestra Era.
— 444 —
Voume casar a Salzedas,
Que me derao por degredo
Que e térra de muito padre,
Canta lá o cuco cedo.
Rio Thedo, rio Thedo
Rio de tanto penedo:
Se nao fóra o rio Thedo
Nao tinha amores tao cedo.
Noites de Lamego.
*
El examen de los materiales acumulados en este insigni-
ficante escrito nos ha sugerido la idea de clasificarlos, tarea,
sin duda, superior á nuestras fuerzas, y de la cual sólo nos atre-
vemos á aventurar un leve bosquejo por lo que se refiere á los
dicterios. Permítasenos dar á conocer este esbozo de clasifi-
cación provisional, siquiera con el objeto de que otros más com-
petentes puedan reformarla y dar un organismo verdadera-
mente lógico á la materia.
Dicterios.
A. Indeterminciclois^
a. CONTRA GENTES.
a' De una comarca:
ej. a1 andaluz hazle la cruz.
a" De una localidad,
ej. Del toledano, guárdate de él tarde ó tem-
prano.
b. CONTRA POBLAÍ^TONES.
ej. Olvera, ni por la vera.
c. CONTRA LAS COSTUMBRES Ó LAS CO-
SAS DE UN país.
c' Creaciones íj productos naturales,
ej. Ni (jüey de Monda, ni hombre de Ronda.
c" Productos INDUSTRIALES,
ej. Ni hombre cordobé.^,
Ni cnchiUo pnmplonrs,
Ni mozo bur^i^alf^s,
Ni zapato de Wddcs.
c'" Relacione.s sociales.
ej. Si al Real de la Jara
— 445 —
Te vas á vivir
No te faltarán penas,
Niña, que sentir.
O. Determinudos.
d. CONTRA GENTES.
d' De una comarca.
ej. Bearnés,
Faus e courtés.
d" De una localidad,
Censurando:
1. Faltas ífc moralidad.
ej. Granaino, ladrón fino.
2. Vicios.
ej. Jerez, de los caballeros,
Fregenal, de los señores,
La Higuera, de tos horradlos,
Cumbres Altas, de ladrones.
3. Defectos,
ej. En Montetnolin,
Campanas de palo
Y gente ruin.
4. Impericias profesionales.
ej. Médicos de Valencia,
Luengas haldas y poca ciencia.
d"* Dando apodos.
ej. Los de Segura (de León) son piñoneros.
e. CONTRA POBLACIONES.
ej. Ugena del demonio
Tiene tres torres
Y por eso la llaman
Engaña-pobres.
f. CONTRA LAS COSTUMBRES Ó LAS COSAS DE UN PATS.
f Creaciones ó pro-'. No compres muía en Tendilla,
DUCTOS NATURAEEs Ni CU Brihucga compres paño,
i Ni te cases en Lupiana,
f Productos indus-( . Ni amistes en Marchámalo:
tríales. , , .i^^' La muía te saldrá falsa,
\ El paño te saldrá malo,
f " Relaciones socia- La mujer (te) saldrá... liviana
LES / Y los amigos contrarios.
— 446 —
Échase de ver, á la simple inspección de este cuadro, que
si bien encajan en él todos los cantares y dichos locales que
denominamos dicterios y quedan trascritos, hay algunos, sin
embargo, que, por la complegidad de su contexto, se prestan a
ocupar más de un sitio en la clasificación adoptada.
Verdaderamente típicos de cada uno de los miembros que
aquella comprende no se encontrarán sino en corto número.
Esto nos hace presumir que no hemos estado muy felices al
clasificarlos; pero, sea de ello lo que quiera, cúmplenos ofrecer
modestamente nuestro trabajo á la consideración de los lecto-
res para que pueda ser corregido ó reemplazado por otro, hecho
con mejor acierto.
Para que se vea que no sólo en refranes y coplas censura
muchas veces la musa popular, otras elogia y no pocas alude á
las costumbres ó condiciones peculiares de los pueblos y de sus
habitantes dándoles apodos, vamos á insertar un fragmento
del romance titulado Tonada de la Ranilla, que deseamos co-
nocer Integro.
Tona de la Rambla ^^
Atención, que ya comienza
La tonada de la Rambla.
En Almendralejo trigo,
En Villafranca cebada, (2)
En Los Santos buenas mozas,
Pero están muy lastimadas
De subir aquellas cuestas
De llevar el pan á Zafra; (3)
En Zafra los mercaderes
(1) Hemos oido decir que en este romance se hallan citados se-
senta ó más ])ueblos, casi todos de la })rovincia de ]>adajoz. Estimaria-
mos mucho (jue nos fuese remitida la conclusión.
(2) Almendralejo y Villafranca se hallan situados en la zona lla-
mada tierra de barros, feracísima en productos cereales.
(3) 101 [)Uehlo de Los Santos surte á Zafra de ciertos productos, ya
l^orque no alcanza á consumirlos <) poríjue se pagan mej(u* en el merca-
do de (''ste. Para irácl, los vended(»res tie Los Santos, tienen (jue suhir
una sierra nniy em])inada (]ue separa los d(js })uehlos. A estas circuns
tancias se alude en el ronumce.
— 447 —
Donde está el oro y la plata; (1)
En Valencia los redondos.., (2)
Membrillos de buena casta;
En Burguillos campanillos (3)
Para dar campanilladas;
En Jerez, los caballeros,
Señores de casta y fama;
En Fregenal, lar aleros
De cuchillos y navajas;
En el Bonal leñaores (4)
De á dos reales la carga;
Var, Que á Segura la llevaban;
En Segura madereros
Y aaerraores de tablas; (5)
En Fuentes el vino tinto, (G)
Pero tiene una falta,
Que lo bautizan los zorros (7)
Como personilla humana;
En Cabeza la Vaca jarros
Que con tres hacen la carga;
En Cumbres revendedores
De los peros y castañas; (8)
En la Fuente del Maestre
La condición de la cabra;
En Jabugo buen tabaco; (9)
(1) Zafra tuvo hasta hace poco tiempo un comercio tan floreciente
que mereció por ello el sobrenombre de Sevilla la chica.
{2) Redondo se dice por oposición á agudo, perspicaz, de claro
entendimiento.
(3) Las cencerradas de Burguillos son célebres por lo estrepitosas.
(4) Bonaly Bodonal. Dícese que en su origen se llamó Bodegonal
porque donde hoy se asienta ese pueblo estaban ante las bodegas de
Segura (de León). Leñaores. Reciben este mote los naturales de Bodo-
nal porque hay muchas encinas en el término de este municipio. El
combustible que más se usa en Extremadura es la leña de encina.
(5) Porque Segura de León es muy rica en bosques de pinos. De
ahí el que exploten esa riqueza vendiendo los piñones, maderos y tablas,
producto de los pinos, y reciban el apodo de piñoneros, madereros y
aserradores de tablas.
(6) Fuentes de León produce un vino tinto excelente, que bien pu-
diera competir con el Carió, el Valdepeñas y el Burdeos.
(7) Véase la nota correpondiente al número 48.
(8) La gente de Cumbres A Itas se dedica al comercio ambulante
de frutas y pescados y á la arriería.
(9) Porque en este pueblo se hacia mucho contrabando de taba-
co.— Jabugo, Galaroza, Val verde del Camino y Cumbres Altas pertene-
cen á la provincia de Huelva. Los demás pueblos citados en este ro-
mance son todos de la de Badajoz.
— 448 —
En Galaroza castañas,
Y en Valverde del Camino
Las mejores mozas de España.
* *
Nos hemos extendido seguramente más de lo necesario
para abusar de la paciencia del lector; pero aún así parécenos
todavía incompleto este trabajo. Acháqnese este defecto á la
insuficiencia del que suscribe y sírvale de disculpa, en lo que
tenga de difuso, el deseo de dar á conocer los Dictados tó-
picos de Portugal, y sus similares españoles. De esto modo cum-
ple un deber de compañerismo para con el ilustrado folklorista
portugués y difiere, gustoso, á las indicaciones del amigo,
L. R. y E.
Freg^nal, Noviembre de 1882.
LOS CORRALES DE VECINOS.
(Continuación)
Otra fiesta de las de puertas adentro del corral es una bo-
da, ó ra.yoní), como dicen los vecinos; fiesta que tiens su prólo-
go en la noche del día en que los novios se han tomado hs
dichos.
De cien mujeres del pueblo, en Andalucía se casan ochen-
ta de diez y ocho á los veinticinco años; quince antes de los
diez y ocho, y las cinco restantes cumplidos los veinticinco.
Al casamiento precede el noviazgo, que suele durar años
y años, siglo» para los amantes; y al noviazgo la declaración.
Declararse un hombre á una mujer quiere decir que el
hombre manifiesta, á la mujer ¿i quien quiere, sus sentimientos.
< Fulano se me ha declarado», dice la mujer del pueblo;
esto es: cFulanu me ha dicho que me quiere '.
— 449 —
El pueblo andaluz emplea otra locución para explicar el
deseo de un hombre por entablar relaciones amorosas con la
mujer á quien ama, y es: jyedir la conversación.
No parece sino que el pueblo entiende que eso del noviaz-
go [noviajoy como se dice por aquí) es pura conversación, pala-
bras que lleva el viento, palabrería.
Las formas de la declaración son muy varias: la más co-
rriente está concebida en los siguientes términos:
— Niña: ¿quiere V. darme Ja conversación?
Durante algún tiempo el noviazgo está oculto á todo el
mundo: los novios se ven de tarde en tarde, y se contentan con
mirarse á hurtadillas de sus padres y con decirse al paso algu-
na que otra palabra. Pero las cosas no pueden seguir así; los
amantes sienten ansias por verse y hablarse todos los días, y
desde que sienten ese deseo hasta que principian Apelar la pa-
va trascurre muy poco tiempo.
Se les da un ardite ó un comino, que es lo mismo que si no
se les diera nada, de que todo el corral sepa que se quieren, y á
despecho de sus padres, cuando éstos no ven con buenos ojos
el noviazgo, hablan todos los días á solas, ó en voz baja á pre-
sencia de alguna vecina; y á hablar así se WdíXñdL pelarla pava,
TrascuiTido algún tiempo, y cuando los padres de la novia
se han convencido de que es un hombre de bien y trabajador el
que quiere á su hija, le autorizan para que entre en la sala y
hable con la novia, á presencia siempre de algún individuo de
la familia.
La novia no vive más que para su novio. No va á fiesta al-
guna si éste no la acompaña; se excusa de frecuentar los sitios
públicos; se niega á admitir obsequios de otro hombre; no baila
sino con él, y no canta si él no le da permiso para que cante.
En iguiil esclavitud voluntaria se constituye el novio.
Generalmente los padres de la novia no toleran que ésta
acepte de su galán regalos de algún valor, sino cuando la boda
es cosa acordada; y sólo prometen obsequios insignificantes.
Las muchachas del pueblo consultan con las flores y las
varillas de sus abanicos si sus novios las quieren ó no, y si se
quedarán solteras, ó, como ellas dicen, 2>am vestir imágenes.
N." 11 2
— 450 —
De las mujeres que unieveii solteras, íIípp el pueblo i
van á sentarse eti el ])oUplón, lugar, sin duda, situado eneJ i
mundo, muy próximo á el en que übhe. de estar Pilatos; sup(
tu que el pueblo afirma taniljién, que las mujeres que bajai
sepulcro con la palma de la virginidad se euipleau enlao
da eu dar besos á aquel pei-sonaje.
Dice el adagio:
No ha j Sábado sin sol,
X¡ mocita sin amor;
lo cual, por lo qne á las mucliaclias andaluzas se refiere es i^
verdad como un templo; como tambit^n lo es que t/Klas m i
pepitan por uu aovio; siendo cosa extraordinaria, A del l
Jueves, que una joven Ili^ue & cumplir los quince aAns y i
haya metido e» elqiieret.
Los primeros obsequios qne los uovios cambian eutr
son retratos y rizos de cabellos; que guardan enídadosamei
en relicarios, sortijas y ^uaidapelos, como prendas de i
ciable valor; amén de ílvres, que á vece» tardan en niarchilj
se más tiempo del que duran los amores,
Cuando el noviazgo na cosa seria, el novio depoüiita e
que llegará á ser su compaiíera, todos sus aliorros, para Inn
tirios puco á poco en la compra de los efectos de inovUtttri4{
díspensables para^io»cf- una sala, excepción liecha de la c
matrimonial y de las sábanas y los colchones; porque e
gor qne la mujer aporte al malrimonioestosefectos.
Acordado por los novios el casamiento, el paiieule l
inmediato del vai ón se encarga de pttlir la noria á los psij
de ésta; acto & que se da mucha ¡mi>ortancia en algunos |
blos de Andaluda.
Hasta el día de /n petición, las familias de los proneli^
se han considei ado desligadas de toda relación y han hticl
vista larga sobre el noviazgo de los muchachos: á contar d
de ese día, las relaciones de amistad se estreclian, losp
tes del uno visitan á los del otro, y todos se cousidetan ya \
mo miembros de una sola familia.
Fedida ¡a novia, se seütüa día paia el caj^ajuiento, q
— 451 —
habrá de ser Martes, porque, como reza el refrán: «en Martes,
ni te cases ni te embarques»; se da la noticia á los parientes y
amigos más íntimos, y se procede al arreglo de los papeles, ó
sea: á instruir las diligencias preliminares para la legalidad
del acto.
De andar los pasos para arreglar la boda se encarga el
novio, en tanto que la novia se cuida del arreglo de la sala.
Los parientes de ambos están obligados á regalarles, y
ellos se obsequian mutuamente con varios presentes, que, como
oro en paño, conservan durante toda la vida.
En estos días, la novia es objeto de todas las conversa-
ciones del corral y envidia de las muchachas casaderas, que
no ven la hora de Dios en que harán otro tanto que su amiga;
si bien creen que de una boda salen otras bodas, y tienen la es-
peranza de que sus novios se contagiarán con el ejemplo; por-
que es una verdad, que no tiene vuelta de hoja, que nada hay
que abra tanto las ganas de casarse como ver que otros se
casan.
La novia se resigna á oir las bromas un tanto imperti-
nentes de las vecinas que no tienen pelillos en la lengua y ha-
blan sin cuidarse de que oidos castos las oyen; y escuchan
con menos atención de la que el caso requiere, á las comadres
del barrio, mujeres entradas en años, que hablan por expe-
riencia propia, y reniegan del día en que se casaron y del
cura que les echó las bendiciones. Porque ¡eso sil contadas son
las mujeres del pueblo que hablan bien del matrimonio, no por-
que prefieran el amancebamiento á la unión legítima que la
Iglesia ha bendecido, sino porque los pobres se cargan de hijos;
y como las necesidades son muchas y los medios para satisfa-
cerlas escasos, las ansias y las fatigas crecen á medida que las
fuerzas menguan, y todos son apuros.
Pero la novia no escarmienta en cabeza agena, y oye á las
vecinas casadas, que le hablan muy mal del matrimonio, como
quien oye llover; diciendo para sus adentros: «predícame, pa-
dre, que por un oido me entra y por otro me sale», y no se da
punto de reposo en preparar las cosas para la boda.
Arreglados los papeles, los novios se tornan hs diclwSy dili-
— 462 —
genciaá que concurren los padres y itos ó tres amigos, que, 1
mo teNtigos, declaran di^ la liberta^l de los futuros cónyuges,) I
La toma (le diriios es, pn el concepto popular, el ven
contrato de esponsales.
En la ciudad donde reside la primera autoridad ecleí
tica, las gentes d«l pueblo se toman los dielios en la Vicarí
en los pueblos de escaso vecindario en casa del sefior Cura.
A la toma du los dichos siguen las aTnoneslaciones canúnid^
la publicación después del ofertorio de laniÍsa;>ro fK^ptdoM
tres días festivos, del proyectado matrimonio, para que se I
iHincie á la Iglesia, caso de que existan, los impedimentos i
obatan á la administraciiin del Sacramento.
Las vecinas del corral, que de suyo son desconfiadas, 4
creen que habrá boda sino rujindnoyen en la iglesia las /ire
mas, (Se da también este ni'mbre á las amoTiestaciones.)
Para el pueblo andaluz, novia i^ed'uia y amotiestaila esJ
mismo queninjer ca«ada; ]>or másdequelaley antoriKaáO
quiera de los novios para que después de amonestados, y o
tnila voluntad del otro, sh case con distinta pei-snua. íía J
de extrañar, por tanto, que algunas veces la novia su qnt
aderezada y sin noria, porque el suyo la ileja jylanladn.
Dfjnr píanlmla ki noria es lo mismo que burlarla.
La boda se ha de efectuar en las primeras horas de U I
Dana ó al entrar la noche; antes de ir al trabajo ú dexpaé» dd
trabajo. TiO más frecuente es que la ceremonia religiosa se
celebre después de las oraciones; porque haciéndolo así, los no-
nos tienen tiempo sobrado durante el día para prepararbí to-
do, y la tiesta sigue inmediatamente ti ia admiiüstrarinn del Sa-
cramento.
Luis Montoto.
(Conlinunrá. )
t;'í3ívJ«fcj;¿;^3--
— 458 —
SUPERSTICIONES POPULARES FRANCESAS
La yerba que extravía
. No es posible todas malas,
Ni es posible todas bncnas,
Yerba* hay que dan la vida
Y quitan la vida ^erbcu.
(BOMANCEKO GENERAL.)
Con el título L' herbé qui 'egare publicó la excelente revista
francesa Méliisine, fundada en París (1877) por los distinguidos
mitógrafos Sr. D. Eugenio Kolland y D. H. Gaidoz, tres breves
notas que quiero traducir aquí por si fuesen de alguna utilidad á
mi querido amigo Sr. D. Alejandro Guicliot y Sierra, á quien el
Sr. D. J. Leite de Vasconcellos llama con razón espera n^^oí^o folk-
hnista por el importante trabajo que viene insertando en esta Re-
vista con el título de Supersticiones populares andaluzas.
En efecto; en el articulo de esa serie que apareció en el nú-
mero anterior de esta Revista, inserta el Sr. Guichot una supers-
tición, la 174, concebida en los siguientes términos:
«El estar desacertada una persona en un dia, eu las cosas que
hace, es porque ha pisado alguna mala yerba. (Frase: pisar mala
yerba es igual á hacer mal las cosas.)»
Superstición que presupone, en conformidad á lo que vemos
en otras producciones populares, tales como el romance que colo-
camos al frente de esta ligera noticia, que nuestro pueblo, como el
portugués, cree no sólo en la existencia die yerbas buenas y malas j si-
no en virtudes especiales de ciertas plantas; así, por ejemplo, el
azevinho (Ilex Aquifolium, Lin) da buena fortuna para los negocios
según nos enseña el citado Vasconcellos en el n.*' 247 de su obra
Tradi^oes populares de Portugal,
Azevinho, meu menino
Aqui te venho colher.
Para que me des fortuna
No comprar e no vender,
E em todos os negocios
Em que me en metter.
— 454 —
Otras yerbas curan el mal de amores:
Quera compra flores
Que curam vial de amores,
(Vaso. Trad. pop. de Port. n. 251.)
y no es sólo á las yerbas y plantas y árboles á los que se atribuye
una influencia benigna ó maligna sobre los hombres, sino hasta la
sombra de ellos, á su madera, á sus flores y frutas, etc., etc. Asi
vemos las frases: tener sombra de jiguera negra (mala), estar de
buena ó de mala hoja y de Jioja^ descender de buena cepa, comer palillos
de pasa (para recobrar la memoria), pisar la borraja (1), quien á buen
árbol se arrima buena sombra le cobija , de tal palo tal astilla^ bendita
la rama que al tronco sale, etc., etc., etc. Pisar alguna mala yerba
indica que las yerbas malas son varias, la de que vamos á ocu-
pamos en este articulo es una sola, la Circcea Lutetiana, según nos
informa Mr. A. Dominique, yerba que posee la propiedad de
hacer perder el camino al que tiene la desgracia de pisarla. Hé
aquí ahora literalmente traducidas las tres notas que hallamos en
la citada revista Mélusine en las páginas 13, 46 y 174; notas que
aparecen respectivamente firmadas por los €res. A. Dominique,
F. Baudry y Charles Joret.
I. La yerba que sxtbavía.
«Una vez que me extravié en un bosque que conocía bastante
bien, un aldeano me dijo: «No os llame la atención: habréis sin
duda pisado (p^t7¿¿ apuesto el pié sobre) una mala yerba. «Hé aquí
un testimonio de la creencia de la yerba que hace perder el camino^
cuyo origen indiqué en mi estudio sobre los mitos del fuego. (Bevue
Germanique, t. XV. (1861) p. 26.»
n. Hechizado. (1).
«Ocurre frecuentemente en los noches de niebla que el viajero
se descarría ó pierde su camino en medio de nuestras grandes sel-
vas del Bessin: extraviarse en estas condiciones ó perder el sende-
(1) En el campo hay una yerba
Que le llaman la borraja;
Toda mujer que la pisa
Luego se siente preñada.
(RüMANCKRO general.)
(1) Creo que hechizado y enfanta»mado de in y fantasma son los
vocablos que mejor corresponden al francés: Antofomé.
— 455 —
ro que conduce h la brequeo á la platique (1) por donde se Bale de la
pradera en que nos hemos internado es cosa fácilmente esplicable;
pero la imaginación del vulgo atribuye 4 un hecho, de suyo tan sen-
cillo, una esplicación sobrenatural, suponiendo que el que en casos
semejan pierde su camino, y aun, en su turbación, concluye por
volver, á fuerza de vagar inútilmente por todos lados, al punto de
que partió, ha caminado sobre alguna yerba misteriosa. ¿Qué yerba
es esta? Algunos dicen que es el trébol de cuatro hojas: (2) otros, el
mayor número, la suponen desconocida: esta yerba, sin embargo,
encierra una virtud mágica, que hace perder al que la pisa^ la con-
ciencia de si propio, dejándole como dicen nuestros aldeanos, an/o-
tomé; palabra que es sin duda la inserta en el Dictionnaire dupatois
nomiand (Diccionario del dialecto normando) bajo la forma enfan*
tomé; esto es: encantado» Esta defíni^ón poco precisa del vocablo an-
fotoméw nos hace suponer que los Sres. Dumeril, autores del men-
cionado diccionario, no tenian idea exacta de la creencia designa-
da por el vocablo que habian recojido.»
III.— La YEBBA QUE EXTBAVU
«La creencia en esta yerba, de que la Mélusine ha hablado ya
en laspág. 18 y 48 ño existe solo en el Bessin, sino también en el
departamento de Seine et Oise: habiéndome encontrado nna an-
ciana herborizando en el bosque de Meudon me ha recomendado
mucho abstenerme de cojer, bajo pena de caerme, l'herbe á la vía-
(jicienne cuyo nombre es circaea Lutetiana, florecilla verdosa que
crece casi siempre en los sitios bajos y húmedos, (bas fonds humi-
des; esto es: fondo de lagunas y sitios pantanosos.)!
Hasta aquí las pequeñas notas que encuentro en la excelente
Revista Mélusine (cuyos ejemplares van ya siendo, por desdicha, muy
(1) Palabras subrayadas en el texto francés y cuya significación
no hallamos en el diccionario.
(2) He aqui dos alusiones al trébol de cuatro hojas, que considera-
mos muy importantes, consignadas en la citada obra de Vasconcellos.
Trad.pop. de Portwjal. (págs. 114 y 115.)
Todas las herbas tem presumo
Na pienha de S. Joao
So o trevo de quatro folhas
Colhido na ma tencao....
Quem metter o trevo de quatro folhas debaixo de pedra d'era
(d ara) sobre a qual o padre diga misa pode encantar qualquer pessoa.
(Gondifellos.)
— 46IÍ —
rarús, y Je uno Jo íüb cuales pofieo buIo algunos uui
pudiesen servir de itlgo, m tu dia, ii mi esceJeute amigo, qnicoi
para eutúoces, podrá couBultiir cou gran ésitn, á mus d«l triibajo
de Bftudry iiiaerlo en la iidnc (lerm<iniijue qat uo poseo, las ez-
leutcs nbi'us de nueatroB distlnguidoti conai>oio3 houorai'ios Sr.
Angelo Je Gubeniatis y Eugenio BollauJ LltulnJas/.ail/ti'u>I<»/
plaultsuu lea Leijetulei da Fifyvf reijetal y Fluee ¡nijiulaivedela t'i
Ce estas dos obras ¡a primera hallase ya completa, liabieudo apata<
cido en Parla segun nos informa el Archieiu per lo »tuili« MU tra-
diiioíii poiiulari, de ralermo. en el tercer trimestre del año pasfedn;
la segunda se halla ya tambicii en prensa, según uob indica.
mismo autor en el último tomo de su importaute obra Faunt
jiiilitire de la h'ranee,
lilientins tanto, y para terminar esta ligera noticia, vamos ¿
hacer algunas ligeras observaciones que nos sugieren la lectura de
la superstición andaluza puMicaJs por nueeti'o amigo en el a. 174
de su colección y las notas apuntadas.
Si pisar algvna mala yerba supone la creencia del pueblo
variai yerbas malat, las noticias de la Miiimne y !a que so desp]
de del romance citado, hacen suponer que hay yerbas, dos por
m^nos, que hacen un daño especial cuamlose ¡man; una. ocasional
la pi'cdida de la conciencia; lu otra; dejar embarazadas á las miye>
res. No escumila, earcaJao atoiaila (1) p. ej, como tal yerba
BU efecto; sino yitiula; es necesario pimrla para quo el que ae
con ella en esta relación, ec prive de conciencia. Conviene,
tanto, no ya dar nada por resuelto, que es el mayor de loe pi
folk-loris ticos, sino dirigirlas investigaciones respecto a los
nos que componen la frase, ¡'üar-una-mala ijcrba; esto en: fu
entre las malas yerbas, aquella especia] que hace jicnler el eamÍli»,A
van Jo de conciencia al viajero.
Hay, también sobre este extremo, en la versión francí
Mr. BanJry un punto oscuro que conviene cstndittr; á saber:
para extraviarse basta con pisar la yerba í¡>eiilliri una sola vci
bienes necesario eaminar sahre ella XcAo t\ tiempo que nno «fi
perdido: si la influencia subsiste algún tiempo, como indiea ni
tra frase, ó si sólo dura mientras se pisa, como parece durto ií
,174
m
orlo
(1) Vednae la supersUcion n." 3 de la rolecríon de A. Gsi
conjuro pulilicoJij por ul Sr' ICudrígueK Marín, tn la 3ii»celáHga A
mero 3 de esta KevUla.
— 457 —
tender la versión que asegura que el que pierde su camino es por-
que ha caminado sobre alguna yerba misteriosa.
La división de las plantas, ñores, árboles, etc., en buenos y vía'
los , benditos y diabólicosy nos Uova á pensar en aquella época en que
los hombres rendían y en aquellos pueblos en que rinden aun
culto á los vegetales, de que la superstición que nos ocupa como
tantas otras, no es más que una reliquia.
Antonio Machado y Álvarez.
LAS TRES MARÍAS.
(cuento popular)
Unos padres muy pobres y cargados de hijos iban á tener
otro muy pronto y no tenían con que sacai'lo de pila. Un dia
el padre fué por un haz de lefia para alimentar á su familia
aquel dia, y de pronto vio venir un caballero montado en un
caballo y le dijo que lo conocía y sabía que no tenía padrino
para su hijo, que él lo sería, que tomase aquella cantidad pa-
ra bautizarlo y que lo hiciesen sin él, porque no podia entrar
en la iglesia, y que, dentro de veinte años, se lo llevasen á aquel
mismo sitio. Así que el niño nació fué bautizado, pero cuando
el padre se acordaba de la promesa que tenía hecha se ponía á
llorar y el dia en que cumplió su hijo los veinte años el hijo le
dijo: ¿qué por qué lloraban tanto aquel día?: entonces el padre
le contó la que pasaba y él le dijo: que no se apurasen por
él; que saldría con bien de todo. El padre lo condujo al sitio
convenido y allí estaba el caballero, aguardándolos. Entonces se
marchó con el joven á un castillo, mas antes de entrar, vio (res
niñas vestidas de blanco que lo llamaban y él dijo que volvería
cuando pudiese, que entonces tenia queseguir con su amo: des-
pués que el amo lo dejó, salió el á encontrarse con aquellas
tres jovencitas y ellas le dijeron que aquel hombre era muy
malo y trataba de perderlo; que fuera siempre á consultarlas
N.» 11 4
— 460 —
TIPOS POPULARES ANDALUCES
ENSAYOS. (1)
Esta vendedora de caracoles guisados, de original y po-
bre aspecto, es, por lo común, mujer entrada en años, alta^
delgada, de tez morena, ligera en el andar, desembarazada
en sus movimientos y desaliñada en su vestido; pertenece á
la raza gitana. Viste [de ordinario con mantón de algodón ó
lana de color oscuro, que, pendiéndole de la cabeza, le cae
recto sobre los hombros y la espalda, cubriendo un mofíilh de
mangas recogidas, que dejan los brazos desnudos; lleva un
pañuelo de sandía [2] que le cubre el cuello y pecho, amarra-
das sus puntas en la cintura y en contacto con una enagua
corta de coco ó percal, fruncida y con \in?í jareta (o) en la
parte superior y un cordón ó trencilla cosida en la inferior;
(1) Estos Eni^ai/ofí serán expuestos con sencillez y sujetos á todo
el rigor cientííieo que nos sea dable. Su eompleniento sería, sin duda
alguna, la fotografía y el grabado, si ])udiéranios disponer de medios
y dinero |Mira ello. El objeto de nuestras deseri|)cione8 se reduce, por
lo pronto, li indicar un precioso material de estudio y comparaciim
entre regiones y localidades. El plan que nos hemos propuesto de
antemano, aunque restringido jior ahora, tiene la doble ventaja de su
utilidad y de la prioridad, en nuestro país, de su concepto y desarrollo.
t^2) Lláinanse así grandes ])anuelos de algodíHi, de fondo roj-»
subido y dibujos blancos. No sabemos si el símil ado|)tado por i'l pue-
))i() ha nacido tic! jnirecido de estos pañuelos á una sandía abierta. San-
día y taijiljicn axi')i(Iia, como el j)Ut'blo dice, es el melón de aijitii fran-
cés.— Sandia entre nosotros es sinónimo de .so.sv/. desahrida, ¡hko (fraviosn.
(3) Jareta es el hueco que se hace alrededor de la enagua, for-
mado con la misma tela y un pespunte, por donde se pasa un cordón
l>ara sugetarla á la cintura.
— 461 —
bajo la enagua deja ver sus pies descalzos ó cubiertos con za-
patos de cordobán de una tapa (1) ó con alpargatas.
Lleva sobre la cabeza un rodete de trapo^, donde descansa
una canastilla de baretas (2). Dentro de la canasta va una olla
de barro cocido, tapada con un paño blanco y un plato de loza
basta. Todo este artefacto se sostiene por medio del equilibrio
estable que establece la gitana, buscando la correspondencia
entre el centro de su cráneo y el de la canasta. La olla va
llena de un caldo amarillento ó colorado, según haya habido
azafrán ó pimiento molido en la cocción, donde nadan las ca-
brillas ó húrgaos que vende. Lleva colgada de un brazo una
espuerta de palma tejida, donde mete una taza, un cucharón
de madera y mango largo y otras cosas extrañas á su tráfico,
que compra, cambia ó le dan.
La fraseología especial de la caracolera, sus dichos, agu-
dezas y ocurrencias más comunes y las cortas conversaciones
que sostiene con los compradores, son semejantes á las que
usan los individuos de su raza; para saberlas en detalle sería
necesario estudiar el habla de los gitanos. Muy dada, pues, la
caracolera á figuras exageradas, usa á menudo frases y com-
paraciones tan hiperbólicas como las dos que sirven de ejem-
plo, recogidas por nosotros al aire libre. Un comprador pre-
gunta á la gitana por la calidad de la mercancía, si hace poco
ó mucho tiempo que se guisaron los caracoles, y la vendedora,
deseando resaltar lo fresco de ellos, contesta:
Ten cuidao de no ponerte arsóy cuando los acabes de come,
porque ban á queré salirse dd estdgamo, con los cuernecOos juera.
(1) Estos zapatos son los que tienen una sola suela de tacón.
Son muy usados por las personas ancianas, que, en este punto, obran
racionalmente, no entrando por algunas anti- naturales prescripciones
de la moda.
(2) Los gitanos en Andalucía son muy dados á construir canas-
tillas para conservar los avíos de costura y canastos para la colada del
lavado. Las hacen con baretas delgadas de olivo en verde, recogidas
durante la tala, que tejen y enlazan, secándolas después al sol: unas
veces descascaran las baretas y entonces las canastillas son blancas, y
otras demuestran su gusto haciéndoles labores con baretillas enroje-
cidas con cochinilla ó colores rojos minerales, expendidos en el co-
mercio. Muchos individuos de raza tan especial viven y se sostienen
con la venta de productos tan primitivos y sencillos.
— 462 —
Ksta explicación la dá poiqne sabe que una ile Jas niad
festacioiies de la vida del caracol, es estirar sus antenas (ater-
nos) cuando recibe los rayos solares y se pone en movimien-
to (1). Por otra parte, el compradoi- ha esijido mayor cantidí
de caracoles que la despachada por la gitana, y ésta repliía:
}¡a! hijo, no yores, que yehaj ahí iin armú (2) de cania
y UH titaneittiá de cardo.
La caracoleta tiene an solo y constante pregón: inipi
turliable y con voz chillona, pregona por las calles:
Are
..' ¡Caracnmt...
Nuesüo tipo es vendedora de invierno. Al amanecer
cuéntrase en los campos, recorriendo vallados, péncales y olii
res, de donde recoge los caracoles depositándolos en espuerl
sacos de lienxo. De vnelta en su miserable albergue los guisa;
prepara, para salir después por la ciudad en busca de compra-
dores. Vende so mercancía por tazas ó pocilios, que cobi-a
& cuarto n á dos, los cuales llena con el cucharon. A la hora
del mediodía se retira de su oficio, para entiegai'se á sus a.sun-
tos particulares y llevar alimento jl sus chorreles (hijos), con
el escaso producto de la venta.
Por lo anteriorinente dicho hemos dado una rápida oji
í la caracolera en su vida de relación con el público;
diésemos su vida interna (lo que nos apartarla de nuestro
objeto presente) veríamos, nrt al tipo mencionado, tiinD al
individuo de raza gitana (B), con sus pasiones y miserias, sns
n Juego sobre el
estro I
dice:
(I) El paeblo, que tiene ndivinanKae r
(2) Almud, (almudd ó al-moudd en árabe, segan el IftborioM
«t¡Djolo)^tita Roque Barda), ea una medida de rapacidad para Áridos
equivalente al celeniin. £1 celemín se uonipone de cuatro cuartilloi ]
equivale A i litros y 635 mililitros.
«3) Los gitanos pobres se dedican á vender caracoles gulsi
oanaetaa de bnretas, á decir la buenaventura y ejecutar priíctic
perfltÍcio§ei9. á hacer clavos y toscos eneores de ferretería an m
giias, á esquilnr bestias y perros y A robar con raterías. Loe t
■coDiodados dan diliif. hacen cambalachen (caniliiüa), venden I
trajea, prestan con usura, doiuau caLihIIob y eon oorrriJum d« gi
— 463 —
fiestas y tristezas, sus viviendas y oficios, sus costumbres y
aptitudes, su estado y condición miserables; veríamos, en fin,
una raza dentro de sus tradiciones y de sus relaciones con la
sociedad en que vive.
La caracolera pertenece al proletariado más infeliz, po-
see marcadas muestras tradicionales y conserva costumbres
primitivas. Lejos de modificarse con el tiempo y la civilización,
dificilmente abandona los caracteres indelebles de su raza,
ace ntuados por la abyección en que vive y cai*encia de rela-
ciones comunes: su progreso no es tangible, no pudiendo apre-
ciarse, en poco tiempo, grados de adelanto ó modificación social
en ella. No sucede así con otras familias gitanas, que, por
disponer de medios pecuniarios y ejercitarse en oficios, indus.
trias ó tráficos, que exigen cierta relación más íntima con el
pueblo en que viven, se han civilizado un tanto en su vida
exterior, se han apropiado relaciones y manifestaciones socia-
les, aunque se opongan con intransigencia á la mezcla de raza
y á cambiar sus prácticas y costumbres íntimas (1).
(Continuarán).
Alejandro Güichot y Sierra.
(1) Hemos observado tres clases de gitanos, por su condición y
posición social.
Familias ó tribus nómadas, que acampan en chozajos, en los alre-
dedores de las ciudades, á su paso ó emigración á otros puntos del país.
Constituyen un precioso é importante objeto de estudio para el folk-
lorista, el prehistórico y el sociólogo.
Los gitanos pobres y que viven agrupados en casas de vecindad y
atraviesan una vida miserable.
Y los acomodados, que habitan partidos y casas solas y se confun-
den en su vida exterior, aunque no en sus tipos, con el pueblo que no
pertenece á su raza.
— 464 —
MÉTODOS DE CLASIFICACIÓN DE LOS CUENTOS POPULARES (')
Método de Von Hahn.
Mr. W. B. S. Balsion publicó en el archivo del Folk-Lore,
yol. i ps. 77-7^ nn estraoto del samario de Yon Hahn qne ocnpa 16
páginas de en obra.
PRIMERA DIVISION.-LA FAMILIA
Sub'division A. — Marido y esposa que han experimentado:
A. — Abandono.
1." Psyqnis. — Marido sobrenatural que abandona á su
mujer.
2.^ Melusina.» Mujer sobrenatural que abandone á su
marido.
8.*" Penélope.— Mujer fiel que recupera á su infiel esposo.
B. — Expulsión.
á.*" Esposa calumniada que es echada y después admitida
de nuevo,
C. — Venta y Compra.
C'-G.® Entrada en el casamiento ó compra de la novia.
Sub-division B.— Padres é Hijos,
A. — Hijos deseados.
7." Toman formas monstruosas por un tiempo dado.
8." Son victimas de un voto ó de una promesa.
9." Su nacimiento es acompañado de varios fenómenos.
(1) El deseo de complacer á nuestro amigo el Sr. Machado y
Alvarez, nos mueve á publicar aquí estos dos métodos de clasiñcación
mandados insertar por el Comité de cuenios popularfs (Folk-tale C(nn-
miffer) de Londres, en un Apcndice al acta de su última sesión cele-
brada en 22 de Junio del pasado año de 1882. Aunque tales métodos
ó esquemas no llenan aun cumplidamente los deseos de la referida
asociación, los creemos, sin embargo, dignos de ser conocidos por los
lectores de esta Kevista, los cuales sabrán disculparnos cualquier error
de traducción en que hayamos podido incurrir, al ocuparnos en una
materia tan agena al género de estudios que cultivamos. — A. del T.
— 465 —
B. — Abandono de Niños.
10 Anfión.— Niño expuesto por madre soltera.
11 Edipo.—Niño abandonado por padres casados.
12 Danae. = Madres y niños abandonados juntos,
13 Andromeda.=Hija expuesta á un monstruo.
C.=HlJASTROS.
14 Blanquita Nieve. = Madrastra que atormenta á una
mucbacba.
15 Frixo y Helle. =r Madrastra que atormenta á un hijastro
6 hijastra.
Sub- división C,-=' Hermanos y Hermanas,
16 Hermanos pequeños maltratados por los hermanos
mayores.
17 Cinderella.= Hermana más pequeña maltratada.
18 Diosci^n. — Gemelos que se ayudan mutuamente.
19 Hermana (ó madre) que vende 4 su hermano (ó á su hijo).
20 Hermana que libra á su hermano de un encanto.
21 Heroina suplantada por una hermana de padre ó de
madre (ó una criada).
22 Cuñados mágicos que auxilian á un héroe.
SEGUNDA DIVISIÓN. = MISCELÁNEAS
A. — Obtención de una novia.
23 Novia ganada por hechos heroicos
24 Novia alcanzada por el talento.
B.=Bapto de una heroína.
25 Proserpina, — Heroina llevada á la fuerza.
26 Elena y París,
27 Medea y Jasun.
C. = Asuntos varios.
28 Vírgenes-cisnes despojadas de sus vestidos y casadas.
29 Yerbas criadas con serpientes y que devuelven la vida.
80 Barba-azul. =Abrir un cuarto prohibido.
31 Puuchkin ó el gigante sin corazón.
82 Bestias agradecidas que socorren á un héroe
83 Salta sobre mi pulgar, — Héroe pequeño pero valiente.
84 Loco que lleva á cabo maravillosas empresas.
N." 11 5
— 460 —
85 Fiel Juan ó Rama y Lusman.
86 Disfraz de un héroe ó de una heroína.
TERCERA DIVISIÓN. 1= CONTRASTES ENTRE EL
MUNDO INTERIOR Y EL EXTERIOR.
87 Héroe matado por el demonio, que revive.
88 Héroe que vence al demonio.
89 Héroe que engaña al demonio.
40 Visita al mundo inferior.
Método de Baring Gould.
GRUPO PRIMERO.=HISTORIAS FAMILIARES
Clase primera, zz Marido 1/ Mujer,
Sección primera. =r Abandono.
A. = Marido de raza sobrenatural. — Origen de Cupido y
Vsyquis,
B. —Esposa de raza sobrenatural.
1." Mdusina.
2." Suanlniit.
C. = Marido y Mujer de raza humana.
1." 'Penrlo¡u\
2." (ií'uovi'va.
Sección segunda. - Decepción.
A. = Hombre de carácter misterioso.
!.'• Hombre sin corazón
2." Sansón.
3.*' Hr reules.
C/ííSf' sryunda.z^Padrt'fi c liijos.
Sección primera. ^=H¡jos sobrenaturales.
A.=A consecuencia de un voto.
1.'* Origen del Niño-serpiente,
2.** Huberto el Diahlü.
— 407 —
B.=Niños adquiridos mediante la comida de ciertos ali-
mentos.
I."* Origen del Nifio de Oro,
Sección segunda. = Hijos abandonados.
A. = A consecuencia de una aversión.
1.° Origen del "Lear,
B. =Por accidente ó desgracia.
1.° Origen del Salta sobre mi puhjar,
2.° Id. del Bhea Silvia.
Sección tercera. — Padrastros y madrastras.
1." Origen del Enebro.
2." Id. de Fran Hollé.
Sección cuarta. = Padre que se enamora de una bija.
!.• Origen de Yiel de Gato.
Clase t ercer a. = Hermanos y hermanas.
Sección primera. — Tres bermanos.
A.=:-Origen del Cerraduras de Oro,
B.=Id. del Gato blanco.
Sección segunda. = Tres bermanas.
A. = Origen de Ginderella.
B.rzld. del La belleza y la Bestia.
Sección tercera. = Un bormano y varias bermanas.
» CUARTA. = Una bermana y varios hermanos.
Origen de los Siete Cisnes,
Sección quinta. = Hermanos gemelos.
» SEXTA. = Dos bermanas.
Origen del Fran Hollé.
Sección sétima. = Un bermano y hermana.
Origen de Huida de la Brujería.
Clase cuarta. =Versonas desposadas.
Sección primera. = Novia cambiada.
Origen de Berta.
Sección segunda. — Novia robada.
A.=:Origen de Jason.
B. = Origen de (hidrun.
— 468 —
Sección terceba.^: Princesa curada do orgullo por el novio,
A. — Origen de Domesticar Serpientes.
B. = Origen de Barbada Tordo.
Sección cuarta. = Princesa desencantada.
Origen de Espina de Rosa.
Sección quinta. = Novia alcanzada por la fuerza ó el talento.
GRUPO SEGUNDO. -ASUNTOS VARIOS
Clase primera, = Hombres en el mundo invisible.
Sección primera = Viaje al Cielo.
Origen de Santiago y el pie de Haba,
Sección segunda. = Vi aje al lofierno.
Sección tercera. = Hombres en lucha con seres sobrenaturales.
A. = Hombres que obtienen la superioridad por la astucia.
1.** Origen de Jaime el matador de Gigantes,
2.'' Origen de PoUfemo,
S*** » it\^ljucha mágica.
4.* 1 » Demonio engañado,
5.° 1 1 Juan sin miedo.
B.=Hombres que han sido dominados.
1." Origen de Profecía cumplida.
2.° » t FÁ Jjihro mágico y
Clase scgunda.r^l [omhres iguales á otros ¡lomhrcs.
Sección i>rimf.r.\.=EI hombre obtiene la supremacía.
1." Origen de Kl maestro ladrón.
2." » » Sastre valiente.
8.° tt » GuiUermo Tell.
Sección skgunda. =i Sospecha de un criado fiel.
1." Origen del Fiel Juan.
2." » B Gelert,
Clase tercera. = Hombres g IJrstias.
1." Origen de las Bestias agradecidíis.
Clase cuarta, = Suerte (¡iic depende de la conserracini d>' un
í7/;i/¿/t7o.— (palladiums).
A. "Perdido por locura.
1.** Origen del Aladinn,
2.'* » » Ganso de Ora.
Gonzalo Blanco y C.vkií'>n\y
•- 460 —
bibliografía
Emmanael Gosquin, — Cantes populaires lorrains vecueillis dan^ un
village du barrois a Montierssur'Saulx (Meuse). — Extrnit do Jai
Bomania. — Xoyent'le-Rotrou.—lSUa, París, F. Vieweg, librairo-
editeur; libraire A. Franck, 67, me Richelieu: 1876; fascicules 2, 3,
4, 5, 6, 7 y 8.— 1877, ídem id.— 1878, 1879, 1880, 1881 (1).
Ocho son los cuadernos que constituyen la colección que ya
por su tamaño pudiera llamarse libro de Mr. Cosquin. De estos
ocho cuadernos, publicados sucesivamente en la acreditada Ee-
vista de París La Romanía, se ha hecho luego tirada aparte en los
años y puntos arriba expresados.
La obra de que ligeramente vamos á ocuparnos, elogiable
sin reserva alguna, según la autorizada opinión del distinguido
profesor de la Universidad de Barcelona, D. Manuel Milá y Fon-
tanals, basta para que pued:i darse á su autor, con entera justicia,
el titulo de mitógrafo eminente. Para nosotros es, no sólo el mejor
de las que conocemos en Francia, sino uno de las mejores do
Europa. Su obra puede competir con los trabajos de los sabios
Kohler y Pitre.
(1) Después de escrito este artículo, que ha estado traspapelado
largo tiempo entre nuestros borradoros y apuntes, hemos recibido ol
noveno y último cuaderno de esta obra, que termina on la página 4r»6.
Contiene este cuaderno ocho nuevos cuentos que, con los anterioron,
componen el número 83, y un índice y Suplemento general de la obra,
en que se insertan algunas concordancias no indicadas en el texto,
teniendo va su autor á la vista la linda colección del Sr. Sebillot,
titulada los Cuentos populares de la alta Bretaña, de quo nos ocupamos
en el número 30 de la Revista ilustrada de Madrid, — ¡HHÍ. —
Los ocho cuentos del cuaderno que nos ocupa, titúlanso; fie loup
et les petito cochons — Le seret — La filie du marehand de Lyon — Le
corbeau — Jean le pauvre et Jean le rirhe—Jcune homme au cochons —
Les deuincttes du prince de France—La fiare du mu je couchot\ — algu-
nos de los cuales, como el primero y el quinto, tienen correMpondoucia
en España y Portugal. Aquí terminaríamos esta breve nota, mí no
quisiéramos, insistiendo en lo que decimos en el text<», rogar al I bistre
mitógrafo francés que, en el caso probable do hacer una st^gunda
edición de su obra, dedique un Apéndice á la lista y breve noticia
— 470 _
Consta dicha obra de 75 cueotos, recogidos todos dirf
mente de los labios del pueblo en los aüos de 1876 y 77 por el
mismo autor y sus liermanas en Montiers-sur-SanlK, aldea de la
Lorena, <i, hablando con más precisión, del Barrois, capital del
cautou del departamento del Mesa, situado algunos centenares de
pasos de la frontera del Champagne. Debidos, en sn mayor parte,
a la memoria prodigiosa de una muchacha del país que se
de recorrer toda la aldea en busca do ellos, han sido escril
mejor dicho, copiados, con esa fidelidad amorosa que sulo pi
apreciar quien estima la inmensa importancia que los mitógrí
conceden á esta cuahdad, no ya necesaria, sino verdaderamcnU
indispensable, dado el caracteres cientjlico de estos tndios.
A continuación de estos cuentos, el autor indica las analogías
que existen entre ellos y los contenidos en las nnmerosas colec-
ciones publicadas en el extranjero, insistiendo especialmente en
el abolengo oriental de muchas de estas prodncciouea y con el
ánimo de proveer de este modo do un nuevo documento á la his-
toria de las emigraciones de las tícciones indias por todo el ninndo
y hacer notar, al paso que robustece la t«orm del celebre Benfey
y Mas Miiller, qae hay cuentos también de muy remota fecha que
no proceden de un origen indo-eiiropeo; opinión en que hoy le
acompaña, fnndado en no escasa copia de datos, el distlngí
mitógrafo portugués Z. Consígliori Pedroso, quien disienta
este punto de su ilustre colega el reputado catedrático Escelí
simo Sr. D. Teóphilo Braga.
A la simple lectura de los cuentos contenidos en esta colee-
Srafti^^
bibliográlka de Ins obras conaultailaB, á las que puede alladir,
bien lu tiene, la Enciclopedia de í^villa (años 1 610, 80 y l>art« dtí
donde linltará una serie de [.'lientos, ai no por su roniin, cooiidi
populares por bu fondo, y cuyos ti tu kx» nosntvevetuoBá troañibirái
linuaciiin; Lam Irc-» adiñnanziM^IiOS consejo» ile iSt/omon — La
— Juan (fí la tiirra — La dfeoeión rff San Jraé—EI vueh lUl ¡laro—,
itama de la media almendra — Kl precio de una verdad — La priitf
encantada— at tapatera Oñnpia—Los zajtato» df hirrrv—La ¡oca
Ifíf olas—La herencia del mrrcader—El mrlonar drl citra-Liif d'^i ,
rritaa — La ñifla de la» perlan-Ei miurto tieo-La rOfa '-' ■
tennón de ettnita—Lo» don rom/Midreí — Lnif iiiamana» dr i'n
hilanderaii—Elgarhiinctlo—lUpapagai/o—Oitiraeiifnletiifl'-
andalurrn (excelente Irabnjo üoi Sr. KodrfgueK Miirln)- El ,
del ruenío (inejnr hubiera sido titularle: El papitgaifo qur n ~
eurnto: NnAlnüO A uno del Sr. Pitrt, titulwdo; Lu pappagnddu ch
M «mííí.— Tsinliién puliliuan cuentos populares cu la aituiüiditil,
Füut-LoBK Anmalux y el Folk-Lore Frexneme, poetariorea A In
uiún du la obra á que cate articulo ee refiere.
1
— 471 —
ción, hemos recordado muchos análogos de Maspons, de Fernán-
Caballero, de Coelho, de Pitre, do Sebillot, Grimm y aun algunos
de que no tenemos noticia se hayan publicado y que oímos en
nuestra niñez. Más despacio hemos visto que Jean de Voursy por
ejemplo, corresponde á Juan el Oso, de Maspons; Le roi d' Angla-
ten-e et son /illeul á Bella Jior de Fernán- Caballero; Tapalapaiitau^
á Tío Curro el de la porra de Fernán-Caballero, al Zapatero Ciis-
pin, pág. 253, año iii de la Enciclopedia de Sevilla, y al de las Dos
porritasy publicado en la pág. 856 de la misma Eevista; Le ñls du
pecheur, á Los caballeros del pez de Fernán -Caballero, al conocido
El castillo de irás y no volveí'áSf quinto de la primera serie de
Maspons; Uoiseau verty á Xixarandoneta de Maspons y Branca flor
(Contos popolares portuguezes de Coelho); Bené et son seigneur, á
Los dos compadres j cuento publicado en la Enciclopedia por el señor
Barbado; Le prince et son cheval á Pedro el revoltoso de Maspons;
Les dons de^ trois animauXf á La torre de Babilonia de Coelho y á
Los [tres principes^ cuento de la mencionada colección catalana;
L'oiseau de la verité recuerda El papagayo ^ cuento extremeño
pubUcado por nuestro amigo el Sr. D. Sergio Hernández en la
Enciclopedia^ Pou et pouce y La petite souris son análogos á nues-
tra Hormiguita^ á A Carochinha de Coelho, á Bateta de Maspons
y á La gatta e lu surci de Pitre; Le si/flet enchanté corresponde al
Lirio azul de Fernán-Caballero y á uno nuestro titulado La flor
del lililá; La pouillot et le coucherillot^ y especialmente Poutin et
poutot, á nuestro Oarbancito, Bomanceira do Macaco de Coelho,
Pitidda de Pitre y á una versión gallega publicada por nosotros en
la Enciclopedia; el Farie de la chaume du bois es análogo á La serpeta
de Maspons; La reine des poisons, á uno que creemos procedente
del Saucejo; Jean de la noix lo tenemos igual con el nombre de
La borriquita, y se encuentra también en Coelho y Maspons;
La princesse d'Anglaterre es parecidísimo en el fondo á O conde do
París de Coelho y o. El rey D, Viso: Lí Chat et ses compagnons es
análogo á Benibaire de Fernán-Caballero y á uno de Maspons;
Blancpied es igual á Jjos dos compadres de Federico Barbado, pu-
blicado en la Enciclopedia; Fortuné es como Lo rey Dragó de Mas-
pons; ha princesse et les trois /reres es análogo al que con el nom-
bre de has ires adivinanzas publicó en la Enciclopedia el Sr. Bodri-
gnez Marin; ha canne de cinq cents, livres es como Jean de Vours, y
he petit poucet es En pei'e Patufet de Maspons; he loup et le renard
lo tienen nuestro Fernán- Caballero (El lobo bobo y la zorra astuta)
— 472 —
y los hc^rmnuos Grimín: Li-oj-ohl es anhlogo ñ nno espaúol y al
Coelho titillado A lieha Je $ietf robeí'ai: íe ¡'oin th livme tieae
de El lio Curro t¡ ilr la yorra: Jfan hrte lo tiene MnepoOB con
títulos de El bendito, Juan d tcntn; Lí i'jrrífv es nueetro </i
Cifiarron; lia ¡lomme d'or ce como un cuento español inédito, titu-
lado Perico Corchvelo; Ijhowme aii jiois ea El iiiiTort que eatitaba d6
Fernán-Caballero; Le loiip Mane es análogo i, Lo Drago Je &fu-
pOD3, al núm. 29 de Coelho y al 80 de Pitri!'. L<i biifue
es como El Cartanco do Fernán -Caballero y La cal,
pona, también en Eugenio EoUand se encuentra otro anéii
Jeati ¡anu ¡leiir es el cuento español (inédito) titnlndo Jua\
miedo, el Pfthv sin viiedu de Maspous y (' humen ¡¡¡le busca
tei' de Coelbo; Le labonrevr el son valct tiene nna ligera analt
con Jean tie l'ours de Maspons; La roy el aenjiU, es eemejuite al
referido del Sr, Bñih^do; hox dim euuijiadres: ha htlU aux ckertax
d'or es oomo el titulado Helia Jim- de Fernán -Caballero; por tUti-
mo, Lo bofftítllt werriilltme es igual al núm. II, pag. 80, de Ift se-
gunda Gerio de Maspons.
De estas snalogiaa, á las que los inss versados que noaolroa
en este asunto pudieran sfiadir otras muohas, algunas se lialluí
indicadas ya por el Sr. Cosqnin, y otras no han podido serlo por.
que las obras de Coelho y Scbillot á que nos referimos, publicadas
en los años 71) y &1, respectivamente, son posteriores ú loa seis
I primeros cuadernos de la obra que nos ooupn.
A los 75 cuentos contenidos en ista, acompañan notas de
letra muy metida y que son, por lo general, cnntro □ seis vecet
mayores que los cuentos á que sirven do comentario. £u estas
notas desplega el Sr. Cosquin una erudiciün tai, que solo Ki^lery
Pitiv pudieran igualarle, y el primero excederle. No limita el
tir. Cosquiu sus comparaciones á los cuentos de los otros depat'
tamentos de Francia, ni aun siquiera a los de las naciones neo-
latinas y il laa versiones indias de que ha podido disponer;
que extiende sus iuvestigacioneB n los pueblos y razas mas
rentes, haciendo objeto de ellas n los cuentos alemanes, sicilii
tiroleses, s-rvios. griegos y albaueses. rusos, bretones,
avaros, catalanes, escoceses. caEtellonos, noruegos, hiingaros,
polacos, moravoe, irlandeses, bohemios, islandeses, etc., poniendo
continuamente á contribución los trabajos de KolUer y Liebrechl
y Simrok de Alcmauia, los de Pitri-, Comparetti y Gubernalis ea
Italia, y multitud de obras de autores de los países citados, ooys
6a da
Mu- H
i
iieo-
— 47a —
enumeración se baria enojosa en este breve articulo, aunque se
bace inescusable al final de la obra para que los que se dedican
á este género de estudios puedan consultar las riquísimas fuentes
bibliográficas citadas por el distinguido autor francés.
En las riquísimas notas de que nos ocupamos, Mr. Cosquin
compara minuciosamente las distintas versiones de cuentos de
los países remotos, y al mismo tiempo que los refiere á un origen
indio, cuando esto es posible, señala algunos casos en que tal
referencia es insuficiente y va fijando las notas características de
mucbos de ellos, baciendo ver, sin acudir á teorías convencio-
nales, la posibilidad de llegar en un día no lejano á bacer la clasi-
ficación científica de estas producciones, y la importancia de ir
estudiando sus elementos componentes, donde se retrata á veces
todo un ideal popular religioso, cosmogónico 6 filosófico; ideal cuyo
estudio es de gran trascendencia para el estudio entero del pen-
samiento bu mano; del modo como éste se ba desenvuelto; de la
generación y biología de las ideas y, en una palabra, de la verda-
dera bistoria de la bumanidad.
Meros aficionados al cultivo de esa inmensa rama de la cien-
cia que boy empieza á desenvolverse en toda Europa con el
expresivo nombre de Folk-Lore (ó saber del pueblo), no podemos
ampbar por boy estas breve» noticias. La obra del Sr. Cosquin ba
merecido ya con justicia los aplausos de toda Europa, y nosotros
no podemos bacer otra cosa que unir nuestra débil voz á esos
aplausos, legítimamente merecidos por lo modesto, serio y
concienzudo del trabajo de que tan ligeramente acabamos de
ocuparnos.
REVISTA DE REVISTAS
El Folk-Lore Frexnense. — Revista trimestral, órgano de la
Sociedad de este nombre. Fregenal, imprenta del Eco,
Corredera 2.— 1883.— N.<> 1.°— Enero-Abril.— 88 páginas
en 8."* mayor.
Nuestros lectores saben que el Folk-Lore Frexnense, que con
razón debía llamarse extremeño, por asumir ya la representación
de varias sociedades locales de Extremadura, quedó constituido
N.*> 11 o
— 476 —
nense. La Sociedad de este nombre debe conservar, á toda costa, á
BVL Revista dicha físonomia para bien de estos estadios y presti-
gio de la región que, siguiendo las huellas de Portugal, puede
contribuir á echar las bases de la demo-topografia Ibérica, tarea
patriótica y científica en alto grado y que puede enorgullecer
con plena justicia á los que eu ella se emplean, siquiera sea
como modestísimos pero iuteligentes obreros. Reciba por tanto
la sociedad de El Folk-Lore Frexnense nuestra más cordial enho-
rabuena por el primer número de su Revista que si tiene, como la
nuestra, y quizá en menor grado, defectos que corregir, tiene, en
cambio, excelencias que conservar y aumentar para bien de la
ciencia y de la patria y honra de Extremadura, la cual debe estar
satisfecha de haber sabido entrar de modo tan enérgico y activo en
las corrientes científicas dominantes en los pueblos mas cultos.
Mólasine. — Revne de mythologie, littóratare populaire, tradi-
tions et nsages, dirigée par MM. H. Gaidoz y E. Rolland.
— Paris. 1877.— Librairie mythologique de Viaut, 42, Rae
Saint- André-des-Arts.
A la amabilidad del Sr. D. Eugenio Bolland, autor como es
sabido de la importante obra Faune populaire de la France, debe-
mos el gusto de poseer algunos mimeros de la Revista, cuyo titu-
lo encabeza estas lineas, revista que ha sido la primera, en el
tiempo, que en su clase se ha publicado eu la Europa latina y una
de las más interesantes, por la variedad de producciones populares
que dio á conocer.
La circunstancia de hallarse, entre los números que posee-
mos, el último, en que viene el índice de materias, nos permite
dar á nuestros lectores una ligera idea del contenido de esta Re-
vista, á cuyo frente ñgura la reproducción del importante trabajo
intitulado De la poesía popular en Francia, debido a la pluma del
decano de los folkloristas de la nación vecina, Mr. Gastón Paris,
y publicado por primera vez en la Uerue Critique, correspondiente
al 22 de Mayo de 18G6.
En veinticuatro secciones se hallan divididas las materias
tratadas, á saber: Mitología. — Costumbres, usos y supersticiones.
— Cuentos y lei'endas.— 7>'.síflm/>(rm popular. — Cocina popuhir. —
Astronotniu popular, — Tra(/t's. — Canciones. — Poesía popular, — Hal-
les.— Oraciones populares.-- Jueífos. — Pronósticos, Pr(trerhios y líefra'
nes. — Adiiinajizas. — Ventas de amor, — F(^nn ul illas. — Chistes. — hiv-
(iraf'ia. Xecrolofjia. — Jyihlioffrafia. — I ariedades.'-(jral>ados. — Mu-sica.
De estas veinticuatro secciones que, dicho sea entre partii-
tcsis, hubieran podido reducirse a la tercera parte, merecen, por
— 4< í —
los números que hemos leido, llamar preferentemente la atención
del lector las impresas con letra versalita.
La intitulada Cuentos y leyendas contiene, á más de varios
cuentos de diversas regiones y países, una ccleccioncita de cuentos
bretones, recogidos por Mr, Luzel; otra de la Picardía de Mon-
sieur H. Carnoy; algunos criollos de Mr. Brueyre; un estudio so-
bre los cuentos populares de Homero; una correspondencia de Mon-
sieur Cosquin y el citado Brueyre sobre el origen dt los cuentos
populares europeos; varios artículos del sabio Kohler, con eruditas
y luminosas observaciones sobre algunos de los cuentos bretones
aludidos, y el cuento de la Picardía, intitulado Les Fees et les Deux
bossus publicado por Mr. Cosquin, autor de los cuentos loreneses,
una de las mejores colecciones de Europa.
A la sección anterior cede muy pQco en importancia la inti-
tulada Canciones: en ella hallará el lector cincuenta y ocho pro-
ducciones populares, entre las que campean las canciones pro-
piamente dichas, correspondientes á nuestros romances cantados^
en número de treinta y siete, y coplas de cuna, de juegos, oraciones
cantadas, cantos de nodriza, cancioncillas y varias graciosas compo-
siciones conocidas en Francia con los nombres de ronde, rondeau y
randonnée, versificadas en pequeñas estrofas las dos primeras y en
prosa las últimas,» á juzgar por La petitefourmi qui allait á Jerusa-
lem, cuya estructura y contenido son enteramente análogos á
nuestro cuento popular El Garbancito, al italiano Pitidda, al por-
tugués A romanceíra do macaco, al juego de prendas publicado en
las págs. 55 y 56 del primer número del Folk-Lore Frexnense, á
una versión gallega que dimos á conocer en La Enciclopedia, y á
varias italianas y de otros paises que no recordamos ahora. El
mayor número de las producciones anteriormente citadas, al me-
nos las contenidas en los números que hemos examinado, han
sido recogidas por Mr. Eugene Rolland y algunas por Luzel y el
erudito conde de Puymaigre (Th. P.)
En la sección de Mitología hallamos, entre otros, los siguientes
estudios de verdadero interés. La Mitología Eslava, jpor G. J. Ji-
recek; la Mitología de las islas Herveif y Mitología y tradiciones po-
pulxires de los esquimales por Mr. Brueyre; observaciones sobre
una Figura en bronce, calificada de divinidad panthea, por Eobert
Mowat y Formación de los mitos en los tiempos modernos por el
célebre Manhardt, de cuyas obras hallamos también una Biblio-
grafía, hecha por el Sr. D. H. Gaidoz, en el último número de
la Bevista que nos ocupa.
Entre las Costumbres, usos y supersticiones, hallamos también
nna serie de interesantes trabajos, que nos atrevemos á recomen-
dar muy eficazmente á nuestro querido amigo Ponophilo; tales
son, entre otras, las relativas al ajo, i\ los animales, al arco-iris, k
los dientes; las supersticiones medicas del Franco-Condado; las
Tolosanas del siglo xvii; y la comparación entre algunas lore-
nesas é italianas, debidas también, si no interpretamos mal las
iniciales, al citado conde de Puymaigre.
— 478 —
De las seis últimas secciones merecen llamar la atención la
yecrologia del distinguido matrimonio, ilustradores de las tradi-
ciones de Bélgica, los Beiugbergs Duringfels, muertos en el mismo
día; las abundantes notas bibliográficas de los ilustrados directores
de la Revista MM. Gaidoz y Rolland; y la Biografía del celebra
Absjorsen, recopilador de los cuentos populares de Noruega, por
Mr. Gastón Paris.
De las demás secciones , á excepción de la relativa á Trages,
Bailes y Estampería popular ^ hemos presentado pequeños ejemplares
en las Misceláneas de esta Revista: y á poder estendernos, pre-
sentaríamos composiciones populares españolas análogas á las
francesas. Así, por ejemplo, las Adivinanzas contenidas en los
números 1, 2 y 3 de la pág. 292, corresponden á otras españolas
contenidas en nuestra colección; los diálogos con sordos, conte-
nidos en las págs. 178-74, concuerdan con uno publicado por
Micrófiio en nuestras Misceláneas; entre las supersticiones hay
varias análogas á las publicadas por Guichot y Sierra; el Je vous
vend mou allumette es el nuestro, existente en el siglo xvii, de sopla,
vivo te lo doy; el Jardín du ma tante se parece á muchos de nues-
tros juegos de prendas: la formulilla intitulada La place príse co-
rresponde á la nuestra. Quien fué á Sevilla perdió su silla; y IsiS
fórmulas de donación entre los muchachos son parecidas á la
nuestra de Quien dá y quita se lo lleva la pejnta maldita; etc. etc.
De bailes y estampería popular nada hemos publicado, no obs-
tante considerar esta última sección de gran importancia, en
parte por relacionarse con lo que pudiera llamarse el Folk-Ij)re del
Dibujo y Grabado, sobre el cual prepara un trabajo nuestro que-
rido amigo Sr. Guichot, cnanto porque los y>/í(V/os (/<• fs/a>/i//a.^ sir-
ven para los juegos infantiles y pudieran utilizarse en un alto
sentido pedagógico, hoy que la ciencia ha acreditado que el juego
es uno do los mejores medios de aprender, especialmente en la
infancia.
Con la anterior observación terminariaraos esta breve é in-
completa noticia de la excelente revista Mclusinc, nacida y por
desgracia tinada en el mismo año de 1877, si no quisiéramos feli-
citar antes a sus ilustrados directores M^I. Kolland y Gaidoz,
cuya merecida reputación en toda Europa es harto conocida de
todos los amantes del Yullc-Lorc,
Por la Bccrion,
Demófilo.
-C Jf^íT-^i^sry^l^D^
— 479 —
NOTICIAS
Una linda contribución para el estudio de la novelística popular
comparada, es el tomo Tradizioni popolari Abruzzesi, recientemente
publicado en Lanciano, por el ilustrado colaborador del Archivio ita-
liano, Sr, D. Genaro Finamore. Esta obrita, que consta de 244 páginas
en octavo, comprende cincuenta y dos producciones, acompañadas
con notas ilustrativas.
4: *
Damos las gracias al laborioso publicista portugués Sr. D. Viriato
Silva, por la atención que ha tenido de remitir á esta Sociedad, un
ejemplar respectivamente de sus Estudos históricos sobre o Brazil, y
un Proyecto de organización del Cuerpo diplomático y consular del
Imperio Brasileño.
^ *
El Boletín mensual de la Associació d' excursio^is catalana, que se
publica en Barcelona, da á conocer en los últimos números del año
próximo pasado, las excursiones colectivas, verificadas por aquella
Sociedad, al Gorch de Perxa-Astorch y Castell de Montsoriu, á Cen-
tellas y Castell de Sant Martí y á Vilanova, Olérdula y Vilafranca. La
verdadera utilidad práctica que entraña, para la ciencia, tal género de
excursiones y el convenir este fin de la Asociación catalana con uno
de los que se propone toda Sociedad folk-lorista, son causa suficiente
para que fecilitemos á los dignos miembros excursionistas, congratu-
lándonos, á la vez, de que en España se comience á realizar lo que
exige la cultura y el moderno espíritu cientifico-experimentalista.
iQjalá que nuestros Folk-Lore regionales puedan verificar, en breve
plazo, esas excursiones colectivas que prescriben las bases del Folk-
Lore Español.
*
Nuestro digno consocio el Sr. D. Manuel Sales y Ferré, Catedrá-
tico de Historia de esta Universidad, en la preciosa obra de Historia
Universal, que ha comenzado á publicar en este año, incluye en la
Introducción general á la Historia, y como fuente de conocimiento histó-
— 480 —
rico, el Saber poputar. Demostrando la importancia propia y la nece-
sidad de conocer ésta, hasta hoy olvidada fuente, en sus aplicaciones
más directas á la investigación histórico-cientííica, hace ver claramente
el papel que representa el pueblo como factor histórico, y la deficien-
cia de las Historias anteriores, en no considerar otros factores que
ciertas y determinadas instituciones y clases sociales.
£n este punto, así como en otros, el libro que nos ocupa es el pri-
mero en su género y en nuestro país, que estudia la nueva fuente
mencionada, con arreglo á lo que piden de si las modernas- corrientes
científicas y el Folk-Lore. Damos el parabién á su ilustrado autor, cuyo
juicio se hermana con el de otro profesor de Historia, catedrátíco del
curso superior de Letras de Lisboa, Sr. D. Z. Gonsiglieri Pedroso, que
ya en 1880 dio á conocer luminosas observaciones acerca del asunto
referido.
*
«
The Folk-Lore Journal. — Con este título ha comenzado á publi-
carse en Londres, bajo la dirección de nuestro digno consocio hono-
rario Mr. G. L. Gomme, Secretario de la Folk-Lore Society, una pre-
ciosa revista mensual de 32 páginas, con objeto, sin duda, de tener en
continua comunicación á los miembros de aquella respetable Sociedad,
que tienen derecho á recibir gratuitamente la nueva publicación.
El primer número, de que no nos ha sido dable ocupamos en la
sección bibIiográfí(!a con la extensión que deseáramos, contiene los
siguientes interesantes trabajos:
Oratoria, canciones, leyendas y cuentos populares de Madagascar,
por el Rev. James Sibree, Júnior.
FA Folk-Lore de Babilonia^ \\ov A. H. Sayce.
Una superstición sobre la Arquitectura, por H. C. Ocote.
Leyendas de liadas, de Escocia, por el Kev. Walter Gregor.
\otas, Preguntas, yotieiasy Ultimas novedades, porCí. B. Leathom.
i
•i:
También hemos visto con gran satisfacción el primer número,
correspondiente al 15 del mes actual, de una revista folklorista, pu-
])li('ada en Ñapóles con el título de (Jiamhatista Basilk, que se ocupa
en la recolecci(')n de cuentos, canciones, adivinanzas, leyendas, etc^;
conteniendo importantes artículos referentes á las tradiciones po-
j)ulare8.
Por la sección,
Alejandro Guicuot y Sierra.
ANUNCIOS
Ofcwrrac/oniw »(ítj'c la Po^-iia imjnil'it; jior D. Manuel Mi la y
lOtauals. — Barcelona.— Un lomo.— 1858.
liomanetrítlii ealalaii, por D, Manuel MÍIii y Fontanale. — Bnr-
ftt.n -Un tomo.— 1853.
íslu ¡inpular es/tiiiialii y viUuU'ij'ia ¡¡ lit(ralura crllo-hitpanos,
rD. Joaijiiin Costa, profesor de 1» ¡mtilueiim /íirc— Un tomo
■ " -Págs. Viri. DOti.-Madrid, 1881. -CO rs.
'lati M l'íifhh, liiatorm amorosa popular, ordenada ú iliis-
uIb por F. Kodrignez ilnrin, socio faoultatiro del i'ulk- Ijutr An-
-En 8."— 70 púgs.— SavilIa, Francisco Alvaiez y C*. edi-
tores.—1H82.
Cin<:o riifute:iii'¡ut popiiUiin, por P. Hodrignez Marín, BDcio
facultativo del i¡'üf/;-/^»'í .■Jm/níiü,— Un cuaderno de 14 págs. —
Jerilla, imprenta de Cnrloa María San tigosa,— 1880.
ufíitoniinpnlarfx mpañnlfí contenidos eu las producciones
Mmutica» de Culdcrün de tu Barcn, Tirso de Molina, Alarcon y
ICoreto, con notas y Ipiogrifiiis, por Manuel Jiménez Hurtado.
>cio facultativo de! Folk-hoi'e .■iiii/níiie.— Sevilla, Biblioteca cien-
pco-IíterAria. —1861,— Un tomo en 8.°— 300 págs.— 10 rs.
ColfeciíJH lie Kni'jwaH ¡¡ .ítíiViimiuas, por Demófilo, socio faonl-
^■voAi\B'<iUi-LoreA,iM<n.-\3a toiuo en 8."— Púgs. 49G.-Se-
,, imprenta de Baldaraque.— 1880. — 3 pesetas.
Cuíecatin lU cniífea ihiiii'iicus, pov Demíifilo, socio facultativo
délFolk-Lote An.hhit.-Un tomo eu 8.° -Paga. XVIU, 200.—
Sevilla, imprenta de El /'onmiV,— 1881.— Una peseta.
Primi-r eatidonrro de c/ilaf Jlamnteat pcpiiJarr», compuestas
segtin el estilo de .\ndiiiiicia, por Mannel Balmaseda y Gonünleí;.
Ud tomitu de 101 ptigínas al precio de una peseta.^ Imprenta de
E, Hidalgo y C."- Sevilla.— 1B81.
l'tiiiU'» po¡¡iila>-fí espaíiuh», recogidos, ordenados ¿ilustrados
por Francisco Rodríguez Marín, socio fncnlt-ntivo del Iñ-lk-Luri'
.■Ik-í.i/>i:.— Savilla, Francisco Alvarez y C", editores, Tetunu 24.
—1882, — Cinco tomos do SOO piigs. priiximamente cada uno. —
Precio de ]>t obra 22'SO pesetas por siiGcricion.
El Fotk-Lon Frfxni-nn; Kevíst» trimestral, iirgano de la
- Sociedad de este nombre. Frcgenal, imprenta de Kl Keti, Corre-
IniiDDlo UpsglillM it FRltcrtSCO AIVADKZ T C*.
C^imín it a. M, r lio 8S, U. RR. In S<rniM, Sni. Jo
PuiiiiKiU M<mlc«niil«r, Talunn S4.
\?k TOPOGRÁFICO TRADlCld
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
INTERROaATORIO
!-• ¿CuAlea son loe iiomUesili^
hiici'UtH, nuraiiJAloB, tilivnree, iiinamn, .
navúrülen. pAtmnroB, iurlonaren, niiinl
liíoB, lirt-nas, roüna, ertie, nnrliiloa, wiulins, liii/„Th, Ml..-iiaí. ii
llca. cnfiíiilas, iit^dn-gnlCB, iiiirriuiciie, liijoe, boyns, vrsraít, \iiant±, H
vcgns, lirados, Indf rus, uinlirfiia, pC'riont'S, xuraidua, alamvüi
sillos iK' e»i= liTliiiliii iJiílliiclliüly
n i'iilgíiruienlií Iuh nlUfiui. ntita», rMiin
neruiti^e, BHiitimrioB, i
■'L'runendavaiJoeei
*.■ ¿Qlilj BU Jiur ll'-aln'Ltu h1 ullsu-li J
PurtijoB, ri'is, eti-,, üt'í,?
Q." ^C6m«j BC lluui:
uii)U«Bt«rio8, truiitHs, i'
tlioKiiK, vle, j nut* ae di
liluB ijue e[i lo Hiiti^iú e
¿Sn i'iitntnii filgunne tradJuiütiiíe ú iiletorlu^ i '
li.' illa}- en eaf téniíino mu n id] mi, i-aílill.in
mentt;rii>a nntiguo*, Bi'iiii]UirA8, mici^s, pioiirns gimltuiM, Kiil«>lái
torníiH^m, ^ nmliiuiPiA otrü monumento digno du invncroii? ¿Qi
cuenta ilc uUns?
7.* ¿Su ntrihit>-« virliul irirtlidnnl 4 iniíravillosn i alfumwd
ngiDis, ypi-bns A jiiuiims iÍp qsv li'rinino?
8.' ¿CuAICR BOn, eeguii Ion imsturCH ñ t-iuudrirR» dr. ofido.'lo
verniui, giiiUa; t'i.iitiíjtia (, l>itiU>iian Milg^iu
liuiiiljre^e.
10.' l'nnijcM ec>B|i(:fIi(iao« y iirufri'idne
ft-cliúi'í(Ls. [*riii-tíM. HuH niinibrta y
en dU-hoB lúliUH.
11.' jCuíllea BoiiIftBHitioAileesCl^niiinuenqu^oItlerirdab
teB,BO han litira<1o batalInSfutilraluB fraiii'tHeH, uiiiruH i'i niuuiiiad ,
so rnruln dw oBAs battillflB? íí¿iií vestigi^jB hp ut'eiiiia liiudtijailoflj
BÍtiiiD en qiii' Bn dieron?
la.' ¿Siiiilt-n cnrontrnrBu en cao tíi'miiio iiiodraa tlllunitfl* del n
¡¡ot) Av \a ccnMla <J Iiucbds i >ct riñen don? Nomiirvs Av Itw HitkiM caqa
se oiK!ii entran.
AvroMo Macium t .li.VAHl.
MISCELÁNEA
Origen de los nombres Yerba-buena
y Mejorana
Señora Santa Ana y señor San Joaquín, que eran dos
muy buenos casados, salían todos los dias en amor y com-
paña á dar un paseo por el campo. Santa Ana, como toda
mujer, era muy añcionada á las flores y las plantas, y ape-
nas se hallaba fuera del pueblo y en campo abierto, se en-
tretenía en cojer todas las que al paso encontraba, y en
olerías y examinarlas como pudiera hacerlo el más curioso
naturalista. San Joaquín, que era bueno á carta cabal, y lo
que se llama todo un bendito, ayudaba á su mujer en aque-
lla tarea. Y así se pasaban las horas muertas: coje que te
coje yerbas á ver quien cojia más y mejores. Cierto dia, se-
ñora Santa Ana, que siempre quiso salirse con la suya — y la
suya era encontrar flores y plantas de mayor mérito que las
que el calzonazos de San Joaquín recojía — se dio como quien
dice de manos á boca con una yerbecita tan verde y tan
olorosa, que era una bendición de Dios olería; y saltando de
gozo, como pudiera haberlo hecho una mu<Jiacha de quince
á veinte, siendo así que la santa Madre de María era lo que
se llama toda una señora abuela, porque ya habia nacido el
Niño Jesús, empezó á dar voces á su marido diciéndole:
— ¡Joaquín, Joaquín, ésta sí que es yerha buena! — Pero suce-
V,^ 12 1
— 4Í(2 —
iliii que San Joaquín, que aniíaba il patas en bnsea también
íIr ¡llantas y flore», encontró en aquel mismo instante nna
yerba míls veiile que la lechuga y oliendo A gUiiia; y an-an-
L'ámiota de la tierra y ensenííndo.si'la ;i su mujer: — Ksta es
wcjoi; Ana; ósta es im-ioi; Ana — '¿víló irouio un eni'rí,'únn'no.
como si quisiese conwncer á su ccn'UIht de iiiie liabia sida
más afortunado que ella.
Desde aquel dia se cuestiona Nobie cuál de Ins dos idantas
da olor más iireciado, si la ¡ivrhithiivnn ó la ¡iiijnran/i \ 11.
L. íM. K.
Recuerdos á los muertos.
Sin entrar de lleno en la f rascendcntnl é importante cos-
tumbre deliiinrary recordar á los mm-itus las íreneririniit's
bunianas. asunto á que Uan dudo t:iita luz los estndifts •Puliré
Vi-thliínriii y Or'mi^'S •'•■ hi lirH i ■-<«•'»•:>. ViiliiO.s á indínii- la.*
dislinias mamaras (|Ui,i t! up. el ¡n-.i-Mn di.- loisi'iviir ¡in-iiii-riav
(■x|jiTsav sus ivi'Ufid't.-i :i l>is (Üliiiitus allegados. IKilu.- o:.-
si'ivadü las .siguiciiti'S:
ri;Á'"ircAs kmhiíxas
\S^ Adoi'iiar Ins si.'jiul(nras con llon-s. olijctiis v laces,
diiraiitiM'I mt-s dí; Xuvi.-iiilíiv de ca.la afi.i Cji-v' ,k- .íif'i,,'..,^,.
:.',!' Celebrar aiiiversariu-s y dt'dicar misas.
l'l¡.\CTIl--Vá INTKUX.VS
Ü.ii Itecitai' oracioiif.-;, u|d¡cáudo!as á la salvación de la^
almas.
4." ('(insci-var objetos que iieríenec¡i'i-"li u los diliinlos.
cuando eran vivos.
y expresar lus :
"las di-liineii.u-'.-
, s;lIliÍoii;u!;is [lu]' la cnsiiHiif IV
■■ns;ici<iuc> exiii_'riiiieiiia'hi.-> ]■ ir
— 483 —
6.» Hacer epitaños é inscripciones lapidarias.
Fácilmente se comprenderá que lo anteriormente apunta-
do necesita una larga serie de artículos para su desarrollo.
Por ahora, vamos á citar ejemplos de algunas de las fases
comprendidas en las secciones quinta y sexta.
FuASEs.— Cuando en conversación, ó ile i-eferencia, se
nombra un individuo de la familia ó amigo difunto, se ailade
al nombrarlo una de las siguientes:
— ■ Que en paz ilesranse.
— Que esli- en gloria.
— Que Dios lo haya ¡Krdonado.
— Que sania (/loria Iiaija: (decían nuestivs abuelos.)
— Salle la tierra leve.
Como imágenes figurativas, cuando se contesta á uno que
pregunta por una persona que ci'ee viva, siendo difunta, se dice:
— KM con Dios.
—Ya está comiendo fiíirra.
— Ksíá en la tierra de la verdad. •
Epitafio. — En el suprimido cementerio de San Sebas-
tian, en Sevilla, leíase en una lápida un curioso epitafio,
compuesto por un barbero de barrio, bombre muy dado á
esta clase de composiciones. El epilafio, escrito con desco-
nocimiento completo de nuestra ortografía, recordaba á un
pobre niflo, que murió eütre las ruedas de un carro, en el
bai'rio de San Bernardo. Decía así:
A los tres aflos de cdá
ViUinia de un carro /i,
hi á mi padre que sentí
En bispcra de tiabiá.
Y en tan contino pena
Mis padres no encuentran
En su pena alihio;
Y yo, en dia tan ernioso.
Subí al jior/á dibino (1).
A. G. S.
(1) Con objeto do evitar abusos contra Ia Granillti<:a, y tnmbit^n
con otroH objc't'is, b(í estnbiüciú en nuestro Munipipio una censura [larii
todas las inscri|idoncB que mi expongan al publico. KhIíi medida es
causa de que no almiiden ejt'mplart's purt-eiiUis al inserto, ¡mes nn
deja de desposeerlo» de la e.ipoiitánca natunüidad y earáeter propio
(juo ol paebli> puedit darleH.
1. — Olól viva el niariscol
2. — ]Hija de los tnétanos de mi caerpol
3. — ¡Ojos flue te vieron dll.... ■ . .
4. — M&re de las «les de mi cora^«m.
5. — Bendito sea el Obico. [Alnde al pié peqnOKo.)
6.— Me quiere Y. de lazarillo, arma e mí arma?
7.— Olél la Giralda, bonita toa.
8. — Ay, ¡qné cinturital iQué sortijal
9.— Va V. más jincha que fueye de órgano.
10. — ^Mare, vamos Á arquilá nn cnartito pS los dos solitttf?
11. — ^La van á prendé i. V. por revolnsionnria. — Ay,
f,por qué? — A vé, porque va V. miranda contra el Globíenio.
A ana bizca.)
, 12.— fleé, ¡ftlU va esoll
13. — lié Qsté los ojos qne paesen dos griyos conuendo '
tomates.
14.— Yaya 'stó con Dios, malas ideaa.— |Ay, el bombrel
— Pos está claro, si vá Y. á jacé subí la harina e barrica, con
la jambre que corre. (Alude á ana mujer qae llevaba machos
polvillos en la cara.)
15. — Olal ole lo -satao! vivan las salinas de Balcai^aol
16. — Señora: tengo dos pesetas.... diarias.
17. — Ay! ay! ayl — ¿Qué es eso señó? — Ná: choque sin
descarrilamiento.
18. — Jesú, qué buenos dientes pft roe caliyos é sandia!
19. — Seilora, sefioraá. — (Vuelve la cara). — Ná: ¿me qoíé
V. d;l argoV-T-ün tiro. — Bueno, que sea de cuatro cabayos de
* lililí duros. ■
20. — Vate V. más pesetas que clavos tiene una aren:».
21. — Si fuera V. monja era yo fraile en ese convento,
mare.
22. — Si fiíera V. damasco me la comia á V. con gflese-
sito y tó, reina.
23. — Me la comia á V. aunque me diera un cólico é trapo.
24. — Ole, la vigen del Carmen!
25. — Vayasté con Dios, alma mia, qne es V. más preciosa
que el premio gordo de la lotería.
20. — ¡YayaKtú con Dios, terroudto e gloria!
— 485 —
27. — Vayasté con Dios, alma mia, ¿quié V. que ponga ^
mos á media una confitería?
28. — ^¿Quié V. que le compre un sonagerito? (A una ni-
fiera.)
29. ~iAy, más vale sólita que mal acompaña!
30. — Ole! salero, en ese barco era yo marinero.
31. — ValeV. más peset&s que puntos tié una calceta.
32. — Si no fuera por lo que es y por lo que será le áfecía
á V. una verdad, prenda.
33. — ¿Me quié V. de sereno e su calle?
34. — Me da V. un beso por un cuarto.
35. — Démoste esa niña, que nunca m' ha dao V. ná'
mamá.
36. — ¿Tendría V. inconveniente en sé mi suegra por la
comía ná más?
37. — Gomare, ¿s' ha metió usté á playaso?
38. — Le biá á compra á 'sté un niito pa que hagamos cria
juntos.
39. — ¿Aonde vive V., entrañas mias? — En mi casa. — Á\\í
hago yo lo que me dá la gana.
40. — ¡Hija e mi arma! ¡Probecita ciega!
41.— Tié V. unos ojitos que hasta caros son bonitos.
42. — ¡Quién nos viera á nosotros como los platitos en la
cocina!
43.— Hermosísima der too! — Muchas gracias. — De usted
son todas, reina.
44. — Por la contribución es cara. (Alude á la llamada
contribución de la sal)
45.— ¡Ay, qué tres panalitos!— ¿De abispas? — Nó: de glo-
ria empapela.
46.— Qué edad tiene usted? — 15 años.— No pué sé: en
ojos tié V. más e 30.
47. — Ole! la tierra é María Santísima.
48. — Quié V. pelea conmigo á bocaos?
49. — Tres meses á dieta viajando en ese ferro-canil.
50. — Oiga V., almacén de gracia!
51. — Tiene V. más gracia andando, que el Obispo con-
firmando.
52. — ¡Valiente jaca!
53. — Ole! viva el toreo.
54. — ¡Olél la circunstancias!
55. — ¡Tu mare! ¡Graciosa!
56. —Yo lo digo y es verdad: que val' ustéseis mil millones
de besos.
— 488 —
Hijo mió, echa agiui. — Y el padre Cabrera lee que lee y yo
eclia que echa agua: y cá hr (1) el fraile se iba enfadando
uiiís. Pues seilor, en estas fatigas me dijo, dice: — Agárrate á
los hábitos, que vamos andando. — Y croa usfc\ que el fraile
estaba ya negro (2) y yo no entendía m de lo que decía, más
que las mardiciones que echaba. A la conclusión de estas cosas
se armó un núo, lo mesmo que cuando una piara de marranos
])asa un rastrojo (;3), y se alebantaron los bichos y los echó el
fraile á ww^jomhná (4) y ayí se pudrieron.
Al fraile no le entendía yo nada de los latinajos (5) que
decía; bien que yo estaba casi, casi, echando á juir, — Esto
ocurrió á la junta ((J) de los montecitos de Cantarranas (7).
A. G. S.
Ocurrencia ó golpe de gracia
Contemplaba un inglés, de los muchos que visitan á
Sevilla durante la primavera, la magnífica y esbelta torre
llamada la (liralda; y no pudieiulo callar sus impresiones,
decia, puestos los desencajados ojos en aquella maravilla ar-
quitectónica:
— ¡Cosa magnífica! ¡Cosa sublime!
Acertó á pasar un andaluz á tiempo que el as<n)i1)rad<>
iiiglós repetía, á j^uisa de esl.i'ibillo. aquellas i.)a]íil'ras. k"
inipueslo (le lu que motivaba la admiracii'ui del cj/ra»/f/is se
acercó á éste v tinindole de los faldones de la levita:
— riK'S toa. tüíta — le dijo -está ji'clia 'quí mesmo.
L. :\i. H.
r ('(i'la rrz: \ai (Mjnlrncción reí es usada i»i)r cas'i y cikii', i ai-
tí«Mllll.
•J. Ksfur nch'iK (Minivalo á (\Mlar niiiv cncarnailo i*l ri'.vtr«», •» o«.»!i-
Iraido por il í'iirur; así se; (['wk' rstar nv'iro dr inr.
(3) líastrnjo t'S el rcstu y cañaHí dv la iiiiés. tlt'spiii'H k\k' si-j^aiía.
ípR* (jueda 011 In tierra. 1.a ('(Hiiparacioii «K'l iiarra«lor pértrm-i'e al .:*■
lien) «le las lU? iinilacitni, luiculns de la exclusiva n]iservafi<in tir I»-*;
íViiniiii^nos naturales. l!^a <*l;ist' d(.' ei/iiipar:n'i«nii-.'í ls imiv l('::ie«.> '..'iv
alunulcii eiiíre la ^t-iile rústioa.
1 1 i ¡¡niithuddiL
'.) Cuando el pueM«> nu enru-nde la oonversae¡-'ni i'i exj'resiíjiies
do una personn, diei* (pie haMa en l;itín ó (|ue rrlm ¡titnniji^^.
;<*• ,! /./ ji.'iitn: ('iJ J'nlo, 'uoito): jand)ién diee el piiel»!-» ti ht '.i...
i^7 ('ani]-(.> del l-.-rniiiiu <.le C'<'idnl,:i,
Dichos populares
1 Como no hay beiila ni pogá
Indica quo las ventas y posadas invitan al descanso y k de-
tenerse en ellas aunque no sea más que para ec/iar uh trago: en
cambio cuaudo no las hay se redobla la jornadit.
2 Como ¡os tres Iniehv» jarones vcnijav bien empoyaoi, buen año.
Bebe considerarse como un refrán agrícola: los tres huchot
jarona, son loa meses de Marzo, Abril y Mayo.
8 Como el ijaUo del Arahal, ni allá ni acá.
Aunque el que me dijo esta frase me diú como única razón
de ella el qve peyaban hieii vnot palabra» con otrat, esto es, que aso-
nantaban, soepecho si encierra algtina tradición análoga ¿ la del
Gallo de Morón, que se quedó sin pluma y cacareando. El gallo
ñgura en muchas locuciones popuUires: v. g.:
3' Hase más frió qn' er Gayo.
3" Te quiero más qu' er Gayo.
A. M. A.
Coplas populares
Buscar el honor perdido
Es lo mismo que buscar
Una aguja de las ñuas
Que se pierde en un pajar.
Al paño fiuo en la tienda
Una mancha le cayó :
Se vende por bajo precio
Porque perdió su valor.
La primera de estas dos copias es original del inolvi-
dable Ventura Riüz Aguilera, poeta culto, erudito. Dfcese
que el autor de la segunda es el poeta anónimo llamado
Puehlo. ¿Quién vence á quién en la empresa de explicar el
concepto del liouor'r'
L. M. R.
Tradiciones populares (O
lA CKUZ DE JlTAltKK
Era un matrimonio que vivía en oí conijiieln de Sartorín,
que aiites eia de Cliarlos (?) y la mujer tuvn lo que gitiA que
J'itv (-I) con otro IiDiubre; y un dia que el niaríilo si^ tiní de
iiioulerfa ¡e ilió jior fioVieme á su casa inüs hvuipOiio, y se
encontró ú su mujer con el otro, y agairó á la mnjer y la
enterní. y agarró á. la criatura y la enterró y ahuyo se eute-
n-ó él. Por eso hay tres cruces en el camino (a).
LA APAIUCIOS DE SAK BAFAEL AL PAUltE ROtXAS (-1)
Estaba el ¡ule Roelas en el llarruhial (ü) y se Ic ¡ipari^
cierou tres ginetes, y entonces el de emnedio, que era San
Rafael, le dijo que venía de parte del Siintísimo á decirle
dónde estaban los liuesus de los santos mártires. (Ku r'í iHi
de ÍMzarho (7) Lüpez está el Santo dutrá^i de la puiíria, que
(1) ],iis rloH BiiliriuH Iriulii-iíjiii'H <|iii- |iiil>lÍi-niiK>H. wiHi'jiíiiti-s d la
flKTt.H .lÍ.-ll¡lK.
M) l,;i rriWc 'In inio ■¡iihi 'jif fii'-, tan i.'iii''i;¡¡i':i i-Liim iDl.iistam
tu.'nliil<>. i'Ktúpor <liJ<|iic-'jH(,.r(i. iiu>: /iir!.'\
(iSi V:» imi'iitiiiti.i. »l N. < ).>!>' <.'úr<l<>ltii.4tiu coiuiíti-i' i-on .,|]'..»u
Sii-rra M.irciin. Auii.|ue l:i Inuiii-i.'.ii y-Mvn; M-fmrue ñ unn .tu)!, Iioy
tri:n i'niLVH. LliiiiiHHO l:i '.'mi.: 'Ir Jmw:, poniuo uní »u :i|'«iliil;ila i-l
t„!llll.l.,l-.
.'ti |-r;ú!,. r,>r,l..l«;M.- KnIíi liM.li.'iúii .-'.m- nm «riiii jmu.rjiia.l
t:i[iLl.i.-ti .■iilr.> l.>,4 .•,;i.íif:x. V.a .-1 ywnU- iMiuiini. .1.- l.V.nlul.it luiy iiii:i
lii]i¡il;i <'iiii uii S:iii üiifiíol Yiiniiiiwi'niidp'ti i|iii' ri;L-iUTdu i*I iliii iti' ;,i
v'r. Ciiiiijifi ili- (.Viid'iliii.
:' ¡.•i-M.-U.,. .liminiiliv.i (!.■ I.ikiini, ICii ('.■.nloliii v t¡niiia.¡;i .-
iiiiiv i¡:iii.. i'l [Mi-M" .í Inriiiilv iliiiiiimlivi.H, t.-i-iii¡n:iili.s .■ii i.:-: .-.11.];..-
,i,. ■.„■/„;,■„ ;,i-h,„-¡r„:,\^-¡,<.brc- ¡.:,U.:IU":Ú'.: ¡.■•I... tuil.. l-úti,..: .;■■
.*■ F.l ]>iii'l>l.i .l.-U iiltii Amliilufiii .ii.v .[iiv linmuii.t es I.i f.-' ■■■
iii¡»i.'riil»lt;B.
— 491 —
lo lia conjurno (?).) A los iiocos días se le ¡/oUm á aparecer eii
su casa y jiu: cuando le refiró (1) que era Itat'ael: y entonces
el ¡ladre lo conjuró y se lo (lijo al Obispo y buscaron los
huesos de los mártires y lo' jáyaro» [2).
A. G. S.
Frases hechas (^)
Dk AGRICÜLTOB
¡^ cogió la so-raea (BO-rueda). Bemejantc á lo cogió la blandn,
se lo impuso, etc.
Origen.— Cnando una carreta va á tthvúa do una ladera, ol
buey que va en la parte de abajo , sostiene la carga y queda debajo
de la rueda, y se dice: el bueij tic lo Mo-ruea.
}io es trigo limpio. Se dice do alguno que tiene oiertoB graves
defectos, aunque aparente ser hombro de bien. Semejante á no
jnega limpio.
De cioasrf.ras ó df. industriales de tabaco
Fulano es palo partido.
No me gusta fulano, tiene tiiala capa.
Las dos primeras se naan en Yillamartin. Las dos últimas
en Cúdiz.
A. M. A.
(1) Jiié por/MP,— r(yfp<Í |)or ratificó,— jai/nron por hallaron.
(2) Di Ilcil mente rc eni'ontrnrd un paÍH que U<ngu más trfldicionea
populares que el nueairu. l>aB <loa (jiie hemos iniHTtiiilo ]iüdoin08 caliíi-
i-arlns de imljaren y Hgiirafi. A decir verdad, el ninnúinero de tas que
ex'iRten con exe iiiiniiio (^trtc, tan si'ilirínH eoino pooo inlereHnntes, itn
Ron Ina igue cnlr»nan importimpín h¡Rb'ir¡i;a ó inornl. Kxistcn otrns que
(■onstitii.ven de por ni un couipleto L'studio de orcenrinfi. do bucoboh his-
tóricns genérale» <i locales, de fé religiosa, j- de costunibres populares,
qiio lian dftdo no eiu-nHO miiteriat de ínspíraciiin A poetas y uoveliRtaK:
en tndiiH jufgn niuclia parte la crcilulidad, la ignorancia y lo riiaravi-
lloso popular.
(:t] lioccigidüs por niiestni querido amigo Hr. D. Manuel Pule^r y
i'olcy, en Villiiiiiartíu, pruvíiicia de t-iuliü.
»»
— 492 —
La salve de los presos (^)
Dios te salve, aurora bella,
Madre de Dios y consuelo;
Amante y querida esposa;
Del Espíritu Supremo;
Hija del Eterno Padre,
Madre del Divino Verbo,
Salve, admirable Sagrario;
Puro, hermoso y bello Templo
De la Trinidad Divina,
Criada del ave eterno (?);
Concebida sin la mancha
De nuestro Padre primero.
]0h dulcísima María,
Sacra Emperatriz del Cielo:
A tí, Señora, rendidos,
Pedimos presas y presos,
Que nos miréis con piedad.
Con amor benigno y tierno!
Alivia nuestras prisiones;
Danos, Señora, el consuelo.
Que de tu amor lo esperamos
Y todo por tí lo hacemos:
Serviros en esta vida
Y alabaros en el Cwh.
Digamos: Ave, ]\raría.
Para que tiemble el Infierno.
L. M. \l
(l) Sabiilo 06 lo <|iio sií^nilioa la Salcr tic los prcsn.^. Ciiaiul»» lloj^a
la hura tristísima de llevar al jíatíhulo al (les^^raeiado que fu»' roiuh'-
nado á la iiltima i)ena, sus e()in]>afier(>s ile prisión le desnidm ent«>-
nando caneiones tan sentidas romo la ({ue insertanius en esta ii»'vista,
todas las cuales son invocaciones lorvurosus á la Santísima \*ii.:;vii
María, por cuya intercesi<m esperan los que en prisiontís ;í!nii-n el
alivio «le sus i»enas. l>íceme la persona que mo ha facilitado i*r*ta l-vlli-
sima poesía, (lue la Salrr es ohra de un joven llamado liafael, e¡ ciun
fuL' conocido t'U Córdoba i)or el apodo lie rl <lr la Sah'f\' ile ihinil»* in-
licro qut^ la Cíi/i/y<(M-/V/'í/Ml<'l poeta i)opuhir ha sitio tic las «ji;** h:". -m
raya; que es como si dijcraíii«is <h' las «lUt? se rejúten en eircuMsíani"i.>
iiiénticas á at]Ui'llas en qu'.' fnei'on cantadas por i>rimera vez. S* r coH'»
eido por el título «.h* sus poesía^ s/ih) es dadi» á in¿:en¡o8 do priin-.r
orden: (\impoamor, el ti" lax l.htforas: Nuñez de Arce, c/ th' los /'•>••;>':»>.
Kafael, rJ de hi SiiJrr. I>e í'sta y de otras muchas cosl.und«res popn];irv>
me o<'ui)arc en el i»ol)rís¡mo estudio ipio d^» his qn<' al puehh» anilali:/ 5c
relieren he eijipreiidid .», (ini:iin'i<«;e L ,>i ('./,Tf//'-s th- r,r¡}(.,s.
— 493 —
Geografía física en coplas.
— Sevilla para regalo,
Madrid para la nobleza,
Para tropas Barcelona
Y para jardines Valencia.
— A San Roque (1) lo comparo
Con el revés de una taza,
Todas son cuestas arriba
Hasta llegar á la plaza.
— Mira si he corrido tierras
Qu' 'e estado en el Berrocal, (2)
En el Monte, ^ tras la Sierra,
Zalamea la real, (3)
Y en la provincia de Huelva
Me dieron una pedrá. *
A. G. S.
Dicftados tópicos
A Brencs ycba pan pá qne sones.
Y si te qneas por aya, pan p' armosá,
Cama pá dormí y aseite pá er candi.
•
Esta versión, que es la más completa de cuantas conozco, me fué
dicha por un natural del mismo Brenes en el año 1881 .
En la revista Melmine^ p. 101, hallo los siguientes:
DICTONS OEOORAPHIQUKS
1 Chartrcs saus paln,
Orlcans sans vin,
París sans sciencc
Adieu la Fraucc.
Lozere
Pays de misere.
E. R.
(1) Pueblo de la Provincia de Cádiz.
(2) ¿Lugar de Huesca?
(3) Provincia de Huelva.
Ej. C«mpatm U de ToUdí^
Iglesia la ^e ¿«¿n, '
Bfilox el de Benavmte,
YroUoeltto maUíi.,
Ej^ De dragón
Ki viento, ni varoD.
Ej. Hitoet mal en CoVtn,
Y huir á M^alién.
BCCEBM HlSTÚRtOOe
£j. En Alealañazor,
Al m&Dzor perdió el tambora
CUALCUDES TDPOQRinCAB
Hipaña en forma de enero
Tiene la corte en el centro.
Copla ¿nacional?
Al marcharse los franceses
Uim bala me encontré:
Llorando estaba la pobre
Porque iio mató á un francés.
La antecedente copla tiene, ¿ mi pobre parecer, todos
los caracteres de las populares. ¿Es cantada, i más de en
la provincia de Sevilla, donde yo la he oido, en alguna otra
de Espufla? ¿No podria ser esta copla el punto de partida
paia nn estudio tau interesante como el de Pitre sobre las
Vísperas siciliams, según el sentir del Pueblo?
L. M. B.
Ocurrencias
Un pariente mío fué hace dos ó tres nüos A la velada de Santa
Ana (1), 7 al iiiiBar por ks buñolenaa, vio uaa gitaoa muir com-
puesta vestida de blauco y cou un gran escote: al verla, por oiría,
le dijo:
— iQutí dsRpechugada estás, majerl
~ ¿Y eso qué le jase, señorito? contestó aquélla; evantai me-
nos hojas tiene un libro iiiát jironto te encutntra er capitulo.
Habieodo ido uii gitano asacar su cédala da vecindad, el
celador del barrio, llamado D. Miguel, después de anotar ens
señas personalee, le preguntó si tenia alguna seña particular.
— iüeüa particulá!!.... ¿y qué ej eso? 'eñó on Migué.
— Hombre, que si tiene Y. alguna cualidad que lo distinga
de los demás hombres, de esas que son exclusivamente propias
de nn individuo, que no se ven....
— ¡Aij! sijiiio; üw &!i¡nté: jioHga'$té ahí que ttngo tnaj ambre que
I)iot. ,
MucliRcba. —Acusóme, padre, que he dao un trompieso.
Padre.- ./íawji, hija y qué mala eres fui boirico e latero,
A. M. A.
Pregones
De un vendedor de objetos de quincalla y perfumería,
expuestos al aire libre [vía pública) y vendidos cada uno de
ellos ú real y uiediu (^-iS céntimos de peseta).
A real y medio íó, tó!,
El cartucho de polvos y jabón de olor;
A real y medio lá.
(I) Celébrase nnunlmunte eii Tríana, biirria <Ie Sevilla.
s." 12 3
"^■•^'
— 498 —
Cacharas de palo con su tenedor;
A real y medio tó,
Y esta es la realización;
A real y medio fó, tó/(l)
De un vendedor de roscos y bizcochos, que se ha hecho
popular en Córdoba por su pesadez y cachaza, ó como dice
el pueblo, por su ¡fuasa y sangre espesa,
T hasta cuándo....
Va á haber.... lilas.
Y el rosquero,
Magdalena sin pelo....
Ay! qué roscos.... (2)
A. G. S.
Nombres de sitios (^)
CORTIJOS DEL SAUCEJO
I
III
14
Rano.
1
Alberos. (¿Herberos?)
15
Dehesa del Lobo.
2
Cascos.
Peña bnja.
IG
Peña de Águila.
4
Pozo ancho.
IV
r>
Mina.
(j
Puerta.
17
^fonjes del Rívalle.
7
Ajibon.
18
Haza del Negro.
8
Vado del yeso.
V
II
10
De la Almita (¿Ermita?)
9
Tarajal.
20
Tejarejo,
10
Nabazo.
VI
11
Alameda.
f ^
12
Alameda baja.
21
Estepilla.
18
Parmeña.
22
Carpió.
(1) Tó jíor toiJo.
r>) LoH i)iint<)s Hiispojisivos indican las paradas ó Husponsiñncs
cad(Mici<)Ras dt'l vi-ndodor.
i:i) Véase el n. 3 de esta Kevista, p. 81.
499- —
28 Castillejo.
24 Gordillo.
vn
25 BenamasoD.
26 Infantes.
27 Garzón.
28 Garzoncillo.
29 Nogales.
30 Gracia.
vm
81 Mayorazgas.
82 Boticarias.
88 Rico.
84 Viejo.
IX
85 Torote.
86 La Lebrona.
87 Filiriqui.
En la lista anterior faltan los siguientes cortijos inscritos en
el Nomenclátor de España (1) faltando €n ésto á su v¿z, los que
hemos señalado con los ns. 1, Ú, 7» 8,9, 12, 16, 17, 86.
1 Enebros.
2 Golcheros.
8 Gobantes.
4 Rubio.
5 Rivera.
6 Solana,
Como se ve, los nuevo grupos en que dividimos estos nom-
bres, corresponden por su orden el I."" á piedras, tierras, etc.; el
2." á vegetales, el 8." á animales, el 4.° á comunidades y perso-
nas, el 5.^ á construcciones, el 6.° á nombres de pueblos, el 7.^ á
apellidos, el 8.° á apodos y el 9.^ á indeterminados. La esplicación
de estos nombres, nos liara rectificar en su dia esta imperfectí-
sima agrupación que hoy hacemos de materiales, sólo al parecer
homogéneos.
A. M. A.
(1) Este Nomenclátor es una obra de gran valor enmedio de sus
imperfecciones, y de suma utilidad para los folkloristas. Titúlase No-
menclátor que comprende las poblaciones^ grujios, edificios, viviendas,
albergues, etc., de las cuarenta y nueve provincias de Éspañn; dispuesto
por rigoroao orden alfabético entre las provincias, partidos judiciales,
ai/untamientos y entidades de población. Madrid. — Imprenta de José
María Ortiz. — Rubio, 35. — Esta obra consta de ocho gruesos tomos en
doble folio: se empezó á publicar el año de 1857 y quedó concluida el
1871, con caráctei oficial y bajo la dirección, de lu Junta General de
Estadística.
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APÉNDICES •
I
EL FOLK-LORE ESPAÑOL
SOCIEDAD PARA LA RECOPILACIÓN Y ESTUDIO DEL SABER
Y DE LAS TRADICIONES POPULARES
1.* Esta Sociedad tiene por objeto recoger, acopiar y publicar
todos los conocimientos do nuestro pueblo en los diversos ramos de la
ciencia (medicina, higiene, botánica, política, moral, agricultura, etc.);
los proverbios, cantares, adivinanzas, cuentos, leyendas, fábulas, tradi-
ciones y demás formas poéticas y literarias; los usos, costumbres, cere-
monias, espectáculos y fiestas familiares, locales y nacionales; los ritos,
creencias, supersticiones, mitos y juegos infantiles en que se conservan
más principalmente los vestigios de las civilizaciones pasadas; las locu-
ciones, giros, trabalenguas, frases hechas, motes y apodos, modismos,
provincialismos y voces infantiles; los nombres de sitios, pueblos y lu-
gares, de piedras, animales y plantas; y, en suiua, todos los elementos
constitutivos del genio, del saber y del idioma patrios, contenidos en la
tradición oral y en los monumentos escritos, como materiales indispen-
sables para el conochniento y reconstrucción científica do la historia y
do la cultura españolas.
2.» Esta Sociedad constará de tantos centros cuantas son las re-
giones que constituyen la nacionalidad española. Estas regiones son:
La Castellana (Dos Castillas). — La (rallega. — La Aragonesa. — La
Asturiana. — La Andaluza. — La Extremeña. — La Leonesa. — La Catala-
na.— La Valenciana. — La Murciana. — La Vasco-2savarra. — La Balear. —
La Canaria — La Cubana. — I^a Puerto-Ki(iueña, y — La Filipina.
Todas estas regiones, verdaderos miembros del FolkLorc Español f
contraerán la ineludible obligación de dar cuenta de sus trabajos anua-
les á todos los centros regionales análogos, á los que remitirán también
un ^emplar por lo menos de todos loa p«riódicoB, reviBUa )S libioa qm
pnbUqnan. A. exeendon de «U obligiuion y dd 1« KospUdon dd fli^gm
eatá Sodedftd M popone, oídi oentro m conatítalri del modo j taña»
qne faoR por oonvaalente. ^
S dóa ¿ rafa de hi regloaei mendomulas, por bu horaofeatMid
ü» dlaleeto, ualogí» de oMrtnmbreB, oondidonei geográflou ó ooelqidé-
M otra oanu inilogs, deaeanm nnirsA conatitaTando vn «dio eeotn,
podrAn hacerlo adspúndo nn nombre qne comprenda loa de laa ragk>-
nea componentes; ejemplo; él centro campnesto de Extremadura )»Aii-
dalnda, eg denominaría Bétioo-Eztoemefla, etc.
~ 8.* En la recolección de mateiialea, todos y cada nno de loa een-
trofc de) jíbtt-£ore qoé ae ¿onaütajautraídrán como prindpal ottjeüvo,
la fidelidad en la trascripción y la DWiTorescnipaloddadát declararla,
pioeedoida de laa tradlcionea 6 datoa, ete^ que recqjaD, ntilisaado,- ,
enando.el estado de aus recursos lo conaienta, la escritura mnslcal, di-
bujo, taqnigraSa, íotogxtSi» y demás medios adecuados para obtener la
fidelidad en la raprodncdoD.
4.* Para el acopio de matoriales, cada Centro regional se snbdirt-
dirá en tantas secdones cuantas crea necesariss, j extenderá, valiéndo-
se de la iniciatíTa individnal 7 de la cooperación del-KoblenM) en sa
caso, 808 aódos correaponsales por el ma^or número pcdble de loa pm-
blos de su regíOD, haciendo que todos envien al Centro de aquélla kw
materiales reco^dos.
G.' Para la poblicacion de los materiales de todo género que se
recojan y acopien, cadn uno de los Centros qne se constttayan se val-
drá de loB periódicos, reyistae y libros que e] estado de sus fondos le
consienta ir dando luz, y de KxpoBÍciones y CongiesoB regionales y na-
cionalen. Unas y otros se venfícarán cuando los recureos de cada Cen-
tro lo consienta, sin ñjacion de época determinadA. Loa Congresos na-
cionales se celebrarán por riguroso turno de antigüedad, entre las dife-
rentes comarcas que formen Centros de la clase que nos ocupan.
6.* Estos Centros, no sólo publicarán loe datos recogidos de la
tradición ora], sino que, leyendo y revisando todee nuestras obras lite-
rarias, entresacarán de ellas todos los elementos populares que conten-
gan y se liallan declarados en la base primera, elementos que, recopi-
lados, darán á conocer en forma de monografías, libros, etc. Asimismo
reimprimirán loe libros manuscritos ó cuya edirion se haya agotado
referentes al objeto de esta asociación, y publicarán también todas las
Memorias ó informes relativos al Folk-Lore (saber popular), que conri-
deren dignos de ser conocidos.
7.* Todos estos Centros regionales, á mas de mantener entre sf
por los medios indicados en la baso quinta una comunicación tiva y
continua, procurarán, por cuantos medios e?tén á su alcance, promorer
la formación de Sociedades análogas ala presente en todos loa puntos
del mundo en que se hable la lengua española, porque allí donde se
habla nuestro idioma, allí está también el genio de nuestra patria.
8.' Siendo el objeto de esta .Sociedad la reconstitución científica
de la historia, idioma y cultura nncionalea, cada regfon procurará crear,
dentro del limite de sna fuerzas. Bibliotecas, Conservatorios de música
popular y Museos etnográficos, artíaticos y científicos, y ronñtirá un
par de ejemplares do las obras que publique á la Acadeuiía de la ]<en-
gua y de la Historia y, cuando sea posible, una reproducción ó <leacrip-
cion de loe olijetos qne recoja, á los Museos nacionales, couio obsojuiu
debido al Estado por su efícae cooperación y concurso, ai llegara á
prestarlo.
— 503 —
9.* Estas bases se revisarán, corregirán y ampliarán en el primer
Congreso nacional que se celebre, con el concurso de todos los Centros
regionales que hayan llegado á formarse, todos los cuales, como verda-
deros hermanos, iguales en derecho y miembros activos del Folk-Lore
Español, determinarán, si lo croen conveniente, la formación de un gran
Centro Nacional, donde todos so hallen legítimamente representados.
Sevilla 3 de Noviembre de 1881.
Aktoxio Machado y Alvarkz.
II
CIRCULAR DEL FOLK-LORE ANDALUZ
DIRIGIDA Á LAS PROVINCIAS ANDALUZAS
Muy Sr. nuestro:
Los que suscriben, miembros constituyentes de la Sociedad
del Folk'Lore Amlaluz, á propuesta de su digno consocio el señor
don Oonzalo Segovia y Ardizone, han acordado por unanimidad,
considerándolo como el primero de sus deberes, dirigir su voz
amiga á todos sus paisanos do las ocho provincias andaluzas,
invitándoles, como á hermanos queridos, á que presten su va-
liosa y eficaz cooperación á la modesta y levantada empresa por
ellos iniciada, de recoger y archivar para ulteriores fines los co-
nocimientos y tradiciones del pueblo de esta privilegiada región
de España, que, si en remotos tiempos dio á la Iglesia lumbreras
como Ossio, San Leandro y San Isidoro, en todos ha dado á la
patria filósofos como Séneca y Maimonides, agricultores como
Abu-Zacaria y Columela, naturalistas como Mutis, médicos como
Monardes y Avicena, filólogos como Alderote, eruditos como
Kodrigo-Caro y el Abate Lampillas, ascéticos como Fray Luís
de Granada y el llamado Apóstol de Andalucía, poetas como
Herrera y Kioja, capitanes como el gran Gonzalo de Córdoba y el
nunca vencido D. Alvaro de Bazau y marines y marineros como
los que acompañaron á Colón en su gigante empresa. Esta in-
agotable tierra ha suministrado también diligente amor ú Fernán
Caballero y Lafuente Alcántara para coleccionar los cantares del
pueblo, versos á García Gutiérrez para sus dramas, formas á
Martínez Montañés para sus esculturas, colores á Yelazquez para
sus cuadros inmortales y luces á Murillo para esas glorias, gi-
rones del cielo andaluz, que han hecho y hacen postrarse de ro-
dillas á todos los que creen en una vida mejor. Hemos llamado ú
506 —
III
:m B :m O le. I ^
leída en la junta general celebrada por la SOCffiDAD «FOLK-
LORR ANDALUZ, » EL DÍA 30 DE ABRIL DE 1882, POR DON ANTONIO
MAGUADO Y ALVAREZ, SECRETARIO GENERAL.
Señores:
Aunque la brevedad del tiempo transcurrido desde la
instalación de esta Sociedad, la frecuencia con que ésta ha
dado testimonio de vi( a en públicas sesiones y el carácter
de interino y provisiond de la Juntado que soy Secretario,
parecía como que me cxjiitjaban del deber de escribir una me-
moria, en la que forzosanuintíi habré de repetiros mucho de lo
que ya tuve la honra de manife.staros en la ultima SL*sii3n,
quiero, sin embargo, rindiendo tiibuto al Reglamento, que es
nuestra ley, y dando un nuevo testimonio de que es sulo mi
amor al pensaniiontu, el qucMuo ha inovido á aceptar el i);iesto
que vengo (;(:nj)an(.lo, haciíros una breví.sima historia du esta
S()ci((la(Í, desde el día de su instalación que fué, como .sabéis,
el 28 (le Noviembre del pasado año.
Antes, sin embaigo, de emprender esta agradable tarea,
aprovechando la coyuntura que el cumplimiento de un deber
me. ofrece, quiero haceros algunas consi<b'raciones respecto al
título de J'oJ¡:-L'r,r ([U(í nuestra Sociedad y su (U'gauo en la
l)i'ensa. aci'])íaron unánime y denodadamente, desde el primer
día, habiendo ya obtenido p^.-r ello los merecidos plácemes de
toda Kuropa.
TjO.s andaluces, que tienen, acaso, como nota distintiva
de su carácter, un poder de intuición que los distingue y los
declara oiiginales, no sólo entre todas las naciones, sino entre
todas las ])rovincias de España, comprendieron desde el pri-
mer momento que la aceptaciíUi de la palabra 7'V>/A*-7.í»r. i)ara
el género dtM'sludios que cultivamos era, no sólo el podern.^o
imán que había de atniernos las simpatías de todas las nació-
— 507 —
lies que cultivan esta nueva rama del saber, ó mejor dicho,
esta nueva ciencia; sino que era, lealmente penetrada y recta-
mente entendida, un acto de verdadero patriotismo. Espíritus
ligeros y supei-ficiales han pensado acaso que hubiera sido más
español, más patriótico, bautizar á la nueva ciencia con pa-
labras castellanas, que aceptar aquella denominación inglesa.
Más, los que tal piensan, no consideran una serie de razones
que, nó para vosotros que no las necesitáis, sino para aque-
llas personas agenas á nuestra Sociedad que puedan comba-
tiros, voy á presentaros ordenadamente.
Es, en primer lugar, una ley ineludible de la vida de los
idiomas, el moverse siempre entre dos polos; el aroaismo, que
conserva lo antiguo, y el neologismo, que trae nuevos elemen-
tos de vida; como el organismo humano, como el organismo
de las plantas, los idiomas viven renovando y sustituyendo
las células viejas con las nuevas; sin unas ó sin otras la vida
sería completamente imposible; sin las primeras, hablaríamos
hoy un idioma enteramente distinto del castellano, sin las
segundas, hablaríamos, quizíí, un latín bárbaro; mejor dicho,
ni en uno ni en otro caso hablaríamos en espailol; porque,
¿quién de vosotros se atreve á asegurar el momento en que un
idioma es tal idioma, puro, inmaculado y sin mezcla de ele-
mentos extraños? viodisivos aráhujos encontramos en D. Alonso
el Sabio, lafhíhwos en P>ay JjUís de León /leWais^nos en He-
rrera, italianismos en el augusto príncipe del habla castellana,
Miguel de Cervantes Saavedra; elnusiio nomhve saber jiopular
es uiia sustantivación del vei-bo. toma la del griego cuando nó
de otras lenguas extraña.^: y notad una diferencia importan-
tísima en estos ejemplos; mientras el divino autor de la Oda á
D, Juan (la Austria, tonm su inspiración y recibe la influencia
de las lenguas muertas, el inmortal autor del Quijote, las toma
especialmentedeunalengua viva, es decir, que respecto á los
elementos que toman de idiomas extraños, los primeros son los
representantes del pasado, el gran Cervantes el representante
del presente; con relación al mundo y á la biología de los idio-
mas, el primero representa el arcaísmo; el segundo, el neolo-
gismo. ^0 ha habido, sin embargo, quien tache por esto á
Cervantes de poco patriota; Cervantes, por el contrario, es
reputado merecidamente, co ^o la encarnación del genio es-
pañol.
Hay otra razón, sin embargo, más poderosa, que obliga á
aceptar el neologismo y que lo impone, pese á quien pese, y
á despecho, no ya de los buenos, sino de los falsos patriotas: la
nación (lue i)iensa más, la nación que más sabe, la que inventa
— 508 —
y produce míis, en un período dado de la historia, aquella im-
poiKi iiecesariameiite, uo sólo sus vocablos, sino lo que es más
trascendental, suá ihodisuiosy sus sintaxis, á los pueblas me-
nos adelantados; ]»reí,qintad, si sobre esío os cabe duda, á una
persona, á quien todos, como yo, reconocéis por una verdadera
autoi'idad literaria entro njjsoíros. pre<^untad al distinguido
CritíMlr.ítico dí.í 3.1'.íí a fínica de. esta Universidad y él os respon-
derá, que, ádespv'chode iotlos nuestros deseos, la escuela krau-
sista lia introducido ai.i^^unos L^enníinismos en Kspafia. como
la n.Mciún iVancesa, no jíor la i)i-ofundidad de su pensamieuio,
sino por la j^fneralizaciiui de su cultura, ha hecho incurrir en
.íraíií'ismos aun ;i ¡os mas castizos (^^critores castellanos; !<»>
Immbres, en «leíiiiitiva, liaol.-ui corno i>icnsan y el que pasa su
vida comunicando por m-Mliü del libro, con un espíritu, pase la
l)alabra, alemln ó i'rancés. al (íscribir, tiene necí\sariameute
íiue incurrir en «j^erm.ínismos o ;;alicisinos. El que quisiera
esi-ribir en puro ceiTantino, iiifcesitaria no leer oíros ;«utore.>
(píelos d«d síl^Io aVIÍ. y in.'.o^arse á todas las ccrrrieiites eivili-
zailonis «leí mundo moderno. Kl sistema de Spen.rery la teoría
de D.-ivwín, íieiuMiy;! la |)alabra rr.'>///f/V*/¿ en la noí-ri dt* rodns
y en un plazo no lejano, Ilen-nán de an^Hií-anismos iiiir^tro
i'lioma, como elsistrinakransista lo lien») de trermanismo>y las
í'orrientes encielopeilistas ibd siiífio i)asadolo ilenar<»n »lf ir-iü-
cismos. Y ya aquí, si^nores, creí) que v<'reis claramente e,nu.>
la acej)taci«»n de la palabra holk-l/wc no es anti-patriotiea:
rrin'Jrr)'^ (Cfiiini}. j)(ni'>ti, rail, dice nuestro puelílo á cada p."»sn,
y jaPiás, en su i.uifu Sv^niido, lo iia pasado ]ior las mientes que
eiM anti-paíii¡'»tico pnr elb»: y eueiiía (pie el pueblo es el irenuiíi"
representante d( I arcjiisiao y e(.)níra lo que aíii'man I«'v ipit»
])ivirii(len líala.í^^iiie. el mas <;'enuino r»qu'es«'niante ib^ la Tr.?-
dici'bi y del })asa'l<». fia ;íce|)íaeinii de la jKilabra /'«'//; A'y/-'.i¡..
Sillo no e^aiili¡)atii(ítiea sino (pie es patriótica en sumo «rrad'».
('ieiic.in niñ.i. como liem(»s di<"ho. eiiy«»s límiie>: no rsiaii ami
liií'ii ileliiiidos ni deslindados, por cuya jazí>n tii-iie i[Ur s.i-
un t.iii»'» ¡nva^'»]M. se'j-im un,-» í'eliz tVase. d:l t!i>ií!nji!Íilo i i. :.;-•
I(>'j*o .-isiui i.-'.no. Sr. líjiibín d(i rnípiera. n.» lit-ii;- i-.idui -i )■
»'sn:ii!.»!a j>o-ib:e: siih r ¡¡ >j).'?f'!r.s</!r'r rii^'iiu\ si-ría l:i. mas rxi-
t.'i. íoii ifl.e-i.tn a la. «'i¡!iiu!»;^^ía de la rip'ii'la pilalra anLi--
.Na/'-Ui!. p'-ro ^.•/''•■/ f)¡riKir <', .-"ft.-'j' uo \\j i:;;:.p-.»co la i b i "■
l.ts i!a5í:p!«'> y var;.-;.l<"' ii:a-^ (jc^ iMt-Ñíra S.m jr.i.id p¡'r>i.:'¡ ■-.
ni niiK'lio menos del eonii-iido de (''>ía, (pie al Uiism-» ii«'a-.
que eirneia. nus'Va. dfbe ¡lauíarsr díitM-cjun nueva »b' t«i-I<' ■•.
>ai)»'r. MI /•"'"'/■ ¡j(H'<- eeiupl'ende no S«»io linio lí) ij!h' ««I pi|. »'.•.
■f'-\ sijín tud'» 1" qii'* í'l |»u»'''l< ( /■'''. Mi ipierid») ami-'o 1 1 .se . •■
— 509 —
Sales y su intolij^cnle discípulo el Sr. Guicliot, distinguen con
sumo acierto entre la ciencia y la creencia y si el refrán, en
cierto modo, caí? bajo la ]>rimera esfera, sin otra limitación que
la de que los conocinúentos que en el se expresan no están
ordenados sistemáticamente, las supersticiones caen de pleno
bajo la segunda esfera, y son un ramo interesantísimo del
Folh-L.)ro, que no puede llamarse saber: el refrán (»s el princi-
l)io evidente y por hc noto, la verdadera máxima del sabio, de
que nos halda tan elocuentemente el comendador Hernando
Ñiinez y con tanto acierto el distinguido escritor que oculta
su nombre bajo el anagrama de Mosen Oja Timorato: la su-
perstición, á que el ilustre Tylor llama, en mi humilde opinión,
muy acertadamente, supervivencia, es una hija natural y á
veces legítima, por ser reconoci<la por la ley, de la fantasía y
de la ignorancia, como elegantemente, aunque con otiasi)a-
labras, expone el ilustre (4ubernatis: el Fol/c-Ijore comprende
también las canciones v la música; afectivas en su mavoría
las primeras y sentimental la segunda, ni unas ni otra apa-
recen contenidas en las i)íih{hvi\i^ snhcr pópala r: preguntad á mi
querido compañero el Sr. Rodríguez Marín, que imprime ac-
tualmíinte un riquísimo Canrionrro que habrá de proporcio-
narle legítimos aplausos en toda Europa, y 61 os responderá
por mí, sin que esto obste para que ambos reconozcianios el
estrecho enlace y simultaneidad, al menos ai)arente, de las
facultades anímicas, que uno de los aspectos más interesantes
del Folk-Tjorc precisamente es estudiar y penetrar los si*nfi-
wiontos del pueblo y que, en tal concepto, con igual razón ]»o-
dría llamarse nuestra Sociedad, eJ scufir que olnahcr popular.
No correspondiendo, pues, á esta denominación las materias
comprenilidas en esta ciencia, ¿no es más patriótico y levan-
tado conservarle el nombiv. con que es conocida en torla Kuro-
pa, y esperar á que los t'spafloles tengamos la modesta virtud
del trabajo y (pie con él, t:il(?s son al menos nuestros but-ncís
deseos, demos un nuevo stfllo v ílireceión á estaciencia, en cuvo
caso, no sólo podríamos asjurar á líautizarla con un Uíunbre
español, sino á ([ue, este nombre fuera aí:(y)lado por las demás
naciones? ¿No es m:is viriuo.so y más ])atri«ílico, atenernos al
sabio adagio \\ moiüsmo de: tjaicn (jaicra funtra q^n» la (f/nn\ que
dar un nombre <leliciiíiite, á un género dt» conocimientos, en
el que. por desgracia, soinos lu'in los uhmkk adelantados?
(.'on las anteriores razones v las l)r(íves indica<liis en el
«
artículo de Infmdurriñif, inserto en el primer número de nues-
tra Revista, creo d<»jar justificado plenamí'Uíe. .'1 buen acierto
de esta Socicílid and;iduza. al aceptar nobloy denodadamente.
— 510 —
como dijíi al principio, el título con que hoy os respetada y
querida en todas las naciones cultas de Europa.
Y aquí, señores, pidiéndoos perdi3n por esta digi'esión
harto larga, con la que sólo me he propuesto daros algunas
armas, á más de las bien templadas que vosotros poseéis, con-
tra los que en su irreflexiva ligereza pretendieran motejaros
de innovadores antipatrióticos, debo referiros en muy breves
palabras la corta, pero brillante historia de nuestra Sociedad.
Pero sí motivos de satisfacción encontramos en el estado
económico de la Sociedad, que no solo cuenta con medios para
atender á todas sus obligaciones, sino que tiene completa-
mente cubiertos los gastos extrordinarios ó de instalacir»n que
ofrece toda empresa, no menos nos lisongea poderos presentar,
siquiera un ejemplar, del segundo número de nuestra Revista
que, á más de la verdadera importancia de los tra])ajos que
contiene y de lo autorizado de las ürmas que en el liguran, á
excepción de la nuestra, es un verdadero modelo, o mejor diehí»,
un nuevo ejemi^lo, de la elegancia y el buen gusto de la acre-
ditada casa editorial de los Sres. Alvarez y Ú.^^, en la confiM»-
ción de trabajos tipográficos. I 'ñas y otras condiciones me
hacen augui*ar á este segundo número un éxito no menos
lisongero que, el que, como sabéis, ha obtenido el anterior en
todas las naciones de Kuiopa. Sírvaos t»n este punto de estí-
mulo el saber rpie, siquiera por esta vez, los franceses, de que por
desdicha somos casi siem])re iiuitíulores s(a'vilí»s, han dicho en
una (le sus más autorizadas lievisrr.s. IJ P<>l)/Juhliun, nm refe-
rencia á vosotros, las siguientes elocuentes palabras: ^De-
seamos ])uen éxito á la Sociedad Fi)!k-Lorr AmM".:: sus fun-
dadores nos (laiiuii ejemplo que deberínmos inutar.- A este
buen deseo de la nación vecina, respoiideromos. pubüeauilo
antes de íiu d'* Mayo, (?1 t(^rcei- liHmvrí» de nuestra K»*visía; 1 1)
dando con esto na alio ejemi)lo de que también los andaluces,
no obstiuiie la fama de ligeros deque disfrutan, saben, cuando
una nol)Ie idea y un jKMisamiento g(;nero>o h s anima, dar,
sin auxilio de nadie, cima agrandes y levantadas emi»resas,
como es la de arraiirar en nuestro >uelü la instituciiin del
FoUc-Lorv, semilla dt; bien, de regeneración v de verdadero
progreso.
li 'roii;.:;is»' en riicntíi «inc rslM Mcmoiin fu»' Iciila vi\ .Vl»ri!
— 511 —
¡Ojalá, señores, que en la Jiínta reglamentaria del año
venidero, podamos ver el fruto de esta generosa semilla y
que sea tal, que todos, aun los espíritus más frivolos, reconoz-
can la trascendencia y la importancia de la nueva dirección
científica que habéis traido á la vida, para bien de la huma-
nidad y honra de la patria!...
He dicho.
IV
MAPA TOPOGRÁFICO TRADICIONAL
DE LA PROVINCIA DE SEVILLA 0)
INTERROGATORIO
1.' ¿Cuáles son los nombres de los cortijos, dehesas, haciendas,
huertas, naranjales, olivares, pinares, chaparrales, vifias, majadas, ca-
fiaverales, palmares, melonares, mimbrales, estacadas, garrotales, bal-
díos, breñas, rozas, eras, partidos, ranchos, hazas, sierras, montes, va-
lles, cañadas, pedregales, barrancos, tajos, hoyos, cerros, lomas, llanos,
vegas, prados, laderas, umbrías, peñones, zarzales, alamedas y demás
sitios de ese término municipal?
2.* ¿Con qué nombres son conocidos los lios, riachuelos, riberas y
arroyos, torrentes, manantiales, fuentes, pozos, lagunas, charcas, mo-
linos, acequias, presas, albercas, de ese término?
3.* Nombres de caminos antiguos, veredas, trochas, atajos, puer-
tos, altillos, sendas, pasos, vados, puentes, zúas, etc.
4.» ¿Qué se dice respecto al origen 6 razón de los nombres de esos
cortijos, rios, etc., etc.?
6.» ¿Cómo se llaman vulgarmente las aldeas, ventas, ventorrillos,
monasterios, ermitas, caserones, santuarios, caseríos de todo género,
«'hozas, etc., y qué se dice respecto á las ruinas y vestigios de los pue-
blos que en lo antiguo existieron enclavados en ese término municipal?
¿Se cuentan algunas tradiciones ó historias relativas á esas ruinas,
etcétera?
C* ¿Hay en ese término municipal, castillos, torres, tesoros, ce-
menterios antiguos, sepulturas, cruces, piedras giratorias, galerías sub-
terráneas, ó cualquiera otro monumento digno de mención? ¿C^ué se
cuenta de ellos?
7.» ¿Se atribuyo virtud medicinal ó maravillosa á algunas de las
aguas, yerbas ó piedras de ese término?
8.* ¿Cuáles son, según los pastores ó cazadores de oficio, los nom-
bres con que vulgarmente se designan á los cuadrúpedos, pájaros, pe.
(1) VéMe 1a pág. 9hUh cayo trabajo pertenece este Interrogatorio.
— 512 —
ueB, reptiles é inst^otoa de esos ciiiupoH? ¿(luú w Bal>e reapecto á la vida
y costumbre iie esoíi animales? ¿IHlilaRe de alguna bestia ó fiera que
tenga oondidoiiea uxtrnordinnrins ú milagros iibV £¡)Ísodíus de cacerías
y cazadores célebi'cs de esa localidad.
9,* AlinoH cxisteiiteN t>n ese tt'riuino. Kalinaíi, cnlems, cucvus, en-
vernas, grutas; consejas ó historias vulgares que vayan unidas á esos
noiubrcH.
10." Parajes Hoapcchosos y ])referidos por los bandidos para sus
fucliorías. Cruces, í^us nombres y acuntucíinicntos notables acueeidos
en dichos HÍtioc.
11.' ¿CuiUes son lusaitiosdeese término en tjue,flldec¡rde las gen-
tes, se han librado bufallati contra los franceses, moros ó romanos? ¿(Jué
se cuenta de esan batallas? ¿tiué vestigios se cree que han dejado cu Ion
sitios en que so dieron?
12.* ¿Suelen encontrarse en esc ti^i'mino inedras llMiiindiia del ra-
yn ó do la centella ó huesos petrificados? Koiiibrcs de ios sitios en que
se encuentran.
Antonio JIacuado y ^Ílvakkz,
SucrMuio dtl ¡■'nlleLttt Áiulal*t.
V
ACTA DE CONSTITUCIÓN
DE LA SOCIEDAD FOLK-LORE FREXNENSE
En U ciudad de Frcgenat de In Sierra, proviucia de Badajoz,
a laa ocho de ]n noche del once de Junio de mil ochocientos ochen-
ta y dos, se reunieron en el ex. convento de ban Francisco los
seíicrts que uhnjo ürman, previamente invitados, eu nombre de
l:i Itodacctón de /-.Y Eco de Fraifual, por D. Lui.s Homero y Espi-
uosu, sóciu del l''tilU-¡Aire Aiidahíz, el cual manifestó á los coquu-
rroiitcti que el objeto de la convocatoria era establecer la sociedad
l'ülk-¡Mre Fit.r,¡eim y nombrar Presidente, Secretario y Juntii
facultativa para el tiempo (nio media entre esta fecha y el mes
de Setiembre próximo en que so ha de nombrar la Junta directiva,
como dispone el urt. 'Ó4 del reglamento de diclia sociedad. Hizo
también presente ¡a necesidad do (jue los eiprcsadoB cargos reca-
yeran iinicamcnte en socios facultativos, porque, siéndolo todos
los concurrentes uou arreglo al art. T.° del ret^lumento, era impo-
sible que asís tíerait EóciOB numerarios é iutervíuiesen eu la elec-
ción.
En seguida se procedió á leer el reglamento del Folk-Lore
Aiiilatii::, ligeramente modificado para acomodarlo ñ las uacesi'
- - r>i3 —
des, circunstancias y limites Je este Folk-Lore de sección y fué
«robado por iiuanimidad.
Procedióse luego ú la elección de Junta facultativa, resul-
ndo olegidüíj los beüores siguientes:
Presidente
Sr. D. Luís Homero y Espinosa,
Sr. I). Juan Paulino Domínguez,
* Abelardo San Martin.
>» Lorenzo Annijo,
» Cíiniliuo Pardo.
» Eusoi'"6 l>ravo.
Secretario
Sr. D. Sixto iJcngoecbea.
•
1). Luís Eomero y Es])inosa manifestó á la Sociedad su
agradecimiento por la distincjón otorgada, rogando al mismo
tiempo se anulase la elección en lo que ú v\ se rc-fo.rla para quo
el cargo de Presidente recayese en ¡jorsona más idónea y mns
^ caracterizada, pro2)osición que se desechó á pesar de la insistencia
.. de dicho señor en apoyarla.
;: Inmediatamente, á propuesta del Sr. Eomcro y Espinosa,
• 86 acordó por unanimidad nombmr Presidente bonoraiio del Folk-
Lorc FrexufLso ul dif>t¡ngui(to literato y erudito cronií^ta do Ex-
tremadura, Kxcnio. Sr. 1). Vicente Uarrantes, y íócios honorarios
al limo. Sr. J). Juan Uim, Kcctor de la Institución Libre de En-
' señanza, D. Joaquín Sama, ]»rofesor de dicha Institución, don
• Eomualdo A. Esj>¡no, catedrático del Instituto do Cádiz, D. Fran-
cisco liüdriguez Marín, I>. Juan Antonio de Torre y Salvador,
' don Matías 11. Martínez, 1). St-rgio Ilornúnd^z y D. Ihifnel Rico.
Acto seguiílo, la Sociedad tomó los siguientes acuerdos: pri-
mero, dirigir una circular á los habitantes do Higuera la Real,
• Ijiirguillos, Cabeza la Yaca, Segura do León, Fuentes de León,
Bodonal y Val verde de Jhirgui líos— pueblo que con Frcgenal
componen este distrito— invitándoles u que ingresen en la So-
ciedad: segundo, dirigir invitaciones particulares á los j>ueblos
cabeza de partido de tsta provinciíi, con el tin do que en ellos so
cstabli'ZCít la Sociedad del Folk Lore: y tercero, conumicar sus
nombramientos do socios honorarios u los señores que han obte-
nido esta distinción y a los que lo son por virtud del re^dumento.
Tambií'u se acordó publicar una Revista, órgano de la Sociedad,
cuando el estado de sus fondos lo consienta. Al tratarse de este
asunto, el Sr. Romero y Espinosa, manii'estó, por encargo del
N." 12 ó
señor marqués de Rio-Cavado, D. Manuel de Velasco j Jara-
^neniE^a, diiectot de El fleo de Freijenai, que éete se brindaba
gr&oiosKinente á taipriuiir en su eHtablectmieDtu (¡pogi'a6co la
mencionada Revista, sufragando los gastos ea ansa de p<!'rdidas
y cediendo á la Sociedad, en casa de gatinucias, todas las utili-
dades sin deducir más que el valoi del papel y el trabajo da im-
presión; oferta que fué esonohada con et mái vivo entusiasmo,
acordándose á continuación y unánimemente dar nn voto de gra-
cias al Se. S. Manuel de Velaaco por la generosidad con que se
lialiia prestado ¿favorecer el desarrollo de la iiistitucióu.
Y no liabiendo otros asuntos de que tratar, se levantó la se-
sión á las diez, de que yo, como Bccretarío accidental, certifico.
Rodrigo Sanchez-Arjona. — Alvaro Jaraquouiada y Cabna de Vaco.
— Conde de Rio-Molino. — Femando Granero Soñano. — Gregorio Var-
gas.—Francisco Gómez Carvajal.— José Barroso Molina.— Nii^anor Ga-
lán.—Joaquín Rubio.- Ricardo Gómalos .-Santiago Carvajal.— Dá-
maso Cha vei.— Guillermo Moreno.— Antonio Pardo,— Serapio Tardo.
Manuel Martínez. — Rafael HemándDz. — Eiiiilio Hernández. — Fermín
Amador. — Juun Paulino Domínguez. — Cándido Pardo. — Abelardo íian
Martin. — Lorenío Arniijo. — Ivusehio Bravo.— Sisto Bíagoechea. — Luis
Jíoiiiero y Eayinosa. — El Seereiaño accidental, Rafael Sánchez- Arjona
y ííanoliez-Arjona.
- — -c -í3£ JKktc^ a-- -
índice por autores
Alíarez Duran de Machado {D." Cipriana)
CuüNTOS POPUL-IRÜS.
La mano negia
Una rneda de couejos
La Serpiente de las siete cabezas .
Las velas
Las trea Matías
Alvarez Aranda (D. Antoniol
£1 cuento do Arrimarse á un lado ....
Asensio y Toledo (D. José M.'l
BuLiooRAFlA. — Romancero do anti^tios cantos portu-
gueses, por el 6r. Conde de Puymaigre .
Araiiyo (D, Joaquín de)
Um jogo popnlar portuguez
Blanco Carbonay (D. Gonzalo)
Métodos de clasificación de los cuentos popularos
(Tradaccion)
Braga (D. Teophilo)
Os jogos ínfantia em Fortagal e Andalusia .
García Blanco (D. Antonio M.')
FlLOLOOlA VULOAB. — LlTEB ATUSA
A. B. C. CH,
D. EyO
L J. .
K. L. LL.
Interjecciones vulgareí
Procedencia bíblica de los Qitanoa
— 016 —
García del Mazo (D. Siró)
BiiíLioGRAKÍA. — I>il)lioteca íle las tradiciones populares
sicilianas, por el Sr. Pitr»'» 48
Guicliot y Sierra (D. Alejandro) (PonophUo)
MiscklAnea.
Primera 176
Segunda 221
Tercera 271
Cuarta 481
Supersticiones populares andaluzas.
Introducción. 21 hin
1 á 33 50 bU
34 á G9 190
70 á 110 203
111 á loO 337
151 ¿200 411
Tipos populares aí^aluces.
La Caracolera 400
Noticias (En todos los cuadernos).
Lasso de la Vega (D. Leoncio)
Algunas observaciones sobre el Almanaque Cristiano. 342
Supersticiones relativas al dia de San Juan. (Tra-
ducción) ........ 38 /»/.s
Leite de Vasconcellos (D. Joaquin)
COSTT'MES rori'LAKKS HlSPANO-PoRTUGUEZES.
I. II. 111 172
IV. Y. YI 208
YII. YIII. IX. X. XI. XII ..... 310
Cuatro juegos populares borcianos. . . . 3r)3
Macliado y Alvarcz (D. Antonio) (Drmójiloi
liases del Folk-Loro Español. .... 501
Carta á 1). Luis 'Sloiúoto f Sohrr loi pot'la pnjmlar/. 03
Cuestinnario para recoLTor las trad. pop. (Traducción). *J!>
I ntorroí^'atoriu dt-l ^fapa topogrúíico-tradicional . r>ll
Introducción al Folk-Jjore ..... 1
Juegos infantiles (-.spaüolos ..... l.*íN
,ftinfo.—híi niña d(í los ojos negros . . . .217
Libros y artículos de Folk-Lore.— Cuentos. . . 51
JiOS Pregones 247
I\rapa topográfico-tradicional. . . . . l> /•/<
Memoria leida ante la Sociedad. .... 500
MiSrKLÁNKAS.
Pri inora. . . . . . . . .JO
Sognnda. . . ... ... 70
T.ri'í.'ra. . . . . íUl
Cuarta. ........ -181
— 517 —
Páginas.
Supersticiones populares francesas. . . .458
/El Archü'io italiano. . . 186
Revista de Revistas jLa Mehisina y FA Folk-Lore
\ Fre.rneiise .... 478
Bibliografías,
Las Vísperas Sicilianas, del Sr. Pitre . . .85
Fauna popular de la Francia, del Sr. RoUand. . 231
Poesia popular y Mitología Celto-Hispana, del señor
Costa. . " 282
Tradiciones populares do Portugal, del Sr. Lcite . 827
Obras del Sr. Prato y Adivinanzas catalanas del
Sr. Pelay Briz 877
Composiciones pequeñas do la literatura popular
italiana, del Sr. Corazzini y Estudio del Dialecto
Mirandez, del Sr. Leito 425
Cuentos populares loreneses, del Sr. Cosquin. . 401)
Machado y Nuñez (D. Antonio)
El Folk-Lore del Perro.
1 24
n 68
Micrófllo (D. Juan A. Torres Salvador.)
Misceláneas.
Primera 126
Segunda 870
Tercera 418
Montoto y Rautenstrauch (D. Luis)
Carta á D. Antonio Machado f sobre un poda popular). 8Í)
Los Corrales de vecinos.
1. 11. ....*.... 118
m. .
IV. .
V. VI.
VII. .
Miscelánea.
14í)y241
. 248
208 y 846
896 y 448
. 481
MosenOja Timorato/^/). José. M.^ Montoto j
Un adagio ( Estudio histórico) 1 bis
Palomo y Ruiz (D. Luis)
Una docena de rimas infantiles 108
Parody (D. Ricardo)
Adivinación por medio del homóplato (Traducción). 267
Pires (D. Antonio Thomas)
Cantigas do Natal 406
Ramirez (D. José Luis)
El agua amarilla ^CW/*íí> /j«;»M/<ír y. . . . 805
Bodn^wx GSZ97 (!>■ José)
I lU
n üM
Bodrignez Jbrm (D- FrauósoD)
CopUe Se eniiK lli
CDS)paj»t!Í(meE popalmE 901
Caturto — L« «Tiñmi 10110 ígkú. . 1^
MÍBDolúiw a^
BvtIbU de Serütu 'Heeitl* ieKtnoU>0ia y GUnoiopia
yArdáein, 5!:
Hamero 7 Eepinoss fD. L<mE.)
Düetadoc íc^ucde de Pcstn^ j £zireiii>diizB . -iSk'.
Sales y Ferré ("D. Maaitielj
Ureul«U. — Caesto p'jpiüar — iXFtudÍDimtüp^ec-: lOT-
Sanjori',' é Izquierdc D Roürig-oi
Lve Cs.LiV:E íiaLiieiiívt Tr*d otici-js .... ;-,'
Schueliardt D Huy-o
Sierra y ZAÍra D Femando de 1% ■
índice general alfabético de materias
PͫH.
lili!}
207
250
40(5
89
Acta de conaiifnción del Folk-
Lore AyiduUiz » . . . .
Adagio (l'n)
Adivinación pnr medio del
hoinúplato (Traducción) .
Analogía entre los cantares
alpinos y los andaliicos. .
Cantes flamencos (Los) (Tra-
ducci(!»n)
Cantigas do Natal. — Poesía
popular portugueza . . .
Carta á I). Antonio Machado
y Alvar cz (Sobre un poeta
])opular)
Carta á Don Luis Mon-
tóte y Rautenstrauch (Ibi- i
díMll) 03 !
Coi»las de cuna i.l) . . . . 10
Corniles do vecinos (Los).
introducción 118
Viviendas de Andalucía. . 119
Descripción 121
La casera 1 22
Vida en el corral . . . . 140
Kl zapatero remendón . .241
.Liegos infantiles .... 244
J^a miga 240
Kl corral después de Ora-
ciones 208
La taberna 301
La casilla 348
Kl bautizo 300
Kl casorio 448
Los novios 450
Comparaciones pojíulares. . 301
Costumes populares Hispa
no-Portuguczes.
O casamento do Cid. .
La Lozana andaluza. .
Christo e S. Pedro. . .
Lenga-lenga
A semana
Fórmulas iniciaes e finae
dos contos
l'm dictado
llomance do Natal. . .
Púas can (; oes ....
A Virgem da barca . .
O contó • El agua amarilla
Romance de liergardina.
Cuento popular. — Ursuleta.
Cuentos poi)Ulares.
Arrimarse á un lado. .
1^1 agua amarilla . . .
La avaricia tomó iglesia.
La mano negra. . . .
La Rorpiente de las siete
cabezas
Las velas
Las tres Marías. . . .
I 'na ru(ida de conejos .
Cuestionario para recoger las
trad. pop. (Traducci«»n)
Dictados tópicos de Extre
madura y Portugal.
Elogios
Dicterios
Simples referencias.
Filología vulgar.
A. K. C. Cli. .....
PúgR.
172
174
170
208
210
211
340
3ó0
351
352
id.
3ó3
105
404
305
124
300
357
401
457
355
20
434
430
442
12
(1)
Ijft múúca iiuv acomptuia ú este articulo corrwpoutlc & lav pAgiiufl 80 y 22.
Uovimiento íblkloríeta en £ipafla.— SS & SS- 46 lúa- 46 Ina- BS-W-t43-
191-192-230-337-287-835.
UoTimiento folklorista en Jünropa.— 4G bia, Ii3-14t-l»0-iai-a37-340>
SBT-38S-3e3-431-480.
. Notas bibliográflcu.— 04-eS-U3-33»-28T-288-33&-3SS'388-43IMSU4Sl-
' 479.
VariM.— 47 bia, 339-334-479, etc. '
APÉNDICES
Acta de constdtndón del Folk-Lote Frexnenae. &12
Bases del Folk-Lore Eepaflol. 501
Circular del Folk-Lore Andalón 503
Interrogatorio del Mapa topográñco-tradiclonitl 611
Memoria de la SoñedaJ 600
— 523 —
ADVERTENCIAS
l,^ El haberse repetido la numeración en el segundo
cuaderno de esta Revista, es causa de que el presente volu-
men aparezca con 523 páginas, correspbndiéndole en realidad
el número de 594, incluj^endo la hoja de música.
2.»»- Este primer tomo consta de 12 cuadernos, puldi-
cados mensualmente, desde Marzo de 1882 á Febrero de 188:>,
ambos inclusives.
S.ft La mayor parte de los trabajos insertos, por la
índole especial de estos estudios, encuéntranse en curso de
publicación.
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